Cincuenta euros

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Después de años haciendo bromas con el tema, finalmente me decidí, y anoche, por primera vez en mi vida, cobré por follar.  Cincuenta euros. Claro, ¿Qué pides? Osea, ya me parece un acto de vanidad por mi parte pedir, ¿No? Pero venga, te metes en el papel y pides. Cien es una pasada, sesenta… es que son diezmil pelas… cincuenta, no hacen daño a nadie y, psicológicamente, parecen cincomil pesetas.

Luego, también les digo, pagué la novatada. No me limité a una hora, o algo así. Fue toda la noche (dormimos un par de horas o tres). No sé, me da por ahí. Siempre la primera vez, como que haces despliegue de medios. Pero claro, debo darme cuenta de que esto es un servicio, un curro, un trabajo, he de pensar como un profesional para la próxima. ¿O el próximo? ¿Qué mercado voy a trabajar? Igual la pasta está en los tíos, pero me hace menos gracia.

Llegó a mi casa puntual, a las siete de la tarde. Recibo en casa porque paso de historias raras, sitios cochambrosos, miradas extrañas y demás, aunque sé, que si esto funciona, tendré que buscar un sitio en el que ni levante sospechas vecinales, ni abra a una desconocida mi entorno más íntimo. Venía con un vestido de verano, para mi sorpresa no llegaba a los cincuenta años, morena, con el pelo algo ralo, muy morena de piel -esta hijaputa ha estado de vacaciones- sandalias de cuña de esparto, verdes oliva, que le regalaban siete u ocho centímetros, y hacían juego con su bolso de lona, y con algunos trazos del estampado de su vestido.

-¿Eres Alberto? -me dijo. ¿Qué se supone que tengo que responder? Odio estas frases hechas. Es como cuando alguien te dice al empezar una frase “¿Qué te iba a decir…?” ¡Ya sabes lo que me ibas a decir!, ¡Te odio! Por eso a veces digo que soy muy House. No porque me crea más inteligente que los demás, sino porque soy intolerante con la falta de inteligencia. Me vuelve irascible, casi agresivo. ¿Quién coño te crees que voy a ser?

Dejó caer el vestido en el pasillo de entrada y, como figuraba, llevaba ropa interior blanca de encaje. Por su sonrisa, ella debía considerarlo supererótico, así que hice de tripas corazón y amagué una sonrisa picarona, casi de revista, mientras empecé a besarle el cuello. Colonia de cascuda. Osea, de esas que no sabes si es perfume o insecticida. Me tragué medio litro sólo entre la papada y el comienzo de las inacabables tetas, así que decidí que serían mejor caricias que lametones, si no quería llamar al Instituto Toxicológico.

La muy vaga aceptó de buen grado ir pronto a la cama, y se desparramó en horizontal, esperando la acción de un servidor. Bueno, de éstas me he visto mogollón, y encima no pagaban, así que no era novedad alguna. Abrió sus piernas bronceadas, pero con algunos puntitos de haberse afeitado hace poco, y el olorazo que me subió casi me tira para atrás. Es como cuando Nico mea en el patio y abro la puerta del patio. Y eso que casi no podía oler, estaba atufado por el presunto perfume. ¡A trabajar!.

En realidad el trabajo es muy sencillo, y la clienta agradecida. Me la follo con ganas, qué coño, lo voy a reconocer, me gustó. Y cuando, en pleno polvo, echa mano de billetera y me deja el de cincuenta en la mesilla… estoy a punto de correrme. Joder, ¡Es lo más sucio que me hubiera imaginado! Cuando has visto tanto porno en Internet, llega un punto en el que no te pone casi nada, pero esto…

Lo que ya no me gusta es verla luego, cuando se va. Y por eso te pagan. No por follártelas, sino por verlas luego. Se viste lentamente y en sus ojos veo que está activando un mecanismo interno para hacerse creer que, en realidad, no me ha pagado. Que se está creando la ficción de que es jóven y se ha ligado a un chaval y le ha dado de lo suyo. Se recoge el pelo en una goma, y caigo en la cuenta de que toda su miseria tiene forma de moño mal cerrado. Se marcha y me quedo en la cama, con los calzoncillos húmedos, hecho mierda.

Nico atraviesa la casa con su clásico contoneo de caderas, bastante más sexy que el de mi clienta, por cierto, y se arrima porque cree que estoy mal. Cuando me nota mal viene. Cuando hago en casa algún ejercicio actoral en el que muestro pena, lloro, etc…, se acerca preocupada. De repente me pega un mordisco en la mano, y con su mirada me dice “¡Homínido!, No actives el mecanismo interno de creer que me importas. Sólo quiero comida“. Voy a por el periódico enrollado. La has cagao, Nicoleta.

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Patio interior

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Patio interior

Mi familia es de Gijón. Por cuestiones laborales yo nací en Barakaldo, y con cuatro o cinco años, mi padre fue a trabajar a Guadalajara. Iba para quince días. Tras varios meses, mi madre me cogió, me metió con ella en un autobús y llegamos a Sacedón, un pueblo cochambroso de dosmil habitantes. Veníamos de una ciudad puntera, moderna y cosmopolita a meternos en una España que, de tran profunda, casi llegaba a Australia.

Pero cuando eres pequeño, tienes un mecanismo antimelancolía, activado por la creatividad, que con el paso del tiempo te vas dejando en el camino. Recuerdo que llegamos a la casa, un pequeño bajo. Había una especie de vídeo VHS con una minipantalla de tele integrado (mediados de los 80) en la que veíamos el “1, 2, 3“. Desayunaba colacao con suspiros, unas pastitas con forma de teta, con un aroma a anís muy curioso. Llenaba el vaso de suspiros. Un vaso de cristal, con el mango de plástico rojo.

La casa tenía un patio interior en el que me encantaba jugar. Me metía en un barreño que hacía las veces de coche, y allí enrredaba con fregonas y demás cachibaches. Mi madre me prohibió salir a jugar al patio, porque el resto de vecinos, de vez en cuando tiraban algún papel, o se les caían pinzas… en definitiva, podría verme contagiado por cualquier virus mortal.

La casa a la que me mudé hace un par de meses tiene patio interior. Los vecinos, de vez en cuando tiran algún papel, y se les caen pinzas. Lo recojo y lo barro. Y disfruto de mi patio interior, y dejo que la pequeña bastardilla de Nico lo aprecie. Un patio interior no es un recurso arquitectónico, es algo más místico. Mi madre no lo entendió, no me entendió. Adiós mamá.

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Crack!!

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Ronaldo Nazario "Fenômeno"

Es lo que oí aquella mañana de enero. Nunca había sentido tando dolor físico. Era como si me estuvieran intentando arrancar el pie durante diez o doce segundos. Oí el crack. Luego el tobillo se me inflamó. Como un melón morado (volví a ser “Tobillo Melón, Niño Melón“). Y dolor. Urgencias, radiografía, vendaje y palabras médicas/absurdas:

“Esto es sólo el golpe. Se te pasará la inflamación”

Hoy la traumatóloga -resonancia de por medio- ha justificado la frase de hace nueve meses, con otra gloriosa: “Es que este tipo de fisuras, no se ve en una radiografía”. Gracias, puta, debí haberlo supuesto. Pues eso, a finales de agosto seguimos dominando -que decía mi abuelo- y me han confirmado que he perdido mi valioso tiempo (9 meses, un embarazo, una temporada, un curso escolar) y que ahora tengo que empezar la rehabilitación. Debuti.

Joder, no os imagináis el desgaste que es esta mierda. Con dieciséis tuve tendinitis rotuliana en la rodilla izquierda. Desde entonces se me hizo crónica, la tuve puntual en la rodilla derecha, roturas fibrilares, problemas de menisco… Dolor, parar, y volver a empezar. Y el coco sufre y sobretodo ¿Para qué? ¿Voy a ir a una olimpiada? ¿Gano algo?

Bueno, si Ronaldo dice que va a volver con 32 palos, yo que voy a estrenar los 27 no puedo ser menos. Además, intentaré rehabilitarme como él. Sólo me faltan una morena espectacular en una playa paradisíaca, una cuenta bancaria en Suiza repleta de chelines, y una denuncia interpuesta por dos travestis, a las que mandé a comprar farlopa a una favela.

La primera camiseta de fútbol que me compré (aparte de la de Julen) fue de Ronaldo, de Brasil, con el nueve a la espalda, el modelo de Umbro que llevaba en el mundial de USA. ¿Por qué la gente se comprará camisetas de futbolistas? Son horteras, el tejido es una mierda, porque sudas mogollón y es antinatural, llevas una marca comercial en el pecho… Pero la gente las compra. Seguro que hay un secreto anhelo de que el espíritu del nombre que luce en la espalda le posea. Yo jugué pachangas con el veintiocho de la Roma al dorso, creyéndome Guardiola. Debería seguir creyéndomelo, comprarme un traje oscuro con chaleco, y llamar a Laporta, a ver si se acuerda de mí.

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Es muy guapa

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Me lo dicen todas. ¿Y yo qué?. No me lo puedo creer… ¡¡Yo soy un ser vivo inteligente, capaz de procesar la información y generar ideas!! ¿¿Es que te cuesta mucho decir que su dueño también lo es?? ¡¡Aunque sea mentira!! Es una putada, porque es que a Nico se la pela de canto que la llames guapa, fea, yihadista o judeomasónica, porque en cuanto oye el ruido de una bolsa se cree que son sus fronstings (así llama Víctor al pienso) y puede cruzar el Atlántico a nado con tal de darse un buen atracón.

Yo no. Si me dices que soy muy guapo, me ruborizo, suelto alguna broma a bote pronto, y me voy ilusionado caminando a casa, donde saborearé esas palabras y crearé ficciones sobre el futuro. Pero no. La guapa es ella. Que lo entiendo, si yo tuviera ese hocico y esa lengüita, y esas orejas de ser lista, pues claro. Nico podría ir a un certamen de belleza, y cuando le pregunten qué es lo que sabe de Rusia, en veinte palabras, seguro que lo hacía mejor que la miss aquella.

¿Cuántas veces han llamado guap@ a alguien sin haber interés sexual de por medio? (absténganse los peluqueros y carniceros de barrio). Tiene su mérito, por tanto. O el nivel de zoofilia es alarmante, y no lo creo. Ayer estuvo en casa la tía de la asociación que me facilitó la adopción de Nicoleta. Vio que estaba sana, ágil y brillante como pocas, que soy un padre responsable, y se quedó tranquila. Me dió la mala noticia de que el perrito que iba a pillar, en principio -George Clooney- y que, finalmente fue devuelto a la familia que lo abandonó (¿¿??), había muerto atropellado este verano. Putadón.

Tener perro es maravilloso. Te enseña que en tí hay un maltratador potencial, un mal educador potencial, un vecino antisocial potencial… vamos que se te quitan las ganas de tener descendencia. Te das miedo tú. Ojo. Anoche ví Wilbur se quiere suicidar. Es la bomba. Un ejemplo más de que el humor negro cala en Europa de todas todas. Es el primer regalo que me hace la tele (deportes aparte) desde hace meses. Y eso que ayer decidí desterrarla de nuevo de mi cotidianeidad y estuve escuchando música: un recopilatorio de música brasileña, Splitsville (hacen power pop), y un crooner, porque a Nico le encantan los crooners -nos llevamos bien- Jamie Cullum, el Twentysomething, creo.

Jamie Cullum es la ostia, un crooner como otro cualquiera, pero como sale a tocar con Converse All Star, pues es supermoderno. La misma fórmula que utilizó Milikito hace veinte años. Qué triste. Pero está bien producido. Cullum, digo, no Emilio Aragón (de los antiguos Milikis). Es chungo encontrar un disco bien producido hoy (ni el Boss produce ya medio bien), y este mola.

Bueno, os dejo una foto real (como en las páginas de contactos de la prensa, que pone “foto real”, que digo yo que la foto, sabemos que es real, pero lo que interesa es que la muchacha corresponda con la de la foto en cuentión… en fin) de Nicoleta.

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Cuando me recupere

Kevin Garnett full extention

Cuando me recupere compraré una cámara de fotos. Me encanta fotografiar, pero no tengo pasta, no sé, noventa o cien euros para comprarme una cámara. Si tuviera pasta de verdad me compraba una de esas Canon de puta madre, pero claro… Me jode ver a los turistas con cámaras de puta madre, para hacerle una foto a su mujer delante de la estatua de Velázquez, en la puerta de El Prado. Me pone de mala ostia.

Cuando me recupere volveré a entrar a La Antojá, que es la tienda de delicatessen donde tiene auténticos oricios en lata. Los oricios son erizos de mar, en bable. Los adoro, es el sabor que más me gusta del mundo. Saben a mar, sólo se encuentran en marzo-abril, un par de semanas y llevo cinco años sin poder ir a Gijón a comerlos. En La Antojá tienen latas de verdaderos oricios y, cuando lo descubrí flipé.

Cuando me recupere me compraré una camiseta de la NBA. Me mola la de Boston, de Garnett, pero la lleva mucha gente, igual me animo y me pillo la de NY de local, la blanca, pero no hay ningún jugador digno de ella. La de Calde, de Toronto, tampoco está mal, pero el diseño es feo.

Cuando me recupere me iré unos días por ahí. Cogeré un mapa, elegiré un destino al azar, alquilaré un coche, meteré tienda, perra y saco de dormir, y apareceré en cualquier sitio. Estaré a gusto, escucharé a Jack Johnson y a Jakob Dylan, fumaré, comeré fruta y me sentiré bien. Solo.

Cuando me recupere invitaré a mi padre al Bernabéu cuando venga el Sporting, que ayer ganó al Milán (aunque la prensa deportiva se empeña en acentuar la “í”) y nos daremos un baño de asturianismo, y nos tomaremos unos culines por el barrio.

Cuando me recupere le compraré una caseta a Nico para poder dejarla en el patio -la canción “patio interior” de Aroah, se me aparece cada vez que abro su puerta- y que haga su vida en el exterior y deje de destrozarme cajones, calcetines, cajas, cables y demás mobiliario de mileurista.

Cuando me recupere me compraré un par de camisetas chulas, dos camisas negras y una corbata finita, como la que tengo negra, pero roja, o naranja. Y unas zupas de basket.

Cuando me recupere…

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Blup!

Hay veces que me da por pensar qué pasaría si no volviera a leer en la vida. ¿Sería más tonto?. Cualquier equipo de profesionales que analizara mi situación, dilucidaría que los libros no me han dado casi nada. Quiero decir, que Jesulín de Ubrique -del que presupongo que no será cliente especial de ninguna librería, o usuario asiduo (trabalenguas) de su biblioteca-, es un tipo que se lo ha montado fenomenal y tendrá nosecuantos chalés, y un par de generaciones podrán estar al sol, con el riñón bien forradito. Y yo, que me empapé de Marco Tulio Quintiliano (el gran rétor) me como los mocos en un semisótano de Lavapiés.

A lo mejor es una maniobra de defensa de la siempre sabia naturaleza (el tópico es ironía), que te hace interesarte por la experiencia ajena, o bien te brinda la esperanza en un futuro mejor (con coches y pisos y chalés y piscinas en forma de riñón) o bien para darte cuenta de que el rollo de la felicidad no va por ahí. Pero el comité de expertos dictaminaría mi error, y enseñaría en cuarto de la E.S.O. a los chavales, que lo mejor es pegar el pirulazo y a correr. Ya lo hacen. El argumento es “busca una carrera con salidas”. La verdad es que la licenciatura de Turismo no está mal, o Enfermería. ¡Ah, se referían a salidas laborales! Tienen quince años, coño, ¡Hablen en su idioma!

Si fuera ingeniero de caminos, montes, puentes y otras obras públicas, igual ahora sería más feliz, más pleno. Me sentiría demandado por la sociedad, por el mercado laboral y puede que hasta por mi familia. La orla colgaría del salón de mi madre. Allí estaría mi cabecica, rodeada de otra centena de ingenieros de caminos, blablabla, dispuestos para salvar al mundo de inservibles curvas en las autopistas nacionales.

Si mis padres hubieran sabido que mi carrera era un lapso de cinco años para reflexionar, leer y aprender a pensar, hubieran flipado. De haber sabido que no saldría “colocado”, también. En eso les fui noble y leal y colocado, lo que es colocado, salí. Si mi madre hubiera sabido que la pasta que le pedía para libros la invertí en libros, pero que no eran obligatorios, creería que me lo había gastado en drogas o en putas o en las jodidas Reebok The Pump, que nunca pude tener de adolescente. Y me compré a Platón, y a Maquiavelo, y a Reyes, y a Bell, y a Gluckmann, y a Lyothard, y a Lipovetski… Y ahí los tengo en las estanterías. Mirándome de lomo y diciéndome que no aguantan otra mudanza, que a ver cuándo los descifro y pueden reposar en ese mausoleo de la independencia, que es un chalé.

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Música es

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El título de ese casette del puto jodido cabrón de Eros Ramazotti, me acompañó durante toda mi infancia en los viajes en el coche de mis padres (de hasta 700 kilómetros). El resto de la colección la componían Al Bano y Romina Power (que por lo visto salieron a ostias), Alberto Cortez o Mecano. Cuando se entere Gallardón, bajarán a Cascorro de su plaza, y me pondrán a mí, sin lugar a dudas. Los sordos del mundo peregrinarán buscando su salvación, y todos haremos caja.

Mi hermana quedó en el camino. Pobrecita. No pudo aguantar y sucumbió a la inmensa tortura. Se sabía todas las canciones de los hermanos Cano y las recitaba en un ritual sin fin. Todavía se estudia en Guantánamo la posibilidad de incluirlo en el catálogo, pero la ONU ha mediado tratando de impedirlo. Así mi citada hermana ha compuesto con el paso de los años, una meticulosa colección, donde ha seleccionado los peores discos de la última década. Desde la discografía de los Baquestríboys, hasta Craig David, o Bustamante. Es increíble, y tiene casi más mérito que hacer una buena discoteca, porque se supone que si aprecias la música, eres feliz recopilando, pero juntar lo peor…

El caso es que viendo a los nígers vender DVD´s de pelis tan deputamadre como “Una rubia muy legal II“, o “Dos colgaos muy fumaos“, me doy cuenta de que la venta de CD´s piratas ha disminuido considerablemente, en beneficio de las pelis, lo que significa que Internet, también ha jodido al mercado negro musical. ¿Habrá un Teddy Bautista de este tipo de empresas? ¿Será subsahariano?.

Hay un ser humano en el que reparo muy de cuando en cuando: Von Karajan. Me parece un tío de puta madre, que pone su cara en portadas de discos, en plan “¡Eh, que si yo no dirijo el cotarro, la filarmónica de Viena es una banda municipal“, y que es superfamoso en un mundo que pasa de la música clásica como de comer mierda: tiene su mérito. ¿Qué pensará Karajan de los discos pirata? ¿Tendrá otro perfil, aparte del que ofrece en sus discos? ¿Comerá platos de esos supercaros con trufas?

Si Karajan se hubiera tirado siete horas en un Renault Cinco, aguantando el “sombra aquí, sombra allá maquíllate, maquíllate…“, probablemente hubiera dejado al asesino de la katana a la altura del betún. Betún me recuerda atún. Si por necesidades económicas tienen que comprar en el Lidl (no pasa nada, reconózcanlo, no sólo compran los yonkis) no compren su atún en lata. No sabe a nada.

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Que te jodan

Unheard of...  Usain Bolt

Ayer, a primera hora de la tarde, mientras Bolt destrozaba el crono en los 200, contra todo pronóstico, y su imagen ganadora daba la vuelta al mundo, un avión reventaba en el aire de Barajas, contra todo pronóstico y su imagen destructiva comenzaba a dar la vuelta al mundo. Cosas de la vida. En cualquier caso, algo común: el espectáculo. Los mass media han convertido el deporte en una carrera donde lo no-espectacular queda al margen, donde el esfuerzo, el espíritu de superación, o el trabajo y la constancia son argumentos grises, alejados del brillo de las portadas. También las grandes tragedias han sucumbido al envoltorio de la venta: cabeceras especiales, sintonías, bustos parlantes tristes pero…

Después del 11M tuve programa de radio. Había más de una docena de víctimas de la ciudad en la que lo hacía. Nada es más ridículo que una sintonía musical en un día así. Es como ir a una recepción real con una camiseta de tirantes. Pero bueno, como todas estas cosas magnificadas, como cada tragedia griega donde el azar y la casuística juegan el papel fundamental (donde la ciencia no tiene respuestas), al final me la acaba sudando.

Llevo un mes de agosto horrible. Ni siquiera llego a enganchar una rutina. Es como una especie de depresión que no acaba de afectar del todo, pero que no te deja arrancar. El equipo español la está cagando a nivel medallas, no cumplen las espectativas ni de coña, el Athletic huele a segunda otro año más, los Kniks siguen sin hacer movimientos, no tengo un clavel, encima en la única guerra que se menea, que fue la de Georgia, me dan asco los dos contendientes… y además follo poco (es un eufemismo, claro).

 

Una mierda de verano, así que comenzaré a escuchar cómo los que vuelven de vacaciones tienen sus clásicas depresiones, mientras yo casi reciba con alborozo la vuelta, hoy, a la ofi. Como siempre: nadie por aquí. Encima cuando vuelva a casa (en la que ha dejado de funcionar la lavadora, por cierto), dentro de seis horas, la perra puede haber encontrado el énésimo recoveco que creí tapado y estar destrozando el vinilo más preciado, la foto menos oportuna o el libro con mayor valor. Tiene radar la hijaputa.

Ya ven, estoy de bajón. Pero es que tenía que reventar ya. Y qué bien jugó España, ¿Eh?

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La bomba (Navarro, pero Pepe)

Menuda racha llevo. Tardes de cocacola light, porros y olimpiadas. Para qué queremos más. De repente la final de 100 lisos con el jamaicano extraterrestre, pinchando con la final de Nadal (reconocer que su tenis físico y calculado aburre a las piedras debe ser antipatriótico), que si un poquito de ciclismo en pista, con sus gramos de vela, y mientras perdiéndonos a Gervi en la final de suelo.

Gracias al Barón de Coubertin las vacaciones pueden ser más baratas de lo que pensaba. Y tan feliz, mientras nadie se entere. Socialmente quedaría fatal si no contara en Septiembre algunas trolacas: que si estuve en la India y todo muy bien, que si igual voy a New York, ahora que está todo tan barato, que si os enseñaría las fotos del viaje a Gante, pero mi perra se comió la tarjeta de memoria… no tengo problemas, ¡Será por mentir!.

Tengo 35 euros para llegar al día 28. Si me tiro un pedo palmo pasta. Otro mes canino, y el que viene no tiene mejor pinta. Quería invitar a mi viejo a ver al Sporting cuando visite el Bernabéu, pero la coyuntura económica internacional lo pone en tela de juicio. Perderé para siempre esa ficción que es la relación con mi viejo, pero bueno. Ahora me ha dado por dibujar, como a él, y por añorar Gijón. Igual es que se comunica conmigo así. Sus 26 años tampoco fueron los mejores, así que en breve me dejaré bigote y jugaré de ariete zurdo (creo que mi viejo nunca me perdonará haber salido centrocampista y diestro).

Y a todo esto nadie me quita de la cabeza que si me dieran minutos en el equipo nacional, lo haría mejor que Juan Carlos Navarro. Está horrible. Siempre le he odiado, porque su selección de tiro es suicida, y siempre le salió bien. Ahora no. Tiene unos porcentajes de tiro que yo mejoraría, lo sé. Vamos Nico tiene mejores porcentajes, pero Nico es muy alocada, no creo que de alero… igual de base revolucionaria, a lo Jamal Tinsley

Por cierto confirmado: JUEVES 18 sep a las 20:45 actúo en la Sala Casino (c/casino 8, metros Embajadores, Lavapiés). Me parto la polla con la información de promo de los de Nosolocomicos, atención, cito textualemente:

“Uno de los espectáculos más variados del panorama nacional”

Ostias.

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Voy sin guión

improvisar III

La frase que titula el post fue hecha famosa por uno de los más célebres personajes anónimos (a su pesar) que te puedes encontrar en esta vida, y en alguna otra. Ir sin guión implica hacer gala de una bárbara capacidad de improvisación. La verdad es que yo no soy amigo de guiones, porque pueden encerrarte demasiado en un contexto, y porque soy un vago y no me gusta memorizar.

En algunos casos la confianza máxima en un guión, resta mucho de espontaneidad, y de cintura o mano izquierda. Pero soy partidario de tener un par de ases en la manga, pensados con anterioridad, que se puedan sacar a relucir cual revólver de la cómoda: cuando las cosas pintan mal, o cuando hay que rematar.

Ya tengo el guión del monólogo. Siempre me pasa igual, tengo que cocerlo en el cerebrito para luego sentarme y escupirlo, casi sin signos de puntuación. Como cuando volcaba datos sobre los folios oficiales de la Complutense cada convocatoria. Siempre me pasa igual, cuando lo leo no me hace ni puta gracia. Siempre me pasa igual, desconfío de que lo que he pensado que sería la monda, podría quedar en un frío silencio. Siempre me pasa igual, creo que podría no haber feeling. Puede que no sea el actor adecuado ante el público adecuado. O lo que es peor, que sí lo sea, pero que no lo consiga.

Son los riesgos que asumes cuando defiendes algo en directo. El silencio, la apatía. Decía Román Reyes, filósofo, sociólogo, genio, que era mejor causar anti-pathos que a-phatos. Creo que eso lo tengo ganado. Si no te gusto, me vas a odiar, porque puedo ser insoportable. Me he dado cuenta de que el cuerpo me pide ser más negro de lo habitual, rozando la incorrección política. Siempre fui así, siempre me gustó llegar al límite y, como pasa cuando juegas con el límite, muchas veces te pasas. No me quiero pasar a propósito, símplemente sucede.

Cuando creí que mis monólogos seguirían un patrón, me he dado cuenta que el surrealismo y la necedad piden paso, y convierten el texto en algo extremo, pero divergente. Es un alivio comprobar que las neuronas siguen teniendo esa patria, porque creía que se habían convertido en ciudadanas de un mundo cuadriculado, donde en determinado renglón pone “risas”.

Sé que estaré absolutamente seguro -como los locos- pero que cinco minutos antes de salir, tendré un poco de taquicardia y ansiedad, y veré en la cabeza mis chistes y un silencio sepulcral, y caeré en una duda que sólo detiene el poco tiempo para salir a escena. Sé que estaré frío por el sudor, que diré las primeras palabras y que con las primeras sonrisas mi cuerpo recuperará la temperatura normal, y me sentiré en mi sitio, feliz, teniendo esa sensación de poder tan curiosa. La única sensación de poder que experimentamos los pobres. Marcar un ritmo, conseguir atención, y llegar un segundo antes que ellos, a una conclusión. Gracias Gila.

PD: En octubre nos vamos a Lisboa. Ya era hora. A ver si puedo.

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