Ver para crecer

Nuestra generación es un cúmulo de pequeños seres humanos que crecimos con la tele como máxima referencia educativa y cultural. Las dudas sobre sexo, el mercado laboral, las otras culturas, la integración en un mundo norteamericanizado… todos lo hemos conocido a través de la pequeña pantalla (hasta hace bien poco, cuando no sabíamos qué hacer con la pasta, también pantalla grande, de plasma, LCD o lo que nos saliera de las pelotas), que nos ha cubierto los huecos dejados por los padres, primera generación en la que trabajaban ambos para poder pagar la tele de plasma, LCD o lo que nos saliera de las pelotas.

Las virtudes del trabajo en equipo (y de que los malos nos encierren en el plató de Bricomanía) del Equipo A, la moralina barata de El Príncipe de Bel Air o Cosas de casa, el irrestible encanto de las chupas de cuero y la independencia de McGiver… La normalización, yo la mido a través del Diario de Patricia. Que mi abuela, por ejemplo, vea con cierta lógica y cotidianeidad a los gays, se debe a que los programas de marujas se han llenado de plumón (aunque ya exisitieran). Que tu vecina la del quinto deje que su hija se perfore la nariz, lo mismo.

El Diario de Patricia es el paso básico para la asimilación de nuevos conceptos y, parece, un camino sin retorno hacia la crisis de los valores (y no me refiero a los bursátiles, que no están para darles mucho crédito). A la tele debemos ponerla en su sitio. Y debe hacerlo mi generación, la primera que escandalizó a los popes con estadísticas vergonzantes sobre el número de horas que la consumíamos. La tele es lo más parecido al Congreso de los Diputados que existe, donde Jordi González, Buenafuente o Jaime Cantizano, hacen las veces de legisladores de lo moralmente aceptado.

Por el contrario la política se parece cada vez más a un espectáculo: los grupos se llaman “partidos”, los líderes “primeras espadas”, las promesas vacías “programas”… supuestos intelectuales enrocados en un sistema obsoleto al que nadie presta atención. Es hora de que se produzca ya el salto, de que Jimmy Jiménez Arnau (Rrrrrrrevital) lidere una opción para las elecciones de 2012, o AR (Ana Rosa) se líe la manta a la cabeza y cree el.. ¿PAR?.

Yo, por mi parte, me he dado cuenta de que en el servicio público está el negocio y planteo mis armas políticas que girarán en torno a dos acciones principales: la pira y el despertador-mamada. El resto de cosas va a dar igual que gobierne mi partido u otro (es lo que nos han inculcado, el rollo de los mismos perros…). La pira se basa en quemar a un español al día, televisado por un canal nacional a eso de las nueve y media (en access primetime, que le llaman los paletos que curran en la tele). La lista es compleja de confeccionar, pero sobran aspirantes para los cuatro años de mandato (Aznar, Raúl, LDDALa Duquesa De Alba– , Lopera, Emilio Botín, Gonzalo Miró, Pablo Motos, Melendi, Bertín Osborne…). En la Plaza Mayor madrileña, con ese olorcito a barbacoa, viéndo cómo revientan las ampollas de los quemados…mmmm…

El despertador-mamada es una medida polémica, pero dispuesta a reactivar la productividad del trabajador español. Cada mañana, todos los varones saludaremos al mundo con la sexual práctica de la felación, todo un lujo que, seguro tendrán consecuencias muy positivas en el PIB nacional. En caso de tener que pactar con IU, se contemplaría el depertador-cunnilingüe pero, aunque sea por su difícil pronunciación, lo veo poco comercial.

Vótenme. Y lean esto. ¿Quién nos lo iba a decir?

PD: Letra de la Costa Brava

Cuando pienso que he perdido todo no te miro y me duermo,
pero tengo que decirte que no puedo olvidar lo que he hecho.
Tú no me conoces pero siempre me sentaba a tu lado,
y soplaba levemente tu nuca en la cola del paro.

Soy un superhéroe que convierte lo que ama en hielo,
pero un día el guionista olvidó qué es el amor bajo cero.
He quedado con la mole para hablar de nuestros días violentos
y se había reducido el estómago y ahora es pequeño.

Para que fuiste a la tele, para que dijiste donde dormías.
Si estabas buscando amor, para que dijiste que eras tan fría.
No fue una brillante idea ir al diario de Patricia.
Si estabas buscando amor, para que dijiste que eras tan fría.

Y ahora estoy sentado en tu cama.
No respiras y mi traje está bajo tu almohada.
Estás tan helada, te pido perdón.

He quedado con la mole para hablar de nuestros días violentos
y se había reducido el estómago y ahora es pequeño.

PD2: Si no habéis visto El Club de la Lucha, vuestra vida no tiene sentido:

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No me apetece nada

Pues mira sí, lo llevo con una mezcla de resignación y optimismo, pero me siento un poco como Zapatero, subido encima de la crisis y diciéndo que… por lo menos estás subido en algo. Pero una parte de mí está contenta, y con cierta esperanza. Probablemente me la pegue, porque vamos buscando la superviviencia a contrarreloj y, en algún momento me la tengo que pegar, pero sé que, en este tipo de circunstancias es donde entro en valor, donde templo los nervios, sé que he de cortar el cable rojo, y saco lo mejor de mí.

Nos vamos de la ofi donde hemos perdido año y medio para nada, y por eso no me dará ninguna pena partir. No tendré que despedirme del mariquita -que se parece al fotógrafo de Yo soy Bea (no veo la serie… bueno… un día haciéndo zapping)- ni de las estiradas secretarias que siempre hablan en la comida de dónde les llevan de paseo sus maridos los fines de semana -ora a la sierra, ora a la playa- ni diré adiós a la morbosa de abajo, a la que llamé puta en el Lamiak aquella noche y que me quiso pegar porque iba drogada hasta las trancas (y porque la llamé puta, no entendió mi fino humor), ni me despediré de los jefazos que van vestidos como periodistas americanos de los años veinte, ni del técnico que se parece a Pippo Inzhagui, ni de Claudia, la recepcionista bipolar… ni de nadie, porque a nadie voy a echar de menos.

Recojo en una caja de cartón, rollo yanki, mi portafotos con Sarkozi, mi Mini rojo de juguete, mis bolanieves de Berlín y Portugal que me trajeron Paco y yo mismo, mi entrevista a todo color de Dani Güiza, mi postal de papavoitila en la que pegué dos condones, y el autógrafo que nos firmó el mítico Oscar Ladoire

Adiós Telefónica. No te quiero ver ni en el móvil.

Además suspendido el monólogo del jueves porque la sala no reúne las condiciones adecuadas (acabaré debutando en el Madison Square Garden)

Os dejo el último capítulo de Parte de cero. La verdad es que Jóse se sale…

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Lo que queda de 2008

Que 2008 está siendo uno de esos años en los que no debería haber salido de un letargo producido por pincharme con una rueca de hilar en el dedo, parece más que evidente (analicen sintácticamente la frase). Pero la traca final que me espera, es de las de aúpa. Por lo pronto hoy nos han largado de Telefónica. Jóse me ha llamado a media mañana para comunicarme la buena nueva, en forma de llamada-broma de un original concurso. Se lo agradezco, porque me ha hecho tomármelo mejor.

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He puesto las noticias y el niño de la comunión de Cuatro, ex-presentador de Antena de la Bolsa en la SER, Javier Ruiz, ha explicado perfectamente que a la crisis (muy muy gorda) ya no se le ven las orejas, está sudándonos el escroto sobre las cabezas. Caída en picado de todas las bolsas del mundo (el Santander un 7%, Botín ya lo es menos), y todavía no ha abierto Wall Street. Si digo que esto lo puse por escrito en un trabajo de la facultad en el año 2001, no me creerán. El profe tampoco, que sólo me clavó un ocho.

Era de cajón y, quienes lo vimos, fuimos tachados de izquierdosos trasnochados. Crecimiento de la economía especulativa, fusiones, tendencia al monopolio, desestructuración de los mecanismos de intervención del Estado… Pues ahora todos pencamos. Por lo menos sé que 2008 no sólo estará marcado en negro en mi biografía, también en los calendarios corporativos de Lehman Brothers (en quiebra, joder, y eso que eran gente con corbata).

Además la del Mini. La del Mini es lo que me faltaba para rematar el año, para quebrar mi coco en el último trimestre. Joder, con lo bien que estaba yo, jijijaja, jolgorio… y tiene que aparecer lo más prometedor desde el draft de Michael Jordan para volarme la tapa de los sesos, y que esté como un crío, a sabiendas de que será una ostia casi segura (mi pesimismo eterno, ya saben). Que no, que yo… pues nada. Otra vez, colega, a hacer el pringao. Muy crack (y no el del 29). Está llamada a cambiar los designios de mi franquicia, pero no confío nada. Bueno no sé, bueno… a veces pienso que tener una mente superior a la de un quinceañero, tiene que ser la ostia.

Si salgo vivo de este año, la virgen de Covadonga tendrá que venir de rodillas a mi casa y ponerme velas. He dicho.

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Acción/adicción

Superé mi adicción al café gracias al té. Jamás me gustó el café, yo siempre fui de colacao -o, en su detrimento de nescuí, o de paladín, que es ya de pura gula- aunque pasaran los años y la lógica del tiempo impusiera que había que empezar a desayunar café con leche “como los mayores”. Pero cuando trabajas en un medio de comunicación local de los de yomeloguisoyomelocomo, te das cuenta de que la dosis de espabilina mañanera que implica el café sólo del bar de Alfonso (¿Qué será de Alfonso? Hace mogollón…) sienta estupendamente bien.

De ahí a los termos de café mano a mano con Julián en las grabaciones de cortos, había un paso. Y de incorporar la cafeína a la tarde, el mediodía y lo que se tercie, otro. Total que en menos que canta un gallo tenía un enganche con la jodía cafeína que no se lo saltaba un gitano (ni se lo sigue saltando). Desde entonces me acostumbré a mearme en las recomendaciones médicas que rellenan páginas de periódicos gratuitos, de dormir ocho horas, y decidí dejarlo.

El té con leche fue el sustitutivo que me abrió al apasionantemente fetichista mundo del té. Con sus millones de sabores, tazas, complementos y demás pijaditas, que tienen su mercado en la sociedad postindustrial (sí, leí a Bell, pero no me sentó tan mal como a Fukuyama). Pero tampoco era ninguna solución, así que sucumbí a la mágica fórmula de la cocacola, en concreto de la cocacola lai.

Me da la sensación de que tengo cierta facilidad para las adicciones (herencia genética de mi abuelo, seguro) así que me andaré con mucho ojo. Hablando de adicciones, ayer en La Ventana pusieron a Lou Reed, que de ésto sabe un rato.  Me hizo gracia que llamara una tipa de unos cuarenta, profe de guardería, diciendo que el bueno de Lou le flipaba. ¿En qué clase de manos estamos dejando a nuestros pequeños? ¿Serán ya, esos chavalillos embutidos en sus babis, unos potenciales adictos? ¿Los habrá que, como yo, alucinen aspirando fuerte el olor a madera de un lápiz recién afilado? ¿Darán buena cuenta de la plastilina? ¿Sospecharán que entre ellos se esconden mogollón de futuras relaciones de poder, ahora mitigadas por la edad?

Me da miedo pensar en ellos. Imaginar que el futuro presentador de Está Pasando, el futuro Ministro de la Vivienda, el futuro deportista que dilapide su fortuna al acabar su carrera, el futuro inspector de Hacienda (que le meterá mano a Kike), el futuro autobusero que cerrará las puertas ante la precipitada carrera de una vieja que llega tarde, el futuro tipo que le quitará la futura novia al furuto pingao… están en una misma clase, da un poco de pavor.

Pasemos a la acción, matemos a nuestros niños (parece una locura, pero Herodes lo petó)

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Botones

Ayer desabroché botones. Desde pequeño aprendí a desvestirme a lo cutre, quitándome las camisas como si fueran jerseis: abrochadas. Los pantalones los llevo caídos y, con un poquito de empuje, bajan solos, también sin desabrochar. Por lo tanto, para mí los botones son un mero adorno. Sólo hay algunas veces en que hago que los dedos entren en acción, y es para disfrutar del acto de desvestir o desvestirme. El movimiento de las manos se recrea en su propia habilidad, y la sangre fluye, caliente e intensa, con destinos variados.

Los botones son graciosos, piezas de ingeniería básica que, si les pasa el aire por cuatro sitios, dan suerte. Ayer toda mi camisa estaba llena de botones de cuatro agujeros. A lo largo de la Historia, los botones saltaron de la ropa y se adueñaron de la revolución industrial, y fueron objeto de la ira de los luddistas, y sucumbieron al boom digital, y hoy los tenemos multiplicados en nuestras casas. Yo tengo un reproductor de pesimismo (MiPesimismo3=MP3). Hoy le he dado al botón del pause. Espero que dure.

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Tomás Moro

Alejado del componente políticamente incorrecto, que con los años adquiriría su apellido, Tomás Moro (Londres, 7 de febrero de 1478 – † 6 de julio de 1535)  tiene el honor de haber alumbrado la isla de Utopía. La utopía quedó reservada, según los libros oficiales, para el socialismo, y los sistemas de izquierdas. Es curioso que hoy leamos la Enciclopedia Álvarez y nos parezcan un atajo de mentiras, exageraciones, claroscuros y medias verdades para justificar un sistema, y no nos planteemos la veracidad de las teorías, libros, e historiadores que nos hablan de éste, el mejor de los mundos posibles.

El capitalismo está basado en la propiedad privada, y teorías paranoicas como la de la oferta y la demanda, que reparte ostias con su, no menos paranoica, mano invisible. Es igual de utópico que el otro. Igual. Se desarrolla porque estamos en harina, y porque en una balanza entre lo que cuatro puden robar, y lo que un pueblo puede aguantar, el capitalismo es el que mejor disimula, de momento.  La principal regla politológica, es que todo sistema genera su antisitema.

Lean esto. Se supone que el estado democrático de derecho se basa en la separación de poderes. Pues lo que les contaba de la famosa isla.

Ahora mismo Zapatero está explicando en el parlamento, que el Estado va a echar un capote a los constructores. Ellos no se lo echaron al Estado en su momento.

El keynesianismo es eso: la intervención del Estado para tapar los huecos que forman la avaricia del sector privado. Es como el amigo pagafantas, que aguanta las peroratas de la chica a la que el típico hijoputa ha arruinado la vida una vez más. Eso es el Estado, un pagafantas, al que se quiere “sólo como amigo”. Parece una definición perfecta para Zapatero.

Mientras tanto Marcos Senna sigue siendo la clave del juego que deslumbran los flashes de Villa, graniza de noche y las pedradas retumban, me despiertan y me hacen poner un rato el Larguero, la Vuelta a España, circula anónima y tocada de muerte, la gente en la productora sigue sin llegar, y yo llevo con malas digestiones desde el sábado.

Ah!, se me olvidaba… se está realizando el experimento más importante de la Historia.

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Mansini, mansae, mansuvo, mansorris, sorris, soporris, porris, porrinchi

Mario Conde

Gracias a dios tengo Internet ya en casa. Lo que parecía imposible ya es una realidad gracias a la excepcional capacidad para el hampa, de Mansini. Dios fuma y lleva un Focus cuya matrícula doy en el área de prioridad residencial como el que pone velas ante la imagen de San Pancracio. Hubiera puesto en el post una foto de su perro Tyson -uno de los más conocidos, junto con Rex y Hugo, el perro de donManuéRuídeLopera, el perro der Beti-, pero todavía no me ha hecho llegar la instantánea de su bulldog. La verdad es que no es un perro muy listo, pero Nico tampoco irá jamás a Saber y Ganar.

Ayer vi un rato de Saber y Ganar y han bajado el listón. O el barbecho intelectual en el que vivo me ha subido el mío, que no lo creo. Será que empiezan a entrar concursantes de la ESO. La cosa promete con la del Mini. Me gusta que la cosa prometa, porque si jurara tendría un componente religioso que no me interesa (Nota: teníais que haber visto las caras de mis colegas en la boda cuando me levanté a comulgar, sabiéndo que soy apóstata. ¡Coño, era comida gratis!. Espero las consecuencias divinas pero, de momento, sólo tengo la tripa mediorevuelta. Será Dios)

Aquí en Madrid -“¿Desde dónde nos llama, señora?”, “De aquí, de Madrí“- hoy es fiesta. Por nosequé domingo. Y la clavan el martes, para que los espabilaos, como mi jefa, llamen a Leonardo Torres Quevedo,  que les construya un puentazo de los que hacen época. Muy rico. Esta mañana en el Hoy por Hoy, entrevista de los oyentes al ministro SolbesVerá es que yo no creo en los políticos...” Vale, pues no llames colega, adios. Qué valiente, no creer en los políticos. ¿Es que hay que creer en ellos? Osea que no crees en esa explicación universal, en versión cuadernillos Rubio, como es la existencia de un ser todopoderoso, y vas a creer en un señor que seguro que folla con los pantalones por los tobillos, viéndosele los calcetines ejecutivo…

Cuando era pequeño mi madre intentó que viera normal llevar calcetines ejecutivo. En el cole se descojonaban. Mi madre decía que tranquilo, que Mario Conde los llevaba. Me peinaba con gomina como Mario Conde, flipaba con Mario Conde. Estoy esperando que se retracte. Como espero que se retracte por esperar que me hipotecara, me sacara una oposición, y empezara a meterme las camisas por dentro del pantalón, es decir, por esperar que yo sea “””””normal“””””. Espero sentado. Pero con el Internet gracias a Mansini, la espera es más agradable.

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PD: Nótese en el vídeo, las dos señoras que acudieron al programa haciéndo buen uso de sus dildos.

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Chaos and creation

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Si les cuento mi fin de semana… ¡bah, qué coño, sí, va!

Salgo el viernes de la ofi, llego a casa, como (a las cuatro y media de la tarde) y a la media hora se presentan en mi casa dos policías -el bueno y el malo, se entiende- , diciéndome que la perra ladra cuando me voy. Creo que debe ser por dejarla atada en el patio. Ven mi situación, que es un cachorro, y que es cuestión de tiempo, y me cuentan que es que la gente es muy exagerada, que enseguida amenazan con la denuncia, que tal y que cual… (como de denuncien seré la jodida peor pesadilla de la comunidad)

Perfecto, el sábado tengo boda lejos de casa y no la puedo dejar en el patio. Dejarla en casa sería un suicidio. Si alguien tiene algún tipo de dudas: muebles mordidos, cacas y orines por doquier, mantas tiradas, visillos rotos… y toda trastada que se puedan imaginar. Lo último que te apetece al llegar de una boda matadora, es encontrarte la casa como si la hubiera registrado la Gestapo.

Llamo, por tanto, a la de la asociación de acogida, que me dice que se queda con Nico sin problemas, que se la lleve el sábado por la mañana -andando, por supuesto, no tengo coche, desde Lavapiés hasta Arturo Soria– y que guay. Cuando pienso que ya está solucionado, me llaman de un casting para un programa de Telecinco.

-Hola, mira estamos haciendo un cásting, necesitamos un actor cómico

-¿Cuándo?

-Mañana a las diez de la mañana en Fuencarral

-¿Puede ser otro día, es que mañana…?

-No, tenemos prisa

KASHFKAHKHAKFHOQUEROQWXCVNKQWH… vale

Llamo a la de la asociación, le tengo que dejar a Nico el mismo viernes. No puede. De puta madre. Llamo a la que tenía a Nico acogida, me dice que guay. Me falta el coche, llamo a Víctor, que es un máquina (Pato dixit) y me dice que tiene que ir a Arroyoculebro, y que le da igual arrimarme. Tras la tarde frenética dejo a Nico con su exdueña, que nos recibe con toda su exuberancia, pero con otros dos perros locos, que convertirían su casa en unos dibujos animados de 24 horas durante el fin de semana.

Colocada Nico, nos colocamos nosotros en casa de un colega, con su G-13, estudiando la obra de Leonardo Torres Quevedo, y el torresquevedismo, toda una filosofía ingenieril, que sólo tuvo el punto negro en el fracaso suizo. Lo que acaban de leer tenía sentido, y hasta gracia el viernes, así que… Tenía plan, pero acabé tarde, sobé y a madrugar para el casting.

Llego el primero, me cagoenlaputanación de Mandarina Producciones que me hacen caminar como 20 minutos bajo una cortina de lluvia fina, como muy norteña. Nadie en la productora. Van llegando, y siguen sin decirme en qué consiste la prueba. Cuando me dicen que es sin texto y que tengo que improvisar presentando la noticia del supuesto embarazo de la ministra francesa por parte de Aznar, le dan al rec y me conceden un minuto para mostrarme. Vamos, rozando la prostitución. Acabo, me piro contento, pero sé que no seré yo, porque hay mil después, y me hago coleguita de Antonio, un actor muy majete, que hace la prueba luego, y que vive ¡al Lado del Lamiak!

Llego a casa, me ducho, llamo a David que tiene que recogerme en Guadalajara, para ir al pueblo de la boda, todo ok, cercanías, coche… y la boda que paso de contarla que para eso hice un reportaje con la videocámara, y lo colgaré en youtube en breve. Yo, como siempre, chupando la sangre a mis colegas. Lo único reseñable, es que el post de este blog, llamado Cicuenta Euros, fue muy comentado.

Vuelta, estómago del revés, cansancio físico -me dio por bailar y me tiré como tres o cuatro horas dale que te pego-, Víctor, que está sacándose oposiciones a Santo, estaba en Móstoles, así que pasó a recoger a Nico, y traérmela a casa, y por la noche quedé con un chica más que interesante (tiene un Mini, con eso lo digo todo).

¡Bien!

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Gramo

¡que desaparece todo el mundo!

Eres más pesado que un dolor de muelas. Esa simpática aseveración, siempre en labios de algún genio del humor como, por ejemplo, mi padre, pero llevada a mi boca, está taladrándome el lado derecho del cuerpo desde hace un par de días. Dos o tres porros me ayudan a sobrellevar y no meterme ninguna otra droga recetable, pero cuando pasa su efecto… ahí vuelve con su machaconería, recordándome que el cráneo va desde el comienzo al fin de su dolor, y creando paranoias sobre movimientos de los dientes y demás historias.

Me miro por los escaparates de las tiendas, como las chicas, y a veces me veo gordo y a veces flaco. Y mi corte de pelo no me convence. Será cosa de autoestima. Ayer me dió por ponerme una camiseta amarilla de rayas marrones horizontales de Skunk Funk, la marca favorita de mi ex, que hacía mogollón que no me ponía, y que me recuerda a mi bar favorito: el Lamiak. Lamiak es un garito de la Latina, que nos conquistó a Jóse y a mí por el jazz, el ambiente relajado, y las pivas que se mueven por la zona. Nos han pasado mogollón de cosas allí, y nos quedan por pasar muchas más.

A mí me flipa porque es como un trocito de lo mejor del norte metido en el corazón de Madrid, y porque tiene un encargao que es un solete, y que genera empatía por doquier: Unai (tiene un duende en su pecho…). Hoy me lo he cruzado por Huertas, dando un paseo light (o resacoso) con Nico. Unai venía, de resaca también, con una chaqueta de Carhartt que se me ha antojado y me compraré.

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Inútil

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Estoy en la ofi currando para nuestros más suculentos clientes. En el enésimo proyecto que, ya desde el dossier huele a fiasco y no hay por dónde cogerlo. Me pregunto qué hago aquí. Es hacer trabajo para algo que jamás verá la luz, y que se ve a la legua, pero bueno. Como en los estados soviéticos, cuando cosechaban para luego quemarlo… ufff!

He escrito un par de cortometrajes, bastante subnormales, estos días. No sé ya si tendrán cabida los cortos subnormales en festivales, o algún viso, osea que igual es, también, trabajo absurdo. Tampoco sé si los subnormales se sentirán ofendidos porque llamo a mis cortos subnormales, y se bajarán del anuncio de Repsol (ese de subnormales en surtidores, en plan queguayesmiempresaquecontratadiscapacitados) y me darán una ostia. Me estoy especializando en trabajo absurdo. Como cuando me puse en forma después de lo del tendón de Aquiles (que mucha gente, médicos incluidos, lo llaman talón de Aquiles, que digo yo que ese señor tendría el suyo y yo el mío, pero bueno) y en el partido que reaparezco me crujieron el tobillo… y a empezar de nuevo.

Intenté releer a Aristóteles, así hablando de griegos, y me dobló (la Ética a Nicómaco), así que como me ha dado por releer, me voy a poner con Proust, que el Camino de Swann tiene más su aquel (que ya es decir). Y nada, estoy harto de ver a Rafael Nadal -que no he cenao con él- hasta en la sopa. “Es un icono” dicen, nos ha jodío, ¡Vosotros lo convertís en icono!. ¡Ah!, y flipándolo con la noticia de que Aznar ha dejao preñada a una ministra del gobierno francés que, por lo visto es un jodío bulo internáutico. Por cierto, que siempre me ha parecido que Aznar podría ser el padre de Rafael -que no he cenao con él- Nadal, porque creo que tienen el mismo morrapio. Les pone a las tías. Nadal, digo.

Y esta noche concierto de los Fulanos de Tal, que no sé si seguirán siendo Fulanos de Tal o será la Chasca Tutum, o los Fulanos, o la banda de los Fulanos, o cómo comparecerán en Rivas, y el sábado bodorrio de Sampe, que es lo que me faltaba por hacer.

Ir a una boda. Ese mundo. Mis colegas vestidos de señores mayores, señoras gritando cual público de Los morancos por el ramo de la novia (a la que no conozco), la clásica hermana/prima/amiga de la novia que se nos acercará, como buenos mozos que somos, señoras con trajes de colores morados chillones y verdes pistacho -que lo han visto en el Hola!– pérdidas de dignidad varias en forma de cortes de corbata, gritos de vivanlosnovios y movidas así, música chunga acabando con Paquito el Chocolatero… un sinfín de aventura y diversión para el sábado en Pastrana.

A ver si sobrevivo.

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