Es.

dsc00211La melancolía es. Se presenta en casa sin que nadie la invite, con los planos del apartamento en la mano, y decide hacerlo pequeño y jodido como una canción de Cat Power. Andas por el mundo, porque andar por la vida sólo sale de un verso, intentando fingir que no la ves, pero siempre acecha y te controla. Creo que te maneja como a un muñeco, y que cuando ríes, se estremece de placer pensando en la caída. La melancolía es un señor pesimista y con sombrero.

Dos hielos flotan panza arriba, haciéndose los muertos, mientras cuatro “oes” de humo atraviesan la habitación cual cosmonautas.  Los números pares son estúpidos. Completos, redondos, comerciales, que se dejan dividir por dos. Yo jamás me dejaré dividir por dos. La perfección y yo. Una forma de reconocer los cadáveres es la que se hace por las marcas de la dentadura. Ni eso escapa a mi imperfección. ¿Qué se puede esperar de alguien que no muerde bien? El señor del sombrero lo sabe y por eso pasa, directamente, a la segunda fase. La primera es ésa en la que no sabes en qué has fallado. La otra, en la que lo sabes a la perfección. Conocer perfectamente tus imperfecciones debería valer. En mi mundo valdría.

Porque confío en que alguna vez haré el mundo. Creo que todos tenemos ese derecho. Estoy seguro de que cada mañana un tipo diferente lo diseña, por eso pasan cosas tan raras. Pero deberíamos conocerle, que pusieran su foto en la calle, como la del empleado del mes de una hamburguesería, o en la cabecera del google. Todo por hacer, en el principio la oscuridad, y tienes siete días, chaval. Si te lo curras, el domingo libras. Yo el martes lo tendría acabado. Me tocaría los cojones cinco días. Sería una chapuza con muy buenas ideas pero, al fin y al cabo, el mundo que estrenamos cada día no es muy diferente.

Mire -le digo- creo que debería coger su sombrero y largarse por donde ha venido. Lágrimas tengo, pero es que me duele la garganta, la tengo inflamada, y la perfomance del lloro no me sale bien así. Me conformo con soliviantar mi mal poniéndo el paladar en Barceló, provincia de añejo. Usted no tiene contrato éste año. No le voy a denunciar, porque me cae bien, porque le necesito y porque estamos hechos de lo mismo, pero haga el favor de no agobiar. No ésta noche.- y creo que lo entendió.

Hasta otra melancolía. No me falle.

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Manuela y Manuel

pueblo2Manuela y Manuel eran una pareja feliz que vivía en uno de esos pequeños pueblos en los que hasta se echa de menos que pase un coche de vez en cuando, para que contamine la jodidamente pura atmósfera. Un día vino Manuel del trabajo en el campo, y le dijo a Manuela que se pusiera guapa, pues había una fiesta en la plaza. Manuela entró en la habitación, abrió el armario, y se dio cuenta de que no tenía un sólo vestido que resaltara sobre los demás. Apenada, le comunicó a su marido las malas nuevas, y Manuel se prestó a conducir hasta la ciudad, para encontrar unas telas bonitas con las que hacer un vestido.

Al llegar a la gran urbe, a Manuel le empezaron a entrar mensajes en su teléfono móvil. Como en el pueblo no había cobertura, su terminal sólo se preñaba de palabras cuando salía de él, y hacía un año y medio que no lo hacía. Aparcó en el arcén y, pacientemente comenzo a escuchar y leer toda aquella información que había estado flotando en las orillas de su casa, durante los últimos 18 meses. En titulares destacamos: que su madre había muerto en junio, que le habían intentado localizar en repetidas ocasiones y que, por su no comparecencia en la lectura del testamento había sido, legalmente desheredado. No fataban mensajes de viejos amigos preguntando por su paradero, de familiares preocupados y miles, digo miles de mensajes de Movistar, convidándole a tal o cual promoción con las que, le aseguraban, se ahorraría un buen dinero.

Al entrar en la ciudad el nivel depresivo aumentó a ritmo de politono, sonitono y tono real, y no dudó al entrar en un bar de la cadena Warrington para atizarse -y el verbo está bien seleccionado, pues incrustaba el líquido en la glotis- un buen puñado de solisombras, cuidadosamente seleccionados de las mejores destilerías. No tardó en congeniar con un compañero, acodado como él en la barra, que le contó historias sobre trabajos, mujeres y política, que no le interesaban en absoluto, pero que le servían de coartada entre trago y trago.

Cuando Manuel fue invitado gentilmente a abandonar el local, no dudó en seguir su instinto, que le llevó a una casa de lenocinio, donde fornicó, con más pena que gloria, como forma de culminar una buena tarde. Con la noche, ya bien entrada, y mientras el pueblo estaba disfrutando de la engalanada plaza en la que sus vecinos danzaban, Manuel estrelló su coche contra el único árbol que se encontraba en el trayecto desde la ciudad.

Cuando el juez de paz levantó el cádáver, arrancó el protocolo a tal efecto, y comenzaron a intentar el contacto con Manuela. Las llamadas perdidas se agolparon en la cárcel de la cobertura, saludando a algunos mensajes mal borrados por Manuel, y a otro puñado de comunicaciones insustanciales, y ofertas telefónicas, con destino a los terminales del resto de vecinos del pueblo, que celebraban una paralela fiesta inalámbrica, aderezada por real, espacio en blanco, Nena Daconte, al 7600.

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Alargador de pestañas y caldo Avecrem

9394744_1La crisis tiene 63 años y se llama Marina, por ejemplo. Marina es la señora de la limpieza de mi portal. Una mujer que vive de limpiar lo que se guarrea comunalmente, y que aguanta con paciencia fregar, que le pisemos el fregado, y volver a pasar la mopa. Así cada lunes y cada viernes, anulada sutilmente por el sistema. Cada mañana encontrará anestesia en los programas televisivos diseñados al uso: cotilleos, trucos de belleza y consejos de cocina. Entre anuncios de alargadores de pestañas y caldos Avecrem pasa la vida, probablemente soldada por contrato a un amorío de la juventud, porque dos ejecutivos decidieron que está mejor conociéndo con quién sale la última vedette que, por ejemplo, sus propios derechos.

Desde que me vió en aquella mudanza alocada, comido por la depresión y amargado con el mundo, guardamos una relación especial: charlamos. Ayer me dijo que le pisaría ya pocos fregados, porque la echan. Lleva veinte años conociendo cada recoveco, por supuesto sin contrato. Al comunicarle la noticia, con esa resignación tan propia de esa masa adormilada que son las marujas, les comentó que sería buena idea que le abonaran la parte proporcional de las vacaciones. Fue entonces cuando el presidente de la comunidad, uno de esos mariscales de la nada, con botas expertas en pisar débiles, le dijo que naranjas de la China, y que como se pusiera pesada ni cobraba éste mes.

Llegará una rumana, otra Marina, por supuesto sin contrato, y el mariscal podrá seguir campando a sus anchas, bajando al bar a rajar de los extranjeros, que le quitan el puesto de trabajo a sus hijos. No quiero que éste post sea un storyboard de Fernando León, pero sí que sea un sentido homenaje a un colectivo silencioso, que merece que, de una puta vez se le trate como a seres inteligentes, mi eterna pelea cuando hacía radio.

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¡Por fin es podcast!

Bueno, tras pegarme con lo cavernícola del mundo del podcast, ya se inaugura el programa semanal. Llevar lo musical de éste, su blog, a un programa radiofónico. Si véis las pestañas de aquí encima, desde hace unos días hay una que reza “SPCB radio show”, pues clikáis y os encontraréis con los programas que iré colgando cada semana.

Espero que os guste.

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Ministro Bermejo, dientes de conejo

Ya ves. ¿A quién de ustedes no le hubiera gustado poder dimitir alguna vez en la vida? Recuerdo las clases de mates, las salidas al encerado/encerrona para corregir los ejercícios. O por riguroso orden de lista, o por riguroso orden de colocación, o por riguroso orden que le saliera de los cojones al profe. Ese paseo mortal hasta coger la tiza, ese movimiento ralentizado en nuestra cabeza, con el Bend in the road de Calexico sonando… y cagarla hasta el fondo. Si cuando oímos nuestro nombre, en lugar de sentir un respingo, palidecer, sudarnos las manos y secársenos la boca, hubiéramos -o hubiésemos- tenido la oportunidad de presentar nuestra dimisión, otro gallo nos hubiera cantado.

Cuando tus padres te pillan follando en casa. Señores, buenos días, presento mi dimisión irrevocable como hijo. Te piras, al día siguiente en los periódicos familiares eres la portada, columnas de opinión, editoriales, y hasta carne de humorista, y a correr. Ese orgullo tan japo. Cuando era pequeño estuve tentado de hacer con mi hermana un periódico familiar. Por un lado demuestra el rollo de la pasión por comunicar -puede que incluya ésta anécdota en el discurso del Ondas- y por otro lo vago que fui siempre. No lo hicimos por pura vaguitud.

De entre toda la polémica de mierda con lo de la dimisión del ministro, aparte de reforzar mi idea del exilio -o dimitir como español, aunque sólo lo sea de carnet- se me queda un escalofrío, que recorre mi cuerpo como cuando me llamaban a la pizarra, a hacer los ejercícios de mates que, por supuesto, no traía hechos de casa: la caza. No entraré en todas las mierdas sobre las que se habló, sólo una cosa: a Garzón -que ya tiene nombre de pájaro obeso mórbido- le dio no hace mucho un jamacuco. De hecho se le quedó la cara medioregular, mediogárgola del barrio gotic de Barcelona. ¿Puede seguir llevando una escopeta?

Osea si le da un espasmo con su arma cargada, y yo estoy en el bosque, pongamos por ejemplo, en erótica actitud, ya que la pillada de mis padres en la adolescencia me convirtió en sexualmente claustrofóbico, es un poner, ¿No corre igual riesgo mi integridad física que si entrara en el Bernabéu con la camiseta del Athletic? ¿Le podría denunciar luego?, ¿Qué se sentirá poniéndo una denuncia?, ¿Y disparando una escopeta al lado de un ministro? ¿No le dará repelús al ministro por el efecto Kennedy?

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Qué quieren que les diga…

Tampoco era tan mal tío...

Tampoco era tan mal tío...

A ver cómo va ésto, oiga. Osea que el Barcelona hace el mejor juego de las últimas décadas, rompe todos los récords de la liga, monopoliza elogios, destroza rivales y quema fases de competiciones como si fueran papel de arroz. Y resulta que ver al Madrí da gana de ir urgentemente al baño. Y les recortan 5 puntos de 6 en liza, con dos goles De la Peña, que llevaba 4 años sin marcar, con el segundo de cabeza -lo pelat jamás marcó de testa en toda su carrera- y hace que su equipo gane al superBarça 27 años después. Pues no entiendo nada.

Estoy tan cansado que no me levanto para ir al letto por puro cansancio. Todo el día de rodaje, allá, por uno de esos pueblos diseñados por el creador al tercer o cuarto rulo que le daba al globo. Hemos grabado en una especie de cárcel de menores. Me traigo frases en el zurrón:

A mí sacadme regando los pensamientos“. Un jardinero.

Que se vea que aquí hay relax“. Una responsable. ¡Y tant que sí!

Y más… pero estoy cansado y, como dijo O rei da Buona Vida, Schuster, “quiero irme a casa”. Entre bostezos y avisos de low battery, una madrileña gana un óscar (cuándo te verás en otra, pájara…), un ministro dimite, y mogollón de niños deben morir de hambre en África. Creo que deberíamos decirles a los de las ONG´s que nos comen los cojones los niños de África. Sé que, como siempre, voy a quedar como un criminal, pero es que alguien tendrá que decírselo.

PD: Zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz

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Bocata de Bacon con queso

francis-bacon-autorretratoFrancis Bacon en el Prado es como la Velvet en el Licèu. ¿Qué nos quedará por ver?. El capitalismo, el instinto del mercado, que mató al rock, que devoró al pop por las patas, es capaz de todo. Nada sacia su hambre. Ahora come hombres. Todo movimiento contracultural ha sido reconvertido en un negocio rentable. El tormento del artista da dinero, y es lo que cuenta. Camisetas de Kafka, el imperio del piercing inaugurado por Vicious

Todo ese dinero, generado de la venta de chapitas con lo que antes fue arte, ha desaparecido. Por completo, ni rastro. Ni las familias, ni las administraciones, ni los bancos. Unos miran a otros flipando ¿Donde está? ¿Quién lo tiene? Yo imagino a una especie de tío Gilito, nadando en un búnker lleno de billetes. Los ganó de los royaltíes de las películas Disney, esas que gustan tanto a las niñas, donde las princesas son chicas gilipollas, y los príncipes absurdos mononeuronales, alejados de la metrosexualidad, vecinos de los chulitos de la clase.

La oferta cultural -inquietante término, volvemos al principio- es amplia. Lo de Bacon no está mal, de no ser porque tengo alergia al Prado. Además Bacon… un mariquita en tan insigne institución. Si viviera hoy, en la tele se hablaría más de los zurullos que se mete por el culo, que de los lienzos que embarra. Sin embargo las salas se llenarán, y centenares de miradas contamindas por las putas Lanzas y las, no menos meretrices, Meninas, reposarán en sus óleos. Igual le retocan el cromatismo. Yo tengo la teoría de que, si tu mirada recae en un cuadro, éste cambia. Físicamente, digo. Aunque sea casi inapreciable, pero la presión de la mirada, queda encima de la obra. Y cuando está expuesta a tantas miradas, la variación ha de ser, incluso perceptible.

Oí en las noticias hace un par de semanas que subían el precio de la entrada al museo. Ya han comprobado cómo, desde entonces, la gente se echó a la calle. Románticos. Me voy a ver al tío Gilito, a ver si se invita.

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Fotos

dsc00255Para el viaje me llevé cámara de fotos. Llevaba un año sin ella. Durante dicho año visité la ciudad en repetidas ocasiones, y siempre con ganas de fotografiarla. No creí que nada me obligara a volver tan pronto por allí. Pero mira, foto aquí foto allá. Cuando entramos por la gran avenida principal, algo pasó al pulsar el botón para tomar la primera instantánea. Una especie de cortina de colores. Como esas cámaras que captan la temperatura de las cosas y, a cada grado atribuyen diferente color. Como las fotos que analiza el tipo de la tele de los sucesos paranormales. Algo así, pero muy suave.

Hice la primera foto y no percibí nada más. Sería cansancio, una rallada, no sé. Como el viaje fue duro, le resté importancia a que, cada vez que me disponía a tirar una fotografía, veía ése mismo efecto óptico. Y no en el objetivo de la cámara, en la realidad. Las cámara digitales tienen una pantallita que permite ver la futura foto a un metro de las manos, por lo que no veía en el LCD la misteriosa cortinilla de color, era en el mundo, en la ciudad.

Al llegar a casa, y volcar las fotos, me doy cuenta de ciertas cosas. En una, lanzada desde el interior de un bar, encuentro al fondo un calendario abierto, uno de esos almanaques que regalan a principio de año en los bancos y cajas y, que en los talleres van adornados con chimpancés vestidos de porteros de fútbol antíguos, o de gatitos en una cesta de mimbre. Era de 2008.

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Cansancio 5 – 0 yo

Goles:

1-0 Feria de Móviles de Barcelona (min.15)

2-0 Cama chunga (min.42)

3-0 Paseos por la ciudad (min.63)

4-0 Viajes enormes (min.80)

5-0 Nico (min.83)

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Alberto, Jóse, Barcelona

Made in Estamos Fuera. Cuando te enrolas en una aventura integral, como es la superviviencia, te encuentras éstas cosas. Nos movemos en busca de un halo de luz y aterrizamos en Barcelona. ¡Qué me gusta! Aunque eso de aterrizar es un decir. Seis horas de viaje desde el domingo -por ello falté a mi cita con la tecla ayer- y Hostal Grafitti. Ocho pavos la noche, compartiendo habitación con otros dieciséis jóvenes heterosexuales. El baño es un trozo de habitación con una cortina. Lo punki por lo punki. Con un par.

barcelona-barri-goticAyer nos tiramos todo el día en la jodida feria para móviles, desde la que les escribo. Apretamos manos con gente cuyos huesos reposarían en el Hilton ésta noche. Me rodean seres vivientes que componen la inmensa sala de prensa, repleta de ordenadores y gente importante que habla inglés a golpe de corbata. El sector te permite pasear frente al el clásico empresario de cualquier feria, o mezclarte con los advenedizos chavalillos que lo han petao con una idea chula, y pasean con trajes antiestéticos y zapatillas de running.

Todas las ferias cansan, pero ésta es un mundo paralelo. Se están desarrollando aplicaciones de ciencia ficción, mientras nosotros todavía tenemos un pie apoyado en la tele, en el siglo XX. Aprenderemos y, con un poco de suerte, sacaremos algo el claro. Al caer la noche paseamos por la ciudad, tomamos nuestras cosas e intentamos no pensar en lo mal que comemos. A la salida de la feria, varias putas reparten tarjetas ofreciendo sus servicios. Ayer cogí una, que la muchacha en cuestión me agradeció regalándome un “gracias, cariño“.

Ésta mañana, he ronrroneado por la habitación-cuartel y, como si fuera una trastada de crío, aguardé con la vista en una rendijita de la cortina del baño, para ver a una chica desnuda. Lo conseguí y ella no se dio cuenta. Al contrario que cuando era pequeño, cada vez me cuesta menos sentirme cómodo y seguro en los momentos de duda moral. Es como si ya prescindiera de ella. Fue una espera simple, como cuando era pequeño y, encerrado en el baño, o en un armario a oscuras, podía pasar horas, hasta que mi víctima, mi hermana, entraba para pegarle un susto infártico.

No sé lo que venderemos, pero ya he visto a una tía en pelotas y una mujer me ha llamado “cariño”. De momento, el viaje ha merecido la pena. Mañana volveremos.

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