Cogidos de la mano

No es la primera vez que nos metemos en un cuadro. Pero sí se trata de la primera experiecia de ese tipo en el nuevo Caixa Forum, en Madrid. Veníamos de viaje y empezábamos la relación. No hacía mucho que nos conocíamos, así que estábamos en esa especie de negociación de postguerra mundial, y nuestro particular presidente Wilson, redactaba sus particulares catorce puntos, donde se trataban temas particulares, como “a partir de cuándo pueden caminar de la mano”, o “duración, e intensidad de los abrazos”.

Pocos autores me causaban tanta inquietud -e indiferencia en ella, por lo que parecía- como Maurice de Vlaminck. Ese pintor, que iba para ciclista hasta que en su vida se cruzaron Derain, y unas inoportunas fiebres tifoideas, llenaba las salas de trazos  alocados y colores descontextualizados. Podría haber sido un pionero del Tour de Francia, la carrera que empezaba a organizar el diario L´Equipe, y acabó envolviendo el primer capítulo de aquella historia.

Las metáforas son curiosas porque, el mismo París en que Vlaminck y los suyos fueron calificados de salvajes en el Salón de Otoño de 1905, sirvió como marco para las andanzas del presidente Wilson, años más tarde. El político estadounidense, con unos delirios bastante tremendos, abandonaba su hotel de residencia por las noches, para correr por las calles francesas en pelota picada. Aquellas contrarelojs nudistas presidenciales, tenían fin en la captura por parte del servicio de seguridad norteamericano.

No sé si dos locuras entrelazadas son la mejor señal para auspiciar el comienzo de algo pero, haciéndome el tonto, y cogido de la mano, me introduje con ella en The Mortagne Road. Me preguntó si se parecía a la carretera que había descrito hace un par de posts y, la verdad es que si ese texto describía el blanco, la incursión litográfica nos situaba en el negro. Como era su primera entrada en una pintura, le dije que sí, que se parecía, tampoco era plan hacerla sentir insegura, y menos en una muestra de fauvismo tan peligrosa.

-Tu eres el creativo de la “pareja”- me espetó. La grabación de esas palabras sería la evidencia número 7 para el juicio sobre nuestro estado que, años más tarde, sacaría su abogado. En aquel momento creímos que no había nada. Ni siquiera un plan para salir del cuadro. Ni siquiera desnudarnos y correr. Ni siquiera nos quedaba Wilson.

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Un año

Recuerdo que fue en la redacción de una radio local, a la hora en que todo el mundo se iba a casa. Tuve que dormir en la emisora, porque no había combinación posible que me permitiera llegar al matinal. Dormí en el suelo del estudio, con suelo de tarima flotante, y la chaqueta como almohada, porque la moqueta me daba un poquito de asco. El cronómetro del de deportes me hizo de despertador. Pero hasta que pude conciliar el sueño, pasó mucho tiempo.

Trasteé por el cuarto de los cables, adelanté trabajo, y navegué por Internet a tumba abierta. Fue así cuando descubrí aquel concepto y, ciertamente me jode no recordar la dirección. Hablaba de su día a día, muy descarnadamente, con muy poca metáfora. Narraba un entorno friki, de canciones, cómics y  películas. Era un blog. La fascinación que ejerce en mí la narración “a la cara”, es bastante importante. Me pasó con Alta Fidelidad, mi película fetiche, y me pasó con el blog. Y como con la primera, con el segundo pensé lo mismo “quiero hacer uno”.

De robgordon.tk, hasta definitivamentecamp.blogspot.com, y, desde hace un año hoy, la cabecera que precede al post. Un año tan emocionante como cualquier película americana, pero sin mantequilla ni palomitas. Un año de ficciones y fricciones. Un año de humores en código binario. Un año de pequeñas cosas medioamplificadas. Un año de mensajes en botellas. El día menos pensado, llega a cualquier playa. Entonces desearé haber sido agradecido con los lectores.

PD: Siempre he sido mediocre en los cumpleaños…

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Pre-sueño

Estoy en mitad de una carretera abandonada, donde no se ve principio ni final. Huelga decir que no hay atisbo de vida humana en kilómetros a la redonda, y la brisa me refresca la cara y se cuela por los agujeros de mi jersey de punto azul cielo. Estoy sentado en una cuneta quebrada por los cambios de temperatura, sufridos durante años, que han dejado sus arrugas en el asfalto, como si le hubieran dado disgustos al camino. Ya no se ve la pintura, porque le doy la espalda.

Cae el sol, y no molesta nada, porque está enorme y naranja, pero muy lejano. Los arbustos saludan, y me presentan una extensión, en segundo plano, de gigantes maizales. Hectáreas de verde y olor. No me planteo qué hago allí, sólo me dejo envolver por una banda sonora sorda, a base de guitarras countrie sin cuerdas. En todo veo geometrías. Es una fantasía para el minimalista.

Nunca recuerdo mis sueños. Casi nunca. Por eso, antes de acostarme, hago estos ejercicios de pintura fantasiosa, para condicionar las películas que mantengan activa la mente en mi descanso, en mi desaparición sobre la faz de la consciencia, ese lugar que tanto me ha pegado al polvo del suelo en los últimos tiempos.

Suena un coche a lo lejos. Intuyo que se acerca.

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Teoría del pase

Porque me metiste el jodido gusanillo. Porque me sentabas a ver a Maradona por tus santos cojones. Aunque no me gustara ver a esos señores pululando en la hierba. Lo tenía que ver porque sí, como una especie de legado, como tu principal aportación a mi crecimiento. Como el calcio y el hierro. Y las vitaminas B7, B3 y otras. Porque me llevaste al Molinón a aprender a sufrir y a querer a los que siempre les sale cruz. Porque me enseñaste que al Oviedo no hay que odiarlo, pero sí mirar con recelo a las camisetas vetustas. Me hablaste de respeto, de dignidad, de inteligencia, de elegancia, de atrevimiento, de pelea, de lealtad, sobre una mesa verde de 105 por 65 metros.

Porque me abroncabas cuando, en Campeones decían frases como “hay que ganar a cualquier precio“, porque me mirabas sin avisar, y desde la distancia, cuando jugaba en infantiles, porque no perdías un Carrusel de los que presentaba, poniéndote al día de la segunda B en dos semanas. Porque buscas en los periódicos el resultado del Habbeke Walda, con el mismo ahínco que el del Inter de Milan, y también porque me enseñaste el gusto por el descaro, los dos extremos, las delicatessen. Porque me cediste el filtro para trascender la habladuría, los titulares, los gritos romos, brutos, para amar un espíritu romántico y absurdo. No todos los padres son capaces de enseñar a amar algo. Casi ninguno.

La comunicación esférica, la metáfora con olor a reflex, las ideas a ritmo del compás de los tacos sobre el terrazo… todo ese libro que me has pasado, y que yo tengo la obligación de limar, ampliar, y transmitir, lo tenía guardado en un baúl, junto con un papel que ponía “devolver algo algún día”. Anoche tiré el papel. Lo de menos fue el resultado.

Gracias, papá.

PD: Y gracias por los abonos, Víctor.

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Donde las cosas pasan

Si no os gusta el baloncesto, feliz fin de semana.

Pronostiqué, antes de tiempo por lo que veo, que la NBA iba a repetir final (sí, pese a Lebroooooon) y creo que igual me columpié un poco. Lo que no sé es de qué conferencia puede venir la sorpresa. Por lo pronto es una temporada de luto para los fans del baloncesto de calidad, porque Phoenix, como era de esperar, no logró el milagro de meterse en playoffs, Nash D.E.P. Además la temporada regular ha estado marcada por el estrellismo, la racanería y el aburrimiento. Sobran franquicias. Pero sobran de la hostia, menuda limpia hacía yo…

La conferencia Oeste dominada de cabo a rabo por Lakers, con ese baloncesto tan raro. Por momentos brillante, por momentos versión empanada gallega que da gusto. Pau aclaró dudas, Kobe es el ángel caído de las televisiones -pero ángel, al fin y al cabo-, Bymun parece el Prosinesky del baloncesto, y Odom sigue asumiendo reguleramente lo de ser sexto hombre. Sin un puto base con algo de calidad -¿Para qué, verdad?-, y con un banquillo que podría haber sido el Salesianos C.B. Ni siquiera mi debilidad Vujavic ha tenido la más mínima regularidad. Si la sorpresa cae del Oeste será por el banquillo de mierda, que gestiona zen-Jackson.

Es año impar. En los últimos años impares los Spurs se han colado en la final. Sin Ginobili, ver veremos, que dice mi abuela. Lo acojonante es lo de Denver. Una puta banda -de las callejeras-, llega Billups y se salen por la patilla. Un puto base con cerebro. Moraleja de los directivos: no fichemos bases con cerebro, no venden pepsis.Me jodería que la sorpresa la diera Melo, es un chuloputas. Los Hornets no tienen nada (aparte de a Paul), a Portland todos lo ven como finalista en tres años (ver veremos, again), porque ahora están verdecitos, pero al señor Roy, por lo que parece, le gusta perder más bien regular.

En la otra costa, Boston sin Garnet parecen presa fácil para el vendezapatillas y sus Cavaliers. Pero no me fío. Cuando Allen husmea la línea de tres sobre la camiseta colgada de Bird, se alinean los astros y convierten el tiro en un misil teledirigido. Celtics finalistas de conferencia, no lo duden. Su ala del cuadro no es muy competitiva, con Orlando ultradependiente de Howard -fueron campeones ultradependientes de Saqu, y Hardaway, ojo-, y Wade, que estará picado y, a lo mejor lleva a Miami -si hacen resucitar a Swan Marion- más lejos de lo que esperamos, y de lo que deberían.

A pasar sueño señores, y señoritas. Y a poner velas para que el del show del magnesio -igual lo confunde con otro polvo blanco- no se vista un anillo en el dedo.

PD: ¿Los Kicks? … ¿Y tu madre?

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Cerebro radiactivo

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Que tum ban ban

“Que me perdone Borges. Que me perdone Pepe Hierro. Que me perdone Quevedo. Pero citando a un cantante, a Karmona, he de decir aquello de: no estamos locos, sabemos lo que queremos”

Francisco Javier López Marcano. Consejero de Turismo de Cantabria en FITUR09

Y ahora lo flipan porque uno de los etarras a los que han trincado en la France era profe de ética en un instituto. No entiendo la sorpresa. En primer lugar, porque no sé si los plumillas tienen una profesión en su mente para la vida civil de un terrorista. No sé si los etarras, para los periodistas, estarían mejor vistos si se dedicaran a la hostelería, la industria maderera, o el macramé industrial. Al ir armados, y creerse con legitimidad para ejercer la violencia, cuadrarían mejor como polis, militares, o guardias civiles.

Pero creo que si todos hacemos un repaso por el cuadro profesoral que nos ha “formado” desde la cuna, hasta nuestros días, nos costaría muy poco encontrar a un buen puñado de candidatos a formar parte de una banda armada. Tuve varios profes, en Maristas, que me hubieran encajado en el perfil de pederasta. Otro buen puñado, por su nivel de sadismo, encajarían perfectamente en el perfil de torturadores guantanameros, banqueros, o directivos de un medio de comunicación, en su más secreta vida.

De hecho, un monitor de gimnasia de mantenimiento para las madres (aeróbic para marujas) era un reputado filonazi, que se manifestó -y de qué manera- el día que retiraron la estatua en la que nuestro pequeño generalísimo portaba unos prismáticos con gesto de “¡Otiá, con ésto se ve tó más grande!“, que estaba en la plaza que lindaba con mi propio cole.

Vigilen. No se fíen de su charcutero, o de la señora de la limpieza. No le quiten el ojo al autobusero y, mucho menos a la chica de la panadería. Son potencialmente peligrosos. Y si, después de ver Gente, o los informativos de Pedro Piqueras, les siguen quedando arrestos para salir a la calle sin pensar que cualquiera puede ser un psicópata, sospechen de todos. ETA sí, ETA no, ETA me gusta y me la como yo. Chimo Bayo. Cuidadito.

PD: El sábado rindo pleitesía a mi felicidad, pagando con unos garbanzos con bacalao. Y el domingo al Atleti-Sporting.

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La chilena

Un poco mareado hasta la estación de cercanías. Al entrar, me doy cuenta de que lo he hecho en la dirección contraria. En un acto que la honra como trabajadora, inmigrante, y mujer, la operaria me abre las puertas, percatándose de semejante la cara que llevaría un servidor. María dió el pitido inicial. Durante los próximos minutos, la percepción de las cosas variaría, y los sistemas de valores acerca de colores, morfologías, relieves, o sonidos, parecieron creados a base blandiblu.

Creo que sin tales auspicios psicotrópicos, también hubiera quebrantado algunas leyes de la física y la matemática, porque me apetecía y ya. ¿Las cosas son como me parecieron, o más bien como me hubieran parecido, de no ir en ese estado semicatatónico? Pues es posible que las cosas no sean de un modo concreto. Es posible que las cosas ni sean, que ya es decir. Sólo percibimos (o eso creemos).

De entre la ristra de cosas que percibo, quedan algunos apuntes por aquí. Como por ejemplo que la tele apesta. Debería decir que la tele española apesta, pero son los directivos los que huelen a podrido. Algo se cuela siempre. Dirán que los americanos son mejores, pero vean su oferta por cable. No todo es Perdidos y House. Aquí Jesús Calleja ha demostrado más en tres viajes, que los de Al Filo de lo Imposible en veinte años. Con todos sus planos secuencia, y sus fotografías cuidadas y su puta madre.

Miren:

Son Wilco, grupo imprescindible, raíces y puntas del poprock americano, en el programa de Letterman. No es lo indie por lo indie. Es cuestión de calidad y, cómo no, amigos, de criterio. Eso no se vería aquí ni de coña. El criterio en nuestro país es como la erótica de Juande Ramos: un vasto territorio por explorar, en el que ningún directivo cree. A cambio tenemos en nuevo programa de Sardá. Bien, creo que se cerró el debate en torno a Sardá. He dicho bastante. Y deberíamos comentárselo a él, la criatura, para que no lo siga intentando. Ha tenido casi más oportunidades que Rodyel rey del enchufe Aragón. Tío, pírate con la pasta y deja de dar el puto coñazo. Pesca, juega al domino, yo que sé…

Les propongo un plan: olviden el gol de rechace marrullero, y mejor tiren una chilena, aunque salga fuera. El resultado es cuestión de percepción.

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Cosas que echo de menos, merced al escaso poder adquisitivo

-Un par de días en Gijón, y otro par en Lisboa.

-Los oricios enlatados de La Antojá. Y el chocolate negro con virutas de limón, que deja un sabor como cuando chupabas la madera de los lápices de colores Alpino.

-Colonia Farentheit. Es muy nocturna, excesiva para después de la ducha mañanera, pero da calor en invierno y fresco en verano.

-Tirar una mañana comprando mierdas en el H&M y en el Lefties, saliendo con la sensación de haber gastado muy poco.

-Ir a la tienda de Merc, o a Up&Beat, o al mercado de Fuencarral, o pasar por el escaparate de Pepita is dead, pensando en que, si se me calienta el orcate, igual hasta compro algo.

-Rapiñear los cajones de LP´s de las tiendas de la calle Postigo de San Martín. Me llevaría un puñado de vinilos de jazz por cuatro o cinco pavos, y me cagaría en sus muertos porque nunca bajan de los quince euros el Getz/Gilberto.

-Me pillaría un colagenito, una hidratante, y una exfoliante, sin creer que estoy matando a tres niños africanos.

-Un descodicador TDT, también para el carro.

-Y añada unos lomitos de ventresca, que tengo orégano para hacerlo al baño maría, como en aquel restaurante pijales de Barcelona. Ya ves. Simple y efectivo.

-Hacer la fiesta en casa, con mi vecino Fernando. Obligatorio venir disfrazado de algún alto cargo de la Comunidad de Madrid.

NOTAS:

1) La semana pasada no publiqué por problemas ajenos a la dirección.

2) Cambio de look en la cabecera del blog.

3) Se cuece el próximo podcast.

4) Sigo siendo optimista en dosmil nueve… ¿?

5) ¡Qué buen finde!

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Mentira gorda

En los próximos días nos van a dar la brasa con el vídeo expuesto a continuación:

Un tipa vieja (para la edad productiva), fea (para la reproductiva), y horrible en general, conquista al frívolo público que no le dió una oportunidad sólo por su aspecto. Sucedió en el Tienes Talento de Inglaterra. No se habla de otra cosa, el cuento de la cenicienta. Una intelectual de la talla de Ana Rosa, se ha atrevido a decir “es, a la vez, la bella y la bestia“. Suponemos que lo de la bestia lo dice por el físico, ya que sólo le faltan las moscas para encarnar la representación de la palabra “ponzoña”. Lo de bella ha de ser por la voz. Les encanta, al pueblo siempre le ha encantado el cuento del chico del garaje que se hizo multimillonario. Es la zanahoria, el colmo del estercolero.

Caminaremos detrás de ello. La tele nos exige ser seductores, bellos, eternamente jóvenes, sexys. Ponernos tetas, estar morenos, poseer un pelo envidiable, o una potencia sexual descomunal. Cada mensaje ataca al mismo flanco. Ésto trae efectos secundarios: cada dosis de realidad nos hace acumular frustración, que se traduce en violencia. De cualquier tipo. No se preocupen, no la líen, dénse cuenta que, pese a ser seres deleznables, alejados del canon de belleza, pueden albergar talento. No les gasearemos.

Pues yo no voy a dar las gracias y, si me encuentro a la susodicha neocantante en una restaurante, le comentaré “señorita, no la tocaría ni con un palo“. Hace tiempo pensé, para sacar algo de pelas, en hacer unos talleres, pero me pregunté sobre qué, y no tuve respuesta. Luego, viendo el proyecto de Bancos del Tiempo, en el que intercambias habilidades con otras personas, pensé que, quizás alguien me pudiera enseñar fotografía, arte, cocina… pero yo no tenía nada que dar a cambio. Creo que no podría dar clases sobre nada.

Es posible que tenga muchos pequeños talentos, pero que no destaque en ninguno en particular. Y eso es peligroso en el mundo del cliché y los post-it. Lo que tengo claro es que no me creo la mierda de la cenicienta, porque tampoco me he creído lo otro. Que me follara por el culo a la rubia del jurado, tampoco significa que me fuera a cenar con ella, y mucho menos a conversar. Creerme lo de la cenicienta implica creer en que alguien limpia mi ceniza y, para ello, mi combustión ha tenido que ser total. De momento, sólo estoy quemado.

“Así que vida extraterreste. Estupendo Jerry, al pueblo le va a encantar”

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