¿Sheriff del condado, o fiscal del distrito?

Regresar a Guadalajara aunque sea sólo durante 24 horas, es un prueba para la química entre mi cuerpo y mi mente. Algunas veces he ido con ilusión y el laboratorio se me ha puesto patas arriba en diez minutos, y otras viajaba temiendo lo peor y me sorprendía para bien. Para regular-bien, tampoco tiremos cohetes. Al llegar a casa, mi viejo salió a recibirme y a charlar un rato, cosa que debí agradecerle pero que no hice. Por la noche cita con los chavalotes.

Guadalajara debería tener como slogan -y parafraseando a Beautiful Girls- “aquí lo único que cambian son las estaciones” entre otras cosas porque desde que piso el suelo alcarreño hasta que llego al umbral de la casa de mis padres me puedo encontrar a media docena de conocidos con más barriga y menos pelo pero en el mismo lugar, como geolocalizados por Google Maps. Empiezo con un gintonic (Bombay y Nordic) y me cobran cuatro euros y creo que empiezo a querer a esa jodida ciudad. Bajamos a tomar algo a la Criolla, ese garito, y para mi sorpresa encontré a un buen puñado de parroquianos que siguen el mismo ritual desde que frecuentaba el pub, osea desde hace once años. Todo igual. Misma camarera, mismo pincha, mismo grupo de chavalotes en los futbolines, misma rubia britnispirésca a la bajada de las escaleras… Joder.

Los chavalotes me lloraron el fútbol, pero por lo demás les va bien. Tienen curros normales, todos se van a comprar casas, y se van a integrar en la más común de las normalidades y por una vez digo todo esto sin acritud o doble lectura. Supongo que de pequeños todos queríamos eso el día después de descubrir que no podríamos ser astronautas. Les va bien, y me alegro por ellos, pero no les digo nada. Mientras vuelvo a comprobar la estrechez de las chicas de provincia, me dejo caer por el Cherno, para hablar con Sebas. Me dice que la cosa está muy mal, pero hace siete u ocho años, cuando empecé a pinchar en su garito, le conocí hablando sobre lo mal que está la cosa. Es su tema de conversación favorito, así que si alguna vez les va algo mal y se preguntan quién anda detrás, ya lo saben.

Han cerrado otro periódico y Álvaro me comenta bastante pedo que en Marchamalo van a hacer una liga de fútbol 7 amistosa, sin árbitros, y sin clasificación. Lo de los colegiados me parece curioso, porque los pueblos castellanos son muy de solucionar cualquier tipo de disquisición argumental a base de hostias, así que puede que la liga acabe pareciéndose más a valetudo que a balompié. Pero lo de las clasificaciones ya lo atribuí al pedo. Y se debió de contagiar, porque llegué a casa, puse a Gasol y sus mastuerzos, y se movían bastante. Pero no a nivel táctico, a no ser que el florero del salón, un cuadro y la mesa defiendan en zona, porque se movían también, así que decidí sobar y que me lo cuente mañana la prensa, que para eso han mandao a un señor a LA.

Al volver, mi madre intenta colarme mil tuppers y toda esa parafernalia que rodea al cuerpo funcionarial de las madres, pero los rechazo. No me juzga y sé que debería agradecérselo, pero no lo hago y me callo. En la próxima vida, cuando me reencarne en mofeta, cucaracha, o topillo burgalés, no sólo pensaré las cosas, sino que también las diré, y será cojonudo.

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Gracias, Teniente

Los niños de los años 80 y 90 crecimos tras una valla metálica que sólo dejaba pasar la luz por un agujerito que hizo Cruyff. Así que ver esta primavera del arte y ensayo, este privilegio de la geometría, provoca una invasión de alegría desconocida. Que funcionarios como Silvinho o Keita se luzcan con gente como Messi, Iniesta y Xavi, es mérito del teniente general, y de los tres pequeñitos, porque les da por aparcar la nave y bajar a jugar. Seres superiores éstos marcianos.

El teniente general ha mandado guardando la testosterona en la mesilla de noche, y poniendo las neuronas a funcionar. Un ejemplo, un camino, un rayo de luz. El año que viene no será nada, pero así son las revoluciones, y por eso son útiles y movilizadoras. En el prefacio constitucional condenan expresamente la racanería y especulación de otros regímenes. Todo es redondo y vacío pero, de vez en cuando, traspasa la línea de gol. Gol. Gol.

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La gran final

Llegué a Roma con una hora de retraso respecto a lo que había previsto. Una final así hace que uno se ponga nervioso desde la semana antes, así que cualquier cosa que rompa el plan establecido -y los retrasos son los campeones del cualquiercosismo- me desestabiliza bastante. En Italia ya hace ese calor asfixiante de Fellini, el de mujeres escotadas y camisas entreabiertas, y la marabunta me escoltó hasta la puerta del Olímpico, el estadio que todavía recuerda al Duce.

Al llegar enseñé mi acreditación y los empleados de la UEFA empezaron a chapurrear excusas en italiano primero, e inglés luego. Finalmente resolvieron confesarme que mi pase era falso. Llamo a la redacción de El País, pero nadie me coge el teléfono. En una redacción. Increíble, seguro que pasa algo con el móvil que me restringe llamar fuera o algo. Mierda de Comunidad Europea de pega. Cuando el sudor dibujaba un mapa de Sicilia en las axilas, otro empleado me comenta que no me preocupe, que el pase de prensa falso me da derecho a ver la final falsa.

Me acompañan en corto paseo a un estadio falso por el que entran miles de espectadores con sus entradas falsas, una masa con gesto de estafados pero menos. El empleado falso me acomoda en mi tribuna falsa, y saltan los equipos falsos al césped. No espero que el verde sea otra cosa que moqueta, pero desde mi emplazamiento no diferencio muy bien. Comienza la final falsa entre el Barcelona falso y el Manchester United falso. Un negro juega de portero en los catalanes. También hay un chino, y en los británicos forman seis pelirrojos.

Ante el desconocimiento de los futbolistas, anoto las alineaciones con esmero, y una serie de pases pseudoculés enlazan la mayor parte de mis apuntes. Al descanso gana un cotragolpe rojo a cero, y decido tomar una Oca cola. Oca cola, sí, pero light. Sabe muy parecido, no igual, pero muy parecido y, tras algunos problemas para intercambiar la moneda, la desgusto anonadado. Todo era falso. Había un fotógrafo con perro-guía, para que se hagan una idea, pero no una foto. Atiendo la llamada de alguien que dice ser mi jefe, y me llegan una retahíla de mensajes de presuntos amigos. Amigos de nombres tan variados como desconocidos. Conrad, Emilio, Marcos, o un tal Virgilio, que me insta a que “intent pillr la kmiset d alguien“.

La segunda parte tiene el aura de la grandeza, y el colegiado corta el aumento de voltaje a base de tarjetas. Cuando las aficiones callan, creo que lo hacen por escuchar el barullo del verdadero Olímpico de Roma, para intentar adivinar qué ocurre en la realidad, pero enseguida arrancan con sus cánticos y ahogan la complicidad. Los blaugranas remontan y se llevan el falso trofeo, después de litigiar en los minutos más grandes que haya dado la historia del fútbol. Goles imposibles, regates de colores y jugadas soñadas, engarzadas en una y otra puerta, sin tregua ni fin. Fue tan maravilloso que las aficiones tardaron siete horas en abandonar el estadio.

El tiempo robado al sueño, se cobró en el vuelo de vuelta. Sólo me pudo despertar una azafata extendiendo la prensa. Al abrir por “deportes” me di cuenta de que la crónica que había firmado, coincidía con el partido real, con la final real y con el resultado real, no la que había visto, redactado y enviado anoche.

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Low rendiment

Ezo e asín.

Enrique Cortina, 2007

Me han largado. Ocho días ha durado mi periplo como teleoperador. Como el paso de Ayala por el Villareal. Algo efímero, y absurdo que sería sutil si la acción hubiera sido heroica y me duele la garganta. A última hora han llamado a los nuevos y nos han dicho que bla, y que bla, y no han querido olvidarse de matizar también que bla. Ocho días de tedio, llamadas y descansos de cinco minutos cada hora. Un número primo, un ser intercambiable. Soy la pieza que sobra cuando desmontas y montas un transistor y funciona igual.

El dolor de garganta conquista el oído y me hace una tarde imposible. Mañana tenemos partido de Champions en TVE, y el destino ha querido darme descanso para estar fresco y formar de la partida. Tiene que ser la buena. Si no lo es, me disfrazaré de señor que piensa que la siguiente será la buena, tengo el maquillaje en el baño.

El otro día soñé que presentaba un latenight en directo y al empezar el programa se quedaba a oscuras el plató. Salía del trance con desparpajo, pero por el pinganillo me gritaban que no fuera tan coloquial con los espectadores. Y me despertaba. Ahora sólo me duele la garganta y he descubierto el fular. Siempre me gustaron las chicas que llevaban fular, por el mero hecho de hacerlo. Ahora lo llevo yo y me gusta, creo que he descubierto un complemento que me mola. Será sadismo, no sé.

Quiero volver a hacer radio, quiero hacer algo, no sé.

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Cosas en que pensaría si fuera profe de Comunicación Audiovisual (ese pufo)

En la radio siempre hay alguien que habla. Por eso cuando me tocaba currar los fines de semana, o festivos -incluso 25 de diciembre, ó 1 de enero- lo interpretaba como una especie de devolución de favor hacia toda esa compañía en formato FM que llevaba disfrutando desde hacía años. Ahora la cosa ha cambiado. Con el podcast la radio no te marca la hora. Francino puede contar el día de ayer a las tres de la mañana, si quieres. O Patrick de Frutos estar haciéndo su turno a las doce del mediodía. Incluso Juan de Pablos deja de trasnochar para amenizarte el viaje en Cercanías.

Ya no tienes que estar a las nueve de la noche esperando que empiecen Mujeres Desesperadas, porque te lo bajas, y ves del tirón, si quieres, toda una temporada a la hora que te salga de las pelotas. ¿Sólo ventajas? Pues no lo sé. Por un lado nos han metido en la cabeza que nuestro tiempo es tan importante como el de los yupis de los ochenta que veíamos en pelis holiwoodienses de rascacielos. Entendemos por tiempo una especie de contenedor de información. Por otro lado, no sé ustedes, pero yo tengo la sensación de que veo menos. Quiero decir, que si me como la publi interminable hasta que aparece Gregory House a las diez de la noche, tengo la sensación de que veo la serie más que si pillo un DVD con toda la temporada. Si veo una peli en la tele, o en el cine, creo que la veo más que si me la pillo, o me la bajo.

Y luego está que lo ve usted. Te bajas un podcast y lo escuchas tú. Nadie más. Puedes ir entre Sol y Callao con Iker Jimenez calentándote las orejas, y el resto a su bola. Lo mejor de que lo veas tú, es que tú en el espejo eres yo. Sólo. Ni sensación de pertenecia ni nada. Con los libros no lo hemos necesitado. Lo primero porque jamás hemos vivido en un entorno lector, lo segundo porque con la tele tenías la sensación de que había otros tres millones de mongoles arrimaícos a la churrería catódica. Y molaba.

Todo va demasiado rápido. Creo que el G7 debería reunirse y parar el mundo. Sacar un edicto en virtud del cual la gente va a dejar de innovar durante diez o doce años, hasta que reflexionemos sobre dónde estamos y hacia dónde vamos. Que los filósofos, una vez finalizado el plazo, nos pasen unas conclusiones a modo de redacción de dos hojas por las dos caras, y volvamos a poner todo en marcha. Nunca debimos salir de las cavernas.

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Metro Suances

Volver al metro en hora punta es volver a la ciudad. A las novelas al peso, a los olores. Joder, a los olores. La gente huele mal desde primera hora de la mañana. No han empezado sus jornadas de oficinistas, no han comenzado el carrusel de vídeos de youtube y jueguecitos para pasar las horas, y su transpiración ya es una capa insoportable que les coloca en el mercado de los guarros cuando, se supone, tienen contrato en la plantilla de los limpios. Y blindado, dirán a sus amistades.

El poliester es el peor enemigo del trabajador, del currito, del white collar worker, que es tan blue como Frank Lampard. La primera gota de sudor, esa que se presenta con el cambio de temperatura ente la nevera de las ocho de la mañana y el horno del suburbano, multiplica sus nefastos efectos oloríficos gracias al tejido de moda, al puto plástico. Cuando te hablan de ropa que no necesita ser planchada hay que sospechar que tiene truco, y que todo en esta vida tiene reverso.

Ellos lucen camisas chungas, o bien baratas o bien de El Corte Ingles (y nuestro buen amigo Dustin) y ellas se embuten en tops coloridos si tienen tipo que lucir, o discretos si presentan su candidatura a miss Morcilla de Burgos 2009. Pero todos huelen fatal. Enseguida entra la cascuda con su colonia cascuda con su aroma cascudo, que impide que puedas dar de sí los pulmones, como si te pusieran un palo en los radios de la bicicleta. Eso es la ciudad.

Leen diarios gratuítos, que es prensa sms, captan opiniones de office para poder sociabilizar y ser normales en el café de máquina, o hacen sudokus porque son inteligentes. Las guapas apartan la mirada, no vaya a ser que las violes en el vagón. Con saberse deseadas les basta. Ellos fichan canalillos. A machete. Como si las tías fueran gilipollas. Son piropos de obra en versión mute. Nadie ríe. Nadie. El metro es un sitio que transporta gente que se viste de triste.

Obreros que, por su aliento, desayunan chococríspis con cazalla, latinas con una gama cromática en su laca de uñas, que deja la galería Leandro Navarro a la altura del betún. Llego al curro, ficho, recibo llamadas, ficho, fumo, ficho, recibo llamadas, ficho, fumo, ficho, recibo llamadas, ficho, como Risketos, ficho, recibo llamadas, ficho y me voy. Vuelvo a casa, me preparo una ensalada, abro mi sesión para moderar comentarios. Hago la casa, modero, me ducho, modero, tonteo con Nico, modero, juego a la Play, modero, y a las ocho me doy cuenta de que llevo todo el día en la ciudad. En una ciudad sin nombre, pero con ley. Son las diez, tengo la puerta del patio abierta y oigo cómo los pájaros cenan en zigzag.

Pd para la Ojosdehuskysiberiano: siempre me pides referencias, pues mírate a Quim Monzó. Está bastante bien.

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Uno menos

Tuve un momento de duda. No supe si integrarme en el sistema educativo, en ese gran monstruo aniquilaneuronas, en esa casa empeñada en ilustrar, cuando de lo que se trata es de quitar lustre. Me tentó la idea de un trabajo fijo, bien pagado y mejor considerado, de hacer mi pequeño show diario de una hora. En el otro lado de la balanza estaba contar. Contar historias e incluso contar eso que hay cuando no hay historias. Ganó lo segundo gracias a un libro, Articulario y desexilio, una compilación de sus artículos en El País.

Años más tarde descubrí que su poesía -melosa, demagógica, chauvinista…rosa- estaba en la punta de la lengua de todo jipicomeflores lavapiesero que se precie, y me dio un poco de grimilla. Pero sus relatos te ganan por la mano. Tienen esa cadencia latinoamericana, y esa fantasía que hace que la falta de sorpresa te parezca menos. Su bigote no sufrió lesiones como el de Echenique, pero siempre me resultó familiar.

Todos tenemos una familia de letras. Un papá (Cortázar), un hermano mayor macarra (Nick Hornby), y ayer se apagó el abuelo. Te echaremos de menos Mario. Y qué bonito nombre, cabrón.

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San Isidro, el Isi

Gran puente éste. Para quien lo tenga.

JUEVES

Por la mañana descubro que el curso de formación para teleoperador es una merienda de negros, una escabechina, una noche de los cuchillos largos, y no vamos a vender Ginsu, sino Vodafone. Más o menos… de 25 quedamos 5 elegidos, junto con uno de los pocos con los que me socializo, un estudiante de física. No es el cásting de Saber y Ganar, es un puto curro que hasta hace cuatro meses hacía un inmigrante. Como ser taxista en NY. Estoy dentro, he de agradecerle a dios el darme la posibilidad de empezar a currar el lunes a las nueve de la mañana. Gracias dios.

nba_g_kobe01_576Casi una hora de viaje de vuelta a casa y diez minutos para comer porque empiezo el curro de la tarde. Modero comentarios en la web de un afamado diario gratuíto de tirada nacional. Descubro que la gente tiene mucho tiempo libre, y que nuestro país está divivido en las famosas dos Españas, una antizp y otra anti corupptos. Entre todos media neurona y mucho más tiempo libre del que les contaba líneas arriba. Que si Zapatero es el culpable del sistema métrico decimal, que si lo de más allá. A todo esto, en plena resaca postfinal de Copa.

La final de la Copa. La peña se queja porque pitaron el himno nacional. Lógico, se consideran dos nacionalidades distintas, entra dentro de lo esperable. A mí me han llamado terrorista por ser vasco, y llevan toda la puta vida vendiéndonos que los catalanes nos roban los presupuestos. España les da un poco de repelús. Lo denunciable hubiera sido que subieran al palco, le cortaran la cabeza al rey, y la tiraran como cuando el cochinillogate.

Termino de leer cazurradas estúpidas, me armo de valor, me ducho, me maqueo y salgo de güorquincena (ver “la presentación de Pulpillo en youtube“). Llego al concierto de Nixon. Cartel de “aforo completo”. Muy bien, Fran. Joder, sólo deberíamos pasar los que pagamos en laSol , pero bueno, Madrid es un sitio estupendo lleno de gente estupenda, pero gumia. El plan Vistillas [Alcohol jazz+buena compañía+ron o gintonic] también se cae, así que me retiro a mis aposentos con el cuchillo entre los dientes, cayendo cadáver en la cama.

VIERNES

Correr y currar por la tarde. No recuerdo nada de la mañana, salvo que fui a la lavandería a hacer la colada, y que reorganicé y limpie la casa de arriba a abajo. Al correr los pulmones llaman al servicio de atención al cliente “¿De verdad te quieres poner en forma?”. No quiero plan, mañana madrugaré para hacer cosas. En cuanto empiece mi jornada laboral de diez horas no podré limpiar, comprar, y todas esas cosas que desde hace cinco o seis años no hace mamá.

SÁBADO

Preveo que tendré algo de dinero la semana que viene, así que vuelvo a Mercadona como cuando De La Peña volvió al Barcelona. Soy lo pelat de Hacendado, el hijo pródigo de la calidad-precio. Mis Lazio y Olympique, han sido Lidl y Día. Me muevo con soltura, la afición me recuerda, todo rula. Me entero de que Pau, Kobe y los otros doce zanguangos la han jodido y Houston les fuerza el séptimo. Que se jodan, por frívolos. Me pillo un ipod shuffle de segunda mano (29 pavos oiga), empiezo a saborear que igual me he salvado. Por ésta vez. Elegimos susto, recuerden…

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Gaínza conexion

El cromo de Oskar Tabuenka vivió en mi estuche de metal azul durante todo un curso escolar. Era una foto de esas que la fortuna adhesiva había decidido repartir por doquier esa liga y todos los niños lo teníamos repetido mil veces. Podríamos haber hecho un equipo de chapas -con suplentes inclusive- de Oskars Tabuenkas. Al margen de su cara de cenutrio, la calidad de aquel lateral derecho no le permitió ocupar el puesto titular del Athletic, monopolizado por Larraínzar, un canterano de Osasuna, con apellido de corte y confección.

copa58 IIEn la otra banda defendía Larrazábal de modo que, recitar la defensa de los de San Mamés, era un trabalenguas en la, ya de por sí, complicada pronunciación de cualquier alineación vizcaína. El centro de la zaga lo ocupaban un joven Karanka, que coincidiría en el viaje de ida y vuelta a Madrid con Alkorta, y el eterno capitán Genar Andrinúa. Sólo la infancia explica que una defensa tan ramplona fuera merecedora de raspar el escudo del equipo en la tapa del estuche, desdibujando un par de cazabombarderos, bonito motivo para el matarial escolar.

35.000 niños portan un estuche azul de metal -plumier, lo llamaban en el ticket de la tienda- a la espera de ver algo que compense tanto orgullo embotellado. 35.000 niños que no supieron explicar lo que se siente viendo a su equipo plantar cara ante fichajes millonarios de renombre, y mercenarios con corazones a millones de kilómetros y colores. 35.000 niños que padecieron 35.000 burlas tras 35.000 derrotas en 35.000 ligas aburridas, grises, y cosidas a base de 35.000 millones de pelotazos.

Es el momento de dar la vuelta al mundo, de poner la lupa sobre la aldea de los galos, y de decirle a todos que mañana igual hemos perdido, pero que alguien de Bilbao gana lo que quiere, cuando quiere. Gora Athletic.

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Humo

El mundo es un paseo entre la boca de metro y la puerta de una oficina. El mundo es el trayecto entre la puerta y una cuarta planta. El mundo es una sala con veintidos seres vivos cotizando a la baja. El mundo es una clase de training para teleoperadores. El mundo es una llamada en espera. No hay mundo.

Un cigarro no sienta igual de bien entre deseos de Risketos y tarifas Vodafone. El humo se te clava, y desfigura las siluetas de poligoneras y adoradores del tunning que, enlazados por sus piercings, lanzan risotadas de fin de semana en pleno martes. Ir a trabajar al final de la calle Alcalá, es como pasar cada mañana por el cementerio donde reposan tus restos de chico talentoso. Como esas viudas que no asumen la muerte del marido y pasean uno y otro día frente a su lápida. Hoy me río de la viuda, de las tumbas, y de que mi sueño rojo y retorcido sea un snack.

Igual era injusto hablar de Chuck Palahniuk, sin vivir la paranoia de su afamado y selecto Club desde dentro. En la tarde me pagan -mal- por leer comentarios del español medio, que es como exponerme a un catálogo de nervio, bilis y estupidez, digno de ser publicado por Taschen. Querella criminal contra las espectativas, autorepresentado y cogiendo a la ley de la oferta y la demanda con papel de fumar. Decían Sidonie -que no son Antonio Vega- que “la noche se fuma a los hombres hechos de papel”, pero se ve que el día no se traga el humo.

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