Sopor prêt à porter

Me largo a ver pijos, a pasear por Serrano como un rey. Me pongo la chaqueta buena y me estiro. Para pasear por la zona noble hay que ir estirado y no regalar ni una sonrisa. Adoro zambullirme entre ellos, mirarles a los ojos y que se sientan cómodos. Me gusta actuar como uno de ellos, pararme a mirar escaparates, que la perra se entretenga con un trozo de panceta frita, que parece que ha brotado de la acera limpia, impoluta. Las cuatro miradas que cruzo con pijas, son cuatro sablazos de frío interés. Si supieran en qué barrio vivo en realidad, se pondrían a cuatro patas.

Los jodidos colores de temporada son los de siempre: vino, gris -tan hortera en realidad- y verde oliva. Los tejidos varían poco porque vuelven los ochenta. Toda la puta vida llevan volviendo los ochenta. Desde el uno de enero de mil novecientos noventa. Trajes cuentamé para los críos, y sólo Kenzo arriesga en los estampados, aunque no demasiado en los cortes. En Armani el aburrimiento es un arte genial y bullicioso, pero veo unos pantalones blancos que no acabo de entender. ¿Se estará rumanizando? ¿Estará dejándose influir por las hordas de europeos del este -bonito eufemismo- que plagan la ciudad con sus camisetas petadas en las que se lee “Amporio Ermani“?. Giorgio tío, eres la última esperanza.

Afortunadamente Loewe vuelve a los clásicos y olvida aquella lamentable moda de bolsos que parecían una especie de lomo de dinosaurio, así como con unos pinchos, o conos, horribles. Algunos ricos talludos no comprenden que unas patillas con el pelo tan largo que hace caracolillos, dan un poco de grima. Al rey se le permite, pero también se le permite reinar, no debería ser un referente. El titular de los escaparates sería “sopor prêt à porter“. Cuando la moda es aburrida, es que está fuera. No digo que haya que disfrazarse de polloleón, como lo que propone la mujer de Pedrojota, pero sí buscarle las vueltas a la mierda de siempre. Cero riesgos, jodida crisis.

A la vuelta me entretengo en la fuente de la felicidad expuesta en la cristalera de Moulin Chocolat, y me llaman la atención dos establecimientos: Harina, en la plaza de Cibeles, y una tienda de mobiliario de la calle Ventura de la Vega, esquina Prado. El primero llama la atención por la localización, excepcional, por los deliciosos aromas que se cuelan por las puertas y, sobretodo, por el ultraminimalismo que impera en el interior: madera vieja pintada de blanco y paredes encaladas y desnudas, simplemente genial. El segundo expone en su interior un ejemplo de buen gusto a base de lámparas modernas descolgadas, sillones entre Le Corbusier y la nueva ola sueca, y prácticas cómodas, con cierto tinte de antigüedad, pero que no transmiten al agobio del mueble exclusivo.

Cuando entro en casa dejo la chaqueta, me achaparro, me hago fan en el facebook del espiscopado, y me dispongo a ver el partido de Champions. Da gusto ver al Barça.

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Otro martes más

Si dosmil ocho fue un viaje a la deriva, dosmil nueve se está revelando como el año en que achico aguas. Como si se tratara de un número básico de clown, cuando logro tapar un agujero, el agua sale a propulsión por otro. El agua siempre gana. Ayer me arreglaron la caldera. Tras diez días sin agua caliente, me había acostumbrado y me da algo de pena. Las duchas con agua fría son un suplicio, pero sanamente reconfortantes cuando vuelves a sentirte los miembros. No me atreví a decírselo al técnico, parecía tan profesional. A juzgar por la factura, de los buenos.

Un yonki duerme en un sopotal de la calle Tribulete parapetado tras una bici. La bici mola y fantaseo con robársela. Igual es lo único que tiene, pero igual tampoco la valora. Igual es uno de esos ricos a los que se le ha ido la pelota y viven en la calle. Igual es el Chava Jimenez, que no murió, pero que se dedicó a la indigencia de manera profesional. Igual. No se la robo porque me dejaría en muy mal lugar. Durmiéndole con algo… No. Y la pintaría con un spray y no se enteraría nadie. Que no.

No tengo hambre, llevo días sin cenar. Tengo agobio en la tripa y Nico vomita, chica esto es así. El de la caldera me dice que era actor figurante en series de esas chulas que ponen en prime time, pero que no vio futuro y que se metió a robar a base de manguito y termostato. Si fuera católico hubiera visto en él una señal, un enviado del todopoderoso. Hablando de seres supremos… ¿Qué fue de Cachuli?

Esta mañana, haciendo un requiebro a la crisis me he comprado una caja de conchas Codan y me siento como una especie de tendero-custodio. Cuando era pequeño, los niños de bien llevaban a recreo conchas Codan u otras cosas que anunciaban por la tele. Yo bocata de fuagrás. El fuagrás de los cojones. Ruido de papel albal y olor a fuagrás. ¿Qué es lo puto peor? El puto fuagrás. Para un grupo de punkrock mola el nombre, pero para un alimento de recreo… Si no hubiera sido un fanegas hasta hubiera tirado los bocatas. Anda que me pedía nadie un bocao. Puto fuagrás.

Seguro que al reparador/figurante -¿Qué confianza reporta un tío que te va a cobrar trescientos pavos y, encima te dice que antes era actor? No me jodas…- le daban conchas Codan, o Panteras Rosa, o Tarzanes. Con muñequito de regalo. ¿Qué regalo te trae un bocata de fuagrás? El que hagáis sobre la loza tú y tu esfínter con mucha creatividad y paciencia. Siento ser escatológico pero, ya que ando con el apetito regular os jodéis y sois un poco solidarios. Por eso no le ofrecí ninguna concha, que le den. Que se gaste los trescientos pavos en bollería industrial al peso.

Fuagrás. Ni he tenido infancia, ni he tenido .

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Unos "down" muy "up"

“Todos los expertos pertenecen a los media y al Estado: por eso se los reconoce como expertos (…) El experto que mejor sirve es el experto que miente. Quienes necesitan al experto son, por motivos distintos, el falsificador y el ignorante”

Guy Debord, Comentarios sobre la sociedad del espectáculo

monk photoAnunciamos la muerte de José Ramón de la Morena en un programa de radio. En el espacio, narrábamos noticias protagonizadas por “el violador de las progresiones aritméticas”, Thelonious Monk nos hizo declaraciones como “lo importante para tocar el piano es poner los dedos sobre las teclas blancas y, de vez en cuando sobre las negras“, o nuestro expecialista en misterio nos desvelaba el IRPF de Emilio Botín. Al día siguiente nos dijeron que la centralita de Madrid se había colapsado por las llamadas de condolencia de los oyentes de El Larguero. Ahí levé anclas  y me alejé de la humanidad todo lo que pude.

Hace dos semanas Juanjo Millás le hizo una irónica entrevista al abogado defensor del expresidente del Liceu que había birlado pasta. Le dijo que estaría arrepentido el pobre hombre, a lo que el piclapleitos respondía entre sonrisas, sabedor de lo complejo de su empresa y asumiendo la socarronería del escritor valenciano.  El viernes pasado tuvo que pedir disculpas en antena, ya que recibieron decenas de llamadas de oyentes indignados porque Millás se pusiera de parte del ladrón. Algo pasa en el mundo y lo que pasa es que el mundo cada vez es más subnormal.

Desde este punto de vista ¿Que efecto puede tener observar cómo Matías Prats, un busto parlante en el que confían todas nuestras madres, lea el texto publicitario de un banco, como si se tratara de una noticia más? ¿La palabra “moral” tiene algún significado? ¿Qué actitud es más discutible: la de Matías Prats Jr., matigol, o por ejemplo la del Bigotes?

El descalabro de los alumnos de la Comunidad de Madrid, no es un número o un porcentaje. Encarna el galopante declive de la inteligencia, la anulación de la ironía como forma de comunicación. Nos dirigimos a un mundo estúpido y literal, donde el más mínimo gesto de inteligencia, debe ceder ante la facilidad, el vaguerío institucionalizado. Quienes nos dedicamos a producir contenidos audiovisules somos responsables absolutos de la voladura absoluta de la inteligencia. Antes de mejorar la formación de la gente, el poder siempre opta por estupidizar los contenidos.

Estoy harto de oír -y decir, entro en la rueda- frases como “nadie ve un vídeo de más de un minuto“, o la peligrosísima “hay que hacerlo más atractivo“. “Nadie se va a sentar en su casa para ver…“, “Es bueno, pero un tostón” Y ahí es donde entramos los guionistas supermodernos para acortar palabras, que éstas sean sencillas -es decir, limitar el vocabulario, es decir, prejuzgar la estupidez de la audiencia- ponerle colorines, imágenes muy picadas y, si me apuran, tías en tetas.

Ayer le dieron la Concha de Plata al mejor actor a Pablo Pineda. Y el resto de lo que me gustaría decir, lo escribe Alberto Moreno en Soitu.es, un diario, voto a tal, que vale la pena leer. Buscad, es la era de los topos.

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Las hijas del presi son personajes de "Foster y la casa de amigos imaginarios"

Una mañana, hace muchos años, en la playa asturiana de Tazones, mi madre corrió a pedirle un autógrafo a David Santisteban. Llamadme visionario, llamadme loco, pero cuando lo hizo, entre las múltiples razones por las que entré en un ataque/shock de vergüenza ajena, fue porque años (¿días?) después, nadie recordaría quién era David Santisteban. Este criminal, versión heterosexual del amazing de Fama, intentó una carrera como cantante, que se diluyó en el olvido, y eso que protagonizó la serie “Por fin solos” de Antena Tres. En la época en la que Antena Tres decidía las series que les molarían a los españoles. ¿Farmacia de Guardia? venga, me mola, ¿Lleno por favor? venga, me mola, ¿Bibiano el de los recaos? hostia tú…

Como la cosa no tiraba ni palante ni patrás, el bueno de David pasó a un discreto segundo plano y, asumiendo que el sueño del narciso no podría hacerse realidad, se dedicó a componer para otros presuntos artistas, desde Malú, hasta Bustamante. En resumen, que el setenta por ciento de los dolores de cabeza que habéis padecido desde los noventa hasta nuestros días, provienen de la afilada y productiva (con toda la mala leche) pluma de este señor. No concibo una charla musical con el ínclito, sin llegar a las manos.

Entre nosotros, que me daba penica ver a mi progenitora, que tuvo la suerte de dar a luz a un humanista sin par, alocada tras la firma de una celebrity de tercera regional, de los de campos de tierra. Es lo mismo que he sentido al ver las famosas fotos del famoso presidente del gobierno del famoso país ibérico, junto con el famoso presidente del famoso color de piel, del no menos famoso imperio moderno. Para mí las faltas de clase son mortales y, con tres, directamente expulso, así que ZP puede ir haciendo las maletas.

Es cuestión de clase, de elegancia, si me apuras de una barrera de arrogancia al paleto que todos llevamos dentro. No las saques, presidente. Lo primero porque al verlas, uno agradece que hayan decidido mantenerlas alejadas de los focos. Lo segundo porque  estás en un viaje oficial, y debes sentirte a la altura de Obama. Como bien dijo la hija de las mil madres de Leire Pajín, el gobierno de Obama en USA y la presidencia de turno de ZP en la UE, es un acontecimiento histórico interplanetario y del copón bendito.

Los dos diarios de la derecha se han apresurado a portadear con la foto, osea que están de uñas, el grupo PRISA no le perdona lo de la tdt de pago, y a Maria Antonia Iglesias le ha dado un amago de infarto. Amigos, el “socialismo” (música de viola) se nos escapa como arena entre los dedos.

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Hitler. El que más bebe, y menos mea.

“El gobierno del espectáculo, que ostenta actualmente todos los medios desde falsificar el conjunto tanto de la producción como de la percepción, es dueño absoluto de los recuerdos, así como es dueño incontrolado de los proyectos que forman el porvenir más lejano. Reina solo en todas partes: ejecuta sus juicios sumarios.”

Guy Debord, Comentarios sobre la sociedad del espectáculo (Gracias Moro)

Günter Grass contó en Im Krebsgang, cómo los rusos (los buenos) hundieron con un par de torpedos un barco con nuevemil niños y refugiados alemanes (los malos) en 1945. Le llamaron nazi, con un Nóbel bajo el brazo. No es muy conocido, que en USA (los superbuenos) también hubo campos de concentración, donde recluyeron, torturaron, y aniquilaron, a miles de personas, o que algunas islas del Pafífico están repletas de cuevas donde quemaban vivos a los japoneses (los malos. Sobretodo los de Hiroshima y Nagasaki, que debían ser horribles personas). Una guerra es una guerra, y punto.

Es sabido que los ganadores escriben la Historia y, lo que es peor, deforman el lenguaje adaptándolo a las necesidades de cada momento, como si se tratara de vulgares feriantes. Es decir que para nosotros, lo que los alemanes hicieron con los judíos fue un genocidio, pero lo que USA hizo con los japoneses fueron, o bien acciones de guerra (lanzar dos bombas atómicas, arrasar Tokio…), o bien acciones a prisioneros de guerra.

De este modo, la Historia se cuenta del siguiente modo: Hitler fue un loco asesino que ganó las elecciones, y luego con unos señores raros, asesinos y malos, quiso aniquilar a un pueblo (errante, al que habrá que darles un terruño, en un momento dado), que se imponía al pueblo alemán para lanzarle a la locura de la guerra, sólo por salir al mar. Afortunadamente (musiquita) los americanos vinieron a ayudar a los inocentes franceses (lo de Alsacia fue un quítame allá esas pajas), y al honorable y resistente Reino Unido.

El sistema nazi era, primordialmente un sistema tiránico por parte de lo económico (el capital, pero lo omito por no parecer un desfasao pegacarteles), que busca exactamente lo mismo que el neoliberalismo, con unos métodos bien parecidos (el beneficio prima, la guerra como fuente de reactivación económica, las minorías como enemigos, racismo marcado por diferencias económicas -esto es, color de piel-, violencia, superioridad de la raza dominante…) y, aunque se diferencian porque el neoliberalismo respeta las libertades individuales, la realidad tiende a igualar ambos modelos: con los gobiernos neoliberales, desde Thatcher hasta Bush, pasando por Nike, Microsoft o Shell, se ha percutido en dos direcciones: la invisibilidad y el engaño.

Por invisibilidad me refiero a que la libertad se resume en Burguer o McDonnalds, El País, o El Mundo, en qué hacer con el sueldo, en decisiones nada molestas para el sistema, inocuas, vulgares, secundarias, con cuya toma, reforzamos al propio sistema, en tanto que lo aceptamos. Cualquier decisión que pueda plantearse un cambio de las cosas, cae en un reducto de lo cómico o esperpéntico, apaleado por los medios, políticos, y demás bienpensantes. La alternativa es invisible. El ejemplo más claro es que cuando han caído bancos, aseguradoras, y el sistema económico se ha venido a pique, la capacidad para generar alternativas es tan débil, está tan desactivada, que no ha existido alternativa alguna. La gran solución ha sido: (redoble) esperar a que todo pase.

Por engaño me refiero a que no se puede ser liberal de cintura para arriba, y no serlo de cintura para abajo. La doctrina económica liberal es difícilmente creíble si se acompaña de un pensamiento moral reaccionario y trasnochado. La libertad y la igualdad son faros a los que nunca llega ningún barco. Todos sabemos que al despertar del sueño americano, los negros tienen sus barrios, los inmigrantes los suyos, los blancos otros, y los superblancos sus privadísimos barrios. Hasta en España sucede. Cuando hablan del nazismo, nos enseñan lo importante que fue la publicidad, en control de las mentes y anhelos de los ciudadanos… omito comparación, por obvia. Desde que el mundo neoliberal campa a sus anchas, y se acabó la Historia (como dijo el hijoputa de Fukuyama), vemos torturas en campos de concentración, nos quitan el champú en los aeropuertos, aguantamos las historias de la hija de Belén Esteban, o llevamos un móvil con GPS que localiza en qué water cagamos a cada instante y, aquí viene la lección magistral amigos, no sólo lo hemos elegido nosotros, sino que nos sentimos afortunados por ello.

Es por todas estas cosas, y por otras muchas más, por las que la figura del fürer me hace mucha gracia. Lo juro, me da risa, me parece tan cómico como el traje de ejecutivo de Leo Bassi. Así me me voy a encerrar este finde, y a darle forma al cortometraje sobre Hitler, homenajeando a El Guateque. Será un descojono.

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Cinco canciones que pondría en un raro y apoteósico cumpleaños

Antes de nada, el abajo firmante agradece las muestras de afecto por parte de los más distinguidos lectores. Aunque aparente ser un robot, frío y calculador, un ser sobrenatural con nervios de acero, un James Bond, un Bruce Waine, un Musiquito, tengo un pequeño y arrugado corazón, en forma de castaña. A lo que os voy, y en referencia al titular del post:

Empezaría, como siempre, con el gran clásico ácido:

Y cuando se crean que vamos a Woodstock, y que si los petas, y que si la madrequeloparió con los jipis piesnegros, miremos directamente al soul. Pero con cristales ahumados:

A bailar con los mods de Big Boss Man en directo:

Seguimos con el bailoteo, pero descendemos a la electrónica remezclada de St. Germain:

Los maestros en este rollo, el disco fundamental, la canción clave, si tenéis un rato escuchadla hasta el final, crece como una perra:

BONUS

El Rey en estado catatónico-forense. Momento de dudas, parón, mirada al público y sonrisa de “ya, estoy en el otro barrio, pero aquí os dejo esto”. A un minimalista sólo le puede gustar algo más que la economía de adornos: la absoluta exageración camp de este concierto:

Por el calendario romeresco se acabó mi año Lampard. A ver qué toca éste.

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Puertas tapiadas

El sábado por la mañana me hice a mí mismo un recorrido turístico por los lugares de Guadalajara que, para bien o para mal, me han convertido en lo que soy. Lo que sea que soy, que seguro que es algo. Estuve en el cole en el que pasé diez años, apostado frente a las rejas por donde hace mucho ví atravesar a un microscópico y revoltoso gitano, aprendiz de Copperfield, y torcí por la calle de los putis, que bajábamos corriendo tras llamar a la puerta. Me dí de bruces con el callejón donde se pegaron Ángel y Sergio, los representantes testosterónicos del A y el B. Se hicieron sangre y todo.

El campo en el que jugamos el primer partido de la historia de mi equipo es ahora un hermoso y deshabitado bloque de viviendas, cuajado de carteles de “se vende“. Tiene tantos que parece que alguien tendrá que ir a recolectarlos, o se caerá el edificio. Antes era un solar, picado por algunas matas rebeldes, limitado por dos porterías, y adornado por un buen número de boñigas de oveja. Esperaba que construyeran un parque, un polideportivo o algo así, pero mira. Me salta el pilotito de “metáfora”, pero piso el turbo porque sé que se desactiva. Mirar hacia otro lado es una de mis especialidades.

El parque donde dí el primer beso -podría ir al espacio público donde follé por primera vez, pero me parecía algo ruín y miserable incluírlo en tan glorioso tour, así que se cayó del programa- está como estaba. Arizónicas aferradas a la tierra, marcando la disposición rara de los senderos, como para que cientos de parejas se den el primer beso sin que ninguna moleste a la otra. Cuando digo que dí el primer beso, es que lo dí, ella recibió ese noble arte que tanto había ensayado con la almohada. Recuerdo que me empalmé, y eso sí que no lo esperaba, así que me separé un poquito  de la chica, para no parecer un vicioso.

Las puertas de las dos radios me traen escalofríos de madrugones, navajazos, y toneladas de café. El trayecto entre ellas cuenta la historia de una estrella que brilla en degradé, pero que puede pasear con la cabeza alta, y eso no se compra con prestigio -”más vale ser estrella en provincias que uno más en la capital“, me dijo un amigo-, pero nadie ha dicho que no se compre con dinero. Esperaba que, a mi edad, sería ya el nuevo Buenafuente, y mira. Todavía no podría ir a una de esas fiestas de aniversario de promoción, porque me verían como un fracasado. Estoy esperando salir en portada del EP3 para no tener que dar explicaciones.

n53232036999_4798El garito en el que pinchaba está cerrado. A cal y canto es poco: han tapiado la puerta. Miré el pequeño escalón, que predecía el gran póster que anunciaba que djRob Gordon pinchaba aquella noche una de sus sesiones “vendí la silla de ruedas de mamá”, donde el soul y el pop marcaron el tiempo de las últimas noches largas alcarreñas, antes de que los políticos decidieran que, a las tres de la mañana, o eres tunero, o te vas a tu casa. Esperaba que lo cogiera otro dueño, y que pusiera Rafaella Carrá, y Madonna, y esas mierdas para oficinistas que se disfrazan de divertidos los sábados, pero mira.

Mañana cumplo veintiocho años, y pensaba que con veintiocho no sería viejo, pero mira.

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Lecciones para los nuevos periodistas (y otros becarios)

En un afán divulgativo, humanístico y generoso, dispongo mis conocimientos para esos estudiantes de periodismo, redactores en prácticas, y otros mamíferos que, durante los próximos años, irán copando radios, teles y periódicos, con el objetivo de ahorrarles años de sesudos estudios, esto es, memorización.

En caso de que su destino sean los informativos, confío en la cuidada instrucción por parte de sus superiores. En este caso los intereses empresariales del grupo de comunicación, o cliente en cuestión, marcarán la pauta. Si los intereses del entrevistado son contrapuestos a los del medio, habrá que buscar un titular fácil por parte del protagonista, que le deje en un lugar ponzoñoso. Tampoco es cuestión de entrar en fangosas produndidades, nuestro cerebro, no nos engañemos, no da mucho de sí, y aburriríamos al espectador que, recordaremos, nos ve en pleno paréntesis de Sálvame.

Si los intereses son afines, bastará hacerle una hagiografía que, esto sí, nos costará trabajo de documentación. La documentación es ese momento de la labor periodística con la que no se folla. Iñaki Gabilondo no se tiró a su mujer diciéndole “he estado tres días documentándome sobre el sistema de castas de la India“, sino por cosas como “Mañana voy a poner al fucking Rajoy contra las cuerdas en una entrevista“. Eso sí mola, eso sí es ser star, por tanto, periodista.

Pero donde mis infinitos conocimientos os pueden ser más útiles, queridos alevines de Mariñas, es en el campo cultural. Siguiendo la premisa “contri más creativo sea el entrevistado, menos creativo necesita ser el entrevistador“, ofrezco una primera serie de preguntas estandar, que cedo en plan creative commons, rollo Jamendo, ya que en el fondo han sido heredadas generación de mediocres tras generación de mediocres. Son las que siguen:

Genéricas:

-¿Qué hay de autobiográfico en tu obra? Es el gran clásico, la pregunta dieciséis de Lo más plus, la quintaesencia de la reflexión, el signo indiscutible de buen gusto, a nivel Ferrero Rocher.

En caso de entrevistar a un músico:

-¿Cuáles son vuestras influencias? Demuestra incultura por parte del entrevistador, puesto que debería percibir las influencias. Además refleja que no se ha leído la hoja de promo, donde se esfuerzan en poner sus influencias, casi siempre grupos mucho más de puta madre que ellos, y que no se les parecen en nada, en plan los Stones, Ryuichi Sakamoto, El Sueño de Morfeo…

-¿Es más cálido el público del sur? No sé. Es un tópico bastante tosco y paleto. De todos modos los músicos siempre salen al paso pensando en que hay que vender en todas partes y dicen que claro, que todo el público es especial para ellos.

-¿De dónde viene vuestro nombre? Es fundamental para entenderlo todo, para rellenar el principio de la entrevista, y para que el espectador pueda tirarse el rollo en plan “¿Sabes de donde viene el nombre de Gabinete Caligari?”, pues no, “de la peli El gabinete del doctor Caligari“, ah. ¿La has visto?, “No”.

-¿Qué opinais de la piratería? Antes iba unida a alguna pregunta sobre OT, donde se pretendía reflexionar sobre el éxito que llega de pronto, la industria al servicio de la falta de calidad, y tal, pero ahora se pregunta sólo por lo de la piratería. A los cascudos les parecerá fatal, a los chavales que van de igualitarios y de guays les va a parecer debutencolega. Todos son socios de la SGAE.

En caso de entrevistar a un actor:

-¿Han resultado difíciles de rodar las escenas de sexo? Muy original y picarona. Es de las que engancha al espectador que está de pasada. Le da morbo sólo pensarlo. Uyyyy escenas de cama… con una actriz… uyyyy… ¿follarán de verdad?. No recuerdo si se lo han preguntado alguna vez a Fernando Esteso.

-¿Se siente encasillado en su papel? Yo restringiría mucho el lanzamiento de ésta cuestión, porque me parece un poco insultante, es un poco como dudar de la capacidad camaleónica de actores como Antonio Resines, que han demostrado sobradamente la calidad de su trabajo. Se le pueden achacar malas decisiones en su carrera, como declinar El Padrino y, años más tarde,  hacer los Serrano.

-¿Son iguales los públicos de las diferentes partes de España? (apostilla) ¿Ríen en los mismos momentos? Paso de comentarla, porque no estiendo muy bien qué es lo que pretende, ni si cambiaría en algo nuestra vida saber que un señor de Burgos se ríe menos que uno de Chipiona (cosa que sospechamos).

-¿Cómo has preparado el papel? Mentirá. Te hablará de método y movidas, pero bueno, el objetivo es que el espectador lo flipe. Ten en cuenta que el espectador, como te habrán dicho tu jefe y tu director comercial miles de veces, es gilipollas, y se verá sorprendido, ya que no sospecha que un papel se tenga que preparar. Se dice delante de la cámara y punto.

En caso de entrevistar a un escritor:

-¿Tienes miedo al síndrome de la página en blanco? Lo suelen preguntar en la promoción de una novela (por cierto, cuando hablamos de escritor, lo hacemos de novelas. Poesía, relatos, guiones… esos son maricones), lo cual es bastante absurdo, porque a un señor que se presenta con seiscientas hojas llenas me mierda, no puedes preguntarle si tiene miedo al dichoso síndrome. El día que se te presente con un paquete sin abrir, de quinientos folios, pues sí. Pero hay que colarla. El entrevistado se enrrollará, y te da tiempo a apuntar otras preguntas chorra sobre la marcha.

-Hay mucho de El Quijote en tus páginas… La pregunta es chula porque afirmas y vas de misterioso, pero inútil porque ni te has leído el Quijote, ni la obra que te viene a vender, así que si te contrapregunta que en qué te basas, estás jodido. Además el año del cuarto centenario te daban subvención, ahora es una pérdida de tiempo.

En unos días seguiremos instruyendo.

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Galanterías

“Yo ya he dejado atrás
nombres y teléfonos,
yo ya he dejado atrás
el miedo al ridículo,
yo ya he dejado atrás
los sábados insólitos
en los que andaba
haciendo el tonto.”

Francisco Nixon

Antes de que decidieras pasar la noche en casa, yo ya lo había previsto todo. Tengo la teoría de que la revolución de los claveles en Portugal fue una gran mentira. Ni deseo de cambio, ni seducción al ejército, ni nada que se le parezca. Es que antes de que existiera el Diario de Patricia, o de que las teleseries americanas nos enseñaran que ser romántico es cenar con velas y poner la chaqueta de béisbol sobre los hombros de las chicas, los galanes lo teníamos más difícil.

Un tipo convenció a medio país para que sacaran flores al balcón. Les dijo que era por amor, y antes la gente era más blanda para esas cosas. No se había estrenado Alien contra Predator. Además en Portugal la gente siempre es de antes, y por eso el chaval vió el filón y logró que desde Oporto hasta Loulé engalanaran las calles para un paseo eterno -o, por lo menos muy largo- con su amada. Luego los socialdemócratas lo aprovecharon para ver en ello un acto revolucionario, tomar el poder y todo eso.

Antes de que decidieras pasar la noche en casa ya tenía todo preparado para impresionarte haciendo que llueva dentro. Y ahora me las veo con el técnico del calentador, el presidente de la comunidad de vecinos, y la jodida realidad.

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Momento dulce de juego

Perdíamos cuatro a cero. Llovía y la camiseta, roja por entonces, pesaba mogollón, me rozaba los pezones, a veces me hacen heriditas las camisetas de poliester. Tengo los pezones sensibles, yo que sé. El partido estaba siendo un desastre, atrás parecíamos un catálogo de regalos de El Corte Inglés. Las nubes nos habían entrado por los ojos y ahogaba el cerebro para atacar. Ellos jugaban en alfombra roja y nosotros estábamos hasta las trancas de barro. Alvarito andaba muy nervioso: las tres primeras internadas por su banda, tres goles. Julio tenía miedo. Miedo al choque, a fallar, le temblaban los pases y así no se puede servir el género a los delanteros perdidos, allá a lo lejos. Necesitábamos prismáticos para verlos. Hubo que parar el partido. Diez minutos para que pasara el diluvio.

Nos sentamos en los bajos que hacían las veces de vestuario en aquel campo de Salesianos, y les dije que no comentaran nada, porque sé que en esa espiral, hablar es una estupidez: nadie escucha, sólo pasan por su mente imágenes de ellos mismos cagándola, y salen al retorteo palabras como “cojones”, “tranquilidad”, “morder”. Sobretodo cojones, esa sale mucho. Sería mejor aprovechar ese tiempo para coger aire y descansar. Al escampar salimos al terreno en silencio y les dije que me quedaba abajo con Julio, que los demás se movieran libres arriba. Cogí a Julio y le dije que no se preocupara, que defendíamos los dos, y que era el mejor, de verdad lo pensaba.

Es difícil verbalizar qué puede hacer que un equipo, en el segundo tiempo, encaje otro gol y marque once.

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