Antibajón 500

Resultaría vibrante escribir una versión 2.0 de “Vuelva usted mañana“, llamada “Vuelva usted mañana, pero pague hoy“, pero no quiero enmendar la plana al bueno de Mariano José. Sobretodo porque se ve que él no superó los bajones, y yo me propongo justo lo contrario. De tan visceral os contaría con el páncreas la mañana de hoy, en la Agencia Tributaria, pero empiezo redactando con él y acabo como Patrick Suaisi. Nada, me olvido, eso sí, admito donaciones.

La música siempre me ha sacado de baches, será por aquello de vencerme por sensaciones efímeras y estúpidas, será por aquello del componente emocional, será porque si me tatuara algo sería el plátano de Warhol, será porque soy pop. Ha llegado a casa un ramo de flores preciosas -a un tío pueden gustarle las flores y no ser julander, a ver si os enteráis, tías del mundo, y tenéis un detalle con un servidor. O un donativo, me remito al párrafo anterior. Bueno, que este aparte se me está haciéndo eterno, sigo con el rollo más allá del guión-, y no he podido resistir la tentación de leer la notita que las acompañaba. Lleva una doble firma en pentagrama.

Una es de Mario, uno de esos descubrimientos para cuando haga el anuario 2009 (le sorprendo escuchando a Nixon, y tiene una camiseta de los Beach Boys). Le mola lo nuevo de Sidonie, y cuelga una canción genial de su último disco. La otra rúbrica es de Álvaro, que me ha traído de Londres un disco de The Shoestrung, uno de esos grupos garajeros, rollo Artic pero con posos más psicodélicos. Allí, me dijo, salen cien grupos así cuando le pegas una patada a una piedra. He puesto el ramo en un florero, y la casa es otra cosa.

He empezado a hurgar las covers caseras del youtube. El Alberto XIII despega.

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La fea

Estaba en la ducha pensando que todos hemos tenido amigas feas. Sí, amigas del cole, de las que son un poco machorros porque, al ser feas, tienen que venderse ante nosotros, y dicen que les gusta el básket y todo eso, pero que luego, cuando les llega la edad de ponerse cañón, y a tí de que te empiecen a causar algo más que repulsión -¿Por qué todas las niñas gritaban tanto?-, no acaban de ponerse lo cañón que deberían. Ni revólver y, si me apuras, ni tirachinas .

Al secarme me da un bajón de azúcar, o una subida de glucosa, o la putasumadre, debido a mi fin de semana de excesos. Ya no tengo edad, pienso en el sofá, sin poder levantar el mando para poner la tele. La máxima expresión de la impotencia es no poder poner la tele. Y querer. Y ese silencio que crea la no-tele, que te come por los pies. El viernes le dio el jamacuco a la Esteban (nótese el esfuerzo por campechanizar el blog) y hoy a mí. Me ahogo y tengo que salir, como sea.

Es domingo, me tiro a la calle y cuando antes he dicho lo de salir como sea, es porque es como sea. Al regresar recopilo todas las caras del barrio, que me han ofrecido semejante colección de gestos de sorpresa, y el espejo me devuelve la respuesta. Vaya careto. Lo musito, ni lo digo. Y me he puesto la camiseta al revés, con la etiqueta para fuera. Jo.

Vuelvo al sofá y doy tragos al Aquarius como si me creyera todas las propiedades que dicen que tiene, y me encuentro mejor. Con el paseo se me han hecho algo mayores los pulmones, y se me ha pasado algo el ahogo. Me llama Paula y claro que no quiero que venga. Osea quiero que esté aquí, pero no que venga desde Moratalaz o vete tú a saber. Debería estar aquí. Alguien.

Y el sofá se convierte en el asiento de Fernando Alonso, o de otro que corra más, porque a velocidad de vértigo me llega la clarividencia. Las clarividencias, que en mi vida han sido pocas, siempre me llegan a velocidad de vértigo y estoy hasta la polla, me gustaría algo más mesurado, más mejor, más Luis XVI, pero bueno. No puedo seguir viviendo solo.

A ver, que me gusta vivir solo, y creo que tiene más ventajas que inconvenientes. Lobo estepario, pues no, joder, no soy lobo estepario, odio a la humanidad, pero me llevo bien con ella, soy un tío amable, molo, nada de lobo estepario ni pollas, que me da la sensación de un desaliñado que huele a rata muerta. Guay, osea soy un tío guay, pero que me gusta la soledad. Y no soy raro. Bueno, pensad lo que os salga de los cojones.

Total, que no. Que tengo que buscar a alguien. En mi oficina hay mogollón de gente, que gana mucho más que yo y que comparten piso, por huír de la soledad. Hace un jamacuco pensaba que eran gilipollas, pero ahora. ¿Si me da algo? Quiero decir, que me de un infarto, ya no soy tan joven. No es ninguna gilipollez, hay estudios que… ¡O me resbalo en la ducha! o me electrocuto con la antena de la tele, o algo. Cadaver, os lo digo. Cadaver y pudriéndome hasta que un vecino se medioentere. Joder.

Tengo que hacer algo. Ya no sólo compartir gastos, es una cuestión de supervivencia. Desde el domingo, cuando salgo a correr, llevo el teléfono de mi madre escrito en un papelito, en un bolsillo del pantalón. En el Retiro, ya me han dado chungos, imagina que me da uno gordo, que me quedo en el sitio ¿Qué hacen la gente? ¿Me donan al museo de aficionados al footing? ¿A quién llaman? ¿Quién sabrá que me ha pasado algo y, sobretodo, cuándo lo sabrán? ¿Habrá moho sobre mi cadáver, o me comerá la perra?, como aquel señor de Estados Unidos, devorado por su perro tras morir, porque nadie lo supo hasta tres días después.

Tengo que encontrar a alguien. Mediocompatible, tampoco pido enamorarme ni eso. Llevarse bien. No hablar del tema ¿Qué tema? ¡Coño el tema muerte!, osea no hablar de ello, pero sí que esté medioimplícito. Aunque sea llamaré a la fea del cole. Igual no tanto. Tengo una edad. La llamaré.

PD: gracias Fernando por el copyright.

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Arriba Farias de la tierra

Ver a Zapatero cantando la Internacional y que nadie se le acerque y le escupa al oído, sólo se explica teniendo en cuenta que, desde Secundaria las clases de historia llegan a junio justo antes de Franco, y las últimas lecciones no se dan. Podrían hacer como en las agendas, dejar hojas en blanco y un encabezamiento que ponga “notas”. Pasaba con todo. En física memorizábamos fórmulas decimonónicas y Einstein sólo ha quedado en nuestra mente como un señor -parecido a Joaquín Luqui– que sacaba la lengua.

No sé si el párrafo anterior es estúpido, pero he logrado meter en el mismo a Einstein y a Franco. Con dos cojones. El caso es que nos ilustraron, sin decirnos que de lo que se trata en la vida es de quitarnos el lustre, pensar con una quimera que se llama independencia. Como habíamos tantos cenutrios con tantas estupideces memorizadas, inventaron el Trivial y así evitaron una revolución social. El festival del humor de Silvio ayer, con nuestro presidente silvando (¿la Internacional?) hacia otro lado, fue genial. Precisamente el himno socialista es una canción que ha envejecido mal. Seguro que el grupo PRISA hace una versión para el singstar, para que la Pajín´s generation sepa que la Internacional no es una chica convocada con su selección.

Hablando de selección, me pregunto a qué lumbreras se le ocurrió espetar a un italiano a dirigir al mejor combinado de baloncestistas de nuestra Historia. Nos va a hundir. Da igual, porque si en el nuevo plan de estudios meten la asignatura de Deportes (que es el próximo paso), cuando los chavales lleguen a Corbalán y Sibilio será junio y el resto no hará falta. Infame transalpino. Me estoy calentando y había empezado muy cultureta. Os voy a recomendar tres canciones y os mando a tomar por culo:

1. Sidonie. Grabaron este tema en Abbey Road. La puta Gemma Nierga no sabía quién eran. Es que está muy al loro.

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2. Oasis. Acaban de anunciar su enésima separación. Es un poco como las retiradas de El Cordobés, cada trique-traque.

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3. Atomic. Porque sí, un poco de freejazz deputamadre para acabar con buen sabor de boca. Si no os gusta el jazz, el free os dará asco, pero si quedáis con una piva a la que le gusta, y no hay más cojones que comprarle un disco, compradle el Boom boom de ellos. El vídeo no lo ha hecho Scorsesse, pero bueno, buen finde.

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Reloj de arena

pintura2El hombre tan puntual que no es puntual salió del cuento de Monzó y ayer se presentó en la calle Princesa dos horas antes de la cita. No es puntual, porque si llegas a los sitios dos horas antes no lo eres. Sólo se considera puntual al que llega justo a la hora, y no era el caso del hombre tan puntual que no es puntual. Porque en dos horas invierte una en sentarse, ver la calle, fumar y ver pijas y cascudas, luego un cuarto de hora en hojear las portadas en un quiosco grande con toldo del Herald Tribune, de los barrios bien, el otro cuarto de hora intenta autoconvencerse de que no se aburre y la media hora restante encuentra argumentos para ver ridículo el anterior cuarto de hora y, si su cita se presenta a y un minuto, no puede enfadarse, porque llega un minuto tarde, no con un retraso de dos horas y un minuto.

Ayer, para matar el rato, se metió en un Starbucks, pidió un frapuccino y se acomodó al lado del ventanal. Fuera un negro vende La Farola y el hombre tan puntual que no es puntual se pregunta dónde empezó a sudarle la polla ver aquella estampa con un café de cinco pavos entre mesa y gaznate. Frente a él, la mujer más guapa del mundo lleva unos shorts compuestos por tres o cuatro hilos y cruza unas piernas tan largas que acaban en el pelo, recogido por encima de una camiseta que delata que lleva tres días sin ducharse sobre los mismos apuntes que tiene sobre la mesa. La chica más guapa del mundo no le mira, pero gira la cabeza para verle desde un reflejo. Ella se va.

En el intercambio aparece un grupo de alevines de marujas hablando del traje para una boda.

-Si con eso no voy a la boda, ya… no sé, iré con un burka.

El hombre tan puntual que no es puntual musitó algo parecido a que la humanidad se lo agradecería, musitación que pareció amplificada para los oídos de la susodicha que, en lugar de tener clase y soltarle una hostia, se levantó y ejerció de fea enajenada para gritarle que repitiera lo que había dicho, cosa que él hizo con desgana. La sarta de improperios y otros juicios que la puta fea le soltó en un tiempo récord -en siete de cada ciez hizo pleno, la cabrona-, le abrumaron tanto que optó por largarse del lugar.

Al marchar, la fea cabrona hijadeputa le puso una infantil zancadilla que al hombre tan puntual que no es puntual no causó mayor estrago que el hecho de encontrarse humillado porque la fea rastrera inútil subnormal e hijadeputa, creía que le podría ridiculizar con tan estúpida y básica llave. Por eso sacó su arma y le disparó.

Las otras dos amigas graznaron auxilio, así que al hombre tan puntual que no es puntual no le quedó más remedio que mandar las otras cinco balas a sus puntos vitales. Guardó el revólver y un empleado del Starbucks con el mandil corporativo verde y síndrome down -por el que se llevarán unas buenas exenciones fiscales y morales- pasa la mopa, atrapa con el recogedor los fiambres y los mete en el cubo. Parece que la música, en segundo plano desde el primer grito, vuelve a sonar, y un selecto target de madrileños y visitantes se mueve al ritmo de una rara versión de I´ll be your mirror.

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El día después del domingo

casaEl sábado, el presidente de los Knicks me puso de patitas en la calle por llevar a la bancarrota a los newyorkinos. Si se entera mi madre, pa qué queremos más: que si eres un manirroto, que si los trabajos no te duran… Ni en la Play. Todos habían olvidado de que la anterior temporada fuimos campeones de conferencia y subcampeones de la NBA, pero bueno, la cibervida es así. Ayer deambulé por casa -es una figura literaria, en cuarenta metros te estiras, no deambulas- hasta que la apatía me alcanzó de un disparo derribándome en el sofá.

Michelle Obama me mira desde la portada de un semanal, y yo me la juego contra la anilla de una lata de Coca Cola Light. Me gusta darle un par de meneos, girarla y darle otros dos, de modo que al ejercer presión, la sacas limpia, esto es, anilla y redondelito. De ese modo la boca no se roza con nada al tragar semejante droga. Pero tuve mala suerte, la anilla se quebró, y quedó mirándome un trozo de aluminio puntiagudo, suponiendo un peligro para mis labios. ¿Es posible que una camisa que me quedaba de puta madre, ahora me quede fatal? Menuda tardecita.

Paso de la tele porque me deprime. Los fines de semana siempre sale Fernando Alonso, y estoy hasta las narices de él. Leo el periódico. No todo, algunas cosas así medio al azar. Joder, España ganó cinco cero a los belgas. Cada vez resulta más fácil leer los periódicos y eso me inquieta. Antes los artículos se llenaban de tecnicismos y concreciones. Ahora casi toda la información viene de agencias, que dan masticados problemas como el de Afganistán al gran público. Me asquea y me da por escuchar el último día de los becarios en la radio. Todos contando la maravillosa experiencia, con el aliento del paro en el cogote, y un empleo de teleoperadores esperando.

Me aburro en Internet. Intento mirar precios de cosas. De alquileres en el segundamano, por ejemplo. Es un efecto secundario de pertenecer a la primera generación con el espacio de ocio privatizado. Familias enteras compartíamos la tarde del sábado en los pioneros grandes centros comerciales. Ahora me entretengo viendo precios, porque no me puedo entretener comprando. La palabra “acogedor” sigue disfrazando quince metros cuadrados, nada cambia. En la web del NY Times me piden un código postal para mirar precios de coches de segunda mano, y no me sé ningún código de New Yersey. Fin de la diversión.

La perra me mira con cara de “no quiero salir otra vez hoy“. Pues te jodes.

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Bilardismo

Hugo Silva dice que quiere ser feo. Estrena película, “Agallas” que, como buena peli española no veré. Al chavalín se le está cayendo la boca en la promo con que está harto de su encasillamiento como guaperas, que quiere crecer como actor y todas esas movidas que les da a los ídolos de quinceañeras -y veinteañeras, y treintañeras, y señoras de esa edad en adelante, además de un buen número de varones y algún ñú- cuando tienen media docena de cartas reclamando la paternidad de otros tantos churumbeles. Lo que me llama la atención no es que mientras Conspiración Dermoestética sube como la espuma, los guapos quieran ser feos, sino el trasfondo de todo este rollete.

dotorEs decir, que la sociedad es perfectamente capaz de asumir que un actor puede aprovecharse de un agradable físico para “meter la cabeza en el mundillo”, y luego ya buscar un desarrollo en la profesión, pero incapaz de perdonar que Chávez, por ejemplo, intentara un golpe de estado y luego probara la vía común y corriente -y menos divertida- para tomar el poder. Volviendo a las tablas, lo del tío/tía buena que alcanza la gloria y luego profundiza en su arte, le ha pasado hasta a Marlon Brando, pero ¿Es necesario ese primer trance? ¿No existe la posibilidad de captar el talento desde el principio? ¿Habla eso bien de los directores de cásting, productores, directores, etc.?

Espero que algún día los productores dejen de pensar por el público -su frase más repetida es “esto a la gente no le gusta“-, y que alguno de estos guapetes comparezcan ante los medios diciendo “Señores, llevo cinco años protagonizando una serie por mi gepeto. Soy un paquete y la audiencia subnormal, y me piro a dar clases de interpretación, porque ya he forrado a un par de generaciones, y quiero sentir que hago algo en el mundo“. Me sigue incomodando la idea de pasar ese ritual, de tener que rendirse ante la chavacanería lo evidente, lo gilipollas, para llegar a algo. Es como cuando un entrenador conservador, que va palmando, saca a tres delanteros en los últimos cinco minutos para intentar ganar. ¿Para qué intentar ganar desde el minuto uno, no?.

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Paro, siesta y días de fiesta

“Esta mañana he puesto la tele y había un programa en el que salían unas señoritas con sus novios que se habían acostado con otras señoritas que también estaban allí. Se pusieron a discutir y llegaron a las manos. Cejota, no me dirás que esa gente vota, ¿Verdad?”

El ala oeste de la Casa Blanca

El señor don Carrefúr ha dejado a miles de hombres, mujeres, jirafas y niños sin bolsas de plástico. Adiós a las señoras con bolsas en la cabeza cuando llueve, o a las marujas que portaban en ella sus enormes monederos, repletos de fotos de la mili de sus hijos, el bigotazo setentero de su marido y otras lindezas, cuando salen a caminar. Caminar es un marudeporte genial, la leche. Creo que en Madrid 2016 será deporte olímpico. Gallardón está convencido de ello, quizás sea de lo único que está convencido. Lo que pasa es que las señoras se enfadan porque no logran tener el cuerpo de Elle McPherson y echan pestes, y ponen la tele y dicen que todas están operadas, y que el físico no importa.

PTDC0027Estábamos con lo de las bolsas de los supermercados franceses que preside Arias Salgado, el que fuera ministro del PP (gold jubilation), que son ecologistas de la leche y no quieren que se derrita el Polo, porque si los negros vienen a quitarnos los puestos de trabajo y a pegarnos el SIDA, pues los pingüinos pueden hacer de nuestra cultura laescuelaCristo. En realidad lo que pasa es que ahora las venden, pero el rollo ecológico ha entrado desde hace bastante en el márketing. Total que nos van a cobrar las bolsas y les damos las gracias. Aunque si al móvil, las llaves, el monedero, el mp3, y la gomina en bote, hay que añadir las bolsas, habrá que ir a la compra con la mochila de Juanito Oiarzábal, o del otro montañero que palmó este verano y, fruto de la falta de noticias, casi es convertido en héroe nacional, o torero póstumo.

Con los problemillas económicos del país, observamos determinadas prácticas relevantes e ilustrativas. Por un lado, a la salida del Ikea, podemos encontrar furgonetas particulares adornadas con bonitos carteles hechos con un folio y un boli Bic (¿Es el fin de la imagen corporativa?) que ponen “transportes”. Unos panchitos aseguran llevar los muebles a tu casa por la mitad de dinero que lo hacen los suecos montamaderas. Por otra parte, ya son varios los supermercados  que encierran el chocolate de hacer en esas cajitas de metacrilato, que otrora estuvieran destinadas a las botellas de alcohol bueno, los condones, o las colonias de postín. Valen dos euros y medio. Vivir para ver. Cualquiera que saque la lectura del castigo y vigilancia a todo aquel al que le gusta beber, oler bien, follar, y comer chocolate, se solidarizará con mi manía persecutoria por parte del Gobierno o, lo que es lo mismo -como hemos visto antes- los supermercados.

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Post VIII "end"

Jimmy es un cincuentón pechopalomo que va de moderno y que, al abrir un sobrecito de azúcar,  gritó “¡Esto parece farlopa!” en una cafetería de Chueca, tiñendo de sonrojo la reunión de trabajo en la que estábamos. Jimmy es un tío que dijo que yo entendía de moda por las gafas que llevaba. Mis gafas eran de palo, falsas, absurdas, inútiles y, para ese tío una señal inequívoca de pleitesía a la tendencia. El porqué llevaba gafas falsas es otra historia, el porqué no fuimos cuando nos invitó a su cumpleaños en Tarifa (ríete de la boda de Maradona), también es otra historia. Pero Jimmy decía mucho la palabra lifestyle.

Digamos que si mi madre fuera la directora de una revista de lifestyle y yo el subdirector, práctica muy española, andaríamos a hostias todo el puto día. Yo represento para ella todo lo que le da miedo, y ella para mí todo lo que no me esfuerzo en pensar, meto en un cajón, y critico por no esforzarse en pensar y meter las cosas en un cajón. La semana de recuperación asturiana está siendo bastante grata, de no ser por las conversaciones pendientes de los últimos cinco años, que salieron a flote como el tapón de corcho en el agua de las fotos en los libros de física de E.G.B.

Digamos que si lo que esperara de mi hijo fuera que sacara una oposición, comiera cinco piezas de fruta y verdura al día, se metiera en una hipoteca, cumpliera los diez mandamientos, y dominara el inglés, francés, alemán, swaili y finés, fabricaría un robot, en lugar de darme a la, siempre sacrificada, tarea de concebir un ser humano. Por otro lado, si yo espero que cualquiera entienda que mencionarme un tema privado, acarreará una respuesta más propia de Eric Cantoná que de una persona con los tornillos en su sitio, es que he entrado en un mecanismo de autoengaño cuyo génesis no recuerdo. Hablando de génesis… Phill Collins ya ha muerto, ¿No? Joder, pues es una pena. Dios siempre se lleva a los mejores y nos deja a Phill Collins.

Digamos que llevo varios días en una especie de convención Israel-Palestina, oliendo los manjares que prepara mi abuela -incluyendo greatest hits como: bonito encebollado, cocido de garbanzos, arroz con leche, rollo de carne y un suculento y largo etc. de números uno en el Reino Unido-, comiendo arroz con puré de patata y zanahoria, y dando minipaseos como si fuera el señor Casamajor. De hecho tengo tentaciones de ponerme un batín, comer caramelos de eucalipto y hablarle a la gente con voz de viejo.

En mitad de uno de esos paseos entro en Paradiso, donde un moderno lee la Go!, no diré el artículo de quién, así que me asusto y salgo trastabillado a la calle San Bernardo donde un coche está a punto de atropellarme. Es un viejo Citröen y tras la ventanilla mi abuelo me dice que suba.

Como mi abuelo lleva muerto desde mil novecientos noventa y dos, la cosa me escama. Me dice que sabe que lo suyo sería acabar la historia con el beso de una tía buena, pero que estamos en plena semana grande y las tías buenas, hasta en una ficción, están durmiendo la resaca de anoche. Le digo que me parece de muy mal gusto que me manden un muerto de mi familia para finiquitar todo ésto y me responde que me joda, que no hubiera introducido ficción, que bastante fantástico había sido lo que me había pasado, comenta que tenemos mucho de lo que hablar, le respondo que sí, pisa el acelerador y salimos de la ciudad todo lo rápido que puede salir un Dianne del ochenta y uno.

-FIN-

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