El monopoly autocentrado

Se llama guerra. En concreto guerra asimétrica, que es en la que se enfrentan partes cuyo potencial armamentístico, o económico es muy diferente. Y lo de las Torres Gemelas, y lo de Madrid, y lo de la India, y lo de Londres… Los pueblos sin recursos han pasado al contraataque. Y digo contraataque.

Los que “decubrimos América a golpe de crucifijo y prepucio fuimos nosotros. Los que dividimos África con escuadra y cartabón también. Montar un resort con campo de golf en mitad del desierto mientras sus oriundos deber dar kilométricos rodeos para coger agua no potable, debe enfadar un poco. Expoliar sus riquezas naturales y hacérselas luego inaccesibles también debe fastidiar algo. No permitir que América Latina levante cabeza por más que lo intente, imponiendo dictadores sacados de la Escuela de las Américas, tampoco debe ser muy grato.

Como los negros, o los no cristianos, siempre han sido inferiores -hasta hace bien poco con wateres propios-, se han quedado atrás en el tema de los iphones y todo eso. Por ello sólo pueden competir económicamente con el resto en la agricultura. Y los listos, los desarrollados que creen en el liberalismo, protegen su agricultura. Es como jugar al Monopoly y, que cuando vaya ganando el negro, se anule la partida. Eso acaba enfadando. En un momento tonto de enfado, entiendo muchas cosas. Entre otras esos secuestros y bombas, que los americanos percutan ataques, y reciban alocadas acciones violentas.

Que no lo llamen terrorismo. Que no me jodan el desayuno.

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Notas de viernes

- Mis amigos de Telefónica le meten pasta al Grupo PRISA (editora de El País, Cadena SER, Cinco Días, Cuatro, Digital Plus, Alfaguara, As…). Cuatrocientos y pico millones de euros, la mitad para deudas, la otra en dinero caaaash (Lomana* dixit). La excusa: compran el 21% de Digital Plus. Por un lado significa presión al Gobierno contra la Sexta, por otro Telefónica siempre está con el grupo de comunicación más afín al poder. No nos engañemos, el presi de la Sexta juega al baloncesto en la Moncloa, pero podéis comparar espectro de votantes que cubre cada grupo. Amigos, PRISA es PRISA. Además en pocos meses se reparte el pastiche europeo del Plan Avanza II, y Telefónica en el Avanza I se llevó… ¡cincuenta y dos millones de euros! Probinos

-Los que están en centroeuropa con el aparato ese que va a demostrar el origen de la vida, ya están funcionando otra vez. Menuda gilipollez en una semana con un Barça-Madrid.

-En los últimos días he tenido varias discusiones, sobre la posibilidad de hacer humor con cualquier tema, por más espinoso que sea éste. Creo que reducir el espectro significa ayudar a la imposición de un tabú. Pongo como ejemplos el tema de la discapacidad y cómo lo aborda Little Britain, o ETA desde el punto de vista de Vaya Semanita, que me parecen bastante claros. Llevo toda la vida discutiendo por lo mismo. Nada, pongámonos un lacito de colores un día, vivamos en la sociedad de la correción política, en la sociedad de lo literal.

-No, no me creo más listo que los demás (que os veo venir).

-Ayer ví Cuéntame. Hacía seis o siete años que no lo veía. Es bastante surrealista, y propició el morboso encuentro en pantalla entre Imanol Arias y Pastora Vega. El guionista podría ser Mariñas.

-La infanta se divorcia y vuelve Farmacia de Guardia. Lo flipo. Juro que no se me ocurre ningún comentario.

-Jóse se está saliendo con los vídeos de miramapa. Si no tenéis plan para el finde, alquilaros una peli:

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Tus mil diferencias con Nash

Como las señoras que no asumen que dejan de ser guapas, Allen Iverson ha comunicado esta madrugada que deja el baloncesto profesional. Hay muchas cosas que no me gustaban de este chico de Virginia. Muchas más de las que me seducían. De hecho sólo me gustó su preocupación por defender, algo encomiable con un físico tan limitado en la NBA. Pero uno de esos tipos que se juegan cincuenta lanzamientos en cada partido… directamente lo mataría.

Marcó una época en los Sixers, a los que llevó a la final en 2001, pero siempre me pareció un chulo de barrio sobrevalorado. ¿Es suyo el problema?, quiero decir ¿Ese tipo de chupones egocéntricos podrían ser reeducados a lo largo de su carrera?, ¿Es culpa suya, o sus entrenadores tienen peso en sus defectos?. Se marchó de Philadelphia con su camiseta como una de las más vendidas del torneo, cosa que ayuda a su valoración, y recaló en Denver, en un equipo campeón, al que se devoró. Porque esos jugadores, si coinciden con otros estrellitas, revientan vestuarios. Ridículo en los Nuggets.

En media temporada, cambiaron cromos con Detroit, y se trajeron a Billups, un base neutro, muy jugador de club, buen tirador, con materia gris dentro de la cabeza. Resultado: Denver equipo ganador. Nuestro protagonista no hizo ni el huevo en los Pistons y su último escalón han sido los Grizzlies, donde compartía protagonismo con Mayo, Gay, Randolph… demasiados gallos para que no saliera a la palestra reclamando más minutos. El que el entrador no le diera bola ha forzado su marcha.

Pero no se va con la cabeza alta, sino altivo. Dice que tiene baloncesto pa una boda, y viene a dar a entender que el mundo no le comprende, que ya no le dan los balones sobre la bocina. Un tipo diez veces allstar, y con 27 puntos de promedio en su carrera, merece mi respeto, pero nada más. Elegancia es lo que te faltó siempre Allen. Y que coste que no quería ser ventajista pero, por un lado esperaba tu resurrección para darte la tollina en lo alto, y por otro, mi ventajismo es un fruto que fuiste regando temporada a temporada.

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D.E.P. (déjame en paz)

Igual os parece que son demasiados dos post consecutivos en los que la muerte aparezca, pero es que ayer fui a un funeral, el mío. En concreto yo no he muerto, es uno de mis yoes. Si recordáis, hace algunas semanas os hablabla del que creía que era mi otro yo, un tipo que vive en la Gran Manzana, que curra en el NY Times y tal, pero por lo visto no es el único. Precisamente ayer me llamó para darme la noticia, y decirme que él no podría venir al sepelio. Decía que por cuestión de trabajo, pero yo creo que el periódico no debe pagar tan bien como parece.

Mi yo newyorkino, que anteriormente no me había comentado nada, me reveló que las personas podemos tener un número casi ilimitado de yoes. A través del frío del teléfono -la concersación surcó un océano-  hablaba de las posibilidades de multiplicación del ser humano, que si su barrio está lleno de otros yoes, que si historias. No quise preguntarle sobre si tendría más yoes circulando por el mundo, y él tampoco abordó el tema, por lo que supongo que habrá más, y que sus historias no serán muy alentadoras.

La del fiambre. Era multimillonario y ha muerto, o por sobredosis, o suicidio, porque a todo el mundo que pregunté por el asunto en el tanatorio, le salía un lacónico “una muerte trágica”. Por lo visto, nació hace medio año en el veterinario. Recuerdo el día. El veterinario, como para meterme presión para que le pusiera el chip a la perra, me dijo que a un tipo le habían puesto una multa de trescientos euros por ir sin el chip. Me pareció un argumento de peso, y se lo puse. Me costó cincuenta euros y ahí mi otro yo abandonó mis decisiones y se largó sin ponerle el chip. Con ese dinero compró pan de molde, mortadela, queso brie, cocacolalight y una quiniela. Tocó. Quince aciertos, señora, tres millones de euros.

En el tanatorio encontré a los vecinos de un exclusivo bloque de Alonso Martínez, y a un tipo con un perro, que parecía destrozado. Me acerqué con un canapé de crema y salmón entre cuerpo y mente, y escuché parte de su conversación, en la que reconocía que nadie le había puesto ninguna multa por no ponerle el chip a su perro, pero que le mintió al veterinario para sacárselo gratis.

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Florian (o el post prometido)

Parece que las palabras “mal despertar en un yate” no suelen ir unidas. Buscad en google y lo comprobaréis. Empiezo a desembarazarme del sueño y, mientras me sitúo en el mundo, con los ojos todavía sellados, paso por mi mente los mejores momentos de la noche. Ni tardé en convencerla, ni me cobró al final, por lo que supongo que triunfé. Follamos durante bastante tiempo, dado que me hizo una mamada de libro. Si follo con alguien durante más de diez minutos, tiene que haber un porqué. La presión de sus labios era perfecta, el ritmo parecía que salía de mi mente. Merecía que luego le diera todo lo que sé, con todas las partes del cuerpo que se me ocurrieron, por todos los lugares que pude. Y por la humedad que mi mano derecha nota en la sábana, puede que no tuviera una gran puntería. La humedad en la cama, y la duda entre si es semen u orín, es una crónica más de mis últimas grandes noches.

Desabroché un ojo, la resaca multiplicó el haz de luz que entraba por el ojo de buey, y la ví. Por lo menos a parte de ella, su barriga. Tenía barriga. Nota: ayer violé la norma en virtud de la cual no me acuesto con mujeres que tengan más barriga que yo. Le contaré a Flavio que me he tirado a una tía con barriga, me preguntará si con verruga, y le corregiré. Las borracheras de Flavio cada vez son más previsibles. Debería dejar de ir a sus fiestas.

La plancha de tejido adiposo de la muchacha en cuestión hace un doble movimiento. Como esas olas muy finas que, al morir en la orilla se chocan con otras que languidecen en otro sentido, su respiración lanza una pequeña onda del ombligo hacia los laterales, y el vaivén del barco crea otra que le cruza la panza de izquierda a derecha y de derecha a izquierda. Duerme ligeramente tapada de cintura para abajo, dejando al descubierto lo que anoche creí que eran pechos turgentes. Sí bebí, sí.

Atrapo la erección contra mi abdomen con la goma de los calzoncillos, dejando el prepucio al aire, todavía enrojecido, en lo que se denomina “maniobra periscopio“, y camino hasta la cocina americana sin sumar instrumentos a una sinfonía de crujidos, que lleva siendo hilo musical de mi vida en los últimos treinta años. Asomo por la puerta que da a babor, y en el umbral encuentro las dos botellas de leche fresca. Como si se tratara de una condena de película norteamericana, cada mañana aparecen dos botellas llenas de leche fresca. No sé cómo coño llega el lechero, porque estoy anclado a no menos de cuatro millas de la costa.

Cuando entro preparo café y, al acercarme a la cama, descubro que está gorda y muerta. No sin esfuerzo la echo por la borda. Salgo con la taza de café y me siento en popa. Miro al mar, intentando ver alguna burbuja, y empiezo a pensar que la he cagado. ¿Por qué la he tirado?, ¿Cómo explicar a la policía que me he deshecho de un cadáver?, ¿Qué sentido ha tenido esa acción, si yo no he tenido nada que ver en su muerte?. Creo que ese impulso, fruto de la resaca, me convierte en principal sospechoso. Me lo repito en la cabeza como siempre que la he cagado desde los cinco años: “Florian, la has cagado”.

Y la gorda flota. La gorda, que tendrá un nombre, y una familia y que tendría aspiraciones y demás, flota bocabajo en el agua como una boya. La hijaputa. Levo el ancla y se lo lanzo. Hago diana, suena un ruido, se hunde momentáneamente y vuelve a subir. Enhorabuena Florian, le acabas de partir la espalda para nada.

¿Sabéis ese tópico de que la policía nunca está cuando hace falta? Pues, como revelé en las novelas negras que me granjearon cierta popularidad, a veces no es cierto. Allí aparece la patrulla, que acepta mi café y mi charla de espaldas a la mujer flotante. Tras hablar de un par de temas prosaicos y otro profundo, saltan a su bote y marchan, llevándose enganchada por un brazo a la gorda con nombre, familia, y todo lo demás. Los veo perderse en el horizonte, con su inerte polizón a cuestas. Por esta vez te has librado, Florián. Puede que sólo el lechero conozca la aventura de mañana. Joder, es un buen argumento: un lechero visionario. Me voy a escribir. Tampoco estaba tan gorda.

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DiU

Los caminos que te llevan a una idea son inexcrutables. Casi siempre vamos a por ellas con un mapa, sin darnos cuenta de que éstos sólo sirven para llevarnos a lugares ya conocidos. Las ideas son esos espacios de los mapas, que habitan entre un nombre y otro, y para hallarlos, es necesario acudir con el anhelo de perderse. Si la gente supiera que en la pérdida no se está mal, la creatividad reinaría en terrenos más interesantes que en el que lo hace hoy día, el contable. No pasa nada, ni te desintegras ni te salen sarpullidos, lo único que pasa es que no sabes dónde estás. No parece tan malo.

Este fin de semana se ha reunido DiU (Divergencia i Unió) para perderse. El equipo de Al Filo de los Posible tuvo que ver dos partidos, andar por caminos de tierra, pasear perros, tomar bebidas espirituosas, invocar al espíritu del thc, subir al monte, aumentar su capa de grasa, conocer el concepto termogénesis, y pasar un poquito de frío, para que un trozo de leña ardiendo nos alumbrara el camino hacia lo diferente. Igual se queda en el producto de un fin de semana divertido. Igual no. Hagan juego.

PD: si lo que hemos encontrado funciona algún día, os prometo que jamás contaremos cómo lo pensamos.

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Geeglo

Os voy a hablar un poquito del negocio de Internet porque sí. Así me ahorro terapeuta. Lo siento, la semana que viene prometo escribir algo sobre sexo explícito y supercerdísimo. Postearé sobre enormes tetas puntiagudas, y pollas duras y chorreantes. No tan así, sino como lo hago yo, con tacto, con estilo, para que parezca que ni vosotros ni yo estamos salidos. Pero hoy toca de lo otro, porque ayer estuve en el FICOD.

Salimos de la oficina y vamos al Campo de las Naciones de excursión, con todo el buen rollo de haber avanzado un montón (paréntesis: tengo en el librocara a una chica que me gustaba de la facultad, pero con la que nunca moví ficha. Siempre que la veo me pregunto por qué no lo hice, y ayer le leí un “haber cuándo nos vemos” que recordó esos detalles que agarrotaban mis fichas. Ya), y que esos avances nos ilusionen. En el estado en el que estamos, llamamos ilusión a olvidar por un rato la miseria.

Llegamos, observamos, tomamos gratis el peor café de la historia de la Humanidad, una bazofia insoportable, que los presos de Guantánamo te escupirían, miramos el nivel de azafatismo -que era regularmal-, y hurgamos cosas que nos interesaran sin encontrar nada. No tardamos en dejarnos absorver por unos sillones, llegando a la conclusión de que la feria no es más que una excusa para sacarle una pasta al Plan E y al Avanza, que los gurús se autofelacionen, y que un puñado de empresarios se vayan a putas por Madrid, que siempre descongestiona.

En ese momento a alguien le da por sacar un folletito en el que se presenta nuestro malo. Como el Michael Night aquel malo, que tenía bigotillo años 20, y un coche que se llamaba Kar. Allí, ante nuestras narices. El malo, la antítesis, el hijoputa, el enemigo, la competencia. No del todo, pero vaya, que muy alejados no andamos. Desencaje de bolillos. Ahora sé lo que sintieron los verdaderos genios de la red. Tenían un proyecto de buscador llamado Geeglo.

Señores, asuman las consecuencias de sus actos, y feliz fin de semana. Si me quieren para algo estaré en Ávila (parte sustancial del eje Ávila-NY)

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¿En qué andas, Gustavo?

Era el año 2003, y Clota me lo advirtió “ve con cuidado, es un tío muy listo“. Y lo era. Venía a una mesa redonda de las que organizaba el Club Siglo Futuro, que es una asociación de Guadalajara gestionada por un pive que pretende engañarse, y pensar que vive en un lugar donde la cultura puede fluir como en cualquier otra metrópolis del mundo. Subvencionada, eso sí. Estábamos en plena guerra de Irak, yo venía de la facultad con la sangre caliente, que es la peor forma de enfrentarte a una entrevista peliaguda, y él era -y sigue siendo- el responsable de política internacional del PP.

Gustavo de Arístegui, efectivamente, resultó ser un tío muy listo. No sólo salió indemne de las preguntas, sino que demostró clase, porque me podría haber hecho papilla, y se conformó con zafarse. Creo que porque debía tener un debate interno curioso, que no le permitió azotarme como merecía, pero también pienso que el componente clase jugó un papel. Con el primer chispazo me dí cuenta que era de ese tipo de gente capaz de sobrevivir en cualquier momento histórico, en cualquier estrato social. Sobrevivir y bien además. Un diplomático.

Tras el combate, que se devino a un Rocky vs El Fari, al que el resto de la prensa asistió con indiferencia -en las ruedas de prensa casi nadie pregunta nada interesante. Ni hablan. Creo que ni respiran-, me cogió en un aparte y charlamos un poco. Supo ganar. En ningún momento quiso amedrentar, o aprovechar su victoria o, mucho menos, reconvertir al joven alocado en alguien cabal. Tuvimos una charleta, copa en mano, en la que exhibió una honestidad intelectual que nunca había percibido de un político, y menos de su partido. Salió zumbando para Madrid, y me lanzó un “nos veremos”, al más puro estilo femme fatale.

Desde entonces le sigo. Por eso no entiendo muy bien declaraciones como las que ha hecho hoy con respecto al famoso secuestro piratil -aclamado por crítica y público-, que me dan un raro tufo corporativo. Seguro que si mañana le planteara una entrevista, me llevaría otro revolcón, pero creo que podríamos negociar unas tablas, ya que no me podría rebatir que los partidos, por lo que se ve, aniquilan cerebros.

Si no tuviera un gran sueldo, un trabajo envidiable, un reconocimiento chachi, y una vida cojonuda, le diría que saliese de todo eso.

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On the road again

Estoy tumbado en el sofá, recibiendo chispazos de luz de la tele, que me ilumina con historias de alcaldes asesinados. Camps me hace una perdida. Se pasa a recogerme en el Ferrari, con Rita en el asiento del copiloto. Subo y me monto detrás. Para ello Rita tiene que apearse y reclinar el asiento, tras accionar la palanca. Los asientos de atrás de los deportivos son demasiado incompatibles con la longitud de mis piernas.

Las señoras que vendían verdura y sardinas en la plaza, decían que tenía las piernas bonitas, de chica. Si hubiera sido hoy les habría partido las suyas, varicosas e hinchadas por estar tantas horas de pie. El médico aquel tan bueno, me dijo que mi madre me había hecho mal las piernas cuando, con dieciséis me aseguró que no volvería a jugar, al tener el tendón demasiado grande. A ese también se las hubiera partido. Años después le doy la razón. Los médicos siempre llevan razón, porque estudian muchos años.

Meten el coche en el aparcamiento de Alcalá y salimos a ver la iluminación de navidad. La encienden en diciembre, pero ya están puestas. Bajo la instalación Camps y Rita lloran de emoción ante la metáfora de las luces apagadas. Nos ponemos cocaína en el baño de El Corte Inglés, a Francisco se le nota un montón, se compra unas Adidas con las que asegura hacer mates superlativos. Utiliza esas palabras “mates superlativos”. A mí, la palabra superlativo me parece estéticamente elástica. La propia palabra “elástica” me parece elástica, y la elasticidad me gusta.

Al salir del gran almacén, Rita se enciende un puro y tiendeamos. Los de Swatch ponen cara rara porque les ahumamos el local, pero Camps les dice que quiere docemil euros en relojes y les cambia el gesto. Al bajar por Preciados un par de mimos se nos acercan, y Rita les da la tarjeta de la Consejería de Cultura de la Comunitat Valenciana, así que nos hacen silencioso cortejo hasta Sol. La gente nos mira, como mira al resto de la calle. Hay calles de y para famosos. Preciados, o Gran Vía, son calles por las que sólo pasan famosos, futuros famosos, o personas y animales susceptibles de ser famosos.

Rita, desencajada y acelerada, aprieta los bultos en el maletero, deja en el suelo del garaje los que no caben. Salimos sin problemas, levantan la barrera, giramos derrapando y dejando un autógrafo de caucho en el asfalto, encaramos la Cibeles, y el Ferrari se pierde zigzagueando entre un rebaño de coches por la Castellana, donde la inmoralidad es cubista, y se camufla entre cemento y cristal.

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Paso en profundidad

1241814058_0Cada seis segundos muere de hambre un niño en el mundo. A mí me da igual y a vosotros también. Sois así, asumidlo, no pasa nada. O sí que pasa, pero os da lo mismo y a mí también. A los líderes les importa un huevo el cambio climático, los chinos y Obama (que es americano, pero menos) lo han demostrado este fin de semana. La corrección política es casi todo lo que nos dicen los profes en el cole. ¿Dónde están las letras “ores” y “gio” de la frase anterior? En el espacio intermedio. El cinismo absoluto es nuestra forma de vida, y entre medias tenemos un espacio de cierta bondad que padece alopecia.

La ignominosa FIFA le mete un paquete a Maradona por decirle a la prensa “que la chupen. Que la sigan chupando” y, mientras tanto, Fabio Capello se pasea ufano por algunos despachos, tras llevarse un pastizábal por desdibujar el estilo -trasnochado y todo lo que queráis- del futbol británico. Ese sinvergüenza no da explicaciones a nadie. Lo de la corrección política que os digo. Y mira que creo que el mundo sería un sitio mejor si le hubiera dado un infarto a Maradona en su último partido como jugador. Siempre tuvo poco estilo. Sin ir más lejos, jugó en el Sevilla. Debe ser así: falto de estilo, despilfarrador. Si Maradona, en lugar de un manirroto, fuera un tío hacendado, me parecería márketing.

Sólo quiero montar una librería y que todo me dé igual. Se llamará “El puntapié de Goickoetxea“. Sería en dos plantas, con suelo de madera, y ladrillo vista pintado en blanco. Tendría grandes estanterías, con una máquina de café express y materia prima italiana de calidad. Organizaría talleres de escritura y otras formas de perder tiempo, en todo tipo de soportes, cosas para niños para los fines de semana, y la señora de la pastelería de al lado me acercaría un bizcocho cada día, a cambio de que le contara una historia. Vendería un puñado de vinilos, novedades de importación. Siempre sonará música chachi, y los viernes por la tarde, habrá un concierto. Ni tan cañeros como Tokio Sex Destruction, ni tan coñazo como Cocorosie.

No quiero FIFA, ni Maradona, ni niños muertos de hambre, ni comerme la promo del último de Sabina.

PD: making off. A loro cómo se relame el perro.

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