SE OFRECE PERFECTO CABALLERO BRITÁNICO

Dada la lamentable costumbre que tiene mi casera de pasarme el alquiler cada mes, amén de la sana intención de mantener bienes como el abono transporte, el teléfono, o mi hobbie de intentar hacer tres comidas al día, parece que todo apunta a que tengo que ponerme a buscar un trabajo. Esta expresión tan de serie americana, apostillado por un “pero un trabajo de verdad” de los de mi madre, está disparándome en la sien los últimos días.

El último arreón llega a su fin y no parece que se vean en el horizonte fórmulas para darle la vuelta al partido, así que toca buscar una media jornada salvadora. Vivo en la opción centrifugado, escuchando Alpha Beta Gaga de Air, echando a los dados el dilema del necio Alberruche ¿Dejar de fumar, o salir a correr? y decantándome siempre por dejarme comer por la ansiedad, que es un estado en el que no vivo mal, la verdad. Será la costumbre.

He pensado en poner carteles en las farolas, pero no puedo rellenar el texto con el clásico “serio y responsable”, sin ceder a la tentación de sustituir la vocal griega por la latina. Tourné por ETT´s, carne de otra deprimente campaña de teleoperador en Vodafone, donde la gente se siente normal. Fichan, trabajan, se van. Igual algo de normalidad me puede venir bien. Que te paguen por trabajar, esas cosas que ya he olvidado…

Y me acabo la Fanta de limón. (no sé, buscaba un final así, moderno)

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Es un honor llamarte amigo

Acaba de llegarme una carta a casa de Rodrigo Rato. Me da las gracias por seguir confiando en la entidad que, desde hace poco, él dirige. Siempre es reconfortante, en tiempos de crisis, ver que todavía hay gente que encuentra curro. Me reitera su compromiso de atención y servicio para conmigo, y me firma de su rotulador y letra. Si estuviera viviendo con mi abuela, me diría que los Rato eran una familia de posibles que tenían una pastelería en Gijón. El chico ha seguido con la tradición familiar de trabajar con la pasta.

Este tipo de cartas me aportan tranquilidad. Por un lado por tratarse de quien se trata, y por otro porque todavía hay quien sigue cultivando el género epistolar, es una pena que se se esté perdiendo. Voy a ponerme a redactarle una misiva de respuesta, con líneas a lápiz predibujadas, para escribir recto, y luego borrarlas, como hacían mis padres cuando era pequeño con los christmas a esos familiares que van cayendo de la shortlist (término de márketing, para veais que estoy en la onda) sentimental conforme pasa el tiempo.

Estimado Rodrigo:

Gracias a gente como yo, que nacemos sin dinero, usted, que nació con él, y su institución que, cuando nací también tenía,  siguen siendo mucho más que unos meros asesores financieros. Cada vez que me dejo caer por una de sus 2.179 sucursales me siento como en casa. Ahora mismo ando enfrascado en varios proyectos, con dos posibilidades de resolución. La más pesimista, que dibuja un escenario que ni usted ni yo, ni cualquier persona de buena voluntad desea, finaliza con mi ruina económica y profesional. La primera ya la llevo bastante avanzada y, para la segunda, me tomo mi tiempo, no se crea.

La otra posibilidad es que, utilizando un concepto contable, suene alguna flauta, y acabemos recibiendo usted y yo misivas como la suya, pero más sustanciales y discretas, del director de cualquier entidad financiera de las Islas Caimán. Esperando encontrarle en un jacuzzi del Reebok Sports Club de Pozuelo, o en cualquier humilde resort, siempre suyo.

SPCB

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El desayuno católico de SPCB

David se despierta, como cada día, bien tempranito. Lo que mola de las historias, es que el tiempo, y sus narradores orales, las convierten en comerciales, y se saltan todas las minucias, como que el propio David no sólo vió a Goliath el día que le cascó el piñazo, sino que se veían todos los días. Hoy, en concreto, nuestro protagonista no pudo acceder al metro para ir a trabajar en su buffete, puesto que el gigantón tenía puesto el pie sobre la entrada. Un grupo de personas esperaba a que Goliath se moviera lo más mínimo para poder entrar al subterráneo, y hacían tiempo mirándose sin mirarse, como se mira la gente en un ascensor.

Al fin todos accedieron al metro. David, escuchando una vieja canción de Pulp, se preguntaba si al puto gigante le habría dado por moverse un poco y dejar reposar el pie en la boca de metro que correspodía a su salida, porque le habría hecho el día. No fue así, pero llegó tarde y al poner excusas, recibió un cortante “no es nuestro problema” por parte del muy desagradable jefe de personal (que siempre ha parecido un cargo como muy cañí, por aquello de que manda sobre´l pers-so-nal).

Como no era, ni la primera, ni la segunda vez que el gigante de la ciudad sodomizaba directa o indirectamente a David, al que podríamos considerar incluso alto para los de su especie (de ahí el componente de tragedia griega del tema), decidió tomar cartas en el asunto, y planteó una negociación colectiva basándose en los estatutos de los Seres Normales, y en las necesidades y cuota de poder que, pensó, le eran imprescindibles a Goliath para vivir satisfecho.

Cuando se estaba acercando con su minúsculo coche (un Supercinco) al lugar donde vivía el gigante, paró a una chica que hacía autostop. Era Cristina Urgel. Fue subir la chica en el coche, y bajar el cerebro de David, que se concentró, y mucho en realizar todos los movimientos básicos con un mínimo de coordinación para no parecer gilipollas ante la damisela. Hablaron de estupideces hasta que ella le preguntó hacia dónde se dirigía, y él confesó que a cargarse al gigante. Le pareció mucho más atractivo que “a plantear un convenio con un señor poderoso”.

Como quiera que ella se mojó con la frase, y él fue consciente de ello, no había marcha atrás, así que ese Supercinco que quemaba gasoil por un tubo, de manera literal, iba directo al encuentro mortal con Goliath. Aparcó, ella se quedó, como en toda fantasía varonil, en el coche esperando. David preparó la onda y Goliath se le quedó mirando flipado. Ante la primera piedrita el gigante se partió de risa y aplastó a David con su dedo entre los sollozos de Cristina Urgel, en el Supercinco.

Y ahora se me plantean dos finales:

a)A LA AMERICANA: De repente el solar en el que se produce la pseudobatalla se llena de policías americanos, bomberos, miembros del ejército, con helicópteros y demás, y le tiran al gigante una bomba de neutrones que aniquila toda forma de vida en diez kilómetros. Cristina Urgel se salva porque se había tomado una increíble pastilla antibombas nucleares, y se casa con el más apuesto de los militares (que además, tiene libros en casa).

b)A LA EUROPEA: Goliath es, en realidad un egocéntrico incomprendido, que no ha sabido gestionar su poder porque ha mamado superioridad desde la cuna. Inicia encuentros sexuales con Cristina Urgel, hasta que la sociedad, a través de cuatro personajes arquetípicos, le vuelve a dar la espalda al traicionar valores como la tradición, la familia o el igualitarismo. La pareja se tiene que exiliar a Francia, donde mueren de sobredosis.

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Más podcast

Venga, pues la dodis de hoy, en audio. Nuevo formato: veinte minutos para que te lo escuches mientras sales de la ducha, o te lo descarges en el mp3 para un trayecto medio de Metro.

Por cierto, si estáis por Fuenlabrada, pasad a las 12 por la Universidad Rey Juan Carlos, que estrenan Entre ondas, el rollo aquel famoso en que hice de profe de teleco. Y me contáis qué tal. Malditas reuniones…

¡Ah! el Descodificador de hoy me ahorra un post.

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No pertenezco

Me llega, vía Facebook, una invitación para que me una al grupo de 4.000.000 de personas pidiendo la dimisión de Zapatero, y lo he ignorado. No porque defienda a ZP, sino porque él es responsable de lo justo. Mi padre es obrero, lleva trabajando desde los 14 años. Insisto en lo de que es obrero, porque cuando preguntaba en mi familia de qué clase éramos, me decían que de clase media, y es mentira. En el cole los profes nos preguntaban también, y todo dios decía que de clase media. Y una mierda.

El primero que se sintió rico, cuando supo que el piso que le había costado quince millones se vendía por cuarenta fue él (sin percatarse de que, si lo vendía, tendría que comprarse otro que valía otros cuarenta), así que en este país todo el mundo se metió en la burbuja del dinero fácil, en el mundo de lo irreal, cosa que trae sus consecuencias. Cuando las estadísitcas de pisos desocupados crecían a la misma velocidad que las de nuevas promociones inmobiliarias, nadie reparó en que, años después, habría que echarle la culpa a ZP.

Por otro lado somos los últimos en salir de la sempiterna depresión económica, porque somos los menos productivos de Europa. Si los empresarios nos pagan por horas, y no por trabajo, si nos compran nuestro tiempo, e impiden la conciliación de las vidas laborales y familiares, lo más lógico es que nos impliquemos lo justo, que trabajemos a disgusto, y que nos escaqueemos bastante. ¿Quién le dice al gran empresario que debe ser más inteligente, que es más rentable ser más productivo? Nadie.

El gran empresario español (ojo, el grande, no la pequeña red de PYMES que es el 80% del tejido industrial de nuestro país) no sabe mandar un correo electrónico, ni manejar el Excel. Eso es así, y así nos luce el pelo. Y cuando las cosas les van mal dadas a los paletos, amenazan con los despidos masivos (muy creativa la fórmula), y a ningún gobierno le interesa la coflictividad social, por lo que sacan el talonario, y le cubren el culo a las grandes empresas y a los bancos, es decir, el ciudadano se autofinancia su no-despido, su trabajo prescindible.

El político es la cabeza de turco, el muñeco de pimpampum que vemos desde el sofá, papá, el que nos va a sacar de los problemas, el que tiene que pensar y actuar por nosotros. Mientras tanto, vivamos como espectadores, tocándonos las pelotas y pensando que nuestra implicación en este mundo tiene forma de papeleta cada cuatro años.

Los pequeños seguimos en la pelea, mientras los trabajos siguen siendo para Telefónica. Pero la culpa de ésto no la tiene ZP, querido lector. La tenemos tú y yo.

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es la última que se pierde

No sé si todo empieza o acaba con el lenguaje. Tampoco creo que lo de Aguirre fuera un robado. Todo está más medido de lo que creemos. Del famoso hijodeputa me quedo con dos cosas. La primera la actitud de la presidenta, que maneja el cortijito como buena gestora pública. Vive en un palacio, remember. La segunda que el ejecutivo cedido a IU, el que le quita el puesto al hijodeputa, es Moral Santín, profe mío de economía en la carrera, y clásico ejemplo de tipo inteligente que se mete en la academia a vivir bien, porque lo que es comunicar conocimiento, se le daba regular.

No me gusta cómo mira Nico la alfombra nueva. Le debe parecer un elemento susceptible de ser meado. Y la pared raspada, a la espera de un par de manos de pintura, tentándome con llamar a Iker y vender las caras de Lavapiés. Sigo recopilando detalles chungos para la biografía. Momentos que recordaré fríos, azules, complejos. Hoy en casa de Pablo había un equipo tan espectacular como miserable, un escudo que lucimos con orgullo.

Y ver a Pe optando a otra estatuilla (hoy he estado en el despacho de un directivo cabezón que tenía una¿?), y que me haga gracia la portada del ABC (titulan “plantón planetario“), pueden significar o que me hago mayor a pasos agigantados, o que el mundo sigue loco. TVE, mientras da formatos a la productora del marido de Carma Chacón, está a punto de estrenar una idea robada y me va a privar de cuatro años de tranquilidad para desarrollar otras ideas. Como me sigan jodiendo, me hago de derechas y si no, al tiempo.

PD: vienen los Arctic Monkeys. Me los voy a perder. Menudo festival de perdidos voy a montar.

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La evolución de la coyuntura

No es que no tenga ideas, que las tengo, y bastante aceptables. Algunas interesantes, otras indeseables, y tampoco me quiero dejar las inútiles pero divertidas.  El caso es que no soy capaz de plasmarlas, ni siquiera en el blog, osea que estoy en lo que se denomina extraoficialmente como “bloqueo del copón”. Como una rodilla tras una mala entrada, como un fanegas en una pastelería, como el jovencito Alberto en un examen de matrices (o en una pastelería).

Sólo cuando estás en esta situación, te das cuenta de que trabajas con el cerebro. Y qué mal pagado está. Hasta estas pequeñas desconexiones, nunca diferencio realmente mi trabajo de cualquier otro. Incluso de otros que he desarrollado, como teleoperador, pinchadiscos, o comercial. Nunca eres consciente, hasta que te das cuenta de que si se te bloquea el cerebro y vendes líneas ADSL de Vodafone, no pasa nada. De hecho viene bien. Voy a llegar a rey de España. Quiero empezar desde abajo.

Se me ocurre hablaros de estos locos, que han desarrollado una iniciativa web que me parece muy chula (y me generan mucha empatía), o del blog de un escritor fetiche, o de experiencias con mamoneos, favoritismos, e injusticias, eufemísticamente llamadas “contactos”. La vida es injusta, el mundo es injusto, pero a mi padre le suda la polla, y lleva sudándosela treinta años más que a mí, y se toma su cortao y su Veterano, así que no será para tanto. La vida es injusta, y el mundo es injusto, y eso lo aprendí en el minuto cero de partido, pero siempre mola rajar.

Hugo Chávez declama ante las masas “¡Disuélvase el Fondo Monetario Internacional!”. Se lo oí a Ojos de Brujo hace un puñado de años. El grupo no se llama Cerebro de Brujo, y se nota. Y lo del mandril venezolano también. Por lo menos no se bloquearán. ¿Por qué huirá Sabina del Club de los Mediocres? Tampoco está tan mal.

PD: Leyendo blogs, hay veces que creo que la diferencia entre Javecas e Ironcita son las tetas. La forma, digo.

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