Parte del tiempo

Brumas matinales que darán paso a borrasca con posibilidad de precipitaciones. El anticiclón de las Azores está tomando horchata desde hace un tiempo y el cerebro anda incubando algo. Anda caliente, tapado, con ligeras descargas eléctricas que, de cuando en cuando, van sacudiendo al personal. No sé si con estos vacíos en el tiempo, y lo fácil que lo pone twitter, esta bitácora (qué nombre más asqueroso) no acabará por dejar de interesar al personal. Es un dato objetivo, no empiecen a llegar coments de “¡Noo, no lo dejes, oh mi dios, o mi vida no tendrá sentido!“, o “¡¡Tú eras el único rayo de esperanza que nos alumbraba!!“, o cosas así, que no digo eso, digo que me estoy descuidando más de Iñako Díaz Guerra.

Tengo una idea curiosa en la cabeza, ya os iré contando, en plan “qué creativo eres chaval, qué bien, ¿te la vas a chupar a tí mismo?“. No. Lo primero porque no llego, y lo segundo porque el puntito que me falta es hacer rentable mi creatividad. Tampoco es que tener una mente creativa sea la polla, lo que pasa es que te da por no coger caminos preestablecidos, y eso no siempre es positivo. Si no lo creéis,  mirad mi extracto bancario. Significa vivir en la inestabilidad permanente, a demasiados niveles, a cambio de encontrar algo. Esa búsqueda puede llegar a ser desesperante, porque al final es casi una obsesión.

FÚTBOL EUROPEO

Barcelona-Inter: la prensa y el vulgo han acabado identificando al Barcelona a la altura del Madrid en cuanto a prepotencia. Como siempre, se equivocan. El discurso de entrenador, jugadores, e incluso directiva, siempre ha sido humilde para ser el mejor equipo en décadas. Todo quisqui valora mucho la excelencia que decía Florentino, pero excepto Sámano en El País, nadie demoniza a Mourinho, un tipo que hizo jugar a Eto´o y Milito de laterales, y que renunció al juego y al reglamento. Aún con esas el Barça estuvo muy lento por Xavi, que falla y está gris, preocupante para el Mundial.

Atleti-Liverpool: creo que era el único no británico que iba con los de Mersey. Como siempre, el resultado manda, y ocultará que Quique se equivocó dejando a Jurado en el banquillo, y haciendo tan tarde los cambios. Benítez, por su parte, se queja como cada vez que palma, de la falta de banquillo. Setentaipico fichajes lleva el figura. Menuda jeta.

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Unos cuantos emprendedores han estado en…

Unos cuantos emprendedores han estado en San Francisco hace poco, pagados por la Fundación Banesto, el banco que sobrevivió a Mario Conde y Miguel Indurain. Me quedo con un par de frases. Por un lado, y dado el punto en el que me encuentro, que esto es un doble o nada, y no hay más. Por otro, que para que las cosas salgan bien, “habrá que sacrificar la cañita y el pincho de tortilla”. Que, de vez en cuando, compañeros de viaje te muestren su presencia, sus ganas de apretar, su deseo de pelear, siempre es motivante, alentador, y hace que la sensación de responsabilidad sea más aguda.
Es el kilómetro quince, el primer punto de avituallamiento ya ha pasado, y queda mucho por delante. Habrá que ser fuertes, tendremos que ser conscientes de que, a partir del treinta, la cosa pintará fatal, pero que todo lo compensa la llegada a meta, ya sea como ganador, o por el mero hecho de haber (o, como dicen las reinonas del messenger “a ver”) finalizado la carrera.
Todos tenemos la posibilidad del balón en largo, pero decidimos sacarla desde abajo tocando, abrir a los centrales a las bandas, aunque sea una final prestigiosa. Decidimos tener una personalidad, dejar rastro de nuestro paso por el mundo, pero no sólo se triunfa siendo voluntarioso, será necesario emplear toda la inteligencia, experiencia, creatividad, y el apoyo del equipo como factor potenciador, por minúsculo que parezca.
Vamos a por ello. Y, gracias a las nuevas tecnologías, a ahorrarnos una pasta en psiquiatra.

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Experimento

A mi mujer le gusta ver los Desayunos de la Primera mientras desayuna. Yo soy más de radio, de hecho, igual que hay gente que no se explica que te puedas tomar una coacola antes de las doce de la mañana, yo tampoco entiendo la tele antes del mediodía, pero bueno, la cesión compensa. El caso es que siempre llevan a tres tertulianos infames que tienen más bien poca idea de lo que hablan, un espíritu crítico al nivel del espíritu olímpico que pueda tener Ramón de Pitis, y tratan los temas con tanta profundidad como lo haría una charla-coloquio de Paris Hilton, de los Hilton.

A mi abuela siempre le han gustado los sitios de alto copete, pero manteniendo los pies en el suelo, o lo que es lo mismo, tomarse un café en hoteles de lujo. De los que tienen una zona de selecto club isabelino, piano de cola, lámparas con más lágrimas que un Gran Hermano -se están perdiendo estas comparaciones chiquitodelacalzadianas-,  donde se han alojado princesas, jefes de Estado y estrellas de rock. Acompañándola en una de esas, porque a mí el delux me va más que a un tonto un lápiz, el camarero nos convidó a una rápida consumición con una elegante fórmula: empleando la apostilla “sin tertulia“.

Hoy es el día del libro y, en Madrid miles de librerías abrirán toda la noche. La chavalada que va de moderna y guay, así como los padres que van de enrrollados y culturetas, van a apestar la ciudad con sus gafas de pasta y sus referencias de palo, sólo para colgar las fotos en el féisbuk, y fardar de eminencias el lunes en la oficina. Me gustaría que se hiciera una semana sin tertulias en los medios. Así, como experimento sociológico, a ver si la gente se forma un criterio propio, o sigue siendo gilipollas. Sólo por probar.

PD: La clase de un tipo fiel a su Southampton, Matt Le Tissier:

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Notas de miércoles

- El pesoe lo tiene a huevo con la trama Gürtel, podría despedazar a su rival político. ¿Por qué no lo hace?, ¿No os resulta sospechoso? Cualquiera que haya tenido una mínima proximidad a un partido sabe cómo funcionan y, lo que es peor, cómo se comporta la gente que se acerca al partido, por dentro y, lo que da más grima, por fuera.

-Los consejos de redacción de los principales diarios y programas de tertulias del país, pagan a una actriz para que se ponga un velo cada equis tiempo. Rellenan mogollón de minutos en charletas de barra de bar.

-¿No os hace gracia la campaña de publi de la Iglesia Católica cuando llegan las declaraciones de la Renta? Molaría con famosos en plan Raúl y toda su prole, los Ruíz Mateos: “Los trabajadores de la familia Ruíz Mateos ponen una equis en la casilla de la Iglesia“. Jodío estado aconfesional…

-Anoche Julio Maldonado, Maldini, twitteaba que Messi no estuvo a la altura. La actitud de Ibra fue desesperante, pero el argentino… no sé si es que empatizo demasiado con los futbolistas porque me veo en el terreno de juego, pero tengo la sensación de que ayer no había quién metiera mano al Inter.

-Viendo House y recordando Médico de Familia, me pregunto quién verá series españolas o, lo que es peor, quién preferirá vivir en Burgos**, en vez de en Boston.

**Amigos burgaleses, no se ha seleccionado su localidad por ejemplificar una realidad pobre frente a la del Imperio Americano, se trata de un sorteo ante notario en el que participaban todas las provincias españolas.

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Vivo sin vivir en mí

Me comentaba Fernando que, tras la media maratón, había pasado un par de días reflexivo, probablemente por el exceso de oxígeno en cerebro. Que había estado pensando en la mierda de vida que tiene, en que su curro era una porquería -es comercial, su sueño es ser fotógrafo-, en que había pocas cosas que le gustaran, que se sentía raro… o lo que es lo mismo, había manifestado la crisis existencial de los treinta, de la que ni su F.C. Cartagena le libra.

En los últimos días he conocido a un tipo apodado El Oso, especialista de cine al que debe pasta George Lucas. Fotógrafo de cine porno, lo dejó el trabajo porque un actor se corrió en su cara. Todo cineasta español que se precie le ha matado en una de sus películas, y nos cantaba con unos bongos en un parque de Móstoles. También me han presentado a don Ramón, el alcalde emocional de Alcalá de Henares, un joven octogenario que entra con el mismo aplomo en un prostíbulo, o en el convento de las Clarisas. Ramón nos ha ayudado a realizar un piloto sobre pueblos de la comunidad presentado por una víctima del terrorismo. Sinceramente, cuanto más habito sobre el planeta, menos me entero de nada.

Vengo de la Universidad, una institución que me ha traído de cabeza, de ver cómo aprueban un trabajo creativo, sin pedirme título ni nada que se le parezca. Hemos estado en un importante despacho, viendo vídeos de Raphael, Franco y el Príncipe Gitano. Quien diga que mi trabajo no se ha convertido en una jaula de grillos, que levante la mano. El Madrid está a un punto del mejor equipo de la historia, mi socio se va a meter a cocinero, y he pasado el finde en un cumpleaños de dos niñas de tres y seis años. Fernando hijo, igual lo tuyo no es tan raro.

PD: La foto de arriba. Tras dos años y medio reaparecí en un partidillo. Dos goles en propia puerta: The Ujfalusi Theraphy.

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Insignia de oro y brillantes del Club

A poco que os dejéis caer por estas letras, habréis notado la participación habitual en los comentarios de una serie de personas. A algunas las conozco y a otras no. Con unos he trabajado, tomado cafés, peleado, con otros no. He creído que hoy podría ser un buen día para publicar un pequeño y emotivo acto de homenaje que, a la vez sirva como una especie de intento por explicarme las razones por las que éstas personas queman su retina cada día ante esta hache, té, té, pé, dos puntos, barra, barra.

Sergio es periodista de Guadalajara. Le conocí allí, entre ruedas de prensa, convocatorias, y partidos de fútbol. Nunca nos cruzamos una palabra. Recuerdo el verano que empezó de becario y, si mi memoria no me juega las malas pasadas que dice Punset, lo estoy viendo con barba y una camiseta verde del Pet Sounds de los Beach Boys. Veréis, yo tenía ciertos problemas para empatizar con los becarios de otros medios por diversos motivos. El primero que soy antisocial, el segundo que cuando los de mi edad entraban, yo ya llevaba tres o cuatro años en la radio, y el tercero, que yo era un auténtico gilipollas de mierda que me creía la leche. Con el paso de los blogs, las redes sociales, y los años, me he dado cuenta de que no trabar amistad con él y con nuestro compañero Edu, cuando vivía en Guadalajara, fue uno de mis grandes errores.

A Kataplaxma sí le conozco. Hemos dormido juntos, pero no revueltos, en una emisora. Hemos presentado galas juntos, hemos retransmitido de todo, incluso tengo escrito un cortometraje para él y para mí que, si algún día me deja de dar pereza, le mandaré. Es genial y por eso está loco en su versión de cartero, entrevistador, actor, batería de jazz, o en la que le salga de las pelotas, porque es uno de esos niños encerrado en cuerpo de menos niño.

La red aporta gente con la que estableces un vínculo en el que el espacio y el tiempo son tan secundarios que ni están, ni se les espera. Yeraldine es un ejemplo de tía a la que no conozco de nada, pero nos conocemos de bastante, porque llevamos un par de años siguiéndonos la pista. No sé qué cojones le divierte de mi blog, ni a mí del suyo, pero es como cuando eres pequeño y, al pasar por una zapatería, siempre miras un adorno, entre los zapatos, sin saber el por qué, y cuando te haces mayor, y recuerdas la ciudad, te aparece ese adorno. Lo mismo me sucede con Supersalvajuan. No sé quién encontró el blog primero, pero ese aire suyo de cabrón listillo, esa historia de un profe desgarrador y fan del baloncesto, que no entraba ni en el más benévolo de los pensamientos de época de pupitre, me encanta.

El blog me ha permitido tener proyectos de ilusionante futuro con un Alien, sentir la presencia y apoyo de Duce, desde la trinchera de los emprendedores con ganas, ideas, una mano delante y otra detrás, observar las peripecias de Óscar, Churchill y compañía desde el Abismo, que Milodón abandone el madroño y se acerque Disimulando, hacer un agujero hasta Australia para fisgar a Samael, seguir cada día la pelea por salir adelante de Helena, mi distinguido Miguel Felipe, Loli, Silvia, Mario, y un huevo de gente, que protagonizan el National Geographic social de nuestra historia.

Alzo mi sapphire en vuestro honor

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Píxels

No se me ocurre nada mejor para hoy. Sólo que al hilo del vídeo, Juan Grados prepara un homenaje a Nintendo para el corto Cada tema con su loco, que ya va siendo año de que se acabe -ríete de Apocalipsis Now-, y que algún día me gustaría poder hacer algo así:

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No he muerto

El domingo todo estaba listo para la media maratón de Madrid menos mi inscripción. Preparo una prueba así con tres semanas de antelación -se recomiendan tres meses-, lo que es un suicidio, no sólo por el castigo al cuerpo -el objetivo tampoco era ser Bolt, con acabar y hacer menos de 5 minutos el kilómetro, nos dábamos con un canto en los dientes mi vecino y yo-, sino  porque con ese margen tan pequeño, no te puedes permitir ni un error y, hace diez días noté un pinchazo que me hizo pensármelo tanto que se me pasó el plazo para la inscripción. En resumen, me preparé, el cuerpo respondió, pero el domingo sólo mi vecino pudo cruzar la meta y llevarse su racimo de plátanos. En resumen (toma dos) que diréis que qué cojones os importa todo esto. Teneis dos opciones: o seguís leyendo, u os vais a tomar por culo de una puta vez. Pero como para lo segundo, lo que mola es que nos lo digamos a la cara, y nos enzarcemos con puñetazos, y tal, seguid leyendo…

Cual no será mi sorpresa -siempre adoré a los abuelillos que introducen esta expresión, logrando así un barniz de cuento a sus historias, aunque sea que les han dado mal las vueltas en el Mercadona- cuando éste mediodía el informativo me sorprende con la noticia: un chaval de 31 años (única salvedad), natural de Barakaldo, muere en la prueba, de muerte súbita. Morir de muerte súbita debe ser como amar de amor loco, que decía Ladoire.

Algunos médicos chungos, hablan de lo que supone el entrenamiento de resistencia para este tipo de pruebas: “como están acostumbrados al dolor, no saben cuál puede ser preocupante para su salud“. Dos reflexiones. La primera, lo ocioso que está el colectivo médico. Con una entrevista de éste tipo empezó la lista de espera. La segunda, ¿Qué coño de saludable puede ser una agresión al cuerpo como la que supone preparar una prueba de fondo o medio fondo?, ¿Tienen los deportistas de élite, pinta de saludables?

Leo en una revista, en casa de mi vecino, que existe la ultra maratón: 100 kilómetros. Hay que tenerle mucho asco a la humanidad, para tirarte corriendo 100 kilómetros.

PD: Sí, me paga Mercadona, sus plátanos son buenísimos.

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Autofelación vanguardista

Vengo de ver a los impresionistas de la Fundación Mapfre. Se han traído un buen puñado de lienzos desde Francia, ni más ni menos. Decían el otro día Faemino y Cansado, que Manet, Monet, Mimí, Totó, Cucú, Memé, y el resto de representantes impresionistas, eran pintores vagos, a los que con cuatro brochazos, pues ya más o menos tú te haces una idea. Gente sin gusto por el detalle, chapuceros, jetas, aprovechaos.

He de reconocer que revolucionar los ojos con los que se contempla el mundo, tiene casi tanto mérito como meterle cuatro goles al Ársenal en cuartos de Champions. Tampoco escapa a nadie que minimizar el número de brochazos, hace que configurar dibujos con precisión convierta cada trazo en un elegante homenaje al mérito.

Pero también son ciertas un puñado de cosas. La primera que las naturalezas y los bodegones, son una mezcla de ejercício de estilo y egocentrismo, que me la pelan bastante. La segunda, que las exposiciones, casi siempre, tienen demasiadas obras. Acabas harto, desconcentrado, pasas de puntillas por tramos, en un ejemplo del “que no falte de ná“, no vaya a ser que los visitantes consideren que la entrada les dé derecho “ver más cosas“. Cantidad, a tutti plen.

La tercera cosa cierta, se observa en los cuadros más privados. El que ilustra el post, por ejemplo, es una obra de Henri Fantin-Latour titulado Taller en Batignolles, donde vemos una escena particular en la que Manet estaba pintando un cuadro -digo estaba por la obsesión que tenían estos tipos por la fotografía, de hecho están en el taller de un fotógrafo- y le miran sus colegas guays de la vanguardia. Entre ellos podemos ver, empezando por la izquierda, el tercero de pie, al escritor Emile Zola, o al pintor Monet, que está de esquinillas el último, a la derecha, difuminado en plan “caras de Bélmez“, probablemente porque le debiera pasta al autor.

El rollo es que, en cada época hay tipos que destacan, que buscan nuevos caminos, y muchos pufos alrededor. Todos constituyen una camarilla que se comen la polla entre ellos en plan “joer, cómo somos de modernos“, círculo indestructible, imagino que con la intención de que quien lo pete, arrastre al resto a la historia de las vanguardias. Y ahí los tienes, fumando petas en zulos de Montmatre y contemplados por estudiantes, jubiletas, un servidor y señora. Olé por las rémoras de los talentosos. 

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Cien pasos

Puedes entrar a la ciudad por donde quieras. A lo largo de mi vida he atravesado el umbral de muchas formas. El niño que no había visto un McDonalds en su puta vida, y al que le flipaba que le dieran comida en cajas de cartón, y que hubiera parques de juegos en mitad de un restaurante, entraba por la carretera de La Coruña, y salía andando de las tripas de la ciudad, aunque le decían que habían aparcado. Ese niño, ojiplático, gozaba en uno de los primeros restaurantes destrozaculturas, haciendo esquina con Montera.

El estudiante aplicado de primero de carrera, metía la llave en Atocha y se enfilaba raudo en el metro hasta la facultad. Con el paso de los años la aplicación cayó a la velocidad del desencanto, y descubrió la ciudad/libertad a través de la Gran Vía. La primera impresión de la Gran Vía, es la primera impresión de Madrid. Es su himno y su susurro, su escaparate y su trastienda.

Siempre tuve la teoría de que por la Gran Vía sólo circulan famosos o personas susceptibles de serlo. Microfaldas, gafas fashion, cachas, pierniluengas, visitantes de países exóticos, y todo tipo de personajes extraños que ayer, hoy, o mañana, pueden aparecer en un telefilme, o en un disco de baile, de esos de rubias neumáticas y chunda-chunda, que ilustran a tuneros y reinas de los pubs. Circulan futuros millonarios, que salen de Doña Manolita, y dejaron de circular espectadores, que ahora pasean por un cementerio de salas de cine, profanados por el sudor, la brillantina, y la miseria escenográfica de los musicales patrocinados por compañías de teléfonos, o helados.

Te puedes cruzar con gente que acaba de ser entrevistada en M-80 radio, o con un señor trajeado que ha tomado una sesuda decisión en Telefónica, o con un representante de travestis, que viene de cerrar actuaciones en el GulaGula, o a un tipo que nunca pensó que lo haría, pero que viene de la calle Luna de alquilar un ratito de amor dominicano. Durante muchos años, de madrugada, te podías cruzar con Iñaki Gabilondo, que se juntaba con los que enlazaban ruta entre la Sala Sol, y cualquier after.

La Gran Vía es a Madrid lo que El Quijote a la cultura española: fundamental, representativa, vibrante e intensa, pero con unas ganas más bien escasas, por parte de todos, de hacer el más mínimo caso o reflexión, más allá de los fastos de un aniversario.

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