Nico, la película



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Carta a un Gurú

Querido Gurú:

Después de unos años siguiendo tu pista allá por donde la has dejado -y cultivado y promocionado- he llegado a la necesidad de escribirte estas líneas. Digo que lo necesito porque creo que en el conglomerado de cosas que me has inculcado, uno de los mandamientos es escuchar, y me parece que es hora de que abras bien las orejas.

He leído tus cinco consejos para mejorar en SEO, los cinco puntos clave para crecer profesionalmente, los cinco hitos para triunfar en el marketing, además de los cinco pasos para petarlo en redes sociales, mejorar la conversión y el retorno de los clientes, generar buena reputación online, ser mejor persona, cagar más duro y hacer macramé. Desgraciadamente, y aunque te parezca imposible, creo que no me han servido para nada.

De hecho estoy empezando a pensar dos cosas. La primera, que muchos de esos consejos baratos de libro de autoyuda y de Guinnes del perogrullo, no son más que post patrocinados por la startup a la que beneficias en cada caso (Facebook, Foursquare, Flickr, Citydeal, Groupon…) La segunda, que lo haces por aquello de posicionarte como un gurú de los negocios, las relaciones públicas, diseño, capital riesgo, recursos humanos, o lo que te haya dado la gana.

Con más bien poca ciencia, has logrado autoconsiderarte una referencia en tu campo, aupado por el ruido de las redes sociales, en especial Twitter, el lugar donde compartir felaciones y jabón en 140 caracteres. Has logrado un estatus y una legitimidad basada en lo mismo que criticas: números. El número de followers, visitas, amigos, “me gustas” es el que sirve como instrumento de medición de tu influencia.

Te he seguido en los últimos tiempos y he visto cómo has apostado por empresas o tecnologías que se han ido a pique, y cómo te has dado de bruces con los beneficios de otras a las que ignorabas. Siempre has defendido que las jerarquías deberían cambiar -para ese cambio tú tendrías palco de honor, claro está-, y ahora te consideras parte necesaria en el proceso de legislación sobre la propiedad intelectual.

Te llaman, vas, hablas -como representante de la red-, pactas, y ayudas a legislar. Como si no hubieras entendido nada de la propaganda con la que has contaminado los timelines de  miles de internautas. Vas a firmar y rubricar, que no se debe firmar y rubricar, como si no supieras que hagas lo que hagas, y digas lo que digas, el mundo digital va a seguir su curso como lo siguió tras Napster, y tras la manifestación en la que Luis Eduardo Aute y Ana Belén hicieron temblar los despachos de Palo Alto.

Mientras sigo enfangado en el día a día de la formación de una industria, querido Gurú, permaneceré muy atento a tus movimientos en el social media, a las fotos de tus fiestas, a tus whiskis&meretrices&tweets, a tus megaconferencias sobre fondo de power points, y todas esas actividades que tanto aprietan tu agenda, y en las que eludes hablar sobre financiación, subvenciones y otras cuestiones secundarias.

Su Perfecto Caballero Británico

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Collage no

(*Este post pertenece a la selección propia “Los mejores post del viejo blog“, en la que recopilo aquellos artículos del blog anterior a los que, por una u otra razón, me apetece rescatar. “Collage no” fue publicado el 9 de junio de 2009?)

Si sales de mi portal, a mano izquierda, encuentras la calle Primavera. Si te deslizas pavimento abajo chocas con la calle de la Fe. Mientras ruedas como una pelota pensando en que vivo en la ciudad de las figuras retóricas, donde cada distrito postal tiene un significado metafísico, alzas la vista y en el segundo puedes ver asomada a una mujer.

En la trayectoria descrita te has cruzado con otra señora con la cabeza redonda, que es una cabeza de cuatro silencios. Completamente redonda, perfecta. ¿Es un cráneo deforme o es que el resto son aproximaciones a esa figura? Es posible que si salieras con una mujer de cabeza redonda, perfecta, pudieras estar geométricamente orgulloso, aunque en las fiestas te miraran mal. Tiene cuatro pelos, uno, dos, tres y cuatro, pero muy grandes, tan grandes que le cubren la cabeza perfectamente redonda y parece que tiene muchos más, pero son cuatro porque los has contado al bajar.

La señora asomada a la ventana del segundo puede vivir en el tercero y le daría igual porque está completamente loca, ida, grillada. Todas las tardes se asoma a la calle con un chupete en la boca. Llama la atención porque no hay muchas señoras de sesenta años que puedan vivir en un tercero y asomarse a la ventana de un segundo con un chupete en la boca. Supones que los chupetes son para los bebés, pero como el chupete se la tapa no sabes si su boca será también la de un bebé. Todavía queda gente de ese tipo encerrada en sus casas, porque nunca has visto a la señora que se asoma al segundo y que podría vivir en el tercero y tener la boca de un bebé, en la calle. Nunca.

Pasas rápido por la plaza de Lavapiés sin reparar en nada ni en nadie, y giras hasta dar con Argumosa donde lamodernez pasa el scaner de sus soledades por las letras de tu ropa. Si no lleva letras es mejor, y si llevas algo en contra de llevar letras es mejor todavía. Te roza con el hombro un indigente sujetándose los pantalones, con un estilismo muy de David Delfín, pero sin lavar, auténtico, que fue portero del Real Madrid en la década de los cincuenta, pero que cayó en desgracia al encajar un gol que fue muy famoso en su época y que ahora ya no, pero que, en su momento, le condenó al ostracismo. Su mujer le echó de casa. La perspectiva del tiempo te demuestra que nada es para tanto.

Has tomado drogas y no debiste hacerlo, así que a la altura del Reina Sofía, te da la sensación de que el edificio viejo y la ampliación copulan en piedra y metal, empiezas a tambalearte. Oyes gente pero no la ves, hacen comentarios muy típicos, de poner las piernas así, o asao, pero te gustaría no tener piernas. Tienes como arena en los párpados y sólo ves a esa gente de papel que te advirtió que la vida en cartulina sólo puede acabar en un corcho de primaria, así que el recorte de una foto de Zapatero en el País Semanal te dice que si has empleado bien los famosos cuatrocientos euros y tú le contestas. Que sí.

Suena Crepúcolo Sul Mare y el sol se come tu barrio.

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Coa cola

(*Este post pertenece a la selección propia “Los mejores post del viejo blog“, en la que recopilo aquellos artículos del blog anterior a los que, por una u otra razón, me apetece rescatar. “Coacola” fue publicado el 7 de abril de 2009?)

Es posible que haya llegado el momento en el que Penélope deje de esperar en la estación del AVE. Pero esas cosas nunca se saben. Es posible que ya haya llorado suficiente piel. Pero esas cosas nunca se saben. Es posible que haya pasado el tiempo de estar entre flores muertas, y navegar en el mar de losteechosdemenos sinceros. Pero esas cosas sólo las sabe Lichis.

A un cínico nunca le queda París, pero escuchar el avión al ralentí siempre le remueve un poco -no será cínico del todo, dirán- y eso gusta. Tener el mejor ataque y la peor defensa, garantiza vivir al borde del infarto, pero también dar espectáculo. Y soy de los que creen que a ésta liga se viene a dar espetáculo, al run and gun, a que los socios y aficionados recuerden siempre tu paso por el equipo como una época de emoción, inseguridad, una montaña rusa.

Quien vió en un diván una tumba, ahora ve un trampolín. Y ante el espejo, la misma cara de perdedor, del looser al que Lennon revistió de glam, la misma nariz que no sabe si respirar o adormecerse, la misma boca que no sabe si besar o ser besada, y el brillo en unos ojos, que se cansaron de verme vomitar nieve de domingo por la mañana. Es posible que la historia de mi vida, sea la de la huida del “complejo de hombre de hojalata“, es posible que al caballo ganador se le pierda el adjetivo en la carrera. Pero me apetece correr. Correr, así sin reflexivo.

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Teoría del pase

spcbpapa

(*Este post pertenece a la selección propia “Los mejores post del viejo blog“, en la que recopilo aquellos artículos del blog anterior a los que, por una u otra razón, me apetece rescatar. “Teoría del pase” fue publicado el 26 de abril de 2009?)

spcbpapaPorque me metiste el jodido gusanillo. Porque me sentabas a ver a Maradona por tus santos cojones. Aunque no me gustara ver a esos señores pululando en la hierba. Lo tenía que ver porque sí, como una especie de legado, como tu principal aportación a mi crecimiento. Como el calcio y el hierro. Y las vitaminas B7, B3 y otras. Porque me llevaste al Molinón a aprender a sufrir y a querer a los que siempre les sale cruz. Porque me enseñaste que al Oviedo no hay que odiarlo, pero sí mirar con recelo a las camisetas vetustas. Me hablaste de respeto, de dignidad, de inteligencia, de elegancia, de atrevimiento, de pelea, de lealtad, sobre una mesa verde de 105 por 65 metros.

Porque me abroncabas cuando, en Campeones decían frases como “hay que ganar a cualquier precio“, porque me mirabas sin avisar, y desde la distancia, cuando jugaba en infantiles, porque no perdías un Carrusel de los que presentaba, poniéndote al día de la segunda B en dos semanas. Porque buscas en los periódicos el resultado del Habbeke Walda, con el mismo ahínco que el del Inter de Milan, y también porque me enseñaste el gusto por el descaro, los dos extremos, las delicatessen. Porque me cediste el filtro para trascender la habladuría, los titulares, los gritos romos, brutos, para amar un espíritu romántico y absurdo. No todos los padres son capaces de enseñar a amar algo. Casi ninguno.

La comunicación esférica, la metáfora con olor a reflex, las ideas a ritmo del compás de los tacos sobre el terrazo… todo ese libro que me has pasado, y que yo tengo la obligación de limar, ampliar, y transmitir, lo tenía guardado en un baúl, junto con un papel que ponía “devolver algo algún día”. Anoche tiré el papel. Lo de menos fue el resultado.

Gracias, papá.

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Go on

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(*Este post pertenece a la selección propia “Los mejores post del viejo blog“, en la que recopilo aquellos artículos del blog anterior a los que, por una u otra razón, me apetece rescatar. “Go on” fue publicado el 24 de marzo de 2009?)

Cada vez que caía una bomba atómica, a mi mente siempre venía la misma idea: de veintemil que van a palmar, seis o siete personas merecen la pena. Desde entonces, el porcentaje no ha variado en exceso y, a poco observadores de su entorno que sean, me darán la razón. Sólo en determinados momentos puntuales llegamos a creer que el ser humano, en su mayor parte, es maravilloso. Pero éstos momentos se reservan a estados previos al coma etílico, o cualquier otro raro efecto, que también provoca que experimentemos alucinaciones, como la confianza en nosotros mismos, o el amor hacia nuestras mujeres o maridos.

club2Pero el mundo se empeña en darme la razón. Si me han echado de menos éstos días, sepan que el resto del globo también, porque estuve desaparecido  de la mirada pública, gracias a un trabajo ratonero. Ni blog, oigan. ¡Y para menudo atajo de hijosdeputa! Mira que me jode la ignorancia. Me jode en general, porque los ignorantes emponzoñan el mundo y traban todas sus redes sociales. Pero si afecta a mi persona… es que mato. Llevo trabajando para imbéciles hijosdeputa desde mi alta en laSeguridad Social, hasta nuestros días (en forma de clientes). Y me temo que moriré por ello, y si no al tiempo.

Es injusto, la democracia me come los cojones a dos manos. Mi voto no vale lo mismo que el de Bigote Arrocet. Ni el de Poli Díaz, ni el del señor del Youtube que dice que es secreta/profesor de chino mandarín/embarazado de gemelos/transexual. Es injusto, no vale. ¡Meritocracia ya! El gobierno de los mejores. Pero en toda relación de poder productivo también, por favor. Estoy harto de obedecer a catetos borrachos, que son los mismos que, en mi clase, se reían del que sabía la lección. No, no era yo, pero me jodía.

Imbéciles, absolutos burros, enanos mentales. Son los que no han abierto un conjunto de papeles encuadernados, desde La Regenta en el Bachillerato, los que compran los discos que ponen en las columnas del Carrefour (Riky Martin, y los BOOM, y Revólver, y… joder toda esa mierda que sale luego en las listas) , le ponen la pegatina del toro al culo del coche,  pasean por su barrio el domingo en chándal, con la mujer de una mano, y el Carrusel en los auriculares. Esa gente asquerosa con la que no se puede hablar de nada que no sea el puto tiempo, la puta crisis o el puto tema de moda (el aborto, la pena de muerte, los malos tratos, el atropello de FarruquitoETA, los pederastas, la violencia en el fútbol, la sequía, el alza de los precios, la juventud…) que, casi siempre se soluciona con la cadena perpetua, y el exabrupto asdjfhjagtomarporculo!

Ésos son los que mandan. O bien jefes, o bien clientes. Esos mendrugos, que no saben si el Greco es un extremo del Betis, o el novio de Chenoa. Pero les da igual, porque “es que para los nombres son muy malos“. Han contratado a un experto en desarrollo de software, para les mande los correos electrónicos. Así son ellos, dirigiendo y mandando a la generación con mayor nivel de conocimiento -que no de criterio- de la Historia.

¿Y nosotros qué? Nos dijeron que si nos esforzábamos saldríamos adelante, que el mundo premia el esfuerzo, la preparación. Que el talento se ve recompensado, que podemos empezar en un sótano y llegar a ser los nuevos popes. Una puta mierda. Y nos damos cuenta en cuarto de carrera. Anestesiados ya. Pero tenemos una misión. Nosotros estamos dentro, la jodimos, les creímos. Pero podemos advertir a la nueva generación: amigos, todo es mentira. Pensad otra cosa. Liadla parda.

Y esto es una cagada con respecto a lo que tengo dentro. Los sutantivos y los adjetivos hacen lo que les sale de los cojones. No hay quien saque un artículo bueno con éste tema. Es como si nos acercáramos al centro de la Tierra, y se desmagnetizara la sintaxis. Mierda de palabras, mierda de cárcel.

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Hasta la vista Iñaki

Supongo que cuando has sido director de una emisora desde los 27 años, director de informativos de TVE durante la noche del 23 de febrero de 1981, has catapultado a una cadena de radio hasta el más absoluto liderazgo, y has puesto en órbita la legitimidad de los servicios informativos de un nuevo canal televisivo, tiene que ser cuanto menos inquietante que te avisen de que te apagan el micro diez días antes de que ocurra.

Cuando mi profesión me lo ha exigido, he puesto en juego las lecciones que enseñó durante veinte años en el Hoy por Hoy. Su frialdad para el análisis, su pausa para dejar a un lado las primeras intuiciones, sin por ello caer en el elitismo a la hora de contar las cosas. La necesidad de que el entrevistado que se escurra entre las preguntas quede retratado. Y sus preguntas. Secas, certeras, directas y empleando las palabras exactas, o corrigiendo sobre la marcha.

Su estilo quedó demostrado durante la época aznarista, presidente que negó entrevistas a su emisora, pero que le llamó tras los atentados del 11M para indicarle que había sido ETA. Fue el único que le dijo no. El País publicó los rumores, pero el clamor de un país volvió a estar pegado al transistor porque, al parecer, las cosas tampoco eran como se estaban contando en la tele. Años más tarde, los jueces demostraron que el trabajo del equipo de Iñaki no fue en balde.

Aún así con el paso de los años llegó a reconocer, en una colección de editoriales, que el presidente que le había negado la palabra y que le había asfixiado todo lo posible, tenía razón con el asunto de las negociaciones y los terroristas, y que él no. Ahí radica la naturaleza extraordinaria del personaje, y lo que lo convierte en un relator único: es capaz de abstraerse a las diatribas de su tiempo, para trascender, para dejar de un lado el cultivo al ego, la necesidad de premio, del disfrute de seducir y ser seducido, por la pasión de contar cosas.

Todos los que decimos que sentimos las necesidad de contar cosas, tenemos anhelos colaterales que dinamitan nuestro servicio a la comunidad. Porque en el testamento que leyó anoche Iñaki, la vinculación entre el periodista y la sociedad para la que cuenta las cosas es fundamental. Tanto como la importancia de la muerte de CNN+ para una democracia. Aún así, al filo de la media noche, se desanudó la garganta para, como siempre, golpear sin rodeos en la boca del estómago de la noticia: “Cerramos por situaciones muy difíciles, como la que pasan muchas empresas y, también la nuestra“.

Iñaki recordó la importancia de ese medio, mientras Gran Hermano, un buen puñado de canales más allá, seguiría manteniendo grandes niveles de audiencia “CCN+ ha acreditado un señorío, una elegancia que debería ser muy estudiada por quienes quieren hacer del periodismo un oficio útil para la sociedad“, vacunaba frente al utilitarismo de todos esos periodistas que justifican actuaciones atroces por su realismo frente al poder, o en otro nivel, por su mileurismo.

Atinó Gabilondo cuando dijo la frase de la noche: “Esta casa ha dado muchos ejemplos a un periodismo que trata de saber por dónde anda el rumbo“. Y es que nunca le ha preocupado reconocer que no sabe por dónde andan los rumbos y que, puede que ni la dirección sea importante, porque lo vital es estar siempre dispuesto a permanecer en la búsqueda de ese faro.

Veremos los años que pasan hasta que podamos disfrutar de la honestidad crítica de un profesional, que cuando firmaba con su clásico “informa la SER” hacía temblar casas y palacios. Veremos en qué cojones se nos va quedando el panorama informativo, y cuáles pueden ser las oquedades en las que se alojen las buenas prácticas en el periodismo, frente al atropello de los diarios gratuitos, Matías, Piqueras, y todo ese circo tan divertido, que hace que nos pudramos con una sonrisa de oreja a oreja, tan estúpida como los contenidos con los que nos distraen.

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Puertas tapiadas

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(*Este post pertenece a la selección propia “Los mejores post del viejo blog“, en la que recopilo aquellos artículos del blog anterior a los que, por una u otra razón, me apetece rescatar. “Puertas tapiadas” fue publicado el 22 de septiembre de 2009?)

El sábado por la mañana me hice a mí mismo un recorrido turístico por los lugares de Guadalajara que, para bien o para mal, me han convertido en lo que soy. Lo que sea que soy, que seguro que es algo. Estuve en el cole en el que pasé diez años, apostado frente a las rejas por donde hace mucho ví atravesar a un microscópico y revoltoso gitano, aprendiz de Copperfield, y torcí por la calle de los putis, que bajábamos corriendo tras llamar a la puerta. Me dí de bruces con el callejón donde se pegaron ÁngelSergio, los representantes testosterónicos del A y el B. Se hicieron sangre y todo.

El campo en el que jugamos el primer partido de la historia de mi equipo es ahora un hermoso y deshabitado bloque de viviendas, cuajado de carteles de “se vende“. Tiene tantos que parece que alguien tendrá que ir a recolectarlos, o se caerá el edificio. Antes era un solar, picado por algunas matas rebeldes, limitado por dos porterías, y adornado por un buen número de boñigas de oveja. Esperaba que construyeran un parque, un polideportivo o algo así, pero mira. Me salta el pilotito de “metáfora”, pero piso el turbo porque sé que se desactiva. Mirar hacia otro lado es una de mis especialidades.

El parque donde dí el primer beso -podría ir al espacio público donde follé por primera vez, pero me parecía algo ruín y miserable incluírlo en tan glorioso tour, así que se cayó del programa- está como estaba. Arizónicas aferradas a la tierra, marcando la disposición rara de los senderos, como para que cientos de parejas se den el primer beso sin que ninguna moleste a la otra. Cuando digo que dí el primer beso, es que lo dí, ella recibió ese noble arte que tanto había ensayado con la almohada. Recuerdo que me empalmé, y eso sí que no lo esperaba, así que me separé un poquito  de la chica, para no parecer un vicioso.

Las puertas de las dos radios me traen escalofríos de madrugones, navajazos, y toneladas de café. El trayecto entre ellas cuenta la historia de una estrella que brilla en degradé, pero que puede pasear con la cabeza alta, y eso no se compra con prestigio -”más vale ser estrella en provincias que uno más en la capital“, me dijo un amigo-, pero nadie ha dicho que no se compre con dinero. Esperaba que, a mi edad, sería ya el nuevo Buenafuente, y mira. Todavía no podría ir a una de esas fiestas de aniversario de promoción, porque me verían como un fracasado. Estoy esperando salir en portada del EP3 para no tener que dar explicaciones.

n53232036999_4798El garito en el que pinchaba está cerrado. A cal y canto es poco: han tapiado la puerta. Miré el pequeño escalón, que predecía el gran póster que anunciaba quedjRob Gordon pinchaba aquella noche una de sus sesiones “vendí la silla de ruedas de mamá”, donde el soul y el pop marcaron el tiempo de las últimas noches largas alcarreñas, antes de que los políticos decidieran que, a las tres de la mañana, o eres tunero, o te vas a tu casa. Esperaba que lo cogiera otro dueño, y que pusiera Rafaella Carrá, y Madonna, y esas mierdas para oficinistas que se disfrazan de divertidos los sábados, pero mira.

Mañana cumplo veintiocho años, y pensaba que con veintiocho no sería viejo, pero mira.

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Hitler. El que más bebe y menos mea

(*Este post pertenece a la selección propia “Los mejores post del viejo blog“, en la que recopilo aquellos artículos del blog anterior a los que, por una u otra razón, me apetece rescatar. “Hitler. El que más bebe y menos mea” fue publicado el 24 de septiembre de 2009?)

“El gobierno del espectáculo, que ostenta actualmente todos los medios desde falsificar el conjunto tanto de la producción como de la percepción, es dueño absoluto de los recuerdos, así como es dueño incontrolado de los proyectos que forman el porvenir más lejano. Reina solo en todas partes: ejecuta sus juicios sumarios.”

Guy Debord, Comentarios sobre la sociedad del espectáculo (Gracias Moro)

Günter Grass contó en Im Krebsgang, cómo los rusos (los buenos) hundieron con un par de torpedos un barco con nuevemil niños y refugiados alemanes (los malos) en 1945. Le llamaron nazi, con un Nóbel bajo el brazo. No es muy conocido, que en USA (los superbuenos) también hubo campos de concentración, donde recluyeron, torturaron, y aniquilaron, a miles de personas, o que algunas islas del Pafífico están repletas de cuevas donde quemaban vivos a los japoneses (los malos. Sobretodo los de HiroshimaNagasaki, que debían ser horribles personas). Una guerra es una guerra, y punto.

Es sabido que los ganadores escriben la Historia y, lo que es peor, deforman el lenguaje adaptándolo a las necesidades de cada momento, como si se tratara de vulgares feriantes. Es decir que para nosotros, lo que los alemanes hicieron con los judíos fue un genocidio, pero lo que USA hizo con los japoneses fueron, o bien acciones de guerra (lanzar dos bombas atómicas, arrasar Tokio…), o bien acciones a prisioneros de guerra.

De este modo, la Historia se cuenta del siguiente modo: Hitler fue un loco asesino que ganó las elecciones, y luego con unos señores raros, asesinos y malos, quiso aniquilar a un pueblo (errante, al que habrá que darles un terruño, en un momento dado), que se imponía al pueblo alemán para lanzarle a la locura de la guerra, sólo por salir al mar. Afortunadamente (musiquita) los americanos vinieron a ayudar a los inocentes franceses (lo de Alsacia fue unquítame allá esas pajas), y al honorable y resistente Reino Unido.

El sistema nazi era, primordialmente un sistema tiránico por parte de lo económico (el capital, pero lo omito por no parecer un desfasao pegacarteles), que busca exactamente lo mismo que el neoliberalismo, con unos métodos bien parecidos (el beneficio prima, la guerra como fuente de reactivación económica, las minorías como enemigos, racismo marcado por diferencias económicas -esto es, color de piel-, violencia, superioridad de la raza dominante…) y, aunque se diferencian porque el neoliberalismo respeta las libertades individuales, la realidad tiende a igualar ambos modelos: con los gobiernos neoliberales, desde Thatcher hasta Bush, pasando por Nike, Microsoft o Shell, se ha percutido en dos direcciones: la invisibilidad y el engaño.

Por invisibilidad me refiero a que la libertad se resume en BurguerMcDonnaldsEl País, o El Mundo, en qué hacer con el sueldo, en decisiones nada molestas para el sistema, inocuas, vulgares, secundarias, con cuya toma, reforzamos al propio sistema, en tanto que lo aceptamos. Cualquier decisión que pueda plantearse un cambio de las cosas, cae en un reducto de lo cómico o esperpéntico, apaleado por los medios, políticos, y demás bienpensantes. La alternativa es invisible. El ejemplo más claro es que cuando han caído bancos, aseguradoras, y el sistema económico se ha venido a pique, la capacidad para generar alternativas es tan débil, está tan desactivada, que no ha existido alternativa alguna. La gran solución ha sido: (redoble) esperar a que todo pase.

Por engaño me refiero a que no se puede ser liberal de cintura para arriba, y no serlo de cintura para abajo. La doctrina económica liberal es difícilmente creíble si se acompaña de un pensamiento moral reaccionario y trasnochado. La libertad y la igualdad son faros a los que nunca llega ningún barco. Todos sabemos que al despertar del sueño americano, los negros tienen sus barrios, los inmigrantes los suyos, los blancos otros, y los superblancos sus privadísimos barrios. Hasta en España sucede. Cuando hablan del nazismo, nos enseñan lo importante que fue la publicidad, en control de las mentes y anhelos de los ciudadanos… omito comparación, por obvia. Desde que el mundo neoliberal campa a sus anchas, y se acabó la Historia (como dijo el hijoputa de Fukuyama), vemos torturas en campos de concentración, nos quitan el champú en los aeropuertos, aguantamos las historias de la hija de Belén Esteban, o llevamos un móvil con GPS que localiza en qué water cagamos a cada instante y, aquí viene la lección magistral amigos, no sólo lo hemos elegido nosotros, sino que nos sentimos afortunados por ello.

Es por todas estas cosas, y por otras muchas más, por las que la figura del fürer me hace mucha gracia. Lo juro, me da risa, me parece tan cómico como el traje de ejecutivo de Leo Bassi. Así me me voy a encerrar este finde, y a darle forma al cortometraje sobre Hitler, homenajeando a El Guateque. Será un descojono.

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