Notas de jueves a viernes

-El Banco Mundial avisa de que va a freír a los países más pobres con el alza del precio de los alimentos básicos. Y hay para todos. El pez grande siempre putea al pez chico, hasta que no hay peces más chicos. Es normal que los peces chicos quieran vernos arder. Igual si lo fuera yo también.

-El derbi en el Bernabéu es como una especie de tragedia griega condenada a repetirse. El Madrid a medio gas gana, el Atlético juega fatal. En el Camp Nou meten cinco. Lo dicho, esta peli ya la hemos visto, o se da una patada en la mesa de la Liga, o esto puede ser un coñazo sideral.

Myspace está de saldo. Voy a ver si tengo ahorros y lo compro, aunque sea por el recuerdo de ser la primera red social que me flipó. Para algunos es el principio del fin de la burbuja social, para otros, más quisquillosos, detalles como que no te permitiera localizar a tus amigos a través del correo, o no aparecer con tu nombre real, han lastrado al proyecto. Esto tiene más lógica, pero no son tiempos de algo que vaya más allá del mero titular.

-Café con el hermano de un campeón del mundo. El noventa por ciento de lo que pone en los periódicos deportivos es mentira, me comenta. Lo malo es que es falso y malo, así que puesto a leer mentiras, entremos en una biblioteca pública y abramos a Dostoiewski, que no nos vamos a desintegrar.

-En Túnez se está liando parda, y la Unión Europea reacciona tarde. En las caídas de Grecia, Irlanda y Portugal, la Unión Europea ha reaccionado tarde. Parece que ya hemos encontrado algo que se le da bien a la Unión Europea: reaccionar tarde.

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Bilardo vs Menotti

Los medios de comunicación siempre han vivido un eterno pulso entre lo artístico y la supervivencia. El poder de la seducción y el del dinero, la calidad o la rentabilidad. La historia se encarga de juzgar si los productos son buenos o no. Por ejemplo Crónicas Marcianas se vio como el adalid del mal gusto y la esencia de la telebasura, pero cada formato que ha perfilado desde entonces su cadena, parece dejarlo en mejor lugar. A algunos, hasta se la cuela Sardá cuando dice que hacía tele de calidad.

CNN+, sin embargo y pese al ruido dospuntocero a su favor, demostró ser una cadena de una calidad periodística enorme, pero sin rentabilidad, en unos tiempos en los que el espectador, educado en los mejores estercoleros, no valora en absoluto la calidad periodística. El espectador quiere que le cuenten cosas, que le distraigan, que le hagan hablar, sin importarle el cómo, ni siquiera la veracidad de las mismas. Por tanto, con el tiempo, CNN+ será un proyecto muerto más.

En Internet esa tensión parecía decrecer, con la dictadura de lo tecnológico, que imponía diseño. Con el paso del tiempo, hemos visto blogs que viven muy bien del tráfico -visitas- y que representan una derrota para la estética, una hostia a los ojos (este post lo es, un poco). Y luego está Google.

Entre una página con un diseño fenomenal, comida por los gusanos, y otra con un éxito brutal, parecida al maillot de un ciclista, aparecen las redes sociales como una vía de escape. Pierde el diseño, y la creatividad sale a presión contra el socialmedia. Facebook, Twitter, Tuenti y compañía reciben ideas que no cuajan -no en el sentido estricto de un departamento de marketing, dispuesto a exigir números de medios tradicionales-, y pasamos a entrar en los espacios privados a spamear.

Bajo la licencia de un discurso hippy de comunicación horizontal, los anunciantes pelean por bases de datos a la velocidad que les exigen informes semestrales con dibujos de líneas que deben tener un trazo ascendente. Sin tiempo para que las redes sociales demuestren un gran resultado, o la creatividad se amolde a las nuevas formas, llega la rentabilidad a corto plazo con todas las de la ley, y de su mano concursos y compras de aficionados, fans, seguidores, o lo que queramos, para nada interesados por algo más allá del cacharrito, viaje, o cuenta premium de turno.

Los puristas andan perdidos, y los creativos un tanto amordazados por la amenaza de las mediciones implacables. La rentabilidad siempre aporta su plan, y parece que es el momento de que la estética y lo artístico hagan lo propio, en lugar de buscar un nuevo lugar de exilio en el que practicarse felaciones gremiales.

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Dark side of the Tube

Supongo que todos hemos pasado por malos momentos, y eso es lo que me hizo no darle demasiadas vueltas a aquel. Estuve trabajando de teleoperador. Ocho días duré. El que se consideraba heredero natural de Buenafuente con veintiún años, víctima de su propio éxito con veinticinco y  muerto en accidente de tráfico como un mito, a los veintisiete estaba en la más cruda realidad de fichar a las nueve, salir a las tres y parar cinco minutos cada hora.

Da igual ir leyendo a Stanislav Lem en el metro. La realidad de lo que era una incipiente crisis, el descaro y la valentía del riesgo, tienen una cara amarga, que no es la que sale en los periódicos. Es un lado sobre el que se construye el lucido. Por cada Zuckerberg en portada, hay treinta mil que se quedan en el camino, y tres mil que merecen no quedarse. Yo estaba apeado, y la tele me metió en la cabeza que era de los tres mil, aunque el convenio de teleoperadores planteaba dudas razonables.

Era una campaña puntual, veinticinco candidatos -la mitad con titulación universitaria- y eligieron a cuatro. A mí el primero. El segundo un ingeniero químico, y el tercero un tipo que llevaba quince años en la empresa, rotando de campaña en campaña. Durante esos ocho días no sólo vi la normalidad con que tenemos asumidos determinados trabajos que recuerdan a la era industrial, sino que pude ver a gente feliz y satisfecha con sus ocupaciones.

Había un tipo paseando de puesto en puesto y dando voces para animar al personal y, cada ADSL vendido, sonaba una campana y le daban algo de merchandising de Vodafone. A los pocos días, el tercer tipo del que os hablé, que tendría unos cuarenta, pero aparentaba diez o doce años más, nos contó que le estaban haciendo mobbing, arrastrando de campaña en campaña, de cliente en cliente, de producto en producto, de centro de trabajo en centro de trabajo.

Su pelo cano, aplastado contra la cabeza, su ropa humilde y gris, rancia, su pequeña mochila en la que apenas cabía una botella de plástico de agua que reutilizaba, y su discurso timorato y acelerado sobre lo que le estaba pasando. Y siempre un punto final como de tragedia, como si no pudiera hacer otra cosa con su vida, como si el destino estuviera escrito y el suyo fuera llegar a los mil euros en aquellos cubículos asquerosos, azotado por los gritos de responsables que podrían ser sus hijos.

Hoy ha entrado en el metro. En la otra parte del vagón. De espaldas a la gente, mirando al cristal, con su pequeña mochila y hablando solo. Han pasado muchos años, pero se me ha encogido tanto el alma, que no quiero ni que este post tenga un final más elaborado que esto.

foto: flickr.com/nicolas_mt

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Cerrado por traspaso

Señores, señoras, damas y caballeros, muchas gracias por la atención prestada durante estos años, pero la tienda cambia de dirección. Me encontrarán en: superfectocaballerobritanico.com

 

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Envuelto en celofán

Mi madre, dentro de su PAHPISF (Política de Animación Hacia mi Persona a Intentar Ser Feliz), se ha pasado la vida martilleando con que “siempre empiezo las cosas pero luego no acabo nada“. Era su excusa para no gastar dinero en material de marca para mis clases extraescolares, y el soniquete que ha machacado los últimos diez años de cada cena navideña, aplicado a carrera, relaciones, empresas, y cualquier combinación que se os pueda ocurrir.

Hace ya seis años, cuando abrí mi primer blog, si ella hubiera estado ahí para recordar mi propensión natural hacia no acabar las cosas -como si éstas se tuvieran que terminar, o el final se confundiera con el objetivo- no sé si me hubiera planteado caminar ideas sobre unas teclas para darle al “publicar post“. Mucho más cuando esto no me va a llevar a ser funcionario, o solista de una nueva edición de Operación Triunfo.

¿Qué es entonces lo que me anima a emprender una nueva aventura?, ¿Qué hace que cada día vaya a escribir desde esta nueva casa? Pues probablemente eso que percibí cuando leí el primer blog, y que encaja perfectamente con mi filosofía de vida: puede pasar cualquier cosa. Sólo espero que estéis ahí para leerlo. Bienvenidos.

foto: juanjominor

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El último post

Han sido tres años de blablabla y nosequé, y no me marcho como ha sucedido en muchas ocasiones porque la censura blablabla, y yo que guay soy, y todo está fatal, y qué listo y follable parezco en el blog. Es mucho más sencillo, me mudo. Mañana les doy la dirección del nuevo en la que habrá un post calentito esperándoles.

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Cosas que pasan mientras hablamos de la ley antitabaco

1. El centro de Madrid tiene 40 bomberos y 6 escalas para 1.500.000 ciudadanos. Llevan años protestando. Una empresa privada de peritos les ha puesto en cuarentena la mitad de las escalas que tenían porque no reunían las condiciones mínimas. Han sacado más de 200 plazas, pero se incorporarían en dos años. Durante ese tiempo, si vuelve a arder un Windsor, no podrían hacerle frente.

2. Madrid se queda sin autobuses turísticos. La empresa concesionaria del servicio se niega a entregar los autobuses al Ayuntamiento, que se los ha pedido para ofrecer el servicio hasta que se conceda a otra empresa. Al Ayuntamiento no le interesa dar el servicio, porque no tiene personal ni infraestructura para desarrollarlo. Diez años de concesión, y no está concedido el nuevo contrato a una nueva empresa. ¿Tocándose los huevos?, ¿Pensando en olimpiadas?, ¿Sin personal?. La empresa aprovecha para quedarse con esos autobuses que son públicos porque, dicen que han invertido mucho en la empresa. Su presidente es Díaz-Ferrán. No digo más.

3. El otro día, en La Ventana, Santiago Carrillo dice que Fernández Vara, el presiente socialista de Extremadura, hace declaraciones folklóricas. La presentadora pasa a la siguiente pregunta y ya. ¿Evasión partidista, o ignorancia periodística? Marta González Novo, secundaria de Gemma Nierga, demuestra cada tarde tener la mitad de neuronas que su titular. Es decir, media.

4. La luz ha subido un 10% por la subida de los carburantes. Con la bajada de hace seis años, no bajaron, subieron. Un 10% y no se ha movido nadie. Todos sabemos que en la luz, gasolina y telecomunicaciones, existen oligopolios. Es vox populi y no se ha movido nadie.

5. Zapatero se ha suicidado con una serie de reformas tan impopulares como necesarias. El PP se frota las manos, porque ya tiene hecho el trabajo sucio para cuando gobierne.

6. La principal preocupación de los españoles es el paro, con cuatro millones de parados. Con dos millones y medio, nos preocupaba el terrorismo. Los informativos manipulan, sin querer, reportajes victimistas, autocomplacientes y alarmistas sobre el desempleo. No he visto ninguno con gente que durante estos años ha preferido estar en el paro porque cobraba lo mismo que les ofrecían por trabajar. Yo conozco a una docena.

7. Con un país en franca recesión, miedo y pesimismo, de mitad de julio a final de agosto no ha trabajado ni dios. Con ese mismo país, las cosas laborales en marcha el 15 de diciembre, se han pospuesto “hasta que pasen estas fechas“, es decir, hasta el 10 de enero. Dos meses y medio sin dar un palo al agua. Con dos cojones.

8. Cómo ha tratado la prensa la puta Ley Sinde. Ha puesto de manifiesto el conocimiento del periodista medio respecto a cualquier tema que requiera, si no cultura general, sí documentarse un poquito. Es lamentable, porque la prensa es la que construye la realidad de la mayoría de la gente.

9. Manolo Lama se va de la SER, aunque El País titule que “Lama, sustituido en la SER por Antonio Romero“. ¿Ética periodística? Es parte del proceso de descomposición de PRISA que, desde la muerte del padre Polanco, ha pagado esos excesos megalómanos en Latinoamérica. Telecinco, que sigue con un proceso incisivo de una década de deseducación, se come la opinión generalista. Lo importante no es que Cuatro mantuviera su línea editorial, o que CNN+ resistiera, lo importante es que la gente deje de percibir la realidad a través de la tele.

10. Cuatro es un canal que empezó intentando ser diferente. Cuando las audiencias agobiaron, ficharon a un mago de la audiencia, directamente de Telecinco. Su nombre es Pedro Revaldería. Desde que entró, por ejemplo, Las Mañanas de Cuatro (con Gonzalito Miró, esa quintaesencia del periodismo de calidad) se convirtieron, según palabras de un amigo cámara que trabajaba en el programa, en “putas y yonkis“. No se notará tanto la diferencia.

11. Todo es cuestión de palabras. En el 711 estábamos “invadidos” por los moros. En 1492 “descubrimos” América. Si Lakers gana, Pau “se sale”. Si pierden “acusa cansancio”. Nos pasamos la vida jugando con las palabras, intentando colocar la realidad de la manera más cómoda y complaciente posible. El tema a debate es sobre lo que es complaciente, sobre lo que es placer.

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Eclipse en Sol

La voz poco agraciada de una rumana resuena en el intercambiador de Sol. Jobim dio permiso a los desafinados para amar, pero no dijo nada de que destrozaran los tímpanos ajenos. El sonido se cuela entre los brazos del hormiguero, cargados con bolsas de grandes y pequeños almacenes, como una especie de pose ritual por esquivar el pesimismo. La sala está repleta de visitantes, que colapsan las escaleras mecánicas, gesticulan, paran, miran desorientados y realizan todo tipo de ejercicios, como si tuvieran que demostrar que han venido de un planeta remoto, donde el orden y la prisa están prohibidos.

Dos críos argentinos, convencen a su padre de que los peores auriculares son los mejores porque llevan en las orejas el logo de una calavera. En la cola para pagar pienso en la que podría liar Pérez Reverte si los viera, y si no se hubiera convertido en un hype de combustión ligera. El dependiente cobra con la sonrisa de los que no quieren ver un aciago destino de Inem y tiempo libre en siete días.

La Comunidad de Madrid se me descompone en el informativo, mientras el barrio vive ajeno a la actualidad. El barrio siempre vive ajeno, y la gente lo ha tomado como ejemplo, porque ya sólo Iniesta es capaz de poner a la gente en la calle. En la nevera, descansan los restos de las batallas opíparas de estos días, y sobre el cinturón lo hacen los daños colaterales. El país ha olvidado, por unos días, los latigazos de tinta que nos han relegado a un estado depresivo que ya dura dos años, y que hace que no podamos ni hablar en plata por miedo a tener que venderla.

Las seis de la tarde cierran la persiana antes de tiempo, y enero se deja el congelador abierto sin miedo al tarifazo. Vivimos liados y no sé si existe otra forma de hacerlo.

 

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La Odisea (VIII The end)

(*Este post pertenece a la selección propia “Los mejores post del viejo blog“, en la que recopilo aquellos artículos del blog anterior a los que, por una u otra razón, me apetece rescatar. La serie “La Odisea” fue publicada en agosto de 2009, y relata unas muy cortas y movidas vacaciones?)

Jimmy es un cincuentón pechopalomo que va de moderno y que, al abrir un sobrecito de azúcar,  gritó “¡Esto parece farlopa!” en una cafetería de Chueca, tiñendo de sonrojo la reunión de trabajo en la que estábamos. Jimmy es un tío que dijo que yo entendía de moda por las gafas que llevaba. Mis gafas eran de palo, falsas, absurdas, inútiles y, para ese tío una señal inequívoca de pleitesía a la tendencia. El porqué llevaba gafas falsas es otra historia, el porqué no fuimos cuando nos invitó a su cumpleaños en Tarifa (ríete de la boda de Maradona), también es otra historia. PeroJimmy decía mucho la palabra lifestyle.

Digamos que si mi madre fuera la directora de una revista de lifestyle y yo el subdirector, práctica muy española, andaríamos a hostias todo el puto día. Yo represento para ella todo lo que le da miedo, y ella para mí todo lo que no me esfuerzo en pensar, meto en un cajón, y critico por no esforzarse en pensar y meter las cosas en un cajón. La semana de recuperación asturiana está siendo bastante grata, de no ser por las conversaciones pendientes de los últimos cinco años, que salieron a flote como el tapón de corcho en el agua de las fotos en los libros de física de E.G.B.

Digamos que si lo que esperara de mi hijo fuera que sacara una oposición, comiera cinco piezas de fruta y verdura al día, se metiera en una hipoteca, cumpliera los diez mandamientos, y dominara el inglés, francés, alemán, swaili y finés, fabricaría un robot, en lugar de darme a la, siempre sacrificada, tarea de concebir un ser humano. Por otro lado, si yo espero que cualquiera entienda que mencionarme un tema privado, acarreará una respuesta más propia de Eric Cantoná que de una persona con los tornillos en su sitio, es que he entrado en un mecanismo de autoengaño cuyo génesis no recuerdo. Hablando de génesis… Phill Collins ya ha muerto, ¿No? Joder, pues es una pena. Dios siempre se lleva a los mejores y nos deja a Phill Collins.

Digamos que llevo varios días en una especie de convención Israel-Palestina, oliendo los manjares que prepara mi abuela -incluyendo greatest hits como: bonito encebollado, cocido de garbanzos, arroz con leche, rollo de carne y un suculento y largo etc. de números uno en el Reino Unido-, comiendo arroz con puré de patata y zanahoria, y dandominipaseos como si fuera el señor Casamajor. De hecho tengo tentaciones de ponerme un batín, comer caramelos de eucalipto y hablarle a la gente con voz de viejo.

En mitad de uno de esos paseos entro en Paradiso, donde un moderno lee la Go!, no diré el artículo de quién, así que me asusto y salgo trastabillado a la calle San Bernardo donde un coche está a punto de atropellarme. Es un viejoCitröen y tras la ventanilla mi abuelo me dice que suba.

Como mi abuelo lleva muerto desde mil novecientos noventa y dos, la cosa me escama. Me dice que sabe que lo suyo sería acabar la historia con el beso de una tía buena, pero que estamos en plena semana grande y las tías buenas, hasta en una ficción, están durmiendo la resaca de anoche. Le digo que me parece de muy mal gusto que me manden un muerto de mi familia para finiquitar todo ésto y me responde que me joda, que no hubiera introducido ficción, que bastante fantástico había sido lo que me había pasado. Me comenta que tenemos mucho de lo que hablar, le respondo que sí, pisa el acelerador y salimos de la ciudad todo lo rápido que puede salir un Dianne del ochenta y uno.

-FIN-

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La Odisea (VII El infierno)

(*Este post pertenece a la selección propia “Los mejores post del viejo blog“, en la que recopilo aquellos artículos del blog anterior a los que, por una u otra razón, me apetece rescatar. La serie “La Odisea” fue publicada en agosto de 2009, y relata unas muy cortas y movidas vacaciones?)

No me atrevo a decirles que me lleven al médico, pero voy cada cinco minutos al water, he vomitado seis veces, no puedo parar de temblar y los dolores abdominales son los más punzantes y duraderos que he sentido nunca. CuandoM. sale de la habitación con rostro desencajado, supone un apoyo fundamental en esta especie de senado de enfermos, así que agarramos el coche y vamos al ambulatorio de Conil. A mitad de camino paramos, M. y yo salimos y perdemos la dignidad en mitad de la carretera cagando codo con codo.

Llegamos, nos piden la tarjeta sanitaria y nos preguntan qué hacemos a las doce de la noche allí. Nos hacen esperar tanto que algo pisa el acelerador dentro de mí y empiezo a ser incapaz de parar la vista en algo. Entre flashazos blancos aparece V., han ido a por él a casa, los mismos síntomas. Entro el primero a la consulta y le digo al presunto médico (se sacó el MIR hacía no menos de diez horas, seguro) que saque las cosas que tiene en un lavabo, porque voy a vomitar. Me dice que no me preocupe, así que vacío el estómago encima de su intrumental y me pregunta qué me pasa. Le cuento la película y me dice que seguro que es una intoxicación. Nóbel de medicina, por mis cojones.

Nos mete a los tres en una sala y aparece la oscura figura del practicante (más presunto todavía). Dicen que tenemos cuarenta de fiebre, y que estamos deshidratados, como esas frutas que nunca acabaron de ponerse de moda y te meten en los paquetes de cerales Muesly. Nos van a poner una vía y empiezan por M. M. pesará unos cincuenta kilos, así que en su brazo no caben muchos pinchazos. El practicante entra a matar y falla, tendrá que pinchar de nuevo. Yo flipo, pienso que si ese impresentable se cree Curro Romero y digo, con V. inconsciente en una camilla, que yo me hidrataré por vía oral. Tomo dos tragos de agua y a los diez segundos sale por donde entró, así que tendré que someterme al pinchazo del practicante/novillero.

Pincha, me engancha al aparato con la bolsita que siempre ves en las pelis y se convierte en una lacra para atravesar el ambulatorio hasta el baño, que tengo que visitar con asquerosa frecuencia, arrastrando la estructura como Cristoarrastró la cruz en el Calvario. Grito que quiero que me metan algo que me calme el dolor, pero me pinchan algo para cortar los vómitos y lo consigue. Me tumban en una camilla y los dolores me destrozan. En las últimas cuarenta y ocho horas he dormido dos, he recorrido mil doscientos kilómetros en coche, he perdido la cartera y la he vuelto a recuperar, me ha desaparecido un bañador deputamadre, he limpiado una casa, he nadado un kilómetro y no puedo dejar de temblar… así que caigo dormido de puro agotamiento.

Me despierto cagado. Me incorporo y lo comento pidiendo unos pantalones, pero en todo un ambulatorio no hay unos putos pantalones, así que me dan una sábana para que me la enrrolle por encima de los pantalones cagados, por si quedaba algo de dignidad. V.M. duermen y escucho cómo gestionan la ambulancia, porque la fiebre nos ha subido a cuarenta y uno, y el presunto médico precoz está acojonado, no quiere decirle mañana a su novia que ha levantado tres cadáveres en su primer día de trabajo. Los de la ambulancia le dicen que no van a dar, ni de coña, tres viajes al hospital, así que debe escoger a uno. M. es la elegida, la Cristiano Ronaldo de la cagalera.

Tras meternos un litro de líquido en vena, una cosa blanquecina, a M. en una ambulancia y no se qué más, imprime un papel en el que dice que tenemos que comer arroz, pechugas de pollo, y que estemos tranquilos hasta que caguemos sangre. ¿Algo para la fiebre? Bueno, bastante ha hecho el neodoctor. En el coche para voler a casa V., grogui, no deja de balbucear que tiene frío, yo sigo temblando y m., que conduce, comenta que le empieza a doler la tripa. Son las cuatro y media de la mañana y estamos en lo que queda del tercer mundo de la puta Unión Europea.

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