Tres años

Saltó del coche con el nerviosismo que atribuí al viaje, pero que que se convirtió en la característica principal de su personalidad. Con ese rabo mutilado, convertido en hélice, siempre a punto del despegue. Con seis meses de vida y varios traumas, un chucho negro e inquieto asomaba el hocico a la glorieta de Embajadores, y echaba su primer pis cuando se cruzó un autobús, atronando sus peores recuerdos.

Olores nuevos, lugares extraños. Primeros días caóticos en los que devoró un kilo de patatas crudas, tres manzanas, un litro de leche, y otro de zumo de naranja. Había decidido que mi ausencia era el momento perfecto para darse un buen festín. Las estrategias que dispuse siempre eran poco para ella, que convirtió la basura y el saco de pienso en sus principales objetivos. Cuando te haces con un animal que sufre ansiedad por separación, no sabes a lo que te expones, pero tu vida se traslada a metro y medio de altura.

Pasas por diferentes fases: empatía, nerviosismo, ira, desesperación, hasta llegar a la comprensión. Entender que las cosas no son -y probablemente jamás serán- como nosotros deseamos, es una forma de enriquecimiento que se ha cobrado víctimas en forma de cojines, zapatillas de deporte, chaquetas, ropa interior -ajena-, puertas… Y llega la sabiduría, el momento en que ella se adapta a ti, y tú a ella. El preciso instante en que sabes que aunque seas el encantador de la tele, en cualquier momento, cualquier día, todo su cerebro ha vuelto al punto original, y hay que empezar de nuevo. Y empiezas.

Ella me ha servido de coartada ante los efectos de muchos de mis desequilibrios: el gusto por madrugar, la huida de los actos sociales, la necesidad de pasear por la ciudad como un viejo… así que he de pagar comprendiendo los suyos. Hoy hace tres años que llegó Nico, y me vienen imágenes del día que logró acceder al pienso y me la encontré inerte, con una panza gigante y la cabeza metida en el saco, y de los paseos, y de sus inacabables persecuciones a moscas que siempre son más hábiles, y de lo que disfruta escuchando a Jonny Cash. Feliz aniversario, Nico.

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Eureka!

De repente te das cuenta de que empresas gigantescas empiezan a hablar de volver a los clásicos del marketing, de centrarse en la customer experience, esto es, en la atención al cliente de toda la puta vida. Todos somos consumidores, y nos ganamos el apelativo a pulso gracias a los cientos de transacciones que realizamos durante el año. Todos sabemos que las compañías de servicios (teléfono, adsl, tele por cable, luz, gas, agua) están compuestas por seres maravillosos que, cual matrimonio clásico, tras la firma de un contrato leonino se convierten en nuestra jodida peor pesadilla.

Lo percibimos desde hace años, es vox populi, e incluso le hemos dado caracter de normalidad: ¿Quién no se ha sentido un puto mago de las finanzas al llevarse dos meses de llamadas gratis a cambio de no realizar una portabilidad?, ¿Quién no ha certificado el absoluto fracaso occidental para con la educación, en una de esas interminables incidencias? Las abuelas manejan con soltura el término “período de permanencia”, estamos hartos de ver a la OCU en verano, rellenando informativos escuálidos, con sus innumerables quejas ante la injusticia del consumidor frente a la empresa que le prometió el oro, y le dió otra cosa.

Es evidente que una buena experiencia fideliza, y no hay que hacer un master en un instituto cuyo nombre chorree siglas, para recordar el trato amable de las pequeñas tiendas de barrio. El gusto de decir “lo de siempre”, la aventura de dejarte asesorar por alguien te sabe lo que necesitas, o que, lo que es más importante hoy, te escucha. En realidad lo que pides en esta sociedad enferma, es que te escuchen, y sólo te pueden escuchar si les interesas de verdad, y sólo les interesas si les apasiona lo que ofrecen, su servicio, su producto, su trabajo. Desde luego resolver una incidencia desde un callcenter de A Coruña por 750 euros al mes, no parece un gran modelo de incentivo. Y es el que hay.

La gente echa de menos el no llevar suelto y que te apunten, el saludo sincero, el producto reservado para ti porque saben que te gustará. En realidad la gente siempre lo ha valorado, lo que sucede es que el salto de rentabilidad, a base de economía de escala, que supusieron los grandes centros comerciales, las fusiones, las megaagrupaciones, o las privatizaciones, hicieron que a las grandes empresas se la sudara el consumidor, basados en su ventaja, esto es, en sus cojones.

Son tiempos en los que las mismas empresas que piden flexibilidad laboral para mejorar sus condiciones productivas, y largar al personal cuando estimen oportuno, son las que exigen año y medio de permanencia como cliente, aunque estés hasta el gorro de un servicio pésimo o defectuoso.

Resulta que en tiempos de abundancia de cojonudos, los clientes son oro, y las pérdidas de los mismos cuestan puestos en dirección, así que hay que redirigir el tiro. Toma relevancia el concepto de fidelidad, y ahí vuelve a entrar la customer experience. Seguro que ahora, cuando “interné no furrule“, aparecerán Andrés Velencoso y Eugenia Silva para darnos un masaje mientras llega el mejor técnico de Europa, que además cuenta chistes de gangosos.

Las grandes empresas nos van a mentir, pero se trata de que la mentira sea creíble y atractiva, como siempre. Y que aprendan de las pequeñas. Las pequeñas empresas tienen su oportunidad. Geolocalización, redes sociales… todos apuntan a que funcionan mejor con los negocios locales. No sólo por el control del mensaje, sino porque los pequeños negocios locales disparan al pecho, y atraviesan la cartera para llegar al corazón de sus clientes.

Y yo creo que tras esta bastarda metáfora, me voy a dar un baño de miel mientras leo a Luis Alberto de Cuenca, o algo peor.

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Cuestión de espacios

En el fondo todo es cuestión de espacios. El espacio que ocupamos cada uno de nosotros en el mundo, el que aspiramos a ocupar, y al que realmente llegaremos. Ese hueco que hay entre los espacios ocupados y ocupables, es el vacío, lo que nos mantiene apegados a gente, a calles, lo que nos separa de los relatos que nos cuentan y los que estamos dispuestos a creer.

Y en el fondo tiene más arte el vacío. El vacío puede tener formas bellísimas. Puede ser estudiado por la sociología, y diseñado por arquitectos. Se pueden crear grandes no-lugares de Marc Augé. Espacios para el tránsito, inhóspitos, inquietantes en la quietud. Parar un segundo en los no-lugares. En las salas de espera, en los aeropuertos, en las autopistas. Sitios creados para no detenerse nunca, que no tienen un plan B, que no contemplan la pausa.

Pero la pausa sucede. O sucedía. Existe la corriente en marketing, que defiende la necesidad de rastrear nuestro movimiento, para ofrecernos los productos que mejor se acomodan a nuestros gustos, conclusiones extraídas del espionaje de nuestra navegación en la Red. Para mí el debate no está en la privación de libertad. Dicha privación es una realidad difícilmente discutible, en tanto que aceptada.

Salimos a las calles y podríamos filmar toda nuestra vida. Nuestros movimientos bancarios, nuestros gustos. La reconstrucción del detective perfecto es cuestión de paciencia, logins y passwords. La privacidad es la batalla perdida que convirtió al liberalismo atroz en algo perverso y autodestructivo. Voy a otra cosa, a la pérdida. No a pensar mal, a creer que las empresas dirigirán sus productos hacia mi presunto interés, generado por ellas mismas. No, yo voy al placer de la pérdida.

No quieren que suceda la pausa, porque se relaciona con reflexión, y a ésta con los conflictos. Y los conflictos ya no están bien vistos ni en las revoluciones sociales. Prometo no subvertir desde la pausa. Prometo firmar un documento que asegure que seré bueno. Pero a cambio, no eliminen los recuerdos que me demuestran que en la pérdida he encontrado alguna de las cosas más grandes de mi vida. No me prohiban parar en la autopista, y esperar, y sentir cómo tiemblan porque nada en el mundo estaba preparado para que parara. Porque nadie contó que intentaría conquistar un no-lugar, quitándole el negativo.

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Odios de domingo (pero pocos)

-Odio los domingos en general. Cada vez se suaviza más el odio, pero siempre estará ahí, como una especie de trauma que viene de vuelta. El domingo es un señor vestido con traje gris marengo, que te golpea en la cabeza. Puede producirte depresión, modorra, estupidez, siesta, o todo a la vez, que es lo más habitual.

-Odio la MTV. Es ya definitivo. Programación repleta de adolescentes norteamericanos descerebrados, hablando de marcas de sudaderas, coches con ruedas gigantes, tipos musculados, tatuajes, comida asquerosa… como televisar las conversaciones entre mis compañeras de octavo de EGB. Suenan Greenday eternamente, o grupos que plagian a Greenday, o que los imitan u homenajean, cámaras que se mueven mucho, tipografías supermodernas, como de caja de cereales… Hasta la forma huele. Barbecho.

-Odio a la gente que critica el barrio en el que vivo, Lavapiés. Estoy hasta las pelotas de que miren de reojo, y que sus prejuicios les hagan pensar que este pequeño pueblo en el centro de Madrid, es el Bronx. Sobretodo porque suelen ser personas que viven en barrios periféricos, o esos cementerios adosados que llaman “urbanizaciones”. ¿De qué puto Edén vienes para decirme nada? La vida de las personas se forma por imágenes que componen una especie de mosaico con el que miramos las cosas. La imagen que abre el post, pasó esta mañana. No pasa en todas partes.

-Odio a la gente que dice que no odia. Esos gendarmes de la corrección política, que respetan todo, pero que no lo comparten. Esa gente cuya libertad acaba donde empieza la de los demás. Esa gente que se dedica a cumplir la ley y hacer lo que toca en cada momento. Ahora la juventud loca, luego cierro el chiringuito, luego los niños…, y todo lo acompañan de un plan de estilismo, modelo de coche, y un par de cosas más que les importan en sus putas, grises, y perfectamente prescindibles vidas.

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Notas de viernes

- Un italiano (Mario Draghi) como nuevo presidente del BCE. No pasa nada, no seremos prejuiciosos, no pensaremos que en Italia todo se mueve en un delicado tejido mafioso, no pensaremos en lo que habrá visto ese hombre o cómo habrá llegado ahí. Eso se lo dejamos a los porteros de fincas y a los tertulianos del 59 segundos. Pero vamos, que huele (fue número 2 de Goldman en Europa cuando se gestó la crisis)…

- Grecia está jodidamente podrida. Las novelas negras de Petros Márkaris revelan un país pre y post olimpiadas hecho unos zorros a la mediterránea. Cualquier salida es mala, básicamente porque sólo tienen una. Es la salida que ofrecen FMI, y unas cosas impersonales que se llaman agencias calificadoras y mercados. Dictan la ley. La ley del fracaso, claro está, y del negocio: su negocio, que no es lo mismo que “nuestro negocio”.

-El FMI, cuando EEUU tuvo bajón económico en 2001, siguió los dictados de demócratas y republicanos, que acordaron impulsar un estímulo, una política de expansión. Pero el FMI, cuando se cayó la economía en Argentina y Bolivia, recomendó que aplicaran una política de contracción, que es lo que ahora hacen con Grecia. Lo explica mejor el premio Nóbel, Joseph Stigiltz aquí.

- Por tanto, los tempos del partido (la calidad de vida de una generación) sigue dependiendo de un órgano que ha reconocido su nefasta planificación, seguimiento y capacidad de resolución, como se publicó aquí. Y en esas estamos.

- Leía hace no mucho a un cocinero, que comentaba que la comida rápida era la causante de la falta de acividad ciudadana (con apoyo mayoritario, me refiero). Explicaba que la gente sólo sale a la calle cuando tiene hambre Hoy vivimos en la ficción de que comemos, gracias a filetes de sepa uste qué, por un módico precio, y con patatas de cartón y Coca Cola.

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Pintas

-Sorpresa generalizada por el uso del Photoshop en La Razón para eliminar cabezas de manifestantes. Vengo diciendo hace tiempo que los medios se han convertido en productos que cuentan lo que los clientes quieren oír, ver, o leer. El medio ahora está en la red. Y de aquella manera. Las cabezas que faltan en la manifestación de ayer, se guardan en un disco duro para añadirlas en las calles cuando nos visite el Papa. Y al defensa del fuera de juego del As, también deberían ponerlo. ¿Dónde van las cosas que se eliminan por Photoshop?

-Harina de otro costal es el titular. Veintidós millones de votantes, ciento veinticinco mil manifestantes. También podría haber sido veintidós millones de votantes, veinticuatro millones de no votantes. O ciento veinticinco mil manifestantes a favor de la regeneración democrática, cero en contra.

-La misma falta de presión sobre la política, que ha permitido que corruptos y ladrones sean reelegidos por mayoría absoluta, es la que se nota frente a los medios. La mentira no sólo sale barata, es que es rentable. Hasta que el ciudadano no se sienta como tal, hasta que no deje de autoconsiderarse consumidor, y sólo consumidor, no existirá presión. Porque desde luego el concepto de la ética está más pasado que las hombreras.

-Mientras este tipo de escándalos salpican nuestro timeline, generamos un ingente número de visitas y, las visitas en la red son dinero. El dinero no mira de dónde viene, ni por qué salen esas visitas. El dinero no tiene carnet ni ideas más que la propia. Y a todos nos encanta el dinero. Seguimos con la máquina de destruirnos modo ON.

-La guerra está en las palabras. En los significados, en los slogans. La guerra está en pasar de “simpático circo” a “kale borroka“. El presidente de la Generalidad, ni más ni menos. Aquí La Razón justifica la famosa imagen, aprovechando además, para hacer promoción de su edición en Orbyt. Decía Wyoming que le llamaba la atención cómo la derecha se cebó con las pintas de los manifestantes. Comentaba que igual había que hablar de Rajoy como “ese pijo de mierda, con su polo de Lacoste“. No duden que si nos centramos en los detalles, y no en el fondo, la derecha saldrá ganando.

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Serpientes de verano

Comienza el verano, y con él… ¿Siguen leyendo? ¿Son ustedes del tipo de personas que ante la frase hecha “comienza el verano, y con él…”, siguen leyendo? Flipo.  Vamos, que flipo pero sigo… pues con el verano llegan las noticias deportivas que alegran a las familias en las playas patrias. Unas playas repletas en esas semanitas de vacaciones que se pilla todo hijo de vecino, ya se hable de crisis, deflacción, debacle, hundimiento u holocausto.

Sobre este tipo de noticias, tiene mucho que decir Antimarca, que lleva años dando cera a la escasez de profesionalidad, calidad o rigor en la prensa deportiva. Y si esto pasa habitualmente, imaginemos lo que sucederá en verano, cuando la actividad se reduce al mínimo. También hace tiempo que les vengo advirtiendo, que los medios son cada vez más literatos que pintan ficciones con la esperanza de que les consuman aquellas personas interesadas en esa ficción, y no en la de la otra acera. Aún así, tengo varias preguntas:

1) ¿Cuántos años lleva Cesc largándose del Arsenal?, ¿Y Ribery del Bayern?

2) Roberto Carlos, Luis Aragonés, GüizaGuti, Taffarel, ahora hablan de Forlán… ¿De donde sacan la pasta los equipos turcos para jubilar estrellas?, ¿Cómo los amortizan?, ¿Para qué les sirve?, ¿Es lo mismo un verano sin el rumor de fichaje de un jugador decadente por el Galatasaray?

3) La prensa de la capital actúa según el siguiente patrón: ilusionar con fichajes, fracasos, rajar de los fichajes y pedir canteranos, volver a ilusionar con fichajes y olvidar la cantera… ¿Qué día exacto la afición olvida que los fichajes no son sinónimo de buen juego?, ¿30 de junio?

4) Hablan del posible fichaje de Farinós por el Levante. Tras su paso por Valencia, Villareal, Hércules… ¿Le queda algún equipo de la Comunidad Valenciana por jugar?, ¿Es indestructible?, ¿Cuántos años tiene, realmente, Farinós?

5) Los vendehumos tienen una serie de equipos que siempre están interesados por cualquier jugador, sea éste quien sea. Son, por orden de aparición: Manchester City, Inter de Milán, Chelsea, Real Madrid, y Juventus. ¿A partir de qué presupuesto se entra en liza como equipo comprador-pufo?, ¿El Málaga, por ejemplo, ya se puede considerar de la lista?

6) ¿No hay ciertos equipos marcados por un destino en el que las plantillas poco tienen que decir? Me explico: el Valencia, por ejemplo, queda tercero con Silva y Villa. Vendiendo a sus mejores jugadores para hacer caja queda… tercero. El Atlético (que merece una enciclopedia) es experto en arruinar carreras. Jugadores de glorioso rendimiento, se arrastraron por el CalderónValerón, Capdevila, Mena, Albertini, Chamot, Baraja… Por lo que casi dan igual los fichajes. Esto explica el sueldo de García Pitarch.

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Teleserie

Dentro de las cosas locas que he hecho en la vida, trabajar en la tele ha sido una de las que estaría en mi top five. Si te dicen que en cuatro meses vas a vivir rodeado de tías buenas, no vas a dormir más de dos días seguidos en casa, te vas a poner en casi cien kilos, sólo consumirás comida basura y estimulantes, y conocerás la noche de media Europa, creerías que te acaban de contratar como nuevo bajista de los Arctic Monkeys. Y no.

Empecé escribiendo guiones que tenían que ser la quintaesencia de la ironía y, al segundo programa, y tras chocar en horario con Buenafuente, la directora del cotarro entró el la redacción a voces, diciendo aquel “¡Señores, a partir de ahora tetas y culos, tetas y culos!” Y donde manda patrón… tetas y culos. Fueron meses detrás de reporteras-cañón (había quien no sabía quién era Santiago Carrillo, o quien llamó “Ministra” a la vicepresidenta del Gobierno). Empecé a las puertas del Congreso y acabé en el 80 cumpleaños de Hugh Heffner

Mientras, escribíamos preguntas presuntamente graciosas para un público al que considerábamos salido y gilipollas. Ese era el target. La columna de televisión de El País calificó el estreno de “tedioso“. Pobrecillos, lo que les quedaría por sufrir. Afortunadamente, supongo que instados por el Ministerio de Sanidad, TVE nos bailó tanto de horario, que ni a los salidos gilipollas encontrábamos, así que al cuarto dato por debajo del 12% de share, nos fuimos a la puta calle.

Cosas que aprendí:

1- Nadie asume los fracasos. En este país se considera que el liderazgo se basa en no asumir los fracasos. Los que están por debajo, por miedo a que el teléfono no vuelva a sonar, no dudan de esa condición de triunfadores eternos que tienen sus jefes.

2- Si te planteas trabajar en la tele, asegúrate de que el contrato se parezca lo más posible a una recreación literaria o aproximada de la realidad. En nuestro caso, la mayor reivindicación sindical, fue que no nos despidieran los viernes, para volver a contratarnos los lunes. Más que nada porque también trabajábamos los fines de semana.

3- Si crees que existe alguna especie de teoría en virtud de las cual las cadenas compran uno u otro formato, vas listo. En el 10% de los casos se trata de una moda, el 40% porque viene patrocinado, y el otro 50% porque desde la cadena le deben un favor a la productora, o porque el directivo de esa cadena quiere un retiro dorado en esa productora.

4- Si vas de Madrid a Sevilla, de Sevilla a Eindhoven, de Eindhoven – escala en Milán- a Sevilla, y de Sevilla a Madrid en 24 horas… duerme cuando puedas, en vez de vivir la noche andaluza, aunque en un tablao esté el doble de Falete.

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Unhappy Hipsters

El control

Hace unos años leíamos novelas futuristas en las que los humanos estábamos controlados por un microchip adherido a nuestra muñeca, o insertado en nuestra nuca. En este dispositivo aparecía información identificatoria, y nos tenían localizados las 24 horas del día. En el contenido del chip no cabían nuestras preferencias políticas, nuestros gustos musicales, o nuestras relaciones personales. Era impensable tal grado de control. Hoy no hace falta chip. Nuestro smartphone revela una ingente cantidad de información personal, y una geolocalización constante. Y no se trata de una imposición, sino de una alternativa libremente elegida, por la que pagamos, religiosamente, la tarifa plana de cada mes. Y tan felices.

La compañía que no necesito

En las redes nos mostramos como queremos que crean que somos. Como una especie de disfraz de tipos guays, molones, sarcásticos e inteligentes. Nos chequeamos en restaurantes snobs, o en el concierto del último grupo de papel. Papel milimetrado por el marketing, pero papel que arde, al fin y al cabo. Hablamos en los blogs sobre el cortometraje de ese ilustrador de comics de Wichita y, ante todo, nos damos un buen festin de colas, sabedores de que recibiremos otro buen número de lametones en nuestro miembro.

Lo aspiracional

¿Un gintonic con pepino, romero y nuez de Macadamia en una ginebrería cool? Fenomenal, que todos lo vean. Que vean cómo soy, en qué ambientes me muevo. Que deseen ser yo. Somos una especie de familiar pesado que enseña eternamente las fotos de sus vacaciones, pero que ha leído y es guay. Y parece que lo guay no deja de ser guay pese a la repetición. Vivimos en un estado perpetuo de ser guays. Aceleramos el ejercicio, comenzado por los medios tradicionales, de ocultar el dolor. Fulanito unlock “pillo a mi mujer con otro en la cama” badge on Foursquare.

PD: ¿Dónde cojones está Macadamia?

PD2: Recomendación de vacuna antimoderna unhappy hipsters.

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El rey del mambo

Alberto Ruiz Gallardón es uno de esos tipos que sabe perfectamente en qué liga juega. Su liga es la de parecer que no sabe en qué liga juega, y la juega fenomenal. Se ofrece ante la prensa como un tipo afable, con cintura política y sentido del humor. Aparenta una cara suave y falsa, que todo el mundo percibe como suave y falsa, pero que a todo el mundo convence. En su falsedad ven lo sincero, y merece un análisis sociológico de mayor calado al que puede ofrecer en un post un tío al que le faltan dos asignaturas para acabar Ciencias Políticas.

La relación entre el alcalde eterno y sus ciudadanos es la posibilidad de un amor imposible. No nos engañemos, tampoco se puede esperar mucho de quienes dejamos el poder consistorial en Álvarez del Manzano, pero no deja de ser curiosa la habilidad con la que Gallardón esquiva baches que serían insalvables para otros: obras de la M30, fracasos olímpicos, aniquilación sistemática de cultura musical en directo, fusilamiento de los más mínimos conceptos ecológicos…

Sepan ustedes que en mi época de guionista coincidí con él, y pude vivir uno de sus secretos: un departamento de comunicación que tiene perfectamente medidas sus apariciones. El programa Caiga Quien Caiga, para que se hagan una idea, accedía a él tras pasar las preguntas que se le realizarían. De ese modo aparecía en pantalla con una respuesta pensada, actuando con frescura, como si fuera uno más del equipo. Gallardón daba juego, y el corrosivo programa de Wyoming sirvió como un trampolín perfecto para apuntalar la imagen del alcalde (presidente de la Comunidad de Madrid entonces). Para otros programas resultaba inaccesible. Nunca le alcanzaba la sorpresa.

Gallardón supo trazar lazos con el ala mediática socialista, PRISA, en el momento en que lo necesitó: “La obligación de un político es tener la mejor relación posible con cualquier medio de comunicación (…). No espere nunca de mí que tan sólo me relacione con quienes coincido y rompa relación con quienes discrepo“. Estas declaraciones fueron su leit motiv para la parte más trabajada: su imagen. Sabe perfectamente, que los medios son los ojos y los oídos de sus votantes, y sabe que las campañas electorales no duran un mes, duran una legislatura.

Sólo de esa buena prensa se explica que un político que ha realizado declaraciones, y ha tomado medidas íntimamente vinculadas con la derecha, pudiera sonar como caso de transfuguismo al PSOE. Nada más lejos de la realidad. Sólo así se explica que la deuda sólo exija austeridad ahora, cuando se tiene, y no cuando se crea (exentos los 5 millones de euros que costará la visita del Papa). Sólo así se puede volver coherente una crítica a la deuda nacional y una absolución a la propia. Sólo así se pueden tomar medidas old school de Jesús Gil (megaconstrucciones absurdas como la Caja Mágica, recuperaciones costosas como el Conde Duque, o el nuevo Ayuntamiento, eliminar a los sin techo de las calles…) y que la imagen siga impecable.

Su gobierno puede ser lamentable. Sus decisiones injustas, amables para los que más tienen. Pero si toca las fiestas del Orgullo Gay salimos a la calle. Resulta curiosa la necesidad de la protesta ahora. Resultaba curiosa cuando Vigo y Sevilla protestaron espontáneamente para evitar el descenso de sus equipos. Resulta curioso que Gallardón, que se considera liberal de cintura para arriba y de cintura para abajo, se indigne con el aborto o la eutanasia (decisiones libres e individuales para un liberal). Resulta curioso que cuando llegué a esta ciudad, hace ocho años, podía ir a la biblioteca pública un sábado por la mañana, y ahora no. Hasta que no tengamos claros los valores, hasta que el criterio no sea sólido, nos van a marear con trucos de mago de pueblo.

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