Cuatro cosas que sé que están mal

El caso es que tengo localizados una serie de actos, que no acierto a saber por qué hago, pero que hago. Incomprensibles, nueve de cada diez dentistas recomiendan no hacer las cosas mal, y tú las haces fatal con total impunidad:

1- Comer en un burguer. Digo a nivel multinacional, McDonnald´s, o Burguer King. Sabes de sobra que su comida es una puta mierda, que su carne es de rata, que cualquier parecido de lo que aparece en la foto, a la basura recalentada que llega dentro de la caja de cartón, es puro error de los trabajadores explotados al otro lado del mostrador, que tendrás una bola de cemento en el estómago durante toda la tarde… pero una vez al mes vuelves a caer.

2- Llevar iPod por la calle. Digamos que de los 15 a los 20 años jamás escuché el sonido ambiente de la ciudad. Siempre con los cascos puestos, completamente aislado. Llevar música rompe el vínculo sonoro con tu entorno, y es algo fundamental. Además dificulta la capacidad de pensar con claridad, a no ser que te abstraigas también del sonido, en cuyo caso podría pasarte un camión por encima. Mal.

3- Fumar. Pero es una cosa que tengo perfectamente controlada, y que puedo dejar cuando quiera.

4- Leer mal por primera vez los nombres de personajes de novelas, y seguir nombrándolos mal durante toda la novela. Me viene de la carrera. Los politólogos, presuntamente, tenemos que leer del orden de setenta a cien libros por año de carrera, por lo que desarrollamos sistemas de lecturas rápidas, que luego son difíciles de quitar. El comisario Wallander, para mí siempre será Wandeler, y cuando oiga a alguien hablar de Tyler Durden, yo pensaré “ahhh, Tiger Dustin, vaaaale…”. Como comprenderéis, con Cien años de soledad, fue un calvario.

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Radio y punto.

Uno de los daños colaterales de pasar el fin de semana con una niña de siete años, es que la radio del baño aparece misteriosamente cambiada de dial. Así que la ducha nocturna, estuvo amenizada por De Costa a Costa, con Rafa Martínez Simancas, por lo que me secaré con Punto Radio. Momento de análisis económico con un personaje de mucho cuidado. Se trata del responsable de la REAF, ni más ni menos que el registro de economistas y asesores fiscales, ahí es nada. Le piden fórmulas contra la crisis.

El figura cree que, como IVA e IRPF son los impuestos que más recaudan, son los que más hay que subir. Se nota que es especialista. Acabará la entrevista indicando que la subida del IVA que hizo Zapatero fue un error garrafal, como si no la hubiera recomendado antes. En cuanto al IRPF, señala que, como comprenderemos, las rentas más altas ya pagan mucho. Que si llegan a pagar el 50% de lo que ganan, que nos imaginemos. Ojo con el argumento: “Es que, si hay futbolistas que tienen que pagar la mitad de lo que ganan… ¡Ni vienen a nuestra liga!“. Ya me estaba secando el frontispicio del pubis.

El conductor del espacio le pregunta si las medidas de Rubalcaba serían efectivas, o mera palabrería para ganar votos, a lo que responde que lo segundo. Luego le pregunta que si las medidas del PP (serán las que él conozca) serían las óptimas, y dice que sí. El conductor le incrusta “¿Pero, sin tocar los impuestos?“, a lo que mi especialista económico favorito responde que “…si dicen que lo pueden solucionar, será porque habrán hechos sus números“. Orgásmico, oigan.

Va finalizando la gloriosa intervención en la cumbre, para lo que nuestro presentador le pide a su partenaire que nos hable del futuro. El puto amo del REAF, nos comenta que llevamos tres años en crisis (¡habla del futuro con flashbacks!), y que (redoble) LO PEOR… NO HA PASADO (chan-chan-chaaaan). El locutor se queda como compungido. Igual es porque no ha quedado muy claro el sesgo pretendido con la intervención.

CONCLUSIONES:

-Si su sobrina va a pasar un fin de semana a su casa, díganle que en el baño no tienen radio.

-Presenté informativos en Punto Radio. Entraba justo después del informativo nacional de Javier Fernández Arribas. Raro era el día en que no tenía que tragarme el vómito para abrir el micro y empezar. Hay cosas que no cambian.

-La mediocridad intelectual, como la demostrada en esos minutos de radio, es la causa de la crisis, y también la consecuencia de políticas en las que primó (y se sigue primando) lo fácil, lo rápido y, como trasfondo, se premia a quien no piensa, es dócil y manejable.

-Viendo Sálvame Deluxe, y reitero el argumento, creo que es de lo mejor que podemos ver en los mass media. Por lo menos es divertido y escarba en el alma humana.

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Notas a la deriva

Gabilondo lleva un par de décadas dando en el clavo. Hoy, en su videoblog habla de la velocidad del dinero y de la del resto de cosas. Veinte años dando en el clavo cada día son muchos clavos. Los de su ataúd. De presentador estrella a marginación online. La historia de Lenny Bruce una y otra vez.

-Los islandeses, que se negaron a pagar con dinero público el rescate de los bancos, procesan ahora a su ex-primer ministro, ya que su justicia considera que tiene parte de responsabilidad en la crisis financiera. Allí los errores tienen consecuencias. Aquí los ministros salen colocados en grandes empresas de sectores relacionados con sus carteras, con ingentes sueldos y nulos deberes. Hay que bucear en la prensa para encontrar la noticia escandinava. Si hubiera violado a una camarera, todo sería más fácil.

-Los profesores están encabronados. Total porque les culpan del fracaso escolar, les señalan como vagos redomados, indican que trabajan menos que nadie y que tienen curro de por vida, y que le mundo sería fenomenal si las escuelas fueran privadas. Desde luego hay gente que se cabrea por nada. ¿La educación?, ¿Para qué ha servido? Pues para crear una generación de chicos sobretitulados en paro. Bastante pazienzia hesta demostrando Hesperanza Hagirre, ke nos se los ha cargao a tos de un plumazo.

-Cada peli de Almedábar -el megazord resultante de la fusión de los dos colosos del celuloide patrio- genera el mismo juego que me produce idéntica gracia. Al cuarto de hora del estreno todo dios está encantado con la obra, porque creen que seguimos en los 80 y cool decirlo, o absolutamente indignados con el nuevo bodrio de su cineasta más odiado, que ha vuelto a presentar un pestiño que falla en la fotografía, y al que le sobra metraje, porque creen que seguimos en los 90 y es cool decirlo. Ninguno la ha visto.

-Pues acabo derivando -y delirando- en el cine. Señores y señoras, estimadísimos lectores del blog, y dignísimos visitantes que han caído en él buscando la palabra “tetas” en google: antes ir al cine era más barato. Antes con cinco pavos veías una peli, y te comías un buen cubo de palomitas, y ahora te sale por una pasta. Como quieras invitar a alguien, es que son 25 euros. ¿El argumento les suena? A mí también. Y a todos, así que ¡¡Ahórrenselo, cojones!!, Y si cae una nave de Orión, y sale un habitante de un lejano planeta, se lo cuentan.

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Irrealidad virtual

Los medios de comunicación de masas causaron un impacto tan brutal como difícilmente asumible. De un día para otro, después de millones de años de existencia sobre la Tierra, podríamos enterarnos casi de cualquier cosa que pasara en el mundo. Y no nos adscribimos a un interés local, que nos haría pensar que vemos las cosas desde un etnocentrismo atroz, sino que tenemos un punto de vista global, porque a todo llegamos.

De tan manoseado, casi no tiene sentido decir que la primera sensación que deja la revolución de los medios, es que lo que no aparece reflejado, no ocurre. ¿Conocéis a Víctor Sandoval? Cada show en Sálvame es un denodado ejercício por sentir que existe. Como él cientos de personajes televisivos, y millones de personajes no televisivos, pero que creen que merecen su propio programa, educados para ser estrellas, como dijo Chuck Palahniuk.

De esta primera consecuencia, deviene la segunda, y es que tener acceso a información desde cualquier parte del mundo, hace que tengamos una visión global. La cuestión es que toda información recibida, es buscada, capturada, procesada, transmitida y asimilada desde el etnocentrismo, no existen esos puntos de vista globales que pedía Lyothard.

La red ha supuesto otro estado de shock para la forma que tenemos de comunicarnos, pero también de ver, de entender el mundo. Si lo que no aparecía en la tele no existía, imaginemos si existe algo que no aparece en la tele ni deja huella digital alguna. Ni en redes sociales, ni una entrevista perdida… Por eso, hay veces que me pregunto quién ordena todo. Me pregunto si la red está al servicio del usuario y, si es así hasta cuándo.

Si ustedes buscan en google a la jamelga de Beyoncé Knowles, el servicio de autocompletado del buscador le ofrece a la cantante en cuanto han marcado las letras “be“. Busque a Lyothard, y el mismo servicio se lo autocompleta cuando hemos escrito “lyothar“. Los servicios de coockies y matching son tan fantásticos, que apetecen. Espiarnos para obtener nuestros usos, costumbres, gustos y depravaciones, parece bueno para el negocio y útil para nosotros, pero teniendo en cuenta que hay personas que talan el Amazonas, o producen bombas de racimo, dudo que no sea tentador que nos introduzcan productos interesados entre nuestros gustos, y que llegue el punto en el que los fabriquen (los gustos) atinando más que ahora, que no van mal: el control absoluto (con trasfondo, obviamente político y de control social).

Y en el momento que nos cuelen productos (como comenzará realizar Twitter con sus invasivos tweets de empresas a las que no sigues), podemos empezar el debate sobre cómo nos moldean más el cerebro. Y habrá quien diga que siempre habrá intrépidos cabrones, viejos topos, capaces de explorar, y de ofrecer cosas que mejoren nuestro mundo. Y te diré que su número es residual, que el resto se deja llevar entre cantos de sirena de un futuro donde llevar unos pantalones CK te haga más feliz.

Hemos creado un mundo virtual en el que podríamos hacer cosas tan extrañas e increíbles como nos pudiéramos imaginar. Y sin embargo no las hacemos. Los juegos de simulación social funcionan. Juegos en los que podemos huir de las frustraciones del día a día, y convertirnos en otro. Y muchas veces ese “otro” se corresponde con el “yo” que nos gustaría. Es decir que podríamos ser exploradodes en Andrómeda, pero la mayoría se quedaría como está, pero con huevos para decirle a la del cuarto que si se lo montan en el ascensor.

¿Se podrá tocar lo virtual?, ¿Las herramientas de marketing serán siempre tan cutres como en Second Life?, ¿O se refinará la cosa? Suena tan tentador poder generar los anhelos de las personas de manera directa. Y suena tan peligroso, como lo ha sido siempre. Y ahora me voy con el Tamagotchi a por el Paper.li. Buen domingo.

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Notas reformadas

-Se nos va. Fraga abandona la política demostrando que se puede ser franquista luego demócrata y no chirriar, y que se pueden vivir dos legislaturas balbuceando. Algo, esto segundo, que quien más quien menos sospechábamos. La misma generación que no sabe que el hermano de Franco fue político de Esquerra Republicana de Catalunya, ignoraba que el eterno presidente gallego fue ministro del Caudillo. Tan icono de lo postmoderno como Marilyn: una imagen efectiva, repetida, sin sentido, desafiando a los grandes relatos.

-La policía rodeaba esta mañana el Congreso de los Diputados, como si ignoraran que la mayor amenaza para el edificio la protagonizaron las fuerzas de seguridad del Estado un veintitrés de febrero. A los representantes del pueblo no les gusta oír los gritos de la calle que, ante la decisión política más crucial desde hace décadas, se ha oído más débil que nunca. Todo cansa, y la protesta también. Invitación a la ausencia en la vida pública, facilidades de pago a la indiferencia. luego vendrán los lloros.

Pepe Blanco, uno de los seres más mediocres que han salido por la tele, ha afirmado que “La reforma aprobada hoy, es una garantía para los inversores“. Cada vez que alguien del PSOE dice alguna frase así, debería explotarles el carnet en el bolsillo, generándoles politraumatismos, y diversas heridas causadas por metralla. Propongo que a las próximas elecciones les cambiemos el nombre por el de “Junta general de accionistas“. Que España cotice en bolsa, y que nosotros mismos podamos invertir nuestros impuestos en los países más competitivos y rentables.

-Recomendaciones de twitter: ayer hurgué un poco por el twitter oficial de FE de las Jons, y brindé a los followers una serie de grandes personajes, menos famosos que los Terch y compañía. Hoy recomiendo a uno de los clásicos actores-cansinos del progresí, mojabragas donde los haya, que es Juan Diego Botto (@JuanDiegoBotto), que se lía a lanzar metáforas contra la reforma constitucional, para que veamos que ha leído y que es guay.

-Completaría con una quinta nota, pero los mercados, impulsados por las agencias de calificación de riesgos, me han comentado que, para que la prima de riesgo del blog no se siga desplomando, debo reducir los caracteres de mis post.

Hasta la médula, siempre.

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Final no épico

María Dolores de Cospedal saca la tijera, y anuncia un recorte del 20% en su comunidad autónoma, Castilla la Mancha. Lo hace, además, con una varita mágica, ya que asegura que no tendrá coste para sus electores, y que tampoco subirá los impuestos. Desde que los reyes le trajeron Magia Borrás, la presidenta está que se sale, sin rubor alguno ante la prensa adormecida, agradecida.

Por lo pronto 500 liberados sindicales vuelven a sus puestos. Algo de coste social parece que es, en tanto que se aligera una fuerza reivindicativa. Podemos hablar de efectividad de sus acciones, pero sería como justificar que se corte una mano al ladrón, por el hecho de que esa mano cometía actos delictivos. Se congelan las plantillas, y se aumentan las horas docentes de los profesores. Algo de coste social parece que sigue siendo. Se recortarán subvenciones, y se privatizará la radio televisión pública, que algo de coste social parece que sí representa. Suprimirá algunas empresas públicas y algunas fundaciones. Pues eso.

Recortes en Sanidad y Educación pública. No es un coste para los castellanomanchegos, claro. Sobretodo si entendemos por coste, que un señor llegue a casa y te pida dinero. Si entendiéramos el concepto coste como dinero que dejamos de recibir, servicios (que al final cuestan dinero) que pierden calidad, o se suprimen, el valor de instrumentos y herramientas que garanticen nuestras libertades… entonces igual sí que podríamos decir que tiene un coste. Que se puede medir, valorar, cuantificar. Pero a ese punto de la reflexión nunca se llega, y no se llega porque todo aquello que está más abajo del titular, se nos ha convertido en letra pequeña.

La receta propuesta para los desmanes de un liberalismo que ha dejado pudrirse a lo público, es más liberalismo. Durante años nos han machacado con la idea falsa de que educación y sanidad privadas eran mejores y más eficientes, que los funcionarios son todos unos vagos, que el dinero de nuestros impuestos está mal gestionado, y que mejor cada uno se lo guise y se lo coma. A quien le vaya mal será por maleante, vago, no habrá aprovechado las oportunidades que le brinda la vida, o algo habrá hecho. Si está en paro es porque no sabrá inglés, o alemán, o lapón. Si no pueden pagarse médicos, es porque se habrá gastado el dinero en el bingo. Los que llevamos generaciones ostentando fortunas, te decimos que un sistema que te deja indefenso ante nosotros es el mejor. Y tú lo crees porque te sientes calentito si no te obligan a pensar.

Y el discurso ha calado. Porque he escuchado esos argumentos en boca de personas cercanas, no de La Gaceta, ni de Mariano Rajoy. Me lo ha contado gente cercana, de los que barren la clase obrera bajo la denominación “media”. La cantinela de la identificación de lo público con la falta de productividad y el mal, está en la calle y me la han repetido por doquier. Y esto es lo que nos encontramos. Sacudir de un puntapié en las urnas el polvo de décadas socialistas está bien, pero un terremoto también sacude.

Es el terremoto de la derrota total, del final de años de tiranteces entre lo financiero y lo ideológico. Y como esto no es una película de Hollywood, acaba ganando el favorito. Igual hay que entenderlo todo en clave postmoderna y dejarnos de mamonadas. Igual es que el YO está llegando a un tope borracho y auto (cómo no) destructivo.

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