Cuestión de cromosomas

La revista Rolling Stone realiza un ejercicio que aúna el interés de todo aficionado a la música popular y del del público general, que básicamente busca enlazar con lo emocional, publicando un artículo sobre la influencia en nuestros gustos musicales de la música que les gustaba a nuestros padres y que, de alguna u otra manera, nos llegó en la infancia.

Mis años mozos están cosidos por trayectos que atravesaban el país desde Guadalajara hasta Gijón y vivecersa, animado por toda la puta discografía de Mecano, Albano y Romina Power, Alberto Cortez, Perales, y cintas recopilatorias de lo que sonaba en los 40 Principales, con canciones variopintas, hábilmente cortadas antes de que la voz del locutor las pisara. En defensa de mis padres he de decir que en la maletita de las cintas había obras de Luis Cobos, Mocedades, Sergio y Estíbaliz, Eros Ramazotti, y otras lindezas, que muy pocas veces salían a relucir.

En definitiva, cada viaje era una tortura de siete, u ocho horas, con mi hermana taladrando las historias de Eugenio Salvador Dalí, Aire, Laika y sus putos muertos en pepitoria. En casa música la justa. Obviamente en una familia obrera el concepto comprar un disco termina cuando se cumplen los 18, y tener hijos supone cerrar persianas, tanto por lo económico, como por la sensación de misión cumplida para con la Humanidad. Sólo cintas grabadas con discos de la Biblioteca Pública, lo que hoy se conoce como “piratería”, que entonces era lo más normal del mundo.

Pero mi padre tuvo un pasado, antes de perder el juicio y tirar por su veta más lírica (de los Eagles, Kenny Rogers, Engelbert Humperdink, y tal), atendiendo a la primera edición de Operación Triunfo, y todo tipo de personas que hagan gorgoritos. En ese pasado había nombres como Simon & Garfunkel, Supertramp, o Pink Foyd. Y a eso me enganché, a husmear un poco en el brillo de tiempo atrás, a escuchar aquel vinilo, el Animals, aquellos grandes éxitos de S&G con sus melodías redondas, y reconocibles si te educaron en colegio de curas.

Y de hurgar llegas al doble rojo de los Beatles que te encuentras un día tonto por casa, y del grupo que facturó el Animals aparece el The Piper at the Gates of Dawn, y todo cambia para siempre. Porque See Emily Play te produce el mismo destroce neuronal con catorce que con treinta. Qué brillante y qué raro. Entonces despegas y con el esnobismo como combustible descubres muchas cosas, te conviertes en un gilipollas descomunal que no puede hablar de música con nadie, sólo con otros gilipollas que tampoco pueden hablar de música con nadie. Con el paso de los años, retornas todo el rato a clásicos, te das cuenta que el tiempo es limitado para adorar nuevos becerros y ves el cajón de “novedades” con un cierto recelo. Digamos que con 30 escucho un 65% de clásicos, 35% novedades, y las diferencias, por lo que me dijo en su día Fran Nixon, irán in crescendo. De cualquier modo, siempre piensas que tienes razón.

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Trucos para maquillar tu presentación

Les voy a citar una serie de trucos efectistas para las presentaciones. Se trata de estratagemas de vendehumos, y creo que he demostrado lo suficiente en esa materia, como para que mis recomendaciones les puedan ser útiles:

-Los niños son muy importantes. Leía ayer una gran frase que resume lo que les digo: “Para mi hija, una revista es un iPad que no funciona, y siempre seguirá siéndolo“. La sentencia es genial porque no sólo tira del concepto niño, pretendiendo insinuar que somos animales que, por naturaleza necesitamos un producto, en este caso de Apple, sino que además profetiza que siempre será así. Tirando de la argumentación, podríamos deducir que el ideal hacia el que nos movemos es un mundo gobernado por Princesas Disney y Bob Esponja en los papeles de Merkel y Sarkozy, o que la Scala de Milán debería abrirse a Justin Bieber. Es un poco el argumento de que todo lo que no divierta se queda fuera, y que todo lo que requiere esfuerzo es un rollo poco comercial.

-Los crecimientos exponenciales. Cuando aparece un producto, soporte, portal, red… los crecimientos siempre son impactantes en tanto que algo que pase de 0 a10 ha crecido brutalmente, y lo que pase de 10 a 1000 ha multiplicado por 100 su tamaño. Por tanto podemos vender diez latas de guano de gaviota y, si dentro de un año se venden cien, hablamos de que hemos multiplicado por diez las ventas, con un crecimiento exponencial, como queriendo dar a entender que en otro año todo ser vivo tendrá su latita de caca de pájaro.

-Los datos absolutos. Contar que un servicio tiene 10.000 usuarios, suele significar que ese servicio, siendo muy optimistas, tiene 5.000 usuarios reales, pero nos da lo mismo porque lo que intentamos en las presentaciones es impresionar. Es más o menos como medírtela. ¿Desde dónde se empieza?, ¿Cuál es la base del aparato?, ¿En erección, o en estado de relax? Los conozco que se la medían empezando casi desde la nuca. Al final no se engaña a nadie. Al principio sí.

-La frase “si no estás (…rellénese al gusto…) no eres nadie. Es un mito sólo utilizable en caso de que el interlocutor sea duro de mollera y no llegue a esa conclusión tras toda la presentación. Es un remate, una aclaración literal. Se aplicó a internet, y el incremento de basura online hizo que estar en internet no significara nada. Nos viene del cole donde si no teníamos una pulsera de macarrón, o chinito de la suerte, o Air Jordan, o pulsera de chapa de New Kids on the Block, o una bomber, o el pelo a tazón, no éramos nadie. Pasó con second life, y ahora pasa con las redes sociales, principalmente con facebook. “Tus clientes están en facebook“. Vale, y tu competencia, y tus clientes potenciales, y los que te aman y los que te odian, y tu mujer, tu suegra y tu canario. Venga ya estamos todos en facebook, ¿Ahora qué? Pues a hacer dinero en otro lugar en el que si no estás no serás nadie.

-Emplear datos de USA. Los Estados Unidos de América, país en el que si no vives en una unifamiliar con un buen garaje lleno de enchufes, tu hijo será un puto fracasado. Siempre van por delante. Japón también mola, o eso pensamos desde que les lanzamos dos bombas atómicas. Si tu dices que tal servicio está a tope en USA, o Japón, el personal se lo piensa. Es como el “anunciado en TV que va en las cajas de las tapas del chef Tony, o en el Abbflex. Es la garantía de calidad. USA es la TV del mundo.

No voy a seguir porque no sé de qué coño voy a hablar en la próxima reunión…

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Siempre la puta seducción

Imaginen que hoy entran aquí y hablo del frío. Del frío que hace. Y que les digo que he hablado con tres, o cuatro personas de la calle que refutan mi teoría sobre lo bajas que están las temperaturas, que hay que empezar a abrigarse, y que ya está aquí el invierno con todas las de la ley. Imaginen que se lo cuento hoy, y mañana, y así hasta que pueda ocupar el 70% de los post hablando de la llegada del asfixiante calor. Ahora imaginen que en vez de un blog me pongo en un plató ante millones de espectadores cada noche. Pues eso se llama “informativo”. Luego preguntarán por el descrédito de los medios tradicionales.

La idea del desarrollo inusitado de la información meteorológica, es que a la gente le interesa el tiempo. Es un tema de conversación recurrente sobre un fenómeno que se percibe de manera literal. No hay un sistema representativo, como sucede con la política. Cuando estaba en la radio había ostias por patrocinar el tiempo. Eso mismo pasa en todas las cadenas de tele. Es el pastelito publicitario, el producto estrella, seguido de los deportes. Haces un boletín de noticias y el personal se queda con el tiempo, porque si hace frío se les congela la nariz, si hace calor sudan, y si llueve se mojan como los demás.

Para que la política interesara, sería necesario que el espectador/ciudadano, padeciera o disfrutara de las decisiones políticas, sintiera que le afectan. Pero en este mundo en regresión non stop hacia la adolescencia, ni siquiera la declaración de la renta le une a lo público (que me la haga el gestor, o el programa PADRE, o confirmo el borrador). Debería tener una incidencia directa. Por ejemplo, si cada operación del lobby especulativo que nos tiene cogida la deuda por las pelotas, fuera un delincuente -por ejemplo- que nos roba cada día 50 euros en el portal, el personal estaría interesado en saber todo del delincuente. Todo. ¿Por qué nos interesa poco conocer la milonga económica?: que nos lo den hecho, me representan, el enemigo no tiene cara ni cuerpo, creo que no me afecta.

Estamos viviendo una realidad peliaguda que todo el mundo comenta: da la sensación de que si los negocios van bien las grandes fortunas disfrutan de los beneficios, y que si los negocios van mal, pagamos todos de manera directa. Hace ya tiempo el consumo comenzó su lucha por la calle. De una lícita idea de buscar el máximo beneficio, los popes del marketing desviaron los paseos a los grandes centros comerciales. Son muchas las familias que dedican el fin de semana a pasear por centros comerciales. Tan es así que algunas zonas de importantes ciudades se han visto obligadas a convertirse en “centros comerciales abiertos” para resulta atractivos. Convertir al ciudadano en cliente, en consumidor.

Parece que los espacios privados han sustituido a los públicos. Esa desafección provocada por el culto a la propiedad privada, entendiéndola como única forma de propiedad, ha generado la idea de que la calle o no es de nadie, o es del Ayuntamiento de turno, por lo que ni se cuida ni se aprovecha. No voy a caer en el tópico demagógico de que los niños ya no juegan en la calle, porque es patético, pero entiendan que por ahí va la cosa. En ese momento lo público, el sistema democrático, perdió una gran batalla, absolutamente tangible, pero que siempre se ha disfrazado para que no lo parezca. La gente rompe farolas en la calle, no en el Factory las Rozas.

-Está próximo el día en que la palabra “ciudadano” nos suene tan cascuda como hoy nos lo parece la palabra “proletario” . Hemos pisado el acelerador.

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El bucle de los proyectos

Hubo una época en la que me dedicaba a hacer guiones para un programa de humor que no tenía gracia. Ninguna. Ni un esbozo, una leve sonrisa, nada. Recuerdo que la jefa de guiones era muy estricta con el “tono” del programa. Le podías entregar algo realmente bueno, y te devolvía un “Dale una vuelta. A todo.”, o le dejabas un mojón escrito en seis minutos y lo exhibía a los compañeros musitando la palabra “brillante“. En definitiva había una especie de ley compensatoria no escrita, según la cual los guiones brillantes no tenían ni puta gracia.

El primer día que todo el equipo visionó el programa nos pareció un mierdote del tamaño de la catedral de Burgos. Sin chispa, sin arte, sin ritmo: horrible. Al acabar el silencio se extendió como si hubiera subido la marea de repente, y cada cual se fue a su sitio, principalmente a actualizar el perfil en InfoJobs. Efectivamente duramos diez programas, siempre por debajo del 14% de share, y al segundo 10% nos invitaron gentilmente a abandonar la nave hasta el próximo proyecto.

Verdaderamente había gente con talento en aquel equipo, capaces de reír sin parar en los descansos para fumar, pero al ponerse frente al teclado sólo podíamos pensar en aquella jefa de guiones bollera, con sus chapitas de los Arctic Monkeys y Pulp que no sabía quién eran Paul Weller o The Animals. La pregunta es evidente: si tú mismo no crees en lo que haces ¿Qué especie de fuerza superior e invisible logra que las cosas se hagan mal con regularidad?

Cuatro se acaba de ventilar “Las noticias de las 2“, que ocupaba el espacio previo al de máxima audiencia, y que ha sido merendado por el inefable Motos, e incluso por Wyoming. Sólo había que verlo dos minutos. Esas cosas pasan por un jefe de guión, un responsable de redacción, un director de programa, un directivo de la productora y otro, u otros, de las cadenas. ¿Es que nadie vio que era un truño? Pues claro que sí, todos lo vieron, pero nadie dijo nada porque a nadie le afectaba.

Los directivos de las cadenas acaban siendo gestores de presupuestos y se dedican a colar en las ventanas de oportunidades, favores con amigos y productoras. Los directivos de las productoras son comerciales que se llevan más pasta cuanto más cuelen y, si va mal, le pueden echar las culpas al equipo, al formato, a que el público no está preparado… El director del programa quiere ser Spielberg o Almodóvar, y carece de perspectiva y contacto con el mundo real, con el público. El responsable de redacción vive obsesionado con que los redactores rellenen x folios en x horas, y el responsable de guión… bueno, el responsable de guión, que tiene contacto con todas esas realidades, sólo quiere llegar pronto a responsable, director, y directivo.

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Poor Balance

Me parece llamativo que en el plazo de una semana Rajoy sea Presidente del Gobierno, y en Estados Unidos acaben de hundir a Power Balance. La fe en algo o alguien que nos salve, aunque racionalmente sepamos que es absurdo, es una especie de ciclo condenado a repetirse eternamente como un pincho de chorizo de Pamplona en una fiesta infantil de cumpleaños. El símil es una mierda, pero si hubiera sido Joaquín Sabina lo hubierais considerado “poesía urbana”.

Es como cuando nos comprábamos las Joma Donato soñando con que sólo por invertir esa mil doscientas pelas, ocuparíamos plaza en el centro del campo del Atlético de Madrid. O como cuando vamos de tienda en tienda esperando que cada golpe de banda magnética nos asegure estar más cerca de eso a lo que aspiramos. El efecto siempre pasa al salir de la tienda, porque este mundo de seducciones se ha convertido en un espejo del probador del Zara.

Sólo creería en la inteligencia del ser humano, si los responsables de PP y PSOE acordaran presentar animales u objetos como candidatos a las próximas elecciones. Podrían pasar dos cosas: o que un sacapuntas de Stabilo Boss -a la postre hermano aplicado de Hugo- fuera nuestro nuevo máximo mandatario, o que le diera un síncope a Rosa Díez, como nos daba a todos cuando el profe de mates quería amargarnos el día en que no llevábamos los deberes. Creo más en la primera opción, y en ver a la lideresa de UPyD pidiéndole a un cenicero de metal que elimine la Ley D´Hondt.

Voy a sentarme a esperar que me salven. Voy a disfrutar de cada segundo de la legislatura. Voy a ver cómo son capaces de asombrar a los, no menos de dos millones de votantes, que han considerado que “peor no se puede hacer”. Sí se puede hacer peor. Y espero que lo hagan con arte y tronío.

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Hola Carlos, soy tu post

Hola Carlos soy tú. Tú mismo dentro de treinta años. Así comienza el spot de McDonnald´s que, por su juego fácil, será recordado por el público analógico y el digital. Y es que los tuits sobre #HolaCarlos poblaron nuestros timelines hace unos días, explotando publicitariamente, y de manera gratuita, la marca de presuntas hamburguesas. Digo que el juego es fácil porque cualquier chimpancé borracho metido a guionista, se puede dedicar o a hacer chistes con Falete y Paquirrín, o a crear tramas con viajes en el tiempo y amnesias. Salvan cualquier guión y a la gente le gusta.

Volviendo al anuncio, el chavalín asume que él mismo se está llamando, treinta años después, con la misma sorpresa que si le dijeran que ha aprobado un parcial de matemáticas. Aunque el aprobado da igual, porque se dice a sí mismo que no se agobie con los estudios, y que será lo quiere ser de verdad: tener una empresa “en Internet“. Ese concepto es el primero que me choca, olvidando toda la situación fantástica anterior. ¿Qué es tener una empresa en Internet?, ¿Que tiene una página web?, ¿Una fanpage en Facebook?, ¿Que se habla de ella en forocoches?, ¿Habrá alguna comarca que se llame Internet, donde ubique la sede social de la empresa? Suponiendo que se refiere a tener una empresa de venta ¿? online… ¿Es compatible decirle que no se preocupe, y a la vez que será empresario?

El gesto criminal: “España va a ganar el Mundial -¿El del 82?- No, ese no“. Cómo se puede ser tan hijodeputa. Cómo se puede llegar a ese grado de criminalidad… ¡Dile qué puto Mundial ganamos! ¿Es que tiene que pasar por lo que hemos pasado todos?, ¿Es que tiene que vivir el penalti de Raúl, el codazo de Tasotti, el robo de Korea, la prórroga de Inglaterra…? ¡¡Díselo!! ¡¡Mitiga esa ansiedad y depresión generacional!! Y ya de paso coméntale un par de quinielas, y así te ahorras la primera ronda de financiación de tu jodida “empresa en Internet“, idiota.

El final es mi triángulo de las Bermudas, donde me pierdo. Le dice que entre en el restaurante (sic) y que conozca a una chica, y se la cuide.  Y yo me pregunto: ¿Es la misma que le acompaña en la actualidad?, ¿Qué sentido tiene entonces que entre a conocerla, si se van a conocer y formar una familia igual? ¿Pasa algo en la máquina del tiempo, que haga que tenga que intervenir con esa llamada, para forzar el encuentro?, o ¿Acaso la chica del burguer no es la misma que la que está con él de mayor?, ¿Es una exnovia a la que no olvida?, ¿Quiere deshacer su presente con una mujer a la que no quiere, y endeudado hasta las trancas en plena crisis?,

Y lo que me deja en fuera de juego:

1) ¿Cualquiera de nosotros hablamos con nuestro pasado, y a los diez segundos corremos a apretarnos un BigMac? Le dice “vale, gracias“, el chavalín. ¿¡Vale, gracias!? ¡Eres protagonista de un salto en el tiempo cuatro años antes del estreno de Regreso al Futuro, y contestas como si estuvieras hablando con los del puto 1004!

2) Le confiesa a su mujer que estaba hablando consigo mismo. En mi pueblo a eso se le llama hablar sólo, y conviene que te vea un psicólogo, pero su mujer lo asume con normalidad, como dándolo por perdido.

CONCLUSIONES:

Igual, amigo Carlos, deberías relajarte un poco, dejar de trabajar 22 horas en tu empresa, y en las 2 que dedicas a tu familia dejar de llevarles al puto McDonnald´s. Igual deberías dedicarle tiempo a una mujer que pasa de ti como de la mierda, en lugar de andar provocando saltos en el tiempo para que tu yo del pasado te resuelva la papeleta.

Admiro profundamente la persistencia del tal Carlos. El dineral en llamadas a una cabina y la paciencia para coincidir consigo mismo justo al pasar por la calle. La suerte de que cogiera el teléfono de una cabina, teniendo en cuenta que esto no es una peli americana, que en España ni nos dejamos las puertas de las unifamiliares abiertas, ni sonaban las cabinas ni, of course, cogíamos esos teléfonos. Lo de de dónde ha sacado el número de una cabina del pasado, mejor ni preguntamos.

PD: Pero que el anuncio me ha tocado la fibra, ¿Eh?

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Snob II

Estoy maquinando hacer algo moderno y necesito ayuda.

Había pensado en pillar una bici y dejar el coche. No conforme con tal afrenta, podría desmontar la bici, lijar la pintura antióxido del cuadro, quitarle los frenos y las velocidades para meterle un sólo plato y un sólo piñón, y tener así que frenar a contrapedal. Pero un tipo como yo, algo más rápido, fumado, y con muchos amigos, empezó a abrasar San Francisco, y ya llego tarde a la moda fixy.

Luego, en vista de que la gilipollas de la gente no hace más que comprar cosas en el bucle “se llevan los 60, se llevan los 70, se llevan los 80“, había pensado la gloriosa idea de poner de moda los 50, pero llegaron los rockers del Tentaciones, así como muy de pose, como muy rollo Kitty, Daisy and Louis, rollo Los Coronas, rollo Arizona, rollo Vinilla, y me jodieron el invento. Luego dije “¡Joder, los 90!“, pero se me adelantó H&M con las camisas de cuadritos rojos y negros que lleva todo dios, y los pantalones rotos, y tal.

Igual la idea era el rollo feo, osea frente a la modernidad maimstream de los 90, simbolizada en el afeitado de Del Piero, me apeteció apostar por lo menos cuidado, lo agreste, el fin del mariquismo postmoderno, al ataque con barbas y pelánganos, pero no pelo largo salvaje que parezca bucólico, no: pelo largo pero peinado, osea… jodidos, en plan con bigote, como las fotos de las carteras de todas las señoras de los supermercados del sur de Europa. Y se me han vuelto a adelantar.

El otro día estuve tomando un gintonic -bebida que antes era de viejos, luego de moda, y que ya casi está pasada-, con el tío que puso de moda las gorras beisboleras con la visera doblada y para atrás, que se reinventó hace poco con las gorras beisboleras con la visera recta y para adelante, y me comentó que era su último gintonic, porque el imperio del anís estaba ahí fuera, esperándonos. Lo de las gorras de ciclista vintage ni se lo esperaba.

Me dejó loco, porque siempre está cavilando, y sabe el tío, y se reinventa de verdad no como los coolhunter. No hay nada menos cool que hablar de lo cool. Igual dentro de cinco años la cosa cambia. Quiero dar un golpe de efecto. La clave está en la esgrima. Petos de fieltro, barba mosquetera y fiebre por la esgrima: aunar lo varonil con lo refinado. Y nada de skaters dando por culo en parques. Quiero ostias, sangre y que Pérez-Reverte sea nuestro norte y nuestra luz.

Pero que necesito ayuda, vamos.

PD: ¿Sabéis que hay partidos que necesitan menos votos para sacar más escaños? Yo también, y estoy hasta la polla de que me lo repitan.

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Ventajas de la crisis

1. Se acabó el concepto de oposición. Esos jóvenes -y no tan jóvenes- que se dedicaban a “opositar”, con sus libros, sus academias, su pesadumbre, sus nervios. Ciao, bambinos. Se acabaron las injusticias de jugártelo todo a un examen, y las convocatorias de seis mil candidatos para cinco plazas.

2. Adiós a los gurús, blogs y libros, en los que nos contaban cómo aumentar nuestros beneficios, eludiendo que la forma más efectiva es tener a menores de edad hacinados en sótanos trabajando 22 horas al día. Ahora el sector se reconvertirá a “Cómo minimizar nuestras pérdidas“, eludiendo que la forma más efectiva son los despidos, impagos y las refinanciaciones imposibles.

3. Bye bye inmigrantes, esos chupópteros que vinieron a España sólo por la pasta y que, al no encontrarla, se irán por donde han venido: a sus países de origen que en unos casos -Lationomérica- estaban mejor gestionados cuando nuestros compatriotas los descubrieron y administraron, y en otros -África- cuando los europeos bajamos, con escuadra y cartabón, a poner un poco de orden en aquel sindiós. Será el fin de los robos, las violaciones, los asesinatos, la droga, los calientamanos, el reaggetón, Dora Exploradora, y todo tipo de delincuencia bajo la etiqueta “inseguridad”,

4. Derogación de la ley de dependencia. Total, para lo que se ha cumplido… De ese modo las mujeres volverán a casa a cuidar de los seres vivos más improductivos, se reduce la oferta de mano de obra, y bajan las cifras del paro. Tías fuera del trabajo y viejos chochos atendidos: dos por uno.

5. Los gobiernos se van poblando de técnicos especializados en economía, que provienen de bancos y entidades financieras. Sólo ellos, que nos han metido aquí, sabrán cómo sacarnos, haciendo gala del espíritu filántropo que les caracteriza. Se acabaron los políticos ladrones de medio pelo. Que vengan los profesionales.

6. La sociedad asume determinadas palabras en su día a día, como “prima de riesgo”, “core capital”, “deuda pública”, “tecnócrata”, cuyo significado desconoce. Continúa sin tener ni pajolera idea de lo que implican estos vocablos, como sucedía con cualquier otro tema, ni manifiestan mayor interés por conocerlo, pero por lo menos aumenta su léxico.

7. En estas situaciones parece bastante claro que lo más valorado a nivel económico es la liquidez. Véase como una forma de rendir pleitesía en vida a toda una dama de la interpretación como es mi Conchita Velasco, cuya figura se erige como símbolo de liquidez incontenida.

8. Las cadenas de hamburguesas, pizzas, y comida rápida en general, comenzarán a estar tan bien vistas, que menear la mandíbula en sus salas se convertirá en un acto aspiracional, al que sólo pueden acceder los elegidos. Ferrán Adriá podrá volver a reinventarse partiendo cero. Además, el precio de la farlopa bajará, lo que le puede venir fenomenal.

9. La prima de riesgo sube tanto, que los intereses que tendremos que pagar con la deuda ya pasan del 7%, por lo que a partir de ahí nos empieza a salir más rentable huir de los inversores especuladores, y pedir pasta a Cofidis, Crediagil o cualquiera de los prestamistas que salen por la tele en horario de marujas.

10. Conoceremos el final Paco el Pocero y su ciudad proyectada en Seseña, con Alfredo Urdaci como director de comunicación, y todas las marcianas cosas que ha venido haciendo y protagonizando en los últimos años. Y el final de Paco el Pocero es que es un sueño de Antonio Resines.

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La burbuja

Paso muchas horas cada día metido en una burbuja. Una burbuja dentro de la cual puedes vivir ajeno al palpitar de las grandes y pequeñas ciudades que aúllan, en las que se empiezan a abrir heridas difíciles de cicatrizar.

La burbuja emerge en mitad de la nada, reposa encima de dos plantas repletas de coches de gama alta, y se hilvana a base de conversaciones sobre activos, empleadas del hogar, segundas o terceras viviendas, y toda una serie de temáticas superfluas sobre el papel, pero fundamentales dentro de ella. En la burbuja se vive en un líquido amniótico a 23ºC y con un 42% de humedad, pero siempre hace frío. El termostato sólo mantiene la temperatura óptima para avivar la ilusión de que el invierno de fuera es un mero entretenimiento.

La burbuja tiene sus propias leyes, sus propios códigos, su propia jerarquía y su propio tiempo. En la burbuja creces y decreces rápido o despacio en función de si vives en un minuto que es una semana, o en semanas que son un minuto, y sólo te das cuenta por pequeños gestos. La burbuja no tiene salida de emergencia porque no existe la palabra emergencia, sólo tú puedes imaginar una escalera de cuatro peldaños en la que adquieres un poco de perspectiva, pero aumentando el cuadro sólo percibes miedo.

En los pasillos de la burbuja se cruzan saludos los candidatos a hechiceros de la tierra de Oz, unidos por la congoja de haberse sacrificado en balde, insatisfechos eternamente por el creciente ritmo de sus vidas, que nunca es suficiente. De ellos depende todo, y por ello el color de la temporada, dentro de la burbuja, es aquel que los aleja lo más posible de la humanidad. Pero en la burbuja hay gestos, comentarios, pequeñas palancas de cercanía, orificios por los que se cuela aire. Y cuando el sol se pone, comienza la obsesión del servicio de seguridad porque en una de esas no haga todo “plof”.

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La era de la gestión

-Europa ya tiene lo que quiere: gestores. Esa puta cantinela repetida una y otra vez hasta la saciedad, esmantra rezado desde los micrófonos y los platós, hasta el último rincón del Bar Viriato (calle Avemaría, Lavapiés): que nada es cuestión de ideología, que lo que se necesitan son buenos gestores. Pues ahí están, el viejo continente (cómo mola ese tópico, y que egoísta, subjetivo y asqueroso) está siendo tomado por los gestores, los tecnócratas, robots objetivos y sin ideología capaces de sacarnos de situaciones complicadas.

-Esa idea de que vivimos el fin de las ideologías surge a finales de los noventa, al calor de la necesidad neocon norteamericana de encontrar argumentos válidos, ahora que el muro ha caído como referencia para una clase social. Como queremos auto-felarnos, expliquémosle al pueblo que nos la podemos chupar, y que así será siempre porque somos los supervivientes naturales de la humanidad. Y tenemos a Francis Fukuyama dale que te pego con el soniquete del fin de la Historia y el triunfo definitivo del liberalismo.

-Ese discurso pasa por la estructura del sistema, y cala en los influyentes. Sean referencias deportivas, analistas o tertulianos, el latiguillo “me da igual si son de izquierdas o de derechas, lo que quiero es que lo hagan bien“, es tan absolutamente simple, evidente y estúpido, como eficaz. Igual de eficaz que el “soy apolítico” (que equivale en realidad a “soy ahumano“), el “izquierda y derecha son lo mismo” es una simplificación que ha ganado legitimidad a base de resultar la conclusión rápida a titulares de prensa y, sobretodo, en base a la repetición pura y dura, como un éxito de los 40 Principales.

-En estas que el mundo, hundido en el fango, ahogado por su propio pene, volviendo a la bonita metáfora del primer párrafo, aparato que se auto-fela desde la caída del muro y el final de la última alternativa perceptible, tangible, se encuentra en quiebra. La máquina autojustificante lleva tiempo en marcha. Si los dirigentes comunistas cometían tropelías, los directivos de Caixa Galicia son un pequeño problema y, esto es importante, ante el que no se puede hacer nada.

-No se puede hacer nada ante el actual sistema, puesto que se ha desactivad cualquier alternativa desde el primer momento. La seducción, potenciada por la cultura audiovisual, ha sido  efectiva, y nadie quiere exponerse a perder la vida prometida de chalet, perro y Audi. En el mundo en el que los empresarios de éxito se convierten en líderes espirituales (“permanece hambriento“), la ciudadanía se alegra de recibir a tecnócratas en sus gobiernos, interventores técnicos, como si los Estados fueran empresas, como si los técnicos fueran, por fin, una especie como ellos: irrefelxivos, apolíticos, pero que “si tienen cuatro, no se gasten cinco“.

-La entrada de este perfil en la dirección de gobiernos, es el comienzo de la liquidación del Estado. Quedará una especie de Estado S.A., si es que no lo es ya, recordemos que vivimos de la cotización que tengamos en los mercados, que tenemos que demostrar ante los accionistas fortaleza y solvencia, y presentar resultados positivos y, a ser posible, tender al déficit cero.

-En este punto seré muy claro, aviso. Cabe decir, y lo pondré en mayúsculas y negrita por destacarlo, que la entrada de los tecnócratas en los gobiernos ES, EN SÍ, UNA DECISIÓN POLÍTICA, CARGADA DE IDEOLOGÍA DE PRINCIPIO A FIN. Que los dichosos técnicos no son robots, son señores al servicio de esa cosa rara que arrasa con los ciudadanos y enriquece y salva el culo a los señores gordos y grandes, y que se llama mercado. Esos tecnócratas vienen a liquidar los Estados, a tomar medidas tan jodidamente poco éticas, tan pésimas para nuestro futuro, que ni Silvio Berlusconi tuvo cojones a tomar. Que lo que el pueblo considera que no es ideología, sí lo es, y radical. Que lo que el pueblo considera única salida, no lo es, y que lo que piensan es indiscutible, es perfectamente discutible, pero que se vive mejor esperando que alguien piense por mí, porque así nos han educado, y ese comportamiento ha sido premiado TODA NUESTRA PUTA VIDA.

Y ahora: Inditex.

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