¿Por qué los equipos echan a los entrenadores cuando las cosas van mal?

El joven Javi Clemente

Los entrenadores, esos nómadas del deporte que van con su teatrillo a cuestas allá donde les lleven el destino y los resultados. Javier Irureta vivió siete años en la habitación de un hotel de A Coruña, sabedor de que las alegrías más gigantes se borran con cuatro malos resultados consecutivos. Su trabajo no es sencillo: ser el tirano que logre que un puñado de egos millonarios no salga a hostias en cada entrenamiento y, si pueden, enseñarles a realizar marcajes en los córners. Para los que se acercan al deporte con reservas, ahí van las posibilidades por las que el entrenador se puede ver en la cola del paro:

1. Porque hay veces que los entrenadores tienen la culpa del mal juego, o los malos resultados. No son capaces de sacar el máximo rendimiento a sus plantillas, no aciertan con el sistema, no dan muestras de trabajo táctico, no dejan su sello, no aportan personalidad ni hacen crecer al equipo. Casi nunca se les echa por eso y, casi siempre que esto sucede, aguantan mucho tiempo en el puesto. El ejemplo más claro es el de Javier Clemente como seleccionador nacional español, derrochando a una generación colosal.

2. Porque hay veces que los jugadores tienen la culpa del mal juego, o los malos resultados. Los jugadores salen de parranda, van a entrenar tarde, juegan de resaca, piensan en sus selecciones, en futuros traspasos, pasan de todo. La prensa suele utilizar el tópico de que “es más fácil echar a uno, que a veintidós“. Obviamente es falso. Obviamente es más fácil echar a uno, pero ese uno puede ser un jugador. El caso más evidente es el de Frank Rijkaard en el F.C. Barcelona. Si hubiera echado a Ronaldinho, Deco y Eto´o, hubiera solucionado su problema y el equipo hubiera seguido siendo dominante. Guardiola lo hizo en la siguiente temporada, y mira.

3. Porque hay veces que los directivos tienen la culpa del mal juego, o los malos resultados. Planificaciones demenciales, jugadas patéticas en los despachos, plantillas imposibles, fichajes de oscuras comisiones, ventas el último día del período de fichajes… El directivo jamás asume su culpa, siempre considera que les han dado una plantilla brutal con la que tienen que ser campeones de todas las competiciones. Es el caso de Mike D´Anthony, año y medio para crear un grupo en los Knicks de NY, que vió cómo destrozaban su equipo para traer a una superestrella (Carmelo Anthony) que anotó la friolera de un punto en un partido la semana pasada.

4. Porque el entrenador está en el Atlético de Madrid. En realidad es juntar un poco todas las opciones anteriores.

En cualquier caso es el entrenador el que paga los platos rotos. Sirva este post de absoluto apoyo en los malos momentos al entrenador que mejor encarna los valores de su club, uno de esos que debería tener contrato vitalicio: Manolo Preciado. Para quien no recuerde quien es, se trata del primer tipo que le dijo a un canalla, que lo era:

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Por Gonzalo Vázquez

“Y no pasa nada. Una parte de mí, la misma que ahora aplasta la pena, está satisfecha. Porque uno sabe perfectamente cuando lo ha intentado y cuando ya no puede hacer más. A un par de millas del ecuador de la vida me he dado por fin cuenta de que la distancia es mi sitio, de que hay algo muy digno en las afueras de mi profesión y que tal vez encuentre allí el único lugar apacible donde poder hacer lo que a estas alturas mi experiencia me dice que es lo mejor, o tal vez lo único que sé hacer.”

Gonzalo Vázquez, NYC, 2012

Foto: Antonio Gil/Michael da Costa para JotDown

La estufa provoca una corriente de aire caliente que se eleva en el salón y que, por una serie de rebotes casuales, indice sobre la llama de una vela. El aire sobre la llama provoca un efecto extraño y la convierte en una bola de luz intermitente, como una especie de pelota de baloncesto botando. La intermitencia es regular y deforma la llama cada cero coma ocho segundos. En cero coma ocho segundos sólo da tiempo a que entre en tu bandeja de correo una newsletter a la que no recuerdas haberte suscrito nunca. Entre la estufa y la llama hay espacio intermedio. Entre newsletter y newsletter hay espacio intermedio.

Con veinte años tenía claro que sería el heredero de Buenafuente. Ascensión meteórica, talento, aplausos, culto. Siete años más tarde entraba a las 8 de la mañana en un puesto de teleoperador en Suances, dispuesto a vender ADSL de Vodafone por teléfono. Salía corriendo a las 14 para que el metro de dejara llegar a casa a las 15, logarme y moderar comentarios del 20 Minutos. Ciento veinte comentarios por minuto durante cuatro horas. Entre los dos trabajos, ochocientos sesenta euros. A partir de las siete, pelea por una idea millonaria. Se me giró el embudo del mundo. Y entre los veinte y los veintisiete años, espacio.

No puedes pretender hacer periodismo y que te paguen por ello. Te pagan si eres un vocero, si reproduces roles, si ayudas a los dueños a mantener un estatus mentiroso que gana en la portada lo que mata con letra pequeña. La historia de mi generación es la historia del desencanto, de la pelea por zurcir futuros rotos, de la búsqueda desesperada de los papeles con promesas que jamás volverán a aparecer. El camino hacia la derrota es el más interesante de nuestras vidas, pero pensar que la derrota no llega es un suicidio sentimental.

Ahora mismo escucho en la radio a uno de los voceros, contando las declaraciones de la novia de un jugador del Milán. Mientras tanto, Gonzalo Vázquez, un ensayista metido a escritor de baloncesto, el hombre que ocultaba la miseria y la envolvía en belleza, está regresando en un vuelo barato, mascando su fracaso, retorcido por la tuberculosis. La derrota de Gonzalo ha sido verdaderamente maravillosa. Una gran derrota plagada de humillación, incomprensión, dolor, y periodismo. Que retiren su camiseta. Y mi sombrero por usted, señor Vazquez.

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Restituir la honorabilidad

Detalles:

-Movimiento de Costa detrás. Le pica el trasero. No es capaz de acomodarse. Sabe que en unos minutos, escucharán su conversación con El Bigotes en la que le dice: “¿Tú vas a cenar con éste (Camps), no? Podrías decirle que me tiene socarrado, que como secretario general podría ser más útil si me pusiera en el Gobierno“. El Bigotes‘ responde; “Tranquilo, pensaba darle de lo lindo por varios sitios“.

-La implicación de la prensa en el ajo “…he comido con el director del Levante y con el subdirector (…) es un poco el impuesto revolucionario (..) dicen que les ha bajado mucho la publicidad y quieren hacer cosas muy bonitas que parezca que están hechas sin pagar (…) no me importaría pagar 7 u 8 mil euros si no le pegan hostias“. Ese es el papel en todo esto del cuarto poder. Ahora que los periodistas sigan echando la culpa de sus miserias a Internet.

-Camps no se anda con chiquitas. Quiere sentarse con Obama. Podría llevarse a Josep Piqué para que le diera un par de cabezazos como le dio en su día a Bush.

-Hablando de Josep Piqué, hay voces que sitúan a su esposa, Gloria Lomana, actual directora de informativos de Antena Tres, al frente de RTVE. Lomana y la mujer de Javier Arenas son íntimas. Javier Arenas está presionando para que Gloria Lomana presida RTVE. Imaginan ustedes cómo trataría este caso RTVE, y cómo lo está tratando ahora mismo Antena Tres. Volvemos a lo de los periodistas.

-Vaya por delante que la trama Gürtel se nutrió de sus actividades en la Comunidad de Madrid. El nuevo Ministro de Justicia fue presidente de la Comunidad de Madrid, y alcalde de la capital durante los años en los que la Gürtel campó a sus anchas.

-Con Zapatero, PRISA accedió a un canal en abierto, Cuatro, que hasta entonces tuvo prohibido. Nació La Sexta, dirigida por un tipo que jugaba con él al baloncesto en la Moncloa. Con Aznar, Telefónica entró en Antena Tres. La compañía de telecomunicaciones estaba en manos de un compañero de pupitre. El cuarto (del) poder convirtió, merced a Urdaci, un sindicato en las siglas más famosas de la tele.

-La honorabilidad puesta en tela de juicio no zozobra con la acusación, lo hace con la sentencia. Y no es a un político corrupto y bastante casposillo. Se trata de restituir la honaribilidad del legislativo (políticos), ejecutivo (gobierno), judicial, y prensa. Ahí es nada.

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Hasta los couponing

Los gurús del marketing llaman couponing al fenómeno popularizado por empresas online como Groupon, Groupalia, o Letsbonus, que consiste en lanzar a una base de usuarios, una serie de ofertas imbatibles en bienes y servicios, habitualmente relacionados con el ocio (aunque ya vimos casos de abogados expertos en separaciones). Descuentos salvajes, de hasta un 70%, llegan a cientos de miles de bandejas de correo cada día. Quien propone la oferta se beneficia de la base de datos de la empresa distribuidora, ésta de los contenidos que le reportan los oferentes, y los clientes de unos precios fuera de toda competitividad.

Parece evidente que se trata de reclamos empleados a modo de gancho, que persiguen que el spa, el patinaje sobre hielo, o la cocina asiática, entren en la rutina de los consumidores, atufados por el exceso de oferta. Es decir, que se aproveche la oferta, con la que los oferentes pierden dinero, pero ganan clientes a medio y largo plazo, que compensan la inversión. Como en toda herramienta de marketing, sobran empresas que no obtendrán rédito y que jamás encontrarán hueco en la herramienta, más que por puro esnobismo.

No son pocas las voces que ya hablan de una tipología de cliente adicto al couponing. Hordas de seres vivos capaces de vivir de ese tipo de descuentos. Lo que mi abuela llamaba “ir a las ofertas”. No sé yo si hay quien pueda ir con el culo al aire, con la idea de que en los próximos días la web de turno saque el 80% de descuento en Levi´s. No todos los días, creo, te apetece pagar 29 euros en vez de 76 por un menú con cochinillo y guarnición, entrantes y vino para dos personas, o 55 euros en vez de 159 para cuatro. El caso es que funciona, hay empresas contentas con el servicio, clientes satisfechos, y empresas de couponing que parece que sólo peligran por el canivalismo entre ellas.

Las empresas que no han querido entrar en ese rollo -o cuyo producto no les ha permitido entrar-, empiezan a cuestionar el modelo de negocio. Hablan de un cliente educado en la oferta, que dejará de valorar otras opciones que no sean las vinculadas a descuentos. Dicen que una vez que alguien paga 10 euros por 2 noches en un hotel, no querrá volver a pagar 135. Tampoco queríamos que nos subieran el IVA, y lo subieron, digo.

Se puede coincidir en que lanzar productos a precio muy bajo, incluso por debajo del precio de coste, es difícilmente sostenible. Lo que no entiendo son las quejas y alarmas. Cuando las grandes marcas deslocalizaron sus fábricas manufactureras y se las llevaron a China, Vietnam, o cualquier otro postor que garantizara la ausencia de derechos laborales, incluso humanos, para con la nueva mano de obra, nadie dijo que fuera insostenible. Pensaban que siempre habría mercados emergentes que, merced al flujo internacional del capital sin traba alguna, adquirirían los productos.

Los comienzos de la globalización se basaron en la alegría cortoplacista del ahorro de costes, y la cómoda distribución puntual donde estuviera el cliente. El efecto dominó de: pauperización de las condiciones laborales, empujón a la baja de los salarios, e incapacidad que la demanda para absorber la oferta, se olvidaba con la famosa “mano invisible” que todo lo equilibra. Pero la mano invisible tendría que trabajar mucho. Se necesitaban muchas manos invisibles. Un pulpo invisible, de hecho. En ese momento no, el sistema era perfectamente sostenible.

Antes de que me dé un arrebato de locura, y comience a pintar las calles con exhortaciones al fordismo, y llamamientos al crecimiento económico autocentrado, voy a ver si encuentro 19 euros para hacerme con un pack de dos luces LED indicadoras para neumáticos. Que antes estaban a 39.

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Pedos Pe

Semana convulsa en la red. El cierre de Megaupload por parte del FBI ha tenido réplica en blogs, portales y medios de todo el mundo, y parece que la red, mayoritariamente, se manifiesta en contra del asunto. Se ve que nos jode más que nos quiten las pelis gratis, a que nos dejen sin educación o sanidad gratuita y de calidad. Qué jodido demagogo, ¿Verdad? Ya. Demagogo es mi segundo nombre.

Partamos de la base de que todos odiamos la industria. En realidad lo que odiamos es pagar a la industria, la industria en sí nos parece de puta madre. Pongamos el caso de “un amigo” que cuando tenía 17 años, y su madre le daba mil pelas a la semana, le jodía ir a la Fnac y dejarse 3.200 en un disco. Significaba no salir en un mes, así que cuando conoce el Emule, flipa en colores, y comienza a ser almacenador compulsivo de música, dando rienda suelta a su síndrome de Diógenes musical. ¿El último de Morrisey?, ¡Coño, toda la discografía de The Smiths y Morrisey! Y así con mil artistas.

Podríamos considerar que el precio medio del cedé era de unos 17 euros, y que en dos años ese amigo se bajó unos 1.500 discos, así que tendría un contenido con un valor en el mercado de 25.500 euros. Huelga decir que, de no haber nacido en los ochenta del siglo pasado y no haber conocido las posibilidades de la red, mi amigo no se hubiera comprado los 1.500 discos, es decir, el “agujero” a la industria no es el valor de la música bajada, de hecho es posible que el valor real esté entre el 1%, y el 2% del total de lo que se ha bajado, esto es, unos 250-500 euros. Ese es el agujero real a la industria. Pero mi amigo, gracias a todo lo que se ha bajado, ha conocido otros grupos que le han llevado a amar a otros -digo amar-, y se ha comprado cosas de esos grupos. El vínculo emocional le ha llevado a querer apoyar con la compra a esos artistas, y probablemente se habrá gastado en esa “inversión en compromiso” una cantidad similar a esos 250-500 euros. La polla el argumento, ¿Eh?

La historia es que si los discos hubieran costado 1.000 pelas, le hubiera jodido menos la excursión a la Fnac, pero no hubiera variado su comportamiento cuando se abrió la veda con la revolución Napster y el P2P. ¿Ha sido la industria la que se ha cargado el negocio? Pues no y sí. No, porque por más caros que estuvieran los discos, pelis, etc., esto no ha variado la velocidad a la que ha evolucionado la tecnología. Sí, porque no parece que se hayan adaptado para nada a las nuevas formas de distribución. Hablo de las multis, hay pequeños proyectos que lo han sabido hacer fenomenal. Esos pequeños proyectos mantienen la cultura, que no la industria de cultura masiva. En definitiva, hay unos señores que han realizado productos de manera tradicional, basándose en un modelo de negocio que cada vez parece más débil -grandes producciones de discos, pelis, series-, y que han pasado por canales de distribución diferentes a lo que esperaban. Han entrenado para jugar al fútbol, y les han plantado en una cancha de baloncesto. Pero también hay unos señores que, basándose en determinados vacíos legales han hecho un buen negocio con un contenido, una obra, un trabajo, que no era suyo, y sobre el que no tenían, ni dejaban de tener, ningún derecho.

Por ello me gustaría decir que no entiendo por qué la red está de uñas con la idea de que se combatan este tipo de negocios, porque es de cajón de madera de pino. ¿Que la forma en la que se ataca es torticera, rancia y equivocada? No lo discuto, sobretodo por los retos que representan para los legisladores a nivel privacidad, pero es evidente que la red ha propuesto muy poco al respecto. Y que el cierre de Megaupload, o cualquier página por el estilo, va a frenar muy poco un cambio de paradigma irrefrenable. Y que sí, que siempre hemos intercambiado cintas y todo eso. Pesados. Estamos en otro mundo. El mundo de compartir, de crecer juntos, de crear nuevas formas de hacer dinero, y en una democratización del acceso a la información, pero existe un problema con todo el contenido que no nació para jugar ese juego, y se ha dado la espalda a ese problema.

Creo que se ha sido muy ligero con la ética en todo este cambio, y que no se puede crear una industria “limpia”, nueva, y moralmente superior, saltando determinados temas que son fundamentales para el arraigo de la misma. Ni con líderes que se gastan los beneficios de Megaupload en alquilar yates, o tener un helicóptero privado. Eso sí que me suena a industria vieja. Los que lideran la tecnología no pueden ser tan tiranos, no se pueden ofrecer al dinero y al poder, igual que la industria a la que reemplazan. O por lo menos no pueden quejarse si su actitud es perseguida. Creo que la nueva industria lanza proclamas demagógicas y excesivas, exigiendo al mundo repensarse en cuestión de meses, y que la vieja industria, agobiada por los números y la falta de sensibilidad, se defiende con la misma agresividad, sin espacio para construir.

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Queridos niños

Querido niño catalán, que no te veas con diarrea. Tu gobierno, o govern por ser más chulos, ha dictaminado que necesitas 25 metros de papel higiénico para limpiarte el culo. Las chicas lo llevan clarinete, porque mantengo la tesis de que las chicas utilizan demasiado papel higiénico, kilómetros y kilómetros cada día. He vivido sólo y en pareja, y cuando vivía sólo enterraba el cilindro de cartón al acabar el rollo, y le hacía una misa recordando todos los años que habíamos vivido juntos. Creo que las chicas no valoran lo que cuesta el papel, no tienen en cuenta lo que han luchado muchas generaciones para que tengamos derecho a papel higiénico. De hecho creo que para limpiarse, construyen una especie de colchón de papel higiénico, y se lanzan en plancha.

Querido niño alcarreño, que no te veas faltando a clase. Tu colegio considera que para comunicarse con tus padres basta con una llamada perdida, con un cuelga, con un toque. Tus padres lo verán, y devolverán la llamada o, si sufren las consecuencias de la crisis, devolverán el toque en lo que supondría un bucle interminable de cuelgas. Esos toques acaban con el egoísta que coge el teléfono por equivocación, y con su interlocutor, que le dice “¡Joder, que era un toque!“. Ya sabes niño alcarreño, en lo que amaestran palomas mensajeras, intenta no faltar a clase, ni liarla en el colegio.

Querido niño alicantino, que no te veas. No te veas en general, porque tu colegio puede que lleve un tiempecito sin pagar las facturas de la luz. Cuando crezcas te darás cuenta de que los colegios han vivido muy por encima de sus posibilidades, han contratado strippers para animar las clases, a la Orquesta Sinfónica de San Pertersburgo para interpretar, en directo, el timbre de la hora del recreo, y a catedráticos de Harvard para hacer con la máquina Dymo pegatinas con vuestros nombres. Bueno, todo eso no ha pasado, pero porque ni Matas, ni Roca eran directores. Aún así aprenderás que luego llegó la crisis del ladrillo, las vacas flacas, los malos tiempos, y que tu cole pagó las consecuencias.

Pero no os preocupéis queridos niños. No está en mi intención ensombrecer la lozana alegría de vuestros agitados corazones infantiles. Pensad en el futuro: os formaréis, haréis un par de masters del ESIC, os marcharéis a Kuala Lumpur, y apareceréis en la trigésima temporada de Españoles por el mundo, contando que estáis de puta madre, ganando una pasta, en un casoplón rodeados de gente guapa, conduciendo cochazos, y diciendo que echáis de menos la sopita de mamá.

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Canción de cumpleaños

El amor no mueve el mundo. El amor no mueve el mundo pero lo bombardea cada día con historias dentro de libros, con canciones pop, con personas que se enamoran y que son como el negativo de un terrorista suicida. El amor se crea, se destruye y se transforma, vuela por las calles y se cuela en las rendijas a las que dan habitaciones racionales y vacías, y se queda ahí, esperando a que alguien entre un día. Y sobrevive ahogado, oculto, y muere en las mejores condiciones.

El amor no mueve el mundo pero lo intentó, juntando a una diva del indie pop con el presidente de una república europea que, el día antes de la boda, mandó un mensaje a su ex mujer, diciéndole que si volvían lo dejaba todo. El amor destruyó al grupo que hizo del amor bandera y negocio, enterró al ministro de Franco con su mujer, y se financia en tiempos de descrédito. El amor tiene el peor departamento de prensa de la historia, y el mejor de marketing. El amor se vende solo, sin certificado ISO 9001.

El amor no mueve el mundo, pero te movió a ti a una casa en la que sólo se compraba leche cuando tú venías, porque no había para más, y yo no quería que hubiera para menos. El amor hizo que el cínico al que nunca quedaba París, lo pintara en el mapa, que el diván se convirtiera en trampolín, que dejara de vomitar nieve los domingos por la mañana, que el caballo ganador recuperara el adjetivo.

El amor no mueve el mundo pero mira, hoy ha movido al pesimista, que está de baja, y ha permitido que te pueda escribir esto. Feliz cumpleaños.

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Teatro de Cámara

Ponerte delante del público y despertar sentimientos no es fácil. Quienes se sientan hoy a interesarse por las historias, son espectadores profesionales, ciudadanos de un mundo convertido en espectáculo. Acostumbrados a que de lo cotidiano se haga show, a encontrarse cada día con datos históricos, con momentos únicos e inigualables: partidos deportivos, elecciones, decisiones, conflictos vividos como fundamentales, como definitivos, como únicos, como “del siglo”. Porque sólo lo espectacular vende, y sólo lo que vende sobrevive, y de esa sociedad del espectáculo llegan cada sábado cien representantes para llenar un pequeño teatro en busca de sensaciones.

Ponerte delante del público y despertar sentimientos es doblemente difícil cuando lo haces por el camino más largo, el que no se lleva, el que no pasa por la naturalidad, el que utiliza el exceso de pompa, los personajes afectados: el universo de Dostoievski. El sábado el pequeño Teatro de Cámara Chéjov (San Cosme y San Damián, 3) abría sus puertas en una de sus últimas noches de farsa. El teatro se hunde por muchos motivos. Lo llaman crisis como forma de resumir el argumentario, pero ya saben que si algo me gusta es rescatar lo que se queda fuera en los top five, los detalles.

No les voy a engañar, no voy a ir de guay, fui porque mi mujer sacó las entradas y era ella la que le tenía ganas. De no ser por eso yo me hubiera quedado en casa viendo Sálvame, como los cuatro millones de fantasmas que no lo reconocen, pero que lo siguen cada sábado. Y por eso va a cerrar sus puertas. Ni más, ni menos. Los grandes números siempre mienten, y los del teatro mienten con arte porque es su profesión. Llevan años hablando de la buena salud del teatro, justificándose en datos de facturación tramposos. Son irreales porque cuentan con el boom de los musicales, esos espectáculos sacacuartos de medio pelo. También cuentan con los altos precios de obras repletos de actores televisivos, cuyos espectadores pagan gustosos por ver de cerca a sus ídolos, y por último suman el teatro de autor subvencionado. Pero el teatro está tan vivo y tan muerto como siempre.

La cuestión es que puedes andar cagado de frío por Antón Martín, con las manos hundidas donde creemos que los bolsillos generan el calor, dejando atrás el café y las letras de La Fugitiva, habiendo anotado una sesión de los Doré a la que nunca irás, puedes precipitarte barrio abajo, y puedes plantarte en la puerta del Chéjov y entrar. Si lo haces puede que te encuentres con dos actores interpretando Noches Blancas, buscando despertarte sentimientos. Y puede que lo consigan.

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Cultura popular

Que hay un público generalista, y otro más afilado es una realidad evidente. El segundo grupo es inconformista, hurga, busca, necesita cosas nuevas, pelea por unas propuestas arriesgadas, contemporáneas, y que le ayuden a entender el mundo en el que vive. Es algo evidente, como señala el profesor Enrique Villalba. Digamos que existe una élite más o menos cerrada, y una masa con las inquietudes justas, pero ambas necesitan de la cultura, y en ambos casos sus manifestaciones artísticas son cultura por igual.

Pero parece que son dos realidades que se dan de ostias constantemente. Los gafapastas parodiados por el esnobismo del que deja de creer en un grupo que vendía 999 discos en el momento en que vende 1000, contra el apalancado en el sofá que vive de las intimidades de la Esteban. Parece que en realidad ni lo uno ni lo otro. En cuanto al público generalista que clama por su ración de cultura basura, comentaba Jordi Évole en la fantástica entrevista para Jot Down que “es una falacia. ¿Quién coño ha ido puerta por puerta preguntando qué quiere el espectador?“. Y es cierto. Las élites también necesitan conectar con el público, eterna pelea de De la Iglesia en su período como presidente del cine español.

Por tanto tenemos un ámbito eminentemente sucio para un determinado público, y otro básicamente transgresor -más en sus formas- que encuentra unos pocos fanáticos. ¿Existen trasvases de la masa a la élite y de la élite a la masa? Es una pregunta ambiciosa y no tengo posibilidades de dar respuesta, pero lo que pienso es que ambos lados son capaces de percibir el atractivo que tienen sus contrarios. El ámbito de trabajo está, por tanto, en ese espacio común, y en que exista un equilibrio entre los extremos que podrían ser elitismo y demagogia.

Hay espacio, hay trabajo, y se deberían valorar los trabajadores culturales con suficiente perspectiva, criterio, talento y background como para centrarse en ayudar a que la sociedad sea capaz de entender. O por lo menos que sea consciente de que anda trabajando en entender, en que la amalgama de información que recibe violentamente cada día cristaliza en conjunto de conocimiento. Quiero decir que la tarea tiene su miga, y parece fundamental de cara a la gestión de determinada ansiedad social, que luego puede saltar en forma activa (violencia) o pasiva (depresión) ¿Y entre medias?: el poder.

Todo esto viene por el tema de la sustitución de José Luis Cienfuegos de la dirección del Festival de Cine de Gijón. Se trata de una decisión política, del típico programa de pago de favores para con los que te han ayudado a llegar al poder. Y se da a todos los niveles. En Madrid, por ejemplo, acaban de nombrar a Pedro Schwartz presidente del Consejo Económico y Social. Para quien no lo conozca, además de hermano del televisivo escritor y diplomático Fernando Schwartz, es un neoliberal de libro. De los que no quiere ver al estado ni en pintura. Y ahí le tienen, dirigiendo el CES. Para que se hagan una idea, el objetivo del CES es “facilitar la más plena participación de los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social“. Y para potenciar ese espacio público, sitúan en la presidencia a un tipo que odia los espacios públicos.

Se arma revuelo en las redes -cosa que legitima la cobertura en prensa: velocidad, no mucha reflexión- y salta la polémica con el Festival de Gijón. Me gustaría saber, de entre los usuarios que generan ese ruido social, cuántos han asistido a una jornada del festival en su puta vida. También la idea que tienen de la gestión del saliente, y de la experiencia del entrante. La única verdad es que el festival tenía una muy buena prensa, y que la crítica europea lo consideraba ejemplar.

Nada es eterno, así que Foro Asturias, ahora en el Ayuntamiento de Gijón, pone al frente a otro tipo inexperto, llamado Nacho Carballo -tan torpe como para polemizar por Facebook con la anterior gestión- que parece no haber hecho demasiados méritos, y que, de hecho en la entrevista concedida a El Comercio, no deja claro nada, excepto que quiere mantener una línea continuísta, pero que lo quiere hacer más “popular”. Es decir, que se trata de una decapitación pura y dura al anterior director. Probablemente la clave esté escondida en la última respuesta: “Vamos a intentar dar paso a la inversión privada, a través de patrocinios, de ciclos con otros países y que paguen ellos...”. Pasta.

Uno tiene la sensación de asistir, con cara de gilipollas, a la fiesta del liberalismo. Y menuda fiesta. Una party (tea) en la que se están desmontando todos esos espacios comunes de los que hablaba al principio: las herramientas de intervención en la vida pública, de gestión de nuestro destino común. Por otro lado, cuando alguien vota a un partido extraño, montado de aquella manera, y liderado por Paco Cascos… ¿Qué cojones se espera? Lo raro es que no hayan puesto a Ronald McDonnald de Consejero de Cultura.

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Pura basura

Hola queridos hijos de puta. Me gusta llamarles hijos de puta, estimados lectores occidentalitos, por aquello de repartir frustración. Lo hago básicamente porque soy consciente de que yo soy un hijo de puta, y me frustra. Pero tranquilos que somos unos hijos de puta sistémicos, osea que no me refiero a ser más o menos majete en el tú a tú (que en mi caso tampoco), sino a nuestra complicidad diaria con la basura que revolotea alrededor nuestra, a la que llamamos mundo.

Destaco unas putas mierdas, de las que tenemos a golpe de click o de quiosco, que me han revuelto la comida. Sí, a veces tengo accesos de una cosa -que los del norte diagnosticamos como patología- que se llama sensibilidad, y me revuelve las tripas -las que tenga- en sentido contrario a las agujas del reloj.

1) No sé si sabrán lo que es un futuro. Cuando uno tiene pasta y se aburre de las operaciones bursátiles típicas, y de asistir a las fiestas con farlopa del ex director general de Empleo de la Junta de Andalucía, puede dedicarse a operar con futuros, esto es, pactar el precio y el día de una compra o venta de una cantidad de bienes, o de valores. Total, que dentro de un año te voy a comprar tanto a tanto. Y entre medias especulo, porque igual alguien está interesado en comprarte eso en esa fecha, y yo interesado en llevarme la pasta ahora y no esperar a tal fecha. De esa manera vendo ese acuerdo, y me llevo un poquito, o un muchito para mí, en función de si el que me lo ha comprado tiene mucha o poca gana de comprármelo.

Los estadounidenses, que son unos hijos de puta, pero muy sanos, toman zumo de naranja cada mañana, y para ello, las importan de Brasil, que Valencia está como para pedir naranjas. En esto que el gobierno yanki detecta una partida de naranjas tratadas con un pesticida prohibido en los USA, y los futuros de la naranja suben casi un 10% en un día. La pasta en el banco te da un 2%, más o menos. Apostar en contra de una cosecha un 10%. Echen cuentas de quién puede andar detrás de los pesticidas.

2) Ruiz Mateos, ese muchacho del apellido compuesto. No me digas por qué le acusan de estafa, apropiación indebida, insolvencia punible, administración desleal, alzamiento de bienes, falsificación en documento mercantil y contable, así como de supuestos delitos contra los intereses de los consumidores. Ya ves qué chorrada. ¿Se acuerdan de los anuncios en los que podían hacerse con acciones de Nueva Rumasa?, ¿Recuerdan que serían rentables de la leche (chiste ochentero)? Pues no fue así.

¿Qué pasó con la pasta que captó? Ahora su abogado nos comenta que la utilizó -390 millones de euros-para pagar a los jugadores del Rayo, y para hacer donaciones al Opus Dei, Salesianos, y Legionarios de Cristo. Un cartel que ni el FIB. En total 12 millones de euros en donaciones a una serie de sociedades -6 Opus, 6 Legionarios, y 4 Salesianos- que nos adoctrinan en moral, y a cuyos colegios llevamos a nuestros hijos, por aquello de que crezcan rectos y no se mezclen con gitanos o chinos.

3) Zaplana, sí Zaplana, nuestro ministro más tostado, ha perdido su puesto como consejero en Telefónica Europa. Sigue levantándose un pastiche como adjunto al Secretario General de la multinacional, para la que también “trabajaba”, por ejemplo Urdangarín. Sí, la empresa del anuncio del 15M. Sí, Zaplana.

Esa es la basura que tenemos delante. Ese es el estercolero que estamos construyendo para nuestros hijos. De puta, claro.

PD: ¿Recuerdan a esa gente que se despide diciendo “nos vemos en los bares”?. Esa gente vota.

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