Mis últimos días

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Aunque los necios no lo vean

Enorme JJ Santos calificando a los de Barcelona como “los mejores Juegos Olímpicos de la Historia“. A pesar de insistir en que los de Pekín habían superado las expectativas y cualquier precedente, JJ tiene su particular vara de medir, la que ve honor nacional en, por ejemplo, un caso de dopaje. Lo malo de los juicios paralelos, es que se suelen contrarrestar con otros juicios con sentencia contraria, pero igual de insostenibles y paralelos. Escarvar no le interesa a nadie.

Marca calificaba la actuación de Marc Gasol en el fin de semana de las estrellas de la NBA, de “película“. Entro el la crónica, y refrendo la magnífica actuación: cuatro puntos y tres rebotes. Para que le pongan un gorrito, le bañen en bronce y le pongan en la plaza mayor de Sant Boi. Al redactor de Marca, digo. Creo que no vendría nada mal leer un librito, que es casi infantil, y que se llama “Los papalagi”, en el que Erich Scheurmann narra la historia de una tribu africana en Estados Unidos. Antropología cultural se llama. Ya sé que hay que leer, pero igual, vista la creatividad de Hollywood, sacan la peli.

Oigo en Hora 25 a un representante de la administración pública, hablando de las finanzas del fútbol. Si se pusieran serios, deberían descender 12 equipos de primera división. Lo triste es que no habría otros 12 saneados en segunda para poder ascender. Hablan con el administrador del Betis, que suelta la gran verdad: “nuestro negocio vende ilusión, y la ilusión está implícita, haya el presupuesto que haya”. Lo que hemos visto hasta ahora era pura inflación económica y pelotazo de intermediarios golfos y golfistas.

El mundo del fútbol ha resultado una metáfora perfecta del resto de la industria: políticos corruptos, estrellas a las que no se podía pagar, presupuestos contando sólo con el mejor de los escenarios, administración pública pagando los platos rotos, poderosos con enormes deudas para con la administración pública, dirigentes nefastos y premiados, prensa gremial, comprada y protectora, una apología del crecimiento absurdo, insostenible, y donde unos pocos se han llevado mucho dinero en operaciones millonarias con jugadores más o menos mediocres.

La emoción es igual en la final de la Champions o en un campo perdido de la liga de Carabanchel. Eso convierte al deporte en un lenguaje indestructible, que aguarda latiendo en el lugar más recóndido, rodeado de la más absoluta de las miserias. Aunque los necios no lo vean.

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Championship Vinyl

Pues eso. Que vuelvo a abrir la tienda. Espero que os paséis.

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El introblog

Llevo dos días sin escribir. Y no por falta de argumentos, que los hay, sino porque tengo unos post muy claros en la cabeza, pero no los puedo escribir. Con lo lenguaraz que ha sido siempre usted, dirán. Ya, es una cuestión de ética. Y es complicado, porque cuando tienes un post en la cabeza, baja a la punta de los dedos, y atrae cada dedo a una combinación de teclas que dan como resultado el texto que tienes en la cabeza, y no otro.

Por eso llegan temas de los que te apetece hablar, y comienzas a ponerles pegas: demasiada implicación emocional, argumentos muy endebles, populismo, parcialidad… y descartas. y te sientas ante el “Añadir nueva entrada” de wordpress, y no eres capaz a desvirgar el cuadro de texto, y cierras la página. Así hasta que lo asimilas y creas ese post en tu cabeza, lo guardas en borrador, y lo publicas en tu interior.

Este blog es personal, anticomercial, y humilde por la necesidad de huir de la sensación de fracaso. Tiene una media de ciento cincuenta visitas únicas al día. Tiene a ciento cincuenta señoras y señores pendientes de lo que se publica, y no hay por qué pensar que el blog interno, el que se compone de los post que nunca sacas al exterior, tendría menos interés. Por tanto, en mi interior hay otros ciento cincuenta seres que leen, desde el interior, los post interiores del blog interior.

Hígado, intestinos, pulmones o deltóides, permanecen pendientes de todo ese contenido que no puede ver la luz, y comparten en sus redes sociales principales, venas y arterias, que distribuyen el contenido y lo ofrecen a los posibles nuevos suscriptores. De entre los más asiduos lectores, destacan cerebro y corazón, que compiten cada día por influir en los textos. El primero casi siempre lo consigue en el blog oficial, el que están leyendo ustedes, pero el segundo se sabe ganador de lo que denominaré introblog, y por eso late con chulería.

Revelar el secreto de los post que no publico es sólo la verbalización que puede permitir que mañana, vuelva a publicar esos textos que, desde hace unos días, tengo en cola.

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Céntimos de más

España apoya el endurecimiento de las sanciones a Irán por parte de la comunidad internacional. Queda impersonal, quería decir que el gobierno (“no hay mayor desprecio que no hacer aprecio“) apoya la decisión de la UE de no importar petróleo iraní. Es una gran idea, aunque el FMI dice que el precio subirá un 30%. Hoy se confirma que Irán veta las exportaciones de crudo a determinados países entre los que se encuentra España. Parece que Irán y España están de acuerdo: nos quedamos sin nuestro principal proveedor de petróleo, con casi el 15% de nuestras necesidades. Dicen que el objetivo es “responder al programa nuclear iraní”.

Las consecuencias, en estas cosas, no se hacen esperar: el precio del litro de gasoleo ha subido tres céntimos en una semana y se sitúa en máximos. Es decir, que ahora que todo va bien en las economías familiares, empresas, transportes, etc…, usted pagará más por la gasolina, porque hemos decidido dar un escarmiento al régimen iraní, que por otro lado creo que tiene a Ahmadineyad llorando por las esquinas de palacio, y a punto de entregarse a los buenos. Digamos que, por motivaciones políticas, estamos sufriendo consecuencias económicas.

Si no recuerdan mal, hace unos años apoyamos una guerra, la de Irak, entre otros motivos por “ahorrarnos unos centimillos en la gasolina“. Queda impersonal, quería decir que el gobierno (“estamos trabajando en ello“), apoyó esa guerra. Fue la entonces ministra de Asuntos Exteriores, Ana Palacio, la que ahorró poesía, poniendo sobre la mesa la importancia del ahorro, cual catálogo del Lidl. Antes matábamos civiles por ahorrar céntimos, ahora los perdemos porque sí. Digamos que antes, por motivaciones económicas, padecíamos consecuencias políticas. El orden de los factores…

Llevamos meses oyendo todo tipo de medidas propuestas, y exigidas por la UE. A fuerza de repetirlo, parece que las medidas que ofrecen desde Bruselas son las únicas posibles. Los medios se ocupan de crear la sensación, de que las que dibujan un desmantelamiento del estado de bienestar, son LAS MEDIDAS, así con mayúsculas y en negrita, y que no hay más opciones. Los mass media hacen su trabajo de creación de opinión por dos vías: directa e indirecta.

La segunda, legitima el pensamiento único mediante el empleo sesgado de las palabras. Se emplea, por ejemplo, la metáfora “receta europea”, o “receta del Eurogrupo“. El diccionario nos dice que una receta es una nota en la que se indican los componentes de una cosa y el modo de prepararla. Pero en su tercera acepción, encontramos que la receta es el procedimiento adecuado para hacer o conseguir una cosa. Es lo adecuado. Al préstamo con intereses abultados, se le llama “rescate”, a los recortes, “ajustes”, al lobby compuesto por FMI, BCE, y UE se despersonaliza tras el término “troika“, y así podríamos seguir hasta el hastío.

La vía directa me parece más cachonda, en tanto que nos regala momentos como el de ayer en la tertulia del canal 24h de TVE, donde nos encontramos con ese opinador con cara de porky, que se llama Fernando Jáuregui -multitertuliano de espacios como Alto y Claro, o El Programa de Ana Rosa-, dando una de las mejores noches que recuerdo. A mi, verán ustedes, el género de opinadores gratuitos e indocumentados me da bastante grima. Puede que porque resulten competencia directa a este humilde blog, o sólo porque me parece que crear opinión conlleva una responsabilidad que a estos señores y señoras les es más bien ajena.

El tal Jáuregui dijo que los griegos eran unos irresponsables por no transigir con los recortes propuestos por la UE. Que gobierno, oposición, y pueblo griego, eran eso: unos irresponsables. Y hasta ahí la reflexión del señor cuyo país es un ejemplo de responsabilidad, con un ministro de Economía experto en la crisis -estaba en Lehman Broters, cuya quiebra trajo estos lodos-, y que da brillo al ejercicio del derecho a expresarse, pagado por todos. Decisiones europeas buenas, dudas y protestas griegas, malas.

Faltan datos, profundidad e inteligencia. Esto tiene sus consecuencias. Por ejemplo que los sindicatos, ante una reforma laboral de dudosa eficacia y que, en principio, resulta una paso atrás en cuanto a derechos laborales, todavía no se hayan pronunciado en la calle: porque saben que no tienen el apoyo popular. Afortunadamente, la red propone alternativas a la hora de mejorar la calidad de información, pero todavía hay quien no sabe, o no puede buscar, quien recibe sólo esas reducciones, quien no puede, o no quiere hilar. Si su hijo hubiera estado en foto de ahí arriba, señora, usted hubiera dormido feliz. Ese es el problema.

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Knickerbockers

Nico, viendo un partido una noche cualesquiera, convirtiendo un salón de Lavapiés en el Madison.

Un perdedor es mucho menos perdedor si no es de de los Knicks. Y ser perdedor ya no tiene aquel punto sexy que le daba John Lennon, ya no está de moda. De hecho perder se ha convertido en un hábito que asfixia desde que abren los telediarios. Tampoco vale la comparación con el Atlético de Madrid, como equipo glorioso pero remendado y escapando por cada pespunte. Ni siquiera se le puede encontrar ese punto romántico y bohemio, porque los Knickerbockers son el equipo de la Gran Capital, y el club más rico del mundo del baloncesto. Pero ganar dos campeonatos en sesenta y seis años, teniendo dólares y afición para dominar durante dinastías, sólo se explica con un ADN especial: el del perdedor.

Me hice de los Knicks con trece años, en la serie final de conferencia contra Indiana, aquel equipo que jugaba en pijama. Mi madre me compró unas Ewing de puta casualidad. Supongo que estarían de oferta, porque mi familia no se podía permitir aquellos alardes que hacían estragos entre la chavalería, y se agradece que así fuera. Llevaban un llavero en forma de pelota de basket con la firma de Pat Ewing y el número 33. En el cole nadie sabía quién era. Todos hablaban de Jordan, Pippen, Kukok y compañía. Eso me moló. New York jugó aquellas finales (93-94) frente a los Rockets de Hakeem Olajuwon. Tenían todo a favor, pero en el séptimo y definitivo partido, su estrella John Starks, anotó cuatro puntos de dieciocho lanzamientos. Perdieron. Todo el mundo iba con Houston: los señores de la tele, en los periódicos… Supongo que por eso me hice de los Knicks.

Con el paso del tiempo sólo me han dado disgustos. Enormes dosis de ilusión en septiembre, convertidos en amargura por Navidad, y resignación en verano. Así un año detrás de otro. Ya no me quitan el sueño como antaño. De momento. Esta atípica temporada han juntado a dos superestrellas (Carmelo Anthony y Amare Stoudemire), y a un gran jugador (Tyson Chandler) y empezaron la temporada como siempre: de pena. El viernes noche jugaban frente a los Lakers, y lo hacían con las bajas de las dos superestrellas, así que no perdí un minuto de sueño. El sábado miro twitter: ganaron. No sólo eso, sino que la nueva estrella es un jugador de origen asiático absolutamente desconocido.

Jeremy Lin entrenó este verano con Dallas y le largaron, se fue a Golden State, de allí a Houston -todo esto sin comenzar la temporada- y acabó en la Gran Manzana, quién sabe si para resultar más atractivos al mercado asiático. Con las bajas de Melo y Amare le empiezan a dar minutos. Contra New Jersey Nets firma 25 puntos, 7 asistencias y 5 rebotes, frente a Utah 28 puntos y 8 asistencias, y destroza a Washington con 23 puntos, 10 asistencias y cuatro rebotes. La noche que tan plácidamente dormí, dejó al mundo con la boca abierta frente a los Lakers: 38 puntos, 7 asistencias y 4 rebotes. En realidad creo que me hice de los Knicks porque tiene estas cosas inexplicables, porque aún en los peores momentos, siempre encuentran la excusa para que pases frío y sueño. Al fin y al cabo es lo que siempre quisimos, ¿No?.

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Anticonsejos para montar una startup

Me dice un amigo que se acabó lo que se daba. Que un notario ha certificado la defunción de la empresa en la que más he aprendido, una empresa que nunca pasó de proyecto eternamente arrancando. Miramapa era una idea audiovisual basada en la geolocalización, que arrasó con amistades, patrimonios, autoestimas… pusimos toda la carne en el asador y fracasamos. Igual hubiéramos aprendido lo mismo con algo menos de dolor y alguna hora más de sueño, pero no hubiera tenido los tintes de heroicidad que finalmente tuvo. Por si están pensando en liarse la manta a la cabeza, les dejo una serie de humildes consejos:

-Cuando piensen en montar una startup, tengan en cuenta que sin la pata de la financiación no deben mover un dedo. Primero la pasta, y luego el trabajo. Como ese mito de los siete folios con los que Jesús Encinar puso en marcha idealista. Tal cual. Vayan con la idea, encuentren un socio que invierta dinero, y a funcionar. Si no es así, no lo hagan.

-Es posible que entre los socios haya desarrolladores informáticos. Les dirán que no quieren financiación porque no quieren perder cuota de poder de decisión, porque luego todo se trastoca, pierde autenticidad. Les hablarán de Google, de garajes, de sueños, de pensar muy fuerte en una cosa y pasará, de cosas que llegan… Ni caso. Primero financiación, luego respiren.

-Intenten no asociarse con amigos. Es posible que los pierdan en el camino. Intenten que los socios no capitalistas tengan el mismo objetivo y las mismas necesidades profesionales y económicas. De lo contrario se producirán fisuras y aumentarán los recelos. Sacar una empresa significa una implicación del 110%, y al 110% las pequeñas fisuras se abren hasta los huesos. Todo bien soldadito. Y financiación.

-Olviden el concepto subvenciones, ayudas, etc. Montar una empresa es un coñazo, cuesta dinero, te cobran dinero si sacas beneficios, y no te ayudan si lo pasas mal. Las ayudas de cámaras de comercio, institutos de empresa, etc… son una puta mierda pinchada en un palo. Una mierda. Gigante. Les darán una plantilla que llaman “plan de empresa” en el que tienen que calcular cómo será su empresa a tres años vista. En tres años todos ha cambiado. Menos las cámaras de comercio, institutos de empresa, etc.

-Trabajen. Trabajen un huevo. Descubran lo que es vivir con miedo, con inseguridad, con la responsabilidad que quien hace crecer las cosas. Vivan apurados, sin una mano que les dé palmaditas en la espalda, sin alguien a quien quejarse. Aprendan a ponerse en la cabeza del resto y a tener perspectiva. Comiencen a tomar decisiones, a cuestionarse a ustedes mismos. Intenten prever las posibilidades que se abren tras las decisiones que toman.

-No escuchen a sus amigos, porque no les serán de mucha ayuda. Sobretodo frases como “yo siempre he querido ser mi propio jefe”, “admiro lo que haces”, “qué huevos tienes”… todo el mundo está harto de sus jefes, y opinan que es magnífico ser” tu propio jefe”. No piensan en la posibilidad de que sean pésimos jefes de sí mismos. De hecho cualquier trabajador es, en cierto modo, jefe de sí mismo. Y la gestión de sí mismo que hacen muchos que conozco, es bastante pésima.

-Con suerte, su familia no va a entender nada. Con menos suerte lo entenderán, y por tanto les dirán que si están locos, que de qué van, que qué necesidad tienen de complicarse la vida. Hacen bien, pero no les hagan demasiado caso. Es preferible eso, a que les apoyen sin condiciones. Las familias, y en general, la gente que apoya sin condiciones, me parecen inquietantes, sospechosos, y jipis. Y si quieren montar una empresa en España, y les apoyan sin condiciones, es que son muy muy jipis.

-Se van a volver locos y paranoicos. Al principio muy locos y muy paranoicos, y luego madurarán, es decir, aprenderán a disimular su locura y paranoia. Que si en Georgia están haciendo lo mismo, que si hay una aplicación que se le parece, que si ese hombre preguntaba mucho… Canas. Salen canas.

-Aún así les animo a que prueben. Pasarán los peores y mejores momentos profesionales hasta el momento, y aprenderán. Aprenderán mucho. Ni de la empresa, ni del sector, ni de la industria, que también. Aprenderán de ustedes mismos, que es algo que todo el mundo vende y nadie consigue, y que no tiene precio. Bueno, y lo de la financiación ¿Lo he comentado?

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Nunca se disculpa

El problema es que en el mundo pasa todo a la vez y todo el rato, y los artículos que caben en un periódico, como los post que podría albergar internet en su inmensidad, son finitos. Imaginen todas las acciones que se desarrollan en el mundo en un sólo minuto. Las historias, interacciones, decisiones, movimientos, fenómenos que se podrían narrar, no acabarían nunca de ser redactados. Ni aunque viviéramos hasta el infinito. Por eso la actualidad se ciñe a unas personas que, por diferentes motivos, llamamos “protagonistas”. Digamos que los productos informativos se ciñen a una especie de “realidad representativa”. El cotarro está en cómo, cuándo, y quién decide sobre qué parte de la realidad vamos a poner el foco.

Odio que las personas que recuerdan mi nombre se dirijan a mi llamándome campeón. Qué pasa, campeón. Cómo te va, campeón. Sólo por eso odiaría que se abriera un caso en el que me investigaran, que se llamase “Campeón“. En esas está el ex ministro Pepe Blanco. No sé si saben que ayer El País publicó que todo se basa en una mentira, que la juez instructora ha extraído de la investigación y que, por tanto, no existe el cohecho por el que imputaban al entrañable Pepiño. Si leen ustedes El Mundo, La Razón, o ABC, no lo sabrán, porque para ellos, es culpable. Uno de esos periódicos, dirigido por un tipo de reconocido prestigio, sigue defendiendo que ETA estuvo tras la matanza del once de marzo. Dan igual las sentencias e investigaciones.

Tras los atentados de las Torres Gemelas -cuya autoría era palestina, según la narración en directo de Matías Prats (no busquen el vídeo en Youtube)-, se sucedieron una serie de políticas, restrictivas internas y ofensivas externas, difícilmente explicables, y para nada razonables. El New York Times, agobiado por la Secretaria de Estado, Condolezza Rice -que ya controlaba la información televisiva a través de CNN, ABC, CBS y NBC-, comenzó con una campaña de justificación de la venganza y la “tolerancia cero”, que pasaban por la invasión de Afganistán primero, e Irak después. El columnista del NY Times, Frank Rich, se quejó abiertamente de las “indicaciones” gubernamentales. la prensa europea, la española por supuesto, fue a rebufo del NY Times.

Cuenta en su libro Enric González cómo desde la redacción en Madrid de El País se le exigía que replicara las informaciones del NY Times, con textos plagados de “según el New York Times…”, “cuenta el NY Times”, “informaciones del NY Times aseguran que…”. Es decir, que hiciera de vocero del periódico con el que la cabecera española tiene suscrito un acuerdo estratégico de colaboración. Este tipo de acuerdos, que marcan la línea editorial de los periódicos, no son nuevos. El ex presidente Aznar, por ejemplo, es consejero del Wall Street Journal o el Times, en definitiva, del grupo de Rupert Murdock, “trabajo” por el que se embolsa unos 200.000 euros anuales.

En aquella época el corresponsal el EE UU para Antena Tres era Ricardo Ortega. Sus informaciones, más allá de la superficie dictada por la prensa norteamericana, amordazada como se mostró, eran incómodas para su canal, Antena Tres Televisión. El accionariado de Antena Tres estaba participado mayoritariamente por Telefónica, empresa privatizada por Aznar, cuya dirección entregó a su compañero de pupitre Juan Villalonga. Aznar presionó para que echaran a Ricardo Ortega. Hace días José María García reconoció en Aznar a un censor capaz de hacer y deshacer en Antena Tres. Ricardo Ortega, con la soga al cuello, harto de las presiones e infravalorado, decidió marcharse -poniendo el dinero de su bolsillo- a cubrir las revueltas de Haití en 2004, con el objetivo de demostrar su valía como corresponsal, y poder así permanecer con su corresponsalía en Nueva York. En Haití, Ricardo encontró la bala que le mató.

Años después, demostrada la barbarie invasiva norteamericana, hartos de recibir cadáveres de jóvenes patriotas, y agotados por la ausencia de pruebas destructivas masivas, el New York Times se disculpó ante sus lectores por la posición tomada tras los atentados del Word Trade Center. Supongo que sirve de poco, pero es algo. La prensa española no lo hizo. La prensa española nunca se disculpa. Dispara y, si acierta bien, y si no el tiempo lo curará todo. La política del “no remover las cosas” que hace que las barbaridades salgan tan baratas.

Tras los atentados de Madrid, Aznar llamó a los directores de los medios. Tenían que publicar que había sido ETA, hablar de terrorismo islámico le ponía en el punto de mira justo antes de unas cómodas elecciones. Todos publicaron la apuesta por los independentistas vascos, excepto la SER. En realidad fue Iñaki Gabilondo quien dijo no. Con tiempo, otra vez el tiempo, El Mundo continúa en sus trece, y el resto dejaron que sus primeras argumentaciones, basadas en la llamada del que era presidente, se fueran desdibujando solas. Hoy Ricardo Ortega está muerto -la investigación sobre su muerte cerrada, con sospechas de autoría por parte del ejército americano, como la de Julio Anguita, o José Couso- e Iñaki Gabilondo, que le reconoce a Jordi Évole nostalgia por la redacción, tiene un videoblog. El problema es que en el mundo pasa todo a la vez y todo el rato. El otro problema es que la prensa española nunca se disculpa.

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