Gracias

Es posible que se trate del fin de un ciclo, o es posible que no. Si el mejor jugador del mundo hubiera marcado el gol más fácil del mundo, y la uña del dedo del portero checo no hubiera desviado a un palo que se hizo gigante, su enésimo gol, habríamos hablado de otra goleada más, liderada por la pulga. Pero no fue así, y la casi cincuentena de disparos en la eliminatoria quedarán ocultos tras la caricatura del análisis fresco y ligero de la mañana. Se les vio cansados, enredados en su posesión, como yo me he enredado en la apertura de este post.

Todo el mundo juega para ganar. Eso lo decían los dibujos animados y se sabe con antelación, pero hay quien ve necesario ganar desde la trascendencia, y a quien no le importa hacerlo en un callejón oscuro. A mi tampoco me ha importado nunca, excepto si me intentan convencer de que el callejón es, en realidad, un extraordinario bulevar. No les negaré que, si me dan a elegir -y hay presupuestos que permiten elegir-, voto por la trascendencia y la búsqueda de lo sublime. Será porque soy ateo, y no espero tener una vida mejor después de esta. Igual porque soy pobre y lo único que puedo dejar en herencia son las cosas algo mejor de lo que estaban cuando me las encontré.

Guardiola no es un remilgado frívolo obsesionado con la trascendencia. Por el contrario, opino que sólo sabe encontrar resultados desde la belleza. Sabe que sólo puede sobrevivir manteniendo distancias y luciendo máscaras, como su equipo sólo lo puede hacer desde la posesión y el toque. Ha visto cómo el Camp Nou devoraba entrenadores, y su salida como jugador fue una muestra del maltrato con los ídolos. Conoce, sabe, reflexiona y actúa. Y lo hace por pura necesidad.

Su concepto del fútbol es eterno, reconocible, emocionante. Durante cuatro años ha mantenido a un equipo jugando como nadie lo había hecho, y ganando. Y ganar no es fácil. Pero es más difícil jugar bien.  Como el partido que perdió ayer, había ganado unos cuantos. Supongo que cuando pasen los años todo el mundo recordará a este equipo fantástico, como quien recuerda a Sócrates, Elder, Jairzinho, Falcao, o el resto de jugadores que no ganaron el Mundial de España, pero que dejaron una huella imborrable. Supongo que olvidaremos a otros que hayan ganado tanto como los hermanos Neville, Irwin, o Roy Keane, que acumulan miles de millones de Premier Leagues.

El convencimiento que desde el buen juego llegan resultados, sólo se ve mermado por entrenadores y jugadores mediocres, incapaces de crear belleza, empecinados en defender su falta de talento construyendo todo un mundo de justificaciones, amparados por el fútbol. Porque al final esto es fútbol, un deporte abrasado por factores casi nunca controlables, un deporte en el que los que juegan mal también ganan. Y por eso es bonito. Pero que no nos hagan de la minoría  estadística una ley, por favor. En estos años hemos llegado oír a los que vibran con la selección, armada desde el Barcelona, que en sus estadios se silbaría el buen juego.

Como en la música, el cine, la pintura, o cualquier otro arte, la belleza y el mérito no está en el ruido, la velocidad, el número de brochazos o la sensación de vértigo. El mérito está en conectar con el corazón de la gente, en interpretar deseos, en anticipar pases como quien anticipa conclusiones, antes de que el espectador lo espere. Y luego en hacer cosas inesperadas por difícilmente imaginables,que es a lo que nos acostumbró Messi. Por eso ya no pasa nada, porque ya generaron suficientes recuerdos para que los tengamos siempre prendidos al corazón, que es el órgano con el que se ve el fútbol.

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Hijos de puta (la teleserie)

En capítulo del viernes de “Golpe de Estado”, pudimos ver a tres ministros contando recortes en las líneas rojas que dijeron que no superarían: sanidad y educación. Estuvo entretenido ver a Wert encarnando el papel más cómico con entereza y credibilidad, se notan las horas de vuelo en tertulias. Soraya, único vínculo actual con la generación JASP de los años 90, junto con las camisas de cuadros, pierde las formas cuando cree que la cámara no enfoca: su gesto mientras hablaba Mato era, cuanto menos, curioso. Y la propia Ana Mato, en el papel de mala fue quizás lo más flojo del capítulo.

Así, a grandes rasgos, el episodio iba de que para mantener el actual Estado de Bienestar, es imprescindible desmontar el Estado de Bienestar. También que para eludir el copago sanitario, sería una buena idea comenzar el copago sanitario. No se olvidaron de indicar que el PSOE había puesto en peligro la sanidad pública, universal y gratuita. Pérmítaseme aquí apuntar la importancia del “gratuita“. Como bien sabemos, ni el personal sanitario cobra, ni los hospitales pagan luz, o agua, se les regala el material… O bien lo paga un señor muy rico de Cuenca porque, se hartan de decirnos que es gratuita.

Entiendo que con todo esto existe un problema en el que también inciden: al tener las cosas “gratis”, no las valoramos. Parece un argumento lógico, y propongo una solución: en vez de pasar por caja otra vez, que hagan como con las “facturas informativas” impuestas en los centros sanitarios, pero al revés. Esto es, que en la declaración de la renta, nos envíen una factura sabiendo a qué se destina cada céntimo de nuestros impuestos. Que en cada cartón de tabaco, botella de alcohol, repostaje de gasolina, abono del IVA, alta de actividad empresaria, impuesto de beneficios, pago por servicio público, o caja de compresas (que saben tienen impuesto de producto de lujo) aparezca señalado dónde va esa pasta: tantos céntimos a pagar a su médico, tantos al profesor de su hijo, tantos a farlopa para el Director de Trabajo de su comunidad autónoma, tanto para el palco del Teatro Real, y tanto para evadir a Suiza.

El capítulo del viernes estuvo trufado de referencias a la “racionalización“. Una de las bases del pensamiento único, cultivado desde hace años, es que existe una razón, única en indivisible, que curiosamente está en poder del sistema político imperante, el capitalismo. Por ello, cada vez que oigan a un político o ideólogo del sistema hablar de “racionalización”, se están refiriendo a extremar las medidas ultraliberales. De hecho se puede sostener, sin sonrojo, un discurso idéntico apelando a lo racional en el gasto, y que no cuestione, por ejemplo, la racionalidad del jefe de Estado (recuerden, un monarca designado por Franco y, como todo monarca, elegido por dios).

Con la brasa que han dado los diarios fascistas (ABC, La Razón, La Gaceta) justificando el copago en base a que no había derecho que Emilio Botín no pagara por las medicinas, ahora resulta que don Emilio va a pagar 18 euros al mes. ¡Wow! Magnífico. Hablar del déficit de la sanidad es obsceno. Dividir un presupuesto, y parcializarlo para buscar partidas que gastan más de lo que ingresan de manera directa, es tan absurdo, como echar de los hogares a todo aquel miembro familiar que no fuera productivo: niños y abuelos, discapacitados, parados… todos a la puta calle -¡Pero si los miembros que trabajan lo sostienen!- Ya, y qué, pero ellos son deficitarios.

¿Qué pasa con empresas que daban un enorme superávit? Pues que se han puesto en manos de amigos (Telefónica), o que se quieren poner en manos de amigos (Canal de Isabel II). Ahora nos queda lo deficitario, así que sigamos desmantelando, claro que sí.

Entran en la educación a sangre y fuego. El ministro Wert dice que en los másters no se repite, porque duele el bolsillo. No sé si el ministro Wert habrá echado cuentas de si es más rentable pagar un año de universidad a un repetidor, o un año de paro a un magnífico licenciado que sale directamente al paro. Igual deberíamos aplicar ese sistema de incentivos con la clase alta, con las élites, con los elegidos. Si no hacen funcionar todo esto: tiro en la nuca. Creo que puede ser suficientemente motivante. Y bastante complicado, dirán. De momento.

Después de tomar el control político de RTVE sin tapujo alguno (echando a los sindicatos de la directiva), después de anunciar que un millonario pagará 18 euros por sus medicinas, y un pensionista que cobre 200 euros, pagará 8, después de anunciar que el sistema educativo será elitista o no será, después de todo esto, ¿Qué? Esa es la pregunta. ¿Qué ha pasado con los indignados?, ¿En qué está mutando la indignación?, ¿Seguimos creyendo que el movimiento será masivo, popular y racional? Sería la primera vez, hijos míos…

Ahora miren (vía frannixon):

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Hospitales

Las palabras de Susana Griso rebotan en las paredes de la cafetería del hospital. Habla del rey, y da paso a un reportaje mal montado, que invade los espacios y conquista las distancias entre familiares unidos por el silencio. La televisión mancha, engaña, acribilla. Como la mariposa atravesada por el entomólogo, la televisión nos inserta un alfiler que nos inmoviliza en una cajita de terciopelo llamada normalidad.

Un paciente revuelve el café con la única mano que le queda. Mira absorto la tele tan despeinado, que parece que su cabeza es una obra de Chillida, que podríamos llamar Poniente. No tiene a nadie. Como si su familia fuera la prolongación del miembro amputado.

Hay quien no supera las amputaciones, quien vive pensando que sigue teniendo pierna, o brazo, quien se sigue viendo cinco dedos en una mano en la que sólo quedan cuatro. Es posible, por tanto, que nuestro despeinado amigo viva en la ficción de tener familia, una  familia que aparece y desaparece al gusto, una familia sin problemas, silencios, ni habladurías. O puede que el síndrome del miembro fantasma, se desarrolle en él con tal verosimilitud, que tenga problemas con algunos miembros de su familia imaginaria.

Hay un estado-nación, supongo que en un lugar indeterminado o de difícil acceso, en el que viven las personas fantasmas. Su principal industria es la clasificación, reparación y producción de miembros fantasmas. Fábricas enormes de dedos de pies de todo tamaño, color y forma, gigantes polígonos industriales especializados en brazos derechos, millones de habitantes fantasmas, esperando que alguien del otro lado les necesite.

No se trata de un país ideal, también tiene problemas, y también padece las consecuencias de la crisis. La industria de las manos, por ejemplo, vive asfixiada por los líderes de la patronal de los pies, que los acusa de vivir por encima de sus posibilidades. Y las partidas de miembros fantasmas cada vez son más pequeñas y flacas, cada vez más raquíticas.

Mientras esto ocurre, desde este hospital salen albaranes cargados de pruebas que ya no se hacen, de medicamentos que no se recetan y de diagnósticos que se ahorran. Desde la cafetería veo a los médicos, esmerados en cerrar paquetes que meten en una furgoneta cuyo destino es la región de los miembros fantasmas. Vaya mierda de final, ¿No? Ya.

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Ficciones

Dirán que hace tiempo que no asomo el hocico por el blog y dirán bien, porque hace tiempo que no asomo el hocico por el blog. Eso que es tan sencillo, admitir una realidad, es algo que parece de la mayor complejidad hoy día. Me gusta meter en mis post expresiones como hoy día, porque aportan una garantía, son clasicismo, y dotan al post de un cierto cuerpo. Es como muy de la calle, como muy legitimador y, si no todos ustedes, sí alguno de ustedes sabe que si no fuera por ese tipo de expresiones que me anclan a la tierra, este blog volaría por derroteros más psicodélicos, rozando las tres o cuatro visitas al mes.

Hay quien no escribe por falta de ideas, por bloqueo mental, por lo que se llama el síndrome de la hoja en blanco. A mi me pasa lo contrario. A lo largo del día tengo tanta basura que sacar, que no sé ni por donde empezar, y ahí ando. Miren, ya ni separo con visos de reciclar, todo al mismo cubo que es, queridos, este blog. Total, separas, y luego te mezclan todas las ideas y no las reciclan. Y es que en pleno colapso de temas, con las pulsaciones a mil, empiezan las privatizaciones, los tarifazos, los silencios, las torpezas, y creo que es lo que quiere.

Sí amigos, es lo que quiere Mariano. Mariano quiere acelerarme, que me indigne, que me hierva la sangre y me siente ante el portátil día y noche a cantar sus desvergüenzas. Sí, eso es lo que quiere, y por eso escala en su no-discurso. Por eso las declaraciones de unos y otros, los recortes, las subidas, los indultos… y yo me muerdo la legua y me ato las manos a la silla, e intento tomar el camino de la frialdad, heredada del padre. Y cuando creo que no puedo aguatar, aparece el rey y desarrolla una trama de guionista de Los Serrano.

Pues no señor, voy a aguantar sin escribir. Permaneceré en la sombra sin opinar, inerte, como un joven modelado por años de masters, como un niño que mira de reojo a su madre para ver si puede coger una pasta en casa de los abuelos. Porque esto que están leyendo no es un post, es sólo producto de su imaginación. Igual que un presupuesto menor no está recortado, sino ajustado, igual que con menos se hace más, igual que pagando más se paga lo mismo, igual que todo eso, sepan que lo que acaban de hacer no es leer porque este post no existe.

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Be cool

“The middle class is a group of sharing and caring social network users who lack the ability to question their online existences in the same way that a Middle American is somehow programmed to never question why they are supposed to start a family, get a decent job, and do their best to raise decent kids”

@hipsterrunoff en grantland.com

Hemos visto muchas veces la misma escena: una persona que jamás juzgaríamos como fanática de la tecnología, adopta una nueva costumbre tecnológica impensable. Pasó con el uso del teléfono móvil, ahora con el smartphone, con tener una cuenta en Facebook, luego en Twitter… ¿Sabes que el abuelo manda fotos con el móvil?, ¿Tu madre también quiere ser tu amiga en Facebook? Cada vez que se da una de estas situaciones, un hispter huye despavorido en dirección contraria, buscando la nueva costumbre que le identifique con algo avanzado y exclusivo. La élite, y el pueblo llano llevan dándose de hostias toda la vida, pero ahora convergen en un punto de huida: la tecnología. Para unos representa el avance constante, y para los otros una señal más del estado teenage en el que pretende vivir eternamente nuestra sociedad.

Se nos dice que la pelea por autoconsiderarse élite, ya no es económica, sino tecnológica, pero el caso de Instagram lo desmentía: acceder a él conllevaba tener un iPhone. Los productos exclusivos tuvieron auge en la red con iniciativas como los correos de Google, o las cuentas de Spotify, para cuyo disfrute debías ser invitado. Eso era lo cool. En un mundo que te habían vendido como abierto, libre, y que te permitía acceder a toneladas de información, tenías un pequeño coto de exclusividad, podías sentirte más importante que Mick Jagger, de quien podías descargarte toda su obra sin problemas y en cuestión de minutos.

La élite buscó un hogar cuando las iniciativas basadas en las invitaciones abrieron la veda a todo el mundo, al “público masivo”, al vulgo. La exclusividad ya estaba en otro sitio: el culto por el iPhone. La aspiracionalidad representada por Apple quedó patente con la muerte de su fundador, y la pleitesía en los medios generalistas, replicados una y otra vez en las redes. Por vez primera asistimos a la identificación con una empresa por parte de miles de personas que, incluso cambiaron sus avatares en las redes por el logotipo de una marca a la que, en muchos casos no pueden acceder. El iPhone conlleva toda la parafernalia de la marca, y también un sobrecoste que lo convertía en minoritario, hasta que cambiaron de estrategia. Cuando el abuelo desenfundó su iPhone, de nuevo los hipsters emprendieron veloz carrera en busca de su nueva religión.

Con la popularización del teléfono de Apple, tenía poco sentido que Instagram fuera una aplicación exclusiva: había perdido aspiracionalidad por vía de su sistema operativo, ya en manos del pueblo llano y sus regalos con las tarifas de datos, así que se adapta a todo el mundo, e Instagram, esa aplicación que retenía para siempre instantes más comunes de nuestras vidas, y los convertía en clásicos bucólicos, sale de las costumbres de la élite a la velocidad con que entra en las del mundo común y corriente. Por mil millones de dólares, parece que vale la pena.

La venta de la aplicación a Facebook es el certificado de divorcio entre la aplicación de las fotos y la élite. “Ahora se ve que lo bueno no era Instagram, era la cámara de los iPhone” comentaban algunos usuarios que no se querían resignar a perder su condición de early adopters. Habrá que buscar otra cosa para ser “especial”, y para que la comunidad de gente “especial” nos reconozca y acepte. Tal vez Pinterest, o el enésimo intento por el triunfo de la geolocalización, o Vkontakte, o Qzone, o iBibo

Seguimos buscando herramientas para demostrarle al otro y a nosotros mismos lo que molamos. Como decía PalahniukCrecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seríamos millonarios, dioses del cine, o estrellas del rock. Pero no lo seremos, y poco a poco lo entendemos” Pero en lugar de cabrearnos como en la novela, y montar un club en lugar secreto en el que nos liemos a mamporros, decidimos vivir en la ficción de que sí somos millonarios (triunfan las delicatessen, los lugares exclusivos, la cocina de autor…), dioses del cine (protagonizamos la película de nuestra vida con vídeos, fotos, textos…), y estrellas del rock (followers, fans, seguidores, suscriptores…)

No liarse a mamporros tiene consecuencias positivas y negativas. La buena es que nuestro cuerpo sufre menos o, viendo la composición de los menús de McDonnald´s, sufre de otra manera. La mala es que la huida de la realidad es sólo eso: huida. La búsqueda constante de la personalidad online nos convierte en previsibles y manejables. La mierda está ahí fuera, esperando nuestro filtro lomográfico para que parezca una adorable mierda, pero sigue siendo una mierda. Una puta mierda. La puta mierda con la que nos engañaron.

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Simiocracia

Alexis Saló lo ha vuelto a hacer:

Es el trailer del libro que sale el 12 de abril “Simiocracia, Crónica de la Gran Resaca Económica“, editada por DeBolsillo. Para cualquier cosa: http://www.aleixsalo.com

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Fondos, formas.

Sólo hay que pensar en Josh Lyman, Leo McGarry o Toby Ziegler, asesores de comunicación del presidente Barret en El ala oeste de la Casa Blanca, o en los personajes encarnados por Ryan Gosling, Paul Giamatti y Philip Seymour Hoffman, asesores de campaña de los candidatos demócratas en Los Idus de marzo. Ahora imaginen que sentamos a los seis en una sala, y les decimos que su gobierno plantea un recorte en Sanidad y Educación de diez mil millones. Ahora díganles que lo comunicarán a las 18 horas de un lunes postvacacional mediante una nota de prensa. ¿Oyen las risas? Yo tampoco.

Verán, los buenos asesores de comunicación de los partidos y gobiernos en España llevan unos cuantos años de vacaciones, porque un buen asesor de comunicación representa un problema impensable para el político medio patrio: que te diga NO. Que recomiende NO, que sugiera NO, que ante determinados atropellos y barbaridades dimita, y un largo etcétera de diatribas poco vistas por estos lares. El cuestionamiento del líder, un ejercicio tan poco vistoso como practicado siempre a media luz y, a ser posible , en una barra de bar y con una navaja en la mano.

Según mi experiencia profesional -José María Barreda, Alberto Ruiz Gallardón- su gente de prensa debería estar más a sueldo de sus servicios de escolta, que de su partida de comunicación. Para que se hagan una idea, en mis tiempos de reportero, viví más tiempo cogido por los brazos, que entrevistando. Esas guardias pretorianas al servicio del líder indestructible. Se es más indestructible cuando se tiene menos contacto, y ya vemos como habituales las comparecencias sin preguntas, las imágenes de mítines directamente editadas por los partidos…

Hasta ahora, el principal asesor del presidente es Pedro Arriola, hombre que se hizo célebre por sugerir basar una estrategia de oposición en el slogan “¡Váyase, señor González!“, que junto con “el frotar se va a acabar“, y “Cillit Bang, y la suciedad se va en un bang“, es de lo mejorcito de nuestra cultura de finales de siglo XX, Mecano aparte.

Si son lectores habituales de El Mundo, ABC, la Razón o la Gaceta, sáltense este párrafo porque voy a hablar de algo que nunca pasó. Al ganar el PP en 1996, Pedro Arriola no quiso vincularse con el gobierno Aznar, aunque fue delegado en las comisiones encargadas de dialogar con ETA en Zurich, en la tregua del 99. Si son lectores habituales de El Mundo, ABC, la Razón, pueden seguir leyendo, si son lectores habituales de la Gaceta, mi twitter es @alberto_suarez_, entren y llámenme rojo, un placer.

En definitiva, y reciclado para la causa Rajoy, Pedro Arriola fue el responsable de la oposición pasiva y pasota, y también es el responsable del gobierno pasivo y pasota. Aún con esa estrategia de silencio calculado, y con una prensa con muy pocas herramientas intelectuales para desengranar nada, han sido numerosas las “pilladas” con micros abiertos, o en pasillos de conferencias internacionales. Parece que ni Arriola, ni el exCEO de Workcenter pueden hacer nada contra la antifotogenia intelectual. Sí, otro de los pesos pesados en la comunicación del PP es Alfonso de Senillosa, fundador de la cadena de reprografía 24 horas, que parece toda una declaración de intenciones: 24 horas abierto y producto muy caro. Eso sí case study en tropecientas Universidades.

Antonio Gutiérrez-Rubí, nos enseña aquí, cómo funciona eso de aportar información tras 100 días de gobierno en yankilandia, para sonrojo no sólo de gobierno, sino también de prensa, empecinada en que los kioscos de prensa parezcan las paredes de la habitación de un ultrasur, portada a portada. Todas sin sustancia, sin nada que aportar, sin datos, sin argumentos, sólo puto cotilleo, convirtiendo al Marca en el paradigma del periodismo sesudo.

Los conceptos “convencer“, “hacer pedagogía con los medios“, o “algunos con los que no hay manera“. Pues eso se puede ver en el vídeo tan inocente, pero con tanto fondo: carisma a raudales en la Universidad (Pontificia) de Comillas. Como siempre, lo voy a reducir todo al Pedro Ximénez: la gente pasa, la prensa aprovecha la falta de presión por parte de los lectores, ya que económicamente depende de la publi, de las empresas, no de los lectores, así que los desgraciados campan a sus anchas en el primetime.

PD: Mingote quiso dibujar para este blog, pero en el ABC no le dejaron.

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San Eurovegas

Madrid sigue viviendo momentos épicos de fervor en las calles del centro. Las palabras “fervor” y “sentimiento“. Hace años tuve un director, en la radio, que era un hijo de la gran puta. Y como hacía muy bien su trabajo -el de ser un hijo de la gran puta, no el de ser director-, me “sugirió” realizar reportajes a todas las cofradías de Guadalajara. Para mí la primera noticia fue saber que en Guadalajara hubiera cofradías, y eso que fui a colegio Marista. Asumido el shock, me pongo a entrevistar y, cofradía tras cofradía, se llenan la boca del puto fervor y el puto sentimiento. Por supuesto, el remate argumental es “esto se siente o no se siente“. Vale.

Hoy, bajo un manto de lluvia -porque dios lo ha querido-, he podido cruzarme con una procesión que nacía de la calle Toledo, y atravesaba la Latina, partiendo el barrio pijojipi por la mitad. Había una cámara de Telemadrid por cada dos fieles. La proporción no es mala ante tal evento. “Atrae turistas”, dicen algunos comerciantes. Claro que sí. Poner en la Plaza Mayor a Charles Manson también, seguro.

Esto de las estupideces, además de no pasar de moda, se va depurando con el tiempo. Justificaban los representantes madrileños y catalanes, su patética presencia en Las Vegas para montar el Eurovegas. Hace unos meses se rumoreaba, se hablaba de la necesidad de cambios legislativos para poder montarlo en España. Problemas con la ley del juego, impuestos… en realidad era un globo sonda. En comunicación, los globos sonda son noticias, rumores, runrunes, que se lanzan “pa ver qué pasa“. Como hubo una polémica de intensidad media-baja, la cosa va para adelante, y hemos pasado de la polémica a la familiaridad más absoluta con la “candidatura madrileña”.

La justificación es que atraerá dinero y generará empleo. Cojonudo. Lujo, prostitución y espectáculos familiares, agitados en un cóctel de capa caída, punta del lanza del auge de la miseria y el paro en Estados Unidos. No es mal referente. Pero qué coño más da. De las obras de la M30 que nos cuestan 10.500 millones de euros -grábense la cifra-, nadie se acuerda ya, pero qué coño más da. ¿Por qué no abrimos un campo de concentración? de esa manera podemos acabar con carteristas, y a la vez atraer turistas. ¿Qué busca el turista?, ¿Niñas tailandesas complacientes?, ¿Caras en paredes de pladúr?, ¿Pozos en los que tiran monedas?, ¿Discotecas en las que se inflan de Dyc con Red bull? Qué coño más da.

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La generación M

Dejasteis morir al dictador en la cama. Redactasteis una constitución en la que no se condenaba el régimen anterior. Como si no hubiera pasado nada. Paseamos por calles y avenidas en honor a capitanes de dudosa calaña moral. Con el paso de los años generasteis un discurso, inventasteis una historia que era mentira. De haber sido verdad que todos los que lo decís corristeis delante de los grises, las manifestaciones hubieran parecido la maratón de Río de Janeiro. Tampoco se llenaba la Plaza de Oriente más que por la imaginación inflada con la propaganda del sistema. Y en mayo del 69 os convertisteis en especialistas en mirar hacia otro lado. Sois una generación de mierda.

Os movisteis en la necedad porque era más cómodo. Estalló el tiempo de la compra, el reinado de la palabra confort, y lo confortable justificó todo. Pasasteis de las cartillas de racionamiento a comprarnos juguetes por aprobar Lengua en tercero de EGB, eso nos enseñasteis. A nosotros, a vuestros hijos, nos comprasteis, porque os resultaba más cómodo y barato, porque la mujer se incorporó al mercado laboral en condiciones deplorables, porque no luchar tiene esas cosas. Os creísteis el cuento de la individualidad porque era atractivo y para qué pensar otra cosa. Para qué pensar.

Nos empujasteis a la Universidad porque suponía la confirmación de vuestro cumplimiento generacional. En realidad el título es vuestro, enhorabuena, lo habéis hecho estupendo y hay un señor que lo dice y un ministro que lo firma. Y nos habláis de vuestro puto vacío de mierda como si hubiera algún trasfondo más allá de los atajos que era lo primero que buscabais en los mapas. Transición, democracia, responsabilidad, libertad… palabras que manejabais sólo porque pesaban poco, porque las habíais vaciado de contenido. Sois una generación de mierda.

La generación que confundió acumular y lo llamó crecer, la que se carga el planeta, la del consumo estúpido, la del new age, la del Abb Flex, el plumero Buster, y las tapas del Chef Toni, la que se legitimó inventando la historia, la generación acomplejada por la anterior que se había legitimado vía Guerras Mundiales, la generación que vio, con la caída del muro, cómo el mundo dejaba de ser algo complicado y se convertía en algo más fácil, ergo mejor. Esa mierda de generación sois, y no me gustaría que os fuerais yendo para el otro barrio, sin que la generación actual, comprada, estúpida, frustrada, atrofiada, inútil, perdida, quiera ajustar cuentas.

Cada viernes, a la hora de la comida, espero con alborozo la comparecencia de Soraya. El viernes pasado, con un invitado especial: Montoro, el ministro Ratatoui. Se trata de un curso a distancia de Ciencia de la Nada, con el que podemos aprender muchísimo. En este caso tuvimos la lección Los Recortes II, en su versión más entretenida y graciosa, repleta de risotadas y chascarrillos por parte de los profesores. Un solar intelectual, un ejercicio de humillación pública en pista cubierta.

“No es un recorte, es un esfuerzo de consideración”

Parece incompatible cuando se presentan unos presupuestos un 17% menores que el año anterior -recorte 2 puntos más fuerte de lo que había comentado el Presidente-, pero las palabras tienen dueños, y se esforzarán en que lo sucedido se llame “ajuste”, o “esfuerzo”, presumiblemente por “salvar España”, una de las principales justificaciones de la generación M. Los dueños de los significados, qué fácil lo tienen.

“Ya me gustaría a mí, presentar unos presupuestos mejores”

“Hay que cumplir sí, o sí”

Coinciden en que las políticas activas de empleo son el principal sacrificio. Justo lo contrario de lo que vende la derecha, recortando en gasto social como si no supiéramos que nos deprimimos y quedamos ratiquíticos. Como si no lo estuviéramos viendo. Como si nos hubiera enseñado bien la generación de mierda. Y a tragar.

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