Publicidad engañosa

Ayer no disfruté de mi ración diaria de basura en el informativo de Pedro Piqueras. Y eso que Piqueras es como comer en el McDonald´s: puedes tener un amigo cuyo tío tenga una granja de lombrices en Argentina, con las que se hace polvo de carne para proveer a la cadena de comida rápida, que sigues comiendo allí. Piqueras siempre puede meter miedo, siempre encuentra el vídeo escandaloso y genial, siempre tiene la frase adecuada. Quien me conoce sabe que Pedro es una de mis debilidades y que para mí, está a la altura de Jeffrey Dahmer, o Josef Fritzl.

Ayer preferí ver uno de los últimos Telediarios de TVE antes de que la gente de Dreamworks, o quienes quiera que trabajen como portadistas de La Razón, tomen el poder. Emitieron un pequeño reportaje sobre los zapatos de suelas milagrosas que te ponen las nalgas como una piedra de afilar, y de otros que enderezan espaldas, mejoran circulaciones, e incluso zapatillas que logran tranquilizar a los mercados. Por lo visto no funcionan, son mentira, un engaño, una estafa, un pufo. Se les puede denunciar. En Estados Unidos lo han hecho y se han llevado una pasta. En Estados Unidos medio mundo denuncia al otro medio y se lleva una pasta. Eso es así.

Dicen los del OCU que es publicidad engañosa. En un mundo en que los ciudadanos somos consumidores, y en un tren a Gante te encuentras a un puñado de chavales jugando a adivinar marcas viendo sus logotipos, la OCU son los nuevos sindicatos. A los de la OCU se les reconoce porque salen por la tele diciendo cosas obvias en momentos de relleno de los telediarios, y siempre en despachos muy cutres con escritorios de melamina, que es un compuesto orgánico que responde a la fórmula química C3H6N6, y cuyo nombre IUPAC es 2,4,6-triamino-1,3,5-triazina. Pero que se ve muy cutre por la tele. Todos hemos tenido una adolescencia de melamina, porque partía la pana y para nuestros padres era un salto cualitativo importante. No quería hablar de la melamina, pero mira.

De entre las cosas que más difíciles me parecen en este mundo, como pedir perdón, acabar de leer Ulyses, o eyacular para adentro, probablemente la más complicada sea discernir entre publicidad engañosa y de la otra. Deberíamos hacer un ejercicio de sinceridad, y hablar claramente de publicidad, o de información. Hablo por parte de las marcas, porque por el lado de los medios, pueden seguir mezclando, que les está dando muy buenos resultados. Es decir, tu informas de tu producto, pero si le atribuyes valores, si lo introduces en una historia, si pretendes que forme parte de la vida de la gente, de manera un poco forzada… eso es un poco engaño, no?

Esto es, que si veo a Michael Jordan volando con unas zapatillas… un poco me estás diciendo que esas zapatillas le dotan de una especie de poderes que permiten que su portador atraviese los cielos en busca de un objetivo, no? Osea que lo sugieres, señor Nike, pero no lo dices. Entonces no es engañosa. Esto es como si alguien ve revistas eróticas de animales, con perros, hipopótamos, ñus, y tal, en posturas sugerentes. Sin mostrar nada de manera explícita, pero sugiriendo. Perfectamente normal. Los que nos dedicamos a la publicidad deberíamos abogar por claims cercanos, por campañas hiperrealistas. “Cocacola, fresca mejor que caliente”, “Cereales Smacks, bah, no están mal”, “Viajes Iberia. Vas y vuelves”.

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Ciudades S.A.

Atravieso una gran avenida, dejando a los lados Zara, H&M, Springfield, Nike Store, Swarovski, Bershka, McDonnald´s, Massimo Dutti, Pizza Hut, y otra buena ristra de locales que rocían las aceras con el aliento de su música, siempre jugando con la legalidad, y prometiendo un mundo acondicionado y mejor. Es el centro, sólo interrumpido por construcciones, más o menos históricas, en torno a las que se arremolinan turistas que aprietan sin cesar el gatillo de sus cámaras de mil pavos. Llego a las afueras y me siento perdido entre inmensos bulevares plagados de grandes complejos hoteleros y edificios acristalados de oficinas, en cuyas fachadas juegan con interminables rebotes las imágenes del hotel, o la oficina de enfrente. Estoy en Bruselas, pero podría estar en Lisboa, Madrid, Londres, Nueva York, o cualquier ciudad del mundo, porque todas son intercambiables e iguales. La ciudad soy yo.

Las ciudades se venden a caraperro desde que las pisas. Todo son eventos y festivales que buscan atraer al turista. El turista es un señor, con unos ingresos medios, que dedica en torno al 5% de los mismos en hacer una cosa que se llama viajar, y que se pone en los gustos, al lado de “pasear, leer, ir al cine“. El turista tiene un presupuesto limitado, y una oferta tremenda, así que las Ciudades S.A. tienen que buscar atractivos. El turista necesita recuerdos que almacenar y olvidar en las estanterías de su casa y de su cabeza. El turista convierte en histórico todo creyendo los cuentos locales, o vía Instagram. El turista olvidará todo lo que ve, incapaz de digerir nada, porque no quiere digerir nada. El turista revienta los maleteros de Ryanair, y grita y chilla, y vuela por cinco pavos. El turista lleva pantalones pirata, la camiseta de Cristiano Ronaldo y su nombre tatuado en el gemelo. El turista soy yo.

Las Ciudades S.A. buscan ser rentables convirtiéndose en todo aquello que el turista quiere ver. Ciudades S.A. pone a disposición del turista todo tipo de espectáculos que resuman su cultura en pocos minutos, vende su dignidad, y ofrece Zara, H&M, Springfield, Nike Store, Swarovski, Bershka, McDonnald´s, Massimo Dutti, Pizza Hut, y otra buena ristra de locales con los que el turista se sentirá también como en casa. Un turista contento es un turista para siempre. El turista siempre lleva la razón. Y no se trata de sacudir sólo contra una clase. El turista también se puede considerar por encima de la media, se puede auto-considerar viajero. El viajero se diferencia del turista en que lleva Ray-ban retro, camiseta de rayas, y buscan tiendas de discos y barrios sucios y chic. El viajero es un artista sólo comprendido por la comunidad minoritaria de artistas que, de verdad saben aprovechar un viaje. El viajero apunta sandeces en una Moleskine. El viajero es un target, y el viajero soy yo.

Ciudades S.A. subvencionan vuelos. El viajero y el turista están volando por cinco euros, pero no se preguntan por qué. El viajero y el turista son uno. Trescientos turistas y viajeros creen que un avión puede volar tres mil kilómetros por mil quinientos euros porque ya no ponen comida, y venden lotería y perfumes. Trescientos inconscientes desafían la ley de la gravedad sin preguntarse qué hay detrás de los duros a pesetas. La pregunta no es si deberían volar, es si deberían, si merecerían vivir. Trescientos cadáveres que, sumados a millones más, provocan con la sobresaturación del espacio aéreo, el cuarenta por ciento de las emisiones de CO2 que está mandando a tomar por el culo el mundo. Son trescientos cadáveres, y yo soy un cadáver.

La globalización es un laberinto de responsabilidades en cuyo final siempre estoy yo. MI vida es lo que sucede mientras me esfuerzo por encontrar otras salidas, por disfrazar la realidad para dormir tranquilo. El problema no es que todo esté interconectado, es que todo está muy evidentemente interconectado. Que te sabes culpable porque lo eres. Que puedes sacar tu dinero del banco, y ayudar a tu comunidad, y dejar de comprar cosas que no necesitas. Pero cuesta. Es difícil. No nos gustan las cosas difíciles. Nos enseñaron que de lo difícil no se saca beneficio porque no es económicamente rentable. Pues igual nos enseñaron mal.

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Con este post no se soluciona nada

Hoy la educación se ha parado de forma muy notable, desde primaria hasta las universidades, con apoyos no sólo de sindicatos, sino con una conciencia clara por parte de gran parte del tejido que la compone: profesores, personal, padres y estudiantes. La guerra de cifras siempre enmierda el debate. Lo enmierda, y es una estrategia de comunicación interesada más. Aún así, entramos en algún detalle. Por ejemplo que el diario ABC habla de un paro del 26,23%, citando como fuente al Ministerio de Educación. Pero yendo más lejos, el fanzine La Razón lo baja al 19,41%, citando también como fuente al Ministerio de Educación. Diarios de la derecha, misma fuente. Si hacemos caso a los números interesados del Ministerio -que pretende aparentar que no se está protestando en su contra- un cuarto del personal y alumnos han parado su actividad laboral hoy. ¿Imaginamos qué sucedería, si por una epidemia de, pongamos gripe, un cuarto de los maestros y alumnos de España dejaran de acudir a clase?, ¿Se puede hablar, entonces de una “jornada de normalidad“?, ¿Es ético informar de ese modo?, ¿Estamos interesados en ahondar esa diferencia entre lo que pasa y lo que nos cuentan que pasa? Pues claro.

Antonio Rodríguez tiene voz y voto en la educación privada, y presidente de la Confederación Española de Centros de Enseñanza (CECE), muy en contra de las movilizaciones, y declaraba esta mañana a Europa Press que “no hay motivos pedagógicos para ir a la huelga” y que los problemas de la educación “no se solucionan haciendo una huelga“. Sin entrar a valorar la primera frase, sí valoro la segunda: ¿De veras no se solucionan los problemas con la huelga?, ¿Se va a la huelga porque se piensa que se van a solucionar los problemas con ella?, ¿Y haciendo una jornada normal?, ¿Se solucionan?, ¿Se solucionan recortando el presupuesto?, ¿Se disolvió ETA porque la gente llevara un lacito azul en la solapa?, ¿Y el VIH?, ¿Se erradicará por llevar el lazo rojo?. Claro que no se solucionan los problemas con la huelga, muy señor mío, porque la huelga sólo es un instrumento, una palanca, una de mil. Tampoco se solucionan mirando hacia otro lado. De hecho, mirando hacia otro lado seguro que no se solucionan. Cuando alguien se dirige a Europa Press a desprestigiar una acción señalando su inutilidad, además de ahorrarse trampas lingüísticas, a lo mejor podría aportar su solución alternativa. Digo.

Siempre que alguien dice que la jornada de huelga no sirve para nada, intento imaginarme cómo cree esa persona que puede solucionar un problema. Suponiendo que sea una persona absolutamente individualista, incapaz de sentir solidaridad por compañeros, conciudadanos, o futuras generaciones, en cuestiones tan claves como sanidad, educación, o derechos adquiridos, supongo que ha de tener algo que le haga moverse, no sé. Imaginemos que un grupo secuestra a sus hijos, o que se prohiben los ascensos laborales, o los automóviles de más de 65CV. Algo que le haga indignarse. ¿Cómo lo hace?, ¿Pidiendo audiencia con el presidente del Gobierno y esperando?, ¿Trabajando cada día más duro? Porque toda esa gente que tuitea que trabaja duramente, mientras los demás hacen huelga -destacándose como constructivo frente a la destrucción-, puede estar duramente llevándonos al precipicio.

Volvemos al hoy, y retornamos para encontrarnos con la brecha entre realidad y relato: hoy no ha pasado nada, se nos dice. Sólo unos señores -pocos- que protestan ante unos recortes que, en realidad van a mejorar la enseñanza. La prensa de la derecha, desde sus cabeceras, opinadores y tertulianos, vienen resumiendo todo esto en una frase: ¿Es que tenemos que pagar todos los españoles a los repetidores? Es una pregunta que esos mismos opinadores no se hacen con el saneamiento de Bankia, por ejemplo. Ni con las inyecciones anteriores a la banca. Curiosamente, gran parte de esa derecha -nacionalcatólica- nos pide dinero para construir escuelas en países subdesarrollados de los que desconocen todo, y apoyan recortes en las escuelas a las que van los hijos de sus empleadas de hogar. Cambiar la igualdad por el privilego, el derecho por la caridad.

Preguntarse si debemos financiar a los repetidores, sin dimensionar el coste monetario de los repetidores, y ponderarlo en términos macroeconómicos, es pornográfico, soez y rentable. Preguntarse si debemos financiar a los repetidores, equivale a convertir el país en un concurso televisivo en el que unos pocos llegan a la final. Preguntarse si debemos financiar a los repetidores, equivale a preguntarnos si debemos asegurar a los enfermos, o si la justicia debería ser igual con los débiles. Hacer esa pregunta es creer en un darwinismo social que linda con el fascismo.

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Dios existe

Dios existe y es un señor muy serio. Usted cree que tiene un jefe, pero su jefe no es su jefe, su jefe es el que hace que necesite tener al otro jefe. Su jefe es su hipoteca, o quien le dijo que sus hijos merecían lo mejor, y que lo mejor es lo más caro. Su jefe es la segunda residencia, y quien le aseguró que lavaba más blanco. Su jefe es quien le dijo que con la salud de los suyos no se juega. Su jefe es un poco Juan Ramón Lucas anunciando alarmas domésticas, y su jefe son veinte caballos más de potencia y medio litro menos a los cien. Su jefe es el miedo a la independencia del que no se puede librar. Pero piense que por encima de su jefe hay otro jefe que manda al jefe. Y que por encima de ellos hay otros jefes, y que la pirámide tendrá que avanzar hasta que ya sólo quede uno, y sea un señor, presumimos, muy serio, y le llamaremos dios.

Y ese dios se hará llamar El Señor, así sin más apellido limitado, anónimo o en sociedad comandita, y probablemente no tributará porque el tributo se lo rendimos a él, y tendrá tal entramado de sociedades en tan bellos paraísos, que el circular de su dinero, si acaso lo necesita, hace preciosas figuras y se permite ironías fiscales hasta llegar vacío al fin del ejercicio. Porque dios es todopoderoso, pero es humano, y habita entre nosotros, y sale a la calle con la humildad como obligada forma de protección. Porque El Señor inventó todas las mentiras y no se las puede creer. También es, no crean, su maldición. Cuántas veces acabó su día observando los salmos de Teletienda, y rabiando de ansiedad por no sentirse preso de las ofertas exclusivas y la gratuidad de los gastos de envío. A él también le hubiera gustado vivir engañado, creer en algo mejor. No hay mayor tristeza que la lucidez absoluta.

Los evangelistas narran aventuras en bailes de máscaras, donde mercados, agencias o sociedades, esconden alegres danzarines con nombre y apellido. En esas reuniones suele haber momentos en los que la luz cesa y, por unos segundos hasta las leyes no escritas se violan en el aire. El interruptor no se acciona sólo, lo hace una mano, que sigue en brazo y continúa en tronco, vestido por una chaqueta en cuyo bolsillo interior hay una cartera que porta un documento que identifica. Siempre hay un “los de arriba”, y al final del enésimo señor que dice “los de arriba”, sólo quedan unos de arriba, que siempre dependen de dios.

Dios es un señor muy serio que va siempre con sudaderas con capucha y hablando por el móvil. A todo tiene que responder con síes y noes que agotan su batería. Dios come pistachos, y dios vive de alquiler. Al final de todas las excusas hay un señor que hace todas las cosas de manera discreta, y que es el jefe del jefe de tu jefe. Es el jefe último, el jefe supremo, El Jefe. La fe en el papel moneda sólo es un préstamo de fe que hace El Señor. La reparte y embolsa a través de subcontratas, y la pone en juego para que todo salga bien. Y la gente mueve y se mueve con las carteras llenas de fe, o de falta de ella según el caso.

Dios existe, es un señor muy serio, y el responsable del uno por cierto de tu vida, el porcentaje de vida de la que tú no eres responsable.

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El significado de las palabras

Planteaba Juan José Millás en su última columna, el problema del pan-pan y el vino-vino, aterrizado en dos preguntas fundamentales: ¿Por qué todavía no sabemos si Rato dimitió, o lo echaron?, y ¿Por qué dicen que una entidad como Bankia funciona fenomenal se cambia su dirección, se baja su nota, y de precipita en bolsa? Más tarde, en La Ventana de la SER, ahondaba en su preocupación sobre la distancia gigantesta entre significados y significantes: ¿Qué piensa la gente cuando ve una cosa y le dicen la contraria?, ¿Qué efecto tendrá en la población?

La preocupación comienza a cundir, y no es una paranoia más mía, es que el artículo de Millás fue compartido por más de 47.000 usuarios, cuando, según fuentes de elpais.com, la media en sus textos ronda entre 12.000 y 15.000. La prensa “oficial” la que hasta ahora tenía la hegemonía de la “verdad”, y ponía marco a la “realidad”, le ha dedicado al tema unos cientos de palabras en ese artículo, y un pequeño espacio en un programa de radio de tres horas. Efectivamente, a día de hoy, en plena Era de la Información, todavía no tenemos ni idea de por qué Rodrigo Rato ha salido de Bankia. Pero precisamente Rato, nos puede servir para ilustrar el problema de la separación entre la realidad, y lo que se cuenta de ella.

Rodrigo Rato se pone todas las medallas del mundo en la expansión vivida durante el Gobierno de José María Aznar. La salida de una crisis sistémica, las todavía generosas subvenciones europeas, y el petardazo de la Ley del suelo, propiciaron una creación de empleo poco cualificado, vinculado a la construcción, que tiró de la demanda, y reactivó la economía. Evidentemente, pan para hoy, y que arreen mañana, pero Rato se fue de rositas como un gran gestor. Nadie analizó la gestión de Rato como Ministro de Economía porque no hizo falta. Para la esos chavales que abandonaron bachiller para que el andamio les pagara la XBox y el Ibiza tuneado, Rato era un tío fenomenal, para la gran masa, aplastada por el poder mediático gubernamental (el ejecutivo Aznar controlaba El Mundo, ABC, Onda Cero, Cope, Rne, Tve, Telecinco, y Antena Tres, o bien de manera directa, o indirecta), se vendió a Rato como un mago de las finanzas. Anoten el verbo anterior, porque por ahí va la cosa: vender.

La realidad, pues, es que Rato no hizo una gran gestión, de hecho, cualquier economista independiente sabrá que muchas de sus decisiones (privatizaciones de empresas públicas que daban grandes beneficios: Argentaria, Tabacalera, Telefónica, Endesa, y Repsol; la anteriormente citada Ley del suelo, no reinvertir las últimas subvenciones sustanciosas de la UE, planificaciones faraónicas de algunas políticas públicas…) fueron errores estratégicos que, en parte, explican la basura en la que nos movemos hoy.

En 2004, con el gobierno Aznar en plena descomposición, y con Pedro Jota quemando tinta a favor de la teoría de los “moros de la ETA“, el bueno de Rodrigo es llamado por el FMI para ser su director gerente hasta noviembre de 2007 años en que dimite, dice, para cuidar a sus hijos. En realidad, sale a hostia limpia: desde dentro del FMI es culpado de vivir en una burbuja desde la que no fue capaz de prever la crisis mundial. Sólo El País, y por intereses políticos favorables al PSOE, destacó el informe en el que el propio FMI ponía a Rato a caer de un burro. Si lo quieren consultar, aquí enlazo el informe. No conviene ser chauvinistas, es evidente que Rato no es la fuente de los males del FMI, pero también es cierto que heredó y asimiló errores sin ningún problema, y por tanto es responsable de ellos. Algún día estaría bien analizar el trabajo de los altos ejecutivos, sus cortas estancias en multinacionales, el tiempo de adaptación, el compromiso de la corporación ante su marcha y, en definitiva, si dan palo al agua. Pero eso para otra, que nos desviamos. Como digo muchos problemas ya existían en la era pre y post Rato, el crack de las finanzas. Pero la verdad es que no se marchó, le echaron. Y sin tener que llegar a los límites de su heredero Strauss-Kahn.

El 1 de noviembre de 2007 se va del FMI para ocuparse de sus hijos. Un mes. Se entiende que lo de los hijos debe ser una lata, porque a los treinta días anuncia su incorporación a la división internacional del Banco de Lazard, un banco de inversiones francoestadounidense establecido en Londres. Al poco es nombrado también “asesor internacional” del Santander. Y ustedes se preguntarán “Si le contratan en todos esos bancos…¿Será porque es un figura, no?”. Verán, ese tipo de trabajos van de lo siguiente: usted, que ha estado en un cargo político relacionado con finanzas y con relaciones internacionales, conoce a mucha gente capaz de hacer muchas cosas por todo el mundo, nosotros necesitamos a muchas gente que nos haga cosas por todo el mundo, le pago tanto y usted levanta teléfonos. Hasta que en 2010 Esperanza Aguirre, aprovechando esa vitola falsa del “gestor perfecto“, le pone en Caja Madrid. Y hasta nuestros días.

La biografía de Rato, desde su participación del gobierno de 2004, se parte muy claramente, entre la percepción que tiene ese concepto llamado “el español medio”, y la realidad. Se da la circunstancia de que la especialidad del tipo en cuestión, economía, es algo que escapa al español medio. La cultura financiera general es pésima según los expertos y eso, amén de resultar peligroso para con nuestros ahorros, facilita la veneración de figuras que “hacen cosas que nosotros no entendemos“. Por tanto nosotros, los espectadores/votantes/consumidores, nos hemos dejado engañar haciendo gala de nuestra ignorancia. Pero los medios, quienes trasladan la información cada día, tampoco han puesto de su parte.

Que los partidos políticos se convertirían en un producto ya lo decía Ray Bradbury en 1953 en su novela Farentheit 451, un mundo futurista en el que viviríamos presos de grandes pantallas de plasma, quemaríamos libros de papel, y votaríamos al candidato más guapo. Que los partidos necesitan ser comprados, esto es, ser votados, es la otra evidencia, por tanto, conviene fichar especialistas en marketing y comunicación, que sean capaces de afilar la ideología y convertirla en una serie de eslóganes fácilmente recordables. Desmontar las complicaciones, facilitando al máximo la vida al consumidor/votante, y finalmente, diciéndole lo que quiere oír. Muy mascadito y machacado con la frecuencia con que acribillan un disco en los 40 Principales hasta que llega a ser un hit.

Y los medios entran y han entrado hasta el final. Tengo los dedos pelados de contar cómo lo hacen, y ustedes los ojos secos de leerlo, quien llegue hoy por vez primera, que tire atrás. Los directivos de los medios han vivido muy cómodos viendo a sus redactores sin hacer preguntas, eliminando las molestas clases medias, premiando a quien no piensa, con el culo en la redacción esperando la nota de prensa para cortar, pegar, y firmar como “agencia”. Los medios han vivido muy cómodos recibiendo imágenes ya editadas de los partidos, ilusionados con la promesa de subvenciones, concesiones de emisión, o directamente contrataciones. Así han vivido los medios, así han cuidado la palabra los medios: UNA-PUTA-MIERDA.

Millás acierta con las preguntas, pero equivoca el resto: el tratamiento que tiene en los grandes medios la muerte de los grandes medios, sólo significa que no entienden nada, que no lo asumen. En este caso concreto se trataba de uno de los clásicos tics de izquierdas dentro del sistema, un maquillaje que nunca pasa de la dermis del oyente. Millás ejerce de literato de izquierdas, como Sabina de poeta oficial, o Ana Belén de roja, o Gemma Nierga de libertaria dama de las ondas: posturas inventadas de un Belén viviente que es lo que se denomina cultura de la Transición, CT. La transición acabó siendo un colegio internado dividido en dos tipos de alumnos: los que se hacían la raya a la derecha y los que se la hacía a la izquierda, y la defensa de ese colegio ha llegado al paroxismo. Ahí fuera habitan millones de peligros siempre acechando, y jamás hemos de salir. Puedes ser rebelde, pero siempre dentro del colegio. Rebelde, pero controlado. Transgresor, pero que me sirva para hacer merchandising.

Cuando la ley está marcada a fuego, todo se construye para que encaje, pero la mentira tiene las patas muy cortas y ha pasado suficiente tiempo, y se han acelerado demasiado los acontecimientos, como para que resista su última carrera. Hay piezas que jamás encajaron, hay preguntas tan grandes debajo de la cama, que ya no se puede dormir en ella. No, todo esto último es un poco broma porque no ha sido así, no ha llegado una generación fuerte, inteligente, arebatadora y combativa, lo que está pasando, creo, ha sido mera coincidencia. Entender lo sucedido el 15 de mayo de 2011 -más allá de lo que pueda surgir o no, sólo lo sucedido en ese momento-, sin entender el malestar por la ley Sinde y la comunicación multiplataforma establecida por miles de usuarios más o menos influyentes ante ese enemigo común, es absurdo. También lo es que la nueva generación pasa de la cultura de la Transición, es decir, que no la consume, que no le ve el punto ni a la prensa, ni a los cantautores, ni a la cultura que se aferra al mito de la Transición. Se la trae floja. Vive en otro mundo, lee, consume y escucha otras cosas no por rebeldía, porque les apetece y se ha dado así, sin más. También porque la generación anterior ha vivido muy cómoda aferrada al mito, y se ha dormido.

Digamos que la cultura de la Transición nos cuenta la historia de Rodrigo Rato que luego queda registrada en las encuestas oficiales: es un gestor estupendo. Pasa a unirse a los tópicos de la comunicación como “En cuanto a valoración suspenden todos los miembros del Gobierno, excepto del Ministro del Interior el sr/sra (…)”. Es muy temprano para aventurar nada, para hablar de una cultura post-Transición. Sería idiota pensar que el establishment no tendrá tiempo de aposentarse en los nuevos centros de poder y dominar, pero desde luego las dudas ya están sobre la mesa. Dudas sobre los significados y los significantes, dudas entre lo que sucede, lo que nos cuentan que sucede, y lo que queremos creer que sucede. Dudas.

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Discursos Institucionales

Dentro de las funciones de todo buen periodista, la de palmero es de las más divertidas. Cuando alguien se pregunta por qué a alguien le puede gustar entrar en política -el último caso del Principado de Asturias, casi intervenido, es increíble-, una de las principales razones se puede vincular con el ego. El ego del político se traduce llanamente, como nos decía Jorge Verstrynge, en que “a los políticos nos gusta sentirnos los putos reyes del mambo“. A ello ayuda verte en los periódicos, en placas, en inauguraciones, escucharte por la radio, o sentirte reconocido en tu comunidad.

En muchos de esos ágapes o eventos, se exige discurso. Unas palabras que puedan justificar el interés de los medios, que reciben en las redacciones un trozo de cartón más o menos fino, en el que suele ir en cursiva y negrita “al finalizar el acto se servirá un vino español“, que es un concepto que a mi me encanta, entre otras cosas porque mienten: también hay cocacolas y fantanaranjas, ya sin gas, servidas en vasos de tubo. Si no se especifica la nacionalidad del vino, se corre el riesgo de que ciertos medios no acudan.

La historia es que el discurso suele ser un mojón, que demuestra lo acartonado del político, su escasa capacidad para comunicar, para resultar empático, o creíble, además de poner sobre el tapete el penoso equipo que redacta esas palabras engarzadas sólo como preámbulo al copeteo. Lo normal es que se digan obviedades o, si el redactor vio el día antes tres capítulos de El Ala Oeste de la Casa Blanca, se pretendan hacer juegos de palabras, o metáforas. Recuerdo un discurso del día de la Constitución de un alcalde de una capital de provincia, fusilado de su mismo discurso del año anterior. Cuando lo conté los que me llamaron cabrón fueron los redactores del copy/paste, claro.

Pienso en la noticia de hoy, el patrocinio de Movistar a la selección española hasta 2014. En el acto de refrendo del acuerdo, el presidente de Telefónica España, no su obtuso presidente ejecutivo, Luis Miguel Gilpérez admitió que “ya era hora de que Movistar y la selección española se unieran, ya que tienen un mismo objetivo, que es el de vender lo más valioso de este país, que es la marca España“. Por su parte el presidente de la Real Federación Española de Fútbol, Ángel María Villar, famoso por basar sus discursos en las palabras “fúrbol“, y “álbitro, comentó que “Movistar es la voz de la selección“. Patético y prescindible.

Y como ayer me quitaron una muela del juicio, y estoy jodido y con la cara como Marlon Brando en El Padrino, quiero hacer extensible mi odio al mundo, y por ello les dejo con un vídeo de Villar, su salero, el magnífico plano con el protagonista en sombra… En fin, que muy bien todo:

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Esta es mi verdad

El tertuliano digiere la información para que al pueblo le llegue mascada. El tertuliano es el médico, y el cura y el veterinario de un país acostumbrado a que se lo den todo hecho. Y los tertulianos son del PSOE y del PP. Te cuentan sus milongas, e interpretan una misma cosa de una y otra manera. Siempre de dos maneras, por supuesto. Manteniendo la coherencia del sistema por quien todo fue hecho: machacando a base de tópicos no sólo para hacernos ver que este es el mejor de los mundos posibles, sino acrecentando el miedo a alterar orden alguno. Es un bipartidismo mental y psicológico, propio del país del Madrid-Barcelona, y del centralismo y la periferia, de la república y la monarquía, propio del país que no hizo justicia pasados cuarenta años de basura, sino que puso parches, como si el tiempo, de verdad, curara algo. Y no.

Ayer, abandonando mi relectura de Sartre, y mis clases de lapón, estuve viendo Gran Hermano. Para mi, la telebasura es el nuevo Galdós, y nadie me va a bajar de la burra. En la gala se trató un problema -un caso de infidelidad-, y se hizo desde dos puntos de vista: quien estaba a favor del chico -traicionado-, y quien lo estaba de la chica -traidora-. Ante un mismo acto, visto en directo por todo el país, se admitían y jaleaban dos tesis muy diferentes, en función de si la simpatía iba más hacia uno u otro. En diversas ocasiones los participantes en el duelo dialéctico se parapetaban tras la frase culmen del relativismo: “esa es mi verdad“.

Si quieren reírse un rato, y siguiendo con la ración de buena televisión a la que estoy acostumbrado, nos podemos pasar por el “Gran Debate, donde pusieron en contacto a la subdirectora del fanzine La Razón, y a dos de los “líderes sindicales estudiantiles” que protagonizaron una de las portadas más fascistas que se recuerden en la prensa de nuestra querida España. Véanla porque no tiene desperdicio. Si no tienen tiempo les resumo, que la subdirectora se defiende como gato panza arriba basándose en dos pilares: el primero que a su periódico le pueden gustar o no las cosas, y esa es la explicación última del “enfoque” de sus portadas, por lo que debemos sobreentender que venden opinión y exigen trato de medio de información. El segundo, que aunque los “líderes sindicales estudiantiles” afectados aseguran que han mentido en su información, y aportan pruebas de que es así, para la subdirectora esa es “su verdad“. Como si existieran varias interpretaciones acerca de la posesión o no de un título universitario.

Cuando las cosas van mal existen dos opciones: inflarse a anís Castellana, o recurrir a Manuel Cruz. Hace unos días el filósofo recibía el premio Jovellanos de ensayo por su obra “Adiós Historia, adiós, una bomba contra el relativismo dictatorial y obsesivo, un rayo de luz y esperanza sobre el olvido hacia la Historia, la sensación de que cualquier cosa hecha antes es un pueril fruto de personas incapaces de aportarnos nada con su experiencia. Por ejemplo, por volver a nuestros días de tempestades en el ÍBEX: fijarnos en el New Deal es una gilipollez, el keynesianismo ya no vale, es algo antiguo.

Dice Cruz, que para nosotros la Historia es “un pasado entendido como un parque temático. Como diciendo: anda, mira, cómo vivía esta gente. En realidad, nos hemos desentendido tanto del pasado como del futuro. Vivimos en un permanente presente y las nociones heredadas han saltado por los aires.” Y es un parque de atracciones en tanto hemos de hacer que absolutamente todo sea rentable para que sobreviva. Manuel Cruz acierta concluyendo que “en los debates televisivos se escucha a mucho petardo hablar con ligereza de «mi verdad». Pero ¿cómo que tu verdad? Si aspiramos a un horizonte de conocimiento, esto no es posible. Lo que sucedió, sucedió. Y punto.

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Becarios y cabrones

Ayer en Sol se acercó una chica que, muy amablemente, nos preguntó si nos podía hacer unas preguntas “para la radio“. No pasaba de veintidós años, micrófono sin identificar, presentación con un genérico “para la radio” lo que significa que eres de COPE, o Intereconomía. Empezó preguntando qué hacíamos allí y, torpemente aceleró buscando sangre con las cargas policiales. Que si sabía que a las 22:00 horas había cargas policiales. No las hubo. Ni a las 00:00. Se ha desalojado tranquilamente a las cinco de la mañana. Aún con esas, hay dieciocho detenidos. A la joven becaria le interesaba más otra realidad. La siguiente pregunta era que si se producían cargas, yo seguiría protestando. Querida becaria, para la próxima ahórrate los rodeos y pregúntame si soy un ácrata antisistema, violento comeniños revienta-lunas y acabamos antes. Al marcharse ufana con una entrevista de la que no podría sacar carnaza para sus jefes, le pregunto que de qué radio es. Me contesta, alejándose: “Radio Inter“. La web de Radio Inter define a sus oyentes como “hombres y mujeres de 30 años en adelante, amantes incondicionales de las tertulias“. Fenómeno.

Cuando trabajaba como periodista también buscaba sangre mediante preguntas capciosas, también me gustaba llevar al entrevistado donde me interesaba, pero intentaba hacerlo con políticos, empresarios intocables, y cualquier teórico ejemplo para la sociedad, nunca con la gente de la calle. La gente de la calle no suele tener herramientas para defenderse, los otros sí, de hecho la mayoría viven de la imagen que tú, como medio, les creas. No era por ir de Robin Hood, sólo lo hacía por divertirme. Entre cabrones existían unos códigos que nos separaban de los hijosdeputa. Esa frontera se ha diluido y el hijoputismo campa a sus anchas por las redacciones, amparado en la desaparición de la clase media de periodistas de raza que han pasado a mejor vida. Ya sólo quedan ejércitos de becarios, y los hijosdeputa que les piden carnaza (llámese La Gaceta, o Público, las estructuras son parecidas por dentro). Y así tenemos a las niñas de Radio Inter buscando torpemente hacer sangre, participando en montajes, dejándose llevar por estúpidas órdenes de producción, premiadas por no pensar.

Ayer, pasado el límite prudencial establecido por el Gobierno, en el que indicaba que protestar es un ejercicio democrático hasta que el carruaje se transforma en calabaza a las diez de la noche, Pedro Jota, ese personaje que seguirá hasta el fin de sus días mintiendo para pagar favores a José María Aznar, titulaba que “Los indignados desafían al Gobierno en Sol” por pasar del “toque de queda” dentro de la plaza. Nade tituló en Recoletos que el Gobierno desafía a sus ciudadanos recortando sus derechos, por ejemplo. Ni taparon la boca a Esperanza Aguirre cuando afirmó que no se podía privatizar el espacio público, precisamente ella, que ya privatizó la Sol Galaxy Note, y está en ello con educación, transportes, sanidad, agua, y subiendo. Callaron como putas. Se plegaron a su interés político.

Porque esta mañana lo de La Razón tiene explicaciones. Titulan15M, 15-mentiras, y es normal porque no entienden una puta mierda de todo lo que está pasando, y se retuercen en ese cementerio de actualidad que es el papel, sin comprender nada de lo que ven, escupiendo mierda contra todo aquello que no sea nacionalcatoliscismo (y ojo, que en el catoliscismo de base hay lazos con el 15M para aburrir). Lo que resulta acojonante es lo de La Vanguardia, que dedica una parte residual a lo que sucedió ayer también en Barcelona, y lo de ABC, para quienes ayer, en este país, no pasó absolutamente nada. Credibilidad nula, señores de ABC. Su puto panfleto morirá sepultado, le echarán la culpa al “todo gratis” de internet, y yo lanzaré un puñado de tierra sobre su tumba.

Los gurús también se suman a la estupidez. Ayer Jesús Encinar, que encarna como nadie el mito del emprendedor triunfante que siempre tiene en la lengua una frase para ilustrar un titular o un power point, protestaba en twitter contra los especialistas en protestar, a quienes decía, les debía resultar más fácil la protesta, que trabajar o estudiar. Sólo con esa frase, Encinar se iguala a una portada de La Razón, la de los “agitadores estudiantiles sin estudios“. Es de los de la teoría del “yo no hago huelga, porque estoy mejor trabajando para levantar el país“. Ahora, a este tipo de gente se les lee los fines de semana tuiteando desde restaurantes en los que los bogavantes cotizan a la Seguridad Social más que la media de sus trabajadores. Los fines de semana sí se puede parar. Y en fiestas. Ahí se puede no levantar el país. Les animo, ultraemprendedores de vidas ejemplares, a que prueben la cocaína, en caso de que no lo hayan hecho. El día puede dar mucho más de sí, y con algunos ajustes podrían estar trabajando y emprendiendo sin fin durante años. Mientras los borregos estúpidos, necios y vagos, vamos a parar, de vez en cuando, a pensar, a coger aire, a saber si pedalear a tope todos los días de nuestra vida nos lleva a un sitio mejor, o a un acantilado que han creado ustedes a golpe de becario. Y gracias por los consejos.

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Digestivo

El Loco Bielsa se siente responsable  claro que lo es. El Loco Bielsa dice que lo fácil es conducir cuando todo va bien, pero que anoche lo hizo fatal, y eso es algo que pasa a veces y que nadie suele decir, porque cada palabra que sale de la boca del Loco Bielsa es oro. Se puede recubrir el discurso de oropeles y soluciones estéticas, y que por dentro vaya vacío, o se puede ser certero, anticomercial, sincero.

Cuando los focos alumbran al equipo ganador, dejan al perdedor a oscuras. Anoche se borraron las eliminatorias frente a Sporting, Schalke o Manchester United, excepto para la memoria de los aficionados de Athletic. La justa victoria de unos y la derrota de otros, que hubiera sido injusta de no ser porque no lograron argumentar coartadas, no lograron interpretar el guión de final edulcorado hollywodiense, con la copa en la ría, con el beso de la chica sobre la gabarra. El Athletic no logró ser el Athletic y eso a veces pasa, y crea la sensación de que quien jugó la final fue otro.

Decía el comentarista que el Atlético había encontrado un nueve, y en realidad en la búsqueda intervinieron cuarenta millones de euros, que no están mal, pero que tampoco son excusa porque sabemos los condicionales, y la queja suena tan triste como los cánticos de fichajes extranjeros cada vez que por el Botxo vienen mal dadas. Los leones no encontraron el camino, ni la alegría, ni supieron desatascar el nudo de piernas que apretó la bestia que inventó los dos primeros goles.

Y el final fue un ejemplo de corrección política tan estéril pero necesaria, con la odiosa medalla al subcampeón que, pese a lo que diga Faemino siempre será menos, y ese pasillo a los segundos que sin ser obligado se agradece, por aquello de engrandecer un deporte que otros llevan años ametrallando con sospechas y ruedas de prensa de grises segundones.

Llegan los que hablan del mérito, de joven generación que augura grandes noches, y muchas otras estupideces que no consiguen hacer olvidar la sensación del “te quiero, pero como amigo”. Déjennos digerir la derrota. El Loco Bielsa es responsable de crear el escenario que ha permitido una gran frustración. Es más de lo que pueden decir todos los que llevan años predicando la casta y el pelotazo. No olvidemos que es más de lo que podíamos esperar. Gracias Loco.

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Razones

Esta mañana Nico, esa perra que ayer comió mierda de otro perro, me preguntó qué hacían todos esos furgones policiales en el barrio, y le contesté que esa pregunta me la podía hacer la niña de Rajoy, pero que ella no. Estuvimos de acuerdo en dejarnos de hablar, porque a Nico tampoco le gusta mucho la humanización, y a mi me parecía un recurso cutre para abrir fuego en el blog.

No menos de quince furgonetas, popularmente conocidas como “lecheras”, con tampoco menos de ocho antidisturbios por vehículo desplegándose desde la plaza de Cascorro hasta la calle Fray Ceferino, tanto por Ribera de Curtidores, como por Embajadores. El motivo de semejante operativo era proteger el desahucio de unos vecinos, cuyo destino fatal fue prorrogado en anteriores ocasiones por la mediación del apoyo vecinal. El cálculo del coste, a ojo de un servidor, no anda por menos de 9.000 euros. Operación Cacemos a Bin Laden MODO ON.

Se trata de Uddin y Hafiz, y cito textualemente la descripción facilitada en Stop Desahucios:

Uddin y Hafiz compraron hace cinco años un piso de 40 m2 que el banco tasó en nada menos que 248.000 euros, y donde viven muy modestamente junto a sus familias. Hace unos meses, Hafiz perdió su empleo, y Uddin, al que tras bajarle el sueldo gana poco más de 1.000 euros por su trabajo como camarero en un restaurante, no pudo afrontar él solo el pago de las cuotas hipotecarias impuestas por el banco, que ascendían a 1.500 euros al mes.

El banco se quedó con la casa por 151.000 €, el 60% del precio que según sus tasadores valía, reclamándoles una deuda pendiente de 235.000 € entre el capital pendiente de la hipoteca, intereses, costas, etc, casi la misma cantidad que le concedió por la hipoteca. Un negocio redondo que convertirá a estas dos familias en sus esclavas de por vida.

La sensación de violencia que he sentido de un vistazo, es difícilmente descriptible. Por un lado la imagen de Ribera de Curtidores como si estuviéramos en plena operación Elefante Azul, y por otro el quiosco de San Millán, luciendo lindezas como por ejemplo la vil portada de La Razón, tapando con basura cobarde las vergüenzas del banco podrido al que todos vamos a sanear, incluidos Uddin y Hafiz. Demasiado descarado, demasiado bestia, demasiado todo. El desmontaje del Estado de Bienestar, el pillaje de las capas altas, sabedores de que la nave va a la deriva, es grotesco. Y la falta de reacción popular, que no por esperada deja de ser también ridícula.

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