Involución informativa

Creo que ya les he contado en alguna ocasión, que cuando me quitaron de la antena de la Cadena SER, el director me entregó una lista en excel, a modo de justificación, con no menos de veinte numerajos, acompañados de otros tantos textos. Los números eran fechas, y los textos temas. Los días y las razones por las que diferentes miembros de la Junta de Comunidades de Castilla La Mancha había llamado al director para pedirle mi cabeza. Me dijo que ya no podía más. Con esto no quiero dotar a mi biografía de un halo de heroicidad, sino indicarles que el PSOE también manipula medios. Esto no quiere decir que todos sean iguales, sólo lo que he dicho.

Hasta ayer, Fran Llorente, que entró en el ente público en 1990, era el director de Informativos de TVE. No voy a dar mi opinión, me conformo con pegar, directamente desde Wikipedia, la lista de premios que ha recibido su trabajo al frente del equipo: “más de 200 premios, entre ellos varios galardones concedidos por la Academia de la Televisión, diversos premios Ondas y TP Oro en sus diferentes modalidades. En 2009 el Telediario Segunda Edición obtuvo el premio internacional de mejor informativo en los TV News Awards, y en 2010 el Global Peace Award, por la cobertura de los conflictos internacionales. En 2011 los Servicios Informativos de TVE en su conjunto fueron reconocidos con el Premio Ondas y con el Premio Nacional de Televisión. En 2012, Fran Llorente fue distinguido con el premio Javier Bueno, concedido por la Asociación de la Prensa de Madrid por su trabajo al frente de los Servicios Informativos de TVE, y el premio Vázquez Montalbán, otorgado por el Colegio de Periodistas de Catalunya “como referente de calidad, independencia y profesionalidad en el ámbito de los informativos televisivos”.

Desde ayer, el nuevo director de Informativos de TVE es Julio Somoano. La ristra de premios que ha obtenido dirigiendo los Informativos de Telemadrid, llega a la friolera de cero. Probablemente sean -esto es opinión- los informativos más tóxicos e indecentes de cuantos hay en la televisión nacional. Se preguntarán cómo puede llegar Somoano a sustituir a Llorente, ¿Porque imparte másters en universidades del Opus Dei? No, ni mucho menos. Porque está muy bien aleccionado. En 2008, Julio Somoano realiza un trabajo para un Máster en Gestión de la Comunicación Política y Electoral, para la Universidad Autónoma de Barcelona, llamado “Estrategia de comunicación para el triunfo del Partido Popular en las próximas elecciones generales“. No es coña, y extraigo parte de los textos:

Si la economía va mal cuando se convoquen elecciones, éste será uno de los caballos de batalla. Si va bien, pero tenemos datos de que va a empezar a torcerse, los populares deben advertir del riesgo de estar gobernados por unos advenedizos en las finanzas que, como le dijo el ahora ministro de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla, a Rodríguez Zapatero, han aprendido en dos tardes. Si la economía va bien y va a seguir bien, el PP tendrá que alabar públicamente el hecho de que el PSOE no haya variado ni un ápice el rumbo que ya diseñó Rodrigo Rato cuando era vicepresidente económico”.

“Los terroristas nos han demostrado que son una mafia sin intención de dejar de matar. En estos momentos, lo único que se puede negociar con ellos es el color de los barrotes de su jaula. Segundo golpe de timón: el PP no se niega a hablar. Pero sí exige el alto el fuego y unos meses sin atentados para que se produzcan esas conversaciones. Entonces el Gobierno podrá hablar, dejando siempre claro que se puede negociar el acercamiento de presos, pero poco más. Evidentemente unos terroristas no pueden condicionar la estructura de España.”

“Igual reflexión debemos hacer sobre el recurso que ha presentado el PP contra la ley del Gobierno que permite los matrimonios homosexuales. Una cosa es que una plataforma de católicos presente ese recurso, con una ayuda jurídica encubierta de ese partido, y otra es que sea la propia formación la que presente ese recurso. Un partido que se autoproclama de centro no debe desgastarse en esas guerras de las que no puede sacar nada, salvo una imagen de conservador.”

Conociendo a los medios de comunicación, y sin ignorar que son presos de los poderes económicos y políticos, el PP debería hacer todo el esfuerzo que esté en sus manos para lograr la mejor relación posible con cada medio, por pequeño que sea. Desayunos de trabajo con los periodistas que cubren al PP, comidas con los directores de los medios, invitaciones a actos del partido… Se trata de crear situaciones en las que los dirigentes de la formación puedan explicar a los periodistas claves sobre la situación que vivimos e informaciones  off the record sobre los movimientos del partido.”

“Por encima de los ministros en la sombra están el número dos del partido, cuya misión es hacer críticas despiadadas al Gobierno, y el líder, que  —como presidenciable que es— sólo hablará de grandes temas de Estado, criticará la situación general o alguna muy especial, y, lo más importante, ofrecerá la ilusión de un futuro mejor.”

Tienen todo el documento aquí. Léanlo. Disfrútenlo. Desde ayer, en sus pantallas cada día. Y esta es la puta mierda que nos vamos a comer con cuchillo y tenedor. Enhorabuena a los premiados.

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Resaca de nada

Tener resaca de nada es uno de los más reconocibles síntomas de que te has convertido en un viejo. La resaca de nada significa que te levantas con una especie de mal cuerpo después de cenar lenguado a la plancha, regado con agua del grifo, y rematado con helado de arroz con leche y chocolate. Vaya locura. Eso es algo que antes no pasaba. Antes empalmabas y te presentabas a reuniones con una destilería en la boca. Ahora no. Y como te quieres volver a poner en forma, los tendones de Aquiles le hacen andar hasta el baño como un robot. Te cae el agua y pones la radio, y la radio del baño es de las que tienen una ruedecita para sintonizar, y tienes la SER porque te gusta, y no cambias nunca por pereza. Tengo la radio del baño como los tendones de Aquiles: no se les puede pedir mucho. Y escuchas que hoy están de huelga, y que meten música mala y recordatorios grabados, y no te sorprende leer hoy que de la Morena fue anoche el primer esquirol.

Verán, hace tiempo que la gente piensa que los medios cuentan lo que les viene en gana. Que ocultan información que no les interesa, y mienten por cuestiones políticas. Que los de una sensibilidad leen, ven y escuchan ciertos medios, y los de otra -sólo hay dos- leen, ven y escuchan otros. Hablar de sensibilidades es el eufemismo para no decir afección ultra a un partido. Un poco el rollo es que en pleno auge tecnócrata, en el que se afila la teoría -falsa- del fin de las ideologías, que sólo existe una forma de hacer las cosas, los medios han extremado sus posturas, y le pretenden decir al espectador, que la realidad no existe, y que en el mundo sólo caben las interpretaciones, todas eso sí, muy respetables. Es decir, que sólo se puede actuar de un modo -el políticamente correcto, el tradicional-, pero el objeto de las actuaciones, la realidad, es variable. Antes, ante un problema, existían varias soluciones. Ahora, sólo existe una solución posible, pero para algunos hay un problema, o varios, y para otros no. El mundo al revés.

De la Morena ha justificado su espalda la huelga, porque él ya se vio en la calle y sólo. De esa frase, parece que quiere que extraigamos que, los doscientos profesionales que su empresa va a despedir, deberán verse solos y tener fe, porque van a dirigir El Larguero en el futuro, y se llevarán una buena cantidad de billetes por ello. Habrá doscientos Largueros en doscientas Cadenas Seres. Y yo con resaca de nada. Saliendo de la ducha pienso que para cuando haya doscientas cadenas seres, deberé de proveerme de ciento noventa y nueve transistores más. Me va a salir por una pasta la riqueza de los afectados por los despidos. Y encima no existe realidad. Cojo la toalla que para algunos es azul verdosa, y para otros verde azulado, y yo respeto todas las opiniones, porque todas las opiniones son respetables, y cada uno ve la toalla como le viene en gana. Podríamos llamar a la fábrica, y preguntarles el número de pantone, pero investigando descubriríamos que el interlocutor tiene antecedentes penales, que la empresa ahora está quebrada, que los pantones son una mafia, y un sin fin de información que dejaría el color en un segundo plano.

Juan Luis Cebrián, esa rata -inmunda- de redacción, puede decir que llegó a PRISA con beneficios, la deja arruinada, se levanta una pasta, y va dando lecciones de cómo se hacen periodismo y empresas. Digamos que ese es el escenario. Otro escenario parecido, es ver a Fernando Martín, presidente de Martinsa, que cree que los dos millones y medio de euros que cobra por temporada, son imprescindibles para seguir gestionando una empresa que, este año ha perdido casi quinientos millones de euros. Nuestros grandes empresarios no tienen ningún tipo de responsabilidad y les voy a contar por qué. Todo esto lo pienso en el soliloquio a la salida de la ducha ante un público imaginario. Los grandes empresarios se llevan sueldos de estrellas del fútbol porque si su empresa gana, se lo han ganado, y si pierde, difuminar toda la responsabilidad también tiene un mérito.

Quién no ha tenido alguna vez un público imaginario. Lo que tiene mérito es que de entre el público, uno siempre te abuchee, y sigas tirando para adelante.

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Llamando a justicia poética

Cuando les contemos a nuestros hijos todo esto, y apilemos sobre nuestra lengua nombres como Xavi, Busquets, Silva, Iniesta, Alonso, Piqué, o Casillas, no olvidaremos incluir a Puyol y a Villa, las ausencias más presentes del torneo, ni a Jordi Alba, que ayer se ganó el derecho a formar parte de la leyenda, ni por supuesto a Sergio Ramos que, supongo, seguirá jugando y siendo internacional. Estoy seguro que no sabremos qué contarles sobre esta Eurocopa de Ucrania y Polonia, donde la selección no logró encontrar la chispa, donde no pudo ser reconocible, lastrada como está, sin su mejor goleador. Pero la leyenda que les contaremos será bonita, justa, y la cerraremos con un penalti de Cesc Fábregas entrando pegado al palo.

Saltaba la banca Del Bosque con el famoso nueve, starring Negredo. Salía Bento con san tribote, por si las moscas, y con Hugo Almeida haciéndole el trabajo sucio a Cristiano. Portugal, con ciertas tendencias suicidas, plantó las líneas descaradamente arriba, ahogando la salida de España con una presión que sólo un equipo de mediofondistas podrían soportar durante los noventa minutos. Los de Del Bosque trataban de buscar el hueco por el que brillan Xavi, Iniesta o Silva, sin acabar de creerse que los lusos, efectivamente, resultaron ser mediofondistas con la suficiente calidad como para ponérsela a Cristiano, y apretar así la congoja del aficionado español. La estrella lusa no pudo ni con su ansiedad ante las grandes citas, ni con el plan de Del Bosque: confiar en un partido aseado de Arbeloa, en el primer partido inspirado de Piqué, y del mejor Ramos de su carrera, además de tirar de las ayudas de un David Silva que lo bordó en su rol más solidario.

Supongo que ayer un buen puñado de mourinhistas empatizaría con el juego de Portugal. Me permito la mala leche, porque imagino que les sonaría la canción del alto voltaje, el matonismo y el fiárselo todo al talento de Ronaldo. También les sonaría que la concentración lusa fuera un búnker, que los jugadores no hablaran con la prensa, a la que acusaban de querer destruirles, o que condicionaran al árbitro antes del partido, lanzando sospechas de sobreprotección a España. Son modus operandi que nos resultan muy familiares. Del Mendes F.C., en concreto, el imaginario club que podrían formar los jugadores del agente portugués Jorge Mendes, representante de diecisiete de los convocados por Paulo Bento, y de diez de los once titulares ayer con Portugal. El Mendes F.C. tiene sede en Madrid con Mourinho, Cristiano, Pepe, o Coentrao como avalistas. Todos viven en la exclusiva urbanización La Finca, y forman un clan en el vestuario madridista. Ya cuando Mou desembarcó en Londres, lo hizo escoltado por los “hombres de Mendes“: Deco, Carvalho, Paulo Ferreira, Tiago y Maniche.

Al volver con la narración al partido, Xavi ha perdido el reverso, se le ha desdibujado la línea que trazaba al recibir la pelota y pivotar sobre sí mismo para evitar una línea de presión, y eso le mata. Afortunadamente la calidad de Busquets y Alonso les da para hacer lo suyo y lo de Xavi, y ayer dieron un recital de centrocampismo para guardar en la videoteca. Lo hicieron todo, y lo hicieron bien. En el Negredo contra el mundo, ganó el mundo. Vicente, que había salido con el plan B, volvió al A con la entrada de Cesc, y el equipo resultó más inquieto para la zaga portuguesa, que repartía navajazos con cierta comodidad. El mismo que nos debería explicar por qué la selección no lució ayer un recuerdo para Miki Roqué, nos contará por qué Pepe, Bruno Alves o Moutinho acabaron el partido de ayer. Porque con Bruno Alves no es que se hiciera la vista gorda, es que el colegiado asumió que el papel de ese central con pinta de malo de James Bond, era pegar una y otra vez.

Prórroga y minuto mágico, ciento dieciséis. Iniesta con la pelota. Nada. La prórroga fue un partido diferente, con Portugal fundida, Cristiano perdonando un gol, y con España exuberante, rompiendo por la banda merced a la electricidad de Pedro, que puso en evidencia a Navas como jugador gris y ramplón, y con un Jordi Alba absolutamnte desatado y perfecto arriba y abajo. Busquets se hizo con el control, Alonso se dejaba caer por la frontal, e Iniesta, por el carril de Xavi, era el epicentro de todas las preocupaciones. Después del ramillete de ocasiones marradas, que nos hacían sospechar de la naturaleza del final de todo, los penaltis confirmaron varias claves del torneo: Casillas está tocado por algo o alguien, Sergio Ramos se ha ganado el corazón de un país, un central portugués que parece un malo de James Bond, no debe tirar un penalti, y lo de Cesc. La leyenda que contaremos será bonita, justa, y la cerraremos con un penalti de Cesc Fábregas entrando pegado al palo.

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Las chicas

Las injusticias existen, se dan a plena luz del día, aparecen en los periódicos -es decir, son públicas-, no se corrigen, de hecho van a más, benefician a la clase dominante, y nadie hace nada. No hay nadie que nos resuelva la papeleta, no estamos acostumbrados a pelear por la justicia, tampoco queremos realizar cualquier esfuerzo, o tomar cualquier riesgo. En este párrafo he querido resumir la nube de pensamientos, palabras, obras y omisiones que permanece en suspenso sobre nuestro país en los últimos meses, para que quede claro. Para verbalizarlo. Para poner punto y final, echarme para atrás en la silla, y poder releerlo con tranquilidad, como Guindos ha releído la carta que le ha enviado, a calzón bajado, a Junker. El #ministropreocupado Luis, ese trozo de estiercol embutido en un traje de Ralph Lauren, que fue dirigente del #bancoquebrado Lehman Brothers, y que ahora titubea ante la prensa contradiciendo las declaraciones que hizo el día anterior, es un ejemplo del pijo de Serrano que no sabe ni de dónde le vienen las hostias. Y le llueven a mares.

Hoy leemos que el juez Dívar, el garante e imagen de nuestra justicia, tipo que se pegó viajes con su novio a costa de todos, se queda con una pensión de algo más de ocho mil pavos al mes durante dos años, a modo de simbólica indemnización. El desgraciado que ha puesto en la picota la confianza, ya maltrecha, en las instituciones, no quiso largarse de la poltrona antes del doscientos aniversario del Supremo. A ver si no salía en la foto y, en su próximo viaje a Marbella, no tiene nada que contar en el resort. El Festival de la Infamia va confirmando a todos sus cabezas de cartel, primeros espadas en el manejo de lo público. Las cajas, esa fuente de putrefacción, siguen ahí, extendiendo el olor a mierda por todo el país, como antes extendían créditos a troche y moche. Los partidos políticos metidos en las cajas de ahorros hasta el corvejón, se dedicaron a repartir crédito para que los especuladores compraran casas cuyos impuestos engrosaban las arcas de los ayuntamientos, y de esa manera, los bolsillos de sus moradores. El círculo perverso que nos ha puesto en el disparadero. Ambos partidos saben que si tiran de la manta de las cajas, se pueden dar por jodidos. Menuda escabechina si a un político loco le diera por destapar el cubo de la basura. ¿Y ahora? Nada.

Ahora, nada. No hay responsables, no hay que mirar atrás. Excepto si eres pobre, claro. Si no puedes pagar la hipoteca, el banco sí mirará atrás y te verá a ti. Si tú no puedes afrontar el crédito de tu pequeña empresa, date por sodomizado. Tú no sabes comprar un piso a través de una sociedad con sede en Singapur, participada por seis sicavs formadas por fondos de inversión de capital qatarí. El equipo de abogados del banco, mirará el compromiso que adquiriste y, al no cumplirlo, tu sí asumirás consecuencias, porque diez mil millones se perdonan, pero diez mil euros no. Y menos a ti, zarrapastroso ciudadano que no sabes vivir la vida, ni progresar. A ti que no cursaste el bachillerato de la Excelencia, ignorante que no sabes ni el abecedario del fraude al fisco. Oigan, sé que soy subjetivo, pero me permito la observación: esto es un puto robo. No lo podemos tener más claro, no podemos hacer menos. El #quinceeme es como que te peguen un tiro, y tú respondas con una colleja.

Pienso en la señora, pagando un cincuenta por ciento más por cruzar Madrid en metro para llevar a su hijo a casa de sus padres, incapaz de llegar a los cuatrocientos euros de la guardería, embutida en una camiseta de poliéster de Esfera, con las uñas comidas por los productos de limpieza, a la que espera una jornada fregando baños en Boadilla por seiscientos euros, cogida por el brazo de la hipoteca, con el miedo a verse en la calle cada noche. Esa señora es la miseria, y la miseria es un estrato que nos la sudaba hasta que nos hemos visto al borde. Esa señora se siente culpable, y su culpabilidad me parte el alma, porque es la mayor salvajada que conlleva todo esto. Y como ella hay miles. Las clases altas hablan sin parar de sus chachas, a las que denominan con el eufemismo “chicas”. Que si la nueva chica es una vaga, que si la mía es fea y gorda porque no me puedo fiar de mi marido, que si no le pienso pagar el mes de vacaciones, porque vive como una marajá. Es su tema de conversación favorito, junto con el fútbol, y rajar de los funcionarios. Y sueño con que un día estalle la violencia, y ese sentimiento de complicidad deje de taladrarme.

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El discreto encanto de la burguesía

El mérito de todo esto, estriba en vivir unos cuartos de final aburridos, cuando hace unos años resultaban coartada para la diarrea, y el techo más alto al que podía aspirar un jugador español. España ayer aburrió y se aburrió, y es que hay pocas cosas más contagiosas que el aburrimiento. Coinciden los analistas en destacar la competitividad de la selección, su capacidad para convertirse un hueso imposible, en un mal compañero de baile en partidos trabajados y feos, como enfrentándolo a aquellos minutos de oro que han quedado para el hall of fame de este deporte. El problema está en que en toda la Eurocopa sólo hemos visto la versión competitiva y gris del equipo, y no la museística, que asomó por momentos, frente a Irlanda. Del Bosque ha convertido al equipo mágico en el higiénico. Hasta Iniesta abrazaba el ideario esta semana ante la prensa, dejando clara la coartada para el juego mediocre, al que los eufemismos visten de “competitivo”, diciendo que es un error pensar que vamos ganar siempre tres a cero. Lo sabemos Andrés, y nadie lo pide. Con uno a cero nos vale, pero jugando bien, por favor, inflando la ilusión a base de jugadas increíbles, demostrando la fantasía de antaño. Sólo pedimos ser reconocibles. No nos ahonden en la falacia de que la España de la anterior Euro no era competitiva por el hecho de resultar preciosista en el juego.

Partía Francia con un cartel inflado, con un nombre demasiado poderoso para la limosna aportada hasta el momento en la competición, y Laurent Blanc rozó la sabiduría suprema, alineando un centro del campo minado por jugadores defensivos como Cabaye o M’Vila, el músculo del exjugador Malouda, y ascendiendo al mediocentro Debouchy a la categoría de mediapunta, con Nasri castigado en el banquillo por no pasar la pelota a sus compañeros ante Suecia. Si se hubiera jugado a puerta cerrada, Blanc hubiera alineado dos porteros. España comparecía con su teoría del falso nueve. Las alineaciones eran contrarrevolucionarias, una descalificación a la lógica. Setenta minutos de dos equipos irreconocibles. Setenta minutos tirados a la basura, con el patrocinio de los seleccionadores.

Entre Alba e Iniesta abrieron la lata por la izquierda, el lado más duro, el que Blanc había protegido con doble llave, demostrando que las pizarras pueden ser papel mojado. Y con la ventaja, a dormir. Escuchamos a Cesc al finalizar el partido, diciendo que no está acostumbrado a jugar de espaldas, que el míster le había pedido fijar más la posición de nueve, moverse y bajar a tocar menos. Les juro que por más vueltas que le doy, no alcanzo a entender por qué Vicente, campeón del mundo, marqués y cofrade del nabo, se empeña en creer que lo mejor para jugar como delantero es no haber jugado en la puta vida como delantero. Si las funciones son las de un falso nueve, dejándose caer, y facilitando incorporaciones, la ya famosa teoría del falso nueve puede tener su encaje, pero tener el Rolex y ponerte el Trolex, empieza a ser de enfermiza cabezonería. Como lo de los dos mediocentros que por suerte, en el partido de ayer mezclaron bien. Alonso se atrevió a brillar, más allá de la aportación goleadora, sin remordimientos por dejar a Busquets barriendo y cubriendo las fructíferas subidas del mejor Jordi Alba del campeonato. Xabi es un prófugo, escapado de la dictadura de la charlatanería, el titular y lo chabacano. Una mente privilegiada y con tarifa plana hasta sus pies, que se merecía un partido como el de ayer.

Insisto, como insistió España con el toque, en que el seleccionador parece presa de un sueño febril en el que imaginó la alineación de un grupo de inexplicables intocables. El resultado indulta a Piqué, preocupantemente bajo de forma, con un trotar mirando al suelo como si se le hubieran caído en el césped sus versiones anteriores, siempre tutelado por Sergio Ramos, el mejor central de la competición, de largo, que juega como si defendiera ataques de alevines. Tampoco sirvió la victoria para dejar de preguntarnos cuándo volverá Arbeloa a pasar las tardes de los sábados poniéndose copas desde el maletero de un Seat León en cualquier descampado de Salamanca. Sus amigos del tunning le echan tanto de menos como los aficionados le echamos de más. Un Ribery con cincuenta años, gangrena en la pierna izquierda, diabético, con los ojos tapados, y principios de salmonelosis, seguiría yéndose del mejor Arbeloa de su vida. En la ecuación defensiva la equis es Piqué. Si el catalán no anduviera fundido, el precavido Vicente colocaría a Javi Martínez de central, y a Ramos en el lateral derecho, donde por cierto ayer se hubiera dado un festín.

En el minuto setenta empezó el partido de verdad, pero cuando Blanc dió salida a Nasri, Menez y Giroud, el dinosaurio todavía estaba allí. Ese dinosaurio es una pelota cosida a pies rojos, y un porcentaje de posesión humillante. Si algo podemos ver este verano, es cómo los rivales de España multiplican su ansiedad con la pelota, sabedores como son de que tiene diez minutos en cada partido para demostrar de qué son capaces. Y ni un minuto más. Vicente quiso tensar los fueras de juego con Torres, que debería haber venido rehabilitado de casa, y con Pedro que hizo mucho mejor de Navas de lo que el propio Navas hubiera hecho. Pasamos, aburridos, a semifinales. Ese es el discreto encanto de la burguesía.

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Oportunidades

Para cobrar conciencia de la dimensión de lo que está pasando, lo mejor es acudir a El Corte Inglés de Preciados, a las siete de la tarde de un viernes, y observar los enjambres de vendedores charlando, lánguidos, recordando cuando los viernes eran un bullir constante de clientes con la chequera saltarina, dispuestos a comprar más caro por la posibilidad que que te devuelvan el dinero si no estás satisfecho. Supongo que cambiarían el eslogan cuando la satisfacción del español medio se fue complicando. Ahora mismo hay españoles que no están satisfechos con el teatrillo postransición, que no les llega con su familia perfecta en el chalet, con el pastor alemán y el Nissan Qashqai. Qué cojones más querrán. Esa idea destrozó tanto a Isidoro, que comenzó una prospección en provincias, abriendo centros en la búsqueda de potenciales seguidores del sueño que le aupó al estrellato. Pero ayer Preciados estaba vacío, y te servía en bandeja una metáfora en la séptima planta.

La séptima planta de Preciados era Oportunidades, donde podíamos encontrar los saldos, los precios más locos, las gangas. Ahora ya no, ahora las escaleras mecánicas te dejan, como una mano celestial, frente a un stand con un gran letrero que pone “España“, repleto de merchandising, más o menos oficial, de la selección española de fútbol. Dentro del stand, y conocedores de que se hallaban en el epicentro de la metáfora, tres vendedores  separados por medio metro, y la nada. Al llegar, me miran con desesperación, y deseo que la escalera mecánica, por alguna especie de error técnico inexplicable, cambie el sentido de su movimiento, y me saque de allí hacia abajo, cosa que no sucede. Se acerca uno de ellos, con una de esas insignias que parecen medallas de guerra, como si los vendedores de El Corte Inglés se diferenciaran entre los que estuvieron en Vietnam -los del broche-,  y los cobardes que no. Me pregunta que si me puede ayudar en algo. Pues claro. Siempre habrá algo en lo que me pueda ayudar, supongo, pero no le conozco de nada, señor que estuvo en Vietnam. Deberíamos ir a la cafetería del propio centro -la favorita de Miriam-, para conocernos mejor, y saber de qué manera podría aprovechar esa animosa solidaridad. Todo eso lo pienso, pero, en realidad le digo que no, me siento culpable, y busco como un perro las escaleras de bajada, por ese orden.

Al bajar, un calambre me recorrió el espinazo, y el cuerpo se me quedó frío pensando en las escenas que se podrían estar repitiendo en los diferentes centros de la cadena, en provincias, con ese target ahogado por el crédito del adosado que multiplicó su valor, y los cinco millones más para amueblar. En ese momento me encontré a Emidio Tucci. Aunque pensaba que se trataba de un nombre comercial, y que no existía el tal Emidio, que era un invento de un departamento de marketing en los años ochenta, lo reconocí al instante. Como Coco Chanel, Margaret Astor, o Michael Jordan, Emidio Tucci tiene todo un storytelling desarrollado en torno a su nombre pero, al contrario que los anteriores, la suya era una de esas historias que nació de una presentación comercial, y se hizo carne. Me dijo que era italiano, amante del buen gusto, el vino y las mujeres, aunque tenía camisas muy de temporada y muy horribles, y que por poner su nombre las prendas aumentaban veinte pavos de media su precio al cliente final, cosa que me dejó maravillado. Le pedí que me contara la historia de Dustin, al que imaginé emigrante hermano italoamericano, pero Emidio no quiso hablar más, y se desvaneció en la planta de caballero, tras un mostrador de medias ejecutivo. Fue él quien me dijo que había muerto Juan Luis Galiardo.

Galiardo era dos tipos a los que entrevisté dos veces. En la primera yo era un capullo que creía hacer bien las cosas, y él me dio una clase magistral de periodismo desde las respuestas al filo de la navaja. En la segunda yo era un corresponsal de guerra con tendencias suicidas y él interpretó el papel convencional del actor frívolo. Al acabar la entrevista me dijo que mi tendencia autodestructiva era el buen camino, pero quería demostrarme que ni siquiera el bueno era infalible. Que la felicidad no existe y que, como tal, tender hacia ella es orientarse hacia la nada. La nada es una familia perfecta en el chalet, con el pastor alemán y el Nissan Qashqai. Puedo montar un programa de radio para contar que ayer conocí, hecho carne, al hijo de un departamento de marketing de los años ochenta, pero ya no podré prometer una entrevista a la tercera versión de Juan Luis Galiardo, el hombre que lo cuestionaba todo.

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I love this game

La postemporada de la NBA, para un aficionado de los Knicks, es el aburrido período de tiempo en el que los mejores se baten el cobre por llevarse el anillo, y nosotros desatamos la rumorología en la que, aseguramos, desde los despachos del Madison se trabaja en hacer un equipo campeón para la próxima temporada. Todo lo bueno pasará la próxima temporada, que viene a ser una especie de “el lunes empiezo la dieta”, pero deportivo, eterno y global. Ayer conocimos que los de la Gran Manzana tienen el ojo puesto en el base argentino de Caja Laboral, Pablo Prigioni, que ya fracasó en el Real Madrid en su momento. Pocos lugares puede haber más cómodos para el fracaso que NY. Allí le esperarán las rodillas de cristal de Amare Stoudemire, y los kilos de más de Carmelo Anthony, el enjambre de prensa desquiciada alrededor, y la mayor potencialidad de aficionados dispuestos a criticar. Otros años soñábamos con Nash, pero la crisis también afecta a la imaginación.

Ahora mismo -mientras les escribo esto, 5h45- Lebron James, pese a estar renqueante, le acaba de dar la tercera victoria de las series finales a Miami. Oigan, yo odio Miami. Por todo lo que representa la ciudad, por ese mito americano hispanizado, por tener la mayor concentración de saqueadores de latinoamérica, por el calor, por todo. Yo era de los que no disfrutaba de Dexter por sus tramas, sino porque limpiaba el mundo de ciudadanos de Miami. También odio a su equipo, porque representa el “así no se vale”, la reunión de tres de los jugadores más talentosos de su generación, y así cualquiera gana. Y porque uno de esos jugadores es Lebron, y si tú quieres integrarte en un grupo de personas que hablan de la NBA, antes de las buenas tardes, debes decir que odias a Lebron. Lebron representa la superioridad física y el talento para enfocar esa superioridad sobre las estadísticas. Les he de reconocer que, como me pasa con todos los malos oficiales, con el paso de los años me he ido encariñando del “heredero de Jordan. Tiene que ser curioso levantarte y acostarte todos los días bajo esa etiqueta. Y que todos te odien.

Frente a Miami, los que ahora mismo acaban de perder su tercer partido (3-1) son Oklahoma City Thunders, un equipo sin tradición baloncestística -la franquicia comenzó en 2008, sustituyendo a los históricos Seattle Supersonics-,compuesta por un grupo de jugadores muy jóvenes, que hace tres temporadas tenían el peor récord del campeonato, pero de los que todo el mundo decía, en tres años llegarían a las finales. Y aquí están, liderados por Kevin Durant, un chico que hace bien todo y, además, en contra del matonismo de James, los hace con la espalda recta y el cuello erguido, vuela desde siete metros para clavar, en una suspensión para las promos del canal de la NBA, el triple de la victoria ante la mirada de Ibaka, Fisher, o Westbrook, que han conformado un equipo sólido, capaz de barrer a los Spurs, favoritos eternos en el Oeste.

Uno de los puntos positivos de la temporada está en el seguimiento por parte de los aficionados. Aquellos recuerdos en el Instagram de nuestra memoria, de los Boston-Lakers en La 2, cuando en este país sólo había dos canales, y la voz de Ramón Trecet nos contaba las fintas de Larry Bird, y las asistencias de espaldas de Magic. Aquellos recuerdos indestructibles, ya no son la mejor manera en la que nos ha llegado el baloncesto. Ahora vivimos la Edad de Oro de todo esto:  tenemos por poco más de sesenta euros, toda la temporada en nuestro ordenador, blogs especializados con la actualidad de nuestro equipo, proyectos de vuelta al papel como Cuadernos de Basket y, si comulgamos con la ironía, podemos mofarnos de la patética prensa oficial, siguiendo a perfiles en Twitter como @leolaNBAenMarca, que ayudan a pasar los malos tragos de unos periodistas que hacen bandera de la empatía con los protagonistas y el nacionalismo chusco. Si tienes interés puedes encontrar las reflexiones de Ettore Messina en Jot Down. Toda esa inteligencia y todo ese talento es gratis. Creo que habría que exportar el modelo de negocio a otras aficiones adolescentes. Los treintañeros deberíamos subvencionar canales de información a los quinceañeros.

Volviendo al principio en este post dedicado a @weezermij, con la elegancia de pasar por alto la temporada de sus Lakers, y el saber estar de los acostumbrados al fracaso, evidentemente quiero que gane Oklahoma City. Principalmente por lo mejor del equipo: los magníficos looks de Durant y Westbrook en la sala de prensa:

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Cortocircuito

Al acabar el partido Sara Carbonero, estrella involuntaria de Twitter cada noche, le preguntaba por el encuentro a Jesús Navas, el último jugador antiguo, el menudo extremo al que una finta y un mal centro han dado de comer hasta la internacionalidad. Navas, comiéndose el primer plano en lo que resultó un error garrafal del cámara -que siempre ha de dar protagonismo a Carbonero-, realizó el ejercicio al que nos tienen acostumbrados las élites a través de los medios: narrar lo sucedido de manera diferente a como lo vimos nosotros, como si todo pudiera ser interpretable. Aseguró Navas que España había salido a ganar porque es lo único que sabe, y mintió, por tanto.

Salió a especular España, y los croatas se sumaron a la fiesta, frotándose los ojos ante la inmensa suerte de ser amnistiados por los campeones del mundo. Empezaron los arlequinados muy bravos en la defensa de sus flancos, sospechando que todos los partidos mueren por ahí, y pusieron en evidencia la calidad de Arbeloa, tan oscuro como siempre, y la personalidad, todavía blanda, de Jordi Alba, que no supieron percutir, ni generar superioridades, pese a no tener deberes atrás hasta el minuto setenta. Sin espacios por los lados, el juego converge en el centro, donde España tiene una cantidad de calidad tan grande que no le cabe. La pizarra de Del Bosque lleva todo el campeonato con el problema en la duplicidad de las funciones de Busquets y Alonso. Probablemente crea que el primero es muy lento y que cualquier robo en el balcón del área cuesta un título en una competición corta, pero el exceso de precaución mata a Xabi, que se acuesta cada noche con la sensación de ser la mejor molestia del mundo.

El partido sesteaba indigno, con los croatas que tenían un ojo en en Irlanda, y el otro en los tobillos de Silva, Iniesta y Xavi, que recibieron sellos en forma de tacos para que entraran y salieran del partido al gusto. En el libro de Bilic ponía que a falta de veinte minutos empezaría la traca, y así fue. A medida que pasaba el tiempo las piernas de España se anudaban al ritmo que subía la congoja, y cuando la selección se anuda, le pasa lo peor de todo: pierde la pelota. Ese tipo de partidos tienen finales infelices, pero los guionistas no cuentan con Casillas, que sacó dos manos de las que hacen pensar en el seno del Vaticano la naturaleza de sus casualidades. Entre medias Busquets hace un penalti gigante. Silencio.

Y en estas Del Bosque, el entrenador de la Cultura de la Transición, acomete sus reformas tranquilas basadas en el consenso: quita al rematador -Torres, que no conectó ningún pase- e introduce al llegador, Navas, que hasta en cuatro ocasiones pone el balón a la nada. Y como Silva muere en su papel de falso nueve, elige a Cesc encasillado en él en esta Eurocopa. Se convierte Llorente, titular en las quinielas del comienzo del campeonato, en la quinta opción, por detrás de Torres, Silva, Fábregas y Negredo. Que sepamos. Algo pasa con el delantero del Athletic, y el vacío informativo al respecto no deja de ser curioso.

Con los cambios, y las prisas croatas azuzadas por las noticias de Italia, la medular se convierte en el Guateque, con Jesús Navas ejerciendo del camarero beodo, más tiempo en el suelo que el vertical, y buscando el milagro de Peter Sellers, sabedor como es Del Bosque, de que los pequeñitos son casi una garantía de milagro. El paso de los minutos dinamita las líneas, y los espacios hacen que España oxigene y lubrique, y en la ida y vuelta, a Croacia sólo le podía tocar muerte. Tras el gol de Navas entra Negredo, salivando de ganas, en la tradición voluntariosa que inauguró Salva Ballesta, bordó Güiza y ahora representa el vallecano. Los minutos en el abismo le pasaron factura a los de Bilic, que no acertaron ni a colgar balones.

Con el pitido final bajó nuestra prima de riesgo. España finaliza la primera ronda de financiación con un expediente digno -primeros de grupo, siete puntos, seis goles a favor, uno en contra-, pero su juego no consigue ni los avales ni el crédito de anteriores aventuras. Se nota la baja de Villa, los laterales huelen a problema en partidos de más enjundia, y preocupa el estado de Xavi, que en sus minutos más brillantes sólo llega al color sepia. Por cierto, anoche hay quien dice que Luka Modric jugó. La seguridad del estadio repasa los vídeos.

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La patada de Nabaldian

Soy la depresión que habita en la tripa de un griego, soy las noticias que nunca se van a dar. Soy la parte superficial de garganta profunda, y soy el acento de un motor al ralentí. Soy todos los vestidos de Maria Teresa Campos. Soy los que saben de economía, y soy el tobogán de Gauss, que no mira atrás por no verse campana. Soy la lepra erradicada, y soy la gripe estacional. Soy una multa de carga y descarga, soy el IVA de una compresa, y soy el alma mater de un comercial. Soy dos mormones por la calle, soy la batalla que no libras, soy el cincuenta por ciento de poliester de tu camisa, y el cinco por ciento de tu pantalón. Soy la gota de sudor que le nace al humilde cuando le miran. Soy el mar que no le sirve al obsesivo compulsivo, soy el pulso de una flor, y soy el botón de emergencia que no funciona en un ascensor.

Soy un paseo al despacho del director. Soy un documento sin guardar, soy el control que no encuentra el camino a la zeta. Soy todas las vueltas mal dadas, soy un consejero de Mercadona, soy una conciencia de marca blanca. Soy la razón que se lleva y se pierde por las formas, soy la tarjeta Iberia de Ismael Serrano, y soy una lápida en Comic Sans. Soy mi versión en tapa blanda, soy la cita en francés, y soy la nota de prensa que te envían por error. Soy la pelota encajada que sabes que no volverás a ver.

Soy todas las lenguas que un día hablaron bien de ti, y soy el que te echa. Soy quien retuitea los errores, soy la zarza ardiendo del incendio provocado, y soy el cuerpo que te condena para la vida eterna. Soy un juez de línea de un partido de tenis. Soy una pierna al aire. Soy el momento en que convergen un enfado y el miedo. Soy un impacto, y la mitad del segundo que viene antes. Soy lo que no entra en el examen. Soy la patada de Nabaldian.

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Apuntes a la Euro (1)

Image: Italy v Croatia - Group C: UEFA EURO 2012

-Segunda parte del Irlanda-España, ganan los segundos por tres goles, intenta sacar la pelota de atrás la zaga verde ante la presión de Fernando Torres, rifan la bola con un pelotazo que se escora a posición de extremo izquierdo, y cae en los pies de Sergio Busquets. La UEFA es como los niños en el patio del cole: sólo reconoce a quienes marcan goles, pero se equivocan. Busquets es el mejor mediocentro del mundo. En ataque siempre está solo, en defensa siempre en el lugar perfecto para robar y soltar de primeras. Se ha comido con patatas a Xabi Alonso que, como le sucedió hace cuatro años con Senna, cada vez tiene menos peso. Algún día recordaremos que teníamos una selección en la que no cabía Alonso. Es de locos.

-Los equipos ganadores siempre arrastran dinámicas imitadoras. Lo de España y el Barcelona no ha llevado la palabra del tikitaka por el mundo, pero sí han hecho crecer el oficio del entrenador, que se ha convertido en algo más creativo que la mera herramienta de random que selecciona a quienes más en forma estaban en el equipo. Así España sale sin delantero, Italia se inventa a De Rossi como líbero, Ibrahimovic se retrasa a la posición de mediapunta, o podemos ver a muchas selecciones que inician el juego desde atrás, procurando tener una estima por el balón hasta ahora inédita. Desconozco la naturaleza de los efectos, pero desde luego olvidar la década de los 90, la muerte del mediapunta, la creación del doble pivote, y los centros del campo poblados de atléticos defensas, será un placer.

-La Euro podría ser una competición de mentira, organizada por todos para poder ver a Iniesta un mes más jugando al fútbol. Si fuera de pago, todos pagaríamos. Tres pasos por debajo anta Pirlo, con Xavi y Modric.

-Se han roto mitos. Inglaterra, por ejemplo, ha encontrado portero en Hart. Desde que David Seaman -que tampoco era un lince- abandonara los palos británicos, había un vacío de poder que ha venido a resolver el meta el City. Ágil y con personalidad, John Hart acaba con la maldición en la portería de los pross, y con uno de los grandes tópicos de los comentaristas.

-Han pasado unos años desde que finalizó el conflicto yugoslavo. La última gran guerra europea -Chechenia aparte-, propició que en la Euro de 1992 en Suecia, la propia Yugoslavia tuviera que abandonar la competición. Entró a sustituirla la Dinamarca de los Laudrup que, sólo con Brian, acabaría dando la sorpresa al llevarse el torneo. Después llegó la fracción en Croacia, Serbia, Bosnia y Herzegovina, Eslovenia, Macedonia, Montenegro y Kosovo. Los Suker, Mijatovic, Boban, Savicevic o Milosevic, fueron una generación privilegiada, que vivió el desgarro por terceros, con sus familias y propiedades en el extranjero. Ahora llega al fútbol la primera generación de niños de la guerra. El delantero croata Mandzukic, revelación del torneo con tres goles en dos partidos, es el vivo ejemplo. En toda competición hay historias que lo rodean y completan, y que no se pueden leer en Marca.

-En lo que no tiene que ver con Mediaset, la realización televisiva es horrible. Ni se puede utilizar la slowcam para ver cómo un jugador escupe en todo su esplendor, ni puedes privar al espectador de una jugada de peligro por emitir una repetición. Tienen errores de bulto en su lenguaje de cámara, jugadas en primer plano que restan perspectiva y generan ansiedad, etc. En lo que respecta a Mediaset, no entiendo qué pinta Sara Carbonero en las transmisiones. Fíjense en su labor durante los partidos de España. Vamos, sé lo que pinta, pero no me gusta.

-He ilustrado el post con fotos de mis tres equipaciones favoritas de esta Euro. En el número tres tenemos la primera de Croacia. Es un encargo complicado para Nike -expertos en joder vestimentas tradicionales-, porque el arlequinado rojiblanco no es muy bonito que digamos, pero los norteamericanos resuelven muy bien. Se les dan mejor, parece, equipos sin historia a la que ultrajar. En segundo lugar iría el traje suplente de Suecia, que no ha valido para que Mellberg y compañía sigan en la competición, pero sí para que la leyenda de Umbro con respecto a la estética futbolística siga creciendo. Si se le puede poner un pero, como sucede con la equipación del Athletic de Bilbao, está en la tipografía de número y nombre en la parte posterior, que es bastante horrible. Y la misma marca ha creado mi favorito, que estrenaba ayer Inglaterra, y que es también su segunda equipación, en dos tonalidades de azul. Preciosa.

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