10 consejos para parecer más listo en los Juegos Olímpicos

La verdadera magia de unos Juegos Olímpicos, es que pueden ayudar a reducir un poco la información insulsa sobre los rumores de fichajes del Real Madrid, Barcelona, y los otros dieciocho secundarios que forman la Primera División. Los interminables reportajes de voz en off sobre fondo de aburridos entrenamientos con las ausencias de los internacionales, dan paso a información sobre deportes interesantes, que no son otros que aquellos en los que España opta a medalla. Algunos ni sabíamos que existían. Para afrontar con seguridad la cita olímpica, es importante decir una serie de frases que nos situarán como auténticos expertos en el mundo del deporte. Anoten:

1) Los españoles vivimos la edad de oro del deporte. Nadal, Gasol, Fernando Alonso (¿?), Alberto Contador, las chicas de la “sincro”, la selección española de fútbol… es el momento de reivindicar el nexo entre estos grandes campeonísimos, que es su españolidad, compitan donde compitan, y tributen donde tributen. Desde los Juegos de Barcelona el deporte español ha entrado en una dinámica ganadora, muy diferente a la dinámica perdedora de antaño. Lástima que la prima de riesgo, el paro, o las caídas del PIB no sean deportes olímpicos, porque teníamos medalla segura.

2) Es una pena que durante el resto del año (rellenar con cualquier deporte que no sea fútbol) no tenga espacio en los medios de comunicación, es un deporte apasionante. Es una reflexión que suelen hacer los medios, un poco presos del síndrome de Estocolmo, mientras señalan que tal futbolista, o tal jugador de la NBA están en el pabellón. Al acabar la entrega de medallas, se vuelven a olvidar de la frase y del deporte transmitido hasta dentro de cuatro años. Y si su país tiene opciones a medalla.

3) Introducir el concepto “modernos” tras hablar de los “Juegos Olímpicos”. Aporta control, sabiduría, señorío. Es importante que sepan que conocemos que hubo unos juegos antiguos antes de los que impulsó el barón de Cubertén -introducir este nombre siempre que podamos-, que supongo que en su momento también se llamarían modernos. O, si eran más humildes, contemporáneos.

4) Citar mucho el “espíritu olímpico”. Todos sabemos que lo importante no es participar, es ganar. Pero también sabemos que en la ceremonia inaugural se homenajeó a una activista en contra de la tala de árboles, y que los juegos están patrocinados por empresas que destruyen el Amazonas, y no nos rasgamos las vestiduras. Es una cuestión cosmética. Luego pasan cosas como la del negro aquel que no sabía ni nadar en Sidney, se te ablanda el corazón, y una marca de ropa se hace un spot muy chulo. También se puede abrasar al personal con los “ejemplos de superación“. El sudafricano Oscar Pistorius, por ejemplo, participará con sus dos prótesis en los cuatrocientos metros y en el cuatro por cuatrocientos. Magnífica historia de gas lacrimógeno.

5) Para este país, del que apenas conocemos nada, estar aquí ya es un premio. Si eres periodista, está permitido ser rematadamente parcial, favorable a tu país, como si el atleta en cuestión fuera tu primo el de Murcia. También puedes ser ignorante en el deporte que narras, e ignorante en cuanto a geografía, además de faltón y patriotero, pues te convertirá en cercano para el público. Si eres aficionado bastará con ser como siempre.

6) Dicen que cuando empieza el atletismo, empiezan los Juegos. Esta frase revela el pufo superlativo en el que se han convertido los propios Juegos. Decenas de deportes absurdos con importantes campeonatos internacionales, sobradamente profesionalizados, pero cuyo tirón mediático ayuda a que el COI haga una buena recaudación con su producto. Así es amigos, parece que el rugby-7 no es un deporte excesivamente susceptible de ser considerado un deporte serio, pero es olímpico. El proceso que ha de pasar un deporte para convertirse en olímpico, conlleva muchas comidas caras, vuelos en primera y opíparas estancias de los miembros del COI, además de sobornos y peloteos varios. Así se pueden ver disciplinas como el korfbol, el softbol, el surf o la moto náutica.

7) El boxeo es un deporte precioso, para nada violento, que tiene poco que ver con la imagen que tenemos de él. Qué duda cabe, el boxeo es una de las disciplinas que mayor y mejor relación tienen, por ejemplo, con la literatura, por su belleza plástica, lo metafórico que resulta, y la épica que lo rodea, pero igual vale ya de venderlo cada vez que hay ocasión. Da la sensación que, en lugar de hostias, se reparten piruletas. Todos los deportistas creen que su deporte debería ser tratado durante todo el año como el fútbol: abrasando todo el puto día, ocupando páginas y llenando la Cibeles. Los boxeadores principalmente, se sienten maltratados por los medios, ayudémosles.

8) En baloncesto los americanos cuentan con la ventaja de que no les pitan los pasos de salida. Que se note que controlamos, y que tenemos el culo pelado de ver basket. Es importante resaltar el enfado cuando los colegiados permitan más contacto de lo normal. Debemos señalar que, y aquí la frase ha de ser textual, “o jugamos con reglas FIBA, o con reglas NBA, pero esto es un cachondeo“. Luego tienen el mejor equipo de largo, pero eso no hace falta resaltarlo.

9) Es el reinado de palabras que se convierten en familiares durante quince días como: villa olímpica, pebetero, medallero, universalidad, el pez de Baltimore, salidas clavadas, abanderados, familia olímpica, calles y corcheras, plusmarcas personales, tiradores, penalti-corner, décimas y centésimas, siete metros, canoa monoplaza, cuatro por cuatrocientos, adelantar por la cuerda… conceptos que volveremos a manejar dentro de otros cuatro años, postrados en un sofá.

10) Al final, los Juegos han estado muy bien organizados, pero no llegan al nivel de los de Barcelona. El mito nacional es inalcanzable: fuimos los mejores, los más artistas, los más mediterráneos, los de la canción de los Manolos y Fermín Cacho, los de la plata de waterpolo que dio como resultado al Hermano Mayor, los de KIko, Alfonso y Cobi, la mascota más genial que vive junto al mar en Barcelona.

bonus track) Con el cierre de los Juegos Olímpicos de Londres, comienzan los paralímpicos, igual de importantes que los anteriores. Eso es lo que dicen aguantándose la risa. No sé, un par de comentarios sobre que ellos -los tulliditos- encarnan el verdadero espíritu del deporte, y a correr, que nos vamos de vacaciones y la doble moral y la corrección política tienen un límite.

Share

Algunos mitos sobre la crisis

Así, a la buena de dios. Cansado de escuchar frases vacías que, como mantras, van repitiendo los medios, huyendo de toda reflexión, dándolos por supuestos.

1) Del boom del ladrillo todos tenemos una parte de culpa, todos nos hemos enriquecido. Pongamos un ejemplo con otra materia. Ustedes saben que cuando un país o región emite moneda, aumenta la inflación, la moneda pierde valor. Supongamos que la Real Casa de Moneda y Timbre no tuviera la manía de ejercer el monopolio sobre la emisión de dinero. Supongamos que fuera legal fotocopiar euros, y que éstas fotocopias fueran válidas. ¿Cuánta gente no tendría una fotocopiadora en casa?, ¿No es lógico que todo hijo de vecino se dedicara a tirar copias a diestro, y algunas a siniestro, de billetes de quinientos euros?, ¿Sería el ciudadano fotocopiante el responsable del aumento de la inflación? Pues oigan, parece evidente que, en tal caso, las actuaciones individuales tienen cierta lógica, y que la responsabilidad real está en quien legalizó las fotocopias.

2) Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, ahora toca apretarse el cinturón. Verán, yo he sido joven, guionista y autónomo. Efectivamente puede que sea la combinación que les aporte mayor imagen de ruina económica, y estarán en lo cierto. Bien, pues en aquella época Caja Madrid me ofrecía una hipoteca. Cuando hablamos del crecimiento en la pasada década en nuestro país, nos referimos a un crecimiento basado en el consumo y, la compra más importante para el español medio, su momento más importante de consumo, es la vivienda. En aquella época yo pensaba que comprarme un piso era algo que iba en contra mía: suponía una presión extra, una condena hasta mi jubilación, y era consciente de que mi carrera profesional estaba en un punto poco consistente. Es cierto que tuve que aguantar a todo mi entorno y su cantinela de “vivir de alquiler es tirar el dinero“. La mayoría de la gente -también en mi entorno- accedió a hipotecarse adquiriendo más deudas de las que un entorno deslocalizador, líquido, con relaciones laborales fugaces, podían hacerles asumir, y por eso el país creció. La base del crecimiento de este país ha estado en consumir más de lo que podíamos -en concreto en la compra de vivienda a precios inflados- y, quienes permitieron esto, hoy se garantizan jubilaciones doradas en bancos y cajas. A ellos no les toca apretarse nada.

3) Tenemos que hacer lo único que podemos hacer. Si lo hacemos saldremos de la crisis, si no lo hacemos no saldremos de la crisis. Equiparable a Coco, de Barrio Sésamo, son palabras que salen de la boca del presidente de nuestro Gobierno, con el objetivo -en serio- de intentar tranquilizar a mercados y calles por partes desiguales. Es evidente que no es lo ÚNICO que se puede hacer. Lo más simple sí. Recortar en todo es algo que podrían haber hecho una docena de chimpancés. De hecho, a pesar de que a los ciudadanos les encanta criticar los desmanes de los políticos, como si éstos fueran seres de otro planeta, el problema real está en la deuda privada. Aunque Mariano recortara tanto que hiciera desaparecer al Estado, es decir, suprimiera absolutamente todos los ministerios, funcionariado, y privatizara todo tipo de empresas públicas, se seguiría desahuciando a personas de sus casas -a muchas más-, el paro se dispararía -mucho más-, las empresas seguirían sin tener acceso al crédito, y todos los problemas actuales incrementarían de intensidad. Pero si queremos seguir viendo el problema billonario en los coches oficiales, somos muy libres. En definitiva, las acciones del Gobierno no garantizan absolutamente nada, y pensar que sólo caben estas opciones es estar ciego. Otra cosa es que estemos muy calentitos en la ceguera, que vivamos cómodos después de décadas aniquilando pensamientos alternativos, pensando que vivíamos en el mejor de los mundos posibles.

4) No nos podemos permitir aquello que no sea rentable. Con esta frase se suelen referir a que aquello que no ingrese directamente más de lo que gasta directamente, debe ser eliminado. Es curioso porque si algo necesita nuestro país, es inversión, que es justo lo contrario: depositar confianza en futuras rentabilidades directas o indirectas. Precisamente definir lo que es rentable, es la política. Por ejemplo, si una sanidad pública prácticamente no tiene ingresos directos (no extiende facturas al usuario), y sí gastos -sueldos y salarios, gastos corrientes, instalaciones…-, hemos de tener en cuenta que recibe dinero de nuestros impuestos -para eso los pagamos-, y que una sociedad sana es más productiva y menos problemática que una enferma. Es, pues, rentable la inversión. Lo que pretenden con esa frase, es que pensemos: 1) que la sanidad es gratis, que no la estamos pagando ya, y 2) que para que sea posible, tenemos que pagarla. La argumentación, como vemos, basa en un puñado de inconcrecciones bastante peligrosas y reducidas. La función del estado no es la RENTABILIDAD, es la EFICIENCIA, y la REDISTRIBUCIÓN de la riqueza en busca de un equilibrio social.

5) Tenemos que arrimar el hombro y redoblar esfuerzos todos juntos. Ese discurso lo encontramos en el Gobierno, y deriva a otros líderes de opinión, como la muy trabajadora Marta Sánchez. Verán, no seré yo quien se arrugue ante las adversidades, o quien rehuya la pelea, pero así no. Remar todos a una y a gran velocidad es una metáfora magnífica si se descontextualiza y dejamos de ver que estamos remando hacia el precipicio. Creo que la pobreza no es tan mala. De hecho la considero purificadora, y creo que hasta podría venir bien, pero con un Estado de Bienestar que garantice ciertos mínimos, y con los responsables del estropicio en el trullo. Desde las amnistías de la Transición, este país parece que funciona con un piloto automático. Tras el franquismo no pasó nada, consenso, todos tan contentos: oligarcas manteniendo el coto de sus chiringuitos, inmovilidad entre estratos… Parece que lo que se propone ahora es algo parecido: no se sabe qué ha salido mal, pero mientras el personal pase hambre, los Montoro, Solbes, Rato, De Guindos, Salgado, Roig, Zaplanas, Fabras… y una bochornosa e interminable lista, salen indemnes de la gran estafa, tan tranquilitos. Cuando exista un plan, un claro liderazgo, y una idea moral en torno a la que remar, pídanlo. El resto es palabrería de patriotillas de bandera en el cinturón y huida de capitales.

6) Los funcionarios viven muy bien. Los consejeros de los bancos intervenidos tienen responsabilidad directa en la crisis y viven mucho mejor que los funcionarios. De hecho usted, querido lector, ha tenido cientos de miles de posibilidades de ser funcionario, y usted mismo las ha rechazado, probablemente porque hasta que en El Gato al Agua se lo han dicho, ha considerado que no vivían tan bien. El mito antifuncionario se alimenta esperando colas, e imaginando a vagos tomando cafés, como el mito antifutbolista lo alimentan gordos frustrados desde las gradas, imaginando tardes desafortunadas de los jugadores y justificándolas mentalmente con que salen de copas. Si usted es tan bueno, baje al campo. Si no es usted funcionario es porque o no ha tenido ni arrestos ni talento para superar una prueba de acceso, o considera que ser funcionario no mola demasiado o bien usted considera que los funcionarios viven muy bien, pero es usted gilipollas y prefiere no vivir bien. Ni soy funcionario ni tengo familiares funcionarios, sólo es que el mito de los funcionarios me parece estúpido. Es curiosos que todos los fans de emprendedorísmo odian al único sector meritocrático de este país, y obvian que la mentalidad de trabajador pasivo existe en toda gran empresa, sea ésta pública o privada.

Share

La herencia

Rafa no podrá ser abanderado. Cagada mayúscula por parte del COE, de no ser porque el mundo entero hablará de la feria de abril convertida en uniforme. Prima de riesgo en 585. Los trajes de la expedición española son motivo de chanza en redes sociales por parte de los propios atletas. Cuando todo dé comienzo, tendremos una historia para los periodistas foráneos, que sí, ellos sí harán periodismo. Prima en 588. En España la prensa está demasiado ocupada rellenando periódicos como para ver la basura de un COE que, mientras gasta dinero público en presentar la enésima candidatura de Madrid olímpica, vende su imagen al mejor postor, en este caso una desconocida marca rusa que ha pagado bien. Su buena comisión para algún miembro del COE irá en el negocio. Hagan apuestas. Habíamos dejado a Rafa, lloroso, con la bandera nacional a la espalda, creando una portada del ABC detrás de otra. Y ahora Rafa no va. Tragedia nacional. Todos contigo, Rafa. La prima en 589.

Bosco Sports, la firma que paga su presencia sobre la imagen de los deportistas de España, Ucrania y Rusia, me recuerda un poco a Li-Ning, la pujante firma china que lleva años vistiendo a la selección española de baloncesto (y a otros clubs, como Sevilla, Estudiantes, o Espanyol), y que ha entrado este año en suspensión de pagos en España, dejando en el aire las equipaciones para esta temporada. Economías sucias y pujantes a golpe de talonario (China y Rusia), que intentan perseguir el sueño de tener su propio Nike y no lo consiguen. La metáfora del capitalismo. La prima en 592. Rafa llorando. Iker Martínez y Xabi Fernández renuncian a ser abanderados. Para ellos, como para mi, el abanderado es una marca de ropa interior masculina. Y no quieren ser segundo plato. Vamos al tercero.

Pau Gasol, que no es ni capitán de la selección de baloncesto, será capitán de la expedición española. Ustedes lo entenderán, porque ni lo entiendo yo, ni lo entiende la prima de riesgo, que está ya en 595 puntos básicos. Colamos lo de básicos, porque parece que sabemos más, aunque no sabemos si las primas tienen puntos diferentes. Pau acepta porque es amigo personal de Rafa. Por eso. Un campeón del mundo y dos veces campeón de la NBA, no es un tercer plato. En el COE saben que lo hará por su amigo. El ridículo podría ser mayúsculo y, para Río de Janeiro 2016, deberían contratar a un abanderado también de la marca Bosco Sports.

¿Recuerdan a El Bosco? Fue una patética propuesta musical que, como no, triunfó en España a mediados de los 90. One hit wonder llamado Nirvana. Se trataba de un misterioso grupo del que no trascendía nada, excepto aquel single y un par de ellos más. Detrás de El Bosco, se escondía el polifacético Julián Ruiz, cortador de césped en Marca, director de programas musicales en M80, y megalómano paleto productor musical, y Luis Cobos. Sí sí, el auténtico Luis Cobos, cuyo apellido, al revés, era el nombre del grupo (el Bos-co). Pues vendieron discos. España es el país en el que Luis Cobos vendía discos. España es el país en el que Bosco Sports vende chándals, sea cual sea su plural. Esa es la herencia, y la prima lo sabe porque se pone a 596.

Cataluña (CIU), Castilla-La Mancha (PP), Murcia (PP), Baleares (PP), Canarias (CC) y Andalucía (PSOE) se plantean pedir el rescate. Valencia (PP) ya lo ha hecho. Como vemos, la herencia es cuantiosa. Pillamos de la abuela, del tío, del bisabuelo, y de la prima, en 597. Todos los partidos enmierdados. En el gobierno de la nación se incumple, puntualmente, el programa electoral. ¿Qué impediría a un partido prometer aumento de pensiones, ligues suecos para todos, chocolate gratis, fuentes de ginebra, palcos en la final de la Champions, chaletes por la patilla, o duplicar sueldos? Nada. Puedes prometer lo que quieras, que luego haces lo que te dé la gana. ¿Qué puede hacer el ciudadano ante los atropellos? Protestar pacíficamente. Hasta el punto en que la policía carga, y ya te debes ir casa, ya has protestado.

Y los medios. No hablo ya de los que abrasan con portadas humorísticas, me refiero al bloque que mantiene al sistema, hablo de esos pequeños consensos que aplastan el pensamiento. Hablo del ejercicio legitimado de la dictadura semántica. Pensemos en la marcha minera. En la llegada a Madrid. En las vallas de tres metros ante el ministerio, en los manifestantes tirando las vallas, en los medios hablando de antisistemas. Esa gran etiqueta. “Se colaron unos antisistemas“, “aparición de pequeños grupos de violentos“, “no pertenecían al colectivo manifestante“. Mentira. Repasen las imágenes. Eran mineros, no antisistemas. ¿Os es que los que llevan meses tirando cohetes y cortando carreteras tampoco son mineros?, ¿Los que llevan un mes encerrados en pozos tampoco lo son?

Verán, a principios de los setenta, se le caía la casa a mi abuela. Compró un piso, de los que construían casi con adobe, a toda velocidad, en un verdadero boom inmobiliario, y les estafaron. Afectó a ocho vecinos. Se fueron a Madrid. Les recibió un ministro de Franco. En 2012, en plena “democracia”, los mineros llegan a Madrid y, a muchos metros del ministerio se encuentran vallas de tres metros. ¿Son antisistema quienes las tiran?, ¿No son más antisistema quienes habitan los ministerios? Pues oigan El País, por ejemplo, ha contribuido también al tópico. Cuando se emplea la violencia, automáticamente son antisistema y, para ser políticamente correctos apuntamos que “nada tienen que ver con el grueso de la manifestación“. Pues sí tienen que ver, y lo tienen que ver todo. Volvemos a definir violencia. A saber si la violencia es quitar una valla, o quitar el subsidio al desempleo de larga duración, si no es más violento quien espera dos años a recibir la ayuda a la dependencia y ahora la ve cortada, si no es violencia robar los ahorros de toda una vida de quien firma con su huella dactilar. Que alguien defina qué coño es violencia. Si la prima en 599 no es violencia.

¿Qué debe hacer el ciudadano? Pues ni puta idea, oigan. La idea es mantener esa pasividad que nos ha dado tan buenos resultados: centros comerciales, cremas de carabineros en polvo, fútbol a la carta, sucedáneo de caviar… y ver cada día cómo siguen apareciendo casos de corrupción a nivel público y privado. La idea es recibir los datos de la prima, ya en 600 puntos, como quien oye algo malo que no entiende de qué va, aunque lleve oyéndolo un año, pero que es malo. Aguantar, claro que sí, realizar higiénicas protestas “responsables”. Hoy en día ser “responsable” es no levantar la voz ante las irresponsabilidades. Oigan, están robando, no molestar, por favor.

Dirán que el principio del post no tiene nada que ver con la derivación que ha tomado, pero yo creo que lo tiene que ver todo, y que hemos de tener la perspectiva que nos permita ver las conexiones putrefactas entre unas cosas y las otras. Todo combina en los informativos. Todas las noticias deslavazadas, sin hilazón. Muramos, pero con perspectiva. Y recordemos a otros abanderados. Recordemos las imágenes de sus majestades, de una de las instituciones emblema de este país, la monarquía. Recordemos lo que llevan robado y el mérito que tienen. Recordemos el juego de la prensa. Recordemos la campechanía. Recordemos a Felipe abanderando en Barcelona. Recordemos toda mierda que rodea al deporte, a nuestra vida pública. Hilemos, por favor. Es tiempo de hilar, y de disfrutar de la herencia, claro está.

Share

Esto ye.

Dice Joaquín Sabina que nunca has de volver al lugar donde fuiste feliz, pero yo he vuelto. Si pudiera elegir un trabajo en el mundo, éste sería desmentir los trucos de las canciones de Joaquín Sabina. Esos recursos baratos que producen pequeños shocks en la audiencia, provocando el “Oh, habla de mi vida, y lo hace taaan bien…“. No me gustan las cosas oficiales del reino, y menos los poetas. Decía Benedetti que la patria de uno es la infancia y por ahí, igual sí que compro. Mi patria está compuesta por cuatro ciudades, y ocho casas distintas. Mi concepto de hogar cabe en un hatillo. El paso del tiempo ha dejado los mejores acabados en Gijón, y siempre ando volviendo.

Los hijos de emigrantes tendremos eternos problemas cuando se ponen sobre la mesa cuestiones de identidad, y los recuerdos se los lleva la banca, que casi siempre gana, o te puede coger en racha, en cuyo caso se recomienda ganar un poquito y tocar retirada. Los hijos de emigrantes tenemos bocados en la memoria, y los vamos rellenando a paladas, de cualquier manera. Los hijos de emigrantes nos creemos especiales, y es mentira. La gente que nace, crece, se reproduce, y muere en la misma ciudad, también ha de sobrevivir al paso de los desengaños, al cierre de locales, a la muerte de los cines, al cambio de nombres, a las nuevas calles y el cambio de nombre de las viejas, a la naturalización de los polígonos… La ciudades son seres vivos que, en los últimos años crecieron, hipertrofiaron sus extremidades más allá de lo que pudieran imaginar. A algunas partes no les llega sangre y acabarán muriendo. Pero todas las ciudades se empeñan en cambiar, aunque sea a peor, como si el hecho del cambio fuera bueno.

Afortunadamente nuestra memoria es ultraconservadora y, mediante su aplicación de realidad virtual podemos seguir viendo la pastelería Alonso donde ahora hay una zapatería, o las oficinas de Cajastur como un sitio magnífico en el que poder “colocarse”, si eres un chico aplicado. Incluso puedes ir a comprar frutos secos a granel, y a cortarte el pelo a General Mola, en vez de a la Avenida de la Costa. Es fantástica la aplicación. Parece que todavía oigo por la megafonía de la playa de San Lorenzo aquel concierto de los Rolling, cuando yo podía decir los Rolling, y no tenía que ser guay diciendo los Stones. Parece que todavía oigo las conversaciones en las que me preguntaban, por mitigar la ansiedad del adulto y disparar su imaginación, qué quería ser de mayor. Camionero. Y les jodía.

Observo a los niños, y parecen listísimos. Supongo que todos nos creemos un poco más gilipollas de lo que realmente somos. Supongo que cuando llegue a la madurez, los jóvenes me parecerán listísimos, y que la rueda seguirá siendo así sucesivamente, hasta que vea listísimos a los muertos. Pero por más listos que me parezcan los niños, los veo ajenos a su responsabilidad: observar todo muy bien, fotografiar lo mejor posible. Veo a niños con zapatillas de marca y se me cae el alma a sus pies. No ya por la existencia de padres gilipollas, sino por la ocurrencia de la marca. Probablemente no tengamos salvación. Igual se quema la CPU y nos dicen que hay que resetar. Cenizas.

Share

El exconsejero Güemes, los neoliberales, y el malo.

Recuerdo a Güemes, su pelito, su rollito, su sonrisita, casi me toco. Recuerdo cómo se hacía el longuis cuando no podía ni acercarse por un hospital público, siendo Consejero de Sanidad. Recuerdo su airecito de cantante latino, su bachateo, sus trajes, su movimiento. Ai rimember llú, Güemes. Recuerdo cuando eras un servidor público, y me preguntó qué cojones hacías tú, paladín neoliberal, incrustado desde los veintidós años en sucesivos gobiernos, desempeñando la actividad pública. No sé qué pintabas desde 1991 hasta 2010, diecinueve años, chupando del bote. Creativo como pocos, desde tu moderno blog inventaste el idioma progresí, cito textualmente, “neolengua que el PSOE trata de imponer en el Reino de España para impedir que las personas puedan expresar críticas, opiniones y llamar a las cosas por su nombre“. Llamar a las cosas por su nombre. Te recuerdo Juanjo Güemes. Que a un político se le llame Juanjo en vez de Juan José, simboliza la necesidad de sentirse cercano, querido y chachi. Eras chachi, Juanjo, y yo lo recuerdo. Chachi.

También recuerdo el sapo que te tuviste que comer Güemes, con el doctor Luis Montes. Qué fintas, qué regates, cuando la Audiencia Provincial te dio en los morros en el caso de las sedaciones supuestamente irregulares. Qué habilidad, el Cristiano Ronaldo de la Comunidad, Juanjo. Mira, como el extremo portugués, también vives en la urbanización de lujo La Finca, rodeado de excepcionales medidas de seguridad. Hasta nueve veces dejabas las preguntas sin responder. Nueve veces. O diez, qué más da. Cómo recordabas tu educación en un colegio del Opus. Cómo defendías la vida y el dolor. Te debía joder bastante ver cómo tus idolatrados yankis te escupían los argumentos de House cada martes, Juanjo. Somos liberales para lo que queremos, ¿Eh?.

Recuerdo perfectamente, Juanjo, cómo desmantelaste la sanidad pública madrileña. Recuerdo aquel folleto con el subtítulo: Aproveche las oportunidades de negocio para su empresa, que promocionaba una jornada en el hotel Ritz para ciento cincuenta empresarios del sector sanitario, que habían pagado mil doscientos euros sólo por ir a escuchar tus planes en la sanidad pública 2007-2011. Recuerdo tu gran proyecto del área única y la libre elección porque, para esto, vuelves a ser liberal. Y ahora en el Instituto de Empresa, sentando cátedra, rodeado de inteligencia y polos Ralph Lauren, y tuiteando cosas como este vídeo:

En el período en que desempeñaste cargos públicos (diecinueve de tus veintiún años laborales) te diste cuenta de que el Estado es molesto para los negocios. Que sobra. Y eso es lo que enseñas. Eliminando el Estado, se elimina la corrupción. Porque en el sector privado no la hay. No se falsean cuentas, no se engaña a clientes y accionistas, no se da el clientelismo, ni la discriminación. El sector privado es perfecto, y el liberalismo el camino. Estoy tan absolutamente de acuerdo contigo, Juanjo, que te propongo un liberalismo radical: reparto absolutamente equitativo de la riqueza actual existente, y a empezar de cero otra vez. Todos con lo mismo. Vas a pasar de La Finca a Vallecas. Vas a pasar de Paul Smith a Dustin. Ya verás cómo si eres bueno, prosperas. Si no es así, como diría tu querida esposa: que te jodan.

Share

Violent femmes

- Hemos crecido con la idea de que la violencia es pegar, y que sólo se desarrolla en las películas y los videojuegos. Las escenas de violencia nunca son reales, porque el marco de los informativos convierte todo en show. Palestina, los Balcanes, Níger, Irak, Afganistán, Chechenia. Todo es ficción. No puede estar pasando. No es civilizado. Con la violencia dormida, encuentros como el de estos días entre unos señores que protestan, y una ciudad harta, produce sensaciones placenteras. Vuelvo al principio para señalar que lo grave en todo esto, es que los dueños de las palabras han decidido que la violencia es pegar.

-Los constructores de nuestra realidad, los medios, han cedido a la compra y a la comodidad. Han preferido el poder que se puede medrar, al que se consigue con trabajo. No es casual en un Estado con la transición atragantada, sin haber digerido una dictadura marcada por el control social y el clientelismo. Mónica Bernabé es la única corresponsal española en Afganistán. Se le ha hecho la vida imposible por querer informar. A los periodistas en este país, si no se dedican a labores publicitarias políticas, se les hace la vida imposible. Gervasio Sánchez lo sabe, y yo lo se. La prensa legitima. Sólo con poner el foco ya se dota de un valor real a los fantoches.

- La violencia es el tipo de interacción humana que se manyifiesta en aquellas conductas o situaciones que, de forma deliberada, provocan, o amenazan con hacerlo, un daño o sometimiento grave (físico, sexual o psicológico) a un individuo o una colectividad. Abran los periódicos hoy. Piensen en que han perdido los ahorros de toda una vida. Ahora piensen en que, además, con lo que les queda hay que pagar las jubilaciones millonarias de quienes los dilapidaron. Ahora piensen que, si las cosas les van regular, les pueden echar de su casa. Ahora piensen en si la violencia es tirar una piedra contra los cristales de una sucursal. Abran sus ordenadores hoy, piensen en Andrea Fabra. En su padre. En su marido. En cómo está montando este tinglado. Véanla decir “que se jodan” cuando su presidente anuncia que recorta las prestaciones por desempleo. Díganme qué cojones es, para ustedes, violencia.

-Para todos aquellos que siempre hemos denunciado las desigualdades de un sistema precario, las tremendas consecuencias de sus disfunciones, y los peligros de la desactivación de todo foco de pensamiento alternativo, lo que está sucediendo estos días no es sorprendente. A lo largo y ancho de España y del mundo, oímos a miles de San Pablos, cayéndose de los sucesivos caballos, en un movimiento repetitivo y esclarecedor. Esto no es como nos lo habían contado, nos engañan y pretenden que sigamos engañados. Veremos lo que dura la compra. Veremos cuánto nos compensa la complicidad. Lo que está claro es que, y siento llegar a esto, mis fieles lectores: tenemos que hacer algo.

-Hacer es un riesgo, porque implica que otros van a opinar sobre lo que hacemos. Algunos lo criticarán y, desde luego, muchos sabrán qué es lo que hacemos, así que construir, a priori, sólo entraña riesgos. La comodidad del segundo plano y la cesión de nuestras pequeñas soberanías nos ha llevado a esta situación. Parece que es el momento de asumir el papel protagonista de nuestras vidas, que es una frase absolutamente desactivada por las películas palomiteras, y emprender acciones legales contra el pasotismo, durante tantos años premiado. Y no hay por qué rematar esta idea con arrugas del tipo “hacer, aunque sea, pequeñas cosas“, no. Se acabó el tiempo para las intenciones constructivas y cosméticas. Hablo de que piensen en cómo usted puede mejorar el estercolero en que hemos convertido al mundo.

-Seguro que a medio y largo plazo se nos ocurren proyectos que llegarían a… que podrían finalmente… pero debemos exigirnos una respuesta inmediata para el ahora. Es fundamental actuar con inteligencia, medir la fuerza, dosificar y vaciarnos en el momento oportuno. Nadie va a hacer nada por nosotros. Quienes lo hacían nos han traicionado, si es que se puede llamar traición ejecutar la lógica egoísta. Es nuestro momento. Ante un sistema muerto sin alternancia preparada, se nos plantea, a corto plazo, la necesidad de crear redes paralelas -de asistencia sanitaria, de educación, de solidaridad grupal, bancos del tiempo, incluso todo un sistema fiduciario alternativo a las finanzas oficiales-, y deberían saber qué pueden aportar a todo eso.

-A veces sirve con dejar de reír gracias. A veces nos basta con dejar de aplaudir, o con apagar la tele. A veces nos basta con que Juan Roig pague su bocaza en la facturación de ese mes. Pero es el momento en el que debemos exigirnos más, en el que debemos asumir el compromiso que tenemos con la Historia, en el que tomemos el mando ante una clase dominante que nos aboca a la miseria en el más amplio y desolador aspecto, y debemos construir desde ahí, desde la pérdida de legitimidad de las instituciones. Por que no, de esa falta de legitimidad, no siempre han de surgir fascismos, que es la moraleja con la que nos abrasan. Mirar alrededor y ver que no estamos solos. Pero dar pasos. Actuar. Equivocarnos, aprender. Esas putas mierdas que nos han metido a base de coaching para que hagamos felices a los psicópatas de las multinacionales, pero aplicadas por vez primera a nuestro favor.

-Juro que no voy puesto de nada, pero creo que ha llegado el momento, de empezar cuestionando el concepto de la violencia, y de luchar contra ella con armas que no se esperan: poner el tela de juicio el actual sistema de motivaciones, construir nuestra propia legitimidad como sociedad, volver a una ética solidaria de la que nos sintamos orgullosos. Lo revolucionario no es preguntar qué puedes, hacer, lo revolucionario es hacer y pegártela. Lo revolucionario es el fracaso. Cuestionar y construir. Y muerte a la pereza.

Share

Pelotas de goma

Como si se tratara de un juego en un parque de bolas. Como si los disparos formaran parte de una coreografía infantil. Piedras contra pelotas de goma. No dicen manos contra bazocas. Una bala de plata, tirada con la mano, no es lo mismo que una que sale de un revólver. Y no quiero entrar en física balística, sino en el leguaje, en la enésima prueba de construcción de la realidad por parte de los mercenarios de los textos. No dicen un escuadrón perfectamente protegido, armado e instruido, contra un puñado de trabajadores, no. Dicen piedras contra pelotas de goma. No dicen unos trabajadores que llevan cuarenta días andando y se encuentran vallas de tres metros, no. Los porrazos de propina. Esos no cuentan. Cada mañana asistimos al entierro de una prensa que nace muerta, y que bien merecido lo tiene. Por la red corre, en paralelo, otra forma de contar otras cosas que, probablemente tenga que madurar y generar criterios, pero que ya es tan legítima, movilizadora e influyente en nuestras percepciones como ese papel nauseabundo, y esos medios digitales gigantes, para los que no es noticia que unos trabajadores entren, en loor de multitudes en la noche de la capital de un país putrefacto, a reclamar que se respete lo firmado.

Y los skaters jodiendo la pava.

Share

Miércoles negro

Hay quien dice que los mineros piden mantener “los privilegios” y “vivir subvencionados”. Es la forma en la que unos señores cobardes e ignorantes intentan desprestigiar la pelea por que se cumpla un acuerdo firmado, y la lucha de unos trabajadores por sus puestos y una industria con futuro (se estima que el crecimiento del consumo será del 65% en los próximos 25 años). Los que vienen con la milonga de la subvención, suelen ser de los que, cuando se ven en la calle, llaman a la puerta del sindicato (¡los sindicatos! esos vividores, blabla…). Es una forma de no querer entender por qué los mineros han venido hasta Madrid, sacrificando sus futuros. La ceremonia de la confusión es rentable, porque así no te paras a pensar con claridad. Porque no sé muy bien qué puede suceder con su presencia en la capital, lo que sé es que están muertos: sin trabajo, sin futuro, y todavía les quedan las represalias a su vuelta. Cuando ya no esté el foco, cuando la gente esté ya a otro trending topic, es cuando las cuchilladas entran mejor. Ellos lo saben. Saben que su marcha no es un sacrificio de un mes y diez días, saben que su marcha es un sacrificio personal y la única salida.

Verán ustedes, la minería no es la única industria subvencionada. Cuando la producción de carbón empieza a ser deficitaria, los responsables del gobierno, los gestores a los diferentes niveles, tienen la misión, el trabajo, el deber, de reorientar laboralmente un sector. Probablemente atendiendo a criterios económicos, decidieron que era mejor subvencionar que reorganizar a todo un sector, o llevarlo al paro. Para reorganizarlo se necesitan tiempo, trabajo y talento, y de eso no hay. Lo mismo sucedió con la energía, y ahora producimos la energía más cara del mundo. Pero es que eso ha pasado con la ganadería, agricultura y la pesca, en la que España no es competitiva comparada, por ejemplo, con Marruecos. También han sido subvencionados por la Unión Europea. No somos competitivos porque se puede ser competitivo por calidad o por precio. Por lo segundo, no veo a nuestros niños cosiendo balones. Ser competitivos en calidad necesita un plan, una apuesta a largo plazo, y supone que nos convirtamos en una sociedad más inteligente, por tanto, incómoda para un país con unas castas superiores inmóviles desde hace siglos. Y dirán los neoliberales: que se jodan, si no son competitivos que se pudran.

Pues verán, lo primero es que si se pudre el noventa por ciento de un país, difícilmente va a ser competitivo en términos macro. Lo segundo es que en este puto país prácticamente NADA es competitivo. Las telecomunicaciones, sin ir más lejos. Hay pocas empresas más subvencionadas que Telefónica. No son subvenciones directas, son concursos sacados a medida y adjudicados a dedo. Puestos a hablar de neoliberales y subvenciones, el Ayuntamiento de Madrid de la Legionaria Ana Botella, se gasta doce millones de euros en asesores. Doscientos cincuenta y cuatro asesores, ni más ni menos. El gobierno del gestor Rajoy, cuenta con seiscientos treinta y dos asesores, ochenta de ellos sólo para él, que son veinte más de los que empleó Zapatero. La ultraliberal Esperanza Aguirre, siempre dispuesta a encontrar partidas de las que recortar, no lo hace de los treinta y cinco amigos a los que ha colocado en el gobierno de Rajoy, y a los que tenemos chupando del erario público. Es muy cómodo criticar la competitividad del otro, sentados en la poltrona de la autoindulgencia.

La propia Espe, tan fanática del desmantelamiento del Estado, esa gran traba para los negocios, se desayuna estos días con la subida del IVA, una medida que ella tanto amó en el pasado. Es maravilloso en estos días poder tirar de hemeroteca, y ver a Arturo Fernández, presidente de la patronal madrileña, alineado con su presidenta hace un año contra la medida. “La subida de impuestos es una medida que no funciona” decía. Siguiendo con los recortes, la frase “La subida del IVA tiene pros, todos para el Gobierno, y también contras, todos para los ciudadanos“, es de Soraya Sáez de Santamaría. Supongo que habrá que esperar a que el presidente de la Cámara de Comercio madrileña salga a la calle a poner carteles contra las subidas, como hacía el año pasado.

Esta mañana se consuma el robo: subida del IVA, reducción de sueldos a funcionarios, reducción de la prestación por desempleo, reducción de las empresas públicas, sumados a los recortes en derechos laborales, los recortes en sanidad en educación… ¿Qué pagan los causantes de la crisis? pues nada. Ahora lo paga el ciudadano y las políticas públicas, en un futuro próximo lo pagarán las empresas, bien mediante reacciones violentas, bien mediante el desplome de la demanda de sus productos. La oposición ha quedado también retratada: de cartón, estéril, sin un ápice de energía. Las claves cada vez están más en la calle. Espiral negativa, robo, estafa. Es difícil imaginar un sistema genere más desigualdad, mayores porcentajes de pobreza, y parezca más intocable. Su mérito está en la seducción, pero cada vez lo hacen peor. A gente que trabaja en la oscuridad de una mina, no es tan fácil seducirla.

Share

Quemar antes de leer

Pensar que el mero hecho de leer es positivo, es como creer que por fumar un porro, tu cuerpo se dirigirá a la glorieta de Embajadores para que una cunda te lleve a la Rosilla. Siempre me alucinó, desde bien pequeño, esa protección escolar absoluta a quien lleva un libro bajo el brazo, como si trataran de cuidar al alumno potencialmente culto, manteniendo unas óptimas condiciones de temperatura y humedad, hasta que de su madurez germinaran un graduado y un trabajo de teleoperador. Me encantaba que diferenciaran a los libros en “libros de texto”, si iban sobre materias concretas y tenías que gastarte las pelas a principio del curso, y “libros de lectura” si eran narrativa. Como si hubiera libros que no fueran de texto y de lectura. Piensas en ese tipo de cosas, y le vas perdiendo el respeto al mundo adulto.

Cuando crecí, siempre me flipó la gente que lee libros de mierda, porque creo que leer requiere un cierto esfuerzo, y que ese esfuerzo hace que sea un ejercicio más allá de la distracción. La televisión, sin embargo, encajaría perfectamente. Ya que lees, lee algo bueno, ¿No? Y aquí me vienen ustedes con lo de que soy un nazi, que no puedo decir lo que es bueno y lo que no, y tal, pero antes de darme la chapa y empezar con disquisiciones entre la escuela de Chicago y la de Frankfurt, estamos de acuerdo en que hay literatura muy mala. Muy muy mala. Y no me refiero a los folletines de Corín Tellado, ni a los libritos de westerns que intercambian los viejos por cincuenta céntimos, me refiero a César Vidal, por ejemplo. Me refiero a autores cuya mediocridad es indiscutible, y recurrible hasta el alto tribunal de Estrasburgo.

Recuerdo que, con doce o trece años, estaba en la sala de espera de un ambulatorio leyendo El libro de Arena. Se me acercó un señor mayor, y me preguntó si me gustaba Borges, en una escena muy de Amanece que no es poco, y le dije, obviamente que sí, y me dijo que eso era porque yo tenía inquietudes, y yo quise contestarle que cualquier chico de doce o trece años tiene inquietudes, leyera a Borges, o la Don Balón, pero no me salieron las palabras, así que le hice un gesto con la cabeza, poniéndole cara de gilipollas, con lo que se dio por bien contestado. De pequeño se me quedaba la cara de gilipollas muchas veces. Tenía la respuesta treinta segundos más tarde. Siempre hay gente dispuesta a entender que una cara de gilipollas es una buena respuesta.

De un tiempo a esta parte tengo problemas para leer. Digo para leer libros. No tengo tiempo. Estoy todo el puto día leyendo mierdas de internet. O haciendo cosas banales como dormir, comer, escribir esta basura, conducir o trabajar. Pero ya no tengo ese momento en el que puedo leer. Tampoco me puedo sentar en un sofá a escuchar un disco. Una hora. ¿Qué haces? Estoy escuchando un disco. Igual que los años se han llevado de las casas el eco del teléfono fijo, también se han llevado las horas para escuchar discos. Ahora los escuchas limpiando, o cocinando, o por la calle. Leer es, entonces, más jodido. Hay gente que saca tiempo para leer, que los ves en el metro, con su papel de periódico protegiendo los lomos de sus Mary Higgins Clark, de sus Stieg Larsson, de sus Murakamis, y demás libros infantiles. ¿Habéis visto alguna foto de Mary Higgins? Joder, no me extraña que tapen sus contraportadas. Sacan tiempo para leer basura. El metro no huele mal por el sudor de la gente, huele mal por sus libros.

Además que la mala literatura es transversal y se encuentra por igual en el mueble de salón de la señora de su hogar, y en el de la ejecutiva. Como si para la basura siempre hubiera gente y tiempo. Recopilen la basura, léanla este verano y, a la vuelta, después de comentarme lo cortas que han sido sus vacaciones, sigan con el guión vomitivo, y cuéntenme qué mierda han leído, que me importa mucho. Muchísimo.

Share

Ana y yo

Hubo una época en la que me dedicaba a crear formatos de televisión para que una señora que tenía un Mercedes SLK Kompresor, a la postre mi jefa, los vendiera, todos fuéramos más felices, y ustedes un poco más incultos. Mi jefa, productora televisiva de la vieja guardia, había hecho fortuna años atrás, y gozaba de un crédito cuasi ilimitado por parte de una conocida empresa de tecnología, exmonopolio de telecomunicación. Saben a qué me refiero. Esa empresa tiene una pata llamada Servicios Audiovisuales, sita en la Ciudad de la Imagen, muy deficitaria, y sólo salvada por contratos a dedo del gobierno de turno. Es la típica estructura que tiene más jefes que indios, con un edificio repleto de secretarias de las secretarias de las secretarias. Ese es el contexto. Un día mi jefa se plantó en la oficina diciendo que había soñado con Ana Obregón, y que eso tenía que ser una señal. Ese es el contexto.

A los pocos días nos reuníamos con la estrella televisiva, que volvía de una estancia en Miami donde, entre otros, había estado con su amigo Spielberg (risas). Desde entonces se engrasó la maquinaria, y comenzamos a trabajar para ella. Para que se hagan una idea, diseñamos un formato de programa de tendencias -en serio-, merced al cual Ana viajaría por todo el mundo haciendo reportajes de lifestyle, por supuesto en primera, por supuesto alojándose en hoteles de cinco estrellas, y cobrando doce mil euros por cada uno de los doce programas, además de parte de la tarta como coproductora. Un talent show, un reality con su entonces pareja Darek… una cartera de formatos que irían presentando de televisión en televisión, con un plato estrella: la vuelta de Ana y los siete, la historia de la empleada del hogar-stripper.

Para plantear la segunda parte de tan exitosa serie, tuve que documentarme y, desde entonces, arrastro taras psicológicas bastante considerables. Ana y los siete difícilmente bajaba del 20% de share en horario prime time, cosa que está muy bien, y que dice mucho de un país. Era una serie en la que la Obregón, como directora de guión, ojo al dato, enviaba un correo los lunes diciendo que quería un capítulo que rindiera culto a su persona, sin miramientos ni disfraz. Así, la segunda parte comenzaba con un accidente de avión en África -así, en general- del que salía milagrosamente viva, pero con una severa amnesia -oh sorpresa-, y comenzando una nueva vida como misionera con nombre francés. Con momento quitarse venda de la cara y no reconocerse y todo eso. Al final de la serie, por si os pica el gusanillo, todo acaba bien. Y en esta puta majadería estuve semanas trabajando, con la motivación de poder compartir proyecto con la estrella clarividente aparecida en un sueño de mi jefa.

Aquella sandez hecha dossier, se presentó en varias televisiones, algunas que nos habían sido bastante esquivas con anteriores proyectos, así que minipunto para la dirección onírica de mi jefa, que pudo reunirse con Paolo Vasile, que invitó a cenar luego a la bióloga, saltándose relación alguna con la productora. De aquella cena Ana se sacó cuatro o cinco bolsos de Gucci, y Paolo el compromiso firmado de que Ana haría cinco apariciones en Telecinco. La última de ellas hace bien poco, en la Caja Deluxe. La serie se vendió a la FORTA, las cadenas autonómicas que, para ese tipo de programas de servicio público siempre encuentran recursos. El día de la firma, Ana se levantó diciendo que no quería rebajarse a aparecer en Telemadrid, ETB, o Canal Sur, y ahí murió el proyecto más abominable desde la Solución Final.

Ayer, a las 17:35, Televisión Española tuvo a bien programar en su canal de máxima repercusión, Ana y los siete. Eso significa dinerito para Ana, como pseudoguionista, como actriz y, supongo que algo de la producción también sacará. Bien merecido se lo tiene. La mano del nuevo gobierno empieza a notarse en las programaciones, y la televisión pública no sólo tira de lata, sino de su mejor contenido, ese que habría que sacar más de cuando en cuando, para recordar, en plena vorágine de Walking Dead, Dexter, Soprano, Lost, y demás barbarismos, que nosotros también tenemos nuestra serie capital, nuestra piedra filosofal patria y que, si somos capaces de contener las náuseas, podemos hasta disfrutar de semejante chaladura megalómana hecha formato televisivo.

PD: No se pierdan la cabecera. Con musicón de José María Cano.

Share