Consideraciones al Caso Videla

1) Hace dieciséis años que las Abuelas de la Plaza de Mayo denunciaron al dictador. Dieciséis años. Hoy Jorge Rafael Videla tiene ochenta y siete años.

2) En Argentina, si te encuentran “responsable penalmente por el secuestro sistemático de neonatos y niños durante el último régimen militar”, te condenan a cincuenta años de prisión. Supongo que tal pena, hace que te pienses dos veces secuestrar sistemáticamente neonatos y niños. Todavía hay trescientos desaparecidos. Fantástico.

3) Parece que en Argentina no tienen reparos a la hora de “remover la Historia”. Aquí somos diferentes. No hablemos ya de juicios, porque todos sabemos que los adictos al régimen se integraron plenamente y con normalidad a la cultura democrática, algunos incluso pasando a la categoría de ministros en diferentes gobiernos, #claroquesí, #todoslosabemos. Pero parece que tendría cierta lógica reclamar el derecho a conocer en qué puta cuneta le pegaron un tiro en la nuca a tu padre. Eso es “remover la Historia” y, cuando utilizamos esa expresión, dejamos implícito que la Historia no debe ser removida, revisada, porque es malo. Caca. Hay que olvidar, y dejarlo estar. En el caso de la Guerra Civil, claro. En otros no.

4) Quienes más tropelías cometen, quienes más susceptibles son de ser juzgados, son los que luego no querrán “remover la Historia”. Jueces y parte. Supongo que a los nazis no les haría gracia Nüremberg porque significaría “remover la Historia”. Supongo que a Videla tampoco le hizo gracia que se le juzgara. En España los reaccionarios cuentan con la ventaja de que pertenecer a la derecha ideológica, implica pertenecer a un todo, a un gran relato, así que quien defiende, por ejemplo, medidas liberales en lo económico, se ve obligado a callar ante quienes no soportan esa enfermedad que tienen los maricones. La derecha es un todo perfecta e interesadamente integrado.

5) El dictador Videla, justificó sus acciones enmarcándolas en la “lucha contra el terrorismo”, dado que las “agentes subversivas” se quedaban embarazadas para “utilizar al feto como escudo humano”. Todas esas justificaciones abominables, en España tendrían apoyos mediáticos, y todos sabemos qué medios serían. Lo defenderían, como entonces en Argentina había quién lo defendía. Gente respetable. También la Iglesia Católica supo y fue cómplice, como en la mayor parte de las dictaduras del mundo, nada nuevo.

6) No olvidemos que a Videla lo puso Estados Unidos. Que Leopoldo Galtieri y Roberto Eduardo Viola, salieron, como tantos hijosdeputa repartidos por Latinoamérica, del Instituto del Hemisfero Occidental para la Cooperación de la Seguridad, conocida como Escuela de las Américas, dependiente del ejército USA. Como ven, el concepto #seguridad siempre presente. Durante décadas el Instituto se ha dedicado a formar militares de elite y dictadores con el objetivo controlar el cono sur. Humala, todavía en Perú, José Manuel Celaya, en Honduras, Alvarado antes en Perú, Pinochet en Chile, Wessin en la República Dominicana, Noriega en Panamá, Banzer en BoliviaEstados Unidos está detrás de todas las dictaduras latinoamericanas del siglo XX, y acumulan crímenes contra la Humanidad que dejan a los nazis como hermanas de la caridad. Hablando de nazis, algunos colaboraron con la Escuela de las Américas. Uno de ellos, Klaus Barbie, encargado, entre otras cosas, de pasar al retiro a Ernesto Che en Bolivia. No olvidemos.

7) Hubo muy pocos que arriesgaran. En 1981 lo hizo el cineasta Costa Gavras, señalando al gobierno norteamericano como impulsor del golpe de Estado de Pinochet y el asesinato de Salvador Allende. Tuvieron que pasar treinta años para que, documentos desclasificados de gobierno norteamericano lo demostraran.

8) La imagen de arriba es Videla con el capitán de Argentina, Daniel Pasarella, en 1978, poco antes de comenzar el Mundial que ganaría sospechosamente la albiceleceste. Hay estrellas que se bordan sucias en las camisetas internacionales, una es esta. La otra fue conquistada por Italia en 1934. Videla aprovechaba el griterío del gol para fusilar en las galerías de los estadios. Tan gráfico.

9) Porque todo queda, en el mundial de Estados Unidos de 1994, Daniel Pasarella, en calidad de seleccionador argentino, reveló que sólo convocaría jugadores con el pelo corto. Así de sencillo. Este pequeño gesto de fascismo, se justificaba diciendo que el pelo largo distrae porque se toca. Siempre hay justificaciones. Fernando Redondo sería el único jugador que renunció al Mundial por semejante majadería. El resto pasaron por el aro: Batistuta, Caniggia, Balbo, Ariel Ortega

10) La memoria. Remover. Olvidar. Las lecciones de moral. Los historiadores. Que me digan quién se libra.

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Asonante

Hay en el barrio un señor tan extraordinariamente gordo que nunca ha podido salir de la calle Embajadores. Suele estar sentado en un banco a la altura del bar La Peña, que es uno de esos garitos a los que sólo el recuerdo les prende el nombre, porque por fuera no se le conoce cartel. En los días más felices, el gordo llega a la plaza de Cascorro, donde aposenta la panza sobre las rodillas, a la luz de un faro. Pero, las más de las veces, anda durmiendo con las fauces al sol, a la altura del número dieciséis, frente a la ferretería. Está tan gordo, que parece que de sus pezones cuelgan dos enanos que, encogidos, se esfuerzan por aparentar ser tan sólo una barriga gigante, apretados contra una niki siempre a punto de estallar. A modo de firma, le cruza la cara una navajazo de nacimiento que le arranca en el labio y le parte la nariz, sobre la que se posan dos lentes de la NASA a las que denominaremos, más por cortesía que por sinceridad, gafas.

Al gordo, al contrario que a La Peña, no se le conoce nombre, por más anillos y sellos que acumule en sus gordas manos, pero la ubicación no falla, porque tiene un radio de acción de doscientos metros arriba y abajo, que pespunta con una muleta de aluminio a cámara superlenta. Y bebe. Alguien de Pozuelo diría que tiene problemas con el alcohol, pero el resto de problemas son tan enormes, que visten la misma talla que su portador, y a mi me parece más justo decir que bebe, y que se pasa el día tirado en un banco y borracho, esperando que una moza le haga balbucear algo que seguro que sale de la cabeza como piropo, pero que expulsa en forma de amenaza de agresión sexual, que es lo único que puede expulsar. Su culo gigante va cubierto por un pantalón gigante, y me pregunto si llevará calzones gigantes. Quiero decir, que igual los fabricantes de pantalones descubrieron que tenían que fabricar una tirada gigante, pero los fabricantes de calzoncillos no han llegado todavía a la misma conclusión. Aunque supongo que cuando tienes dimensiones gigantes, empezarás a darte cuenta por los calzones. Seguro que sus departamentos de marketing reciben una llamada cada vez que un minorista vende una de sus tallas gigantes, y que se miran entre ellos, y se siente útiles para la sociedad.

Como si tuviera raíles y fuera el elevador da Gloria que, en Lisboa comunica Restauradores con San Pedro de Alcántara, el gordo vive en un desplazamiento lento y eterno por el nacimiento de la calle Embajadores y nunca, jamás en los dos años que llevo viviendo por la zona, le he visto en otra calle que no sea esta. Ni siguiera apostado en una esquina, de manera que a un juez imparcial le pudiera dar la sensación de que legalmente se pudiera considerar que estuviera en otra calle. Siempre ha estado inapelablemente en la calle Embajadores. En la misma calle. Y me surge la idea de que nunca ha conocido no otro país, ni otra región u otra ciudad: nunca ha conocido otra calle. El médico le ha atendido in situ, los agentes del orden han acudido con una de esas furgonetas de atestados, a realizarle la documentación allí mismo. Es la muestra -consideraremos- viva, de que en un mundo interconectado, cada vez más global, con unos medios de comunicación baratos, efectivos, y que nos acercan, se puede -consideraremos- vivir conociendo una sola calle. Y conocer gente, porque el gordo conoce gente extraordinaria.

Como en una reunión de superhéroes, pero aplicado al modelo yonki, nuestro Supergordo tiene pandilla con la que se junta cada tarde, en la que destacan el Superhombre que no se puede mantener en vertical, o la Supermujer con las manos hinchadas y negras, y todos disfrutan de infinitas provisiones de poción mágica en latas de medio litro. Digamos que no es el entorno ideal para que crezca el hijo de ella, pero digamos que la historia nos debía un punto en el que acelera y nos agarra por el cuello, y este es. Ese niño. Cómo crece. La gente pasando a su lado, viéndole en ese cónclave de superhéroes, sabiendo que ha nacido con una cruz de la que difícilmente se librará. Probablemente no acceda al bachillerato de excelencia. Probablemente ver esa escena cada tarde no sea lo mejor de este barrio, pero este barrio no se podría explicar sin escenas así, sin dosis de realidad hipertrofiada. El señor extraordinariamente gordo y su indiscutible habilidad para estar, y su insoportable gravedad del ser, son parte de la realidad. Son carne de canción para que Lichis les ponga música, porque los antihéroes sólo molan en las canciones de Lichis. Así sonaría esa historia en un brunch de modernos hijos de publicistas en Pozuelo, donde creerán que todo eso es una divertida ficción que sólo buscaba ser rimada.

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Derecho a celebrar

Son días en los que toca leer y escuchar cómo algunos están de celebraciones, y otros andan de enfados varios. Los unos salen a la calle, explotando de alegría con las caras pintadas ante el nuevo éxito de la selección. Los otros, refunfuñan ojipláticos, viendo las muestras de alegría en un escenario que da para todo, excepto para la felicidad o la reivindicación nacional. Entre ambos un problema de esfuerzo en comprenderse, que se salva con tópicos como “dejadnos que seamos felices, aunque sea noventa minutos“, o “cómo podéis celebrar nada, con la que está cayendo“.

Verán ustedes, es evidente que vivimos de pie sobre un vertedero, atracados por políticos corruptos, mafiosos de las finanzas, instituciones vacías de legitimidad, y rodeados de ciudadanos ignorantes y egoístas, que parece aceptan sin límites cualquier tipo de imposición, incrustada con fuerza por las herramientas más básicas de control social. Y también es cierto que cualquier aficionado al fútbol reconoce que ni ha visto ni verá un espectáculo semejante al que nos ofrece la selección de Vicente del Bosque. La pregunta es si este país de mierda, bochornoso, ignorante y cainita, tiene derecho o no a celebrar algo. Si es positivo o no, festejar el circo cuando falta el pan.

Hay teorías que incluso justifican el exceso en la fiesta, basándose en que el sufrimiento que la sociedad viene acumulando desde el comienzo de la crisis, ha de salir por algún lado, y los triunfos de la selección parecen la perfecta vía de escape. Estas teorías carecen de sentido si imaginamos las celebraciones cada vez que un club gana la Champions. O la Liga. O la Copa. O la Supercopa. O permanece en Primera. O asciente de categoría, o está a punto de descender administrativamente, o cambian de estadio, o se va una de sus estrellas, o… Las movilizaciones masivas por acontecimientos deportivos, principalmente el fútbol, son un clásico de nuestro tiempo, que se da cualquier país del mundo con cualquier deporte popular. Aunque no hubiera crisis, la gente saldría igual. ¿Por qué para algunos, entonces, resulta molesto?

Supongo que debe dar rabia abrir los periódicos y que las calles no estén tomadas cada tarde. Zapatero, Rajoy, Rato, Cospedal, Aguirre, Chaves, Dívar, Bankia, Caixa Nova, Gürtel, Malaya, espionajes, indultos, elefantes, convertibles, recortes, copago, privatizaciones, subidas de luz, gas, agua, monopolios privados, exministros consejeros, impuestos, recapitalizaciones, corrupción, falta de representación, descrédito, desahucios… Es cierto, a la izquierda le saca de quicio que un gol de Silva, o un pase de Xavi, tengan mayor capacidad de movilización que un recorte en la educación, o la privatización del sistema sanitario. Y quienes reprochan a sus conciudadanos que no disfruten de las celebraciones, no pueden dejar de ver un punto de irresponsabilidad en la alegría. Da la sensación de que el fútbol supone un paréntesis de noventa minutos sobre nuestra miseria, pero es eso: una sensación. No es real. Y esto no significa nada, se puede ser feliz con cosas que no son reales, con ilusiones. La muestra más evidente es que la gente es feliz con su condición imaginaria de ciudadano libre, que tampoco existe en la realidad.

Ahora bien, preguntémonos por qué para reivindicar un derecho básico hay que pedir permiso a la Delegación del Gobierno, o atenernos a las consecuencias policiales, y para salir a berrear que somos españoles, no. No es casual. Preguntémonos por qué ayer no vimos a los cuerpos y fuerzas pidiendo documentaciones al personal. Preguntémonos también por qué los medios de comunicación andan a hostias para acordar una cifra de manifestantes, y en este tipo de concentraciones todo son acuerdos en cifras históricas. De repente los sistemas de recuento de personas en espacios públicos, disonantes durante las campañas mediáticas, concuerdan en género y número a una y otra acera. No es casual. De repente todos los poderes públicos se suman a la fiesta, todos los que nos saquean 364 días, se visten de “la roja” uno. Pertenecen al pueblo, nos representan. No es casual. De repente las portadas de los diarios se emborrachan de patria mientras los mercados siguen haciendo su trabajo, pacientes. Nada de eso es casual. Pero, ante todo, preguntémonos por qué te movilizas tú, que no lo haces para la defensa de un derecho básico. No me vean como un tipo aburrido -que por otro lado soy-, me encanta que la gente sea feliz y celebro cosas, no se crean. Me gusta ver al personal reivindicando las calles que son suyas, con el motivo que sea. Pero lo que no me gusta es que esta celebración no es casual.

Defender las celebraciones -de cuyos costes, por cierto, no se habla- significa, en este caso, defender la anestesia, y habrá quien lo haga. Es un pedo de tequila colectivo, es un gritar para olvidar que nos hundimos, es la esperanza en la ficción. Y todo el mundo está en su derecho de pillarse un pedo de tequila, gritar para olvidar, o tenerle fe a las ficciones, claro que sí. Ahora recuerden sus BUP y COU, y díganme si estudiaron ustedes en Historia de España del Siglo XX a la selección de DiStéfano, Suárez, Gento… ¿Qué creen que pondrá de relieve el paso del tiempo sobre nuestra contemporaneidad?, ¿Creen que se estudiará al equipo de Casillas o al fin del Estado del Bienestar? Dirán ustedes, como siempre, que ante las vicisitudes políticas no se sienten partícipes porque “no podemos hacer nada“… ¿Es que “hemos hecho algo” para conquistar la Eurocopa?, ¿Ha cortado usted un balón, ha parado su vecina un penalti?

Ahora mírese en el espejo. Mírese un buen rato. Sin hacerse muecas ni observar cómo le queda la camiseta de Zara. Mírese a lo ojos. Un rato. ¿No es cierto que usted se mueve por su propio interés?, ¿No es cierto que construye argumentos tramposos para autojustificar sus actos?, ¿No es cierto que sus actos, en este caso, van encaminados a no “complicarse la vida”?, ¿No es cierto que no quiere pensar en su responsabilidad histórica, y que prefiere vivir cómodamente instalado en el “no se puede hacer nada“?, ¿No es cierto que se crió usted en la educación del “hijo mío, no te marques”?, ¿No es cierto que las respuestas son insoportables, y que invitan a la anestesia? Responda, pero no en alto. Hágalo con sinceridad. Hágalo para usted. Y la próxima vez que nos veamos, no me diga que si no tiene derecho a celebrar. Pues claro que sí. Tiene usted todo el derecho del mundo.

PD: Ahora que son días de vino y rosas, momentos de hitos míticos, me gustaría recordar aquella polémica de 2007, un año antes de que todos estos fueran héroes. Eran Xavi y Puyol. La polémica es que eran catalanes, y que ocultaban la bandera nacional de sus medias. Aquí lo cuenta Marca. Aquí lo hace Libertad Digital. La COPE había empezado la campaña. Hoy Xavi y Puyol, otrora antipatriotas, son dioses, héroes de la patria balompédica. La pregunta es si este país de mierda, bochornoso, ignorante y cainita, tiene derecho o no a celebrar algo.

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El Decamerón

1. La selección ofreció su mejor versión en la final y, para eso, hay que llegar antes a la final. Ahí está el mérito. Ahora dará todo igual. Como en el Mundial, en el que tampoco fueron brillantes, con el tiempo las narraciones adornan, y nos quedará este sabor excelso, que se extenderá por todo el campeonato. Cien de cada cien aficionados al fútbol elegirían ganar así, con la sinfónica del juego perfecto tocando para ellos como si fuera su último gran concierto de la historia del fútbol. Lo de ayer fue algo inolvidable.

2. Conviene no olvidar que en la sombra de la foto estaba la Italia más afortunadamente desconocida de los últimos tiempos. Su propuesta recibió un castigo enorme. Desde lejos se oye el chirriar de su catenaccio, siempre pidiendo ser reivindicado, pero ni caso Prandelli. A lo tuyo. A cuidar la pelota, a ganar los espacios. Es una revolución contracultural. Y nadie dijo que fuera fácil.

3. La sinceridad trascendente es una especie en peligro de extinción, y Xavi la cultiva fuera del campo, como rinde culto al engaño dentro. No se sentía importante hasta ayer, y todo lo dijo. Sirvió dos goles, volvió a pinchar en medio y a abrir el compás. Desde 1999 ganando. Harto de ganar. Asociado con Casillas en la empresa de crear un palmarés demencial. Consiguiéndolo.

4. Del Bosque. A mi nadie me va a convencer para ser magnánimo con sus errores, o para olvidar que es más difícil crear la máquina más perfecta, que mantenerla. Pero ayer pudo contestar a la prensa con mayúsculas, Y NO LO HIZO. Cuando perteneces a la nobleza puedes hacerlo por cuna, o porque los nobles te admiten entre ellos y, para eso, tienes que saber perder pero, sobretodo, tienes que saber ganar. Anoche Vicente podía haber sido tan oportunista como sus fieles seguidores y no lo fue. Fue un señor. Otra vez.

5. La selección, interpretando su papel de #mitoenvida, se plantó ayer en la final de una Eurocopa, que es una cosa muy seria, y se puso a hacerle rondos al mejor equipo del campeonato. Eso no debería olvidarse nunca.

6. Tenemos la suerte de haber visto a Iniesta bajar de su planeta con cierta asiduidad. El centro del campo de España es un lugar tan precioso que hace que Andrés haya querido bajar a jugar. ¿Está Andrés? Sí, baja. Y aterriza, mete su platillo volante en un parking, saca el billete, y se introduce en el vestuario con normalidad. Destroza a la defensa de la peor calaña, le sustituyen, se sienta en el suelo, mira al horizonte, bebe agua, se pone el chaleco de la UEFA. Como si estuviera en su planeta. Perfectamente adaptado a las condiciones atmosféricas terrícolas. Ganando.

7. Criticar no es malo. La victoria no arrasa con todo. El campeonato no ha tenido un nivel gigante, ni la selección ha sido reconocible hasta #lafinal. Todos lo sabemos. No es una cuestión de resultado, ayer podrían haber ganado sólo por un gol, pero ayer si encontraron el veneno en los últimos pases. Había. No lo habían retirado de la lista de la Seguridad Social, todavía. Esa mala fe en el fin de las jugadas es lo que se echaba de menos. Que no nos hagan comulgar con el mito, que no confundan realidad con deseo.

8. La entrevista.

9. La realización televisiva ha sido tercermundista. El colofón final fue el la desdichada borrachera de planos indignos en la recepción de la copa. Un buen trabajo de final de curso del módulo de imagen y sonido del Instituto de Kiev. Un seis, sacarían los chavales. Una Euro de repeticiones a destiempo, finales de partidos abortados por los compromisos publicitarios. En España nos quedaremos con las carboneradas, sin caer en que el problema está en el cisma del periodismo, iceberg del que ella es sólo punta. También olvidaremos pronto el eslogan asqueroso, y el experimento infausto de los dos narradores, o los relamidos comentarios de Morientes, que se ha leído a Paulo Coelho, y nos quiere meter, en cada retransmisión, las palabras nuevas que ha aprendido.

10. La gente en la calle. Los ojitos de Sara a Mariano. La lisonja al príncipe. La apología de la anestesia. Avergüenza un poco el pueblo, siempre dispuesto para lo intrascendente. Con el “hijo, no te marques“, siempre hasta el tuétano. La gente espera tener motivos oficiales y políticamente correctos para salir. Motivos que celebren la falta de contenido y de compromiso. Motivos consensuados, con los que se quede bien saliendo a la calle. Mientras tanto el atraco sigue, con una sociedad anestesiada, desactivada, irreflexiva, en casa. No estaba mal salir anoche, está mal no haber salido todas las anteriores. La náusea.

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