Subliminal, liminal y superliminal

Hace tiempo que la ética está apolillándose en el armario. Hace ya que Matías Prats aprovechó la credibilidad ganada por el marco en que desempeña su trabajo, para rentabilizar su imagen personal y, como si se tratara de un deportista, o cantante, empezó a pasar por la caja publicitaria, sin que el telespectador variara un ápice la percepción de su independencia profesional. Hace tiempo que la publicidad se mezcla con la realidad en los acontecimientos deportivos gracias a los juegos de postproducción. Hace tiempo que se patrocinan espacios informativos -se ha empezado con la información meteorológica y la deportiva-, sin siquiera variar el contexto, señalando solo con un minúsculo texto en la parte superior de la pantalla, en un color poco destacado, que indica “publicidad“.

Ayer el diario en ruina El País, en su edición digital, fue un paso más allá. elpais.com, desde hace un tiempo, cuenta con un recurso para llamar la atención del lector. Se trata de un distintivo que dota de relevancia a una noticia. Un texto que reza “urgente” sobre rojo intermitente y que, bajo mi punto de vista, ha perdido valor de tanto usarlo. Lo pueden ver en la imagen:

Ayer elpais.com fue un paso más allá con la integración de la publicidad en su portada. Curiosamente en el mismo lugar, con el mismo color. Miren la imagen de abajo. Es una forma como otra cualquiera de llamar la atención. Es una forma como otra cualquier de enterrar cualquier atisbo de credibilidad. Si es que le quedaba.

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El control

En Estados Unidos viven 300 millones de personas. Todo ciudadano tiene derecho al voto, pero no todos lo ejercen. Para poder votar debes ser mayor de 18 años, lo que reduce la población capacitada para votar al 75% de la población total, es decir, 225 millones de personas. Además, debes registrarte previamente como votante, acto que realiza el 70% de la población capacitada para votar, lo que deja el dato en 157´5 millones de votantes. De éstos, las elecciones presidenciales movilizan apenas a un 50% del electorado como media, 78´75 millones de norteamericanos, nivel de participación que sitúa a la nación exportadora de la democracia por debajo de la participación media en países como Estonia, India, Bulgaria, Rumanía o la República Checa. Esto significa que en Estados Unidos, nación de 300 millones de habitantes, gobierna un presidente elegido por unos 40 millones de votantes, esto es, no llega al 14% de la población total del país, que viene a representar el 0´5% de la población mundial. Sigan hablando de Venezuela. La realidad no parece algo tan difícil de inventar. Hay que convencer a pocos.

 

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Palco VIP

Cuando observo las maniobras de la gente con pasta por seguir manteniéndola, tengo la sensación de estar viendo al personal pelearse por un lugar en el palco VIP desde el que poder ver cómo todo se va al garete. La pugna por el puesto de honor está en la génesis culpable de la decadencia, pero ellos -los culpables, que los hay- han generado tantas historias que lo justifican, las han apuntalado tanto, han aniquilado las historias paralelas de tal manera, que ya es demasiado tarde para la salvación, y sólo nos queda seguir gritando para no oír la sentencia que nos condena.

La captación por parte de una bebida energética del nicho que, por falta de financiación, abandonó la NASA hace unos años, es el ejemplo último más gráfico de la intromisión ideológica -de marca en este caso- en cuestiones que siempre nos vendieron como ciencia. A nadie escapa que la carrera espacial canalizó la lucha entre Oriente y Occidente. De forma pacífica, dirán. Desde que apareció la bomba atómica y ambos lados la tuvieron, la paz estuvo con nosotros, y con nuestro espíritu, añado. El darwinismo, una teoría, por suerte cada vez más discutida -no sólo por los zumbados creacionistas-, justificó la inmovilidad social victoriana, y vino patrocina también por intereses económicos. Del darwinismo derivaron teorías tan interesantes como el actual capitalismo salvaje y estúpido, y el pretérito y simpático nazismo.

No voy a contar nada de la industria farmacéutica que no se pueda ver googleando mínimamente. El reto para próximos post es encontrar palabras que tengan más emes que “mínimamente”. Estamos en mitad de todo eso, y ya casi no quedan cosas en las que creer, lo que parece peligroso, de no ser porque la postmodernidad demostró que se puede vivir sin creer en nada, aunque creer en nada sea ya creer en ese algo que es la nada, porque la nada es. Y hoy en día la nada es una tangible mayoría absoluta.

Mientras gana la nada, nosotros deambulamos vertebrados por quehaceres de mayor o menor enjundia, pagando más por el Metro, por la comida, por la luz o por el agua, aturdidos, cayendo en la defensa de las historias que desde los medios nos proponen. Los medios no sólo son la tele, la radio, los periódicos en internet. Los medios son esos cientos de miles de mensajes que nos ametrallan cada día desde cualquier rincón, que nos dicen lo que es bueno, y que desde hace mucho, nos hicieron romper con lo esencial: saber que la felicidad no está en el palco VIP.

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Periodigno

Supongo que habrán echado de menos un posteo sobre Juan Luis Cebrián, presidente ejecutivo del Grupo Prisa, quintaesencia del hijoputismo ilustrado, y nuevo icono de la desgracia, de la crisis y, como podría titular cualquier reportaje chufla de El País Semanal, ese fantasma llamado paro. Cuando los periodista de El País ponen a Cebrián a caer de un burro, también olvidan que él creó el diario, ojo. En el periodo que va de 2008 a 2012 la cotización del Grupo Prisa ha pasado de unos diez euros por acción a unos cuarenta céntimos. Para que nos entendamos, el contexto económico es complicadete, y la empresa ha sentido las consecuencias de sus políticas mesiánicas en Latinoamérica.

A mi, ahora mismo, me da exactamente igual Cebrián, porque Cebrián somos casi todos. Rajaba esta semana Maruja Torres, muy de la cuerda Prisa, sobre el directivo que ha logrado que El País viva inmerso en un ERE eterno “Es rencoroso y pijo, pero un pijo sin conciencia“, como si abundara el pijo concienciado, o si las clases bajas tuvieran conciencia en su gran mayoría. Apostilla Maruja que CebriánQuería ser un tiburón de Wall Street pero era una sardinita que todo lo hizo mal. Se pulió las ganancias del trabajo de todos nosotros e(…). Cebrián era un quiero y no puedo, un cateto” Insisto en que veo reflejo de la descripción en nuestra sociedad y por doquier.

Uno puede abrir el Diez Minutos, y encontrarse con la boda de la hija de Cebrián y, en ese momento, se da cuenta de que está trabajando como directora de Cine de TVE, el ente público, ni más ni menos, ni menos ni más. Y no me gustaría malpensar, seguro que la muchacha vale un potosí. Eva se levanta cada mes 13.452,14 euros brutos (8.400 limpios). Cuando Javier Pons era director de TVE tuvo a bien ficharla. Cuando Javier Pons cayó en desgracia en TVE, Juan Luis Cebrián tuvo a bien nombrarlo director de Prisa Radio. Cerrando el círculo, para que nos hagamos una idea del estado del “cine español” en TVE, Eva había sido, antes de entrar en el ente, manager de David Bisbal. Qué tal.

Pero ¿Quién no enchufaría a su hija?, ¿Quién no pagaría un favor?, ¿Quién no medraría?, ¿Quién no mentiría por salvaguardar una posición social o económica? Dice Maruja TorresCierto que hay mucha gente dando codazos y haciendo putadas para trepar, pero al final lo consiguen porque pese a que hay muchos se trata sólo de ir haciendo putadas e ir subiendo. En un mundo justo no sería así, pero la justicia hace tiempo que no está por las redacciones” Pues eso Maruja, que el enemigo lleva muchos años en casa.

PD: Siguientes capítulos en la vida de Belén Esteban: nueva operación estética, más deforme, otra más, monstruo total, muerte por sobredosis, internamiento de Jorge Javier en centro psiquiátrico por trastornos debidos a su sentimiento de culpa, suicidio de Jorge Javier.

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Los protagonistas

Si miramos a nuestro alrededor podremos encontrar cientos de casos de personas, o colectivos, que viven felices y vertebrados en torno al autoengaño. Quizá nosotros estemos inmersos en una de esas seducciones mentirosas, que defendemos a capa y espada, excepto en ese momento, esos minutos, ese instante, en el que estamos solos con nosotros mismos, solos de verdad, y decidimos abandonarnos a la honestidad. Hay quien vive sin alcanzar ese punto toda su puta vida, hay quien, tras años de ficción, se reúne consigo mismo tarde, y no asume las consecuencias de la realidad. La realidad existe, y es variable y tiene matices en la percepción, y no es una única cosa-aunque se podría discutir durante años-, pero convenciones hay, leyes naturales hay, consensos sobre actos y entidades hay, construcciones filosóficas, semánticas, etc. hay. Premisas que nos permiten pensar que hay una realidad que existe o, por lo menos, que quizá sea la convención general básica a la hora de pensar-nos.

Párense a observar sus cercanías. Denle una vuelta a las cosas. Piensen en todos esos conocidos suyos que son de acero, creyentes en el dogma de fe de sus decisiones, para ellos siempre acertadas, voluntarias y meditadamente alineadas con “el bien”. Puede ser la familia perfecta de la Moraleja, o la pareja liberal punki de Villaverde, siempre seguros y convencidos de lo que hacen, Piensen también en los menos reflexivos, que actúan por lo que consideran impulsos involuntarios que, con perspectiva son claramente identificables en patrones precocinados. No es que estemos programados, pero sí se emplean con nosotros todo tipo de técnicas psicológicas y sociológicas para condicionar nuestra felicidad y seguridad, casi siempre por la vía del consumo. Y vayamos más allá de lo crematístico del autoengaño.

Autoengañarnos, pensar que actuamos bien, basar las razones en que somos protagonistas de nuestra propia película y que, como protagonistas somos los buenos y al final ganaremos, es verdaderamente estúpido. El egoísmo y la autoindulgencia son un cáncer social. Todos somos Cristiano Ronaldo y nuestra mente es Marca. Todos nos creemos merecedores del balón de oro y, de no ser así, es por una extraña conspiración del mundo en nuestra contra. Buscamos cualquier tipo de distracción con tal de no mirarnos dentro. Tenemos la casa llena de espejos mentirosos, en los que nos vemos más altos y guapos. Nos han acribillado con el “si no me lo creo yo…“, y nos lo hemos creído hasta que hemos perdido el contacto con la realidad.

Hay problemas que existen, se pueden localizar, señalar, rodear con cinta policial y actuar para intentar que se solucionen, pero todo eso es imposible porque pasamos al retiro a todo aquel que nos hable de problemas. Los problemas sólo lo son cuando tenemos la percepción de que nos afectan, mientras tanto son anécdotas, subtramas de nuestra película-vida. Que se jodan otros, que protesten otros, que piensen otros. Nos creemos seres autónomos, cortamos las cuerdas que me unen a los otros, y nos lo creemos. Entramos en nuestro dulce engaño. Somos los buenos, ojo.

Las clases políticas, nuestro equipo de fútbol, el cine español, nuestro colectivo profesional, nuestro departamento dentro de nuestra empresa… todos crean el relato autoindulgente de sus vidas. Echen un vistazo a un currículum, al suyo, por ejemplo. Naveguen por ese monumento online a la autoindulgencia que es LinkedIn. Autores de autobiografías borrachos de títulos y puestos de trabajo en inglés, buscando amortizar cualquier rasgo vital. Nadie pone en su currículum “tengo miedo al paro”. Tenemos coach que nos han dicho cómo hemos de actuar, qué se valora. La autoprogramación convencida.

Hemos renunciado a todos nuestros sueños. De hecho es probable que ni los sueños ya sean nuestros. ¿Cómo no vamos a defender la estructura? Al absurdo no se le puede mirar de frente, porque acabaríamos con una camisa encinchada a medida con las mangas ataditas a la espalda. Dejen que justifiquemos y defendamos los absurdos mientras nos sean sean rentables. La rentabilidad parece hoy la única norma filosófica comprensible, manipulable y universal.

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Para cuando penséis que vivís en una civilización superior

Y no comento más.

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La patada de Cantoná

He querido llamar al espacio de esa manera, no por hacer apología de la violencia en el deporte, supongo. Si quieren nos vamos atrás en el tiempo, pero no se me agobien, que el recuerdo es en color. Un gélido 25 de enero de 1995, el estadio Selhurst Park fue testigo de un momento cumbre para la historia de la imagen en el deporte. Eric Cantoná (Marsella, 1966), cuyo comportamiento desde que llegó a la Premier League inglesa había sido tan polémico como el de cualquier otro jugador polémico, respondió a los insultos racistas de un espectador con un gesto más propio de un videojuego que de un estadio de fútbol: una patada voladora clavando los tacos de su bota en el pecho del aficionado.

Los nueve meses de sanción impuestos por la Premier fueron una de las mayores promociones para la liga inglesa, que tras el desastre de Heysel (Bruselas, 1985), y el de Hillsborough (Sheffield, 1989), que la habían hundido al tercer mundo futbolístico, comenzaba a transmitir un aire de profesionalidad sobre el que construir el sólido imperio económico que ahora nos venden (dos magnates en Chelsea y City, un trabajo de cantera en el Arsenal y los relevos del eterno Ferguson en el United). Los patrocinadores no sólo comenzaron a acercarse a la liga refundada en el 92, sino que Nike convirtió los nueve meses de inhabilitación de Cantoná en un gigantesco spot con la duración de un embarazo.

La patada de Cantoná resultó un punto de inflexión sin precedentes: para el delantero francés supuso su encumbramiento mediático, por si sus entorchados con Leeds primero y United luego fueran poco; para la Premier League una campaña de publicidad que abrió las puertas de las relaciones comerciales con los brutales mercados que suponían sus excolonias –principalmente China-; y para el fútbol la demostración de que del deporte podían trascender iconos más allá de estupendos goles o magníficas paradas.

Esta columna es, en concreto, la fracción de tiempo que transcurre entre el comienzo de la acción física de la patada, y el momento en que damos crédito a lo que va a suceder. Es el lapso de tiempo que transcurre entre que ocurre lo inesperado, y la capacidad para asumirlo, por tanto, para aniquilar la sorpresa. Esta columna es la breve esperanza de que el deporte es algo más que un mundo mercantil y pervertido. Lo que dure.

 **Desde la semana pasada vuelvo a colaborar con el recomendabilísimo esedosuno hablando de deporte.
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