Iván Off

“To die your whole life. Despite the morbidity, I can’t think of a better definition of the writing life”

Jeffrey Eugenides hoy en The New Yorker

El rollo de Anton Chéjov era escribir una comedia, y miren ustedes por donde, en diez días se despachó un drama en cuatro actos que, a sus 27 años y ya comido por la tuberculosis, no crean que no tiene su mérito. Por debajo de la historia de la falta de auto aceptación por parte de Ivanov, el protagonista que da nombre a la obra, se entretejen una variedad enorme de pequeñas miserias, tan cotidianas como cristalinas. Es difícil mirar en derredor nuestro y no encontrar motivaciones, comportamientos y actitudes parecidas a las de los personajes de la obra. Era difícil no encontrarlas, pero sí exponerlas debidamente conjuntadas, como si de un taxidermista social se tratase.

Lo de los diez días fue la machada para los escribanos, porque por lo visto a Chéjov no le moló un pelo la puesta en escena, y se dedicaba a decirle al personal que aquello no había salido de su pluma, así que más tarde se esmeró en dejar bien atada la obra para enorgullecerse y que tras su muerte, y con las debidas traducciones, los dramaturgos anglosajones saquearan a su antojo formas y temas de Anton.

Con el Teatro de Cámara Anton Chéjov (San Cosme y San Damián, 3) salvado in extremis por la Universidad de la Rioja, pero más muerto que vivo, desangrado por la falta de ayudas públicas que se van mejor a pagar prejubilaciones de bancos que a, of course, el mundo del teatro y el faranduleo, es en el mismo barrio de Lavapiés donde podemos observar el renacer del arte de contar historias en nuevos formatos, en este caso la exitosa y clandestina propuesta de La Casa de la Portera, un piso en la calle Abades 24 en el que desde hace meses se vienen representando obras de pequeño formato con excepcional éxito de publico.

Ivan-off es el buque insignia con el que se estrenó el pasado 8 de marzo el nuevo espacio escénico. También es la primera obra de teatro de Chéjov, y el reencuentro por mi parte con uno de esos autores que parece que siempre le tiene cogido el puso a la actualidad. Tan es así, que a uno le da la sensación de que forma parte del equipo de guionistas del mundo, y seguramente así será. Igual que para el ruso los estrenos solían ser desastrosos y las puestas en escena complicadas maneras de desvirtuar sus textos, no es así en el espectáculo de La Casa de la Portera, pues pivota sobre el talento de Raúl Tejón, uno de esos nombres que han rellenado un fondo a plazo fijo a base de formar parte del circuito de series televisivas de más o menos éxito, pero que recobra el pulso en lugares menos iluminados pero más brillantes.

Alrededor de Iván orbitan una serie de personajes más o menos matizados, pero suficientemente engrasados como para dejarte llevar por el formato que nace haciéndote sentir parte de la escenografía, transitando de habitación en habitación, junto con los otros diecinueve espectadores. La representación logra un objetivo que debería ser común en el teatro: emocionar, esa cosa tan rara y tan cara hoy en día. Oír el crujir de la madera del suelo, el tictac de un reloj, oler un perfume rancio, o ver un lágrima caer en el suelo, al lado de tu pie. Observar las pequeñas tragedias planteadas, con tiempo y espacio para ganarle al enfoque, con capacidad de decisión sobre tu atención, con la sensación de que tu percepción también construye la obra.

 

 

Share

La papada real

Leo las crónicas que desgranan el magnífico discurso real de anoche, y me embeleso con las interpretaciones de unos y otros. Me llama la atención el mono-tono de las columnas de opinión y análisis, que demuestran que no sólo los políticos viven a mil palmos de la realidad, sino que la prensa habita feliz también en las alturas. Hasta las tabernas más adictas a la tradición monárquica encuentran pocas razones para legitimar a don Juan Carlos. De entre todas las ausencias, me llama poderosamente la atención que nadie haya resaltado el crecimiento imparable de la papada real.

Para demostrar que estoy en lo cierto en cuanto a lo preocupante del crecimiento de esa cascada de carne, de ese secreto porcino, de ese disfraz de pelícano, me gustaría observar la evolución física del monarca, comenzando por el vídeo de su primer discurso navideño, donde tiene unas sentidas palabras hacia nuestro siempre venerable Generalísimo:

El rostro joven, que bien podría haber sido tanteado por las mejores cremas regeneradoras, alisadoras y reafirmantes, como embajador de sus parabienes, se veía fuerte y robusto tras el golpe de estado. En 1981, su majestad lucía una cara popular y reconocible, grabada por la publicidad de las monedas.

La culpa de la crisis, por tanto, no es de la mala gestión, de los recortes, o de la herencia recibida. No son culpables los ciudadanos que pidieron préstamos, ni los especuladores inmobiliarios ni, líbreme Dios, los bancos. La culpa de la crisis es de la pápada real, que ha tomado en control de la jefatura del Estado. Esperemos, por tanto, a que los mercados logren neutralizarla, con la capitalista teoría de la pápada invisible, que todo lo equilibra. Pasen una muy feliz Navidad, y viva Espápada.

Share

La Navidad (y de repente la comida se convirtió en manjar)

El sorteo de la Lotería Nacional suele dar el pistoletazo de salida real a las fiestas navideñas. El premio siempre está repartido, más que nunca, cae en barrios humildes, donde hace mucha falta, y es madrugador caiga a la hora que caiga. El de este año a las 10:07, una hora después de empezar el sorteo. Brutal madrugón las diez de la mañana. Considerar “madrugador” a algo que sucede a las diez y siete de la mañana dice mucho del colectivo periodista. Luego gente brindando en vaso de plástico con sidra El Gaitero, sandeces balbuceadas a cámara, y una pequeña fortuna que se dilapidará en menos que tarden los compañeros periodistas en recogerse, tal vez en un viaje a putas a Benalmádena.

El Gordo llega tras dos o tres meses de bombardeo preventivo. Desde octubre podemos comprar dulces típicos en las grandes superficies comerciales, y la televisión nos abrasa con spots de temática navideña, plagados de emoción barata, con divertidos papás noeles y reyes que son tan magos que no cazan en Botswana. Son momentos críticos en los que el pensamiento único defiende la fortaleza de la verdad, el bien y la belleza, en este caso pasar estas fechas con “los tuyos”. Este año hemos encontrado una especial tendencia por parte de las marcas y las agencias, a sacar tajada emocional a la crisis, como si los bancos fueran unos hijos de mil madres, y el consumismo irracional se fuera de rositas en todo esto.

Mi favoritos son  los spots de colonias, que luego se llamaron perfumes para más tarde ser fragancias. Siempre frase final en francés, que si no parece una paletada, siempre imágenes locas, siempre mensajes soterrados, siempre modelos haciendo gestos raros, como si fuera una perfomance de final de curso en Bellas Artes. Perfecto para impactar en el mismo target que hace un rato, en ese mismo canal, veía Gandía Shore. Los perfumes, como los feos en los garitos a las cinco de la mañana, venden por atolondramiento. ¡Imágenes, sensaciones, pasión, caballo, señor con perilla, chica mordiendo manzana…!, ¡¡Compro!! Es posible que no sea necesario pagarle el anuncio a un fan del costo. Los perfumes son regalos de compromiso, se ponga uno lo lírico que se ponga.

Y llega el turno de la comida y las nomenclaturas. De repente todo se convierte en ibérico. Hasta el corte de mangas que se le hace a la crisis es ibérico  Este año, dado que todo es ibérico y por tanto la etiqueta no vale como diferencial, se introduce el concepto “ibérico puro“, que es algo como muy del PNV. Se entiende que al cerdo se le examina antes de los dolores para comprobar lo a gala que lleva eso de ser íbero. Creo que con el lomo embuchado deberían entregar el certificado de nacimiento, árbol genealógico y escudo heráldico del animal. Cada vez que ustedes se consideren seres inteligentes, recuerden que en los 90, en las superficies comerciales, había unos señores que imprimían sus presuntos escudos heráldicos en un folio que simulaba ser un pergamino, se lo enmarcaban, ustedes le daban diez mil pesetas a cambio, y se iban a casa tan contentos.

Hoy no hay caja de mazapanes que no se convierta en una “cuidada selección de figuritas artesanales de mazapán”, nombre que da a entender que en el templo del siglo XIII en el que unas monjas puras han realizado el mazapán con una ancestral receta también del siglo XIII, una de ellas selecciona los mejores para ti, y los introduce en una caja industrial, tirando el resto de mazapanes que no son perfectos a la basura. En navidad todo es artesanal -excepto el packaging-, todo es selecto, todo es de primera calidad, todo es “extra” o, si me apuran, “supremo”. Por cierto que en el convento, en el siglo XIII, se apareció una monja del futuro que les dijo que no se preocuparan, que se descubriría América y de allí traerían fécula de patata para sustituir a la almendra en su ancestral receta, y así se abarataría el coste de la producción.

Un paquete de dátiles ya no es un puto paquete de dátiles, es un “viaje a un mundo del sabor más exótico con la cuidada selección de dátiles que sólo Sekitos puede ofrecerte”. Y aquí los amigos de Sekitos SL introducen un sabio e inolvidable consejo: “Ideales para tomar solos, o para combinarlos como prefieras”. Flipa con el mundo de posibilidades que una caja de dátiles abre ante nosotros. De repente a los turrones, peladillas, polvorones, mazapanes…, se unen desde hace años los dátiles, pasas o frutas escarchadas, perfectamente encontrables en cualquier establecimiento el resto del año, pero que en Navidad se venden como producto típico. Las galletas de barquillo se convierten en “delicias de turrón”, y te lo cuentan con letra Kunstler Script cursiva, como las tarjetas de los abogados en los años ochenta.

Las pasas de Corinto son ahora selecciones supremas, y el Vicente del Bosque de los Frutos Secos, comparece en rueda de prensa en Corinto, ciudad griega del Peloponeso, para dar la lista de las uvas que formarán pare de la selección que llegará al armario de mi casa. Porque ahí tengo todo: en el armario. Estoy atenazado, me siento incapaz, soy gastronómicamente responsable de lo que pase con esos productos navideños. De vez en cuando abro el armario y me pregunto si soy merecedor de tener tal colección de manjares. Si de verdad soy digno de saborear un poco del más puramente ibérico de los chorizos. No sé quién me creo para pensar que merezco ensuciar con mis dientes un turrón duro con una receta de valor incalculable que ha transmitido secretamente durante años, de generación en generación. Vivo con hambre, preso del pánico, porque soy el único hombre de España que se cree lo que pone el envoltorio de las cosas. O se acaba esto y vuelven los productos industriales de mierda de los que sí soy digno, o me temo que me quedan pocos días de vida.

Felices fiestas y que tengan un día repleto de la mejor selección de horas supremas, con artesanales minutos, y extraordinarios e ibéricos segundos.

Vídeo: Los Cavernas

Share

Doña Paquita

No sé si vivimos en tiempos más convulsos que nuestros antepasados. No creo que un par de Guerras Mundiales fueran fáciles de asimilar. Lo que parece evidente es que ahora tenemos los medios suficientes como para sentir que habitamos en el meollo del derrumbe de una industria detrás de la otra. Nos movemos en medio de las ruinas como peces en el agua, sabiendo que hemos convertido al hombre en el único animal capaz de generar plusvalías en las condiciones más extremas.

Hoy he visto en el Intermedio a una señora que recibe 365 euros de pensión, y paga 80 en medicinas. Doña Paquita tiene 76 años y trabajó toda su vida en negro, limpiando portales. Vive sola, y sus hijos le mandan, de vez en cuando, sobres con 50 euros. Me pregunto cómo seguiremos adelante. No me refiero a las personas que se van quedando al margen, en una cuneta que cada vez es más gigante, visible y dolorosa, sino a nosotros, los que seguimos en el camino. Cuánto aguantarán nuestros estómagos. Cuál será el umbral de resistencia a la miseria ajena, a partir del que nos podríamos dejar de considerar unos hijos de puta, y empezar a considerarnos simplemente suicidas.

El fin del mundo llega tarde. Nos hemos anticipado.

La foto es de Oporto. Hace cinco años había piscinas públicas, hace cinco semanas pude comprobar que se habían convertido en duchas públicas. Yo la tengo, por favor.

Share

Nos dijeron que éramos de Champions

Debe ser un puntazo ver cómo la policía nacional aparca frente a tu casa mientras tienes que decidir si utilizas tu último minuto para guardar dinero en lugares recónditos, o tirar documentos por el retrete. Díaz-Ferrán dejó un pufo de ochocientos millones de dólares en Aerolíneas Argentinas, ciento sesenta millones de euros en Air Comet, y seiscientos millones de euros en Viajes Marsans. Las deudas del expresidente de la CEOE superan con creces el dinero recaudado con la amnistía fiscal a los defraudadores -mil doscientos millones de euros- en la reciente campaña de perdón nacional a los estafadores.

Esta figura de la economía, este emprendedor, fue pieza clave en la negociación de la reforma laboral que ha dado carta blanca a los EREs que se multiplican a lo largo y ancho del territorio nacional. Este figura evadió casi cien millones de dólares en su época de Aerolíneas Argentinas, se llevó a su bolsillo otros cuatro millones en Marsans por unos viajes que dejaron a miles de clientes tirados en los aeropuertos, siendo objeto de condenas por un valor total de cincuenta millones de euros. Menos de la mitad del botín. De haber sacado los cincuenta y cuatro millones restantes, hoy los podría meter en España dejándose cinco coma cuatro en impuestos, y todos tan contentos.

Verán, el mundo de lo racional, el argumento de los valores económicos sobre los políticos, la reducción de todo argumento a que “lo que importa es el resultado”, ofrece varios problemas. El primero de ellos es que en el mundo también contamos con lo irracional, con decisiones políticas, y con personas que creen que el juego bello importa tanto o más que el resultado. El segundo, es que todos esos argumentos son tramposos y chapuceros. Casi siempre nos dicen que manda lo racional -regularizar dinero negro- una vez que se han realizado el acto irracional de obtener ese dinero negro. Siempre nos dicen que la economía prima sobre la política, como si la economía fuera un ente orgánico en el que la mayoría pobre tuviera, por naturaleza, que pagar los desmanes de la minoría rica.

Igual recuerdan el vídeo de un desalmado pegando puñetazos a una inmigrante en el vagón de un tren, ante la inmovilidad del resto de viajeros. Pues esto es una estafa, y nosotros somos sus espectadores. Vemos cada una de las partes que componen un cuadro de injusticia pero, como los viajeros de aquel vagón, consideramos que movernos puede traer problemas. Mientras abandonamos a los enfermos pobres a su suerte, observamos cómo se multiplican las historias de recolección de tapones, cómo aumenta la cifra de parados, cómo se amnistía a las grandes fortunas, cómo se disparan las ventas de productos de lujo, cómo familias enteras se quedan en la calle siendo culpabilizadas por ello, llamándolas vagas e irresponsables, como quien desprecia al viejo juguete con quien pasó grandes momentos. Hay que “trabajar más, y ganar menos” pensaba Díaz-Ferrán mientras escondía bajo una butaca un kilo de oro. Elegimos ser fachada, empezamos por el tejado. Nos dijeron que era lo mejor, que éramos de Champions.

PD: Me pasa Milleiro el vídeo

Share

Vascos y tetas

Unos tíos empiezan a pasarse por whatsapp unas fotos subidas de tono para amenizar una clase de Microeconomía y, un par de días después, Pepe Ribagorda abre Informativos Telecinco enseñando unas mamellas. Es el efecto mariposa aplicado a la vida real, a nuestro mundo y al putrefacto estado de los medios de comunicación. A la hora de evaluar un caso así hemos de tener en cuenta la velocidad de la información, las dificultades para contrastarla, lo rutilantes que son unas buenas tetas a las tres de la tarde, y el premio que siempre han encontrado los bastardos descerebrados en los medios, en forma de ascensos y magníficos proyectos. El resultado es maravilloso.

Fotos eróticas de posibles alumnas de Deusto circulan por el campus” era el titular de Noticias Cuatro. Una maravilla de arranque, nervio periodístico puro, obra de auténticos orfebres de la palabra. Por no hablar del contenido. Una universidad, fotos eróticas -ojo, concepto erótico- circulando por un campus… uooohhh. ¡¡Blas para el rotativo, abrimos con esto!! Tremenda noticia. Ríos de tinta, comparecencia del Defensor del Pueblo que, se entiende, no tiene mucha mayor ocupación, y los bustos parlantes precipitándose al vacío de una noticia de mierda cuya falsedad es solo un detalle sin importancia.

Las voces en off agolpando argumentos absurdos, mezclando palabras como privacidad, WIFI, fotos, alumnas, vulnerabilidad… el argumento da un poco lo mismo, el impacto ya puede crear un pico de audiencia, o mantener el bajón posterior a las entrevistas a vecinos de un maltratador. Era un tipo normal, quién se lo iba a esperar. Que unos universitarios se pasen fotos de putalocura.com, eso es lo extraordinario para Matías y Roberto Arce.

Yo, a lo señora de cincuenta años, casada, de Valladolid, prefiero creer la mentira: esas fotos fueron extraídas maléficamente por el WIFI de la Universidad, y es que las chicas españolas componen una generación de golfas que llevan los móviles petados de fotos en pelotas, para atiborrar a los hormonados surfistas vascos de material pajil.

Llego a la sala de espera de las disculpas. Todavía hay un señor que aguarda a que Matías Prats se excuse por acusar a los palestinos en los minutos que transcurrieron entre el impacto a la primera y el impacto a la segunda torre gemela. Creo que me queda un buen rato, pero no desespero, el futuro del periodismo está en camino: los hijos de Matías, Quique Guasch, Gabilondo y un sinfín de querubines dispuestos a descubrir la verdad.

Como regalo os dejo uno de mis ejemplos favoritos de buena documentación: el episodio de McGiver en el que viaja a Euskadi.

Share

Más cine, por favor

Anoche Un turista entre un millón se llevó el primer premio en la décima Muestra Alcarreña de Cortometrajes. Vaya por delante que un servidor de ustedes es uno de los protagonistas del mismo, por lo que el premio me hace ilusión y me produce alegría por el equipo. El Centro San José se llenó-una vez más-  para ver catorce cortometrajes hechos en Guadalajara, o por gentes de Guadalajara, y pudo disfrutar de una serie de películas exhibidas en un formato aplastante, pero que parece el más dinámico posible: en tandas de cuatro o cinco. Vaya por delante que me pareció lamentable que sólo el presentador de la noche, Isra Calzado, tuviera un recuerdo para reivindicar la reapertura del Teatro Moderno, corazón del Cineclub Alcarreño, y cuyo cierre representa la condena de la cultura ante los desmanes políticos.

Para mi la noche tuvo reencuentros con gente a la que hacía tiempo que no veía, pero con los que me reúno en saraos de esta naturaleza. Son saludos llenos de cariño, nostalgia, y relatos de futuros proyectos en los que todos podríamos encajar. Al final de la noche hablamos de las pelis y, como siempre pasa en el mundo del cine, nos comemos la pollas unos a otros. Los premios se repartieron mediante jurado popular, y el sistema de valoración de las películas era una papeleta con dos votos por papeleta, por aquello de evitar que cada cual vote solo a su propia película.

La exhibición me permitió ver grandes deseadas como La presa número 7 de Luis Moreno, una producción excelente que ha originado una serie de leyendas equiparable al rodaje Apocalypse Now -más de seis años de proyecto-, o Sun, sand, survival, de mis queridos Álvaro Moro y Óscar Cavaller, cuyo primer montaje pude ver hace unos meses, y que supusieron un salto cualitativo abismal con respecto al resto. La primera es una reflexión pretenciosa pero más que interesante, y la segunda un homenaje a la luz, un festival de fotografía catapultado por un par de magníficos actores. Ninguna de las dos supo enganchar con sus historias. Por lo menos a los cuatrocientos del San José.

Los que sí le tienen cogido el punto al público son los chicos de La Quimera En Corto, que recibieron premio por la historia del gato Quentin en Nihilista, de Laura Benito, y también por la excelente pakistaní, de Daniel Ramírez, que cuenta una historia que sabemos de una forma que sabemos y con un final que conocemos, pero como nadie lo había hecho hasta ahora. La Quimera representa el gusto del público y las habilidades para comunicarlo: más ágil, más directo y más publicitario, si quieren, y con todo el recorrido por hacer.

En esa línea de homenaje al entretenimiento encontramos Canapé, de Elvira Ongil, un corto que merece ser regrabado, al nacer muerto por un sonido horrible. Uno de los principales hooligans del cine como herramienta de entrenetimiento en la provincia, Manolo Peco, no podía fallar con su Pequeño Diablo, que ganó con la exhibición en mitad de un festival, en el que también merece mención la delirante Recíclame, por favor, de Antonio Ruiz García, que resultó ser una de las favoritas del público, igual que  la muy atrevida La técnica Schiffer, de Carlos Gómez-Trigo, que nos sorprendió con un requetecorto genital. ¡Gracias!, de Nacho Hidalgo supuso el primer gran punto de una noche que tuvo momentos dramáticos con Eyengui, de Luis David Pedroviejo, con un gran Jesús Chicharro en el papel protagonista, pero con una historia que se podía contar en muchos menos minutos. Chicho se comía los focos también en Te extraño tanto, de Conrado Berlinches, otro clásico de la ciudad, que presentó una historia plana, salvada por las interpretaciones y una gran fotografía.

Tiempo, de Basilio Rodríguez, y Usar y tirar de Marcos Abad, pusieron la nota social más evidente con dos cintas muy diferentes pero con mensajes muy claros. Esperemos que sus directores sigan con ganas de hacer más cosas, porque hacen falta nuevos nombres y un bullir de gente con interés por contar.

Tras el veredicto del jurado ha habido polémica y voces críticas. Hay quien piensa que el premio estaba cantado, dada la popularidad del director, Julián de la Fuente, entre el respetable. Seguro que es así. Es evidente que Sun, sand, and survival y La presa número 7 debieran haberse repartido el premio, o pelearlo con Té Pakistaní, pero el jurado popular vive de historias que les calen, y suele mirar con desprecio los alardes técnicos. Al jurado popular le dan igual los tocamientos de los directores y, probablemente no valore un huevo interpretaciones, iluminaciones, o sonidos impolutos, y creo que es sano asumirlo. Es evidente que la ganadora Un turista entre un millón, no era la mejor, ni probablemente estaba entre las tres mejores películas que pudimos ver -en gran parte por mi floja actuación, que desentona con con el resto del reparto, y por la ausencia de ambientación musical, o la necesidad de un mayor ritmo-, pero seguro que fue la segunda opción de casi todo el mundo.

Julián de la Fuente se llevaría cualquier premio otorgado mediante votación popular, entre otras cosas porque el noventa por ciento de los que nos reunimos allí, empezamos a hacer cine después de que Julián llamara a nuestro teléfono. Porque el cine de Guadalajara no puede entenderse si el voluntarismo, el carisma, el esfuerzo, el sacrificio  y el cariño de Julián, que tuvo el reconocimiento de la Diputación Provincial, del público, y de un servidor. Tal vez para otros años varíe el sistema de elección, y me parecería fenomenal. Llámenme idiota, pero creo que lo importante era que cuatrocientas personas disfrutaran de una de las pocas cosas que todavía nos reconcilian con la humanidad: aplaudir historias, celebrar creaciones.

Share