Canciones para él: “Summertime”

Billie Holiday

Cuenta la leyenda que George Gershwin, huyendo de los vicios musicales causados por su conocimiento intuitivo y buscando formación clásica, intentó ser discípulo de Ígor Stravinski. El maestro le preguntó al norteamericano por la ganancias del año anterior. El joven Gershwin contestó que 200.000 dólares, ante lo que Stranvinski dijo: “Entonces usted debería darme clases a mí”.

Vivió poco, tuvo mucho éxito e hizo lo que quiso. La vida ideal. Treinta y ocho años de oro puro. Un americano en París, música para un puñado de películas, y su ópera Porgy and Bess, de la que sacamos una nana que se llama Summertime, y que versionó mi voz favorita, Billie Holiday. La Holiday da para un blog. Ya tendremos tiempo.

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Canciones para él: “Sunny”

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El día antes de cumplir 45 años, Marvin Gaye recibió como regalo por parte de su padre un par de balas del calibre 38, que entraron por el lado derecho del pecho y le perforaron el albornoz, pero también el pulmón derecho, el corazón, el diafragma, el hígado y parte del intestino. Felicidades. El regalo fue argumento suficiente para apagar una de las mejores voces que ha dado jamás el soul. Tres días mas tarde 10.000 personas abarrotaban el cementerio donde no quiso faltar nadie. Como telón de fondo la ruina económica y el vacío personal. Esas dos balas han matado a Marvin Gaye en cada referencia desde entonces.

Tras contratar a Gaye para tocar la batería en canciones de Martha & The Vandellas o The Miracles, Marvin se había convertido en el embajador Motown por excelencia, pero había reunido todos los ingredientes para un final infeliz, y los había dispuesto cuidadosamente, a la espera de que cualquier casualidad activara el mecanismo. Segundo matrimonio fracasado, exilio en Europa, huyendo de sí mismo, manía persecutoria, paranoia y condena a la soledad, todo patrocinado por cocaína y heroína. Su trágico final, varios intentos de suicidio después, llegó en una época musical muy confusa que acabó con una cierta obsesión por la electrónica y la composición sobre una caja de ritmos Roland de su último disco -el único no Motown-  Midnight love, que es uno de esos discos que suena como dios, pero que transmite regular. Una de sus últimas actuaciones fue cantar el himno nacional en la final de la NBA de 1983.

Marvin Gaye ya había tenido sus más y sus menos con los productores de la Motown con la salida de What´s going on, probablemente el mejor disco de soul que se hará jamás. El disco era tan bueno que no quisieron sacarlo, cosa que sin duda es una vitola, una garantía de calidad. Tras aparecer el What´s going on, los discos deberían haberse empezado a fabricar cuadrados. Pero a los directivos de la Motown, que tanto dinero habían hecho con su sonido cálido, no les hacía gracia hablar de temas políticos en las canciones que producían. Ni del lado complicado de las drogas, ni de la pobreza, ni por supuesto de Vietnam. Los negros divierten, los problemas se quedan en casa.

What´s going on salió en 1971, poco después de que el propio Marvin Gaye hubiera probado suerte en el fútbol americano, con los Detroit Lions, absolutamente desnortado tras la temprana muerte de su compañera Tammi Terrel, con 25 años víctima de un cáncer cerebral. Tammi le había aupado a lo más alto, desde donde se manejaba con soltura. Hay cosas que no se superan. Y es así.

El 22 de noviembre de 1963 un señor acabó con John Fitgerald Kennedy, que por aquel entonces se dedicaba a presidir los Estados Unidos. Ese mismo día, a la salida de un club nocturno en Nashville, moría apuñalado Harold Hebb. Su hermano Bobby, apesadumbrado, imaginó un día mejor mezclando pop con r&b y le salió una de las canciones más versionadas de todos los tiempos: Sunny.  Hubo un día en el que la positividad ante lo adverso y la incapacidad para asumirlo se juntaron y Marvin Gaye versionó Sunny de Bobby Hebb. Esa es la canción que hemos escogido hoy para ti, hijo.

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Canciones para él: “The Universal”

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Yo pensaba que en el año 2.000 todos iríamos en naves espaciales y comeríamos píldoras que contendrían los nutrientes básicos para el ser humano. Que viajaríamos a la Luna como quien se marcha a Torrevieja, y que el teletransporte nos llevaría de Guadalajara a Gijón en un segundo, evitando así los tortuosos viajes de ocho horas en el Renaul 5 blanco, de tapicería naranja, sin aire acondicionado. Pensaba que el futuro era otra cosa más interesante que la mera prolongación del presente, con matices.

Yo pensaba que la universidad era un lugar magnífico al que querrían que fuera para mejorarme a mí y al mundo. Creía que era un lugar lleno de gente inteligente que me pondría pruebas que me harían crecer, como los alumnos en esas películas de artes marciales, que parece que toman apuntes de cada ruido gástrico del maestro. Creía que encontraría un camino, o descubriría una teoría que cambiaría la vida de miles de personas. Pensaba que la universidad era otra cosa más interesante que la mera prolongación del instituto, que a su vez lo fue del colegio, con matices.

Cuando escuchaba esta canción, con mis primeros cascos enchufados a un loro, tumbado en una cama de alambre, mi principal diversión era recopilar grabaciones de la radio en las que siempre se colaban dos palabras de un locutor. Cuando pensaba que de verdad podría ser lo que quisiera, cuando tenía el casillero  a cero, cuando pensaba que Blur eran la mera prolongación de Stereotypes, me sorprendió The Universal.

Lo que para ti es presente para mi fue el futuro. No sé cuándo leerás esto, si es que lo lees, pero a falta de unos meses para presentarte en sociedad, casi todas las cosas que se contaban en la canción que te ponemos hoy, son ya una realidad. La soledad imposible, los satélites en casa. Los diarios personalizados que te dan la razón, el universo libre. Y ese manto de cinismo en todo el tema, esa presencia engolada de la sección de vientos y coros que revienta y se incorpora al pulso de la cuerda. Y Damon Albarn en estado de gracia, como casi siempre, a punto de poner en cuarentena una carrera vacía de la que saltó a tiempo, antes de estrellarse en el éxito. Porque sólo podrás esperar cosas, hijo, de aquellos a quienes les interesa saltar.

 

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Canciones para él: “Gymnopédie No.1″

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Hijo, no te van a poner muchos ejemplos de mujeres que se casan tarde, y que son hijas de madres que no se casan. Y menos de mujeres que se casen dos veces. Y menos, que con cuarenta y cuatro, abandonen a su marido por un chico de veintitrés.”Ahora el amor de su vida es su hijo, Fulanito“, dijeron ayer de una muchacha en uno de esos programas que cincelan nuestra moral, gota a gota, frase a frase. Suzanne Valadón se cepilló a medio Montmarte, y pintó cuadros que lograron darle fama, aunque no sé si el orden debería ser ese. Quizá su obra debiera prevalecer, pero es una mujer, ya sabes.

Tuvo un hijo, Maurice Valadon, al que luego cambiaron el apellido por el de un amante de apetitosa biografía: Miquel Utrillo. Para que te hagas una idea, el ingeniero catalán, corresponsal en París para La Vanguardia, abandonó todo para fracasar montando un espectáculo de sombras chinescas en Estados Unidos. A su amante lo llamó amigo el Impero de la Moral Católica y la Factoría de la Culpa, que extienden su complicidad como una mancha de aceite, igual sobre un camino de tierra, que en el asfalto.

Suzanne volvió loco a Eric Satie, para quien el resto de relaciones fueron una puta mierda. No duró mucho el idilio. En derredor del romance, como si se tratara de pétalos surgidos de manera natural y proporcionada, nacen las introducciones de Satie en el minimalismo, el serialismo, su contacto con el primer dadaísmo, sus proyectos multimedia, y su testamento para la historia de la música en forma de Gimnopedias, de Ogives, y de Gnossiennesa pesar de las cuales se arruinó económicamente, mientras se daba de hostias con Debussy y Ravel cuando, con cuarenta años, decidió entrar en el conservatorio del que le habían echado en su juventud.

Entre medias otra biografía riquísima, y la Gymnopédie No.1, que obsesiona a tu padre, probablemente por un recuerdo con demasiado polvo acumulado encima, y que adora tu madre por la lógica matemática de su armonía. Es la clásica lucha entre lo academicista y la realidad. Como si lo real, por definición académica, no pudiera estar reglado. Como si no fuera etnocéntrico pensar que a finales del XIX, en París, se fabricaba el mundo. Como si fuera normal, hijo, pensar que nunca nos pasará nada. 

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Canciones para él: “Good vibrations”

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Un par de meses antes de que Tara Bown estrellara su deportivo, y la dupla de Liverpool escribiera A day in the life, Lennon y McCartney les habían enviado una carta a Brian Wilson y Mike Love, felicitándoles por su colosal último trabajo. El propio Wilson había exigido que Good Vibrations no estuviera en la alineación inicial del Pet Sounds, decisión que nadie del entorno de los Beach Boys llegaba a comprender. De hecho hacía tiempo que no comprendían casi nada de lo que hacía Wilson, afectado por fuertes crisis nerviosas desde 1964.

La muerte de Charlie es uno de los momentos cumbres en la narrativa de la serie Lost. Es el primer capítulo en el que se emplea un flashforward en lugar de flashbacks, y el momento en que el personaje de Charlie se siente predestinado a apagar el misterioso sistema de bloqueo con el exterior.  La escena arranca con el personaje del músico desfasado entrando en la plataforma El Espejo, e introduciendo la melodía de Good Vibrations, que se utiliza como código en las transmisiones con la misteriosa isla.

Good vibrations se empezó a grabar un 17 de febrero de 1966, y se acabó en septiembre de ese año, tras 90 horas de grabación y 50.000 dólares. Durante la grabación Wilson se acabó comiendo las guitarras y la estructura regular para construir sobre un theremín, un violonchelo, un órgano, una armónica, dos bajos, y una riqueza vocal que representan la vida y el mundo. Horas y horas de grabación en diferentes estudios que acaban ofreciendo un mundo envolvente y cálido por momentos, terrible y casi siniestro en otras ocasiones.

Brian Wilson, sordo del oído derecho y loco como las maracas de Machín, había decidido grabar SMiLE, el gran álbum de su vida, después de escuchar el Rubber Soul de The Beatles. Sería el mejor disco de todos los tiempos. Para ello no dudó en grabar al piano con los pies metidos en un cajón de arena de playa californiana, tirar de chequera, contactar con Phil Spector, o cualquier cosa que se le ocurriera. El talento se acabó derritiendo entre toneladas de LSD y llegó a su límite, emparanoiado por una serie de incendios que asolaron Los Ángeles. Capitol, el sello de los Beach Boys llamaba cada poco para interesarse por el desarrollo de SMiLE y Wilson, que cada vez se sentía más solo, iba quedándose sin argumentos. Un día, en el coche, escuchó Strawberry Fields Forever. Afirmó que ya llegaba tarde, que era eso lo que él quería, y al volver al estudio quemó decenas de cintas del proyecto SMiLE retirándose de la composición durante varias décadas.

En 2004 Brian Wilson aparece de nuevo apoyándose en una formación llamada The Wondermints para grabar SMiLE, volviendo a la primera fila del panorama musical. En 2011 se lanza una caja recopilatoria, The SMiLE Sessions, con material de la grabación original, como por ejemplo 24 pistas de la grabación de Good Vibrations. Si algún día te vas a una isla desierta, hijo, no puedes permitirte no llevarte esta canción.

Y no te pierdas su mejor versión:

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Canciones para él: “A day in the life”

Bilbao

Comeré huevos y lo voy a entender todo. Y lo sé desde hace veinte semanas, que es algo parecido a cinco meses. Cuando te confirman que vas a ser padre lo primero que aprendes es a contar la vida en semanas, que debe ser el principio de ese comprendimiento absoluto al que se llega con la paternidad, o eso me dijeron siempre mis padres. Ahora lo entenderé todo y no podré por mas que rendirme a evidencias que hace poco no me lo parecían tanto. Otros dicen que no voy a dormir, que es algo así como si te compras un Porche y todo el mundo te dice que qué putada, que al principio huele a nuevo. El ser humano nunca deja de sorprenderme y yo a él intento no hacerlo. A poder ser intento no darle ni la hora.

Les voy a contar una de esas ridículas tradiciones privadas que todos tenemos y que esperamos ennoblezca la mano de un biógrafo. Supongo que habrá que pensar en el papel de los biógrafos en tiempos en los que todo sale al aire y nadie tiene interés en profundizar. El caso es que igual que Bárcenas tiene su cita anual con el helioesquí, yo suelo estrenar mis equipos de música con el Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band en sus distintos formatos. Me parece que esos aparatos merecen desvirgar su aguja o su lector en tan insignes grabaciones. Es una especie de pacto tácito en el que le digo al aparato de turno que si se porta bien conmigo, yo le voy a recompensar.

A quien le gusta la música sabe que seleccionar música es crucial en la vida. Le pedí salir a mi primera novia con una cinta en cuya confección invertí dos noches y mis primeras tres canas. Si el ritmo es adecuado, si los mensajes tienen sentido exacto, si le gustará el punk… Ahora el reto es mayor: ¿Cuál seria la primera canción que le pondríais a una persona en el principio de sus tiempos? Algunos estudios dicen que los niños son capaces de recordar hasta el año las melodías que ha escuchado mientras estaba en la barriga de su madre. Y yo quiero tener un hijo, no un rencoroso musical. A través del oído, la música actúa poniendo en marcha resonancias vibratorias que activan millones de células cerebrales. Los que hacen este tipo de estudios, dicen que los que más molan son Vivaldi y Mozart, pero claro, haces un estudio, no tienes ni puta idea de música, quieres quedar bien ante la prensa, y sueltas esa mamonada barroca.

El 18 de diciembre de 1966 Tara Browne, el veinteañero heredero del imperio Guinnes, y amigo de Paul, se mataba en un accidente de coche. Se supone que esa fue la motivación que encontró Lennon para arrancar el tema, pero luego todo fue variando, y Paul metió la parte central a su aire. A day in the life fue la última canción que escribieron juntos Lennon y McCartney, y cierra una de las obras claves en la cultura popular del siglo XX. Posteriormente John hablaría despectivamente de la intervención reverberada de McCartney, pero lo cierto es que las 34 horas invertidas en la grabación del tema -orquesta disfrazada incluida- acabó creando una canción maravillosa e inquietante, con la que hemos querido estrenar el oído del pequeño.

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Equipos que ganen corazones

Le decía a Cuatro Fernando Vázquez antes de jugarse la vida en el campo, que era el momento de hacer historia, pero que al grupo ya lo llevaría siempre en el corazón. El profesor de inglés que se dedicó en las dos últimas décadas a sacar rendimiento a plantillas venidas a menos, y que jamás recibirá medalla por los servicios prestados, incidía en algo que me parece curioso en este moribundo frankenstein llamado Deportivo de la Coruña.

Silvio, Evaldo, Tiago Pinto, André Santos, Nelson Oliveira, Pizzi, Roderick, Bruno Gama y Salomao tienen dos cosas en común: han formado parte de la plantilla del Deportivo de la Coruña esta temporada, y su representante es el mismo: Jorge Mendes. El agente de jugadores, y de ese otro tipo de actores futbolísticos como Mourinho o Cristiano Ronaldo, aprovechó su gran relación con el presidente herculino (y mentor), Augusto Lendoiro, para emplear al Depor como escaparate comercial en España.

Existe una evidente relación entre la bolsa y el fútbol: el riesgo, los resultados, el estado de ánimo, la ansiedad, lo irracional, las cotizaciones, la información. Quien sabe antes pega antes, y quien pega antes gana. Y lo que gana es saber antes. Es complicado entrar en un círculo cerrado, rico e idiota, y Mendes entró con la típica historia de prestidigitador que empezó siendo propietario de videoclubes, y de otros clubes, no deportivos precisamente. La típica historia del que acabó representando a grandes jugadores. Es la narrativa del héroe del garaje que le he escuchado desde Steve Jobs, hasta a mi abuela, quien defiende que el padre de las Koplowitz se dedicaba a barrer cunetas.

Mendes crea el fondo de inversiones deportivas Quality Sports Investment, que asegura rentabilidades mínimas del 10% en inversiones de más de un millón de euros. ¿Cómo consigue rentabilizar las inversiones?, ¿Valen sus representados lo que Mendes pide?, ¿Cómo consigue que grandes clubes paguen 30 millones de euros por laterales mediocres, por ejemplo?, ¿Cómo hacer que un entrenador con sólo un año meritorio bata el récord de salario club tras club? Por todos los medios. Hay pocos mundos tan opacos como el del fútbol y en España el oscurantismo es paradigmático. Pasa con la relación de los clubes con la Seguridad Social, los impagos a sus asalariados, los patrocinios, el dopaje. España es el lugar perfecto, y el Deportivo un equipo en quiebra, gran blanco para servir como vivero.

El Depor de los dos últimos años es un videoclub de Jorge Mendes. Es difícil amar un videoclub. Es difícil encontrar la raíz. Y aún en esas circunstancias aún desnaturalizado el fútbol, Fernando Vázquez ha encontrado hueco en el corazón para un grupo humano, y esta noche hemos visto desmoronarse a un equipo. El equipo existe, pese a lo aleatorio del reclutamiento. Supongo que en todo eso tendrá algo de culpa Valerón, un epicentro de cosas buenas. Volverán a Primera, y cambiarán las leyes, y las relaciones de poder, caerán las estructuras y nacerán otras nuevas, pero seguirá habiendo equipos que ganen corazones.

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