Feliz tupperware

Son una pareja heterosexual, caucásica, de unos treinta. Si fuera policía anotaría todo esto en mi libro de notas. Luego pondría que se encuentran estacionados en doble fila en un Opel Corsa negro al final de la calle cortada Martín de Vargas. Así cada noche. Si fuera policía me encantaría patrullar con Nico, porque estamos ya acostumbrados a hacerlo, nos conocemos bien, y amamos nuestros defectos. Si en una misión las cosas se complicaran sé que mi perra es tan cobarde como yo, por lo que los dos sobreviviríamos. Nico y yo hacemos la ronda entre las 23:15  y las 00:00 todos los días del año, y todos los días nos topamos con el Corsa en Martin de Vargas, con la pareja dentro, pelando la pava.

Como pueden suponer, las especulaciones que he podido construir a lo largo de todo este tiempo van desde que los padres de ella no lo soportan, hasta que el coche tiene un sistema que genera un microclima con una composición del aire distinta a la del planeta Tierra, imprescindible para la supervivencia de ambos. Ayer, aprovechando un parón en la cena, la cabo Nico y yo bajamos a hacer una vigilancia rutinaria y allí estaban. En plena Nochebuena -que a mí me la suda, pero entiendo que a mucha gente no-, a las once de la noche, en el Opel Corsa, comiendo ambos del mismo tupper.

¿Verdaderamente compensa un amor en el que se interponen el freno de mano y la palanca de cambios? Feliz Navidad.

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Recuerdos

Yo digo que el exilio es una decisión que otros tomaron por uno; en cambio, el desexilio, que después de todo es una palabra que yo inventé y tengo derecho a usar, es una decisión individual. Una decisión que uno toma.

Mario Benedetti

Tengo la fábrica de nostalgia a pleno rendimiento. Después de un ERE y refinanciar la deuda, eso sí. Mateo es el break even, su nacimiento ha sido el punto en el que la fábrica ha empezado a dar beneficios.

Recuerdo, más en gris que en sepia, el trasiego Bilbao-Gijón de mis primeros años. La lluvia, el color del hierro incandescente de los pequeños calefactores de los ochenta. Recuerdo el camino del Cantábrico, antes de la autopista, cuando las rectas eran especies en peligro de extinción. Recuerdo ver a mi padre volver el viernes con un camión de juguete, un cuento, o un paraguas de chocolate.

Vivir en tantas ciudades es dejar jirones, descomponer recuerdos. Fabular es el único pegamento. Buscar coherencia con el tiempo, aportar un cierto sentido para clasificar en la memoria. ¿Qué habrá de cierto en mis recuerdos? La vida te construye un camino hacia el final. Como si estuviera escrito. La fiesta racional acaba apagando las luces, no encendiéndolas. La racionalidad no vale nada. ¿Será, por tanto, cierto el camino de vuelta?, ¿Será cierto el desexilio?

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