in mis cosas

Alianza mortal

Seguramente esté cotizando todo el rato para nada, porque cuando yo sea viejo, si es que llego a viejo, que es algo que ahora veo, pero que antes creía que moriría con veintiséis, y lo decía tranquilamente, pues cuando llegue a una cierta edad que bien podrían ser los sesenta y pico, no habrá la jubilación como concepto. Ahora es al revés, ahora la gente se prejubila, es raro el que llega a la edad y llega trabajando, es extraño que la empresa no haya llegado a la conclusión de que sobras, y que tu puesto también. La prejubilación sirve para que te des cuenta de que no sólo sobras en la empresa. Hay quien no se puede rehabilitar, y fuerza procesos de recreación mental como si nada hubiera sucedido, y siguiera teniendo que ser debidamente explotado.

El caso es que estamos cotizando para nada, que es a lo que íbamos, y es una sensación que te puede cohesionar como sociedad más bien poco, tirando a pegamento de barra que es el típico que no cohesiona una mierda. Cuando eres un niño, una de las principales metas en la vida es encontrar un buen pegamento. Un pegamento que pegue. Así el de contacto te parece mágico, y el Superglue increíble, y quieres pegar todo con Superglue para que tus manualidades y otras cosas más raras e interesantes resistan para siempre. Pero el sistema, vía tus profesores, te exige el aburrido pegamento de barra Scotland que no pega, y las tijeras con punta roma que no cortan. Ese es tu instrumental, para que empieces a gestionar la impotencia, para que vayas teniendo un primer contacto con lo que será tu mierda de mundo en el que podrás intentar ser libre, podrás buscar la felicidad, o podrás quedarte, como todos, con esa vida de punta redondeada, indolora, aséptica y light.

Sólo tenemos claro que las cosas light no molan en la comida. Tengo un pequeño problema con las galletas Digestive, que la gente normal come en cantidades de dos, o tres galletas, y que yo me como mínimo seis u ocho. Hay gente normal, con un autocontrol admirable, que come dos galletas, dos galletas de mierda, y dicen que están llenos, y te sitúan en la órbita del faneguismo. Un paquete cada tres días. Ya tuve problemas con las falsas galletas príncipe de Hacendado pero supe salir a tiempo, no sin un esfuerzo en materia de desintoxicación. Hay bombas cotidianas, como las galletas Digestive, que hablan muy a las claras de la condición vil del ser humano. Inventos creados desde el mal.

El Maxibon Cookie. No creo que se le pueda ocurrir a nadie algo más malévolo. ¿Qué estúpido podría detenerse a leer su aporte energético? Porque lo llaman aporte energético. Los redactores de la publicidad son así, y ellos, sentados frente al ordenador todo el día, acumulan sobre el cinturón una capa de aportes energéticos de más, que antes se llamaban barriga. El inventor del Maxibon Cookie, el procurador de esa alianza estratégica hipercalórica, es tan hijodeputa como el creador de la bomba atómica, o como Pedro Ruiz, que es lo más parecido a un creador de bomba atómica sin talento para crearla. Que el consejo regulador de helados y otros productos estacionales, diera luz verde a la fusión entre Maxibon y cookie, habla muy a las claras de la institucionalización de la gula.

¿Quién coño va a llegar a una edad digna de la jubilación con el Maxibon Cookie en el mercado? Es absurdo, y eso el gobierno lo sabe. Los productos de ese tipo, la popularización de la comida precocinada, todo son señales. La comida precocinada, con sus conservantes y sus colorantes, está subvencionada por las políticas neoliberales. Trabajas tantas horas, consumes otras tantas, así que no tienes tiempo para cocinar, pero no te quejas, porque la marca de turno ha pensado en ti, y en tus problemas, y te ofrece comida precocinada y te la mete en una nevera esperando que llegues sin tiempo y la compres. Consumiéndola, ingieres productos que pasan de refilón los controles, tu cuerpo pierde calidad y mueres justo en el umbral en el que dejas de ser rentable. No llegas a jubilarte. Que os jodan.

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  1. Un indicador de la degradación de una sociedad tan válido como cualquier otro es el número de donettes que puedes comprar en un solo paquete.

    Todavía recuerdo los paquetes de 3, dispuestos en horizontal y solo envueltos, sin bandeja de plástico duro. El lote de 6 es quizás el más clásico, con momentos de subida a 7 u 8 cuando lo de las ETTs, los GAL, la guerra en Irak o el recopilatorio doble de Maná.

    Hoy en día lo normal es el paquete de 9, en bandeja dura dividida como en 3 compartimentos. Aunque hay quien afirma haber visto algún paquete de 11. No lo sé. Quiero creer que es mentira.

  2. Prefiero no pensar en ello. Tampoco en ese pack promocional de Donuts. El rollo es que vienen en envases individuales de plástico, pero los unen a otro, de tal manera que es un pack de dos. No contentos con ello, lanzan una megapromo en el que juntan, con un cartón, cuatro packs de dos, en total 8 Donuts en lo que denominan “formato ahorro”.
    Eso significa que puedes disfrutar del acto individualista de comerte un Donut y que el resto de bollos industriales no vea alterada su esencia al permanecer frescos y secos, pero para ello te tienes que comprar ocho. El ahorro es cojonudo.