in mis cosas

¡Antonio, ponte otra!

PTDC0098Son las seis y trentaiocho y aparezco reflejado en el níquel del buzón tal como estoy: borracho. Es jueves por la tarde y voy a inaugurar una nueva disciplina bloggera: sentarme a escupir palabras ebrio, y guardar para darle al botón de “publicar” mañana. Voy a contar lo que se me pasa por la cabeza con cinco orujos en el cuerpo, voy a vomitar letras y a ordenarlas en el suelo. Estoy echando en una bolsa de avión sensaciones susceptibles de ser arrepentidas. Mañana igual me avergüenzo, pero es una promesa, un dar un plus de energía al blog.

Crear algo, y que te paguen por hacerlo, es una sensación tan grande que te explicas que Michael Jackson pidiera doscientas toallas blancas en su habitación. Y creo que hoy hemos dado en el clavo. Vengo de una reunión con los del proyecto y todos tenemos la sensación de haber dado en el clavo. En los últimos años he roto dos contratos indefinidos, he pedido dinero un par de veces o tres, he comido cereales durante todo un fin de semana -desayuno, comida, cena-, he dejado de salir por no tener un clavel, y llevo una semana sin comprar leche, echo agua en el colacao. No es porque no tenga nada de pasta, porque la amiga Visa está para adelantar apuros, pero son pequeños actos de ahorro que me refuerzan mentalmente. Sólo compro leche porque ella la toma con el café los fines de semana. Bueno, pues toda esa miseria de serie B, ha sido para dar en el clavo.

Estamos sudando la camiseta, dejándonos la piel, exprimiendo las neuronas que nos quedan, con el único objetivo de ser independientes. Todos hemos dejado de ver la tele, de escuchar la radio, y de leer los periódicos, porque estamos hartos de ver, oír y leer siempre lo mismo. Nos da igual el discurso, los problemas, la inmovilidad de los sindicatos, la dificultad institucional, nos da igual el cemento, porque lo estamos sudando tanto, que las gotas reblandecen el cemento y lo podremos traspasar.

Voy a darme una ducha, lavarme los dientes, y salir a vender nuestra idea. En la ducha se me pasará el pedo. Así una melopea light siempre se me pasa en la ducha. Al subir por San Francisco el Grande, en lugar de pensar en follar con la mitad de las tías que me he cruzado -bonita actividad mental-, he tenido la sensación de que podría conocer a sus padres. El maldito Pablo me ha estado comiendo la cabeza. Pablo y su racionalismo. Pablo y su Ministerio de Objetividad. Pablo y su habitación en el falansterio de Fourier -que era como el pocero ilustrado-. Pablo y lamadrequeloparió.

Es jueves por la tarde y estoy borracho ¿Y qué? No estoy en una oficina esperando que llegue una nota de Efe para copiarla y poner “redacción”, no sentado mirando youtube y esperando que lleguen las siete para fichar, no tras un micrófono dando cancha a la comunidad autónoma de turno. Llega un mensaje. Hace cinco horas se nos ocurría la idea, hace una salimos tocados de un restaurante, hace treinta segundos tenemos el primer cliente. Si acabo en una oficina será en la nuestra. Con techos altos para el plató, y un ambiente genial. Como me gusta.

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  1. Que te digo yo que tienes madera de “arengador”! Que uno lee este artículo un lunes y se le pasan las penas!
    Mi odiosa empatía es lo que tiene: el pesimismo me mata, pero cuando encuentro a un optimista con energía… Cuenta con mi hacha!

  2. Muchas gracias gente!! Sois seres maravillosos! Dios os bendiga a vosotros y cada rincón de vuestras casas y coches!