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Becarios y cabrones

Ayer en Sol se acercó una chica que, muy amablemente, nos preguntó si nos podía hacer unas preguntas “para la radio“. No pasaba de veintidós años, micrófono sin identificar, presentación con un genérico “para la radio” lo que significa que eres de COPE, o Intereconomía. Empezó preguntando qué hacíamos allí y, torpemente aceleró buscando sangre con las cargas policiales. Que si sabía que a las 22:00 horas había cargas policiales. No las hubo. Ni a las 00:00. Se ha desalojado tranquilamente a las cinco de la mañana. Aún con esas, hay dieciocho detenidos. A la joven becaria le interesaba más otra realidad. La siguiente pregunta era que si se producían cargas, yo seguiría protestando. Querida becaria, para la próxima ahórrate los rodeos y pregúntame si soy un ácrata antisistema, violento comeniños revienta-lunas y acabamos antes. Al marcharse ufana con una entrevista de la que no podría sacar carnaza para sus jefes, le pregunto que de qué radio es. Me contesta, alejándose: “Radio Inter“. La web de Radio Inter define a sus oyentes como “hombres y mujeres de 30 años en adelante, amantes incondicionales de las tertulias“. Fenómeno.

Cuando trabajaba como periodista también buscaba sangre mediante preguntas capciosas, también me gustaba llevar al entrevistado donde me interesaba, pero intentaba hacerlo con políticos, empresarios intocables, y cualquier teórico ejemplo para la sociedad, nunca con la gente de la calle. La gente de la calle no suele tener herramientas para defenderse, los otros sí, de hecho la mayoría viven de la imagen que tú, como medio, les creas. No era por ir de Robin Hood, sólo lo hacía por divertirme. Entre cabrones existían unos códigos que nos separaban de los hijosdeputa. Esa frontera se ha diluido y el hijoputismo campa a sus anchas por las redacciones, amparado en la desaparición de la clase media de periodistas de raza que han pasado a mejor vida. Ya sólo quedan ejércitos de becarios, y los hijosdeputa que les piden carnaza (llámese La Gaceta, o Público, las estructuras son parecidas por dentro). Y así tenemos a las niñas de Radio Inter buscando torpemente hacer sangre, participando en montajes, dejándose llevar por estúpidas órdenes de producción, premiadas por no pensar.

Ayer, pasado el límite prudencial establecido por el Gobierno, en el que indicaba que protestar es un ejercicio democrático hasta que el carruaje se transforma en calabaza a las diez de la noche, Pedro Jota, ese personaje que seguirá hasta el fin de sus días mintiendo para pagar favores a José María Aznar, titulaba que “Los indignados desafían al Gobierno en Sol” por pasar del “toque de queda” dentro de la plaza. Nade tituló en Recoletos que el Gobierno desafía a sus ciudadanos recortando sus derechos, por ejemplo. Ni taparon la boca a Esperanza Aguirre cuando afirmó que no se podía privatizar el espacio público, precisamente ella, que ya privatizó la Sol Galaxy Note, y está en ello con educación, transportes, sanidad, agua, y subiendo. Callaron como putas. Se plegaron a su interés político.

Porque esta mañana lo de La Razón tiene explicaciones. Titulan15M, 15-mentiras, y es normal porque no entienden una puta mierda de todo lo que está pasando, y se retuercen en ese cementerio de actualidad que es el papel, sin comprender nada de lo que ven, escupiendo mierda contra todo aquello que no sea nacionalcatoliscismo (y ojo, que en el catoliscismo de base hay lazos con el 15M para aburrir). Lo que resulta acojonante es lo de La Vanguardia, que dedica una parte residual a lo que sucedió ayer también en Barcelona, y lo de ABC, para quienes ayer, en este país, no pasó absolutamente nada. Credibilidad nula, señores de ABC. Su puto panfleto morirá sepultado, le echarán la culpa al “todo gratis” de internet, y yo lanzaré un puñado de tierra sobre su tumba.

Los gurús también se suman a la estupidez. Ayer Jesús Encinar, que encarna como nadie el mito del emprendedor triunfante que siempre tiene en la lengua una frase para ilustrar un titular o un power point, protestaba en twitter contra los especialistas en protestar, a quienes decía, les debía resultar más fácil la protesta, que trabajar o estudiar. Sólo con esa frase, Encinar se iguala a una portada de La Razón, la de los “agitadores estudiantiles sin estudios“. Es de los de la teoría del “yo no hago huelga, porque estoy mejor trabajando para levantar el país“. Ahora, a este tipo de gente se les lee los fines de semana tuiteando desde restaurantes en los que los bogavantes cotizan a la Seguridad Social más que la media de sus trabajadores. Los fines de semana sí se puede parar. Y en fiestas. Ahí se puede no levantar el país. Les animo, ultraemprendedores de vidas ejemplares, a que prueben la cocaína, en caso de que no lo hayan hecho. El día puede dar mucho más de sí, y con algunos ajustes podrían estar trabajando y emprendiendo sin fin durante años. Mientras los borregos estúpidos, necios y vagos, vamos a parar, de vez en cuando, a pensar, a coger aire, a saber si pedalear a tope todos los días de nuestra vida nos lleva a un sitio mejor, o a un acantilado que han creado ustedes a golpe de becario. Y gracias por los consejos.

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  1. Una anotación: El lenguaje que utilizas, los insultos, la agresividad en el relato, en vez de reforzar tu mensaje, producen el efecto contrario, alejan al lector que ya no esté convencido, de tus planteamientos. Aunque el fondo sea razonable.

    • En determinados lectores, lamentablemente, los insultos y la agresividad de mis textos pueden producir rechazo, y lo siento por esos lectores que se sienten rechazados al leer un texto agresivo. Al final, lo que me queda, es agresividad y búsqueda de lectores locos, como los que buscaba Kerouac, que decía que “Las únicas personas que me agradan son las que están locas: locas por vivir, locas por hablar, locas por ser salvadas.

      • No te creas, no desesperes. Conservar la ecuanimidad, lo que no significa una falsa equidistancia o el todos somos culpables, unos más y otros menos, es un ejercicio mental bueno para nosotros mismos y bueno para el que nos lee. Y el poder de convicción puede ser máximo. Un ejemplo, Primo Levi fue un italiano en un campo de concentración nazi, y en “Si esto es un hombre” narra sus años allí. Lo hace de manera sencilla, contando solamente lo que pasaba, sin insultos, sin edulcorados tampoco, pero sin agresividad completamente merecida contra los nazis. El resultado es de un poder de convicción, y de emoción extraordinario. Quizá un texto agresivo, hiriente, no nos hubiera emocionado y convencido tanto.