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Brotes negros, hilillos verdes

Hoy en día el crecimiento económico se caracteriza como un indicador que está perdiendo en pertinencia, sobre todo para medir el bienestar de un país ya sea a nivel de su bienestar económico o a nivel de su bienestar social.

Clement Joel Morisot, economista.

No deja de tener su gracia ver cómo los políticos se suman a la fiesta de la moda. Hoy la moda no es la Fashion Week, es hablar de recuperación económica, o de una economía que, nos dicen con orgullo, ha tocado fondo. Dicen que no es cosa suya, que no son percepciones, que son los datos. El dato estrella es la mejora de la balanza de pagos, ese número en el que pesan importaciones y exportaciones, y que hoy nos dice que exportamos más de lo que importamos.

Se supone que una victoria de las exportaciones significa que producimos barato, y esto es una ventaja a la hora generar empleo. En una economía como la española, sin capacidad para devaluar su moneda, una mejora en la balanza de pagos en un corto espacio de tiempo es una cuestión de fuerza muscular contra los derechos laborales y el poder adquisitivo de la clase trabajadora. Es decir, es rentable producir en España. Con ese dato macro, resulta complicado saber si resulta más barato coser balones, o investigar contra el cáncer, pero la sensibilidad social huele a lo primero.

Puestos a coser balones, la balanza comercial con Vietnam, por ejemplo, uno de nuestros países favoritos en las etiquetas de nuestras prendas más amadas, resulta negativa. En el último semestre les hemos vendido 21 millones de euros, y ellos nos han colado casi 180 millones. Aún nos queda camino. En nuestro país los niños todavía no trabajan, igual hay que pulir el dato de la balanza por ahí. Soy irónico para mostrar las gigantescas vetas que le quedan a la política en el medio de las decisiones económicas.

Luego, pensando en la balanza, está la fuga de capitales, esa desbandada del dinero de los patriotas que se dan golpes en el pecho de tal o cual bandera, mientras ponen a resguardo su dinero. El pasado años, las zonas de Banca Privada de nuestras grandes entidades parecían una central de emergencias en una emergencia. Uno de los servicios que suelen ofrecer los bancos a sus clientes premium, es sacar grandes cantidades de dinero gratis. El destino preferido era Alemania. En esas operaciones no hay comisiones de servicio. Para una empresa, o para un estado, siempre hay una clase de pagadores y otra de no pagadores: clientes potenciales a los que seducir, y grandes clientes a los que no compensa perder. La sangría de dinero se ha detenido. El resto de la zona Euro parece tan endeble como España y el pánico farlopero, ese miedo por contagio en el que vive la especulación, se ha reducido.  En el primer semestre de 2012 se marcharon 225.123 millones de euros. En junio de este año habían vuelto 39.803 millones.

Es curioso observar cómo se pueden defender en paralelo dos tesis cuanto menos contradictorias: que nos empezamos a recuperar porque la economía va sola, porque esto es cuestión de ciclos y, después de ir mal, a hora irá bien, y que en política sobran políticos y faltan gestores, especialistas en economía. Una misma persona suele decir que es importante poner a un experto en sentarse a ver cómo la economía sube y baja sola.

Lo que resulta evidente, es que en los últimos tiempos se han tomado medidas económicas destinadas a atacar las variables que determinan los grandes números económicos, creyendo algo que es falso: que si la economía va bien, todo irá bien. El presidente Rajoy pivotó sobre esa idea durante todas su campaña y hoy, en cualquier bar español se puede compartir la crítica al presidente de plasma, con la repetición de esa peregrina teoría cual mantra nacional. Hace tiempo que los negocios disociaron su interés del interés general, y ahí deviene la crisis institucional y democrática. La democracia liberal es un concepto cada vez es más insostenible desde la teoría.

En el siguiente gráfico se muestra que los “años buenos” estuvieron caracterizados por un aumento del empleo en paralelo al déficit exterior:

6a00d8341c760153ef019aff2133ac970d-800wiEs una manera de contradecir todo lo anterior. ¿Qué datos emplea la prensa para calibrar el estado de la economía? Los datos que hace públicos el Estado, los que el Gobierno trata y cocina. Hace tiempo, el que fuera cargo de un ministerio, me contaba cómo medían el estado de la economía española, y no era con estos datos macro, era con los kilogramos de basura por habitante, y con los litros de Coca-Cola consumida por habitante, los auténticos brotes negros.

 

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