in mis cosas

Café bombom

La posibilidad de realizar un sueño es lo que hace que la vida sea interesante

Paulo Coelho (exhausto)

Esta tarde he tomado café con Paulo Coelho. Echaba dioses por la boca, porque el Málaga le había jodido la quiniela, pobrecillo. Hubiera tenido una de trece, que tampoco es como para retirarse de su tortuoso trabajo tecla arriba, tecla abajo. Anda un poco desquiciado porque no encuentra cosas que contar. Le he dicho que, tan normal como sospechar que el Mallorca, tarde o temprano, pincharía, es creer que cuando has dedicato tu bibliografía a solucionar la vida de la gente, hay un punto en que se acaba.

La gente es feliz, debería asumirlo, ya les vale con pensar en juncos vacíos y con disfrutar de las puestas de sol y del agua cristalina. Me dijo que el Buen Salvaje, autor de su propio mito, le había metido una querella de las de quitar el hipo, y que Ramoncín y sus esbirros andaban tras él, demandándole por plagio. Paulo no debió saltarse Antropología en la facultad, todo trae consecuencias. Tampoco le consoló que me gustara su nombre, y que le dijera que si hubiera sido futbolista, me hubiera llamado Paulo Sousa, que me parece un nombre genial para un mediocentro.

-Hasta un catalán ha llorado de felicidad- me dijo el escritor, refiriéndose a los ríos de emoción de Pep Guardiola. -Y con la crisis, y con el insoportable peso de las respuestas… ¡Y la gente es feliz, y me citan en el facebook!- se lamentaba sobre el café. No tiene un buen día Paulo, y hay que cogérsela con papel de fumar, porque te salta a la mínima. Cuando, para livianar su desazón, estaba a punto de tirarle los trastos a la chica del Aguardiente (cosa que permití dada su delicada situación psicológica, ya que me la he pedido yo, de siempre), le llegó un sms. Su editor le contaba que un señr d Vigo n ha encontrdo la felizidad tras leer tds tus librs.

El escritor se ha salvado, abandonó el Aguardiente a todo correr -sin pagar- y lanzó sus dedos contra el teclado de su portátil en plena calle. No quiere que vea cómo planea el bestseller que salvará al señor de Vigo. Sabiendo que la felicidad está más cerca, me puse el sombrero y crucé al luto en la puerta de Diagonal. Allí, con Mario, cerré la tumba de letras de Francisco Casavella. Bonita edición, la de su ataúd.

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