DSC_0028

in mis cosas

Canciones para él: “Gymnopédie No.1″

Hijo, no te van a poner muchos ejemplos de mujeres que se casan tarde, y que son hijas de madres que no se casan. Y menos de mujeres que se casen dos veces. Y menos, que con cuarenta y cuatro, abandonen a su marido por un chico de veintitrés.”Ahora el amor de su vida es su hijo, Fulanito“, dijeron ayer de una muchacha en uno de esos programas que cincelan nuestra moral, gota a gota, frase a frase. Suzanne Valadón se cepilló a medio Montmarte, y pintó cuadros que lograron darle fama, aunque no sé si el orden debería ser ese. Quizá su obra debiera prevalecer, pero es una mujer, ya sabes.

Tuvo un hijo, Maurice Valadon, al que luego cambiaron el apellido por el de un amante de apetitosa biografía: Miquel Utrillo. Para que te hagas una idea, el ingeniero catalán, corresponsal en París para La Vanguardia, abandonó todo para fracasar montando un espectáculo de sombras chinescas en Estados Unidos. A su amante lo llamó amigo el Impero de la Moral Católica y la Factoría de la Culpa, que extienden su complicidad como una mancha de aceite, igual sobre un camino de tierra, que en el asfalto.

Suzanne volvió loco a Eric Satie, para quien el resto de relaciones fueron una puta mierda. No duró mucho el idilio. En derredor del romance, como si se tratara de pétalos surgidos de manera natural y proporcionada, nacen las introducciones de Satie en el minimalismo, el serialismo, su contacto con el primer dadaísmo, sus proyectos multimedia, y su testamento para la historia de la música en forma de Gimnopedias, de Ogives, y de Gnossiennesa pesar de las cuales se arruinó económicamente, mientras se daba de hostias con Debussy y Ravel cuando, con cuarenta años, decidió entrar en el conservatorio del que le habían echado en su juventud.

Entre medias otra biografía riquísima, y la Gymnopédie No.1, que obsesiona a tu padre, probablemente por un recuerdo con demasiado polvo acumulado encima, y que adora tu madre por la lógica matemática de su armonía. Es la clásica lucha entre lo academicista y la realidad. Como si lo real, por definición académica, no pudiera estar reglado. Como si no fuera etnocéntrico pensar que a finales del XIX, en París, se fabricaba el mundo. Como si fuera normal, hijo, pensar que nunca nos pasará nada. 

Share

Leave a Reply