in mis cosas

Carta a un emprendedor ideal

Nadie va a restarle mérito. Lo tiene y mucho. Apostó, peleó, arriesgó trabajo mucho, y sacó adelante una startup por la que pocos hubieran dado un duro. Habrá pasado por la travesía no sólo de la falta de ayudas cuando se arranca, sino de la complicación que tiene una empresa en Internet en nuestro país, tan poco dado a los cambios, las novedades, o las nuevas fórmulas de crear industria. El camino ha sido amargo, lo sé, y la recompensa justa.

Dicho esto, tengo la ligera sensación de que, tweet tras tweet va lanzando un mensaje que tiene por objetivo generarnos la idea de que el Estado debería desaparecer paulatinamente, y que todo lo público nos es ajeno en tanto está mangoneado por personajes de dudosa capacidad de gestión, y de pésima pericia política. Esto le lleva a la idea de la necesidad de un estado económicamente liberal. Por completo: sin impuestos ni trabas.

Coincidiendo con algunas de sus ideas, no puedo por menos que enfadarme con algunas críticas suyas a esto que, de alguna u otra manera, hemos dado en denominar Estado de Bienestar. Que no es único y con una sola fórmula, por cierto.  También me gustaría que recapacitara sobre la suerte que ha tenido. No digo que los resultados de su trabajo se deban a la suerte, pero sí que existe una tragedia, consustancial al ser humano, con la que convivimos, y de la que huimos con, por ejemplo, el Estado de Bienestar.

Es evidente que a usted le podía haber dado un itcus, podía haberse tirado de cabeza en una piscina poco profunda, o se le podría haber escapado el coche en una carretera. Podría haber nacido en otro tipo de familia. Busquemos en los barrios menos agradecidos, el número de jóvenes capaces de sacar 200.000, o 300.000 euros para arrancar una idea de entre sus friends and family.

Sobretodo, es una cuestión de responsabilidad social. Cuando usted monta una empresa, la mayoría de sus trabajadores se han formado en la educación pública. Usted mismo. Tiene derecho a que cuiden de su salud, a que le defienda un abogado, a que le ayuden si la cosa con el empleo no va muy bien. Por que hay veces que lo haces bien, y que trabajas, y que cumples con los requisitos para que todo te salga bien pero, inexplicablemente, sale mal. No todos son perfectos, ni podemos ser héroes todos los años de nuestras vidas.

La forma en la que lo público y lo privado se entrelaza en cada empresa es tan complejo, que cortar los hilos puede resultar un poco simple (me enerva la comparación que establece muchas veces entre deuda pública, y las deudas domésticas privadas). La respuesta para resolver los problemas derivados de un sistema de solidaridad social, y de búsqueda de la igualdad de oportunidades, a mi entender, no pasa por eliminarla. No pasa por volver a creer en la visible mano invisible. Hay que hacer más fácil que la gente tenga oportunidades, estoy de acuerdo.

Pero me da la impresión de que los liberales consideran que esos mismos errores humanos que encontramos en lo público, no existieran en lo privado. Esas desviaciones, esa corrupción, esos juicios basados en resultados. Como si al liberalismo lo gobernaran robots. Como si los ejemplos de mangoneos internacionales no fueran suficiente ejemplo. Como si los emprendedores tuvieran que defender la utopía del capitalismo.

Solamente que le echo de menos una visión más rica. Es eso.

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  1. Si estas pensando en quien yo creo, no es tan liberal, o fiero, el emprendedor ese como se pinta en Internet, sera el aplanamiento de discurso de los 140 caracteres.

    Coincido en que la imagen que ofrece de lo liberal es una imagen idealista, pero la verdad es que como “patron” el si cumplía su “parte del trato” tu curras tu ganas, todos los empleados indefinidos, buen ambiente de trabajo, valoración, formación, conciliación, etc. y una confianza en su plantilla fuera de lo común.

    Quizas el problema es que mide el todo por la parte que le toca.