Adiós al culto de palo

Ayer me entero de que Esteban Granero se va al Queens Park Rangers, el divertido y ramplón equipo londinense con nombre de centro comercial, en el que jugara por ejemplo Michael Robinson. Se crea un vacío dentro de mi, porque se nos va el jugador que ha querido encarnar el papel de culto que nadie quería recoger desde las retiradas de Valdano primero y Guardiola después. La prensa siempre habló de él como ese estudiante de psicología con más inquietudes que jugar el domingo y conquistar el reservado del Budha. Hasta que lees una entrevista en serio, como la que le hicieron en Jot Down, y se le ven las costuras. Son cosas que pasan.

El titular ya arranca fuerte: “Los jóvenes en su tiempo libre prefieren Twitter o la play. Yo soy más de leer un libro” . Un tipo de veinticinco años, que habla de los jóvenes como un colectivo al que es ajeno, y que idolatra al libro como tal frente a las redes sociales y la videoconsola. Hay pocas cosas que me hagan meter en el saco de los ignorantes con tanta facilidad, como idolatrar al libro frente a otros medios, sea cual sea el contenido. Como si sólo exisitieran libros buenos por un lado, y alternativas que te idiotizan por el otro.

De la entrevista se deduce que Granero ha vivido en el autoengaño “Llevo tres años aquí, ahora empiezo el cuarto y quiero estar… ¡todos! Creo que hasta ahora he dado un buen rendimiento con el club y creo que puedo dar mucho más“. No está mal si en los años cruciales de tu carrera prefieres la fama y el dinero a jugar, dado que en sus dos últimas campañas ha sido titular en Liga en ocho y siete partidos de Liga, respectivamente. No contó para Mourinho como centrocampista. Tampoco como suplente de los medios, ya que sus 687 minutos en Liga palidecían frente a los1.171 de Lass Diarrá, que fue titular en diecinueve y quince partidos de competición casera en los dos últimos años.

Las autoindulgencia no se aplica sólo a lo deportivo, también a su salto a la educación privada, ya que según dice “Mi primer año en la Complutense fue muy bueno, pero por temas de horarios y según crecía mi carrera futbolística, tuve que cambiar a una universidad privada“. Para Granero tampoco deja de tener justificación la actitud estúpida de su ya exentrenador con la prensa “Estamos un poco indefensos ante la posibilidad de que alguien pueda escribir algo que no sea verdad y pueda perjudicar a un grupo como el nuestro, con unos objetivos importantes, y no nos podemos permitir esa clase de problemas“. Lo defiende al punto que destaca la honestidad de Mourinho, que quizá sea una virtud que ni la propia madre del técnico portugués conocía. De poco te ha servido el peloteo: estás en la calle, Esteban.

Una de las cosas que más llama la atención de la entrevista, es el síndrome de Estocolmo que logra Mou. Hay momentos reveladores como cuando habla del juego del Barcelona y dice “Todo el mundo habla del mejor equipo de la historia y otro equipo le ha ganado por nueve puntos cuando no paran de hablar maravillas de ellos ¡Pues nosotros hemos estado muy por encima en esta Liga!”, como si de un forofo se tratara, como si la coincidencia en destacar el juego azulgrana fuera un complot alejado de la realidad. Su dosis de ignoriancia se incrementa cuando espeta que  “Como madridista no podría jugar en el Barcelona jamás, ni en las mejores condiciones ni por todo el oro del mundo“. En fin.

SIguiendo por la senda de la cultura, afirma que “Gil de Biedma es mi poeta favorito. He hablado mucho de él con amigos, era un gran personaje, la verdad“. Joder cómo serán las quedadas con Esteban. Oye, voy a casa del colega este del Madrid ¿Qué te parece Gil de Biedma?, porque voy a criticarlo un poco, y temo que me rete a un duelo… Oiga Granero, que no hace falta que fabule. Por no hablar de “Miguel Hernández no te puedes creer que escribiera eso en la situación en la que lo escribía. Me cuesta meterme en su pellejo“. Cuando le digan que Kant tenía la espalda como un acordeón y no salía de una espartana rutina de estudio y paseo por su finca todos los días de su vida, va a sufrir el bueno de Granero, obligado a ponerse en el pellejo de sus autores favoritos. El comentario matador es “También me gusta la novela negra. Pero a mí lo que me gustan son los libros buenos” Como Murakami, no te jode. Menudo es Esteban. Para cerrar, decide sacar su mejor golpe, ese que tantos polvos le ha procurado “De Brahms soy muy fan“. Sólo le falta decir que es sensible, y que no le importa llorar en público, aunque yo ahí hubiera demostrado mis dotes para el ripio con un “de Brahms soy muy fans“.

Conformista, rey del postureo y de gustos ramplones, el centrocampista de Pozuelo acaba de matarme con: “¿Hasta dónde tengo que bajar para pensar que un equipo es mi tope? No lo sé, no sé si en un equipo de segundo nivel” Pues mira, Esteban, de momento al Queens Park Rangers, pero se irá viendo. Mucha suerte, culto, alto, yeyé.

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Ambición

Como dijo el presidente del Athletic, Josu Urrutia, el verdadero fracaso que se esconde tras el “caso Llorente“, es institucional. Un jugador formado en la cantera de Lezama, que lleva más de diez años bebiendo la singularidad del club, quiere irse por medio millón de euros más al año, y por la sempiterna “posibilidad de ganar títulos“. El delantero internacional, campeón de Europa y del Mundo, por más que su participación fuera residual, tiene “ambición”, y la parroquia rojiblanca anda dividida por la decisión del riojano de no renovar. Tampoco viene nadie con el dinero, como sí parece hacerlo el Bayern de Munich con Javi Martínez.

A pocos días del cierre del mercado de fichajes, y con un área de influencia limitado por su politica, el Athletic no vende caro por el precio real de sus jugadores, si no por el panorama que la ausencia de esos jugadores crea en San Mamés. No hay tiempo para inventar refuerzos. Entro en la cabeza de Fernando Llorente, y me cuesta entender la diferencia entre ganar cuatro millones y medio de euros, y ganar cinco. Luego pienso que me gustaría ganar títulos, y observo a los clubs interesados en mi: el Tottenham, campeón de dos ligas inglesas (años 1951 y 1961) y, cuyo último entorchado internacional (una UEFA) data de 1982, y la Juventus de Turín, club que pasó por la Serie B, implicado en el escándalo de las apuestas, con un entrenador inhabilitado diez meses por un escándalo de amaños de partidos, y ninguna garantía real.

En su día tampoco me cupo en la cabeza que el portugués Luis Figo decidiera marcharse al eterno rival por dinero. Y lo entiendo en casos que beneficiaron a una u otra orilla, como Luis Enrique, Milla o Laudrup. Cuando un equipo te aporta garantías de brillar, te encuentras cómodo, bien pagado, y muy querido por la afición, no hay coartada para la traición y, mucho menos, a diez días para que se cierre el mercado de fichajes, implicando una puñalada en la despedida al club que te ha formado. Además, al no haber ofertas sobre la mesa, provoca un escenario crítico que pone en una situación incómoda a todo un club: desde el presidente, obligado a dar una rueda de prensa-teletienda para transmitir que el jugador es transferible, hasta sus compañeros, pasando por el entrenador, que ya viene trastocado de fábrica.

Cada día quedan menos casos de jugadores a los que envuelve un halo de misticismo y admiración por parte de cualquiera al que el fútbol tenga conquistado un pedazo de corazón. Pienso en Nick Hornby en Fiebre en las gradas, en su pasión por el Arsenal, y su necesidad, aún siendo gunner, de ir al fútbol cada domingo en el campo del lugar en el que viva (recuerdo Oxford), y animar con la misma pasión a su equipo, sea un grande de la Premier, o un equipo humilde de barrio. A esa casta de aficionados, los que no financian megaoperaciones comprando, cada año camisetas, los que han sido cuidadosamente alejados de los campos con una estrategia de aumento de precios que ha poblado los estadios de espectadores de teatro, les llenan casos como el de Julen Guerrero, o Matt Le Tissier, jugadores casados con Athletic y Southampton respectivamente.

Que les vaya bien, que encuentren lo que buscan, pero que sean conscientes de formar parte de ese manto de desafección por el balompié, por ese odio al fútbol moderno en cuyas tripas se difuminan fondos de inversión, equipos-escaparates, estrellas arrogantes, besos que acaban cada año en un escudo diferente, y otras sandeces de millonarios. Que no me interesan esos campos en los que no sabes dónde acaba el juego y dónde empieza la tienda. Por mi parte me declaro oficialmente ciarista, y dejo un trozo de alma en el campo de La Cruz, en el pequeño barrio de Ceares, en Gijón, entonando el “últimos en dinero, primeros en corazón“, y recordando, cada vez que paso por allí que, como dijo Bill Shankly, el fútbol no es una cuestión de vida o muerte, es algo más importante que eso.

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Odio eterno al deporte moderno

En este país tenemos un problema considerable con la prensa deportiva y eso es así, y eso es tan así como una casa muy grande. Como aquella casa de Boyer y Preysler que tenía nosecuantos cuartos de baño. Se da una cosa que se llama patriotismo, se agita con una ignorancia supina, sueldos de mierda, y falta de reflexión, y tenemos cualquier portada del As, Marca, Sport o Mundo Deportivo. Se meten imágenes que pasen a gran velocidad, con música animada, se mezcla con marujeo del bueno, y tenemos el informativo de los Manolos riéndose de un mendigo por Europa, a Silvia Barba preguntando “Bueno, dos a cero, ¿No?“, o a Camacho y sus rodales camiseros, gritando en medio de una cena familiar. De entre toda esa mierda sobreviven el Informe Robinson, Gonzalo Vázquez, Paco Grande, Proyecto Panenka, Santiago Segurola, José Sámano, Iñako Díaz Guerra, Juanma Trueba, y un corto etcétera que sale a flote, cuando puede, de aquella manera, o por tal o cual carambola. Porque ser bueno y económicamente sostenible, es una carambola.

Para que nos entendamos, a la prensa deportiva de masas, a la que se dirige a un público enorme, heterogéneo, para el que hay que comunicar de manera muy básica, para esa prensa catch all, es más rentable tirar el gancho seguro, el que impacta en el mayor número de púgiles posible: el fichaje de Florentino de turno, la polémica entre capital y periferia, o la nueva novia de Alonso. Cada vez más fotos -y Sport Ilustrated sólo hay uno-, cada vez el deporte tocado de manera más tangencial. Secciones deportivas engordando en los informativos con reportajes basados en lecturas de labios de banquillos, presentación de equipaciones… Llegar al gran público por el amarillismo. Impactar al aficionado al deporte, y entretener al que no lo es, persiguiendo grandes objetivos de audiencias, que permitan llevarse un buen pellizco publicitario, acaba convirtiendo a las secciones deportivas, en creativos que se encargan de entretener entre clásico y clásico.

Y esa necesidad de ser catch all, identificada por parte de deportistas y directivos, arrastra demasiados problemas muy evidentes. Por ejemplo, las polemicas con el atuendo del deporte femenino que han obligado a que las jugadoras de bádminton lleven falda por obligación, que todo un presidente de la FIFA sugiera shorts ajustados para el fútbol femenino, o que la FIBA haya obligado a cambiar los atuendos de las chicas, definiéndolos de manera explícita: camisetas y calzones que sigan los contornos corporales, calzones con un máximo de 2 centímetros entre los mismos y la piel, y un espacio mínimo 10 centímetros por encima de la rodilla. Aseguran que se trata de una medida tomada para “proporcionar una identidad común a todo el baloncesto femenino, como acontece ya en otros deportes“. Se les olvida decir que también es para que caigan unas buenas pajas. El mensaje implícito es que el deporte femenino no puede vivir con sus aficionados, ha de resultar atractivo a los pajilleros, fanáticos del onanismo siempre necesitados de heroínas para sus fantasías sexuales, dispuestos, por qué no, a unirse al carro del deporte. Entonces sí, con un público objetivo de aficionados al deporte, y a la masturbación, las empresas, que es el meollo de todo esto, pondrán su dinero en el deporte. Bien.

Diana Taurasi

No les sonará el nombre de Diana Taurasi, algo más el de Antonia Misura, la jugadora de baloncesto croata calificada como “bellísima” o “escultural”, que está revolucionando a los medios en Londres. La primera, es una jugadora norteamericana del Galatasaray turco, que ya acumula más de medio millón de dólares en multas de la FIBA, por negarse a asumir las nuevas reglas de vestimenta. De Taurasi poca prensa, poco reportaje. Bien por la prensa, mejor por los pajilleros.

Intentando obviar que, mediante esa teoría, los pajilleros son el principal lobby mundial, tenemos a los deportistas que viven para y por las cámaras (el mito Beckham-Kournikova), o las variaciones en las reglas deportivas para hacer a las disciplinas “más interesantes”. Se ve natural, por ejemplo, encontrarse el siguiente texto en medios especializados: “la competición de Taekwondo ha estado evolucionando continuamente para llegar a convertirse en un deporte limpio, emocionante y vistoso para los medios de comunicación“. Modelos de competición como la NBA, la Premier League, o la Champions, resultan casos de éxito que buscan repetirse por múltiples vías. La búsqueda del patrocinador, del dinero fresco, cambia nombres a competiciones, a estadios, a equipos. Y la propia presencia del capital en el deporte empieza a trastocarlo todo.

Leíamos ayer que el jugador murciano Alberto Botía que, hasta la pasada campaña militó en el Sporting de Gijón, se marcha al Sevilla, cedido por el fondo de inversión propietario de sus derechos. El fondo se llama Doyen Group y, ahora mismo, es patrocinador de Sporting, Atlético de Madrid y Getafe, pero su idea es patrocinar, al menos, a nueve equipos más, esto es, al sesenta por ciento de la Primera División, o Liga BBVA. Además, el grupo se dedica a invertir el jóvenes jugadores, como el caso de Botía. Pueden imaginar ustedes el resto. Como refleja un reportaje de Faustino Sáez y José Marcos para El País, las operaciones pueden llegar a utilizar a los clubs como plataforma: “Son operaciones en las que el club de destino se beneficia durante un tiempo del jugador, no arriesga dinero -en ocasiones ni el salario- y se presta como escaparate para que el fondo luzca y revalorice su producto“. Si a esto sumamos que las próximas Supercopas de España (partido entre el campeón de Liga, y el campeón de Copa del Rey), se jugarán en China, podemos proclamar a los cuatro vientos el odio eterno al fútbol moderno.

La clave está en el punto de inflexión en el que la desnaturalización del deporte sea tan colosal, en el que la brecha emocional sea tan grande, que cuando la falta de raíces y contextos convierta la pasión en un escenario de realidad virtual, ningún aficionado al deporte lo seguirá siendo, y serán otros los que se acerquen y lo hagan más rentable. La industria mantiene su tensión por alejar al deporte de algo tan básico como su génesis: la lucha del hombre contra los límites. Pretende dotarlo de una sofisticación cuyo único objetivo es que un gordo de Kentucky se gaste ciento cincuenta dólares en unas zapatillas técnicas que va a usar para ir al supermercado.

Para que esto sea así, para que a los aficionados les vaya entrando semejante aparato por el recto, es necesaria vaselina, y ese lubricante es una prensa descerebrada, que premia el entretenimiento sobre todas las cosas. Entretenimiento mientras el jugador, en mitad de un partido, se ata una bota, ganándose un buen primer plano de su zapatilla, generando así un pequeño spot al que la televisión se presta. Entretenimiento en el movimiento de las tetas de una tenista, o entretenimiento en la celebrity que acude al estadio, da igual. El deporte se ha convertido en una excusa para el product placement, en el que las rubias de bote con micrófono, y los ignorantes de barra de bar, se mueven como peces en el agua. No hay mayor felicidad para el cortito de mente, que saber que no necesita más para ganar un buen dinero, que la reflexión penaliza.

Así pues imagino a Calderón, Pau y compañía ayer. Sus reacciones de rabia, sus mantras repetidos “Creemos que merecemos más crédito“, “En cuanto hay algún problema surgen las dudas, como si no hubiéramos demostrado nada todavía“. Pues claro. Es la misma prensa que habla de ÑBA, los mismos para los que Pau es mejor que Kobe, los que creen que USA son unos paquetes, quienes consideran que McMillan cortó la carrera de Rudy y Sergio hacia el All Star. Son esa panda de ignorantes a la que alguna vez habéis reído las gracias. Os quejáis de esa panda de inútiles que os piden ganar todo siempre, creo que eso es darles crédito. Allá vosotros. En cualquier caso, quienes sabemos que no volveremos a ver algo así en la vida, lo tenemos claro: gracias.

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10 consejos para parecer más listo en los Juegos Olímpicos

La verdadera magia de unos Juegos Olímpicos, es que pueden ayudar a reducir un poco la información insulsa sobre los rumores de fichajes del Real Madrid, Barcelona, y los otros dieciocho secundarios que forman la Primera División. Los interminables reportajes de voz en off sobre fondo de aburridos entrenamientos con las ausencias de los internacionales, dan paso a información sobre deportes interesantes, que no son otros que aquellos en los que España opta a medalla. Algunos ni sabíamos que existían. Para afrontar con seguridad la cita olímpica, es importante decir una serie de frases que nos situarán como auténticos expertos en el mundo del deporte. Anoten:

1) Los españoles vivimos la edad de oro del deporte. Nadal, Gasol, Fernando Alonso (¿?), Alberto Contador, las chicas de la “sincro”, la selección española de fútbol… es el momento de reivindicar el nexo entre estos grandes campeonísimos, que es su españolidad, compitan donde compitan, y tributen donde tributen. Desde los Juegos de Barcelona el deporte español ha entrado en una dinámica ganadora, muy diferente a la dinámica perdedora de antaño. Lástima que la prima de riesgo, el paro, o las caídas del PIB no sean deportes olímpicos, porque teníamos medalla segura.

2) Es una pena que durante el resto del año (rellenar con cualquier deporte que no sea fútbol) no tenga espacio en los medios de comunicación, es un deporte apasionante. Es una reflexión que suelen hacer los medios, un poco presos del síndrome de Estocolmo, mientras señalan que tal futbolista, o tal jugador de la NBA están en el pabellón. Al acabar la entrega de medallas, se vuelven a olvidar de la frase y del deporte transmitido hasta dentro de cuatro años. Y si su país tiene opciones a medalla.

3) Introducir el concepto “modernos” tras hablar de los “Juegos Olímpicos”. Aporta control, sabiduría, señorío. Es importante que sepan que conocemos que hubo unos juegos antiguos antes de los que impulsó el barón de Cubertén -introducir este nombre siempre que podamos-, que supongo que en su momento también se llamarían modernos. O, si eran más humildes, contemporáneos.

4) Citar mucho el “espíritu olímpico”. Todos sabemos que lo importante no es participar, es ganar. Pero también sabemos que en la ceremonia inaugural se homenajeó a una activista en contra de la tala de árboles, y que los juegos están patrocinados por empresas que destruyen el Amazonas, y no nos rasgamos las vestiduras. Es una cuestión cosmética. Luego pasan cosas como la del negro aquel que no sabía ni nadar en Sidney, se te ablanda el corazón, y una marca de ropa se hace un spot muy chulo. También se puede abrasar al personal con los “ejemplos de superación“. El sudafricano Oscar Pistorius, por ejemplo, participará con sus dos prótesis en los cuatrocientos metros y en el cuatro por cuatrocientos. Magnífica historia de gas lacrimógeno.

5) Para este país, del que apenas conocemos nada, estar aquí ya es un premio. Si eres periodista, está permitido ser rematadamente parcial, favorable a tu país, como si el atleta en cuestión fuera tu primo el de Murcia. También puedes ser ignorante en el deporte que narras, e ignorante en cuanto a geografía, además de faltón y patriotero, pues te convertirá en cercano para el público. Si eres aficionado bastará con ser como siempre.

6) Dicen que cuando empieza el atletismo, empiezan los Juegos. Esta frase revela el pufo superlativo en el que se han convertido los propios Juegos. Decenas de deportes absurdos con importantes campeonatos internacionales, sobradamente profesionalizados, pero cuyo tirón mediático ayuda a que el COI haga una buena recaudación con su producto. Así es amigos, parece que el rugby-7 no es un deporte excesivamente susceptible de ser considerado un deporte serio, pero es olímpico. El proceso que ha de pasar un deporte para convertirse en olímpico, conlleva muchas comidas caras, vuelos en primera y opíparas estancias de los miembros del COI, además de sobornos y peloteos varios. Así se pueden ver disciplinas como el korfbol, el softbol, el surf o la moto náutica.

7) El boxeo es un deporte precioso, para nada violento, que tiene poco que ver con la imagen que tenemos de él. Qué duda cabe, el boxeo es una de las disciplinas que mayor y mejor relación tienen, por ejemplo, con la literatura, por su belleza plástica, lo metafórico que resulta, y la épica que lo rodea, pero igual vale ya de venderlo cada vez que hay ocasión. Da la sensación que, en lugar de hostias, se reparten piruletas. Todos los deportistas creen que su deporte debería ser tratado durante todo el año como el fútbol: abrasando todo el puto día, ocupando páginas y llenando la Cibeles. Los boxeadores principalmente, se sienten maltratados por los medios, ayudémosles.

8) En baloncesto los americanos cuentan con la ventaja de que no les pitan los pasos de salida. Que se note que controlamos, y que tenemos el culo pelado de ver basket. Es importante resaltar el enfado cuando los colegiados permitan más contacto de lo normal. Debemos señalar que, y aquí la frase ha de ser textual, “o jugamos con reglas FIBA, o con reglas NBA, pero esto es un cachondeo“. Luego tienen el mejor equipo de largo, pero eso no hace falta resaltarlo.

9) Es el reinado de palabras que se convierten en familiares durante quince días como: villa olímpica, pebetero, medallero, universalidad, el pez de Baltimore, salidas clavadas, abanderados, familia olímpica, calles y corcheras, plusmarcas personales, tiradores, penalti-corner, décimas y centésimas, siete metros, canoa monoplaza, cuatro por cuatrocientos, adelantar por la cuerda… conceptos que volveremos a manejar dentro de otros cuatro años, postrados en un sofá.

10) Al final, los Juegos han estado muy bien organizados, pero no llegan al nivel de los de Barcelona. El mito nacional es inalcanzable: fuimos los mejores, los más artistas, los más mediterráneos, los de la canción de los Manolos y Fermín Cacho, los de la plata de waterpolo que dio como resultado al Hermano Mayor, los de KIko, Alfonso y Cobi, la mascota más genial que vive junto al mar en Barcelona.

bonus track) Con el cierre de los Juegos Olímpicos de Londres, comienzan los paralímpicos, igual de importantes que los anteriores. Eso es lo que dicen aguantándose la risa. No sé, un par de comentarios sobre que ellos -los tulliditos- encarnan el verdadero espíritu del deporte, y a correr, que nos vamos de vacaciones y la doble moral y la corrección política tienen un límite.

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La herencia

Rafa no podrá ser abanderado. Cagada mayúscula por parte del COE, de no ser porque el mundo entero hablará de la feria de abril convertida en uniforme. Prima de riesgo en 585. Los trajes de la expedición española son motivo de chanza en redes sociales por parte de los propios atletas. Cuando todo dé comienzo, tendremos una historia para los periodistas foráneos, que sí, ellos sí harán periodismo. Prima en 588. En España la prensa está demasiado ocupada rellenando periódicos como para ver la basura de un COE que, mientras gasta dinero público en presentar la enésima candidatura de Madrid olímpica, vende su imagen al mejor postor, en este caso una desconocida marca rusa que ha pagado bien. Su buena comisión para algún miembro del COE irá en el negocio. Hagan apuestas. Habíamos dejado a Rafa, lloroso, con la bandera nacional a la espalda, creando una portada del ABC detrás de otra. Y ahora Rafa no va. Tragedia nacional. Todos contigo, Rafa. La prima en 589.

Bosco Sports, la firma que paga su presencia sobre la imagen de los deportistas de España, Ucrania y Rusia, me recuerda un poco a Li-Ning, la pujante firma china que lleva años vistiendo a la selección española de baloncesto (y a otros clubs, como Sevilla, Estudiantes, o Espanyol), y que ha entrado este año en suspensión de pagos en España, dejando en el aire las equipaciones para esta temporada. Economías sucias y pujantes a golpe de talonario (China y Rusia), que intentan perseguir el sueño de tener su propio Nike y no lo consiguen. La metáfora del capitalismo. La prima en 592. Rafa llorando. Iker Martínez y Xabi Fernández renuncian a ser abanderados. Para ellos, como para mi, el abanderado es una marca de ropa interior masculina. Y no quieren ser segundo plato. Vamos al tercero.

Pau Gasol, que no es ni capitán de la selección de baloncesto, será capitán de la expedición española. Ustedes lo entenderán, porque ni lo entiendo yo, ni lo entiende la prima de riesgo, que está ya en 595 puntos básicos. Colamos lo de básicos, porque parece que sabemos más, aunque no sabemos si las primas tienen puntos diferentes. Pau acepta porque es amigo personal de Rafa. Por eso. Un campeón del mundo y dos veces campeón de la NBA, no es un tercer plato. En el COE saben que lo hará por su amigo. El ridículo podría ser mayúsculo y, para Río de Janeiro 2016, deberían contratar a un abanderado también de la marca Bosco Sports.

¿Recuerdan a El Bosco? Fue una patética propuesta musical que, como no, triunfó en España a mediados de los 90. One hit wonder llamado Nirvana. Se trataba de un misterioso grupo del que no trascendía nada, excepto aquel single y un par de ellos más. Detrás de El Bosco, se escondía el polifacético Julián Ruiz, cortador de césped en Marca, director de programas musicales en M80, y megalómano paleto productor musical, y Luis Cobos. Sí sí, el auténtico Luis Cobos, cuyo apellido, al revés, era el nombre del grupo (el Bos-co). Pues vendieron discos. España es el país en el que Luis Cobos vendía discos. España es el país en el que Bosco Sports vende chándals, sea cual sea su plural. Esa es la herencia, y la prima lo sabe porque se pone a 596.

Cataluña (CIU), Castilla-La Mancha (PP), Murcia (PP), Baleares (PP), Canarias (CC) y Andalucía (PSOE) se plantean pedir el rescate. Valencia (PP) ya lo ha hecho. Como vemos, la herencia es cuantiosa. Pillamos de la abuela, del tío, del bisabuelo, y de la prima, en 597. Todos los partidos enmierdados. En el gobierno de la nación se incumple, puntualmente, el programa electoral. ¿Qué impediría a un partido prometer aumento de pensiones, ligues suecos para todos, chocolate gratis, fuentes de ginebra, palcos en la final de la Champions, chaletes por la patilla, o duplicar sueldos? Nada. Puedes prometer lo que quieras, que luego haces lo que te dé la gana. ¿Qué puede hacer el ciudadano ante los atropellos? Protestar pacíficamente. Hasta el punto en que la policía carga, y ya te debes ir casa, ya has protestado.

Y los medios. No hablo ya de los que abrasan con portadas humorísticas, me refiero al bloque que mantiene al sistema, hablo de esos pequeños consensos que aplastan el pensamiento. Hablo del ejercicio legitimado de la dictadura semántica. Pensemos en la marcha minera. En la llegada a Madrid. En las vallas de tres metros ante el ministerio, en los manifestantes tirando las vallas, en los medios hablando de antisistemas. Esa gran etiqueta. “Se colaron unos antisistemas“, “aparición de pequeños grupos de violentos“, “no pertenecían al colectivo manifestante“. Mentira. Repasen las imágenes. Eran mineros, no antisistemas. ¿Os es que los que llevan meses tirando cohetes y cortando carreteras tampoco son mineros?, ¿Los que llevan un mes encerrados en pozos tampoco lo son?

Verán, a principios de los setenta, se le caía la casa a mi abuela. Compró un piso, de los que construían casi con adobe, a toda velocidad, en un verdadero boom inmobiliario, y les estafaron. Afectó a ocho vecinos. Se fueron a Madrid. Les recibió un ministro de Franco. En 2012, en plena “democracia”, los mineros llegan a Madrid y, a muchos metros del ministerio se encuentran vallas de tres metros. ¿Son antisistema quienes las tiran?, ¿No son más antisistema quienes habitan los ministerios? Pues oigan El País, por ejemplo, ha contribuido también al tópico. Cuando se emplea la violencia, automáticamente son antisistema y, para ser políticamente correctos apuntamos que “nada tienen que ver con el grueso de la manifestación“. Pues sí tienen que ver, y lo tienen que ver todo. Volvemos a definir violencia. A saber si la violencia es quitar una valla, o quitar el subsidio al desempleo de larga duración, si no es más violento quien espera dos años a recibir la ayuda a la dependencia y ahora la ve cortada, si no es violencia robar los ahorros de toda una vida de quien firma con su huella dactilar. Que alguien defina qué coño es violencia. Si la prima en 599 no es violencia.

¿Qué debe hacer el ciudadano? Pues ni puta idea, oigan. La idea es mantener esa pasividad que nos ha dado tan buenos resultados: centros comerciales, cremas de carabineros en polvo, fútbol a la carta, sucedáneo de caviar… y ver cada día cómo siguen apareciendo casos de corrupción a nivel público y privado. La idea es recibir los datos de la prima, ya en 600 puntos, como quien oye algo malo que no entiende de qué va, aunque lleve oyéndolo un año, pero que es malo. Aguantar, claro que sí, realizar higiénicas protestas “responsables”. Hoy en día ser “responsable” es no levantar la voz ante las irresponsabilidades. Oigan, están robando, no molestar, por favor.

Dirán que el principio del post no tiene nada que ver con la derivación que ha tomado, pero yo creo que lo tiene que ver todo, y que hemos de tener la perspectiva que nos permita ver las conexiones putrefactas entre unas cosas y las otras. Todo combina en los informativos. Todas las noticias deslavazadas, sin hilazón. Muramos, pero con perspectiva. Y recordemos a otros abanderados. Recordemos las imágenes de sus majestades, de una de las instituciones emblema de este país, la monarquía. Recordemos lo que llevan robado y el mérito que tienen. Recordemos el juego de la prensa. Recordemos la campechanía. Recordemos a Felipe abanderando en Barcelona. Recordemos toda mierda que rodea al deporte, a nuestra vida pública. Hilemos, por favor. Es tiempo de hilar, y de disfrutar de la herencia, claro está.

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Derecho a celebrar

Son días en los que toca leer y escuchar cómo algunos están de celebraciones, y otros andan de enfados varios. Los unos salen a la calle, explotando de alegría con las caras pintadas ante el nuevo éxito de la selección. Los otros, refunfuñan ojipláticos, viendo las muestras de alegría en un escenario que da para todo, excepto para la felicidad o la reivindicación nacional. Entre ambos un problema de esfuerzo en comprenderse, que se salva con tópicos como “dejadnos que seamos felices, aunque sea noventa minutos“, o “cómo podéis celebrar nada, con la que está cayendo“.

Verán ustedes, es evidente que vivimos de pie sobre un vertedero, atracados por políticos corruptos, mafiosos de las finanzas, instituciones vacías de legitimidad, y rodeados de ciudadanos ignorantes y egoístas, que parece aceptan sin límites cualquier tipo de imposición, incrustada con fuerza por las herramientas más básicas de control social. Y también es cierto que cualquier aficionado al fútbol reconoce que ni ha visto ni verá un espectáculo semejante al que nos ofrece la selección de Vicente del Bosque. La pregunta es si este país de mierda, bochornoso, ignorante y cainita, tiene derecho o no a celebrar algo. Si es positivo o no, festejar el circo cuando falta el pan.

Hay teorías que incluso justifican el exceso en la fiesta, basándose en que el sufrimiento que la sociedad viene acumulando desde el comienzo de la crisis, ha de salir por algún lado, y los triunfos de la selección parecen la perfecta vía de escape. Estas teorías carecen de sentido si imaginamos las celebraciones cada vez que un club gana la Champions. O la Liga. O la Copa. O la Supercopa. O permanece en Primera. O asciente de categoría, o está a punto de descender administrativamente, o cambian de estadio, o se va una de sus estrellas, o… Las movilizaciones masivas por acontecimientos deportivos, principalmente el fútbol, son un clásico de nuestro tiempo, que se da cualquier país del mundo con cualquier deporte popular. Aunque no hubiera crisis, la gente saldría igual. ¿Por qué para algunos, entonces, resulta molesto?

Supongo que debe dar rabia abrir los periódicos y que las calles no estén tomadas cada tarde. Zapatero, Rajoy, Rato, Cospedal, Aguirre, Chaves, Dívar, Bankia, Caixa Nova, Gürtel, Malaya, espionajes, indultos, elefantes, convertibles, recortes, copago, privatizaciones, subidas de luz, gas, agua, monopolios privados, exministros consejeros, impuestos, recapitalizaciones, corrupción, falta de representación, descrédito, desahucios… Es cierto, a la izquierda le saca de quicio que un gol de Silva, o un pase de Xavi, tengan mayor capacidad de movilización que un recorte en la educación, o la privatización del sistema sanitario. Y quienes reprochan a sus conciudadanos que no disfruten de las celebraciones, no pueden dejar de ver un punto de irresponsabilidad en la alegría. Da la sensación de que el fútbol supone un paréntesis de noventa minutos sobre nuestra miseria, pero es eso: una sensación. No es real. Y esto no significa nada, se puede ser feliz con cosas que no son reales, con ilusiones. La muestra más evidente es que la gente es feliz con su condición imaginaria de ciudadano libre, que tampoco existe en la realidad.

Ahora bien, preguntémonos por qué para reivindicar un derecho básico hay que pedir permiso a la Delegación del Gobierno, o atenernos a las consecuencias policiales, y para salir a berrear que somos españoles, no. No es casual. Preguntémonos por qué ayer no vimos a los cuerpos y fuerzas pidiendo documentaciones al personal. Preguntémonos también por qué los medios de comunicación andan a hostias para acordar una cifra de manifestantes, y en este tipo de concentraciones todo son acuerdos en cifras históricas. De repente los sistemas de recuento de personas en espacios públicos, disonantes durante las campañas mediáticas, concuerdan en género y número a una y otra acera. No es casual. De repente todos los poderes públicos se suman a la fiesta, todos los que nos saquean 364 días, se visten de “la roja” uno. Pertenecen al pueblo, nos representan. No es casual. De repente las portadas de los diarios se emborrachan de patria mientras los mercados siguen haciendo su trabajo, pacientes. Nada de eso es casual. Pero, ante todo, preguntémonos por qué te movilizas tú, que no lo haces para la defensa de un derecho básico. No me vean como un tipo aburrido -que por otro lado soy-, me encanta que la gente sea feliz y celebro cosas, no se crean. Me gusta ver al personal reivindicando las calles que son suyas, con el motivo que sea. Pero lo que no me gusta es que esta celebración no es casual.

Defender las celebraciones -de cuyos costes, por cierto, no se habla- significa, en este caso, defender la anestesia, y habrá quien lo haga. Es un pedo de tequila colectivo, es un gritar para olvidar que nos hundimos, es la esperanza en la ficción. Y todo el mundo está en su derecho de pillarse un pedo de tequila, gritar para olvidar, o tenerle fe a las ficciones, claro que sí. Ahora recuerden sus BUP y COU, y díganme si estudiaron ustedes en Historia de España del Siglo XX a la selección de DiStéfano, Suárez, Gento… ¿Qué creen que pondrá de relieve el paso del tiempo sobre nuestra contemporaneidad?, ¿Creen que se estudiará al equipo de Casillas o al fin del Estado del Bienestar? Dirán ustedes, como siempre, que ante las vicisitudes políticas no se sienten partícipes porque “no podemos hacer nada“… ¿Es que “hemos hecho algo” para conquistar la Eurocopa?, ¿Ha cortado usted un balón, ha parado su vecina un penalti?

Ahora mírese en el espejo. Mírese un buen rato. Sin hacerse muecas ni observar cómo le queda la camiseta de Zara. Mírese a lo ojos. Un rato. ¿No es cierto que usted se mueve por su propio interés?, ¿No es cierto que construye argumentos tramposos para autojustificar sus actos?, ¿No es cierto que sus actos, en este caso, van encaminados a no “complicarse la vida”?, ¿No es cierto que no quiere pensar en su responsabilidad histórica, y que prefiere vivir cómodamente instalado en el “no se puede hacer nada“?, ¿No es cierto que se crió usted en la educación del “hijo mío, no te marques”?, ¿No es cierto que las respuestas son insoportables, y que invitan a la anestesia? Responda, pero no en alto. Hágalo con sinceridad. Hágalo para usted. Y la próxima vez que nos veamos, no me diga que si no tiene derecho a celebrar. Pues claro que sí. Tiene usted todo el derecho del mundo.

PD: Ahora que son días de vino y rosas, momentos de hitos míticos, me gustaría recordar aquella polémica de 2007, un año antes de que todos estos fueran héroes. Eran Xavi y Puyol. La polémica es que eran catalanes, y que ocultaban la bandera nacional de sus medias. Aquí lo cuenta Marca. Aquí lo hace Libertad Digital. La COPE había empezado la campaña. Hoy Xavi y Puyol, otrora antipatriotas, son dioses, héroes de la patria balompédica. La pregunta es si este país de mierda, bochornoso, ignorante y cainita, tiene derecho o no a celebrar algo.

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El Decamerón

1. La selección ofreció su mejor versión en la final y, para eso, hay que llegar antes a la final. Ahí está el mérito. Ahora dará todo igual. Como en el Mundial, en el que tampoco fueron brillantes, con el tiempo las narraciones adornan, y nos quedará este sabor excelso, que se extenderá por todo el campeonato. Cien de cada cien aficionados al fútbol elegirían ganar así, con la sinfónica del juego perfecto tocando para ellos como si fuera su último gran concierto de la historia del fútbol. Lo de ayer fue algo inolvidable.

2. Conviene no olvidar que en la sombra de la foto estaba la Italia más afortunadamente desconocida de los últimos tiempos. Su propuesta recibió un castigo enorme. Desde lejos se oye el chirriar de su catenaccio, siempre pidiendo ser reivindicado, pero ni caso Prandelli. A lo tuyo. A cuidar la pelota, a ganar los espacios. Es una revolución contracultural. Y nadie dijo que fuera fácil.

3. La sinceridad trascendente es una especie en peligro de extinción, y Xavi la cultiva fuera del campo, como rinde culto al engaño dentro. No se sentía importante hasta ayer, y todo lo dijo. Sirvió dos goles, volvió a pinchar en medio y a abrir el compás. Desde 1999 ganando. Harto de ganar. Asociado con Casillas en la empresa de crear un palmarés demencial. Consiguiéndolo.

4. Del Bosque. A mi nadie me va a convencer para ser magnánimo con sus errores, o para olvidar que es más difícil crear la máquina más perfecta, que mantenerla. Pero ayer pudo contestar a la prensa con mayúsculas, Y NO LO HIZO. Cuando perteneces a la nobleza puedes hacerlo por cuna, o porque los nobles te admiten entre ellos y, para eso, tienes que saber perder pero, sobretodo, tienes que saber ganar. Anoche Vicente podía haber sido tan oportunista como sus fieles seguidores y no lo fue. Fue un señor. Otra vez.

5. La selección, interpretando su papel de #mitoenvida, se plantó ayer en la final de una Eurocopa, que es una cosa muy seria, y se puso a hacerle rondos al mejor equipo del campeonato. Eso no debería olvidarse nunca.

6. Tenemos la suerte de haber visto a Iniesta bajar de su planeta con cierta asiduidad. El centro del campo de España es un lugar tan precioso que hace que Andrés haya querido bajar a jugar. ¿Está Andrés? Sí, baja. Y aterriza, mete su platillo volante en un parking, saca el billete, y se introduce en el vestuario con normalidad. Destroza a la defensa de la peor calaña, le sustituyen, se sienta en el suelo, mira al horizonte, bebe agua, se pone el chaleco de la UEFA. Como si estuviera en su planeta. Perfectamente adaptado a las condiciones atmosféricas terrícolas. Ganando.

7. Criticar no es malo. La victoria no arrasa con todo. El campeonato no ha tenido un nivel gigante, ni la selección ha sido reconocible hasta #lafinal. Todos lo sabemos. No es una cuestión de resultado, ayer podrían haber ganado sólo por un gol, pero ayer si encontraron el veneno en los últimos pases. Había. No lo habían retirado de la lista de la Seguridad Social, todavía. Esa mala fe en el fin de las jugadas es lo que se echaba de menos. Que no nos hagan comulgar con el mito, que no confundan realidad con deseo.

8. La entrevista.

9. La realización televisiva ha sido tercermundista. El colofón final fue el la desdichada borrachera de planos indignos en la recepción de la copa. Un buen trabajo de final de curso del módulo de imagen y sonido del Instituto de Kiev. Un seis, sacarían los chavales. Una Euro de repeticiones a destiempo, finales de partidos abortados por los compromisos publicitarios. En España nos quedaremos con las carboneradas, sin caer en que el problema está en el cisma del periodismo, iceberg del que ella es sólo punta. También olvidaremos pronto el eslogan asqueroso, y el experimento infausto de los dos narradores, o los relamidos comentarios de Morientes, que se ha leído a Paulo Coelho, y nos quiere meter, en cada retransmisión, las palabras nuevas que ha aprendido.

10. La gente en la calle. Los ojitos de Sara a Mariano. La lisonja al príncipe. La apología de la anestesia. Avergüenza un poco el pueblo, siempre dispuesto para lo intrascendente. Con el “hijo, no te marques“, siempre hasta el tuétano. La gente espera tener motivos oficiales y políticamente correctos para salir. Motivos que celebren la falta de contenido y de compromiso. Motivos consensuados, con los que se quede bien saliendo a la calle. Mientras tanto el atraco sigue, con una sociedad anestesiada, desactivada, irreflexiva, en casa. No estaba mal salir anoche, está mal no haber salido todas las anteriores. La náusea.

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Llamando a justicia poética

Cuando les contemos a nuestros hijos todo esto, y apilemos sobre nuestra lengua nombres como Xavi, Busquets, Silva, Iniesta, Alonso, Piqué, o Casillas, no olvidaremos incluir a Puyol y a Villa, las ausencias más presentes del torneo, ni a Jordi Alba, que ayer se ganó el derecho a formar parte de la leyenda, ni por supuesto a Sergio Ramos que, supongo, seguirá jugando y siendo internacional. Estoy seguro que no sabremos qué contarles sobre esta Eurocopa de Ucrania y Polonia, donde la selección no logró encontrar la chispa, donde no pudo ser reconocible, lastrada como está, sin su mejor goleador. Pero la leyenda que les contaremos será bonita, justa, y la cerraremos con un penalti de Cesc Fábregas entrando pegado al palo.

Saltaba la banca Del Bosque con el famoso nueve, starring Negredo. Salía Bento con san tribote, por si las moscas, y con Hugo Almeida haciéndole el trabajo sucio a Cristiano. Portugal, con ciertas tendencias suicidas, plantó las líneas descaradamente arriba, ahogando la salida de España con una presión que sólo un equipo de mediofondistas podrían soportar durante los noventa minutos. Los de Del Bosque trataban de buscar el hueco por el que brillan Xavi, Iniesta o Silva, sin acabar de creerse que los lusos, efectivamente, resultaron ser mediofondistas con la suficiente calidad como para ponérsela a Cristiano, y apretar así la congoja del aficionado español. La estrella lusa no pudo ni con su ansiedad ante las grandes citas, ni con el plan de Del Bosque: confiar en un partido aseado de Arbeloa, en el primer partido inspirado de Piqué, y del mejor Ramos de su carrera, además de tirar de las ayudas de un David Silva que lo bordó en su rol más solidario.

Supongo que ayer un buen puñado de mourinhistas empatizaría con el juego de Portugal. Me permito la mala leche, porque imagino que les sonaría la canción del alto voltaje, el matonismo y el fiárselo todo al talento de Ronaldo. También les sonaría que la concentración lusa fuera un búnker, que los jugadores no hablaran con la prensa, a la que acusaban de querer destruirles, o que condicionaran al árbitro antes del partido, lanzando sospechas de sobreprotección a España. Son modus operandi que nos resultan muy familiares. Del Mendes F.C., en concreto, el imaginario club que podrían formar los jugadores del agente portugués Jorge Mendes, representante de diecisiete de los convocados por Paulo Bento, y de diez de los once titulares ayer con Portugal. El Mendes F.C. tiene sede en Madrid con Mourinho, Cristiano, Pepe, o Coentrao como avalistas. Todos viven en la exclusiva urbanización La Finca, y forman un clan en el vestuario madridista. Ya cuando Mou desembarcó en Londres, lo hizo escoltado por los “hombres de Mendes“: Deco, Carvalho, Paulo Ferreira, Tiago y Maniche.

Al volver con la narración al partido, Xavi ha perdido el reverso, se le ha desdibujado la línea que trazaba al recibir la pelota y pivotar sobre sí mismo para evitar una línea de presión, y eso le mata. Afortunadamente la calidad de Busquets y Alonso les da para hacer lo suyo y lo de Xavi, y ayer dieron un recital de centrocampismo para guardar en la videoteca. Lo hicieron todo, y lo hicieron bien. En el Negredo contra el mundo, ganó el mundo. Vicente, que había salido con el plan B, volvió al A con la entrada de Cesc, y el equipo resultó más inquieto para la zaga portuguesa, que repartía navajazos con cierta comodidad. El mismo que nos debería explicar por qué la selección no lució ayer un recuerdo para Miki Roqué, nos contará por qué Pepe, Bruno Alves o Moutinho acabaron el partido de ayer. Porque con Bruno Alves no es que se hiciera la vista gorda, es que el colegiado asumió que el papel de ese central con pinta de malo de James Bond, era pegar una y otra vez.

Prórroga y minuto mágico, ciento dieciséis. Iniesta con la pelota. Nada. La prórroga fue un partido diferente, con Portugal fundida, Cristiano perdonando un gol, y con España exuberante, rompiendo por la banda merced a la electricidad de Pedro, que puso en evidencia a Navas como jugador gris y ramplón, y con un Jordi Alba absolutamnte desatado y perfecto arriba y abajo. Busquets se hizo con el control, Alonso se dejaba caer por la frontal, e Iniesta, por el carril de Xavi, era el epicentro de todas las preocupaciones. Después del ramillete de ocasiones marradas, que nos hacían sospechar de la naturaleza del final de todo, los penaltis confirmaron varias claves del torneo: Casillas está tocado por algo o alguien, Sergio Ramos se ha ganado el corazón de un país, un central portugués que parece un malo de James Bond, no debe tirar un penalti, y lo de Cesc. La leyenda que contaremos será bonita, justa, y la cerraremos con un penalti de Cesc Fábregas entrando pegado al palo.

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El discreto encanto de la burguesía

El mérito de todo esto, estriba en vivir unos cuartos de final aburridos, cuando hace unos años resultaban coartada para la diarrea, y el techo más alto al que podía aspirar un jugador español. España ayer aburrió y se aburrió, y es que hay pocas cosas más contagiosas que el aburrimiento. Coinciden los analistas en destacar la competitividad de la selección, su capacidad para convertirse un hueso imposible, en un mal compañero de baile en partidos trabajados y feos, como enfrentándolo a aquellos minutos de oro que han quedado para el hall of fame de este deporte. El problema está en que en toda la Eurocopa sólo hemos visto la versión competitiva y gris del equipo, y no la museística, que asomó por momentos, frente a Irlanda. Del Bosque ha convertido al equipo mágico en el higiénico. Hasta Iniesta abrazaba el ideario esta semana ante la prensa, dejando clara la coartada para el juego mediocre, al que los eufemismos visten de “competitivo”, diciendo que es un error pensar que vamos ganar siempre tres a cero. Lo sabemos Andrés, y nadie lo pide. Con uno a cero nos vale, pero jugando bien, por favor, inflando la ilusión a base de jugadas increíbles, demostrando la fantasía de antaño. Sólo pedimos ser reconocibles. No nos ahonden en la falacia de que la España de la anterior Euro no era competitiva por el hecho de resultar preciosista en el juego.

Partía Francia con un cartel inflado, con un nombre demasiado poderoso para la limosna aportada hasta el momento en la competición, y Laurent Blanc rozó la sabiduría suprema, alineando un centro del campo minado por jugadores defensivos como Cabaye o M’Vila, el músculo del exjugador Malouda, y ascendiendo al mediocentro Debouchy a la categoría de mediapunta, con Nasri castigado en el banquillo por no pasar la pelota a sus compañeros ante Suecia. Si se hubiera jugado a puerta cerrada, Blanc hubiera alineado dos porteros. España comparecía con su teoría del falso nueve. Las alineaciones eran contrarrevolucionarias, una descalificación a la lógica. Setenta minutos de dos equipos irreconocibles. Setenta minutos tirados a la basura, con el patrocinio de los seleccionadores.

Entre Alba e Iniesta abrieron la lata por la izquierda, el lado más duro, el que Blanc había protegido con doble llave, demostrando que las pizarras pueden ser papel mojado. Y con la ventaja, a dormir. Escuchamos a Cesc al finalizar el partido, diciendo que no está acostumbrado a jugar de espaldas, que el míster le había pedido fijar más la posición de nueve, moverse y bajar a tocar menos. Les juro que por más vueltas que le doy, no alcanzo a entender por qué Vicente, campeón del mundo, marqués y cofrade del nabo, se empeña en creer que lo mejor para jugar como delantero es no haber jugado en la puta vida como delantero. Si las funciones son las de un falso nueve, dejándose caer, y facilitando incorporaciones, la ya famosa teoría del falso nueve puede tener su encaje, pero tener el Rolex y ponerte el Trolex, empieza a ser de enfermiza cabezonería. Como lo de los dos mediocentros que por suerte, en el partido de ayer mezclaron bien. Alonso se atrevió a brillar, más allá de la aportación goleadora, sin remordimientos por dejar a Busquets barriendo y cubriendo las fructíferas subidas del mejor Jordi Alba del campeonato. Xabi es un prófugo, escapado de la dictadura de la charlatanería, el titular y lo chabacano. Una mente privilegiada y con tarifa plana hasta sus pies, que se merecía un partido como el de ayer.

Insisto, como insistió España con el toque, en que el seleccionador parece presa de un sueño febril en el que imaginó la alineación de un grupo de inexplicables intocables. El resultado indulta a Piqué, preocupantemente bajo de forma, con un trotar mirando al suelo como si se le hubieran caído en el césped sus versiones anteriores, siempre tutelado por Sergio Ramos, el mejor central de la competición, de largo, que juega como si defendiera ataques de alevines. Tampoco sirvió la victoria para dejar de preguntarnos cuándo volverá Arbeloa a pasar las tardes de los sábados poniéndose copas desde el maletero de un Seat León en cualquier descampado de Salamanca. Sus amigos del tunning le echan tanto de menos como los aficionados le echamos de más. Un Ribery con cincuenta años, gangrena en la pierna izquierda, diabético, con los ojos tapados, y principios de salmonelosis, seguiría yéndose del mejor Arbeloa de su vida. En la ecuación defensiva la equis es Piqué. Si el catalán no anduviera fundido, el precavido Vicente colocaría a Javi Martínez de central, y a Ramos en el lateral derecho, donde por cierto ayer se hubiera dado un festín.

En el minuto setenta empezó el partido de verdad, pero cuando Blanc dió salida a Nasri, Menez y Giroud, el dinosaurio todavía estaba allí. Ese dinosaurio es una pelota cosida a pies rojos, y un porcentaje de posesión humillante. Si algo podemos ver este verano, es cómo los rivales de España multiplican su ansiedad con la pelota, sabedores como son de que tiene diez minutos en cada partido para demostrar de qué son capaces. Y ni un minuto más. Vicente quiso tensar los fueras de juego con Torres, que debería haber venido rehabilitado de casa, y con Pedro que hizo mucho mejor de Navas de lo que el propio Navas hubiera hecho. Pasamos, aburridos, a semifinales. Ese es el discreto encanto de la burguesía.

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I love this game

La postemporada de la NBA, para un aficionado de los Knicks, es el aburrido período de tiempo en el que los mejores se baten el cobre por llevarse el anillo, y nosotros desatamos la rumorología en la que, aseguramos, desde los despachos del Madison se trabaja en hacer un equipo campeón para la próxima temporada. Todo lo bueno pasará la próxima temporada, que viene a ser una especie de “el lunes empiezo la dieta”, pero deportivo, eterno y global. Ayer conocimos que los de la Gran Manzana tienen el ojo puesto en el base argentino de Caja Laboral, Pablo Prigioni, que ya fracasó en el Real Madrid en su momento. Pocos lugares puede haber más cómodos para el fracaso que NY. Allí le esperarán las rodillas de cristal de Amare Stoudemire, y los kilos de más de Carmelo Anthony, el enjambre de prensa desquiciada alrededor, y la mayor potencialidad de aficionados dispuestos a criticar. Otros años soñábamos con Nash, pero la crisis también afecta a la imaginación.

Ahora mismo -mientras les escribo esto, 5h45- Lebron James, pese a estar renqueante, le acaba de dar la tercera victoria de las series finales a Miami. Oigan, yo odio Miami. Por todo lo que representa la ciudad, por ese mito americano hispanizado, por tener la mayor concentración de saqueadores de latinoamérica, por el calor, por todo. Yo era de los que no disfrutaba de Dexter por sus tramas, sino porque limpiaba el mundo de ciudadanos de Miami. También odio a su equipo, porque representa el “así no se vale”, la reunión de tres de los jugadores más talentosos de su generación, y así cualquiera gana. Y porque uno de esos jugadores es Lebron, y si tú quieres integrarte en un grupo de personas que hablan de la NBA, antes de las buenas tardes, debes decir que odias a Lebron. Lebron representa la superioridad física y el talento para enfocar esa superioridad sobre las estadísticas. Les he de reconocer que, como me pasa con todos los malos oficiales, con el paso de los años me he ido encariñando del “heredero de Jordan. Tiene que ser curioso levantarte y acostarte todos los días bajo esa etiqueta. Y que todos te odien.

Frente a Miami, los que ahora mismo acaban de perder su tercer partido (3-1) son Oklahoma City Thunders, un equipo sin tradición baloncestística -la franquicia comenzó en 2008, sustituyendo a los históricos Seattle Supersonics-,compuesta por un grupo de jugadores muy jóvenes, que hace tres temporadas tenían el peor récord del campeonato, pero de los que todo el mundo decía, en tres años llegarían a las finales. Y aquí están, liderados por Kevin Durant, un chico que hace bien todo y, además, en contra del matonismo de James, los hace con la espalda recta y el cuello erguido, vuela desde siete metros para clavar, en una suspensión para las promos del canal de la NBA, el triple de la victoria ante la mirada de Ibaka, Fisher, o Westbrook, que han conformado un equipo sólido, capaz de barrer a los Spurs, favoritos eternos en el Oeste.

Uno de los puntos positivos de la temporada está en el seguimiento por parte de los aficionados. Aquellos recuerdos en el Instagram de nuestra memoria, de los Boston-Lakers en La 2, cuando en este país sólo había dos canales, y la voz de Ramón Trecet nos contaba las fintas de Larry Bird, y las asistencias de espaldas de Magic. Aquellos recuerdos indestructibles, ya no son la mejor manera en la que nos ha llegado el baloncesto. Ahora vivimos la Edad de Oro de todo esto:  tenemos por poco más de sesenta euros, toda la temporada en nuestro ordenador, blogs especializados con la actualidad de nuestro equipo, proyectos de vuelta al papel como Cuadernos de Basket y, si comulgamos con la ironía, podemos mofarnos de la patética prensa oficial, siguiendo a perfiles en Twitter como @leolaNBAenMarca, que ayudan a pasar los malos tragos de unos periodistas que hacen bandera de la empatía con los protagonistas y el nacionalismo chusco. Si tienes interés puedes encontrar las reflexiones de Ettore Messina en Jot Down. Toda esa inteligencia y todo ese talento es gratis. Creo que habría que exportar el modelo de negocio a otras aficiones adolescentes. Los treintañeros deberíamos subvencionar canales de información a los quinceañeros.

Volviendo al principio en este post dedicado a @weezermij, con la elegancia de pasar por alto la temporada de sus Lakers, y el saber estar de los acostumbrados al fracaso, evidentemente quiero que gane Oklahoma City. Principalmente por lo mejor del equipo: los magníficos looks de Durant y Westbrook en la sala de prensa:

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