Publicidad engañosa

Ayer no disfruté de mi ración diaria de basura en el informativo de Pedro Piqueras. Y eso que Piqueras es como comer en el McDonald´s: puedes tener un amigo cuyo tío tenga una granja de lombrices en Argentina, con las que se hace polvo de carne para proveer a la cadena de comida rápida, que sigues comiendo allí. Piqueras siempre puede meter miedo, siempre encuentra el vídeo escandaloso y genial, siempre tiene la frase adecuada. Quien me conoce sabe que Pedro es una de mis debilidades y que para mí, está a la altura de Jeffrey Dahmer, o Josef Fritzl.

Ayer preferí ver uno de los últimos Telediarios de TVE antes de que la gente de Dreamworks, o quienes quiera que trabajen como portadistas de La Razón, tomen el poder. Emitieron un pequeño reportaje sobre los zapatos de suelas milagrosas que te ponen las nalgas como una piedra de afilar, y de otros que enderezan espaldas, mejoran circulaciones, e incluso zapatillas que logran tranquilizar a los mercados. Por lo visto no funcionan, son mentira, un engaño, una estafa, un pufo. Se les puede denunciar. En Estados Unidos lo han hecho y se han llevado una pasta. En Estados Unidos medio mundo denuncia al otro medio y se lleva una pasta. Eso es así.

Dicen los del OCU que es publicidad engañosa. En un mundo en que los ciudadanos somos consumidores, y en un tren a Gante te encuentras a un puñado de chavales jugando a adivinar marcas viendo sus logotipos, la OCU son los nuevos sindicatos. A los de la OCU se les reconoce porque salen por la tele diciendo cosas obvias en momentos de relleno de los telediarios, y siempre en despachos muy cutres con escritorios de melamina, que es un compuesto orgánico que responde a la fórmula química C3H6N6, y cuyo nombre IUPAC es 2,4,6-triamino-1,3,5-triazina. Pero que se ve muy cutre por la tele. Todos hemos tenido una adolescencia de melamina, porque partía la pana y para nuestros padres era un salto cualitativo importante. No quería hablar de la melamina, pero mira.

De entre las cosas que más difíciles me parecen en este mundo, como pedir perdón, acabar de leer Ulyses, o eyacular para adentro, probablemente la más complicada sea discernir entre publicidad engañosa y de la otra. Deberíamos hacer un ejercicio de sinceridad, y hablar claramente de publicidad, o de información. Hablo por parte de las marcas, porque por el lado de los medios, pueden seguir mezclando, que les está dando muy buenos resultados. Es decir, tu informas de tu producto, pero si le atribuyes valores, si lo introduces en una historia, si pretendes que forme parte de la vida de la gente, de manera un poco forzada… eso es un poco engaño, no?

Esto es, que si veo a Michael Jordan volando con unas zapatillas… un poco me estás diciendo que esas zapatillas le dotan de una especie de poderes que permiten que su portador atraviese los cielos en busca de un objetivo, no? Osea que lo sugieres, señor Nike, pero no lo dices. Entonces no es engañosa. Esto es como si alguien ve revistas eróticas de animales, con perros, hipopótamos, ñus, y tal, en posturas sugerentes. Sin mostrar nada de manera explícita, pero sugiriendo. Perfectamente normal. Los que nos dedicamos a la publicidad deberíamos abogar por claims cercanos, por campañas hiperrealistas. “Cocacola, fresca mejor que caliente”, “Cereales Smacks, bah, no están mal”, “Viajes Iberia. Vas y vuelves”.

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El significado de las palabras

Planteaba Juan José Millás en su última columna, el problema del pan-pan y el vino-vino, aterrizado en dos preguntas fundamentales: ¿Por qué todavía no sabemos si Rato dimitió, o lo echaron?, y ¿Por qué dicen que una entidad como Bankia funciona fenomenal se cambia su dirección, se baja su nota, y de precipita en bolsa? Más tarde, en La Ventana de la SER, ahondaba en su preocupación sobre la distancia gigantesta entre significados y significantes: ¿Qué piensa la gente cuando ve una cosa y le dicen la contraria?, ¿Qué efecto tendrá en la población?

La preocupación comienza a cundir, y no es una paranoia más mía, es que el artículo de Millás fue compartido por más de 47.000 usuarios, cuando, según fuentes de elpais.com, la media en sus textos ronda entre 12.000 y 15.000. La prensa “oficial” la que hasta ahora tenía la hegemonía de la “verdad”, y ponía marco a la “realidad”, le ha dedicado al tema unos cientos de palabras en ese artículo, y un pequeño espacio en un programa de radio de tres horas. Efectivamente, a día de hoy, en plena Era de la Información, todavía no tenemos ni idea de por qué Rodrigo Rato ha salido de Bankia. Pero precisamente Rato, nos puede servir para ilustrar el problema de la separación entre la realidad, y lo que se cuenta de ella.

Rodrigo Rato se pone todas las medallas del mundo en la expansión vivida durante el Gobierno de José María Aznar. La salida de una crisis sistémica, las todavía generosas subvenciones europeas, y el petardazo de la Ley del suelo, propiciaron una creación de empleo poco cualificado, vinculado a la construcción, que tiró de la demanda, y reactivó la economía. Evidentemente, pan para hoy, y que arreen mañana, pero Rato se fue de rositas como un gran gestor. Nadie analizó la gestión de Rato como Ministro de Economía porque no hizo falta. Para la esos chavales que abandonaron bachiller para que el andamio les pagara la XBox y el Ibiza tuneado, Rato era un tío fenomenal, para la gran masa, aplastada por el poder mediático gubernamental (el ejecutivo Aznar controlaba El Mundo, ABC, Onda Cero, Cope, Rne, Tve, Telecinco, y Antena Tres, o bien de manera directa, o indirecta), se vendió a Rato como un mago de las finanzas. Anoten el verbo anterior, porque por ahí va la cosa: vender.

La realidad, pues, es que Rato no hizo una gran gestión, de hecho, cualquier economista independiente sabrá que muchas de sus decisiones (privatizaciones de empresas públicas que daban grandes beneficios: Argentaria, Tabacalera, Telefónica, Endesa, y Repsol; la anteriormente citada Ley del suelo, no reinvertir las últimas subvenciones sustanciosas de la UE, planificaciones faraónicas de algunas políticas públicas…) fueron errores estratégicos que, en parte, explican la basura en la que nos movemos hoy.

En 2004, con el gobierno Aznar en plena descomposición, y con Pedro Jota quemando tinta a favor de la teoría de los “moros de la ETA“, el bueno de Rodrigo es llamado por el FMI para ser su director gerente hasta noviembre de 2007 años en que dimite, dice, para cuidar a sus hijos. En realidad, sale a hostia limpia: desde dentro del FMI es culpado de vivir en una burbuja desde la que no fue capaz de prever la crisis mundial. Sólo El País, y por intereses políticos favorables al PSOE, destacó el informe en el que el propio FMI ponía a Rato a caer de un burro. Si lo quieren consultar, aquí enlazo el informe. No conviene ser chauvinistas, es evidente que Rato no es la fuente de los males del FMI, pero también es cierto que heredó y asimiló errores sin ningún problema, y por tanto es responsable de ellos. Algún día estaría bien analizar el trabajo de los altos ejecutivos, sus cortas estancias en multinacionales, el tiempo de adaptación, el compromiso de la corporación ante su marcha y, en definitiva, si dan palo al agua. Pero eso para otra, que nos desviamos. Como digo muchos problemas ya existían en la era pre y post Rato, el crack de las finanzas. Pero la verdad es que no se marchó, le echaron. Y sin tener que llegar a los límites de su heredero Strauss-Kahn.

El 1 de noviembre de 2007 se va del FMI para ocuparse de sus hijos. Un mes. Se entiende que lo de los hijos debe ser una lata, porque a los treinta días anuncia su incorporación a la división internacional del Banco de Lazard, un banco de inversiones francoestadounidense establecido en Londres. Al poco es nombrado también “asesor internacional” del Santander. Y ustedes se preguntarán “Si le contratan en todos esos bancos…¿Será porque es un figura, no?”. Verán, ese tipo de trabajos van de lo siguiente: usted, que ha estado en un cargo político relacionado con finanzas y con relaciones internacionales, conoce a mucha gente capaz de hacer muchas cosas por todo el mundo, nosotros necesitamos a muchas gente que nos haga cosas por todo el mundo, le pago tanto y usted levanta teléfonos. Hasta que en 2010 Esperanza Aguirre, aprovechando esa vitola falsa del “gestor perfecto“, le pone en Caja Madrid. Y hasta nuestros días.

La biografía de Rato, desde su participación del gobierno de 2004, se parte muy claramente, entre la percepción que tiene ese concepto llamado “el español medio”, y la realidad. Se da la circunstancia de que la especialidad del tipo en cuestión, economía, es algo que escapa al español medio. La cultura financiera general es pésima según los expertos y eso, amén de resultar peligroso para con nuestros ahorros, facilita la veneración de figuras que “hacen cosas que nosotros no entendemos“. Por tanto nosotros, los espectadores/votantes/consumidores, nos hemos dejado engañar haciendo gala de nuestra ignorancia. Pero los medios, quienes trasladan la información cada día, tampoco han puesto de su parte.

Que los partidos políticos se convertirían en un producto ya lo decía Ray Bradbury en 1953 en su novela Farentheit 451, un mundo futurista en el que viviríamos presos de grandes pantallas de plasma, quemaríamos libros de papel, y votaríamos al candidato más guapo. Que los partidos necesitan ser comprados, esto es, ser votados, es la otra evidencia, por tanto, conviene fichar especialistas en marketing y comunicación, que sean capaces de afilar la ideología y convertirla en una serie de eslóganes fácilmente recordables. Desmontar las complicaciones, facilitando al máximo la vida al consumidor/votante, y finalmente, diciéndole lo que quiere oír. Muy mascadito y machacado con la frecuencia con que acribillan un disco en los 40 Principales hasta que llega a ser un hit.

Y los medios entran y han entrado hasta el final. Tengo los dedos pelados de contar cómo lo hacen, y ustedes los ojos secos de leerlo, quien llegue hoy por vez primera, que tire atrás. Los directivos de los medios han vivido muy cómodos viendo a sus redactores sin hacer preguntas, eliminando las molestas clases medias, premiando a quien no piensa, con el culo en la redacción esperando la nota de prensa para cortar, pegar, y firmar como “agencia”. Los medios han vivido muy cómodos recibiendo imágenes ya editadas de los partidos, ilusionados con la promesa de subvenciones, concesiones de emisión, o directamente contrataciones. Así han vivido los medios, así han cuidado la palabra los medios: UNA-PUTA-MIERDA.

Millás acierta con las preguntas, pero equivoca el resto: el tratamiento que tiene en los grandes medios la muerte de los grandes medios, sólo significa que no entienden nada, que no lo asumen. En este caso concreto se trataba de uno de los clásicos tics de izquierdas dentro del sistema, un maquillaje que nunca pasa de la dermis del oyente. Millás ejerce de literato de izquierdas, como Sabina de poeta oficial, o Ana Belén de roja, o Gemma Nierga de libertaria dama de las ondas: posturas inventadas de un Belén viviente que es lo que se denomina cultura de la Transición, CT. La transición acabó siendo un colegio internado dividido en dos tipos de alumnos: los que se hacían la raya a la derecha y los que se la hacía a la izquierda, y la defensa de ese colegio ha llegado al paroxismo. Ahí fuera habitan millones de peligros siempre acechando, y jamás hemos de salir. Puedes ser rebelde, pero siempre dentro del colegio. Rebelde, pero controlado. Transgresor, pero que me sirva para hacer merchandising.

Cuando la ley está marcada a fuego, todo se construye para que encaje, pero la mentira tiene las patas muy cortas y ha pasado suficiente tiempo, y se han acelerado demasiado los acontecimientos, como para que resista su última carrera. Hay piezas que jamás encajaron, hay preguntas tan grandes debajo de la cama, que ya no se puede dormir en ella. No, todo esto último es un poco broma porque no ha sido así, no ha llegado una generación fuerte, inteligente, arebatadora y combativa, lo que está pasando, creo, ha sido mera coincidencia. Entender lo sucedido el 15 de mayo de 2011 -más allá de lo que pueda surgir o no, sólo lo sucedido en ese momento-, sin entender el malestar por la ley Sinde y la comunicación multiplataforma establecida por miles de usuarios más o menos influyentes ante ese enemigo común, es absurdo. También lo es que la nueva generación pasa de la cultura de la Transición, es decir, que no la consume, que no le ve el punto ni a la prensa, ni a los cantautores, ni a la cultura que se aferra al mito de la Transición. Se la trae floja. Vive en otro mundo, lee, consume y escucha otras cosas no por rebeldía, porque les apetece y se ha dado así, sin más. También porque la generación anterior ha vivido muy cómoda aferrada al mito, y se ha dormido.

Digamos que la cultura de la Transición nos cuenta la historia de Rodrigo Rato que luego queda registrada en las encuestas oficiales: es un gestor estupendo. Pasa a unirse a los tópicos de la comunicación como “En cuanto a valoración suspenden todos los miembros del Gobierno, excepto del Ministro del Interior el sr/sra (…)”. Es muy temprano para aventurar nada, para hablar de una cultura post-Transición. Sería idiota pensar que el establishment no tendrá tiempo de aposentarse en los nuevos centros de poder y dominar, pero desde luego las dudas ya están sobre la mesa. Dudas sobre los significados y los significantes, dudas entre lo que sucede, lo que nos cuentan que sucede, y lo que queremos creer que sucede. Dudas.

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Be cool

“The middle class is a group of sharing and caring social network users who lack the ability to question their online existences in the same way that a Middle American is somehow programmed to never question why they are supposed to start a family, get a decent job, and do their best to raise decent kids”

@hipsterrunoff en grantland.com

Hemos visto muchas veces la misma escena: una persona que jamás juzgaríamos como fanática de la tecnología, adopta una nueva costumbre tecnológica impensable. Pasó con el uso del teléfono móvil, ahora con el smartphone, con tener una cuenta en Facebook, luego en Twitter… ¿Sabes que el abuelo manda fotos con el móvil?, ¿Tu madre también quiere ser tu amiga en Facebook? Cada vez que se da una de estas situaciones, un hispter huye despavorido en dirección contraria, buscando la nueva costumbre que le identifique con algo avanzado y exclusivo. La élite, y el pueblo llano llevan dándose de hostias toda la vida, pero ahora convergen en un punto de huida: la tecnología. Para unos representa el avance constante, y para los otros una señal más del estado teenage en el que pretende vivir eternamente nuestra sociedad.

Se nos dice que la pelea por autoconsiderarse élite, ya no es económica, sino tecnológica, pero el caso de Instagram lo desmentía: acceder a él conllevaba tener un iPhone. Los productos exclusivos tuvieron auge en la red con iniciativas como los correos de Google, o las cuentas de Spotify, para cuyo disfrute debías ser invitado. Eso era lo cool. En un mundo que te habían vendido como abierto, libre, y que te permitía acceder a toneladas de información, tenías un pequeño coto de exclusividad, podías sentirte más importante que Mick Jagger, de quien podías descargarte toda su obra sin problemas y en cuestión de minutos.

La élite buscó un hogar cuando las iniciativas basadas en las invitaciones abrieron la veda a todo el mundo, al “público masivo”, al vulgo. La exclusividad ya estaba en otro sitio: el culto por el iPhone. La aspiracionalidad representada por Apple quedó patente con la muerte de su fundador, y la pleitesía en los medios generalistas, replicados una y otra vez en las redes. Por vez primera asistimos a la identificación con una empresa por parte de miles de personas que, incluso cambiaron sus avatares en las redes por el logotipo de una marca a la que, en muchos casos no pueden acceder. El iPhone conlleva toda la parafernalia de la marca, y también un sobrecoste que lo convertía en minoritario, hasta que cambiaron de estrategia. Cuando el abuelo desenfundó su iPhone, de nuevo los hipsters emprendieron veloz carrera en busca de su nueva religión.

Con la popularización del teléfono de Apple, tenía poco sentido que Instagram fuera una aplicación exclusiva: había perdido aspiracionalidad por vía de su sistema operativo, ya en manos del pueblo llano y sus regalos con las tarifas de datos, así que se adapta a todo el mundo, e Instagram, esa aplicación que retenía para siempre instantes más comunes de nuestras vidas, y los convertía en clásicos bucólicos, sale de las costumbres de la élite a la velocidad con que entra en las del mundo común y corriente. Por mil millones de dólares, parece que vale la pena.

La venta de la aplicación a Facebook es el certificado de divorcio entre la aplicación de las fotos y la élite. “Ahora se ve que lo bueno no era Instagram, era la cámara de los iPhone” comentaban algunos usuarios que no se querían resignar a perder su condición de early adopters. Habrá que buscar otra cosa para ser “especial”, y para que la comunidad de gente “especial” nos reconozca y acepte. Tal vez Pinterest, o el enésimo intento por el triunfo de la geolocalización, o Vkontakte, o Qzone, o iBibo

Seguimos buscando herramientas para demostrarle al otro y a nosotros mismos lo que molamos. Como decía PalahniukCrecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seríamos millonarios, dioses del cine, o estrellas del rock. Pero no lo seremos, y poco a poco lo entendemos” Pero en lugar de cabrearnos como en la novela, y montar un club en lugar secreto en el que nos liemos a mamporros, decidimos vivir en la ficción de que sí somos millonarios (triunfan las delicatessen, los lugares exclusivos, la cocina de autor…), dioses del cine (protagonizamos la película de nuestra vida con vídeos, fotos, textos…), y estrellas del rock (followers, fans, seguidores, suscriptores…)

No liarse a mamporros tiene consecuencias positivas y negativas. La buena es que nuestro cuerpo sufre menos o, viendo la composición de los menús de McDonnald´s, sufre de otra manera. La mala es que la huida de la realidad es sólo eso: huida. La búsqueda constante de la personalidad online nos convierte en previsibles y manejables. La mierda está ahí fuera, esperando nuestro filtro lomográfico para que parezca una adorable mierda, pero sigue siendo una mierda. Una puta mierda. La puta mierda con la que nos engañaron.

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Hasta los couponing

Los gurús del marketing llaman couponing al fenómeno popularizado por empresas online como Groupon, Groupalia, o Letsbonus, que consiste en lanzar a una base de usuarios, una serie de ofertas imbatibles en bienes y servicios, habitualmente relacionados con el ocio (aunque ya vimos casos de abogados expertos en separaciones). Descuentos salvajes, de hasta un 70%, llegan a cientos de miles de bandejas de correo cada día. Quien propone la oferta se beneficia de la base de datos de la empresa distribuidora, ésta de los contenidos que le reportan los oferentes, y los clientes de unos precios fuera de toda competitividad.

Parece evidente que se trata de reclamos empleados a modo de gancho, que persiguen que el spa, el patinaje sobre hielo, o la cocina asiática, entren en la rutina de los consumidores, atufados por el exceso de oferta. Es decir, que se aproveche la oferta, con la que los oferentes pierden dinero, pero ganan clientes a medio y largo plazo, que compensan la inversión. Como en toda herramienta de marketing, sobran empresas que no obtendrán rédito y que jamás encontrarán hueco en la herramienta, más que por puro esnobismo.

No son pocas las voces que ya hablan de una tipología de cliente adicto al couponing. Hordas de seres vivos capaces de vivir de ese tipo de descuentos. Lo que mi abuela llamaba “ir a las ofertas”. No sé yo si hay quien pueda ir con el culo al aire, con la idea de que en los próximos días la web de turno saque el 80% de descuento en Levi´s. No todos los días, creo, te apetece pagar 29 euros en vez de 76 por un menú con cochinillo y guarnición, entrantes y vino para dos personas, o 55 euros en vez de 159 para cuatro. El caso es que funciona, hay empresas contentas con el servicio, clientes satisfechos, y empresas de couponing que parece que sólo peligran por el canivalismo entre ellas.

Las empresas que no han querido entrar en ese rollo -o cuyo producto no les ha permitido entrar-, empiezan a cuestionar el modelo de negocio. Hablan de un cliente educado en la oferta, que dejará de valorar otras opciones que no sean las vinculadas a descuentos. Dicen que una vez que alguien paga 10 euros por 2 noches en un hotel, no querrá volver a pagar 135. Tampoco queríamos que nos subieran el IVA, y lo subieron, digo.

Se puede coincidir en que lanzar productos a precio muy bajo, incluso por debajo del precio de coste, es difícilmente sostenible. Lo que no entiendo son las quejas y alarmas. Cuando las grandes marcas deslocalizaron sus fábricas manufactureras y se las llevaron a China, Vietnam, o cualquier otro postor que garantizara la ausencia de derechos laborales, incluso humanos, para con la nueva mano de obra, nadie dijo que fuera insostenible. Pensaban que siempre habría mercados emergentes que, merced al flujo internacional del capital sin traba alguna, adquirirían los productos.

Los comienzos de la globalización se basaron en la alegría cortoplacista del ahorro de costes, y la cómoda distribución puntual donde estuviera el cliente. El efecto dominó de: pauperización de las condiciones laborales, empujón a la baja de los salarios, e incapacidad que la demanda para absorber la oferta, se olvidaba con la famosa “mano invisible” que todo lo equilibra. Pero la mano invisible tendría que trabajar mucho. Se necesitaban muchas manos invisibles. Un pulpo invisible, de hecho. En ese momento no, el sistema era perfectamente sostenible.

Antes de que me dé un arrebato de locura, y comience a pintar las calles con exhortaciones al fordismo, y llamamientos al crecimiento económico autocentrado, voy a ver si encuentro 19 euros para hacerme con un pack de dos luces LED indicadoras para neumáticos. Que antes estaban a 39.

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Pedos Pe

Semana convulsa en la red. El cierre de Megaupload por parte del FBI ha tenido réplica en blogs, portales y medios de todo el mundo, y parece que la red, mayoritariamente, se manifiesta en contra del asunto. Se ve que nos jode más que nos quiten las pelis gratis, a que nos dejen sin educación o sanidad gratuita y de calidad. Qué jodido demagogo, ¿Verdad? Ya. Demagogo es mi segundo nombre.

Partamos de la base de que todos odiamos la industria. En realidad lo que odiamos es pagar a la industria, la industria en sí nos parece de puta madre. Pongamos el caso de “un amigo” que cuando tenía 17 años, y su madre le daba mil pelas a la semana, le jodía ir a la Fnac y dejarse 3.200 en un disco. Significaba no salir en un mes, así que cuando conoce el Emule, flipa en colores, y comienza a ser almacenador compulsivo de música, dando rienda suelta a su síndrome de Diógenes musical. ¿El último de Morrisey?, ¡Coño, toda la discografía de The Smiths y Morrisey! Y así con mil artistas.

Podríamos considerar que el precio medio del cedé era de unos 17 euros, y que en dos años ese amigo se bajó unos 1.500 discos, así que tendría un contenido con un valor en el mercado de 25.500 euros. Huelga decir que, de no haber nacido en los ochenta del siglo pasado y no haber conocido las posibilidades de la red, mi amigo no se hubiera comprado los 1.500 discos, es decir, el “agujero” a la industria no es el valor de la música bajada, de hecho es posible que el valor real esté entre el 1%, y el 2% del total de lo que se ha bajado, esto es, unos 250-500 euros. Ese es el agujero real a la industria. Pero mi amigo, gracias a todo lo que se ha bajado, ha conocido otros grupos que le han llevado a amar a otros -digo amar-, y se ha comprado cosas de esos grupos. El vínculo emocional le ha llevado a querer apoyar con la compra a esos artistas, y probablemente se habrá gastado en esa “inversión en compromiso” una cantidad similar a esos 250-500 euros. La polla el argumento, ¿Eh?

La historia es que si los discos hubieran costado 1.000 pelas, le hubiera jodido menos la excursión a la Fnac, pero no hubiera variado su comportamiento cuando se abrió la veda con la revolución Napster y el P2P. ¿Ha sido la industria la que se ha cargado el negocio? Pues no y sí. No, porque por más caros que estuvieran los discos, pelis, etc., esto no ha variado la velocidad a la que ha evolucionado la tecnología. Sí, porque no parece que se hayan adaptado para nada a las nuevas formas de distribución. Hablo de las multis, hay pequeños proyectos que lo han sabido hacer fenomenal. Esos pequeños proyectos mantienen la cultura, que no la industria de cultura masiva. En definitiva, hay unos señores que han realizado productos de manera tradicional, basándose en un modelo de negocio que cada vez parece más débil -grandes producciones de discos, pelis, series-, y que han pasado por canales de distribución diferentes a lo que esperaban. Han entrenado para jugar al fútbol, y les han plantado en una cancha de baloncesto. Pero también hay unos señores que, basándose en determinados vacíos legales han hecho un buen negocio con un contenido, una obra, un trabajo, que no era suyo, y sobre el que no tenían, ni dejaban de tener, ningún derecho.

Por ello me gustaría decir que no entiendo por qué la red está de uñas con la idea de que se combatan este tipo de negocios, porque es de cajón de madera de pino. ¿Que la forma en la que se ataca es torticera, rancia y equivocada? No lo discuto, sobretodo por los retos que representan para los legisladores a nivel privacidad, pero es evidente que la red ha propuesto muy poco al respecto. Y que el cierre de Megaupload, o cualquier página por el estilo, va a frenar muy poco un cambio de paradigma irrefrenable. Y que sí, que siempre hemos intercambiado cintas y todo eso. Pesados. Estamos en otro mundo. El mundo de compartir, de crecer juntos, de crear nuevas formas de hacer dinero, y en una democratización del acceso a la información, pero existe un problema con todo el contenido que no nació para jugar ese juego, y se ha dado la espalda a ese problema.

Creo que se ha sido muy ligero con la ética en todo este cambio, y que no se puede crear una industria “limpia”, nueva, y moralmente superior, saltando determinados temas que son fundamentales para el arraigo de la misma. Ni con líderes que se gastan los beneficios de Megaupload en alquilar yates, o tener un helicóptero privado. Eso sí que me suena a industria vieja. Los que lideran la tecnología no pueden ser tan tiranos, no se pueden ofrecer al dinero y al poder, igual que la industria a la que reemplazan. O por lo menos no pueden quejarse si su actitud es perseguida. Creo que la nueva industria lanza proclamas demagógicas y excesivas, exigiendo al mundo repensarse en cuestión de meses, y que la vieja industria, agobiada por los números y la falta de sensibilidad, se defiende con la misma agresividad, sin espacio para construir.

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Grandes pufos de marketing para 2012

-La consolidación de Google+. Hasta hace bien poco, al entrar en mi correo gmail, aparecía un mensaje que decía “Google Buzz va a desaparecer, pero puedes conservar tus publicaciones“. Supongo que quien redactó el texto dejaría escapar una risilla. Google Buzz resultó un pufo. No entiendo el Google+, ni por qué cojones hay señores desconocidos que me agregan a sus círculos, ni qué sentido tiene abandonar Facebook para vivir en la nueva gran apuesta de Google.

-El futuro está en la geolocalización. Cuando te has arruinado apostando por una startup basada en la geolocalización, escuchar esa memez es particularmente hiriente. La geolocalización lleva tres años siendo el futuro y, qué duda cabe, puede que lo acabe siendo. O puede que no. Como puede que el futuro de los automóviles esté en los coches que vuelen. Hay que reconocer el valor de Foursquare en determinados países para introducir a empresas humildes y con poca educación digital, en Internet, sin pasos intermedios como página web, blog, etc…, igual que se reconoce el valor de los smartphones como agentes que están logrando que la mayor parte del planeta se “conecte” de una manera más rápida que si tuviera que esperar a adquirir un pc conectado. De ahí a que en 2012 la geolocalización tenga un uso masivo hay un paso. Y parece poco razonable pensar que no se producirá un salto que probablemente anule el efecto de la geolocalización. Blabla y vacío.

-Consolidación de lo audiovisual. Los números que hablan de consumo de audiovisual en la red son aplastantes, pero todavía pobres en comparación con el consumo de lo mismo en medios tradicionales (TV). La producción audiovisual de calidad es cara, o bien porque no se cubren los costes del mismo modo si Antena Tres compra tu serie, o si la cuelgas en la red, o bien porque pagar a un cerebro que consiga crear productos audiovisuales adaptados a la red y exitosos, cuesta mucho. No se ha dado con la fórmula para que el retorno de la inversión haga rentable la inyección audiovisual, o para crear una ficción de retorno que convenza como la que se da en los medios tradicionales, así las grandes empresas (tanto productoras como marcas) no entienden muy bien qué cojones deben hacer en Internet, y se ve en sus pueriles estrategias.

-El reinado de lo emocional. Leo a sesudos expertos en cualquier materia, hablando sobre la emocionalidad, sobre lo importante que es que Campofrío apele a la risa para vendernos jamón de pavo. Personalmente creo que cuando le pegamos un muerdo a un bocata de chopped-pork (adorable concepto), no pensamos en el abrazo entre Josema y Millán. Con el tiempo será el anuncio de los humoristas, y resultará complicado encontrar el hilazón emocional con la marca. En realidad no queremos que nos emocione. Es un puto bocata. Hay una serie de marcas confundidas con esto de la emocionalidad, guiadas por creativos que llevan la cuenta de Frutas Pepe y creen que trabajan para Nike, empalman con sus ideas a los band managers de Frutas Pepe, y acaban abrasándonos con canciones épicas y con historias desgarradoras. Este fenómeno sólo conlleva inflación de emociones, la hiperemocionalidad nos volverá insensibles.

-Las marcas tendrán que escuchar a los usuarios, o quedarán fuera de juego. Por lo pronto, hay muchas marcas en fuera de juego, odiadas por sus clientes, que siguen facturando mucho dinero, y lo seguirán haciendo. Si escuchar al usuario es la pantomima del 15M que ha planteado Movistar, permítanme el aplauso. Aquí existen un par de problemas. El primero que hay marcas a los que no les interesa una puta mierda lo que digan sus clientes potenciales, ni sus clientes, ni sus empleados, ni nadie de Consejo de Administración para abajo. El segundo que el personal no participa en la vida pública, en sus problemas políticos, económicos, de derechos… ¿Auguramos un futuro participativo sobre el color que debe llevar la etiqueta de unas sardinas en escabeche? Díganme que no.

-A modo de conclusión, me gustaría felicitar a todos aquellos que a finales del año pasado auguraron que 2011 sería el año de la consolidación de WatsApp, y de las protestas ciudadanas en la calle. Es decir, nadie.

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Trucos para maquillar tu presentación

Les voy a citar una serie de trucos efectistas para las presentaciones. Se trata de estratagemas de vendehumos, y creo que he demostrado lo suficiente en esa materia, como para que mis recomendaciones les puedan ser útiles:

-Los niños son muy importantes. Leía ayer una gran frase que resume lo que les digo: “Para mi hija, una revista es un iPad que no funciona, y siempre seguirá siéndolo“. La sentencia es genial porque no sólo tira del concepto niño, pretendiendo insinuar que somos animales que, por naturaleza necesitamos un producto, en este caso de Apple, sino que además profetiza que siempre será así. Tirando de la argumentación, podríamos deducir que el ideal hacia el que nos movemos es un mundo gobernado por Princesas Disney y Bob Esponja en los papeles de Merkel y Sarkozy, o que la Scala de Milán debería abrirse a Justin Bieber. Es un poco el argumento de que todo lo que no divierta se queda fuera, y que todo lo que requiere esfuerzo es un rollo poco comercial.

Los crecimientos exponenciales. Cuando aparece un producto, soporte, portal, red… los crecimientos siempre son impactantes en tanto que algo que pase de 0 a10 ha crecido brutalmente, y lo que pase de 10 a 1000 ha multiplicado por 100 su tamaño. Por tanto podemos vender diez latas de guano de gaviota y, si dentro de un año se venden cien, hablamos de que hemos multiplicado por diez las ventas, con un crecimiento exponencial, como queriendo dar a entender que en otro año todo ser vivo tendrá su latita de caca de pájaro.

Los datos absolutos. Contar que un servicio tiene 10.000 usuarios, suele significar que ese servicio, siendo muy optimistas, tiene 5.000 usuarios reales, pero nos da lo mismo porque lo que intentamos en las presentaciones es impresionar. Es más o menos como medírtela. ¿Desde dónde se empieza?, ¿Cuál es la base del aparato?, ¿En erección, o en estado de relax? Los conozco que se la medían empezando casi desde la nuca. Al final no se engaña a nadie. Al principio sí.

La frase “si no estás (…rellénese al gusto…) no eres nadie. Es un mito sólo utilizable en caso de que el interlocutor sea duro de mollera y no llegue a esa conclusión tras toda la presentación. Es un remate, una aclaración literal. Se aplicó a internet, y el incremento de basura online hizo que estar en internet no significara nada. Nos viene del cole donde si no teníamos una pulsera de macarrón, o chinito de la suerte, o Air Jordan, o pulsera de chapa de New Kids on the Block, o una bomber, o el pelo a tazón, no éramos nadie. Pasó con second life, y ahora pasa con las redes sociales, principalmente con facebook. “Tus clientes están en facebook“. Vale, y tu competencia, y tus clientes potenciales, y los que te aman y los que te odian, y tu mujer, tu suegra y tu canario. Venga ya estamos todos en facebook, ¿Ahora qué? Pues a hacer dinero en otro lugar en el que si no estás no serás nadie.

Emplear datos de USA. Los Estados Unidos de América, país en el que si no vives en una unifamiliar con un buen garaje lleno de enchufes, tu hijo será un puto fracasado. Siempre van por delante. Japón también mola, o eso pensamos desde que les lanzamos dos bombas atómicas. Si tu dices que tal servicio está a tope en USA, o Japón, el personal se lo piensa. Es como el “anunciado en TV que va en las cajas de las tapas del chef Tony, o en el Abbflex. Es la garantía de calidad. USA es la TV del mundo.

No voy a seguir porque no sé de qué coño voy a hablar en la próxima reunión…

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Siempre la puta seducción

Imaginen que hoy entran aquí y hablo del frío. Del frío que hace. Y que les digo que he hablado con tres, o cuatro personas de la calle que refutan mi teoría sobre lo bajas que están las temperaturas, que hay que empezar a abrigarse, y que ya está aquí el invierno con todas las de la ley. Imaginen que se lo cuento hoy, y mañana, y así hasta que pueda ocupar el 70% de los post hablando de la llegada del asfixiante calor. Ahora imaginen que en vez de un blog me pongo en un plató ante millones de espectadores cada noche. Pues eso se llama “informativo”. Luego preguntarán por el descrédito de los medios tradicionales.

La idea del desarrollo inusitado de la información meteorológica, es que a la gente le interesa el tiempo. Es un tema de conversación recurrente sobre un fenómeno que se percibe de manera literal. No hay un sistema representativo, como sucede con la política. Cuando estaba en la radio había ostias por patrocinar el tiempo. Eso mismo pasa en todas las cadenas de tele. Es el pastelito publicitario, el producto estrella, seguido de los deportes. Haces un boletín de noticias y el personal se queda con el tiempo, porque si hace frío se les congela la nariz, si hace calor sudan, y si llueve se mojan como los demás.

Para que la política interesara, sería necesario que el espectador/ciudadano, padeciera o disfrutara de las decisiones políticas, sintiera que le afectan. Pero en este mundo en regresión non stop hacia la adolescencia, ni siquiera la declaración de la renta le une a lo público (que me la haga el gestor, o el programa PADRE, o confirmo el borrador). Debería tener una incidencia directa. Por ejemplo, si cada operación del lobby especulativo que nos tiene cogida la deuda por las pelotas, fuera un delincuente -por ejemplo- que nos roba cada día 50 euros en el portal, el personal estaría interesado en saber todo del delincuente. Todo. ¿Por qué nos interesa poco conocer la milonga económica?: que nos lo den hecho, me representan, el enemigo no tiene cara ni cuerpo, creo que no me afecta.

Estamos viviendo una realidad peliaguda que todo el mundo comenta: da la sensación de que si los negocios van bien las grandes fortunas disfrutan de los beneficios, y que si los negocios van mal, pagamos todos de manera directa. Hace ya tiempo el consumo comenzó su lucha por la calle. De una lícita idea de buscar el máximo beneficio, los popes del marketing desviaron los paseos a los grandes centros comerciales. Son muchas las familias que dedican el fin de semana a pasear por centros comerciales. Tan es así que algunas zonas de importantes ciudades se han visto obligadas a convertirse en “centros comerciales abiertos” para resulta atractivos. Convertir al ciudadano en cliente, en consumidor.

Parece que los espacios privados han sustituido a los públicos. Esa desafección provocada por el culto a la propiedad privada, entendiéndola como única forma de propiedad, ha generado la idea de que la calle o no es de nadie, o es del Ayuntamiento de turno, por lo que ni se cuida ni se aprovecha. No voy a caer en el tópico demagógico de que los niños ya no juegan en la calle, porque es patético, pero entiendan que por ahí va la cosa. En ese momento lo público, el sistema democrático, perdió una gran batalla, absolutamente tangible, pero que siempre se ha disfrazado para que no lo parezca. La gente rompe farolas en la calle, no en el Factory las Rozas.

-Está próximo el día en que la palabra “ciudadano” nos suene tan cascuda como hoy nos lo parece la palabra “proletario” . Hemos pisado el acelerador.

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Hola Carlos, soy tu post

Hola Carlos soy tú. Tú mismo dentro de treinta años. Así comienza el spot de McDonnald´s que, por su juego fácil, será recordado por el público analógico y el digital. Y es que los tuits sobre #HolaCarlos poblaron nuestros timelines hace unos días, explotando publicitariamente, y de manera gratuita, la marca de presuntas hamburguesas. Digo que el juego es fácil porque cualquier chimpancé borracho metido a guionista, se puede dedicar o a hacer chistes con Falete y Paquirrín, o a crear tramas con viajes en el tiempo y amnesias. Salvan cualquier guión y a la gente le gusta.

Volviendo al anuncio, el chavalín asume que él mismo se está llamando, treinta años después, con la misma sorpresa que si le dijeran que ha aprobado un parcial de matemáticas. Aunque el aprobado da igual, porque se dice a sí mismo que no se agobie con los estudios, y que será lo quiere ser de verdad: tener una empresa “en Internet“. Ese concepto es el primero que me choca, olvidando toda la situación fantástica anterior. ¿Qué es tener una empresa en Internet?, ¿Que tiene una página web?, ¿Una fanpage en Facebook?, ¿Que se habla de ella en forocoches?, ¿Habrá alguna comarca que se llame Internet, donde ubique la sede social de la empresa? Suponiendo que se refiere a tener una empresa de venta ¿? online… ¿Es compatible decirle que no se preocupe, y a la vez que será empresario?

El gesto criminal: “España va a ganar el Mundial -¿El del 82?- No, ese no“. Cómo se puede ser tan hijodeputa. Cómo se puede llegar a ese grado de criminalidad… ¡Dile qué puto Mundial ganamos! ¿Es que tiene que pasar por lo que hemos pasado todos?, ¿Es que tiene que vivir el penalti de Raúl, el codazo de Tasotti, el robo de Korea, la prórroga de Inglaterra…? ¡¡Díselo!! ¡¡Mitiga esa ansiedad y depresión generacional!! Y ya de paso coméntale un par de quinielas, y así te ahorras la primera ronda de financiación de tu jodida “empresa en Internet“, idiota.

El final es mi triángulo de las Bermudas, donde me pierdo. Le dice que entre en el restaurante (sic) y que conozca a una chica, y se la cuide.  Y yo me pregunto: ¿Es la misma que le acompaña en la actualidad?, ¿Qué sentido tiene entonces que entre a conocerla, si se van a conocer y formar una familia igual? ¿Pasa algo en la máquina del tiempo, que haga que tenga que intervenir con esa llamada, para forzar el encuentro?, o ¿Acaso la chica del burguer no es la misma que la que está con él de mayor?, ¿Es una exnovia a la que no olvida?, ¿Quiere deshacer su presente con una mujer a la que no quiere, y endeudado hasta las trancas en plena crisis?,

Y lo que me deja en fuera de juego:

1) ¿Cualquiera de nosotros hablamos con nuestro pasado, y a los diez segundos corremos a apretarnos un BigMac? Le dice “vale, gracias“, el chavalín. ¿¡Vale, gracias!? ¡Eres protagonista de un salto en el tiempo cuatro años antes del estreno de Regreso al Futuro, y contestas como si estuvieras hablando con los del puto 1004!

2) Le confiesa a su mujer que estaba hablando consigo mismo. En mi pueblo a eso se le llama hablar sólo, y conviene que te vea un psicólogo, pero su mujer lo asume con normalidad, como dándolo por perdido.

CONCLUSIONES:

Igual, amigo Carlos, deberías relajarte un poco, dejar de trabajar 22 horas en tu empresa, y en las 2 que dedicas a tu familia dejar de llevarles al puto McDonnald´s. Igual deberías dedicarle tiempo a una mujer que pasa de ti como de la mierda, en lugar de andar provocando saltos en el tiempo para que tu yo del pasado te resuelva la papeleta.

Admiro profundamente la persistencia del tal Carlos. El dineral en llamadas a una cabina y la paciencia para coincidir consigo mismo justo al pasar por la calle. La suerte de que cogiera el teléfono de una cabina, teniendo en cuenta que esto no es una peli americana, que en España ni nos dejamos las puertas de las unifamiliares abiertas, ni sonaban las cabinas ni, of course, cogíamos esos teléfonos. Lo de de dónde ha sacado el número de una cabina del pasado, mejor ni preguntamos.

PD: Pero que el anuncio me ha tocado la fibra, ¿Eh?

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Doble salto moral

-Cómo me mola Campofrío: han quitado la publi de La Noria porque entrevistaron a la madre de un imputado en el caso de Marta de Castillo. Eso es ética. Cuando llevan niños prodigio convertidos en juguetes rotos, famosos que caen en la penumbra de la droga y van a vender su miseria por un puñado de euros, entrevistan a maltratadores o despedazan a personajes públicos o anónimos, sí metían publicidad. Eso es coherencia y buen hacer. Es una pena que TVE ya no admita publicidad clásica, porque tenían un hueco en Jara y sedal. Por cierto, campaña de publicidad gratuita la de los jamones empaquetados ultraligeros con omega3, capaces de salvar nuestra vida.

Puleva también se cae del caballo, y retira sus spots de la parrilla de Telecinco -mientras el programa sea la Noria, si hablamos de las infidelidades de Belén Esteban, no pasa nada-, mientras esperamos que también retiren los alimentos transgénicos de las papillas que comercializan. No podía ser menos la muy ética Bayer que, además de ser, para el español medio, dos equipos de fútbol alemanes, es una farmacéutica muy curiosa, que se podría esmerar en que sus sobornos a distribuidores fueran más discretos, o mercadear algo menos con las muertes evitables en el mundo. De esto no os pongo enlace, porque la red está podrida de referencias.

-En definitiva, ante determinadas noticias, prudencia, que una cosa es que la doble moral campe a sus anchas, por ejemplo en forma de multas a los clientes de las prostitutas de Sevilla, y otra muy diferente que la convirtamos en arte y ensayo.

ANEXO AL POST (Vía @demimismo, ¡Gracias!)

Como diría mi admirado Piqueras: estas imágenes pueden herir su sensibilidad

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