“Todos acabaremos siendo nuestros padres”

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Publiqué este texto en octubre de 2009. Fran sacaba disco. Era otro blog. Ahora la pongo por aquí.

Cuando me da por sacar la grabadora, ya llevamos un rato charlando. Francisco Fernández (Gijón, 1971) ha surcado la columna  vertebral del indie patrio desde algunos de los mejores barcos - Australian BlondeLa Costa Brava- y ahora empieza un segundo viaje a bordo de su catamarán Francisco Nixon. En el céntrico café Manuela dibuja nuevas travesías, recuerda viejas batallas, y saborea su conquista principal: la paz interior.

Su Perfecto Caballero Británico- ¿Por qué empezaste tu blog?, ¿Qué te aporta?

Francisco Nixon- Lo empecé después de un concierto de La Costa Brava en el Contempopránea de 2006. Busqué por Internet si había salido alguna crítica del concierto, googleé y saltó un blog de una chica, Patata (Ana Serrano), que comentaba una pijada: que a las siete de la mañana se encontró a un tío pedo, buscando a alguien que le llevara al hotel. Que ella se ofreció sin saber quién era el tipo, y luego se enteró que había llevado al cantante de la Costa Brava. Ahí me di cuenta de que no necesitaba esperar a leer qué coño decían de mí, que podía contarlo yo mismo. Para hacerme autobombo, me lo hago yo.

El blog me ha dado la disciplina de escribir todos los días. No hace falta tener un tema especialmente interesante, sino que tengas una forma de escribir entretenida. Llevo tres años con él, y es una ventana independiente ante la visión de los demás. Intento que sea entretenido, hablar de las cosas que leo, que veo, que escucho. Es un contacto directo con la gente.

SPCB- He leído una respuesta tuya que me ha llamado la atención. Que en el boom tras el Pizza Pop, echaste de menos consejos desinteresados ¿Cuáles?

FN- No haber hecho el anuncio de Pepsi, por ejemplo. La gente lo interpretó como que éramos unos vendidos. Cuando eres joven y tienes éxito, ves las cosas a corto plazo y sin perspectiva. La gente quiere sacar todo el dinero posible en el mínimo período de tiempo, y sabían que esos grupos están arriba dos años, y luego desaparecen. Tampoco quiero que parezca que quiero reprochar nada a nadie, todo el mundo trabajó de buena fe…

SPCB- …la propia industria es perversa…

FN- …claro, es un mecanismo en el que buscas el dinero y olvidas que éramos tres colegas que nos juntábamos para pasarlo bien. Al final acabas haciendo cosas que no te gustan ni entiendes.

SPCB- ¿Por ejemplo?

FN- Suspendimos una gira de Pepsi donde tocábamos en sitios donde se distribuía la bebida. Nos llevaron a una discoteca de Benalmádena para gente de cincuenta años. Pensé que estaban allí ligando, y que nosotros les íbamos a cortar el rollo. Tocamos antes de fiestas de electrónica… no sé, fuera de contexto…

480SPCB- Pero hay cosas en las que también erais responsables.

FN- Claro, de repente dices “hostia, tengo la posibilidad de estar en la lista de Lo mejor del año de Rockdelux, pues voy a hacer un disco que le guste a los de la Rockdelux“. Se generan unas expectativas absurdas que hacen que todo se desinfle, y las decepciones personales en el grupo salen a relucir. Ahora disfruto mucho más, hago lo que me da la gana.

SPCB- ¿La bajada de Australian Blonde fue chunga?

FN- Sí. Es doloroso que la prensa independiente que te había apoyado te retire el apoyo, y que el gran público conozca el Chupchup, pero a los siguientes discos no les haga ni caso. Te ves sin apoyos. Tuvimos momentos chungos, pero creo que supimos encajarlo.

SPCB- Y conociste a Sergio (Algora)

FN- Sí, la verdad es que el componer en inglés me limitaba. Probé en castellano y a la banda no les gustó ni lo que contaba, ni cómo, así que me hice unas maquetillas en un cuatro pistas. Conocí a Sergio, y conectamos tanto, que la idea de montar un grupo fue la excusa perfecta. Ellos estaban con el bajón de Muy Poca Gente y yo con el mío. Ellos pusieron la banda y yo las canciones, porque casi todo el primer disco de La Costa Brava las tenía compuestas para Nixon.

SPCB- La Costa Brava es un grupo gigante, pero tardasteis en entrarle a la crítica…

FN- Sí, no entendían qué tenía que ver un tío de Australian Blonde, con otro de El Niño Gusano. Con el tercer disco llegamos a tener buenas críticas.

SPCB- Componer canciones tan redondas y perfectas como Adoro a las pijas de mi ciudad… ¿Mola, o es un lastre?

FN- Mola mucho. Soy hijo de un taxista e iba a colegio jesuita, así que siempre tuve la sensación de que estaba fuera. Las chicas que me gustaban eran así, porque no conocía otras. Me río de ellas y de mí, con cariño. Cuando hice ese disco, con TrentaitrésRonaldoLas pijas, fui consciente de que estaba haciendo lo mejor hasta el momento, y lo sigo pensando. Creí que esas canciones me gustarían dentro de veinte años. No he superado esas canciones. A veces creo que repito un poco el esquema, pero por lo menos ya no compongo con la ansiedad de antes.

SPCB- Tus fans son recalcitrantes…

FN- Me los he trabajado. Acabé un poco quemado de estar pendiente de las modas, que es muy pop, pero vi que debía conectar con los fans de uno en uno…

SPCB- …de la crítica tampoco tendrás queja…

FN- Creo que es porque he generado tanto discurso, que contradecirme les va a costar mucho trabajo (risas). En el fondo la crítica forma sus criterios con muy poco tiempo, lo que te hace caer en el prejuicio. Pero en el fondo el crítico es una persona un poco insegura de lo que escribe, porque conoce esa limitación. Las críticas malas me afectan mogollón, pero yo creo que, en el fondo, la crítica es publicidad encubierta, si un crítico ataca algo, es porque hay algo detrás, rencillas contra la discográfica, o lo que sea.

En realidad vendo mil copias de mis discos y llevo quince años de carrera, ¿A quién le va a interesar atacarme?

SPCB- El equipo pobre que siempre cae bien… ¡Eres el Sporting de la música!

FN- (risas) ¡Exacto! Esas cosas me hacen simpático de cara al mundo de la música. Si dices que mi disco es una mierda no te vas a colgar ninguna medalla. Soy caza menor. A mí no me gusta Radiohead, por ejemplo, pero no se me ocurre decir que Radiohead sea una mierda…

SPCB- …y en este barrio menos… (estamos en Tribunal, nido de la modernidad oficial madrileña)

FN- … ya ves.

SPCB- ¿Qué estás escuchando?

FN- Pues vengo de escuchar en casa el The Gilded Palace of  Sin, de los Flying Burrito Brothers. Escucho mucho clásicos. En los noventa mucho grunge, mucho noise

SPCB- ¿Cuanto más viejuno, más clásicos? Como nuestros jodidos padres…

FN- ¡Es que todos acabaremos siendo nuestros padres! Y es porque es imposible manejar la cantidad de información que maneja un crío de dieciséis años. Por ejemplo, mi grupo favorito de los noventa eran Teenage Fanclub. Yo no conocía a Big Star, no conocía a los Byrds, y cuando me hice mayor empecé a escucharlos, porque habían influenciado a los Teenage… y al final vas para atrás rellenando huecos… te das cuenta que la vida es limitada, y vas a los discos importantes…

SPCB- … y reivindicando a los Beach Boys, que se ha puesto de moda…

FN- … a finales de los noventa, ahora lo que se lleva es reivindicar a Joy Division.

SPCB- Aunque te parezcan insufribles.

FN- Claro, pero es por puro esnobismo. También es parte de la cultura pop lo de que los grupos suban y bajen.

SPCB- ¿Cómo te gusta escuchar música?

FN- Antes llegaba del cole, me tumbaba en la cama,  me hundía en la autocompasión y lo flipaba. Ahora sólo puedo escuchar en viajes o en el metro con el mp3, o en casa cuando hago la comida, o limpio. No tengo tanto tiempo, soy más selectivo, estoy menos al día. Cada edad tiene su música, es patético el rollo de “eh, que yo sigo en la onda“…

SPCB- … ya, es como las cincuentonas que visten del Zara…

FN- …eso es, que van con la minifalda.

SPCB- Convertirnos en nuestros padres es una derrota, Fran.

FN- No tío, estar en la onda no es tan importante. Yo escucho a los Flying Burrito, y sé que ese disco se hizo para mí… Eso sí, tengo el oído educado, cuando hay algo bueno lo pillo al vuelo.

(tras unos minutos divagando sobre la vuelta a lo artesanal en la música, los públicos muy parcelados y lo viejos que somos tan jóvenes…)

SPCB- Las referencias que sacas en el blog... ¿Te tiras el mocazo un poco, no? ¿O de verdad lees a Stanislav Lem?

FN- Joder, pillaba los libros de ciencia ficción de mi hermano. Me mola mucho Lem, es un tío que le ha dado la vuelta a todo. También soy muy fan de Philip K. Dick, que ahora lo están reeditando todo…

SPCB- De hecho el mundo entero tal y como va parece una enorme reedición de Philip K. Dick…

FN- Sí. Luego te das cuenta de que es uno de los pocos que no tiró por las máquinas, sino por la información, las drogas, los psiconáutas… mira LostMatrix y todo eso… es un tío que ha sido muy saqueado…

SPCB- ¿Cada cuánto vuelves a Gijón?

FN- …uff… intento volver cuando… cuando puedo…

SPCB- … ya, me suena…

FN- … llevo cuatro meses sin ir, la verdad. Una de las razones por las que quiero tocar menos, es para ir más a Asturias.

Me ha encantado hablar con él. Nos despedimos en la puerta, cada uno lleva un camino diferente. Fran se pone la sudadera gris con capucha, yo me ciño los pantalones, él baja y yo subo, así que nuestras trayectorias desabrochan la calle San Vicente Ferrer.

francisco nixon 14-03-09Fran escribe en el blog : francisconixon.blogspot.com 

Y ha publicado “El perro es mío”, en el sello Siesta.

Y quiero que se haga rico.

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Canciones para él: “Manga por hombro”

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Conjeturas sobre un universo que se expande como tú y yo,
mientras salen dietas para reducir.
El tamaño de una estrella es importante si se quiere contener
ese firmamento con tendencia al fin.

En 2001 Elefant Records publicó Impermeable. Conocí al selló vía Nosoträsh y fue un flechazo, Club del Single incluido. De ahí surgieron amores secundarios como Metro, o Sing Sing. Aunque para la mayoría de la gente Indicios es el mejor disco en solitario de Carlos Berlanga, yo me quedo con Impermeable. Es el disco con el que accedí al último tramo de su obra -murió pocos meses después de publicarlo- y uno no puede borrar de su memoria los primeros días de un amor, ya sea una persona, una ciudad, o un artista.

Decía Benedetti, que por lo demás es un pesado, que la patria de uno es la infancia. Lo decía en Articulario y desexilio, una fenomenal recopilación de los artículos de Mario para El País, donde la nostalgia por la tierra era el eje sobre el que pivotaba. Y un poco de eso hay. Nacho Canut y Alaska volvieron a arropar a Carlos en Impermeable. Sabían que se moría, que igual era la última. Ibon Errazkin lo produjo, y él puso canciones superlativas, sofisticadas, frívolas. Poeta perfecto de su tiempo.

Los que estamos ahí arriba, hijo, somos tu tía y yo con cuatro o cinco años en el paseo de Begoña en Gijón, disfrazados de Alaska y Carlos Berlanga, en la época de Dinarama. En seis años, desde 1983 lanzaron cinco álbums con himnos como  Deja de bailar¿Cómo pudiste hacerme esto a mí?Un hombre de verdadDeseo CarnalNi tú ni nadieA quién le importa o El rey del glam. En 1989 cada mochuelo a su olivo, y el olivo de Carlos no volvió a coger el pulso al gran público, aunque nos cogiera el corazón entero al público más pequeño. Tu abuelo se tiró un día forrando de charol un trozo de poliexpan, que se convirtió en una guitarra-teclado, lo más de lo más. Tu bisabuela nos cosió los trajes para partirlo en la Movida. Tu abuela nos hacía fotos, que entonces era bastante más bonito y complicado que ahora.

Miro el entorno, nuestra casa, nuestro barrio, nuestra ciudad, y me doy cuenta de que tu patria va a ser otra. Que la patria de tu madre es otra, y que de esas diferencias vienen luego las guerras generacionales. Igual todos estos post son sólo un desesperado deseo de querer vincularnos la patria, de querer hilvanar nuestra infancia por las canciones.

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Canciones para él: “Misirlou”

Pulp Fiction

Recuerdo a mis padres subiendo cada domingo una docena de churros y el Diario 16. Con el tiempo, y mucho antes de la desaparición en 1998 de su diario habitual, empezaron a subir El País, que enganchaba a la chavalada con el Pequeño País y las historias de Mott, Lupo Alberto, Calvin y Hobbes, Spirou, Leo Verdura y compañía. Aquellos periódicos que subían mis padres fueron la última vez que se conjugaron el verbo subir vinculado al sujeto periódicos, el resto han sido Pedro Jota y decadencia.

Recuerdo a mis padres que el sábado no me escuchaban, pero el domingo sí y, en la comida me decían que si dije esto, o lo otro, o que si sacar tal o cual cosa me traería problemas. Uno de los momentos más patéticos de aquella época eran los resultados del Estudio General de Medios que aparecían cada demasiado poco tiempo. El EGM lo componen treinta mil llamadas telefónicas a personas que dicen qué escuchan a qué hora. Para que la respuesta sea válida, tienen que acertar con el nombre del programa, el nombre de la emisora, y el nombre del presentador, o presentadora del programa. Así de científico todo. Sabíamos perfectamente en qué semana la Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación(AIMC)  realizaba el trabajo de campo, así que recibíamos instrucciones claras que nos dirigían a repetir nuestro nombre y el del programa de manera reiterativa, además de aumentar el número de cuñas de autopromoción.

Los resultados eran siempre geniales porque trabajar en la SER y que llegaran los datos del EGM, es como ser Nacho Vidal y mear en un urinario público. Eres el rey del mambo por decreto. La lectura de cualquier dato, llena de matices, se aplasta con el “liderazgo en todas las franjas horarias”, y todo el mundo gana siempre. Nosotros éramos los top, pero había quienes tenían la “mayor tasa de crecimiento interanual de 12:23 a 13:38″, el mayor “porcentaje agregado de oyentes deportivos fuera de temporada” y demás rimbombantes datos defensivos ante unas tarifas de publicidad en claro descenso. Estar en la SER el día después del EGM es como ser Nacho Vidal y mear en un urinario público apuntando para afuera, para que todo el mundo te la vea.

Periodistas de reputado prestigio, a quienes no consideraba zalameros para nada, eran arrasados esos días por un tsunami de euforia que se desparramaba por los locutorios y encontraba vía de escape por aquellos micrófonos Sennheiser. El EGM era el descorche, el champín. Cada veinte minutos se batía una marca, cada oleada era la mejor de todos los tiempos, y la progresión geométrica hacía creer que al final José Ramón de la Morena tendría más oyentes que ciudadanos había en España, que los inmigrantes cruzarían el Estrecho en patera para escuchar El Larguero y volverse, y que medio Ecuador había llegado a nuestro país para oír las sandeces de Gemma Nierga y, como no sabían que hacer por las mañanas, trabajaron en la construcción y provocaron el boom del ladrillo (apunta, Mariano).

Había presentadores tan rematadamente falsos, que pretendían hacer creer que sólo contaban los datos del EGM como forma de agradecimiento a los oyentes. Yo hacía radio para Tomasa. Tomasa era una señora desocupada que vivía por y para marcar el teléfono de la radio. Fuera el día que fuera, y abriera el teléfono con la excusa de lo abriera, Tomasa era la primera. Tan era así que para mí era un personaje más del programa y, cuando tenía dudas, abría el teléfono, porque era la excusa para que apareciera Tomasa y si algún día no llamaba me preocupaba, porque sería que tenía medico o que había ido a ver su prima de Chiloeches. Yo hacía radio para Tomasa. Creo que no se puede hacer radio si no piensas en una persona que te está escuchando. Ese era mi EGM.

Mis padres ya no suben periódicos por aquello de seguir las tendencias del mercado, pero supongo que ayer padecerían como yo la borrachera de datos sobre récords históricos emergiendo en minutos en los que la misión de los medios es contar cosas más allá de sus ombligos, como por ejemplo la brutal crisis económica que ha acabado con una industria de la que no quedan ni los cimientos. Sólo queda el saqueo, las payasadas del tuitero de Recoletos, y el jamón cinco jotas con el que desayuna Cebrián. Sólo queda Tomasa, que tenía sintonía, y es la canción que hemos escogido para ti hoy.

 

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Canciones para él: “the girl from Ipanema”

The girl from Ipanema

Tendría cinco o seis años, y mi padre -tu abuelo- me sentaba en el sofá que había al lado de la maquina de coser Singer, para que viera a Maradona. Mira, me decía, ese es Maradona. Yo sólo veía la tele verde. La tele verde y repleta de señores pequeños, como hormigas, pero no entendía absolutamente nada, para preocupación de mi padre, que veía en mi desinterés un claro símbolo de homosexualidad. Yo también lo hubiera pensado. Es que ese era Maradona.

Diego tuvo que esperar para debutar en los mundiales a que llegara el de España. No pudo llegar a levantar la copa en el 78, junto con los Kempes, Bertoni y compañía, aunque te diré que su país ya pedía al ídolo de 18 años. Cuando te cuenten la historia del mundial de Argentina en 1978, supongo que te dejará tan helado como me dejó a mí cuando me la contaron. Estados Unidos -está bien que empieces a saber quién reparte el juego-, que para Chile tuvo a Pinochet, a Wessin para República Dominicana, a Noriega para Panamá, a Hugo Banzer para Bolivia, y así hasta Humala hoy en Perú, en Argentina puso a Viola, para que le diera la dictadura en bandeja a Videla, que se llevó por delante a 30.000 argentinos, mientras el resto cantaba los goles de los chicos de Menotti.

Te confieso que siempre que he conocido este tipo de sucesos, pienso en dónde estaría yo en caso de vivir aquello, y en lo que pensaría. Y no me cabe en la cabeza que los argentinos celebraran Mundial alguno. Siempre pensé que yo sería diferente, que tendría una mínima sensibilidad, que haría algo. Cesar Luis Menotti, representante del fútbol exquisito, creador del fútbol poético y de izquierdas, fue severamente reprochado dos años después. “Todos los presos políticos, los perseguidos, los torturados y los familiares de los desaparecidos estábamos esperando que Menotti dijera algo, que tuviera un gesto solidario, pero no dijo nada. Fue doloroso y muy jodido de su parte. Él también estaba haciendo política con su silencio”  dijo Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz en 1980, que logró salir de la Unidad 9 de La Plata gracias a la presión internacional.

Y resulta que el domingo estaban en Río de Janeiro protestando por la vida de mierda que les han obligado a vivir, arrasados por el dulce manto de la seducción capitalista, amargados en los arcenes del orden y el progreso olímpico y mundial, recibiendo botes de gas lacrimógeno y palos, y estaba tu padre tuiteando la final de la ridícula Copa Confederaciones, siendo un argentino en el setenta y ocho. Nunca es tarde para que la realidad me escupa que no soy diferente, que no tengo una mínima sensibilidad, que no hago nada. Al final no fui homosexual, pero inconsciente, un rato.

Hoy no te he escrito sobre la canción. Es bossa de Brasil. Supongo que prefería que supieras lo de Maradona.

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Canciones para él: “Summertime”

Billie Holiday

Cuenta la leyenda que George Gershwin, huyendo de los vicios musicales causados por su conocimiento intuitivo y buscando formación clásica, intentó ser discípulo de Ígor Stravinski. El maestro le preguntó al norteamericano por la ganancias del año anterior. El joven Gershwin contestó que 200.000 dólares, ante lo que Stranvinski dijo: “Entonces usted debería darme clases a mí”.

Vivió poco, tuvo mucho éxito e hizo lo que quiso. La vida ideal. Treinta y ocho años de oro puro. Un americano en París, música para un puñado de películas, y su ópera Porgy and Bess, de la que sacamos una nana que se llama Summertime, y que versionó mi voz favorita, Billie Holiday. La Holiday da para un blog. Ya tendremos tiempo.

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Canciones para él: “Sunny”

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El día antes de cumplir 45 años, Marvin Gaye recibió como regalo por parte de su padre un par de balas del calibre 38, que entraron por el lado derecho del pecho y le perforaron el albornoz, pero también el pulmón derecho, el corazón, el diafragma, el hígado y parte del intestino. Felicidades. El regalo fue argumento suficiente para apagar una de las mejores voces que ha dado jamás el soul. Tres días mas tarde 10.000 personas abarrotaban el cementerio donde no quiso faltar nadie. Como telón de fondo la ruina económica y el vacío personal. Esas dos balas han matado a Marvin Gaye en cada referencia desde entonces.

Tras contratar a Gaye para tocar la batería en canciones de Martha & The Vandellas o The Miracles, Marvin se había convertido en el embajador Motown por excelencia, pero había reunido todos los ingredientes para un final infeliz, y los había dispuesto cuidadosamente, a la espera de que cualquier casualidad activara el mecanismo. Segundo matrimonio fracasado, exilio en Europa, huyendo de sí mismo, manía persecutoria, paranoia y condena a la soledad, todo patrocinado por cocaína y heroína. Su trágico final, varios intentos de suicidio después, llegó en una época musical muy confusa que acabó con una cierta obsesión por la electrónica y la composición sobre una caja de ritmos Roland de su último disco -el único no Motown-  Midnight love, que es uno de esos discos que suena como dios, pero que transmite regular. Una de sus últimas actuaciones fue cantar el himno nacional en la final de la NBA de 1983.

Marvin Gaye ya había tenido sus más y sus menos con los productores de la Motown con la salida de What´s going on, probablemente el mejor disco de soul que se hará jamás. El disco era tan bueno que no quisieron sacarlo, cosa que sin duda es una vitola, una garantía de calidad. Tras aparecer el What´s going on, los discos deberían haberse empezado a fabricar cuadrados. Pero a los directivos de la Motown, que tanto dinero habían hecho con su sonido cálido, no les hacía gracia hablar de temas políticos en las canciones que producían. Ni del lado complicado de las drogas, ni de la pobreza, ni por supuesto de Vietnam. Los negros divierten, los problemas se quedan en casa.

What´s going on salió en 1971, poco después de que el propio Marvin Gaye hubiera probado suerte en el fútbol americano, con los Detroit Lions, absolutamente desnortado tras la temprana muerte de su compañera Tammi Terrel, con 25 años víctima de un cáncer cerebral. Tammi le había aupado a lo más alto, desde donde se manejaba con soltura. Hay cosas que no se superan. Y es así.

El 22 de noviembre de 1963 un señor acabó con John Fitgerald Kennedy, que por aquel entonces se dedicaba a presidir los Estados Unidos. Ese mismo día, a la salida de un club nocturno en Nashville, moría apuñalado Harold Hebb. Su hermano Bobby, apesadumbrado, imaginó un día mejor mezclando pop con r&b y le salió una de las canciones más versionadas de todos los tiempos: Sunny.  Hubo un día en el que la positividad ante lo adverso y la incapacidad para asumirlo se juntaron y Marvin Gaye versionó Sunny de Bobby Hebb. Esa es la canción que hemos escogido hoy para ti, hijo.

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Canciones para él: “The Universal”

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Yo pensaba que en el año 2.000 todos iríamos en naves espaciales y comeríamos píldoras que contendrían los nutrientes básicos para el ser humano. Que viajaríamos a la Luna como quien se marcha a Torrevieja, y que el teletransporte nos llevaría de Guadalajara a Gijón en un segundo, evitando así los tortuosos viajes de ocho horas en el Renaul 5 blanco, de tapicería naranja, sin aire acondicionado. Pensaba que el futuro era otra cosa más interesante que la mera prolongación del presente, con matices.

Yo pensaba que la universidad era un lugar magnífico al que querrían que fuera para mejorarme a mí y al mundo. Creía que era un lugar lleno de gente inteligente que me pondría pruebas que me harían crecer, como los alumnos en esas películas de artes marciales, que parece que toman apuntes de cada ruido gástrico del maestro. Creía que encontraría un camino, o descubriría una teoría que cambiaría la vida de miles de personas. Pensaba que la universidad era otra cosa más interesante que la mera prolongación del instituto, que a su vez lo fue del colegio, con matices.

Cuando escuchaba esta canción, con mis primeros cascos enchufados a un loro, tumbado en una cama de alambre, mi principal diversión era recopilar grabaciones de la radio en las que siempre se colaban dos palabras de un locutor. Cuando pensaba que de verdad podría ser lo que quisiera, cuando tenía el casillero  a cero, cuando pensaba que Blur eran la mera prolongación de Stereotypes, me sorprendió The Universal.

Lo que para ti es presente para mi fue el futuro. No sé cuándo leerás esto, si es que lo lees, pero a falta de unos meses para presentarte en sociedad, casi todas las cosas que se contaban en la canción que te ponemos hoy, son ya una realidad. La soledad imposible, los satélites en casa. Los diarios personalizados que te dan la razón, el universo libre. Y ese manto de cinismo en todo el tema, esa presencia engolada de la sección de vientos y coros que revienta y se incorpora al pulso de la cuerda. Y Damon Albarn en estado de gracia, como casi siempre, a punto de poner en cuarentena una carrera vacía de la que saltó a tiempo, antes de estrellarse en el éxito. Porque sólo podrás esperar cosas, hijo, de aquellos a quienes les interesa saltar.

 

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Canciones para él: “Gymnopédie No.1″

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Hijo, no te van a poner muchos ejemplos de mujeres que se casan tarde, y que son hijas de madres que no se casan. Y menos de mujeres que se casen dos veces. Y menos, que con cuarenta y cuatro, abandonen a su marido por un chico de veintitrés.”Ahora el amor de su vida es su hijo, Fulanito“, dijeron ayer de una muchacha en uno de esos programas que cincelan nuestra moral, gota a gota, frase a frase. Suzanne Valadón se cepilló a medio Montmarte, y pintó cuadros que lograron darle fama, aunque no sé si el orden debería ser ese. Quizá su obra debiera prevalecer, pero es una mujer, ya sabes.

Tuvo un hijo, Maurice Valadon, al que luego cambiaron el apellido por el de un amante de apetitosa biografía: Miquel Utrillo. Para que te hagas una idea, el ingeniero catalán, corresponsal en París para La Vanguardia, abandonó todo para fracasar montando un espectáculo de sombras chinescas en Estados Unidos. A su amante lo llamó amigo el Impero de la Moral Católica y la Factoría de la Culpa, que extienden su complicidad como una mancha de aceite, igual sobre un camino de tierra, que en el asfalto.

Suzanne volvió loco a Eric Satie, para quien el resto de relaciones fueron una puta mierda. No duró mucho el idilio. En derredor del romance, como si se tratara de pétalos surgidos de manera natural y proporcionada, nacen las introducciones de Satie en el minimalismo, el serialismo, su contacto con el primer dadaísmo, sus proyectos multimedia, y su testamento para la historia de la música en forma de Gimnopedias, de Ogives, y de Gnossiennesa pesar de las cuales se arruinó económicamente, mientras se daba de hostias con Debussy y Ravel cuando, con cuarenta años, decidió entrar en el conservatorio del que le habían echado en su juventud.

Entre medias otra biografía riquísima, y la Gymnopédie No.1, que obsesiona a tu padre, probablemente por un recuerdo con demasiado polvo acumulado encima, y que adora tu madre por la lógica matemática de su armonía. Es la clásica lucha entre lo academicista y la realidad. Como si lo real, por definición académica, no pudiera estar reglado. Como si no fuera etnocéntrico pensar que a finales del XIX, en París, se fabricaba el mundo. Como si fuera normal, hijo, pensar que nunca nos pasará nada. 

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Canciones para él: “Good vibrations”

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Un par de meses antes de que Tara Bown estrellara su deportivo, y la dupla de Liverpool escribiera A day in the life, Lennon y McCartney les habían enviado una carta a Brian Wilson y Mike Love, felicitándoles por su colosal último trabajo. El propio Wilson había exigido que Good Vibrations no estuviera en la alineación inicial del Pet Sounds, decisión que nadie del entorno de los Beach Boys llegaba a comprender. De hecho hacía tiempo que no comprendían casi nada de lo que hacía Wilson, afectado por fuertes crisis nerviosas desde 1964.

La muerte de Charlie es uno de los momentos cumbres en la narrativa de la serie Lost. Es el primer capítulo en el que se emplea un flashforward en lugar de flashbacks, y el momento en que el personaje de Charlie se siente predestinado a apagar el misterioso sistema de bloqueo con el exterior.  La escena arranca con el personaje del músico desfasado entrando en la plataforma El Espejo, e introduciendo la melodía de Good Vibrations, que se utiliza como código en las transmisiones con la misteriosa isla.

Good vibrations se empezó a grabar un 17 de febrero de 1966, y se acabó en septiembre de ese año, tras 90 horas de grabación y 50.000 dólares. Durante la grabación Wilson se acabó comiendo las guitarras y la estructura regular para construir sobre un theremín, un violonchelo, un órgano, una armónica, dos bajos, y una riqueza vocal que representan la vida y el mundo. Horas y horas de grabación en diferentes estudios que acaban ofreciendo un mundo envolvente y cálido por momentos, terrible y casi siniestro en otras ocasiones.

Brian Wilson, sordo del oído derecho y loco como las maracas de Machín, había decidido grabar SMiLE, el gran álbum de su vida, después de escuchar el Rubber Soul de The Beatles. Sería el mejor disco de todos los tiempos. Para ello no dudó en grabar al piano con los pies metidos en un cajón de arena de playa californiana, tirar de chequera, contactar con Phil Spector, o cualquier cosa que se le ocurriera. El talento se acabó derritiendo entre toneladas de LSD y llegó a su límite, emparanoiado por una serie de incendios que asolaron Los Ángeles. Capitol, el sello de los Beach Boys llamaba cada poco para interesarse por el desarrollo de SMiLE y Wilson, que cada vez se sentía más solo, iba quedándose sin argumentos. Un día, en el coche, escuchó Strawberry Fields Forever. Afirmó que ya llegaba tarde, que era eso lo que él quería, y al volver al estudio quemó decenas de cintas del proyecto SMiLE retirándose de la composición durante varias décadas.

En 2004 Brian Wilson aparece de nuevo apoyándose en una formación llamada The Wondermints para grabar SMiLE, volviendo a la primera fila del panorama musical. En 2011 se lanza una caja recopilatoria, The SMiLE Sessions, con material de la grabación original, como por ejemplo 24 pistas de la grabación de Good Vibrations. Si algún día te vas a una isla desierta, hijo, no puedes permitirte no llevarte esta canción.

Y no te pierdas su mejor versión:

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Canciones para él: “A day in the life”

Bilbao

Comeré huevos y lo voy a entender todo. Y lo sé desde hace veinte semanas, que es algo parecido a cinco meses. Cuando te confirman que vas a ser padre lo primero que aprendes es a contar la vida en semanas, que debe ser el principio de ese comprendimiento absoluto al que se llega con la paternidad, o eso me dijeron siempre mis padres. Ahora lo entenderé todo y no podré por mas que rendirme a evidencias que hace poco no me lo parecían tanto. Otros dicen que no voy a dormir, que es algo así como si te compras un Porche y todo el mundo te dice que qué putada, que al principio huele a nuevo. El ser humano nunca deja de sorprenderme y yo a él intento no hacerlo. A poder ser intento no darle ni la hora.

Les voy a contar una de esas ridículas tradiciones privadas que todos tenemos y que esperamos ennoblezca la mano de un biógrafo. Supongo que habrá que pensar en el papel de los biógrafos en tiempos en los que todo sale al aire y nadie tiene interés en profundizar. El caso es que igual que Bárcenas tiene su cita anual con el helioesquí, yo suelo estrenar mis equipos de música con el Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band en sus distintos formatos. Me parece que esos aparatos merecen desvirgar su aguja o su lector en tan insignes grabaciones. Es una especie de pacto tácito en el que le digo al aparato de turno que si se porta bien conmigo, yo le voy a recompensar.

A quien le gusta la música sabe que seleccionar música es crucial en la vida. Le pedí salir a mi primera novia con una cinta en cuya confección invertí dos noches y mis primeras tres canas. Si el ritmo es adecuado, si los mensajes tienen sentido exacto, si le gustará el punk… Ahora el reto es mayor: ¿Cuál seria la primera canción que le pondríais a una persona en el principio de sus tiempos? Algunos estudios dicen que los niños son capaces de recordar hasta el año las melodías que ha escuchado mientras estaba en la barriga de su madre. Y yo quiero tener un hijo, no un rencoroso musical. A través del oído, la música actúa poniendo en marcha resonancias vibratorias que activan millones de células cerebrales. Los que hacen este tipo de estudios, dicen que los que más molan son Vivaldi y Mozart, pero claro, haces un estudio, no tienes ni puta idea de música, quieres quedar bien ante la prensa, y sueltas esa mamonada barroca.

El 18 de diciembre de 1966 Tara Browne, el veinteañero heredero del imperio Guinnes, y amigo de Paul, se mataba en un accidente de coche. Se supone que esa fue la motivación que encontró Lennon para arrancar el tema, pero luego todo fue variando, y Paul metió la parte central a su aire. A day in the life fue la última canción que escribieron juntos Lennon y McCartney, y cierra una de las obras claves en la cultura popular del siglo XX. Posteriormente John hablaría despectivamente de la intervención reverberada de McCartney, pero lo cierto es que las 34 horas invertidas en la grabación del tema -orquesta disfrazada incluida- acabó creando una canción maravillosa e inquietante, con la que hemos querido estrenar el oído del pequeño.

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