King harvest

Llevo diez años blogeando y todavía no he sabido definir un producto. Creo que es la mejor y más nítida conclusión desde entonces. Y después de eso, les dejo a The band. Me compré la reedición del disco marrón en Paradiso, en el último viaje a Xixón, y me hace especial tilín esta canción.

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El significado de las palabras

Planteaba Juan José Millás en su última columna, el problema del pan-pan y el vino-vino, aterrizado en dos preguntas fundamentales: ¿Por qué todavía no sabemos si Rato dimitió, o lo echaron?, y ¿Por qué dicen que una entidad como Bankia funciona fenomenal se cambia su dirección, se baja su nota, y de precipita en bolsa? Más tarde, en La Ventana de la SER, ahondaba en su preocupación sobre la distancia gigantesta entre significados y significantes: ¿Qué piensa la gente cuando ve una cosa y le dicen la contraria?, ¿Qué efecto tendrá en la población?

La preocupación comienza a cundir, y no es una paranoia más mía, es que el artículo de Millás fue compartido por más de 47.000 usuarios, cuando, según fuentes de elpais.com, la media en sus textos ronda entre 12.000 y 15.000. La prensa “oficial” la que hasta ahora tenía la hegemonía de la “verdad”, y ponía marco a la “realidad”, le ha dedicado al tema unos cientos de palabras en ese artículo, y un pequeño espacio en un programa de radio de tres horas. Efectivamente, a día de hoy, en plena Era de la Información, todavía no tenemos ni idea de por qué Rodrigo Rato ha salido de Bankia. Pero precisamente Rato, nos puede servir para ilustrar el problema de la separación entre la realidad, y lo que se cuenta de ella.

Rodrigo Rato se pone todas las medallas del mundo en la expansión vivida durante el Gobierno de José María Aznar. La salida de una crisis sistémica, las todavía generosas subvenciones europeas, y el petardazo de la Ley del suelo, propiciaron una creación de empleo poco cualificado, vinculado a la construcción, que tiró de la demanda, y reactivó la economía. Evidentemente, pan para hoy, y que arreen mañana, pero Rato se fue de rositas como un gran gestor. Nadie analizó la gestión de Rato como Ministro de Economía porque no hizo falta. Para la esos chavales que abandonaron bachiller para que el andamio les pagara la XBox y el Ibiza tuneado, Rato era un tío fenomenal, para la gran masa, aplastada por el poder mediático gubernamental (el ejecutivo Aznar controlaba El Mundo, ABC, Onda Cero, Cope, Rne, Tve, Telecinco, y Antena Tres, o bien de manera directa, o indirecta), se vendió a Rato como un mago de las finanzas. Anoten el verbo anterior, porque por ahí va la cosa: vender.

La realidad, pues, es que Rato no hizo una gran gestión, de hecho, cualquier economista independiente sabrá que muchas de sus decisiones (privatizaciones de empresas públicas que daban grandes beneficios: Argentaria, Tabacalera, Telefónica, Endesa, y Repsol; la anteriormente citada Ley del suelo, no reinvertir las últimas subvenciones sustanciosas de la UE, planificaciones faraónicas de algunas políticas públicas…) fueron errores estratégicos que, en parte, explican la basura en la que nos movemos hoy.

En 2004, con el gobierno Aznar en plena descomposición, y con Pedro Jota quemando tinta a favor de la teoría de los “moros de la ETA“, el bueno de Rodrigo es llamado por el FMI para ser su director gerente hasta noviembre de 2007 años en que dimite, dice, para cuidar a sus hijos. En realidad, sale a hostia limpia: desde dentro del FMI es culpado de vivir en una burbuja desde la que no fue capaz de prever la crisis mundial. Sólo El País, y por intereses políticos favorables al PSOE, destacó el informe en el que el propio FMI ponía a Rato a caer de un burro. Si lo quieren consultar, aquí enlazo el informe. No conviene ser chauvinistas, es evidente que Rato no es la fuente de los males del FMI, pero también es cierto que heredó y asimiló errores sin ningún problema, y por tanto es responsable de ellos. Algún día estaría bien analizar el trabajo de los altos ejecutivos, sus cortas estancias en multinacionales, el tiempo de adaptación, el compromiso de la corporación ante su marcha y, en definitiva, si dan palo al agua. Pero eso para otra, que nos desviamos. Como digo muchos problemas ya existían en la era pre y post Rato, el crack de las finanzas. Pero la verdad es que no se marchó, le echaron. Y sin tener que llegar a los límites de su heredero Strauss-Kahn.

El 1 de noviembre de 2007 se va del FMI para ocuparse de sus hijos. Un mes. Se entiende que lo de los hijos debe ser una lata, porque a los treinta días anuncia su incorporación a la división internacional del Banco de Lazard, un banco de inversiones francoestadounidense establecido en Londres. Al poco es nombrado también “asesor internacional” del Santander. Y ustedes se preguntarán “Si le contratan en todos esos bancos…¿Será porque es un figura, no?”. Verán, ese tipo de trabajos van de lo siguiente: usted, que ha estado en un cargo político relacionado con finanzas y con relaciones internacionales, conoce a mucha gente capaz de hacer muchas cosas por todo el mundo, nosotros necesitamos a muchas gente que nos haga cosas por todo el mundo, le pago tanto y usted levanta teléfonos. Hasta que en 2010 Esperanza Aguirre, aprovechando esa vitola falsa del “gestor perfecto“, le pone en Caja Madrid. Y hasta nuestros días.

La biografía de Rato, desde su participación del gobierno de 2004, se parte muy claramente, entre la percepción que tiene ese concepto llamado “el español medio”, y la realidad. Se da la circunstancia de que la especialidad del tipo en cuestión, economía, es algo que escapa al español medio. La cultura financiera general es pésima según los expertos y eso, amén de resultar peligroso para con nuestros ahorros, facilita la veneración de figuras que “hacen cosas que nosotros no entendemos“. Por tanto nosotros, los espectadores/votantes/consumidores, nos hemos dejado engañar haciendo gala de nuestra ignorancia. Pero los medios, quienes trasladan la información cada día, tampoco han puesto de su parte.

Que los partidos políticos se convertirían en un producto ya lo decía Ray Bradbury en 1953 en su novela Farentheit 451, un mundo futurista en el que viviríamos presos de grandes pantallas de plasma, quemaríamos libros de papel, y votaríamos al candidato más guapo. Que los partidos necesitan ser comprados, esto es, ser votados, es la otra evidencia, por tanto, conviene fichar especialistas en marketing y comunicación, que sean capaces de afilar la ideología y convertirla en una serie de eslóganes fácilmente recordables. Desmontar las complicaciones, facilitando al máximo la vida al consumidor/votante, y finalmente, diciéndole lo que quiere oír. Muy mascadito y machacado con la frecuencia con que acribillan un disco en los 40 Principales hasta que llega a ser un hit.

Y los medios entran y han entrado hasta el final. Tengo los dedos pelados de contar cómo lo hacen, y ustedes los ojos secos de leerlo, quien llegue hoy por vez primera, que tire atrás. Los directivos de los medios han vivido muy cómodos viendo a sus redactores sin hacer preguntas, eliminando las molestas clases medias, premiando a quien no piensa, con el culo en la redacción esperando la nota de prensa para cortar, pegar, y firmar como “agencia”. Los medios han vivido muy cómodos recibiendo imágenes ya editadas de los partidos, ilusionados con la promesa de subvenciones, concesiones de emisión, o directamente contrataciones. Así han vivido los medios, así han cuidado la palabra los medios: UNA-PUTA-MIERDA.

Millás acierta con las preguntas, pero equivoca el resto: el tratamiento que tiene en los grandes medios la muerte de los grandes medios, sólo significa que no entienden nada, que no lo asumen. En este caso concreto se trataba de uno de los clásicos tics de izquierdas dentro del sistema, un maquillaje que nunca pasa de la dermis del oyente. Millás ejerce de literato de izquierdas, como Sabina de poeta oficial, o Ana Belén de roja, o Gemma Nierga de libertaria dama de las ondas: posturas inventadas de un Belén viviente que es lo que se denomina cultura de la Transición, CT. La transición acabó siendo un colegio internado dividido en dos tipos de alumnos: los que se hacían la raya a la derecha y los que se la hacía a la izquierda, y la defensa de ese colegio ha llegado al paroxismo. Ahí fuera habitan millones de peligros siempre acechando, y jamás hemos de salir. Puedes ser rebelde, pero siempre dentro del colegio. Rebelde, pero controlado. Transgresor, pero que me sirva para hacer merchandising.

Cuando la ley está marcada a fuego, todo se construye para que encaje, pero la mentira tiene las patas muy cortas y ha pasado suficiente tiempo, y se han acelerado demasiado los acontecimientos, como para que resista su última carrera. Hay piezas que jamás encajaron, hay preguntas tan grandes debajo de la cama, que ya no se puede dormir en ella. No, todo esto último es un poco broma porque no ha sido así, no ha llegado una generación fuerte, inteligente, arebatadora y combativa, lo que está pasando, creo, ha sido mera coincidencia. Entender lo sucedido el 15 de mayo de 2011 -más allá de lo que pueda surgir o no, sólo lo sucedido en ese momento-, sin entender el malestar por la ley Sinde y la comunicación multiplataforma establecida por miles de usuarios más o menos influyentes ante ese enemigo común, es absurdo. También lo es que la nueva generación pasa de la cultura de la Transición, es decir, que no la consume, que no le ve el punto ni a la prensa, ni a los cantautores, ni a la cultura que se aferra al mito de la Transición. Se la trae floja. Vive en otro mundo, lee, consume y escucha otras cosas no por rebeldía, porque les apetece y se ha dado así, sin más. También porque la generación anterior ha vivido muy cómoda aferrada al mito, y se ha dormido.

Digamos que la cultura de la Transición nos cuenta la historia de Rodrigo Rato que luego queda registrada en las encuestas oficiales: es un gestor estupendo. Pasa a unirse a los tópicos de la comunicación como “En cuanto a valoración suspenden todos los miembros del Gobierno, excepto del Ministro del Interior el sr/sra (…)”. Es muy temprano para aventurar nada, para hablar de una cultura post-Transición. Sería idiota pensar que el establishment no tendrá tiempo de aposentarse en los nuevos centros de poder y dominar, pero desde luego las dudas ya están sobre la mesa. Dudas sobre los significados y los significantes, dudas entre lo que sucede, lo que nos cuentan que sucede, y lo que queremos creer que sucede. Dudas.

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Contra la crítica.

Partamos de la base de que existen soldados descerebrados que viven de replicar fórmulas musicales a las que el personal está muy acostumbrado, pero esos no cuentan. Hablo que músicos, de que gente que sabe juntar dos compases, y además se la juega, y además tienen bagaje. Hablo de músicos. Bien, pues creo que en la mayor parte de los casos, los músicos hacen lo que les sale de los cojones. En serio, creo que les llega una, o varias ideas, y las maduran y las empiezan a desarrollar, y si montan el pifostio que supone la grabación de un disco, es porque creen que esas ideas molan mucho, y porque su gente les ha dicho que sí, que molan mucho.

Lo  que pasa es que luego está la prensa, luego están los críticos, que hacen de filtro para la gente, y que suelen ser mayoritariamente señores, pero también hay señoras, que han escuchado mucha música y que tienen retentiva, memoria musical, y grandes dosis de egocentrismo, y consideran,asumamos la ficción, que escriben bien, y opinan. Y ese es todo su mérito: experiencia como oyentes. Nadie les pide experiencia madurando en su interior procesos creativos, no, sólo retentiva como oyentes. Depende en qué revistas, también se valora que, en cada crítica, demuestres lo larga que la tienes. Y suele pasar que esos críticos suelen asimilar más bien regular, que el artista hace lo que se le pone por las pelotas, y te lo contextualizan, que es una forma de llenar el escenario del crimen de pruebas falsas que lleven a la sentencia que ellos han decidido de antemano.

Porque para el crítico musical todo tiene un sentido, y ahí radica la muerte del crítico musical. Hay veces que el crítico no puede disimular esa ansiedad por lo nuevo que sentimos todos, y son benévolos en discos mediocres sólo por la precipitación del juicio a bote pronto. Otras veces te cuentan que, al ser el segundo disco, han perdido la frescura, y los culpables siempre son los grupos y no ellos que, al oirlos por segunda vez, han perdido la frescura de tímpano que les provocaba lo nuevo. Se ha vendido el grupo. Ha ido a lo seguro. Ir a lo seguro es malo, por cierto.

Para el crítico todo es redondo y todo tiene un por qué. Una búsqueda desesperada por las explicaciones, por los condicionantes, por causas y consecuencias, por análisis sociopolíticos de la realidad colindante, pero limitados por un número de caracteres. Como si esa elección de palabras, como si esa selección de escenarios no fuera tramposa. Como si la potencia del foco no fuera impotente. ¿Se puede alumbrar Kind of blue con el mismo instrumento que Unfinished Simpathy?

Otras veces pasa que los artistas pretenden meter una amalgama de sentimientos y sensaciones en canciones de tres minutos y en discos de doce canciones, y eso es difícil. Es difícil que enlates tus ideas y no te vea como un falso. No un vendido porque sería el artista un chivo expiatorio que se llevara los laureles de nuestras vidas vendidas a una causa innoble, pero sí un estafador que me dice que una idea cabe en un formato. Una crítica de trescientas palabras es lo que mereces. Encerradito todo el veneno. Apretujando las balas que van a disparar contra tus ideas.

Decía Fank Zappa que la prensa musical la hace gente que no sabe escribir, sobre gente que no sabe hablar, para gente que no sabe leer. Y como siempre, lo clavó.

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Cuestión de cromosomas

La revista Rolling Stone realiza un ejercicio que aúna el interés de todo aficionado a la música popular y del del público general, que básicamente busca enlazar con lo emocional, publicando un artículo sobre la influencia en nuestros gustos musicales de la música que les gustaba a nuestros padres y que, de alguna u otra manera, nos llegó en la infancia.

Mis años mozos están cosidos por trayectos que atravesaban el país desde Guadalajara hasta Gijón y vivecersa, animado por toda la puta discografía de Mecano, Albano y Romina Power, Alberto Cortez, Perales, y cintas recopilatorias de lo que sonaba en los 40 Principales, con canciones variopintas, hábilmente cortadas antes de que la voz del locutor las pisara. En defensa de mis padres he de decir que en la maletita de las cintas había obras de Luis Cobos, Mocedades, Sergio y Estíbaliz, Eros Ramazotti, y otras lindezas, que muy pocas veces salían a relucir.

En definitiva, cada viaje era una tortura de siete, u ocho horas, con mi hermana taladrando las historias de Eugenio Salvador Dalí, Aire, Laika y sus putos muertos en pepitoria. En casa música la justa. Obviamente en una familia obrera el concepto comprar un disco termina cuando se cumplen los 18, y tener hijos supone cerrar persianas, tanto por lo económico, como por la sensación de misión cumplida para con la Humanidad. Sólo cintas grabadas con discos de la Biblioteca Pública, lo que hoy se conoce como “piratería”, que entonces era lo más normal del mundo.

Pero mi padre tuvo un pasado, antes de perder el juicio y tirar por su veta más lírica (de los Eagles, Kenny Rogers, Engelbert Humperdink, y tal), atendiendo a la primera edición de Operación Triunfo, y todo tipo de personas que hagan gorgoritos. En ese pasado había nombres como Simon & Garfunkel, Supertramp, o Pink Foyd. Y a eso me enganché, a husmear un poco en el brillo de tiempo atrás, a escuchar aquel vinilo, el Animals, aquellos grandes éxitos de S&G con sus melodías redondas, y reconocibles si te educaron en colegio de curas.

Y de hurgar llegas al doble rojo de los Beatles que te encuentras un día tonto por casa, y del grupo que facturó el Animals aparece el The Piper at the Gates of Dawn, y todo cambia para siempre. Porque See Emily Play te produce el mismo destroce neuronal con catorce que con treinta. Qué brillante y qué raro. Entonces despegas y con el esnobismo como combustible descubres muchas cosas, te conviertes en un gilipollas descomunal que no puede hablar de música con nadie, sólo con otros gilipollas que tampoco pueden hablar de música con nadie. Con el paso de los años, retornas todo el rato a clásicos, te das cuenta que el tiempo es limitado para adorar nuevos becerros y ves el cajón de “novedades” con un cierto recelo. Digamos que con 30 escucho un 65% de clásicos, 35% novedades, y las diferencias, por lo que me dijo en su día Fran Nixon, irán in crescendo. De cualquier modo, siempre piensas que tienes razón.

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Viersiones

El título es francamente hostiable, pero mira, es lo que hay. Igual me dan curro de creativo en Telecinco, la revista Cuore, el gabinete de prensa del Gobierno, o algo peor.  Como quiera que Martin Scorsese está a punto de sacar el documental sobre George Harrison, George Harrison, llamado living in the material world, y el décimo aniversario de su muerte está cerca, aprovecho para hurgar en esos versionadores caseros y fans del Youtube. Aquí van mis cinco destacados:

1) El japonés. Algún día haré un especial sobre el concepto japonés-friki, que lleva dando juego desde Humor amarillo, y que rellena reportajes televisivos a cascoporro. Un reportaje sobre frikis no es un documento en condiciones, sin un par de japonesas vestidas de gilipollas, saludando, y riendo a cámara. ¿Se imaginan a un japonés con un libro de Juan Manuel de Prada? Pues eso. Este señor no tiene desperdicio. No sólo por el concepto foto con espumillón navideño, sino por la pericia que demuestra en la edición, y lo barroco de sus efectos visuales, toda una apuesta rebelde en tiempos de minimalismo.

http://www.youtube.com/watch?v=lOYnY5b2Fh0

2. Alan de Silva. Apunten ese nombre porque no es el próximo fichaje colado por Mendes en España (aunque podría), es un covermaker que nos puede dar muchas tardes de gloria. Lo mejor del vídeo son los siete segundos iniciales. El ruidito inquietante, la cara no menos sobrecogedora. Tras superar las dudas sobre si es hembra o varón, si el color de las cejas es teñido, o resite más a los disgustos que el de la cabeza, se casca una versión de My Sweet Lord. Creo que es el paki de un restaurante de Avemaría, con una peluca de la Plaza Mayor en Navidad, pero tengo que confirmarlo.

3. Jake Shimabukuro. Para solaz de los modernos que se van con la mochila a la India, compran vinilos en UFI, y toman el vermú en La Sueca, traigo una versión en ¡Ukelele! Qué moderno ¿verdad?, qué bien, qué expléndido, que instrumento naïf pero capaz de reflejar un sonido único que jamás entenderán los pokeros fans de Pitbull… para los que diseñáis productos e interfaces. Versión muy bien ejecutada -las cosas como son- de While my guitar gently weps. Le sobran los pajaritos y la cascada de fondo eso sí. Estará detrás el Gobierno de Canarias.

4. Ellie Davidson es una chica que toca la guitarra de puta madre, que tiene voz de rockera y ha colgado una versión de Blackbird autograbada en blanco y negro -así, más artística-, pero sólo trescientas visitas. Por lo menos no es una desquilibrada mental, como muchos de los versionan este tema por Youtube. Me mola su toque, porque la gente que versiona Blackbird suele ser muy acaramelada y pastelosa, y esta tipa la canta con una voz agria, y ritmo en la guitarra como para no dar tregua.

http://www.youtube.com/watch?v=tiHJqx846EQ&feature=related

5. Vamos a cerrar con un poco de humor. Un grupete de amigotes que han decidido hacer un vídeo para pasarlo bien. Lo verdaderamente molón son las figuras y actitudes de los coreógrafos y bailarines del fondo. Lo que es la canción… partamos de que me resulta poco creíble ver a un rapero con una guitarra acústica, y que ella se cree que por estar buena también va a cantar bien y será la nueva Beyoncé. Lo malo es que nadie en el grupo -ni el falso rapero, ni los bailarines- tienen pelotas a decirle que canta como un hurón borracho y bañado en uranio empobrecido.

Buen finde.

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Vuelvo a los viernes locos

Esos viernes en los que dejaba versiones caseras de canciones más o menos míticas, que me encontraba por Youtube. Lo cierto es que convertí en un blogger serio y respetable, así que dejé de hacerlo, pero que es el momento de retomarlo: verano, vacaciones, asesinatos en masa en Oslo

Como quiera que ayer Jose y Paula comentaban su periplo por San Francisco, me he levantado hoy con una resaca considerable, y San Francisco (be sure to wear flowers in your hair), de Scott McKenzie, metido en la cabeza, taladrando una y otra vez, otro onehitwonder cualesquiera. Vamos al lío:

1. Versión perpetrada por una señorita ciudadana oriental que canta como una puta rata a punto de ser devorada por la corriente en una tormenta de verano. Diez mil visitas. Y sin enseñar pechamen.

http://www.youtube.com/watch?v=HO3aat0d2L0

2. Segunda versión. En este caso se trata de una chica más monilla, y con más posibilidades de “llegar a artista” (bonito eufemismo). Querida generación de chicas adolescentes que dedica las tardes a cantar delante de un espejo: así no. El rollo gorgorito y retruécanos místicos con la voz es caspa. C-A-S-P-A. La cuestión es que transmitáis algo, aparte de que vuestros cerebros sólo piensan en las rebajas del H&M.

http://www.youtube.com/watch?v=llxZatGcSlg&feature=related

3. El figura de la tercera versión se llama Koesl, y bien podría ser el padre fundador de Ikea. En una especie de motel de carretera del oeste de Wichita, luce sobre la cama un cuadro absurdo, que parece la portada del Greatest Hits de Blur, sin Blur, nos desgarra su guitarra de juguete en una grabación de pésima calidad, pero un alto valor documental. El paso de los minutos lo convierte en doloroso. Ojo con las fotos.

http://www.youtube.com/watch?v=Lt4flyrNRwA

4. Danny McEvoy me mola porque tiene personalidad. Siempre me he preguntado por qué este tipo de autograbadores de covers, que son casi todos, dejan los segundos entre que le dan al rec, y se sientan, en el vídeo final. ¿Por qué no lo cortarán en edición? El cuadro que ha compuesto para tocar, la escenografía casera, es lo que más me gusta: el póster de los Beatles y la minúscula reproducción de El Guernica, nos revela que es un votante demócrata, enrollado, separado, probablemente profesor de Instituto. Y la corbata. Pero la versión me mola, eh! (y a 114 personas más)

5. La versión que mejor rollo me ha dado es la de este tipo que parece un sapo al que se besó, y se quedó así como a medio camino entre humano y el rey de los anfibios. La cosa es que no me mata la versión porque es demasiado parecida a la original, pero mirad el entorno. Podría ser el padre de cualquiera de nosotros. Imaginad que vuestro progenitor, en mitad del salón de su casa, en vez de ver Teledeporte, saca la guitarra y se marca esta canción. Pues eso.

Espero que os haya gustado. Si no, no duermo.

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Lisboa I (la eterna crisis)

Pensé que sólo un snob de mierda me podía mirar con ese desprecio. El desdén que me lanzó un chaval, con todo el odio que acumulaba entre sus cascos Sennheiser, que seguro creía saber todo de música, pero que con tanto Breakbeat, Cut & Paste, Florida Breaks, Electro Minimal, Italo Disco, Jumpstyle e Industrial Hardcore, se ve que no le daba el cerebro para conocer a Jazzanova, y sí para lanzarme esa cara de imbécil cuando le pregunté por ellos.

A la ciudad se la sigue comiendo la crisis por los pies. Es una sensación que tengo desde que la conozco. El uno de noviembre de 1755, Lisboa sufrió un terremoto que fue prefacio de un maremoto (que ahora la prensa llamaría tsunami) y un incendio que se cobraron más de cien mil muertos, y la destrucción completa de la ciudad. Creo que a una desgracia de tal calibre no se puede sobrevivir. Al rey José I, que se libró de la desgracia de puta chiripa, se le quedó para siempre una considerable claustrofobia que le hizo comenzar a vivir en complejos de tiendas de campaña.

Una ciudad queda herida de muerte, aunque se refunde, aunque el primer ministro, el Marqués Pombal tuviera más pelotas que nadie. Hay cosas que no puedes elegir y, pese a lo que digan las películas americanas, hay cosas que no se pueden cambiar, contra las que resulta imposible luchar y, parece que convendremos ustedes y yo, en que la muerte es una de ellas.

Desde el incendio, las crisis parecen el mayor contacto de Lisboa con la posibilidad de sentirse viva. Supongo que en una sociedad con un catolicismo tan marcado, lo del sufrimiento se llevará bastante bien. Con resignación, como nos decían en el colegio. Se nota en las calles en las que, si pudieras despejar con facilidad a las hordas de turistas, hallarías un ejército de miradas locales de recelo y desconfianza ante tus pequeños momentos de felicidad. El resto es publicidad del Ministerio de Turismo. Y por eso me encanta.

Ah, y esto es Jazzanova, jodido snob:

http://www.youtube.com/watch?v=cWCTn76q1xI

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Buenas Vibraciones

Fue hace años. Vagaba por el Muelle de Gijón, que es una acción menos elástica de lo que parece, cuando me dejé guiar por un mínimo festival que me hizo aterrizar en un espigón aquella noche de agosto. No más de diez personas escuchando la música que había preparado un tal Ibon Errazkin.

Conocía al dj por aquel vinilo que pedí por correspondencia a Elefant Records, en un lote con el Impermeable de Carlos Berlanga, y un par de singles, de Metro y de Sing Sing. Elegí un maxisingle de Le Mans, una de las etiquetas con las que el donostiarra ha aportado música a los mortales. Pero aquella noche Ibon Errazkin estaba arriesgando con una colección de canciones absolutamente variopintas, mezclando estilos y ensamblándolos a la perfección. Jugó con las sensaciones de cualquier popero, levantándonos con el soul, el r&b, el hiphop… en una sesión fresca, sabia, emocionante.

El final nos dejó boquiabiertos: una versión de Good Vibrations de los Beach Boys, a cargo de un coro de niños. Final soberano. Brutal. Al punto que me obsesionó encontrar aquella canción, que me dió vueltas en la cabeza durante años. A fe que la busqué. Mails al sello de Errazkin, tiendas de discos, peinando la red…

La última pista me dejaba en un coro de niños de Chicago, el típico coro que va de guay por cantar a Nirvana. Y sin posibilidades de encontrar sus grabaciones. Su búsqueda me llegó a hacer parecer un loco gilipollas en las tiendas de discos. Les preguntaba por un coro de niños, que versionaba a Brian Wilson, que si les llegaba algo…

Pasa que muchos años después, vuelves de vacaciones y buscas información sobre un fanático ultraderechista noruego, y te encuentras un artículo sobre The Langley Schools. Te cuenta que el ser vivo tras el proyecto se llama Hans Fendger, que Brian Linds lo puso en manos y oídos de unos cuantos (probablemente de Ibon Errazkin). El post vale mucho la pena, y ofrece varias canciones del proyecto. Entre otras, esta:

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Ipop

Como en una especie de acto de justicia poética, el imperio del disco, que cimentó enormes beneficios en el cedé, ha caído con un medio de transmisión gratuito. La tecnología que fue buena cuando redujo el precio del soporte en diez veces menos que el coste del vinilo, y también es buena para abaratar los presupuestos de las producciones, ahora es un coco. Ahora que lo que permite es que la distribución sea rápida y por el precio de una conexión.

Por otro lado tenemos a los abanderados de Internet, a los famosos gurús, a los que se reúnen con Gobiernos insistiendo en la cabeza fría y autoconsiderándose representantes de una cosa que la prensa llama “internautas“. Declaran no defender el gratis total, aunque se apoyan en una gran mayoría de usuarios que lo practica y que les azuza para seguir practicando.

Así tenemos reuniones compuestas por políticos, que viven en la ficción de que nos representan, pero en realidad respiran muy lejos del pie de la calle, e “internautas“, que son una docena de señores con intereses económicos en el envite, que viven en la ficción de que nos representan, pero en realidad respiran muy lejos del pie de la calle. Fenomenal. Y mientras, la música suena.

En Asuntos Propios de RNE, Toni Garrido escurre el debate de barra de bar en el que se enroscaba Pau Donés, líder de los originales Jarabe de Palo, que estaba de promoción de su presuntamente nuevo disco. Oír a Donés autoconsiderarse compositor, hace daño. Pero escucharle defender sus privilegios da un poco más de grima.

Como da grima la carrera musical de Sergio Dalma, y el descojone que resultaron sus declaraciones, señalando que de no ser por Internet hubiera vendido un millón de copias de su último trabajo. Este sinónimo para hablar de un disco, me hace gracia, y casi siempre se emplea para hablar de discos, no de libros, por ejemplo. Me da la sensación de que se justifican cuando dicen aquello de “en este trabajo…”

Esta semana Nacho Vegas está en el top ten de discos más vendidos en nuestro país. Con Sergio Dalma, sí. En tiempos de imperio del cedé, Nacho Vegas no se hubiera imaginado ni sereno que podría estar ahí. Es tan obvio que la industria de la producción ha quebrado, como que la musical sólo ha cambiado.

Recojo la tesis de Fran Fernández sobre la emocionalidad en la era digital, sobre cómo los fans va a dar de comer a los artistas. La cercanía, empatía o sensibilidad que un músico, o disco, nos despierte, serán claves a la hora de decidir si queremos pagar por él o no. Todos tenemos discos, o artistas por los que, sin ninguna duda hemos pagado -y mucho- teniendo a nuestra disposición sus músicas de manera gratuita.

Es lunes, temprano, y  me duele una costilla, joder.

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Cinco Notas Musicales de Vago

1. Lo nuevo de Nacho Vegas:

http://www.youtube.com/watch?v=R7BxHaIhUv0

2. Teaser del docu sobre el nuevo disco de New Raemon:

3. Un mito:

4. No es la leche, pero bueno. Los estertores de The Libertines.

5. El final con The Divine Comedy, que nunca vienen mal:

http://www.youtube.com/watch?v=BmEi-Bjbv8U&feature=fvst

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