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Céntimos de más

España apoya el endurecimiento de las sanciones a Irán por parte de la comunidad internacional. Queda impersonal, quería decir que el gobierno (“no hay mayor desprecio que no hacer aprecio“) apoya la decisión de la UE de no importar petróleo iraní. Es una gran idea, aunque el FMI dice que el precio subirá un 30%. Hoy se confirma que Irán veta las exportaciones de crudo a determinados países entre los que se encuentra España. Parece que Irán y España están de acuerdo: nos quedamos sin nuestro principal proveedor de petróleo, con casi el 15% de nuestras necesidades. Dicen que el objetivo es “responder al programa nuclear iraní”.

Las consecuencias, en estas cosas, no se hacen esperar: el precio del litro de gasoleo ha subido tres céntimos en una semana y se sitúa en máximos. Es decir, que ahora que todo va bien en las economías familiares, empresas, transportes, etc…, usted pagará más por la gasolina, porque hemos decidido dar un escarmiento al régimen iraní, que por otro lado creo que tiene a Ahmadineyad llorando por las esquinas de palacio, y a punto de entregarse a los buenos. Digamos que, por motivaciones políticas, estamos sufriendo consecuencias económicas.

Si no recuerdan mal, hace unos años apoyamos una guerra, la de Irak, entre otros motivos por “ahorrarnos unos centimillos en la gasolina“. Queda impersonal, quería decir que el gobierno (“estamos trabajando en ello“), apoyó esa guerra. Fue la entonces ministra de Asuntos Exteriores, Ana Palacio, la que ahorró poesía, poniendo sobre la mesa la importancia del ahorro, cual catálogo del Lidl. Antes matábamos civiles por ahorrar céntimos, ahora los perdemos porque sí. Digamos que antes, por motivaciones económicas, padecíamos consecuencias políticas. El orden de los factores…

Llevamos meses oyendo todo tipo de medidas propuestas, y exigidas por la UE. A fuerza de repetirlo, parece que las medidas que ofrecen desde Bruselas son las únicas posibles. Los medios se ocupan de crear la sensación, de que las que dibujan un desmantelamiento del estado de bienestar, son LAS MEDIDAS, así con mayúsculas y en negrita, y que no hay más opciones. Los mass media hacen su trabajo de creación de opinión por dos vías: directa e indirecta.

La segunda, legitima el pensamiento único mediante el empleo sesgado de las palabras. Se emplea, por ejemplo, la metáfora “receta europea”, o “receta del Eurogrupo“. El diccionario nos dice que una receta es una nota en la que se indican los componentes de una cosa y el modo de prepararla. Pero en su tercera acepción, encontramos que la receta es el procedimiento adecuado para hacer o conseguir una cosa. Es lo adecuado. Al préstamo con intereses abultados, se le llama “rescate”, a los recortes, “ajustes”, al lobby compuesto por FMI, BCE, y UE se despersonaliza tras el término “troika“, y así podríamos seguir hasta el hastío.

La vía directa me parece más cachonda, en tanto que nos regala momentos como el de ayer en la tertulia del canal 24h de TVE, donde nos encontramos con ese opinador con cara de porky, que se llama Fernando Jáureguimultitertuliano de espacios como Alto y Claro, o El Programa de Ana Rosa-, dando una de las mejores noches que recuerdo. A mi, verán ustedes, el género de opinadores gratuitos e indocumentados me da bastante grima. Puede que porque resulten competencia directa a este humilde blog, o sólo porque me parece que crear opinión conlleva una responsabilidad que a estos señores y señoras les es más bien ajena.

El tal Jáuregui dijo que los griegos eran unos irresponsables por no transigir con los recortes propuestos por la UE. Que gobierno, oposición, y pueblo griego, eran eso: unos irresponsables. Y hasta ahí la reflexión del señor cuyo país es un ejemplo de responsabilidad, con un ministro de Economía experto en la crisis -estaba en Lehman Broters, cuya quiebra trajo estos lodos-, y que da brillo al ejercicio del derecho a expresarse, pagado por todos. Decisiones europeas buenas, dudas y protestas griegas, malas.

Faltan datos, profundidad e inteligencia. Esto tiene sus consecuencias. Por ejemplo que los sindicatos, ante una reforma laboral de dudosa eficacia y que, en principio, resulta una paso atrás en cuanto a derechos laborales, todavía no se hayan pronunciado en la calle: porque saben que no tienen el apoyo popular. Afortunadamente, la red propone alternativas a la hora de mejorar la calidad de información, pero todavía hay quien no sabe, o no puede buscar, quien recibe sólo esas reducciones, quien no puede, o no quiere hilar. Si su hijo hubiera estado en foto de ahí arriba, señora, usted hubiera dormido feliz. Ese es el problema.

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