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Clásico diario

Todos están contentos, y como diría cualquier abuela del mundo, eso es lo importante. El Barcelona porque ya tiene la Liga en el bolsillo, y porque ayer, llegaron a ofrecernos jugadas con cincuenta o sesenta toques, y nos mostraron un equipo reconocible. El Real Madrid porque cortó la sangría que en los últimos años vienen representando los encuentros frente a los blaugranas.

Guardiola arriesgó la recuperación de Puyol, y Mourinho sorprendió con el tribote, ese concepto con el que no se atrevía ni Javier Clemente, y dejando en el banquillo a su jugador más talentoso. Dos detalles que mostraban preocupación y respeto por el envite, pero que diferenciaban las propuestas de uno y otro. El central catalán se resintió de sus molestias, Pepe, defensa metido a centrocampista, se dedicó a barrer el juego interior del Barcelona. Con un colegiado normal, Pepe debería haber visto no menos de 5 ó 6 cartulinas: entradas duras, corte de jugadas claves, reiteración…

El Barcelona tuvo momentos de desconexión, de pausa. Xavi, Iniesta, Messi, Busquets, parecía que querían dejar pasar los minutos para ahorrar combustible, convencidos como están, de que el chispazo siempre surge, aunque esta vez no encontró chispazo. El chispazo es Villa, muy revoltoso, pero poco integrado en la excelencia que ya se da por supuesta cada vez que vemos al Barça. Tuvo opciones pero no las aprovechó. El Real Madrid, tras aceptar la dimisión de Xabi Alonso, se limitó al pelotazo. Una y otra vez balones largos, y fútbol eludiendo cualquier tránsito de la pelota por el centro del campo, que es el lugar en el que las jugadas se vuelven inteligentes.

En la primera parte Iker hizo penalti al Guaje. Los de La Sexta todavía están buscando una toma de la repetición en la que vean dudas. No las hay. En la segunda se lo hizo Albiol, y fueron casi tres penaltis en un mismo forcejeo, así que el valenciano se marchó sin rechistar, que para eso ya está su entrenador. El empate llegaría por una pasada de frenada de Alves que debería haber visto su segunda amarilla. Ni hubiera significado gran cosa, ni equipara los errores del colegiado. El árbitro fue casero sobre todo por la permisividad con Pepe, matón a tiempo completo. Mou acabó metiendo balones a la olla para Adebayor, cual Julio Salinas.

Hoy los periódicos aparecen repletos de interpretaciones, Eduardo Inda estará más o menos inspirado en función de la drogas que haya tomado (no os perdáis en Wikipedia su biografía y sus amigos en Baleares), y Mourinho seguirá engañando al personal, cobrando nueve millones limpios al año por no ser capaz de proponer más que la sombra de un entrenador oscuro y cavernario, que en su día fue seleccionador. Seguirá esta historia de autoengaño. Para quien no le aburra ya.

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  1. Ardo en deseos de valorar tu objetividad línea a línea, pero para qué cuando existen bares tan buenos cerca de tu casa y de la mía… Tómame cita, anda.

  2. habré tomado tantas drogas o más que Inda, pero para sigo teniendo dudas en la jugada de Casillas con Villa, no estoy de coña, ni nada (drogado, quizá)