in mis cosas

Confusión privada

Desde que el señor médico de cabecera, análisis de orina mediante, nos confirmó sin levantar la vista de la pantalla del ordenador que efectivamente Ruth estaba embarazada, hasta la astracanada de ayer, llamada “primera clase de preparación al parto”, han pasado siete meses, cinco centros, y una colección de facultativos del nuevo modelo de gestión eficiente de la Comunidad de Madrid.

Algunas pruebas en el ambulatorio de Martín de Vargas, la matrona en Pirámides, análisis en Pontones y ecografías en la Fundación Jiménez Díaz. Mi señora no le ha visto la cara dos veces a la misma persona, y gestiona un calendario que ríanse ustedes de la FIFA. Yo menos todavía, porque la conciliación entre vida laboral y familiar ya se empieza a antojar como un puzzle de complicada solución. En las películas esto del embarazo es otra cosa, te esperas que el doctor Bartolomé Beltrán te esté llamando todos los días, pero supongo que será una cuestión de expectativas y de haber visto demasiado Antena 3 en los noventa.

Ayer, por ejemplo, me dieron sabios consejos, como llevar frutos secos por si me entra hambre cuando Ruth se ponga de parto. Es un consejo que me guardaré toda la vida en la galería de momentos prescindibles, junto a aquel “hijo, no te pongas nervioso” que me espetó mi padre horas antes de la selectividad. También me dijeron que me lleve el cargador del móvil, y a Ruth le aconsejaron que en las contracciones se ponga como quiera, porque las contracciones cada una las gestiona a su manera. El personal preguntaba que cuánto es normal que pese la criatura, como si habláramos de langostas, e incluso había una señora que ya había parido, pero repetía, que debe ser como sacarse el carnet cada vez que coges el coche.

La gente tiene mucho más tiempo que neuronas. Empieza a ser inquietante la cantidad de personas con tiempo como para tirarse tres horas aguantando a una matrona exhippie que nos pregunta, con curiosidad marciana, cómo afrontamos el dolor. Y luego está el mal actor. Antes de la clase había una especie de terapia de grupo para padres, y uno de ellos nos contaba su experiencia con trillizas. Con los ojos como platos, ayudado por gestos de mal actor, nos explicaba que lo fundamental son el ejercicio, la alimentación y el cariño, y que la clave es ser el líder de la manada. Mientras, sus hijas, de dos años y medio, y descendientes directas de Hitler, Stalin y Benito Mussolini, ponían a prueba su paciencia con un movimiento tan continuado y a tal velocidad, que sólo temí que llegaran a una fusión nuclear.

Recuerdo aquel tiempo de oscuridad medieval en el que los más ancianos del lugar sospechaban que tras las modas (aceite de oliva malo, aceite de oliva fundamental, mantequilla caca, mantequilla gloria, dar el pecho es una aberración, dar el pecho es una filosofía de vida) se escondían intereses comerciales. Ahora la información que te facilita la Comunidad de Madrid viene patrocinada por una marca de yogures. En la tabla de calcio, por ejemplo, ese yogur es el campeón del calcio. Y así con todo.

En la visita a la Fundación Jiménez Díaz, donde esa estirpe de gente con tiempo libre preguntaba una y otra vez si las habitaciones eran individuales -debe ser que perder el tiempo en compañía es poco glamouroso-, ya nos regalaron una caja repleta de merchandising tan útil para el nuevo miembro familiar como una botella de agua mineral de treinta y tres centilitros. Wow. Todo patrocinado por la correspondiente multinacional farmacéutica o marca de detergente de turno. Es decir que la información de salud, el valor que tiene todo esto, nos lo aporta gentilmente una marca de yogures, con la legitimidad que le quieran dar ustedes.

Espero que tarden poco en patrocinar a los médicos, que entremos en nuestro ambulatorio cantando el claim del sponsor, que las consultas nos salgan gratis a cambio de tuitear el hashtag de la campaña del momento, que los prescriptores nos pasen consultas premium, rollo Bertín Osborne urólogo, o David Villa traumatólogo, y mientras sigamos pagando más y sintiéndonos igual de especiales. Gracias por tu regeneración, gracias por tu confusión privada, Esperanza.

 

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  1. genial, es para plantearse parir en un chozo… y lo de las matronas ya es para nota, la nuestra debia tener como 19 años y de cada tres palabras que decia una era “cielito”, el segundo dia llegamos 5 minutos tarde, nos metio una bronca tremenda y no le volvimos a ver nunca mas, eso si, el primer dia ya nos habia dado todo el pack, de camino a casa nos bebimos el botellin de agua y tiramos el resto en un contenedor

  2. Estimado Caballero, la lista de “imprescindibles” y “cosas a tener en cuenta” para el momento hospital puede ser interminable. Nada nuevo, la sociedad se empeña en crearnos necesidades y hacernos pensar que son reales y además han sido idea nuestra. Su señora de usted y su retoño son lo único necesario. Si además va usted al hospital con ellos, mejor que mejor. El resto puede esperar tranquilamente. He leido el post con algo de retraso (una maravilla de tres meses tiene la culpa, por supuesto no la tengo yo), si todavía están esperando les deseo que disfruten el momento. Si ya están en casa, pues lo mismo les deseo.