in mis cosas

Cuerda is alive

Contaré la historia real que llevo digiriendo un par de días, sin añadir un gramo de fábula o exageración. La realidad, como siempre, supera de largo a la ficción:

A punto de empezar un partido de fútbol me suena el móvil. Un fijo, noventa y uno nosequé.

-Hola, ¿Fulanito de tal?

-Sí, soy yo (huelga decir que indicaron mi nombre y primer apellido, acertando)

-Mire, le llamamos de la comisaría. Un individuo ha entrado en su casa y tiene que acudir inmediatamente.

Tras una segunda llamada, que me descartó que se trataba de una divertida broma, entro en el coche pensando en flashes que incluían imágenes como: mi casa registrada por la KGB, mi casa incendiada como el Windsor, mi casa limpia como los fondos reservados, mi perra ahorcada porque un señor de Toledo la robó y esa tarde comprobó que no le valía para cazar… y muchas otras igual de extremas, absurdas, y reveladoras de mi estado mental.

Le piso al coche. Son las ocho de la tarde, voy sudado y hace un calor de cojones. Me tomo la M40 a ciento diez por hora, y O´Donnel hasta el Retiro como si fuera la M40. Me tendría que comprar una sirena de las chulas de la poli, de las de ventosa en el techo. Huelga decir que este tipo de cosas siempre te pasan a tomar por el culo de tu casa. Llego al barrio, aparco en un vado con los warning puestos, entro en el portal y veo la nueva versión de Las Meninas: seis policías, un latino de quince años y un pitbul de cuarenta kilos con un bozal como mis calzoncillos.

Me saca un poli que me dice que me tranquilice -grandes palabras- que en el primero se ha registrado una reyerta con unos cuarenta colombianos -a metro cuadrado por colombiano, oiga- que han lanzado al perro por la ventana y ha caído en mi patio, que el sospechoso se ha tirado detrás a por el perro asesino, y que ha entrado en mi casa para poner una silla sobre otra y salir por la ventana. Lo normal, claro.

Entro en casa, no falta nada, todas las confabulaciones imaginadas en el coche me las guardo para futuros relatos, me encuentro a mi perra con un ataque serio de ansiedad. Debe ser como si a un humano le hubieran llovido ultrasures, una buena tarde no es. La poli se van con mis datos, el colombiano a contar la proeza, mi perra está con lexatines, y el pitbul se ha demostrado a sí mismo que, cuando quiera, se puede caer de dos alturas y no le pasa nada.

A los veinte minutos me cruzo con una vecina mayor. Se queja porque mi perra ladra.

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  1. Mi madre tiró al gato de la vecina desde un 4º piso y el hijodeputa no se mató, pero mi madre acabó denunciada por matagatos. Se libró del mal trago de verse ante un juez y de una buena multa porque la dueña del gato no se presentó en el juicio. Yo ya he aprendido que tratar con jueces, abogados, policías, médicos y registradores de la propiedad, por no irme más lejos, es siempre jodido aunque sea para bien.