in ficción

Dios existe

Dios existe y es un señor muy serio. Usted cree que tiene un jefe, pero su jefe no es su jefe, su jefe es el que hace que necesite tener al otro jefe. Su jefe es su hipoteca, o quien le dijo que sus hijos merecían lo mejor, y que lo mejor es lo más caro. Su jefe es la segunda residencia, y quien le aseguró que lavaba más blanco. Su jefe es quien le dijo que con la salud de los suyos no se juega. Su jefe es un poco Juan Ramón Lucas anunciando alarmas domésticas, y su jefe son veinte caballos más de potencia y medio litro menos a los cien. Su jefe es el miedo a la independencia del que no se puede librar. Pero piense que por encima de su jefe hay otro jefe que manda al jefe. Y que por encima de ellos hay otros jefes, y que la pirámide tendrá que avanzar hasta que ya sólo quede uno, y sea un señor, presumimos, muy serio, y le llamaremos dios.

Y ese dios se hará llamar El Señor, así sin más apellido limitado, anónimo o en sociedad comandita, y probablemente no tributará porque el tributo se lo rendimos a él, y tendrá tal entramado de sociedades en tan bellos paraísos, que el circular de su dinero, si acaso lo necesita, hace preciosas figuras y se permite ironías fiscales hasta llegar vacío al fin del ejercicio. Porque dios es todopoderoso, pero es humano, y habita entre nosotros, y sale a la calle con la humildad como obligada forma de protección. Porque El Señor inventó todas las mentiras y no se las puede creer. También es, no crean, su maldición. Cuántas veces acabó su día observando los salmos de Teletienda, y rabiando de ansiedad por no sentirse preso de las ofertas exclusivas y la gratuidad de los gastos de envío. A él también le hubiera gustado vivir engañado, creer en algo mejor. No hay mayor tristeza que la lucidez absoluta.

Los evangelistas narran aventuras en bailes de máscaras, donde mercados, agencias o sociedades, esconden alegres danzarines con nombre y apellido. En esas reuniones suele haber momentos en los que la luz cesa y, por unos segundos hasta las leyes no escritas se violan en el aire. El interruptor no se acciona sólo, lo hace una mano, que sigue en brazo y continúa en tronco, vestido por una chaqueta en cuyo bolsillo interior hay una cartera que porta un documento que identifica. Siempre hay un “los de arriba”, y al final del enésimo señor que dice “los de arriba”, sólo quedan unos de arriba, que siempre dependen de dios.

Dios es un señor muy serio que va siempre con sudaderas con capucha y hablando por el móvil. A todo tiene que responder con síes y noes que agotan su batería. Dios come pistachos, y dios vive de alquiler. Al final de todas las excusas hay un señor que hace todas las cosas de manera discreta, y que es el jefe del jefe de tu jefe. Es el jefe último, el jefe supremo, El Jefe. La fe en el papel moneda sólo es un préstamo de fe que hace El Señor. La reparte y embolsa a través de subcontratas, y la pone en juego para que todo salga bien. Y la gente mueve y se mueve con las carteras llenas de fe, o de falta de ella según el caso.

Dios existe, es un señor muy serio, y el responsable del uno por cierto de tu vida, el porcentaje de vida de la que tú no eres responsable.

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