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Discursos Institucionales

Dentro de las funciones de todo buen periodista, la de palmero es de las más divertidas. Cuando alguien se pregunta por qué a alguien le puede gustar entrar en política -el último caso del Principado de Asturias, casi intervenido, es increíble-, una de las principales razones se puede vincular con el ego. El ego del político se traduce llanamente, como nos decía Jorge Verstrynge, en que “a los políticos nos gusta sentirnos los putos reyes del mambo“. A ello ayuda verte en los periódicos, en placas, en inauguraciones, escucharte por la radio, o sentirte reconocido en tu comunidad.

En muchos de esos ágapes o eventos, se exige discurso. Unas palabras que puedan justificar el interés de los medios, que reciben en las redacciones un trozo de cartón más o menos fino, en el que suele ir en cursiva y negrita “al finalizar el acto se servirá un vino español“, que es un concepto que a mi me encanta, entre otras cosas porque mienten: también hay cocacolas y fantanaranjas, ya sin gas, servidas en vasos de tubo. Si no se especifica la nacionalidad del vino, se corre el riesgo de que ciertos medios no acudan.

La historia es que el discurso suele ser un mojón, que demuestra lo acartonado del político, su escasa capacidad para comunicar, para resultar empático, o creíble, además de poner sobre el tapete el penoso equipo que redacta esas palabras engarzadas sólo como preámbulo al copeteo. Lo normal es que se digan obviedades o, si el redactor vio el día antes tres capítulos de El Ala Oeste de la Casa Blanca, se pretendan hacer juegos de palabras, o metáforas. Recuerdo un discurso del día de la Constitución de un alcalde de una capital de provincia, fusilado de su mismo discurso del año anterior. Cuando lo conté los que me llamaron cabrón fueron los redactores del copy/paste, claro.

Pienso en la noticia de hoy, el patrocinio de Movistar a la selección española hasta 2014. En el acto de refrendo del acuerdo, el presidente de Telefónica España, no su obtuso presidente ejecutivo, Luis Miguel Gilpérez admitió que “ya era hora de que Movistar y la selección española se unieran, ya que tienen un mismo objetivo, que es el de vender lo más valioso de este país, que es la marca España“. Por su parte el presidente de la Real Federación Española de Fútbol, Ángel María Villar, famoso por basar sus discursos en las palabras “fúrbol“, y “álbitro, comentó que “Movistar es la voz de la selección“. Patético y prescindible.

Y como ayer me quitaron una muela del juicio, y estoy jodido y con la cara como Marlon Brando en El Padrino, quiero hacer extensible mi odio al mundo, y por ello les dejo con un vídeo de Villar, su salero, el magnífico plano con el protagonista en sombra… En fin, que muy bien todo:

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