in política

Doña Paquita

No sé si vivimos en tiempos más convulsos que nuestros antepasados. No creo que un par de Guerras Mundiales fueran fáciles de asimilar. Lo que parece evidente es que ahora tenemos los medios suficientes como para sentir que habitamos en el meollo del derrumbe de una industria detrás de la otra. Nos movemos en medio de las ruinas como peces en el agua, sabiendo que hemos convertido al hombre en el único animal capaz de generar plusvalías en las condiciones más extremas.

Hoy he visto en el Intermedio a una señora que recibe 365 euros de pensión, y paga 80 en medicinas. Doña Paquita tiene 76 años y trabajó toda su vida en negro, limpiando portales. Vive sola, y sus hijos le mandan, de vez en cuando, sobres con 50 euros. Me pregunto cómo seguiremos adelante. No me refiero a las personas que se van quedando al margen, en una cuneta que cada vez es más gigante, visible y dolorosa, sino a nosotros, los que seguimos en el camino. Cuánto aguantarán nuestros estómagos. Cuál será el umbral de resistencia a la miseria ajena, a partir del que nos podríamos dejar de considerar unos hijos de puta, y empezar a considerarnos simplemente suicidas.

El fin del mundo llega tarde. Nos hemos anticipado.

La foto es de Oporto. Hace cinco años había piscinas públicas, hace cinco semanas pude comprobar que se habían convertido en duchas públicas. Yo la tengo, por favor.

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