in fútbol

Efectos secundarios

La prensa 1.0 volvió a dar arcadas ayer. El entrenador del F.C. Barcelona, Pep Guardiola fue el objeto de la operación. La rueda de prensa tras el entrenamiento del equipo fue el lugar elegido. El responsable, el periodista de Radio Marca. Hemos de partir de un presupuesto: Guardiola siempre ha manifestado el miedo que tiene a que sus jugadores, borrachos de éxito como están, abandonen ese maravilloso ansia por ganar. Los temores son lógicos y comprensibles, dirigiendo a un conjunto de jugadores que lo han ganado absolutamente todo en su club y selección.

Hemos de tener en cuenta otro presupuesto: a la prensa de cae mal Pep. Lo primero porque no da entrevistas personales, motivo por el que no cuenta con el beneplácito de las vacas sagradas del periodismo nacional (Los Abellanes, De la Morenas, etc…), acostumbradas al compadreo y el amiguismo con las estrellas. Lo segundo porque tras el telón de la prensa deportiva existe mucha caspa, que ve en el catalanismo del de Sampedor una lacra. Pese a sus internacionalidades como jugador. Al más puro estilo “Xavi juega con las medias bajas para que no se vea el ribete con la bandera de España“. Ese es el nivel. Y lo tercero porque Guardiola es inteligente, culto, y más listo que la prensa. Y eso a la prensa le jode.

Con estas ideas muy presentes, ayer el redactor de Radio Marca estaba tras el vídeo que incluyo a continuación, para que ustedes saquen sus conclusiones:

Pues ayer no hubo informativo en que no se sacara el titular “El enfado de Guardiola“. Resulta más cómodo ver así las cosas, que la realidad: un compañero de profesión da una lección de mal periodismo, adolece de ética, y el entrenador catalán le abochorna. Si yo hubiera sido el pseudoperiodista, que alguna cornada en ruedas de prensa me llevé, me hubiera ido a casa a reflexionar sobre lo ocurrido. Sin embargo tanto Radio Marca como la prensa nacional, se acomodaron en la trinchera mientras, a miles de kilómetros, los periodistas reían las gracias a un gordo y patético Maradona, que perdía en su enésima aventura estrafalaria al calor del dinero de los Emiratos.

El público es pasivo. La sociedad está plagada de espectadores, dispuestos a sentarse mientras ven pasar su ataúd. Pero conviene apuntar que llevan muchos años viendo pasar su cadáver, y han conquistado la ironía. Sí, el público es irónico, sabe. Ahora sólo se le engaña con quién lava más blanco, hasta donde se quiera dejar engañar, hasta donde le divierta ser engañado. El espectador es experto, y sabe más que los que están en la industria del entretenimiento, va por delante. Por eso los contactos amateurs espontáneos, los fenómenos online, encajan mejor que las grandes superproducciones. Por eso ya no se creen a la prensa.

Y los contactos espontáneos del espectador como productor de contenido cada vez son más interesantes, ricos y tienen mayor aceptación. Por eso Concha García Campoy, en Telecinco, le dio tremenda somanta de hostias a González Pons. Porque el estilo de Ana Pastor gusta, arrasa, y se ve y lee en las redes sociales (casi 130.000 fieles en Twitter). Por eso ayer Twitter vapuleó al pelele que dirige el diario El Mundo. Porque en los ochenta era intocable e intangible, pero ayer fue PedroJETA. Porque desde un blog le dejaron en pelota (leánlo, no tiene desperdicio), y se revolvió desde su cuenta con la energía absurda de quien no sabe perder.

Share

Write a Comment

Comment

  1. En lo fundamental del artículo, no puedo estar más de acuerdo.

    Cómo ha cambiado todo. En los 80, era Arconada el que daba “la vuelta a las medias para no llevar la bandera nacional”. El resultado de toda aquella bochornosa campaña es el recuerdo que tiene el español medio de uno de los mejores porteros de la historia: lo que pasó en la final de la Euro ’84 y, cómo no, que Arconada “era de la ETA”.

    Menos mal que eso hoy en día ya no se lo traga más que el que quiere tomarse la píldora. Al gran público no se la cuelan tan fácilmente. Y me atrevo a decir que ni con las frivolidades del fútbol ni con la actualidad política.

  2. El público es tonto, aunque menos de lo que pudiera parecer. Y esto es así. El futbol, como la política, se alimenta de contrastes. Yo me diferencio de ti por algo que haces y tu te diferencias de mi por algo que hago yo. Por eso Guardiola es tan odiado en Madrid, y tan idolatrado en Catalunya. De hecho, aquí, en la comunidad más mentalmente bipolar de España, donde nos creemos cultos y modernos y europeos y miramos por encima del hombro a otras comunidades (básicamente todas excepto Madrid y Euskadi) cuando somos unos paletos más, ganaría Guardiola por mayoría absoluta si quisiera presentarse a las elecciones con su pensamiento de esfuerzo y tradicion y todo eso. Y esto es así. Y es triste, digan lo que digan.