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El catecismo de la audiencia

Los demócratas han aprendido de las moscas: cuanto mayor sea el tamaño de la mierda tanto más grande es el consenso.

Tom Wolfe

El siete de noviembre de dos mil cinco, lo que todos conocíamos como Canal Plus, perteneciente al grupo de comunicación PRISA, con vinculaciones ideológicas evidentes alineadas con la socialdemocracia -parece ser que representada en España por el pesoe-, se convierte en un canal de emisión en abierto llamado Cuatro. Su mascarón de proa es Iñaki Gabilondo, un periodista fuera de toda duda, pero tocado por bajar a las trincheras tras el anuncio de participación de España en la Guerra de Irak. Si tenemos en cuenta que el noventa y siete por cien del país estaba en contra de nuestra intervención, tampoco es tan escandaloso el posicionamiento.

A Gabilondo podría exigírsele muy poco para ser un periodista modelo: compromiso social, ética, inteligencia, ganas, capacidad de comunicación, duro en las entrevistas y brillante en la editorial. El informativo de Cuatro arrancó con un claro liderazgo en clases altas (24,5%), en grandes urbes (23,7%) y en la Comunidad de Madrid, donde su cuota de pantalla alcanzó el 30,6% colocándose como segunda opción por detrás de Antena 3, aventajando a La 1 en algo más de 13 puntos. El primer mes aparece con formatos sorprendentes y arriesgados, parece otro concepto de televisión, y se lleva poco más de un cuatro por ciento del share.

El primer año cierra con una media del 4,6%, y los dos siguientes lo hace con 6,4% (2006) y 7,7% (2007). Precisamente en junio de 2008 marca su mejor dato histórico con una media del 14% (gracias a la Eurocopa conquistada por las selección nacional), y hace un movimiento en los despachos. La dirección de PRISA quiere audiencia a toda costa, y se trae de Telecinco al directivo Pedro Revaldería (como director de Plural Entertainment, productora de PRISA), creador de formatos como Aquí hay Tomate, TNT, el documental Miguel Ángel Blanco, el día que me mataron, o la aceleración de A tu lado hacia su vertiente más bestia, esto es, el artífice de la época dorada de la audiencia en Telecinco.

El primer cambio se nota en los magacines, a los que arrasa. Las mañanas de Cuatro pasan de ser el típico programa de la mañana con un punto culto pedante, a teñirse completamente de amarillo. Yo tenía un operador de cámara amigo en el programa, que me resumió el cambio en que “cada mañana es lo mismo: putas y yonkis“. Niños desaparecidos, cotilleos, juicios sumarios, asesinos en serie… El concepto Telecinco es más global y desde la cadena saben que los informativos tienen que cambiar.

En el canal de Fuencarral, Pedro Piqueras hace las delicias de los amantes de la casquería llenando sus speech de calificativos como “aterrador”, “espeluznante”, o “terrible”. Imágenes absurdas de atracos en gasolineras norteamericanas, grabaciones de atropellos con cámaras de seguridad, explosiones, desastres naturales, suicidios, o malos tratos contados de manera explícita pero con el “advertimos que las imágenes que verán a continuación son muy duras”… el catecismo de la audiencia.

Leonardo Baltanás es un directivo que hizo el camino inverso. De dirigir Cuatro, pasó a Telecinco, donde quiso crear un contenido más blanco y familiar con programas como El juego del Euromillón, Guinness World Récords, Guerra de sesos… Hostia de audiencia. Cuatro cierra los dos años de Revaldería con sus mejores datos de share: 8,6% (2008, con Euro de por medio) y 8,2% (2009), y éste recibe la llamada de Fuencarral. El chico de oro vuelve con alfombra roja a Telecinco para dirigir su productora filial: Mandarina. Cuatro ha tomado nota de las claves para mejorar sus datos de audiencia, proceso acelerado por la compra de la propia Telecinco.

En 2010 la cadena de Paolo Vasile compra Cuatro y el 22% de Digital+. El País justifica la venta diciendo que tienen que “hacer frente a los dos problemas más graves del mercado televisivo: la fragmentación de las audiencias y la profunda caída de la publicidad en pantalla“. “Se ha acabado la era de ingresos publicitarios y gastos (como los derivados de los derechos futbolísticos) crecientes. A partir de ahora será necesario un mayor control y una gestión diferente de las audiencias“. El compromiso es que Mediaset permite a PRISA proponer el director de informativos de Cuatro durante el primer año, pero la última palabra la tiene el grupo de Berlusconi. Iñaki Gabilondo es invitado gentilmente a abandonar la dirección de los informativos que van a dar un giro interesante.

Juan Pedro Valentín queda al mando de los servicios informativos, es la cara amable elegida para finiquitar CNN+, y largar a buena parte de la plantilla de Atlas, que servirá las mismas noticias para Cuatro y Telecinco. La forma de contar las cosas se telecinquiza, y la carnaza está a la orden del día. Casi una década antes, El País ya había abierto la veda con imágenes en portada a todo color de víctimas de la guerra de Irak reventadas segundos después de ataques norteamericanos. Ayer fueron un poquito más lejos, y es que era diario de referencia de este país, mantuvo durante toda la tarde una portada digna de Sálvame Deluxe, justo lo que quería la turba en la que se convirtió la audiencia que hace el juicio sumario público, ahora desde las redes. Los niños desaparecidos, las palabras “huesos”, “niños”, sus fotos. El País pertenece a PRISA, como la Cadena SER que, por cierto, también negocia su venta a Berlusconi.

Esta mañana se levanta uno con las portadas de ABC y La Razón y claro, El País parece el New York Times. La prensa de este país ha tomado el camino del medio, el de la audiencia a toda costa. El titular que genere más clicks, la portada más polémica y bestia, la información más amarilla. Pensar en conceptos como contrastar, investigar, o reflexionar sólo pueden hacer que nos descojonemos. La prensa está cultivando a la gran masa, está cavando su tumba. La gran masa no va a pagar por la prensa. Nunca. La gran masa busca opciones gratuitas. Las visitas de hoy son la muerte a medio y largo plazo. Ninguna persona con un mínimo criterio, volverá a respetar a la edición digital de El País, sabiendo que su director bien podría ser Jorge Javier Vázquez.

La muerte de la prensa tal y como la conocíamos, se cuece en los despachos, se ejecuta gracias a la falta de nivel de los periodistas, y se alimenta de la visita y el comentario fácil. En los despachos están los hijos de puta, los que juegan a ser el cuarto poder frente a desequilibrados y pobres, pero que se ponen los pantalones por las rodillas ante sus retos de verdad. El problema de la sociedad de la información es el criterio con el que filtramos lo que es importante. Cuando tenemos acceso a todo, es necesario saber dónde está el petróleo. De momento, lo que sabemos es donde no está y, desde ayer, El País, se enterró definitivamente en el la gran montaña de la ética podrida.

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