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El exconsejero Güemes, los neoliberales, y el malo.

Recuerdo a Güemes, su pelito, su rollito, su sonrisita, casi me toco. Recuerdo cómo se hacía el longuis cuando no podía ni acercarse por un hospital público, siendo Consejero de Sanidad. Recuerdo su airecito de cantante latino, su bachateo, sus trajes, su movimiento. Ai rimember llú, Güemes. Recuerdo cuando eras un servidor público, y me preguntó qué cojones hacías tú, paladín neoliberal, incrustado desde los veintidós años en sucesivos gobiernos, desempeñando la actividad pública. No sé qué pintabas desde 1991 hasta 2010, diecinueve años, chupando del bote. Creativo como pocos, desde tu moderno blog inventaste el idioma progresí, cito textualmente, “neolengua que el PSOE trata de imponer en el Reino de España para impedir que las personas puedan expresar críticas, opiniones y llamar a las cosas por su nombre“. Llamar a las cosas por su nombre. Te recuerdo Juanjo Güemes. Que a un político se le llame Juanjo en vez de Juan José, simboliza la necesidad de sentirse cercano, querido y chachi. Eras chachi, Juanjo, y yo lo recuerdo. Chachi.

También recuerdo el sapo que te tuviste que comer Güemes, con el doctor Luis Montes. Qué fintas, qué regates, cuando la Audiencia Provincial te dio en los morros en el caso de las sedaciones supuestamente irregulares. Qué habilidad, el Cristiano Ronaldo de la Comunidad, Juanjo. Mira, como el extremo portugués, también vives en la urbanización de lujo La Finca, rodeado de excepcionales medidas de seguridad. Hasta nueve veces dejabas las preguntas sin responder. Nueve veces. O diez, qué más da. Cómo recordabas tu educación en un colegio del Opus. Cómo defendías la vida y el dolor. Te debía joder bastante ver cómo tus idolatrados yankis te escupían los argumentos de House cada martes, Juanjo. Somos liberales para lo que queremos, ¿Eh?.

Recuerdo perfectamente, Juanjo, cómo desmantelaste la sanidad pública madrileña. Recuerdo aquel folleto con el subtítulo: Aproveche las oportunidades de negocio para su empresa, que promocionaba una jornada en el hotel Ritz para ciento cincuenta empresarios del sector sanitario, que habían pagado mil doscientos euros sólo por ir a escuchar tus planes en la sanidad pública 2007-2011. Recuerdo tu gran proyecto del área única y la libre elección porque, para esto, vuelves a ser liberal. Y ahora en el Instituto de Empresa, sentando cátedra, rodeado de inteligencia y polos Ralph Lauren, y tuiteando cosas como este vídeo:

En el período en que desempeñaste cargos públicos (diecinueve de tus veintiún años laborales) te diste cuenta de que el Estado es molesto para los negocios. Que sobra. Y eso es lo que enseñas. Eliminando el Estado, se elimina la corrupción. Porque en el sector privado no la hay. No se falsean cuentas, no se engaña a clientes y accionistas, no se da el clientelismo, ni la discriminación. El sector privado es perfecto, y el liberalismo el camino. Estoy tan absolutamente de acuerdo contigo, Juanjo, que te propongo un liberalismo radical: reparto absolutamente equitativo de la riqueza actual existente, y a empezar de cero otra vez. Todos con lo mismo. Vas a pasar de La Finca a Vallecas. Vas a pasar de Paul Smith a Dustin. Ya verás cómo si eres bueno, prosperas. Si no es así, como diría tu querida esposa: que te jodan.

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  1. Pues yo me lo follaba delante de su mujer, y a ser posible de sus hijos; pero no como humilllación, si no a modo formativo de los beneficios del coito anal. Luego me corría en su boca y por todo su pelazo maravilloso. ¡Mmmh, qué maravilla!