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El jodido tuíter

Twitter es una red social de microblogging alimentada por mensajes con un máximo de 140 caracteres, en la que puede seguir y que te sigan. Cualquiera a cualquiera. Sería una definición medio decente soltada a alguien que pregunte qué cojones es ese Twitter del que parece que habla todo el mundo. Enseguida aparecería el que va de especialista en redes sociales, para apostillar que “al principio es un lío, pero luego es mucho mejor de Facebook“.

En el principio de los tiempos, la cuenta de Twitter de la mujer del futbolista del Madrid, Kaká, fue una de las primeras en orearse ante la prensa. Sus desvaríos ultracatólicos, o secretos de la vida del brasileño, aparecían de cuando en cuando en la red y de ahí a los medios de comunicación tradicional, supongo que por la gracia de dios.

Más tarde llegaron los duelos en el Tour de Francia entre Alberto Contador y Lance Armstrong, que empleaban sus tuiters para decir la verdad de la pelea que ocultaban en las ruedas de prensa oficiales. La muerte de Patrick Swayze vino a culminar la mayoría de edad de la red social, cuando las muestras de duelo en Twitter de medio Hollywood se ganaron un espacio en las noticias de tele, radio y prensa escrita de medio mundo. Representó el mismo bautizo de fuego que para Facebook había supuesto la campaña de Obama.

Las cuentas de Twitter se fueron convirtiendo en lugares en los que las celebritys podían ser ellas mismas. El periodista deportivo Juanma CastañoCadena SER, Canal+, Cuatro– reconocía tras un tuit crítico con su grupo empresarial, que Twitter es para personas, no para empresas. Es una opinión que hasta hace un tiempo parecía ser la única. El buenrollismo con el que nacen las redes sociales parece estar tornando con la entrada de las empresas, la mayoría como elefante en cacharrería, sin cultura digital, ni mucho menos interés por el diálogo. Por tanto ya hay empresas, además de personas.

Son muchos los impactos de los tuiteros en los medios offline en los últimos dos meses. La presencia en la red de Arturo Pérez Reverte, David Bisbal, Alejandro Sanz, Nacho Vigalondo, o Alex de la Iglesia, han saltado de uno a otro medio generando mucho ruido, menor cuanto más alejados de Internet eran los medios. Y son solo unos pocos casos de la sorprendente acogida de , por ejemplo un telediario, a los trendig topics (así se llaman las palabras más citadas en Twitter durante un determinado tiempo, que reflejan los temas calientes de la jornada).

No son pocos los artículos que han hablado del entuerto en el que se metió el triunfito Bisbal, señalando lo tristes que se veían las pirámides de Egipto estos días por la falta de afluencia turística. Este mensaje desató una oleada de escarnio, repelido por el almeriense de la peor manera posible: encarándose y borrando el tweet cuando era demasiado tarde y la captura de pantalla volaba por la red. Muchos de estos articulistas señalaron a Pérez Reverte como sorprendente ejemplo de buena gestión de embolado online. No sé muy bien dónde está la sorpresa, porque trato de imaginar cualquier tipo de problema, desde atarse unos cordones, hasta clavar un clavo, que Bisbal pudiera resolver mejor que el académico, y no se me ocurre ninguno.

La cuestión es que este tipo de comportamientos y opiniones, suponen lo que se denomina “riesgo reputacional”. Las empresas y profesionales encargados de estos riesgos, no tardarán en meter mano en las cuentas de sus clientes, y es posible que estas acciones aniquilen el espíritu de la red social y, con él, parte de su interés.

Del esfuerzo por monetarizar las inversiones en el desarrollo de las redes sociales, deviene la implicación de gente que tiene pasta, y que mueve pasta (gente influyente), y este tipo de personalidades no están dispuestas a caer en la bisbalada ni de coña. ¿Matará a Twitter la ola de correción política?, ¿Se respetarán ciertos códigos?, ¿Equilibrarán fuerzas las personalidades salientes de las redes, con las que irrumpen desde otros medios con la influencia ganada?, ¿Dará tiempo a que la industria se vertebre y fortaleza, antes de que los usuarios huyan del aburrimiento y las acciones comerciales?

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  1. Pasará como con los blogs. Molaban mientras que en el blogroll de la peña encontrabas mierda interesante, hasta que llegaron las redes comerciales, el spam en comentarios y los SEOs.