in mis cosas

El rey de la tontería

Todos hemos competido. Todos nos hemos medido con gente a la que creíamos mejor. Ese delantero rápido y musculoso, ese apuesto galán, ese empollón con cara de saberse el último pedo de Marco Fabio Quintiliano. Todos hemos tenido al prejuicio en nuestra contra. Hemos visto propuestas pomposas, disfrazadas, que no ocultaban nada bajo el traje de indestuctibles.

A todos nos han leído cuentos, en los que la moraleja era que las apariencias engañan, y todos hemos sido criados, de boquilla, en la cultura de que el valor de las personas o ideas -si es que no son lo mismo- está en su fuerza interior, y no en la cáscara. Todos hemos visto Cosas de Casa, y Cenicienta, y todas esas mierdas creadas para que los pobres se sintieran menos, pero tengo la sensación de que nadie se las cree de verdad.

He escuchado a peces gordos reconocer que no sabían leer un mail, o a tipos que van a pasar el fin de semana a su casa de Brasil, incapaces de discernir si El Quijote es un libro o una serie de dibujos animados. La televisión nos ofrece ilustres ignorantes, que llegan a la principal motivación de nuestro día a día -la pasta- sin más mérito que perder el sentido en prime time.

La tontería es una gran nube de humo gris que, como buena sustancia gaseosa, tiende a subir, y la encontramos más cómoda y tupida cuanto más alta es la planta del despacho. Directores de medios, políticos, asesores, agencias de publicidad… La tontería regatea y seduce con el Ipad, el Audi y los cuellos de pana de Burberrys. Su religión es el pragmatismo del chalet, el club de campo, y el colegio privado. Pero huele. Y hay veces que se lo dicen a la cara.

 

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  1. Acojonante artículo y video. La verdad es que es el primer blog que parece que me habla todos los días! Felicidades, man!