in mis cosas

Envuelto en celofán

Mi madre, dentro de su PAHPISF (Política de Animación Hacia mi Persona a Intentar Ser Feliz), se ha pasado la vida martilleando con que “siempre empiezo las cosas pero luego no acabo nada“. Era su excusa para no gastar dinero en material de marca para mis clases extraescolares, y el soniquete que ha machacado los últimos diez años de cada cena navideña, aplicado a carrera, relaciones, empresas, y cualquier combinación que se os pueda ocurrir.

Hace ya seis años, cuando abrí mi primer blog, si ella hubiera estado ahí para recordar mi propensión natural hacia no acabar las cosas -como si éstas se tuvieran que terminar, o el final se confundiera con el objetivo- no sé si me hubiera planteado caminar ideas sobre unas teclas para darle al “publicar post“. Mucho más cuando esto no me va a llevar a ser funcionario, o solista de una nueva edición de Operación Triunfo.

¿Qué es entonces lo que me anima a emprender una nueva aventura?, ¿Qué hace que cada día vaya a escribir desde esta nueva casa? Pues probablemente eso que percibí cuando leí el primer blog, y que encaja perfectamente con mi filosofía de vida: puede pasar cualquier cosa. Sólo espero que estéis ahí para leerlo. Bienvenidos.

foto: juanjominor

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  1. Lo bueno de esto que haces es que te mola y que no se acabará hasta que tú no quieras. Ni la edad ni tu madre te dirán cuando tienes que cerrar el chiringuito.

    A otros se nos acabó lo que nos gustaba de verdad y no podemos hacer nada, solo ver lo que podríamos haber sido y nuca fuimos y de paso ponernos un gintonic.

    Me voy a picar hielo.

  2. Sabes que tu madre sigue teniendo razón. Pero también es verdad, que si las cosas no se empiezan, nunca se acaban.
    Tu empieza……. ya si eso, lo acabamos nosotros.